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Y Jodi Mohammadzadeh Responde

“Antes que Reza y yo nos casáramos la religión era el tema de discusión principal entre nosotros. A pesar de que nuestras religiones tenían nombres y facetas diferentes, descubrimos que nuestros sentimientos hacia Dios eran muy similares. He aquí un hombre con el cual yo podía expresar mis ideas y sentimientos religiosos. De alguna manera las preguntas que él provocaba en mí sólo me llevaban más cerca a él. Un sentimiento de confianza y amistad crecía entre nosotros y ambos nos dimos cuenta que queríamos continuar compartiendo y apoyándonos el uno al otro.

Infortunadamente, durante el tiempo que empezaba a conocer a Reza, mis dos mejores amigos sabían muy poco acerca de él. ¿Cómo iba yo a decirles a mi madre y a mi padre que había encontrado el compañero de mi vida? Necesitaba su aceptación y aprobación en eso, como lo había necesitado para muchas otras cosas. Confié en estas dos queridas personas por su sabiduría y quería que estuvieran complacidos ahora, como siempre quise que ellos estuvieran complacidos conmigo. Pero ellos escasamente conocían a Reza, y eso tomaría tiempo y esfuerzo para hacer que estuvieran tan seguros como yo lo estaba.

Cuando estábamos casados, acordamos que deberíamos estudiar la religión de cada uno para tener un mejor entendimiento de la trayectoria de cada uno. Esperábamos que esto continuara uniéndonos en nuestros sentimientos a pesar de la diferencia en los nombres de nuestra fe. Continuamos nuestro aprendizaje. Reza a veces iba a la iglesia con mi familia y discutía conceptos religiosos con ellos. Yo leía artículos y libros introductorios acerca de los conceptos básicos del Islam. Ninguno de nosotros sentía la necesidad de convertir al otro.

Nuestra mudanza a Arkansas me distanció de algún modo de mi familia. Dentro de este tiempo, llegué a interesarme muchísimo en el Islam. Reza y yo empezamos a orar juntos, y nuestra fe creció. Mi fe no solamente se estaba expandiendo sino también tomando forma. Mi interés en el Islam había madurado a tal punto que había llegado a ser parte de mi.

No tenía idea de cómo mis padres tomarían esta noticia. Ni siquiera tenía un plan de cómo decirles. Me di cuenta de que los heriría pero me sentí confiada y cómoda con mi decisión. Necesitaba su aprobación o al menos aceptación para que ellos estuvieran tan complacidos como lo estaba yo. Ellos no estaban complacidos, y no aprobaron.

Ahora estoy empezando a darme cuenta de la fuerza que me dio mi fe ese fin de semana. Había un momento en el cual yo no estaba segura si había completamente roto el eslabón entre mis padres y yo o lo había extendido severamente. Mi madre reaccionó verbalmente; yo pude sobrellevarlo. Mirándolo cerca y detenidamente, mi padre decía muy poco. Vi que les tomaría tiempo recuperarse del choque y del enfado iniciales, pero no sabría cuánto tiempo o cómo sería nuestra relación. Yo sí sabía que no estaba dispuesta a renunciar a mi nueva fe o al amor de mis padres.

Después de ese día de acción de gracias, cuando Reza y yo regresamos a Arkansas, me sentía vacía e insegura como resultado de lo acontecido durante el fin de semana. Las llamadas telefónicas a mi casa eran simples. Mis sueños estaban llenos de rechazo paternal y maternal, y me despertaba llorando histéricamente. Al igual que mis padres, yo sentía que algo estaba al revés dentro de mí. Un pensamiento me abstuvo de perder la esperanza. Saber que mis padres eran creyentes del mismo Dios en el que yo ahora confiaba y al que amaba profundamente; los esperaría, y dejaría que Dios Mismo les ayudara a sanar.

