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Capítulo 15: El Tratado de Hudaybia y el Pacto de Ridwan

En Zul Qadah, en año sexto de la Hégira el Profeta decidió realizar la Umrah (Peregrinación Menor) en la Kaaba la cual hasta entonces había sido negada a los Musulmanes debido a la hostilidad de los Mequinenses. Mil cuatrocientos Muhayirun y Ansar mostraron su deseo de ir con él. Para que no hubiera ninguna duda en ningún grupo acerca de sus intenciones, le ordenó a los Musulmanes que no llevaran armás más que sus espadas, y el mismo se colocó los mantos de ihram y llevó camellos para el sacrificio.

Los Musulmanes acamparon en Hudaybia, 10 millas de Meca. Enviaron un emisario donde los Mequinenses para obtener el permiso para visitar la Kaaba pero fue rechazado. A su vez, los Mequinenses reunieron una fuerza para evitar que los Musulmanes entraran a Meca. Los Quraish enviaron a Budayl, de la tribu de Khuzah para que le dijera al Profeta que no le era permitido visitar la Kaaba. El Profeta dijo que había llegado hasta allá no para pelear sino para realizar la peregrinación.

Los Quraish designaron a Urwah ibn Mahsud al-Zaqafi para que tuviera una conversación con el Profeta, pero nada resultó de ese encuentro. El Profeta envió a Karash ibn Umayya donde Quraish, pero el mensajero fue maltratado y con dificultad pudo escapar con vida. La vanguardia de los Quraish atacó a los Musulmanes, pero fue capturada. El Profeta demostró gran clemencia y les dio la libertad a los prisioneros.

Finalmente, Uzmán (quien pertenecía al mismo clan de Abu Sufyan) fue enviado para persuadir a los Quraish de que le permitiera a los Musulmanes visitar la Kaaba. Llegaron las noticias de que Uzmán había sido asesinado por los Quraish. Los Musulmanes tomaron un juramento en las manos del Profeta, conocido como Bayatur Ridwan estar a su lado hasta el final. Con respecto a este juramento, el Qurán dice:

Dios ha estado satisfecho de los creyentes cuando estos te han jurado fidelidad al piel del árbol. El sabía lo que sus corazones encerraban e hizo descender sobre ellos la Sakina, prometiéndoles, como recompensa, un éxito cercano. (Qurán 48:18)

Sin embargo, después se supo que las noticias del asesinato de Uzmán era falsas. Luego de mucha dificultad, se firmó un tratado con Suhayl ibn Amr, el enviado de Quraish, sobre los siguientes términos reproducidos en casi todas las Crónicas Árabes:

Los Musulmanes debían regresar a Medina ese año sin realizar la peregrinación.

Podían regresar el año siguiente pero su estadía no podía exceder tres días

Los Musulmanes no podían llevar armás con ellos excepto espadas envainadas

No habría guerra entre los Quraish y los Musulmanes durante diez años.

Cualquier idolatra o Musulmán Mequinense que migrara a Medina sin el permiso de su clan seria enviado a Meca, pero un Musulman de Medina que regresara a Meca sin el permiso no se le permitiría regresar.

Cualquier tribu en Arabia seria libre de unirse a cualquiera de los grupos en el pacto, y los aliados también quedarían unidos por este tratado.

Aunque aparentemente estos términos eran desventajosos para los Musulmanes, el Profeta los aceptó. Tan pronto como se habían acordado los términos se suscito una situación critica. Abu Yundal, hijo de Said Suhail, había sido encarcelado por su padre por aceptar el Islam y estaba siendo muy maltratado. Logró escapar y con sus cadenas puestas, llegó a Hudaybia justo antes de que el pacto fuera firmado.

Suhail, el emisario de los Mequinenses, exigió su regreso según los términos del Pacto. Los Musulmanes dijeron que el tratado aun no había sido firmado y Suhail dijo que si no le era devuelto su hijo, no habría tratado en lo absoluto. Abu Yundal le suplicóa los Musulmanes en el nombre de la misericordia que no lo devolvieran a la tiranía de los Mequinenses y les mostró las heridas que le habían ocasionado.

Los Musulmanes se vieron obligados a defender su causa y Umar hizo un llamado vehemente, pero el Profeta los silenció declarando que no podía romper el pacto y consoló a Abu Yundal diciéndole que Dios crearía algún medio para que obtuviera su libertad.

Algunos Musulmanes estaban muy insatisfechos por este trato. Umar ibn Jattab le habló de una manera muy ruda al Profeta. Llegó a decir: Nunca dude de la verdad del Islam desde que lo acepté, excepto el día del Pacto de Hudaybia.

