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Comida celestial desciende para Fátima

Alí Ibn Isa Irbalí, en el libro Kashf Al-Gumma, transmitió de Abu Sa'id Jidrí, que un día Alí Ibn Abi Talib (P.), luego de haber dormido antes de la oración del mediodía, dijo a Fátima: “¡Oh, Fátima!: ¿Hay algo de comida que pueda saciar mi hambre?.” Ella respondió: “No, juro por el Dios que designó a mi padre Profeta, y a tí, su sucesor, que hoy no tengo comida para saciar tu hambre. Desde hace dos días sólo había en la casa lo que te servía, prefiriéndote antes que a mí misma y a mis hijos, Hasan y Husain.”

Ali (P) le dijo: “Oh, Fátima ¿Por qué no me has informado para que te procurara algo dealimento?.”
Respondió: “¡Oh, Abal Hasan!, tenía vergüenza ante Dios de requerir algo que no pudieras darme.”

Al oír sus palabras, Alí (P.) salió de la casa con el corazón lleno de esperanza y confianza en Dios, y pidió prestado un dinar a fin de poder comprar algo para llevar a su casa.

En el camino se encontró con Miqdad Ibn Asuad. Casualmente, ése era un día muy caluroso y el Príncipe de los Creyentes, observó en el rostro de Miqdad los efectos de los rayos de sol y su cansancio, por eso le preguntó: “¡Oh Miqdad! ¿Qué motivo tan importante te ha hecho salir de tu casa a esta hora, pese al intenso calor?”. Miqdad respondió: “¡Oh, Abal Hasan! Haz de cuenta que no ocurre nada, no me preguntes por mi situación”.

Alí dijo: “¡Oh, hermano mío!: No puedo pasar por alto tu estado sin antes conocer lo que te acontece”.

Miqdad dijo: “¡Oh, Abal Hasan! ¡Por Dios y por tí, no me preguntes sobre mi estado!”.

Dijo Alí: “Oh hermano, no puedes ocultarme tu estado”.

Miqdad contestó: “¡Oh, Abal Hasan! Ahora que me insistes te informaré, ¡por la Profecía de Muhammad y por tí, que eres su heredero escogido!, que no me acontece otra cosa más que la pobreza y la carestía. Estando mi familia hambrienta, salí de casa, puesto que escuché el llanto de mi familia por la intensidad del hambre. No pude contenerme y me decidí a salir. Este es mi estado, mi situación.

El llanto inundó los ojos del Imam Alí (P), hasta embeber su barba, y le dijo a Miqdad: “¡Juro por el mismo Profeta que tú juraste, que el mismo asunto es lo que me decidió a mí también a salir de casa y tomar un dinar prestado, pero ahora te lo ofrezco, pues tú tienes prioridad.”

Alí (P), le entregó el dinero a Miqdad y se dirigió a la Mezquita para hacer la oración del mediodía y se quedó allí hasta el horario de la oración de la tarde y del crepúsculo, orando detrás del Profeta.

El Profeta realizó la oración del crepúsculo y observó que Alí (P) estaba en la primera fila, y lo llamó.

Alí (P) lo saludó y el Profeta (PB) repondiéndole el saludo le dijo: “¡Oh Abal Hasan! ¿Tienes comida para que yo vaya a cenar a tu casa esta noche?”.

Alí (P) bajó la cabeza y guardó silencio con vergüenza pensando en qué le respondería al Profeta.

El Profeta se había enterado, por medio de la revelación, del hambre que padecían Alí y su familia, del dinar que había pedido prestado, de la forma en que se lo había cedido a Miqdad y de todo lo que les hubo acontecido. Por tal razón, le había sido ordenado por Dios, ir a casa de Alí (P) esa noche para cenar.

El Profeta miraba a Alí, y notando su silencio con un halo de vergüenza y desconcierto le dijo : “¡Oh, Abal Hasan!” ¿Por qué no me dices “no”, a fin de que no vaya, o me dices “sí”, para que te acompañe?”.

Alí dijo: “¡Con todo gusto, me honra tu presencia, acompáñame!”.

Juntos se dirigieron hacia la casa de Fátima. Al ingresar observaron que estaba sentada en el lugar donde acostumbraba a orar, y que detrás suyo había una bandeja con comida caliente y humeante. Al oír la voz de su padre, Fátima se puso de pie y lo saludó.

El Profeta, que amaba a Fátima más que a nadie, la acarició y le dijo: “Hija mía, ¿Cómo has vivido este día? ¡Que Dios se apiade de tí!.”

Ella respondió: “Muy bien padre”. De inmediato, tomó aquella bandeja y la colocó frente a Muhammad.

Al observar aquel recipiente colmado de alimentos y gustar su aroma, Alí (P) miró a Zahrá sorprendido y fue encandilado por su rostro.

Fátima le preguntó: “¿Por qué me miras de ese modo, Alí?”.

El respondió: “¿Es que acaso no juraste y dijiste que hacía dos días que no probabas bocado?”.

Fátima elevó su mirada al cielo y dijo: “¡Mi Dios es Conocedor de todo cuanto acontece en los cielos y en la tierra y bien sabe que no he mentido!”.

Alí interrogó: “Pues, entonces, ¿De dónde ha provenido esta comida, que mis ojos jamás han visto algo igual ni he percibido jamás un aroma tan exquisito?”.

El Mensajero de Dios extendió su bendita mano sobre el homhro de Alí y presionándolo cariñosamente le dijo: “Esta comida fue enviada a cambio de ese dinar que diste y proviene de Dios, el Altísimo, porque: “ciertamente Dios sustenta sin medida a quien le place”.

En ese momento, el Profeta, derramando lágrimas, decía:“¡Alabado sea Dios, Quien no quiso que vosotros os vayáis de este mundo, sin recompensaros a tí, Alí, con la recompensa de Zacarías, y a tí, Fátima, con la recompensa de Mariam, la hija de Imran!”.

Muchos dichos relatan que luego de este acontecimiento, el Profeta recitaba las aleyas del Sagrado Corán que recuerdan la historia de Zacarías y Mariam.

Huyyatul Islam Hashemí Rasulí Mahallatí, dice que el Hadiz (dicho) arriba mencionado ha sido transmitido de este modo por muchos de los grandes narradores shí'as y algunos de la Escuela Sunnah. Muhibbu Din Tabarri en su libro Dajairul Uqba (LosTesoros del Uqba), en la página 45, lo transmite exactamente del mismo modo que lo relatamos. Y luego acota que Hafez Dameshqí también lo menciona en su libro Arba'in Taual.

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