Desde que le dije a mi familia acerca de mi conversión al Islam, nuestra relación ha atravesado muchos cambios. Sin duda atravesará muchos más. Puedo decir honestamente que nunca había amado y apreciado a mis padres tanto como lo hago ahora. No cambiaría nuestra relación por ninguna otra.

Mamá y papá, gracias por tratar con tanto esfuerzo de ser comprensivos. Continuaré buscándolos para obtener su sabiduría y su apoyo. Como su amiga, trataré de apoyarlos también. Con todo mi amor. Jodi” (Reimpreso con permiso del Saints Herald, 132:17, noviembre de 1985, pgs. 18, 19,24).

La reconciliación era algo deseado por todos nosotros. No quería decir que el Islam era algo que yo quería abrazar, pero sí aprendí a apreciar lo que este estaba llamando a mi hija y a sus amigos a ser.

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Los cambios en nuestras vidas causados por decisiones de miembros de la familia pueden ser muy destructivos y causar que las relaciones se rompan. Podemos sentirnos confundidos en cuanto a cómo relacionarnos el uno con el otro, y nos enojamos y nos frustramos. La esperanza en todo esto es que incluso en esta ruptura podemos experimentar reconciliación en la medida en que nos volvamos a armar las piezas de nuestra relación otra vez. La reconciliación es un proceso de doble vía que nos ayuda a acercarnos el uno hacia el otro para reparar cualquier daño o rencor; para ajustarnos a nuevas formas de pensamiento, y para recuperar nuestro balance.

Así como las hijas luchan para obtener un sentido de balance con sus padres en la medida en que viven sus roles, los padres también luchan en la aceptación del camino de la hija en su elección por ser musulmana. Las mujeres que respondieron el cuestionario recibieron cuestionarios también para los padres (anexo B) que podían compartirles si así lo deseaban. Siete padres de familia respondieron sus cuestionarios, contando sus historias de lucha y acoplamiento. Las respuestas dadas por los padres y por sus correspondientes hijas mostraban que las rupturas se habían generado dadas las elecciones de estilos de vida diferentes a las de sus padres.

El cuestionario para los padres indagaba acerca de reacciones frente a la conversión de sus hijas al Islam. Se les pidió que calificaran en una escala del 1 al 10 (siendo el 1 correspondiente a completamente devastado y 10 a cómodo) cómo se sintieron con la conversión de sus hijas al Islam; además se les pidió que calificaran en una escala del 1 al 10 cómo se sentían al momento de responder el cuestionario. De 3 a 12 años habían pasado hasta el momento en que ellos respondieron el cuestionario.

En cada caso la escala había ascendido, indicando un mejoramiento en la relación. Si su reacción estaba entre 1 y 2 al comienzo, al final el sentimiento era del 5 al 6. Si ellos calificaban su reacción entre 6 y 7 al principio, al final sería entre 8 y 9. En las siguientes líneas están expuestas tres de las historias de cómo los padres reaccionaron y cómo han logrado superar la situación.

Historia 1: La aceptación en la etapa de la preocupación

La hija ha sido musulmana por un período de 4 años y medio. Ella fue criada como católica, pero en su último año de educación superior, empezó a buscar su propia religión. Rápidamente asistió a dos iglesias cristianas. La madre, quien es la narradora de esta historia, calificó sus sentimientos respecto a la conversión en 1 al principio, pero había ascendido a 6 en el momento del cuestionario.