El Profeta sacrificó sus animales en Hudaybia y después de razurar su cabeza, se quito las ropas del estado de Irma. Muchos Musulmanes estaban reacios a hacerlo, pero finalmente siguieron el ejemplo.

después de tres días en Hudaybia, los Musulmanes regresaron a Medina. En el camino de regreso, se reveló la Surah 48 La Victoria. Describió el tratado como una victoria evidente para los Musulmanes. Sucesos posteriores confirmaron que realmente era una gran victoria para ellos.
Hasta entonces, los idolatras y los Musulmanes no se habían mezclado unos con otros. Por virtud de este tratado, comenzaron a hacerlo libremente.

Debido a sus relaciones familiares y las conexiones comerciales, los Mequinenses comenzaron a visitar Medina, y muchos de ellos se quedaban durante meses. De esta forma, se relacionaban e informaban con las enseñanzas del Islam y se admiraban profundamente por la conducta tan correcta y la integridad moral de los Musulmanes.

Los Musulmanes de Medina que visitaban Meca dejaron detrás de si impresiones similares. El resultado fue que los Mequinenses mismos eran atraídos hacia el Islam y muchos de ellos abrazaron una nueva religión. Se registra que durante los dos años siguientes al tratado, aceptaron el Islam mucho más que durante los 19 anos desde el inicio de la misión.

Una prueba clara se halla en el hecho de que solamente 1400 Musulmanes habían acompañado al Profeta a la peregrinación menor cuando se hizo el Pacto de Hudaybia, dos años después, es decir, cuando Meca cayó en manos de los Musulmanes, lo acompañaban 10000 Musulmanes.

La Invitación a los Soberanos de los Estados Vecinos

La tranquilidad que daba el pacto de Hudaybia dio una oportunidad al Profeta para propagar el Islam por toda la Arabia y capacitar al Islam para emprender su deseo de abarcar toda la humanidad. Envió embajadores con sus cartas para Heraclito, el Emperador Bizantino, a Khosro Parviz II, el Rey de Persia, a los Reyes de Egipto y Abisinia, los Jefes de Yemen y Siria. Estas cartas se han preservado y han sido reproducidas por los cronistas Árabes.

La carta para Heráclito, la cual fue llevada por Dahiyah al-Kalbi, dice:

En el nombre de Dios, El Clemente el Misericordioso.

De Muhammad, el Siervo y Mensajero de Dios, para Heraclito, el emperador de Roma. La paz sea sobre aquel que siga la guia. Después de esto, te invito a aceptar el Islam. Acepta el Islam y prosperarás y Dios te dará doble recompensa. Pero si te rehúsas, el pecado de tu pueblo caerá sobre tus hombres. !Oh Gente del Libro! Lleguen a un termino común entre ustedes y nosotros: Que no adoremos nada excepto Dios, y que no asociaremos nada a Él, ni tomaremos otros Señores aparte de Dios. Pero si se retractan, entonces digan: Testimonio de que somos Musulmanes.

Heráclito quería saber más acerca de la religión, entonces llamó a algunos Árabes mercaderes que habían llegado a Gaza con una caravana. Abu Sufyan, uno de los enemigos más recalcitrantes del Profeta, estaba en ese grupo y se convirtió en su vocero. La conversación que tuvo lugar entre Heráclito y Abu Sufyan se conserva en los libros de tradiciones:

Heráclito: ¿Es noble la familia de aquel que se atribuye la Profecía.?

Abu Sufyan: Es una familia noble.

Heráclito: ¿Alguien más de esta familia se proclamó Profeta?

Abu Sufyan: No.

Heráclito: ¿Ha existido algún rey en esta familia?

Abu Sufyan: No.

Heráclito: ¿Son débiles o influyentes los que han aceptado esta religión?

Abu Sufyan: Son gente débil.

Heráclito: ¿Aumentan o disminuyen sus seguidores?

Abu Sufyan: Están aumentando.

Heráclito: ¿Alguna vez ha mentido ese hombre?

Abu Sufyan: No.

Heráclito: ¿Alguna vez faltó a algun pacto?

Abu Sufyan: Nunca, pero nos gustaría ver si mantiene un nuevo pacto que negociamos con él recientemente.

Heráclito: ¿Alguna vez has combatido contra él?

Abu Sufyan: Sí.

Heráclito: ¿Cuál fue el resultado?

Abu Sufyan: Algunas veces ganamos y otras veces él ganó.

Heráclito: ¿Qué enseña?

Abu Sufyan: Le dice a su gente que adoren un solo Dios, y que no le asocien nada, les encomienda la oración, a ser veraces, castos y dar la caridad.

Heráclito: resumió así la conversación:

“Tu dices que este hombre pertenece a una familia noble. Los Profetas siempre descendieron de familias nobles. Dices que nadie en su familia antes se proclamó Profeta. Si hubiera sido así, entonces habría pensado que estaba influenciado por las tradiciones familiares. Dices que ninguno de sus predecesores fue rey. Si hubiera sido así, yo habría pensado que aspiraba a tener un reino.”

