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Capítulo 13: Otras Batallas

La Batalla de Uhud

La Ghazuat-us-Sawiq fue solo un preludio para la gran batalla que seguiría. El enojo y la furia de los Quraish por su derrota en Badr era ilimitado. Toda su energía se había elevado y comenzaron a hacer preparativos para otro ataque sobre los Musulmanes. Las tribus de Tihamah y Kinanah se unieron a ellos. Sus fuerzas unidas llegaban a tres mil soldados bien equipados bajo el mando de Abu Sufyan.

Este ejército marchó hacia Medina y ocupó una posición estratégica cerca de las colinas de Uhud, una corta distancia a tres millas de Medina. Muhammad (s) marchó con solo mil hombres, los munafiqun, desertaron a los creyentes, y el Profeta se quedó solo con 700 hombres. Solamente cien de ellos tenía armaduras, y entre ellos solo había dos caballos.

Su fervor, sin embargo, era tan grande que cuando a algunos jóvenes que eran considerados demásiado jóvenes para participar en la batalla, se les pidió que se devolvieran, se fueron de mala gana, y dos de ellos, Rafi ibn Khadiy y Samrah, lograron quedarse con el ejército a pesar de la orden.

El Profeta tomó su posición debajo de la colina. El ejército estaba formado en posición de combate y se habían ubicado cincuenta arqueros bajo el mando de Abdullah ibn Yubair, en el paso entre las colinas para al ejército de cualquier ataque por la parte trasera. Tenían ordenes estrictas de no abandonar sus posiciones, cualquiera que fuese el resultado de la batalla.

El estandarte estaba en las manos de Mus’ab ibn Umayr. Zubayr estaba al mando de una sección y Hamza al mando del resto. Por el lado de los Mequinenses, Talha mantuvo el estandarte y los diferentes regimientos estaban a cargo de Khalid ibn Walid, ‘Ikrimah ibn Abu Yahl, Safwan ibn Umayya y Abdullah ibn Umayya. Talha desafió a los Musulmanes a un combate individual.

El desafío fue aceptado por Ali ibn Abi Talib (as) y muy pronto el cadáver de Talha yacía sobre el suelo. El estandarte fue tomado por su hermano Uzmán el cual fue acuchillado por Hamza. Se inició un combate general. Ali, Hamza y Abu Dayyanah dieron testimonio heroico de su valor.

A un esclavo Abisinio, Washi, se le había dado la misión de matar a Hamza, mandado por Hind la esposa de Abu Sufyan, el esclavo debía matar a Hamza, Ali o Muhammad para vengar la muerte de su padre Utbah ibn Rabiah, su hermano al-Walid así como la muerte de Hanzalah hijo de Abu Sufyan en la batalla de Badr. Se acercó a Hamza y tomándolo desprevenido le arrojó la lanza, la cual se enterró en su abdomen y lo mató.

Por el lado de los Mequinenses, un porta estandarte tras otro encontró su final en las manos de Ali. Los Mequinenses estaban perdiendo el control hasta que una de sus mujeres, Umrah la hija de Alqamah, tomó el estandarte. Los Mequinenses, habiendo pagado un precio alto, se replegaron confundidos y los Musulmanes empezaron a recoger el botín.

Creyendo que la batalla había terminado, la mayoría de los arqueros que estaban protegiendo el pasaje en la colina abandonaron sus posiciones atraídos por el botín aún en contra de las ordenes de su líder Abdullah ibn Yubair. Khalid ibn al-Walid huyó cuando vio tal oportunidad y, reuniendo un grupo y matando a los pocos guardias que quedaban en el paso, lanzaron un ataque voraz por la parte trasera. Los Musulmanes fueron tomados por sorpresa y no sabían que hacer.

En medio de toda esa confusión sus filas se desorganizaron, las fuerza Mequinenses que se retiraban atacaron de nuevo y lanzaron una ofensiva por el frente. El portaestandarte de los Musulmanes, Musab ibn Umayr, el cual se parecía mucho al Profeta fue asesinado y entonces surgió el rumor de que el Profeta había muerto. Esto llevó a más confusión entre los Musulmanes, incluso muchas de sus personalidades famosas se desmotivaron.