Mi hija había empezado a hablar con un musulmán en una tienda cercana y decidió unirse a esa fe. Sabíamos que ella estaba estudiando el Islam, pero mantuvo su conversión en secreto hasta que un grupo de señoras de esa religión le enviaron un ramo de flores. Nunca he invadido la privacidad de mis hijos, pero esta vez decidí mirar la tarjeta que decía: "felicitaciones por haberte convertido en musulmana". No le dijimos nada en ese momento. Deseaba que ella confiara en nosotros. Entonces un día nos preguntó si podía traer un hombre a nuestra casa para que nos conociera. Él era de un país islámico. Él nos pidió permiso de frecuentar a nuestra hija con intención de matrimonio. Explicó que su religión no le permitía estar a solas con ella si no estaban casados. Quedamos atónitos pues no habíamos oído nada de él hasta hacía 30 minutos. El padre de ella estaba muy rígido con el joven, expresando su insatisfacción en cuanto a que las mujeres eran tratadas "como inferiores" y eran forzadas a usar esas ropas pasadas de moda mientras los hombres se ponían lo que les venía en gana. Yo fui más respetuosa, pero igualmente estaba conmocionada. Hubiera deseado que mis hijas confiaran tanto en mi como yo lo hice con mi madre, y estaba muy herida. Ella ya había pasado por dos religiones, y temía que se casara y después descubriera que no estaba de acuerdo con esta tampoco.

Yo no estaba fascinada con su idea de casarse con un extranjero. Ellos podrían ir a vivir a ese país y yo había oído historias acerca de tales casos como laque se describe en No me iré sin mi hija. Yo había leído algo acerca del Islam y estaba impresionada con su devoción. Siempre había asumido que Allah y mi Padre del Cielo eran los mismos. Le dije eso a su futuro esposo. No podíamos negarle el permiso ya que ella tenía 25 años, y si ese hombre la trataba de buena manera estaría bien para mí también. Estábamos muy preocupados acerca de su condición mental dados muchos otros comportamientos y desaciertos en su vida.

Ella era nuestra hija. La amábamos y queríamos ser parte de su vida. Pienso que todos tenemos derecho a tener una relación con Dios y a vivir nuestra vida a nuestra manera. Peleamos, lloramos, escribimos cartas hasta que estuvimos básicamente satisfechos. Fue un momento muy arduo para mi. Me sentí fuera de control. Sentía que mis peores miedos se habían cumplido. Fui al médico y me puso en tratamiento bajo medicación durante seis meses por los nervios.

Ahora tenemos una buena relación. Hablamos, pero no estoy de acuerdo con mucho de lo que ella dice o hace. Costumbres como usar un manto (cubrirse) me molestan. Siento que los musulmanes están tan temerosos de su sexualidad que las mujeres tienen el peso de ayudarles a controlarse. Una de sus hermanas quiere secuestrarla y reprogramarla. Uno de sus hermanos no tiene mucho que ver con ella pero el otro sí. Todos sus hermanos la quieren, pero yo creo que ella está mentalmente confundida.

Los puntos principales de tensión radican en las diferencias de religión (Jesús, Muhammad) y los distintos valores culturales. No cenamos juntos porque ella no se siente capaz de estar en el mismo lugar con sus primos o sus cuñados [Nota: esta parece ser una restricción cultural inusual comparada con las otras historias].

Para celebraciones y días festivos ni siquiera nos atrevemos a invitar a nuestra hija porque ella no reconoce nuestras celebraciones ni los cumpleaños. Ella no iría a almorzar conmigo el día de su cumpleaños por temor a que sea una celebración. Francamente, a mi no me gusta esto para nada. Ella no vino a tomarse una foto con nosotros y sus hermanos porque su cuñado estaba ahí. Creo que esta es una regla estúpida y que es más cultural que religiosa. Su padre piensa que el esposo debería aportar al cambio, y no que ella sea quien lo debe hacer todo. Su esposo y su padre discuten frecuentemente.

No poder tener amigos o familiares hombres es difícil. Tratamos de tener cuartos separados para hombres y para mujeres una vez. Todos los hombres excepto su esposo terminaron en la sala con las mujeres excepto su esposo. Pero disfruto estar con nuestra hija, y a pesar de las tensiones me agrada su esposo.

