Page is loading...

Capítulo 11: La Situación de Arabia

Condiciones Políticas Prevalecientes en Arabia

Los Árabes pertenecían a una raza étnica, pero la historia no registra que hallan estado unidos como nación. Estaban divididos en tribus y en clanes, cada uno con su propio jefe o líder. Sin duda, todos hablaban la misma lengua, pero cada tribu seguía una variación dialectal diferente. Realmente, inclusive la religión no era una fuerza unificadora.

Casi toda casa tenía su propio dios; las tribus tenían sus propias deidades. En el Sur estaban los pequeños principados de Himyar, Auza y Aquial. En el Centro y Norte de Arabia Vivian las tribus de Bakr, Taghlib, Shaiban, Azd, Qudha’ah, Jandaf, Lakhm, Yuzam, Banu Hanifa, Tay, Asad, Hawazin, Gaftan, y Aus, Kazray, Taquif, Quraish y otras; frecuentemente estaban envueltas en intensas guerras.

Bakr y Taghlib habían estado peleando una contra la otra por cuarenta años. Los compromisos de sangre habían arruinado muchas tribus de Hadhramaut. Aus y Jazray se habían consumido por una guerra prolongada, y la Batalla de Fiyar entre Banu Qais y Quraish no finalizaba. Si algún miembro de una tribu era asesinado, la tribu contemplaba que era un deber buscar venganza no solamente contra el asesino sino también contra la tribu a la que pertenecía. Ya que no existía sistema que calmara esas disputas, esto siempre encendía guerras violentas, que duraban por generaciones.

El poder tribal, el brío y la presteza, eran la única garantía, de una seguridad precaria. El desierto y las colinas eran el hogar de las violentas tribus nómadas en buena parte del saqueo y la depredación, sin embargo el comercio también era una fuente muy importante para ganarse la vida.

Solamente unos pocos meses del año eran considerados como sagrados, solo en ese momento se detenía el derramamiento de sangre para facilitar la realización de la peregrinación anual ala Meca o para hacer negocios en ‘Ukaz. Pero incluso esta convención a veces era tranquila para conveniencia de algunas tribus individuales. Solamente los precintos de la Kaaba eran considerados sagrados y estaban libres de derramamiento de sangre. El Qurán se refiere al respecto:

¿No ven que hemos hecho un territorio sagrado y seguro, mientras, alrededor de ellos, secuestran a la gente? ¿Creen, pues, en lo falso y no creerán en la gracia de Dios? (Qurán 29:67)

Las condiciones en el país eran tan inseguras que hasta el año 5 después de la Hégira, la poderosa tribu de Abdul-Qais de Bahrain no podía pensar en ir al Hiyaz fuera de los meses sagrados. Inclusive las caravanas que iban o regresaban de Siria algunas veces eran saqueadas a plena luz del día.

Las tierras de pastoreo de los Musulmanes a veces eran atacadas, aunque las condiciones habían mejorado considerablemente para ese entonces. La ruta hacia Meca desde Medina no fue totalmente segura sino hasta la caída de Meca.

Mientras el país era tan conflictivo internamente, los peligros externos no eran menores. El Imperio Romano y Persa habían extendido sus dominios hacia las fértiles provincias del Yemen, Omán y Bahrain y habían establecido su soberanía sobre ellos. Los Romanos habían ocupado Siria. La tribu de Asan y algunas otras tribus Árabes, que habían abrazado el Cristianismo, habían sido colocadas como los feudatarios del Imperio Romano.

Los Romanos habían expulsado a los Judíos de Siria y Palestina en el segundo Siglo antes de la era Cristiana. Estos Judíos habían migrado hacia Medina y sus suburbios y construyeron sólidas fortalezas en Medina, Jaibar, Taima, Fadak y otros lugares. Prosperando los Judíos eran demásiado celosos de la prosperidad de otras razas y manifestaban su rivalidad fuertemente en el comercio.

Ellos creían que eran el “Pueblo escogido de Dios” y su conducta se caracterizaba por el orgullo y la arrogancia intensificada por el sentimiento de estar seguros en su formidable fortaleza. Fue durante esa época que el Profeta comenzó su gran Misión y para preparar el camino y el clima apropiado, el primer paso que dio fue unir a los Ansár y a los Muhayirun.