Umar arrojó su espada diciendo que no tenía sentido seguir luchando ya que le Profeta había muerto. Huyó hacia la montaña, y en sus propias palabras, saltaba de roca en roca. Abu Bakr y Uzmán también huyeron, este último regresando a Medina después de tres días.

Por otro lado, Muchos soldados valerosos, renunciando a toda discreción, penetraron el grueso de las filas Mequinenses decididos a combatir hasta el fin. Esto continuó hasta que Ka’aba ibn Maalik vio al Profeta y gritó lo más alto que pudo que el Profeta aún vivía. El espíritu de los Musulmanes revivió, pero el Profeta en ese momento se convirtió en el objetivo principal de las fuerzas Mequinenses.

Abdullah ibn Qama avanzó hacia el Profeta y le dio un golpe con las espada sobre la cabeza con tanta fuerza que se partieron las dos uniones de su casco penetraron el rostro de Profeta. Utbah ibn Abi Waqqas le lanzó una piedra al Profeta, hiriendo su rostro y dislocando sus dos dientes superiores.

El Profeta había caído a un hoyo donde lo encontró Ali ibn Abi Talib y lo protegió de los continuos ataques de los Mequinenses. Cuando el Profeta vio el espíritu de sacrificio de Ali, le preguntó ¿Por qué el no había huido como los otros? Ali contestó: “¿Acaso debo convertirme en un Kafir después de haber aceptado el Islam?”

Cuando la espada de Ali se partió, el Santo Profeta le dio su propia espada Zul Fiqar. Fue entonces cuando se escuchó una voz desde el cielo diciendo, “No hay espada excepto Zul Fiqar y no hay héroe como Ali”

Al mismo tiempo, Yibril le dijo al Santo Profeta que era la elevada lealtad y valentía que demostraba Ali hacia el Santo Profeta. El Santo Profeta dijo: “¿Por qué no? Ali es de mi y yo soy de Ali.” Yibril dijo: “Y yo soy de ambos”

Luego algunos Musulmanes, como Sa’d, Zubayr, Talha, Abu Dayanah y Ziyad, se reunieron alrededor del Profeta. Los compañeros fieles, incluyendo la valiente Dama Ummu Ammarah, evitó que otros se acercaran demásiado al Profeta. Con sus cuerpos lo escudaron protegiéndolo de las flechas que lanzaban los enemigos.

Estando en esa gran dificultad, el Profeta le habló a Dios: ¡O Dios! ¡Perdona a mi pueblo, por que no conocen! No había rencor, ni amargura, en su corazón contra sus mortales enemigos aun en esa situación tan precaria. Una compasión desbordante por la gente y un deseo ardiente por guiarlos al camino recto dirigía sus acciones y dichos.

Después, algunos Musulmanes llegaron donde estaba siendo Protegido el Profeta por su pequeño grupo de compañeros, luego de feroces combates, lograron llevar al Profeta a una cueva segura en las alturas de Uhud.

Mientras tanto, el rumor de que el Profeta había sido asesinado había llegado a Medina. La hija del Profeta, Fatima az-Zahra, rodeada por un grupo de mujeres Musulmanas, se apresuró a Uhud. Para su gran alivio, Fatima encontró a su padre con vida pero su frente y rostro estaban cubiertos de sangre. Ali llevó agua en su escudo y Fatima lo limpió y vendó sus heridas.

Las fuerzas Mequinenses habían invertido los papeles pero estaban demásiado agotados para sacarle ventaja a su situación atacando a Medina o sacando a los Musulmanes de las alturas de la montaña. Saciaron su deseo de venganza cometiendo atroces brutalidades sobre los muertos y heridos.

El valiente Hamza estaba entre los muertos y Hind le cortó las orejas y la nariz y le sacó su corazón y el hígado. Ella trató de másticar el hígado pero Dios lo volvió tan duro que no pudo hacerlo... Tuvo que vomitarlo. La horrible escena fue tan repugnante que el Profeta condenó la practica de la mutilación.