En realidad, muchas de las preocupaciones que tenía por ella no venían de su conversión sino de lo que observé en cuanto a su estado mental. Ella nos dijo que nos iríamos al infierno. Que la habíamos criado en la fe equivocada y que comíamos las comidas indebidas. Así que pienso que parte del problema radica en que ella estaba pasando por una crisis de inicio de su adultez (mi opinión, no la de ella). Empezó a desconfiar de los médicos, de la medicina, de las vitaminas sintéticas, de la leche homogeneizada. así que con lo que estábamos lidiando tenía más que ver con nuestra reacción que con su conversión realmente. Yo siento que ella le temía al sexo, al trabajo, a la vida y se estaba ocultando tras el Islam. Todavía pienso que esa es una fuerte posibilidad, pero ella aparenta ser feliz y amar a su esposo y a su estilo de vida.

De esta manera tengo que aceptarla y esperar a que ella sea capaz de llevar la vida lo mejor que pueda. El anhelo que tengo para nosotros es que aprendamos a aceptarnos y a respetarnos más y que ella y su padre por fin lleguen a un acuerdo.

Esta familia tuvo que lidiar con una práctica única correspondiente a la cultura del esposo, por ejemplo que su esposa (la hija de ellos) no pueda estar en el mismo espacio compartiendo con hombres aparte de su familia inmediata aún si está usando el jiyab. Estos padres también están preocupados acerca de otras reacciones que su hija ha tenido hacia otros aspectos de la vida.

Historia 2: Apertura a la diversidad y al cambio

La familia cuya historia será expuesta a continuación es más abierta y comprensiva respecto a una variedad de ambientes culturales en los cuales hay más ánimo de dar y recibir entre sus miembros. La hija ha sido musulmana por siete años. El padre ostenta un doctorado en orientación psicopedagógica y es empleado en una institución escolar. La madre es fallecida y existe por ende una madrastra. Hay cuatro hijos adultos por parte de la familia del padre y cuatro hijos adultos por parte de la familia de la madrastra. El padre, cuya historia es narrada a continuación, ubicó su primera reacción en la escala del 6 y la última en la del 9.

La maestría que inició mi hija la llevó a conocer estudiantes internacionales. Gracias a su orientación familiar, ella tenía un alto grado de tolerancia hacia la gente de otras culturas y creencias. Yo era viudo y me había casado con una judía.
Cuando nuestra hija fue a trabajar a la misión saudita de educación, tuvo oportunidad de hablar con líderes de la mezquita. Me llamó por teléfono para decirme que se había convertido. Mi primera reacción no fue de sorpresa sino de preocupación acerca de cómo lidiaría ella con la discriminación. Ella eligió usar el atuendo tradicional incluyendo el velo, pero ella parece saber lidiar con los prejuicios con que se ha encontrado hasta ahora. Ver cómo mi hija se ha adaptado me ayuda a no preocuparme.

Nuestra hija primero se hizo musulmana y luego se casó. El hecho que él era menor que ella y que no tenía una carrera establecida fueron puntos de preocupación más no lo fue la religión. Este sería un tercer matrimonio para ella. El primero terminó en divorcio. El segundo fue con un musulmán egipcio y fue disuelto dentro de la ley islámica.

En un principio había cierto distanciamiento entre los miembros de la familia, y su matrimonio al igual que su esposo tomaron un tiempo para ser aceptados. A él también le costó un poco adaptarse. Las hermanas se han tornado excepcionalmente cercanas pero existen algunos malos entendidos entre los hermanos.

Los valores y las creencias causan muy poca dificultad, pero sí requieren mucha tolerancia y aceptación de parte de cada uno. Nuestra hija no es mística en cuanto a sus creencias islámicas: sólo busca aceptación, no conversión. Esto ayuda. La comunicación es muy buena. Todos somos muy versados y nos agrada compartir nuestras ideas acerca de la política, la vida y temas generales.

Esta experiencia ha tenido muy poco efecto sobre mi creencia religiosa. Siempre he vivido una vida de entendimiento y tolerancia. Disfruto saber acerca de las creencias de los demás y siempre he procurado mantenerme informado. Mi orientación religiosa es gnóstica: la identidad se da a partir de un compartir unificado.