Un Pacto con los Judíos

El Santo Profeta no solo unificó a los Ansár y a los Muhayirun en una sola Hermandad, sino que él mismo se colocó la tarea de establecer una sociedad estable, una Mancomunidad establecida en la igualdad de derechos y el concepto de la humanidad universal. Concediendo igualdad de estatus y derechos así como completa libertad de religión y de conciencia a los Judíos, los invitó a entrar en un pacto con los Musulmanes. Delineó unos estatutos los cuales han sido reproducidos por el historiador Ibn Hisham así:

En el nombre del Más Misericordioso y el Compasivo. De Muhammad, el Profeta a los Creyentes, sean de Quraish o de Yatrib, y todos los individuos de cualquier origen que han hecho una causa común con ellos, todos estos constituirán una sola nación.

Entonces, después de regular el pago del diyah (dinero pagado al familia de una víctima asesinada) por los varios clanes y fijar algunas reglas sabias con respecto a los deberes privados de los Musulmanes entre ellos mismos, el documento procede así:

El estado de paz y guerra será común para todos los Musulmanes; ninguno de ellos tendrá el derecho de concluir la paz con, o declarar la guerra contra, los enemigos de sus correligionarios. Los Judíos que entren en este acuerdo serán protegidos de todos los insultos e irritaciones; ellos tendrán igual derecho que nuestro propio pueblo a nuestra asistencia y buenos oficios.

Los Judíos de varias ramás de Auf, Nayyar, Hariz, Yashm, Salaba, Aus, y todas las otras que residen en Yatrib formarán junto con los Musulmanes una nación mixta. Practicarán su religión con igual libertad que los Musulmanes. Los clientes y aliados de los Judíos disfrutaran de la misma seguridad y libertad. El culpable será perseguido y castigado. Los Judíos se unirán a los Musulmanes para defender a Yatrib (Medina) contra todos los enemigos. El interior de Yatrib será un lugar sagrado para todos aquellos que acepten estos estatutos.

Los clientes y aliados de los Judíos serán respetados como ellos. Todos los Musulmanes aborrecerán a cualquiera que sea hallado culpable de un crimen, injusticia, o desorden. Nadie defenderá al culpable, aunque sea su familiar.

después de tocar otros puntos con respecto al manejo interno del Estado, este extraordinario documento concluyó así:

Todas las disputas futuras entre aquellos que acepten estos estatutos finalmente serán referidas, después de Dios, al Profeta.

Los Judíos de Medina aceptaron este Pacto. Después de un tiempo, los Judíos de las tribus vecinas como la de Banu Nadir y Banu Quraizah también se unieron. Pero, como lo demuestran los sucesos posteriores, solo fue la conveniencia lo que había dictado el comportamiento de los Judíos. No hubo un cambio en el corazón de ellos y secretamente alimentaban los mismos sentimientos hostiles de antes en contra de los Aus y Jazray y veían la creciente confederación de Musulmanes con gran preocupación y animosidad.

Al pasar el tiempo, empezaron a insultar y abusar a los Musulmanes, frecuentemente disputando con ellos y recurriendo al engaño y la sedición. Algunas personas de la tribu Aus y Jazray que eran conversos débiles los apoyaron: Los Munafiqun (hipócritas). Estos eran encabezados por ‘Abdullah ibn Ubay quien tenía sus propios planes de llegar a ser el gobernante de Medina y junto con los Judíos, se convirtieron en una fuerza constante de peligro para la naciente religión y sus seguidores.

Los Judíos, que tenían vínculos de negocios con los Quraish de Meca, conspiraron con ellos para erradicar a la nueva religión antes de que alcanzara proporciones formidables. Como líder de la religión, y “un general en una época de guerra casi continua”, Muhammad era el guardián de las vidas y libertad de su pueblo.

La misma existencia de la naciente religión estaba en serios peligros. El Islam predica la hermandad de la humanidad; insiste en la tolerancia de todas las religiones y credos; encomienda la bondad y la compasión, pero no predica el monasticismo, ni le permite a sus seguidores que se sometan ante las fuerzas de la desintegración.

Por pertenecer a una liga con los Judíos y los Munafiqun, los Mequinenses comenzaron a acosar a los Musulmanes. Bajo el liderazgo de Karz ib Yabir al-Fahri, empezaron a atacar las afueras de Medina, destruyendo los árboles fructíferos y llevándose los rebaños.