En esta batalla fueron martirizados 70 Musulmanes y un número igual de ellos resultaron heridos. Ali recibió 16 heridas de espada graves. Los Mequinenses perdieron a 30 (o 22) guerreros, 12 de ellos en las manos de Ali.

Con la victoria casi entre sus manos, los Musulmanes habían sufrido un gran golpe. Fueron sacudidos en cuerpo y alma. Pero el Profeta les predicó la fortaleza y paciencia. Para aquellos que habían dado sus vidas en el Camino de Dios se reveló la siguiente buena nueva:

Y no penséis que quienes han caído por Dios hayan muerto. ¡Al contrario! Están vivos y sustentados junto a su Señor. (Qurán 3:169)

Mientras se batían en retirada hacia Meca, Abu Sufyan había sobornado a un viajero que se dirigía a Medina para que le informara al Santo Profeta que los Mequinenses de nuevo estaban reuniendo una gran fuerza para atacar Medina. Al escuchar las noticias, Ali dijo: “Nos basta con Dios y Él es el Mejor Protector”.

El Santo Profeta partió inmediatamente llevando consigo solamente esos 70 guerreros heridos en Uhud para perseguir a las fuerzas Mequinenses. Permaneció durante tres días en un lugar llamado Hamarul-Asad pero no encontró huellas de los Mequinenses, entonces se regresó. El Qurán menciona este episodio en la siguiente aleya:

A quienes escucharon a Dios y al Enviado, luego de la herida recibida, a quienes, entre ellos, hicieron el bien y temieron a Dios, se les reserva una magnifica recompensa.
A aquellos a quienes se les dijo: “La gente se ha agrupado contra vosotros, y tenedles miedo!”, Esto les aumentó la fe y dijeron: ¡ Dios nos basta! ¡Es un protector excelente!”
Y regresaron por una gracia y favor de Dios, sin sufrir mal. Buscaron la satisfacción de Dios. Y Dios es el Dueño del favor inmenso. (Qurán 3:172-174)

La derrota en Uhud, realmente, creó ciertas dificultades para los Musulmanes. Envalentonó a las tribus nómadas por un lado para que hicieran incursiones en Medina y, por otra parte, animó a los Judíos de Medina para fomentar más problemás. Sin embargo no era desastroso para los Musulmanes. Mientras una derrota en Badr, cuando los Musulmanes eran todavía un puñado los habría exterminado y significado la sentencia a muerte de la misión Profética, una derrota u otra derrota después que el Islam se había fortalecido solamente era una prueba difícil para que pudieran emerger con más decisión y curados de cualquier autocomplacencia y vanidad de la cual habrían podido ser presa.

Los Mequinenses estaban decididos a aniquilar a los Musulmanes, no pudieron alcanzar este objetivo. Creían que eran los amos de toda la Arabia Occidental, pero no podían hacer nada más que contenerse así mismo contra los Musulmanes. No es sorprendente, por lo tanto, el que hayan marchado de regreso a Meca frustrados y desanimados.

Los Mequinenses comprendieron que por si solos no podían aplastar el movimiento Islámico. Ahora comenzaban a instigar a las otras tribus para crear una causa común con ellos. La mayoría de las tribus ya eran adversas al Islam. Practicaban la idolatría mientras que el Islam la prohibía y encomendaba la adoración a Dios.

Destruir y saquear eran sus medios de subsistencia mientras que el Islam dictaminaba una sociedad ordenada, prohibía la explotación, la opresión los actos delictivos. Exhortaba a sus seguidores a buscar medios de subsistencia honestos. La influencia de los Quraish se extendía ampliamente y todas las tribus se pusieron en contacto con ellos en la peregrinación anual.

Los Judíos también instigaban constantemente a las tribus en contra de los Musulmanes. La victoria de los Musulmanes sobre los Quraish en Badr había intimidado a las tribus nómadas pero su derrota en Uhud los envalentonó para sacar las uñas y se siguieron un número de refriegas.

Sariyah Abu Salama

La primera de estas incursiones fue La Sariyah Abu Salama. Talhah y Khalid instigaron a su tribu, los Banu Asad para que atacaran Medina el primero de Muharram del año 4 de la Hégira. El Profeta despachó una fuerza de ciento cincuenta hombres para que los interceptaran, al ver esta fuerza, los invasores se dispersaron y no hubo enfrentamiento.