En los días festivos cada persona hace lo suyo propio. Las reuniones familiares no se hacen en torno a la religión. Celebramos la vida y el vivir. Compartimos comida. Los hábitos alimenticios de los judíos y de los musulmanes son muy similares. No estamos incluidos en sus festividades pero sabemos acerca de las ocasiones y respetamos las tradiciones. Vivimos en un hogar donde los zapatos se quitan a la entrada y la dieta es casi vegetariana con algo de cordero, pollo y pescado. Así que estas cosas son naturales. Los objetos y el arte religiosos no son parte de nuestra decoración y la familia de nuestra hija no nos impone esto.

Los dos nietos son maravillosos. En verdad los disfrutamos mucho y nos representan un verdadero placer.

Mi mayor preocupación es la discriminación en contra de ella y mis nietos. Mi esposa vivió con ello cuando era niña en este mundo de "judíos o no judíos". Esto puede ser muy cruel. Mucho que dicen llamarse cristianos odian mucho y ofenden a los demás con esto. Nuestro yerno es palestino y la mayoría de sus familiares, incluyendo sus padres, viven en los Estados Unidos. Realmente me preocupa que mi hija, quien es firme y autoritaria, tenga planes de irse a vivir al Medio Oriente.

Mi anhelo en cuanto a mi relación con mi hija es que continúe como va hasta ahora y que seamos capaces de tener una relación positiva y comprensiva con mis nietos.

Nuestra relación es única con una mezcla de Musulmana, Judía y Unitaria. Somos lo necesariamente tolerantes.

La fortaleza de esta familia es la apertura a la diversidad y la visión traída a la familia por la hija. Esta familia realmente abrazó diferencias religiosas y fue capaz de aceptar límites religiosos para aceptar a cada uno en su estilo de vida. Sin embargo, hubo una necesidad de adaptación por parte de la hija y de su familia.

Historia 3: de la devastación a la aceptación

En la siguiente historia la madre pasa de una devastación a una tibia aceptación a lo que su hija había escogido, pero esto ha sucedido durante un período de muchos años. La hija ha sido musulmana durante doce años. Después de haber sabido acerca de la conversión de su hija, la madre calificó este hecho en el número 1, mientras el padre lo calificó en el 4.sin embargo, ambos calificaron sus sentimientos en el número 8 al momento del cuestionario. La madre comparte la historia.

Cuando nuestra hija asistía a una universidad católica fuera de la ciudad, nos sentíamos seguros de haberla enviado a un ambiente tan cercano a nuestro hogar como fuera posible. Conocimos a su nuevo amigo quien era de un país del Medio Oriente y nos agradó. Incluso lo invitamos a nuestra casa el fin de semana. Nunca pensamos que su amistad se convertiría en una relación seria. Pensábamos que nuestra hija era la más fuerte de nuestros cuatro hijos en lo que tenía que ver con religión. Cuatro meses después ella nos dijo que ya no estaba yendo a misa. Al semestre siguiente cuando su amigo fue transferido a otra universidad, ella quería hacer lo mismo, pero no la dejamos. Deseábamos que ese fuera el fin de tal relación y que ella saliera de la "fase" en la que se encontraba.

Al verano siguiente, su amigo rentó un apartamento en el pueblo donde vivíamos, y nuestra hija se fue a vivir con su abuela ya que no nos la estábamos llevando bien. Nos anunció a finales de junio que se casaría con ese joven en agosto "con o sin nosotros". Estuvimos reacios ante los planes pero ninguno de nosotros pensaba que tal boda se iría a llevar a cabo. Pero sí sucedió, en nuestra casa ante un juez , ya que ella no se había convertido al Islam aún. Los padres del novio, todavía no sabían acerca del matrimonio así que no teníamos el apoyo de ellos para confirmar nuestras objeciones.