Las noticias comenzaron a llegar a Medina de que los Mequinenses se estaban aliando con otras tribus para lanzar un ataque másivo contra los Musulmanes. Muhammad envió unas pequeñas misiones hacia estas tribus para contraer pactos y tratados. Una de ellas entró en un tratado con los Banu Zamra. Los términos del tratado fueron los siguientes:

Este es el documento de Muhammad, el Mensajero de Dios, para Banu Zamra. Sus vidas y propiedades están seguras. Si ellas son atacadas por alguien, serán ayudados excepto cuando luchen en contra de la religión. En pago, vendrán a ayudar al Profeta cuando el lo pida.

Se hizo un pacto similar con los Banu Madlay en Zul ‘Ashirah. Los Quraish habían enviado una carta amenazante a Abella ibn Ubay quien era jefe de su tribu antes de la llegada del Profeta:

“Le has dado protección a nuestro hombre (Muhammad). Deberías matarlo o regresarlo a Medina o de lo contrario juramos que te atacaremos y asesinaremos a los hombres, capturaremos y disfrutaremos sus mujeres.”

El ataque era considerado inminente, y el pequeño grupo de Musulmanes estaba en tal peligro que el Profeta solía permanecer despierto toda la noche. Al-Darmi y al-Hakam ha registrado eso: “Cuando el Profeta y sus compañeros llegaron a Medina y los Ansares lo protegieron, los Árabes decidieron atacarlos. Los compañeros del Profeta solían dormir agarrando sus armás.”

Los Quraishitas estaban muy furiosos porque Muhammad se escabullía de sus manos, ya habiendo hecho todos los preparativos para asesinarlo. Las noticias de que el Islam tomaba fuerza rápidamente en Medina no hizo nada para pacificar su ira y enemistad. Varias veces llegaron las noticias a Medina de que estaban planeando atacar a los Musulmanes.

Como resultado, el Santo Profeta tuvo que enviar grupos de reconocimiento de vez en cuando para descubrir los planes y los movimientos de los Quraish y vigilar las rutas para evitar cualquier ataque por sorpresa.

Una vez, treinta Musulmanes (bajo las ordenes de Hamza; El tío del Santo Profeta)encontraron un grupo de 300 jinetes (bajo las ordenes de Abu Yahl) en Saiful Bahr. Los Mequinenses estaban ansiosos por másacrar al pequeños grupo de treinta, pero Mayd ibn ‘Amr al-Yuhni (quien tenía un pacto con ambos grupos) convenció a ambos grupos de regresar a sus respectivos lugares. Así se evitó una batalla.

Luego de un tiempo, un grupo de patrullaje conformado por 60 u 80 Musulmanes, bajo las ordenes de ‘Ubaidah ibn Hariz (Un primo del Santo Profeta)llegó a Rabigh y encontró 200 jinetes de Quraish bajo el mando de ‘Ikrimah ibn Abu Yahl o Mukriz ibn Hafs. Los Quraishitas iniciaron la batalla con sus caravanas y flechas. Entonces alguien pensó que los Musulmanes con una fuerza tan pequeña no podrían enfrentarse a un grupo de guerreros superior en número a menos que tuvieran un ejército oculto en algún lugar. Esta idea se regó, y huyeron.

Un pequeño grupo de 12 personas bajo el mando de Abdullah ibn Yahsh (primo del Profeta)fue despachado hacia Nakhlak, un punto entre Taif y Meca, con ordenes selladas para ser abiertas después de dos días de viaje, una precaución en contra del espionaje que se había extendido. Según cita al-Tabari en la pagina 1275 de su Tarikh, dijo:

Quédense en Nakhlah; recopilen información acerca de los planes de Quraish y comuniquen.

Fue solo casualmente que el grupo encontró a unos comerciantes Mequinenses y que uno de ellos, ‘Amr ibn al-Hadhrami fue asesinado por Abdullah. La historia no ha registrado que altercado se suscitó entre los dos grupos y que provocó al otro. Cualquiera que haya sido la causa inmediata, Abdullah había actuado más allá de las instrucciones, y este suceso agravó la situación. Excepto por este suceso aislado, en ninguna de las numerosas expediciones clasificadas como saraya por los historiadores Árabes hubo alguna escaramuza o asunto de saqueo. Eran enviados a hacer alianza con las tribus vecinas, o a reconocer las patrullas, por que a Medina llegaban las noticias de que los Mequinenses podrían atacar en cualquier día.

Share this page