Sariyah Ibn Anis

El mismo mes (año 4 de la Hégira), Sufyan ibn Khalid de los Banu Lahyan preparó un ataque contra Medina. El Profeta envió a Abdullah Ibn Anis con una fuerza para que lo enfrentaran. Abdullah fue asesinado. Las críticas hostiles dicen que el Profeta hizo matar a los jefes de algunas tribus para intimidarlos.

Citan a los historiadores Árabes como al-Waquidi, Ibn Hisham e Ibn al-Azir narrando los nombres de las personas asesinadas, pero por conveniencia omiten los detalles y circunstancias dadas por las mismás autoridades con respecto a los ataques que llevaban a cabo o los preparativos que hacían para atacar Medina. El Profeta no podía ignorar el peligro que rodeaba a los Musulmanes y no dejaría que fueran exterminados.

La Traición en Bi’r Ma’unah

Las tribus no únicamente atacaban Medina repetidamente sino que empleaban métodos traicioneros para reducir las filas y los recursos Musulmanes. En Safar del año 4 de la Hégira, Abu Bara’ de Banu Kalb llegó al Profeta para que le prestara los servicios de sus compañeros y le predicaran a su tribu y los instruyeran en el camino del Islam. Setenta discípulos piadosos fueron enviados con él pero, con la excepción de una persona, concretamente Abr ibn Umayya, todo el grupo fue ejecutado cuando llegaron a Bi’r Ma’unah.

Los Crímenes en Rayi’

Similarmente, las tribus de Azal y Quarah enviaron una delegación al Profeta para informarle que habían aceptado el Islam y que necesitaban unos instructores. El Profeta envió a diez discípulos con ellos, al llegar a Rayi’, los enviados instigaron a Banu Lahyan para que mataran a siete de los discípulos y capturaran al resto. Los prisioneros fueron vendidos en Meca y aquellos que los compraron los ejecutaron.

Uno de los prisioneros era Zaid. Una multitud, incluyendo Abu Sufyan, se reunió a ver su ejecución. Abu Sufyan le dijo que si no hubiese sido una fortuna que Muhammad estuviera ahí para ser ejecutado en su lugar. El vinculo especial entre Zaid y el Profeta se puede calcular a partir de la respuesta que dio. Zaid dijo: “Por Dios, mi vida no vale nada y la daría con tal de que ni una sola astilla punzara un pie del Profeta”. Zaid fue azotado hasta la muerte.

La Actitud de los Judíos

Durante mucho tiempo, los Judíos fueron los amos de Medina. Las tribus de Aus con su usura a tasas de interes exorbitantes fueron reemplazadas por los Khazray (Los Ansar) Gradualmente, estas tribus se fortalecieron y se igualaron en poder y prestigio a los Judíos.

La guerra a muerte de los Bu’az, sin embargo, los debilitó, y los Judíos de nuevo obtuvieron poder. Los Judíos eran un pueblo prospero, con el deterioro de la situación económica de las tribus de Aus y Khazray, muchos de ellos se endeudaron con los Judíos. La posición de autoridad y eminencia, que le daba a los Judíos su superioridad y fortaleza material recibió un gran golpe cuando comenzó a expandirse el Islam en Medina.

Por lo tanto, vieron la expansión del Islam con gran desaprobación y temor. El oportunismo los hizo entran en un pacto con los Musulmanes pero muy pronto empezaron a conspirar contra el Islam. Deformaban las palabras y versículos del Qurán y se mofaban y burlaban de los Musulmanes. Sin embargo, al Profeta se le pidió que soportara pacientemente:

...Y oiréis, ciertamente, muchas cosas malas de aquellos que han recibido la Escritura antes de vosotros y de los asociadores; pero, si sois pacientes y teméis a Dios, eso si que es dar muestras de resolución. (Qurán 3:186)

El Profeta hizo lo que más pudo para mantener lazos amistosos con los Judíos. El Qurán enfatiza en la unidad fundamental entre las dos religiones y le pidió a los Judíos que llegaran a buenos términos con los Musulmanes.