Fue unos meses después cuando ella nos dijo que se había convertido. Reaccioné a la noticia con rabia, dolor y miedo. La rabia era en contra de mi yerno ya que estaba convencida que ella nunca hubiera tomado tal decisión si él no le hubiera lavado el cerebro. Me dolió porque esto sucedía justo en el momento en que era tan fácil para ella abandonar toda una vida de instrucción y de vivir nuestras vidas centradas alrededor de Jesús Cristo. El hecho que ella pudiera abandonar todo esto era simplemente devastador. El temor era que el resto de nuestros hijos pudieran hacer lo mismo ya que ella era la mayor y todos admiraban y respetaban sus opiniones.

A medida que pasaba el tiempo estábamos más atentos a lo que sucediera en el Medio Oriente y escuchábamos atentamente los reportes acerca de los terroristas de esa área. Entonces el temor era por ella. Mientras su esposo estaba en la universidad, estábamos seguros que no se irían de los Estados Unidos, pero sabíamos que lo harían tan pronto él terminara. Después de que ellos tuvieron su primer hijo, temíamos mucho más que el esposo de mi hija se los llevara con él a su país. Este temor se disminuyó un poco cuando él se volvió ciudadano norteamericano. Estábamos preocupados no sólo por su vida en la tierra sino también por su vida después de la muerte.

La parte de la escritura que me perseguía era Juan 14:16: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino a través de mí". Decidí que si la escritura me estaba agobiando, tendría que haber otra que me calmara. Así que empecé a leer ese capítulo palabra por palabra. En el primer verso obtuve la inspiración que necesitaba: "no dejen que sus corazones se agobien. Tengan fe en Dios y en mí. En la casa de mi Padre hay muchos lugares en donde reposar". Esta escritura me dijo que si había muchos lugares en donde descansar tendrían que haber muchos caminos para llegar a ellos. Jesús está preparando el camino para los cristianos y Muhammad está preparando el suyo para los musulmanes. Dios simplemente eligió otro camino para mi hija, y ella lo está siguiendo de la mejor manera como ella puede, lo cual es exactamente lo que nosotros estamos tratando de hacer. Nadie en esta familia le pondrá obstáculos en su camino para hacérselo más difícil. Esta fue principalmente la historia que me ayudó a acoplarme a la situación.

Voy a agregar una pequeña historia que me ayudó a confirmar mis pensamientos. Un día mi nieto mayor estaba muy insistente para que yo aprendiera el idioma árabe. Cuando le pregunté por qué él me dijo: "porque cuando te mueras los ángeles van a venir a hacerte algunas preguntas en árabe y tendrás que saber cómo responderlas o de lo contrario te irás al infierno". Sabía que mi respuesta a ello tenía que ser buena, y resultó ser una respuesta para mí también. Le dije: "cada uno de nosotros tiene sus propios ángeles que saben exactamente qué hay en nuestros corazones. Yo sabré las respuestas para mis ángeles, y tú sabrás las tuyas". El pareció tranquilo y yo también me tranquilicé.

Para mí la respuesta a las diferencias en nuestra fe es simple. También ayudó mucho ver a nuestra hija como madre y saber que muchos de nuestros valores les fueron transmitidos a sus hijos. Ella es una hija muy tierna y preocupada por nosotros y una grandiosa madre de dos hijos de diez y tres años. Tenemos una familia bien fundamentada y estoy segura que sabremos enfrentar las diferencias que podamos encontrarnos en los años venideros.

Somos afortunados en cuanto a que ellos toman parte de nuestras festividades navideñas. Piensan en ello como su fiesta de "Id" en que comparten con nosotros. Cuando la fiesta del Id llega, ellos comparten con la familia del esposo y los amigos. No sé si esto va a durar para siempre, pero por ahora así es como lo hemos estado haciendo. No celebramos las fiestas islámicas con ellos sólo por respeto al valor que estas tienen para sus vidas.