“Admites que nunca ha dicho mentiras. Una persona que no dice mentiras a un hombre no puede decirle mentiras a Dios. Tú dices que los pobres son sus seguidores. Los primeros seguidores de los Profetas siempre han sido los pobres. Dices que su religión se está expandiendo. Esta es una característica de una verdadera religión.”

“Dices que no engaña, los Profetas no engañan a nadie. Dices que les ordena orar y mantener la pureza y la castidad. Si todo esto es verdad, su reino llegará hasta mis dominios. Yo sabía que vendría un Profeta, pero no sabía que vendría de Arabia. Si pudiera ir hasta allá, le haría un homenaje.”

Abu Sufyan solía decir que tuvo que decirle la verdad al Emperador porque temía que alguno de su caravana lo contradijera si él daba un falso testimonio.

El emisario que fue enviado a Cosroe Parviz tuvo una recepción diferente. Cosroe Parvis estaba furioso por la idea de que una persona común se dirigiera al Gran Rey que él era en términos de igualdad. Rompió la carta en pedazos. Kira le ordenó a su gobernador del Yemen que arrestara a la persona que se proclamaba profeta y que lo enviara a su corte.

Cuando los mensajeros del gobernador llegaron a Medina y le pidieron al Profeta que cumpliera con las ordenes de Kisra o esperara la destrucción de su país, el Profeta contestó, “Regresa y dile que el Imperio Islámico llegará hasta el reino de Kisra.” No pasaron muchos años cuando esta Profecía se hizo realidad.

El mensajero enviado a Jariz, el Jefe de la tribu de Gasan, que gobernaba en Siria, fue sentenciado a muerte. Casualmente esto se volvió causa de un conflicto con los Cristianos que llevoó a la Batalla de Mutah en la expedición de Tabuk.

El Profeta envió una epístola a al-Mundhir, el entonces Gobernador Iraní de Bahrein. Decía lo siguiente:

En el Nombre de Dios, el Compasivo el Misericordioso. De Muhammad el Mensajero de Dios a al-Mundhir hijo de Sawa. La paz sea con él. Alabado sea Dios aparte de Quien no hay otro Dios. Soy testigo de que no hay más Dios que Dios y Muhammad Su siervo y Mensajero. Y Ahora te recuerdo de Dios, el Poderoso y Glorioso. Quien recibe la amonestación la recibe para su propio bien, y quien obedece a mis mensajeros y sigue sus instrucciones me obedece. Quien es sincero con ellos es sincero conmigo. Mis enviados han hablado bien de ti. Ha aceptado tu intercesión de parte del pueblo de Bahrein. Déjale a los Musulmanes todo lo que poseían antes del Islam. Mientras que yo declaro indemnización a los que obran mal, tu también deberías perdonarlos. No serás depuesto mientras te conduzcas bien. Y aquel que continúe en su religión Judía tendrá que pagar el jizah (impuesto de defensa).

La carta enviada a Negus, el Rey de Abisinia, decía lo siguiente:

En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso. De Muhammad el Mensajero de Dios para Negus, el Rey de Abisinia. La paz sea con aquel que sigue el camino de la Guía. Alabado sea Dios aparte de quien no hay otro Dios, el Soberano, el Sagrado, el Preservador de la Paz, el Protector de los creyentes. El Guardián. Soy testigo de que Jesús el Hijo de Maria es realmente un espíritu de Dios y su Palabra, la cual fue transmitida a la Casta Virgen Maria. Creó a Jesús con su Palabra así como creó a Adán con Sus Manos. Y Ahora los exhorto a creer en lo que se me ha revelado, por que soy el mensajero de Dios. Los invito a ti y a tu Pueblo al camino de Dios, el Poderoso, el Glorioso. He transmitido el mensaje, y es decisión de ustedes aceptarlo. De nuevo, la paz sea con aquel que sigue la Guía.

Otra epístola enviada a Mukakis, el entonces Virrey Romano para Egipto, decía:

En el Nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso. De Muhammad, el siervo y Mensajero de Dios para Mukakis, Jefe de los Coptos. La paz sea con aquel que sigue el camino de la Guía. Los invito a aceptar el mensaje del Islam. Acéptenlo y prosperarán. Pero si se alejan, entonces caerán en el pecado de desviar a los Coptos con su ejemplo. O Gente del Libro Acordemos mutuamente no adorar a nadie excepto a Dios y que no le asociaremos nada a Él y que ninguno de nosotros se considerara un señor al lado de Dios. Y si ellos se apartan, entonces: Sean testigos de que somos Musulmanes.

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