Di: “Gente de la Escritura" Convengamos en un formula aceptable a nosotros y a vosotros, según la cual no serviremos sino a Dios, no Le asociaremos nada y no tomaremos a nadie de entre nosotros como Señor fuera de Dios”. Y, si vuelven la espalda, decid: “Sed testigos de nuestra sumisión” (Qurán 3:64)

Ni la amabilidad y el buen trato de parte del Profeta sin embargo, pudo conciliar a los Judíos. Trataron de revivir la riña entre las tribus de Aus y Khazray. Algunos Judíos aceptarían el Islam un día y renunciarían a él el día siguiente para demostrar que no había nada importante en el Islam.

Otro grupo de la gente de la Escritura dice: “ Creed al comenzar el día en lo que se ha revelado a los que creen y dejad de creer al terminar el día! Quizás, así, se conviertan. (Qurán 3:72)

Conspiraron junto con los munafiqun y enviaron emisarios a los enemigos del Islam. El temor y la envidia del poder creciente de los Musulmanes después de la victoria en Badr les dolía en el alma, y duplicaron sus esfuerzos para exterminar a la nueva religión. Los Quraish los incitaban a hacerlo, enviándoles una epístola:

“Ustedes poseen armás y fortalezas. Deben combatir a nuestro enemigo (Muhammad); o de otra forma, los atacaremos a ustedes y nada evitará que tomemos sus armás y a sus mujeres.”

Ka’ab ibn Ashraf, un líder Judío de Banu Nazir, era un poeta de fama considerable. Como muchos otros, era muy hostil al Islam, con sus feroces poemás, comenzó a incitar al pueblo a levantarse en contra de los Musulmanes. Después de la batalla de Badr, compuso un número de elogias de duelo para los jefes Mequinenses que habían muerto en la batalla. Solía recitarlas en cada congregación.

Contactó a Abu Sufyan con el objetivo de hacer un esfuerzo combinado para expulsar a los Musulmanes. Públicamente recitó varios poemás despectivos acerca del Profeta. Ya que la poesía tenía un lugar elevado en la vida de los árabes y podía influenciar y mover sentimientos, Ka’ab ibn Ashraf se había convertido no solo en un fastidio sino en una seria amenaza.

De la autoridad de al-Yaquib y Hafiz ibn Hayar tenemos Ka’ab conspiró para matar al Profeta. Cuando el Profeta supo de esta conspiración, consultó con sus compañeros y se decidió que Ka’ab debía ser silenciado por siempre. Muhammad ibn máslamah llevó a cabo la misión y, al tener una oportunidad, envió a Ka’ab ibn Ashraf al infierno.

Los Banu Quinana, la tribu Judía más poderosa, fueron los primeros en retirarse de la alianza con los Musulmanes. Says Ibn Saad, “Los Judíos conspiraron durante la Batalla de Badr y tenían envidia de los Musulmanes, retractandose de su pacto con ellos”.

Como se mencionó anteriormente, un suceso en el año 2 de la Hégira tuvo como consecuencia un estallido de violencia. Una mujer Musulmana usando el velo había ido a una tienda Judía. Fue molestada y sus ropas fueron rasgadas. Un Musulmán que estaba parado cerca de la tienda no pudo tolerar este comportamiento indecente y mató al Judío. Los Judíos lo asesinaron inmediatamente.

El Profeta se enfadó con ellos pero ellos contestaron en tono desafiante que ellos no eran débiles como los Quraish (a quienes habían vencido en Badr) y que le mostrarian lo que era una batalla de verdad. Dentro de la seguridad de su fortaleza, comenzaron a prepararse para la guerra. Los Musulmanes sitiaron la fortaleza durante 15 días y los Judíos tuvieron que exigir la paz, prometiendo que aceptarian la decisión del Profeta. El Profeta los desterró, permitiendoles llevarse todas sus pertenencias movibles hacia Siria.