Cada historia familiar es diferente, pero en cada caso cada uno quiere sobrellevar la situación. Aunque las preocupaciones y los cuidados todavía están presentes, ellos tratan de llevar la relación. Como familiares, siempre tenemos relaciones sean buenas o malas. Los padres pueden tener sentimientos de traición, o pueden sentirse heridos o lastimados. La manera en que los padres reaccionan frente a su hija puede causar los mismos sentimientos en ella. En un momento del proceso de reconciliación debe haber una decisión en cuanto a cómo sobrellevar la herida y qué tanto permitir que eso lo afecte a uno. Muchas veces estamos ciegos ante nuestra relación y no nos damos cuenta cómo estamos tratando a los demás. Somos rápidos para defendernos, tan rápidos para esconder nuestra cabeza dentro de una coraza, tan resistentes a veces ante algo que sobrepase nuestro entendimiento.

Pasos hacia la reconciliación

Hay ciertos puntos en común en las historias anteriormente compartidas que son presentados en diferentes formas. Tales puntos en común pueden ayudarnos a explorar vías positivas a través de la reconstrucción de una relación y el mantenernos en nuestra propia situación de reconciliación.

Primero que todo, había un sentido innato de mantener la relación aunque hubiese ocurrido una separación dolorosa y profunda. En la historia 1 la madre dice: "nosotros la amábamos y queríamos continuar siendo parte de su vida". Mi propia experiencia de reconciliación fue de mantener la relación lo mejor posible. Esto no ocurrió de inmediato. En efecto, hubiera sido más fácil haber quedado atracada en la etapa de resistencia, la cual fue mi primera reacción. Yo estaba tan enojada y tan herida que sólo quería separarme de Jodi y Reza, sacarlos de mi vida y nunca más tener que lidiar con ellos y con ese "problema". Para mí la etapa de querer rechazarlos completamente duró sólo un corto período de tiempo (sólo una noche en vela). Cuán agradecida estoy por la experiencia que me ayudó a dirigirme hacia el deseo de curarme. Aún me dolía y me tomó meses de curación para sentirme bien; tomó años llegar a un buen nivel de aceptación.

Otro punto que ayudó a reconstruir a relación fue el deseo de tratar de entender lo que la hija había elegido. En su profunda espera por un alivio, una madre buscó las escrituras y encontró ayuda que mantuvo abiertas las posibilidades de aceptación. Este puede parecer un esfuerzo impuesto, un acto de la voluntad al principio tomar este paso a la apertura, pero los padres con un fuerte sentido de los valores deben ser fuertes para arriesgarse a escuchar y sentir lo que la hija está experimentando. La hija puede haberse ido lejos de la familia hasta el punto de haber sentimientos que ella haya transgredido en contra de la familia y esta última se sienta a su vez herida. Cada miembro de la familia debe tomar la decisión de cómo reaccionar. Algunas cosas que haya elegido la hija pueden estar más allá del entendimiento de la familia. En ese caso, una conciliación puede ser la mejor manera de aproximarse.

En este paso de tratar de entender, uno puede buscar datos para leer y entender lo que la hija ha elegido. Una precaución aquí: lo que se encuentre puede tener puntos de vista occidentales o puede ser tendencioso culturalmente. También hay varias interpretaciones entre la misma comunidad islámica, y no siempre concuerdan. Los libros de consulta pueden ser seleccionados de la bibliografía al final de este libro o pueden ser sugeridos por su hija musulmana. Este es el momento indicado para empezara pensar a través de un sistema de creencias y una teología para fortalecer la vida espiritual propia. Muchas veces hemos aceptado creencias que ni siquiera hemos examinado; hemos oído a nuestro predicador decirlo, lo hemos oído en un programa religioso o "esa es la manera en que la abuela lo creía".

Con el deseo de reconciliación ya establecido y la apretura para la reconciliación, uno necesita identificar y confrontar los factores que son importantes desde el punto de vista de los padres e identificar sus sentimientos ya sea de rechazo, frustración o falta de control. Los miembros de la familia necesitan ser no muy drásticos con ellos mismos y por el contrario deben ser lo suficientemente fuertes para iniciar la reconstrucción de la relación, tomando su tiempo para pasar por las etapas de negación, de ira y de depresión. Algunos miembros de la familia podrían incluso necesitar buscar ayuda en consejería o ayuda para sobrellevar sentimientos de rabia o desazón.