Algunos críticos Europeos solamente observan la causa inmediata, que es, el comportamiento indecente hacia la Mujer Musulmana y, atribuyéndolo a una broma de niños, tratan de minimizar ese suceso. Desde su punto de vista, el castigo fue demásiado rudo, pero se equivocan al no notar los constantes esfuerzos de los Judíos por debilitar el movimiento Islámico. Este no sucedió una vez sino varias veces lo que llevó a varios enfrentamientos.

La Expulsión de los Banu Nadir (Rabi’ 1, año 4 de la Hégira)

El destierro de los Banu Quinana enfureció a su tribu hermana, los Banu Nadir. Animados por los Mequinenses y por Abdullah ibn Ubay, conspiraron para matar al Profeta. Una vez el Santo Profeta, junto con algunos compañeros, se encontraban ahí para buscar ayuda en el acuerdo del pago de un precio de sangre de dos personas de la tribu de Amir. Los Judíos le pidieron al Profeta que ingresara a la fortaleza, pero el Santo Profeta no le gustó la idea, sino que se sentó afuera de la muralla de la fortaleza. Enviaron un hombre para que escalara la pared de la fortaleza y asesinara al Santo Profeta arrojándole una gran roca sobre su cabeza.

Por medio de la revelación Divina, el Santo Profeta se enteró de este esquema de traición muy rápidamente e inmediatamente abandonó el lugar.

Luego le envió un ultimátum a Banu Nadir con Muhammad ibn máslamah, ya que habían roto su tratado, deberían abandonar Medina en un plazo de diez días. Querían migrar, cuando Abdullah ibn Ubay los animó a no abandonar Medina, prometiéndoles ayudarlos con 2000 guerreros. Los Judíos se rehusaron a abandonar Medina. Las siguientes aleyas se refieren a esta promesa de ayuda:

¿No has visto a los hipócritas, dicen a sus hermanos infieles de los de la gente de la Escritura: “Si os expulsan, nos iremos, ciertamente con vosotros, y nunca obedeceremos a nadie que nos mande algo contra vosotros. Y si nos atacan, ciertamente, os auxiliaremos”?
Dios es testigo de que mienten.
Si son expulsados, no se irán con ellos. Si son atacados, no les auxiliaran. Y aún suponiendo que les auxiliaran, seguro que volvían la espalda. Luego, no serán auxiliados. (Qurán 59:11-12)

Su fortaleza fue sitiada, y Abdullah ibn Ubay no hizo nada para ayudarles. Depuse de 15 días, acordaron abandonar Medina. Se les permitió llevarse todos sus bienes movibles excepto las armás de guerra.

No les gustó la idea de dejar sus casas para ser ocupadas por Musulmanes, entonces las demolieron. El Qurán se refiere a los diferentes aspectos de la expulsión en la Sura 59. Por ejemplo, su migración y la destrucción de sus casas por ellos mismos está referido en esta aleya:

El es quien expulsó de sus viviendas a los de la gente de la Escritura que no creían, cuando la primera reunión. No creíais que iban a salir y ellos creían que sus fortalezas iban a protegerles contra Dios. Pero Dios les sorprendió por donde menos lo esperaban. Sembró el terror en sus corazones y demolieron sus casas con sus propias manos y con la ayuda de los creyentes. Los que tengáis ojos ¡escarmentad! (Qurán, 59:2)

Pasaron por el mercado de Medina cantando y tocando tambores para mostrar que no sentían ninguna tristeza por su destierro y que pronto vengarían esta derrota. Algunos de ellos se dirigieron hacia Siria mientras que otros se establecieron con los Judíos de Khaybar.

Desde ese momento no hubo guerra, según la orden de Dios (ver la Sura 59, versículos 6 al 10), toda la riqueza que dejaron los Judíos se convirtió en propiedad privada del Santo Profeta quien, habiendo consultado con los Ansar, distribuyó todos los bienes movibles entre los Muhayirun pobres y tres compañeros pobres de los Ansar: Sahl ibn Hanif, Abu Dayyanah y Zaid. El Profeta le dio la propiedad inmovible a Ali ibn Abi Talib (as), quien la hizo waqf (donación) para los descendientes de Fatimah (as).

El capítulo 59 del Qurán (El destierro) describe varios aspectos de la expulsión de los Banu Nadir.

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