Un factor que puede ser identificado es la ira, la cual es una emoción natural en tales circunstancias, pero es importante expresarla de maneras apropiadas, para que la cura y la reconciliación puedan darse. Incluso en esta situación, el amor y el perdón de Dios está presente, y la familia puede encontrar un alivio y un sentido del problema en cuanto dejar que la herida se sane; de lo contrario habrán sentimientos de carga y enfermedad.

Otro factor que puede ser identificado como preocupación es nuestra inhabilidad de controlarlo, de dejar que nuestra joven adulta hija se vaya, lo cual es una tarea difícil para todo padre, así sea que su hija se haya tornado al Islam o no. Cualquier padre de familia en este momento puede estar experimentando ansiedad, pérdida y desazón como fenómenos normales en este caso. Cuando una hija toma decisiones con las cuales sus padres no están familiarizados, la situación puede complicarse con sentimientos de pérdida, incertidumbre y miedo. Es importante entender que algunos de los sentimientos que un padre de familia experimenta pueden no estar relacionados directamente con la conversión de la hija.

Incluso otro factor se halla en que la hija puede que no esté lista para reconstruir la relación, de esta manera, puede haber la posibilidad de darse más sentimientos de rechazo de nuestra parte. Ella podría estar recobrando fuerzas y refrescándose en sus nuevos roles antes de enfrentar el poder de sus padres. Muchos elementos de cambio pueden estar afectándola al mismo tiempo: educación o trabajo, nueva religión, nuevas expectativas culturales, nuevo matrimonio o la transición a la adultez. Para la mayoría de las mujeres en este estudio, muchos estos elementos estuvieron al manifiesto.

El cuarto elemento es el de la esperanza. Este tipo de situaciones usualmente no se resuelven de inmediato. Habrán algunos pasos hacia adelante al igual que algunos traspiés al mantener y reconstruir la relación. Puede haber ciertos momentos en que la hija tiene que retirarse y no está lista para continuar haciendo parte de la relación. Igualmente, habrá instantes en que debemos tomar nuestro propio tiempo para aliviarnos solos y para crecer mientras las líneas de conversación se mantienen abiertas. Es el sentimiento de esperanza el que nos permite ser pacientes con nuestra hija al igual que lo debemos ser para nosotros mismos.

Amigos y familiares probablemente sin querer ser malintencionados pueden opacar nuestra esperanza con comentarios como:

"Ay, tu pobre hija; irá al infierno. Oraremos por ella"
"A todas las mujeres las tratan muy mal en ese país"
"¿Y qué si su esposo la deja y se lleva a los niños para su país?"
"Eso fue simplemente lo peor que pudo pasar"

Tales reacciones no tienen la intención de herir sino que refuerzan lo que ellos perciben en su realidad. Por otro lado, algunas personas son capaces de escuchar, de preguntar, de comprender nuestras preocupaciones. Hablar con ellos nos permite reflexionar acerca de lo que estamos sintiendo y nos ayuda a clarificar la confusión que tengamos dentro de nosotros.

Si podemos ser conocedores de estos puntos en común de pasos básicos expuestos con anterioridad para abrirnos al deseo de relacionarnos, abriéndonos al entendimiento y la aceptación, identificando y confrontando nuestros propios sentimientos y permaneciendo con esperanza, estaremos en una etapa de crecimiento y de reconciliación. Entonces podremos lidiar con nuestra ira, nuestros miedos y desazón; podemos encontrar alivio con el paso del tiempo. Usando técnicas de oración, relajación, calma y visualización podemos ayudarnos a no dejarnos hundir en abismos de desesperación y a no revolcarnos en ello. Aunque no queramos unirnos a nuestra hija en su camino, podremos viajar con ella desde el propio nuestro.

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