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Capítulo 5: La Era de la Ignorancia

La Era de la Ignorancia

Fue una época en la cual en términos generales se habían olvidado los códigos morales y de rectitud. Los ritos supersticiosos y dogmás habían reemplazado los preceptos de la Religión Divina.

Solamente unos pocos Quraishitas (los ancestros del Santo Profeta y algunos otros) seguían la religión de Ibrahim (as), pero eran una excepción y no eran capaces de ejercer alguna influencia sobre los que estaban sumergidos profundamente en los ritos y creencias paganas. Existían aquellos que no creían en Dios en lo absoluto y pensaban que la vida era solo un fenómeno natural. El Sagrado Qurán se refiere a esta clase de personas:

Y dicen: “No hay más vida que ésta de acá. Morimos y vivimos, y nada sino la acción fatal del Tiempo nos hace perecer”. Pero no tienen ningún conocimiento de eso, no hacen sino conjeturar. (Qurán 45:24)

Algunos creían en Dios pero no en el Día de la Resurrección o en la recompensa y el castigo. Va en contra de su creencia lo que dice el Qurán:

Di: “Les dará la vida Quien los creó una vez primera. Él concoce bien toda la cración...” (Qurán 36:79)

Mientras que unos pocos creían en Dios así como en la recompensa y el castigo en la vida después de la muerte, no creían en La Profecía. Al respecto dice el Sagrado Qurán:

Y dicen: “¿Qué clase de Enviado es éste que se alimenta y pasea por los mercados? ¿Por qué no se le ha mandado de lo alto un ángel que sea, junto a él, monitor?” (Qurán 25:7)

Pero, en su mayoría, los Árabes eran idolatras. Sin embargo no es que ellos creyeran que los ídolos eran Dioses sino que eran solo unos intermediarios entre ellos y Dios. Al respecto dice el sagrado Qurán:

El culto puro ¿no se debe a Dios? Los que han tomado amigos en lugar de tomarle a Él—“Sólo les servimos para que nos acerquen bien a Dios”—Dios decidirá entre ellos sobre aquello en que discrepan. Dios no guía al que miente, al infiel pertinaz. (Qurán 39:3)

Algunas tribus adoraban el sol, otras la luna. Pero la gran mayoría, mientras se sumergían en la idolatría, creían que existía un Ser Supremo, el Creador de los cielos y de la Tierra el cual llamaban Dios, Dice el Sagrado Qurán:

Si les preguntas “¿Quién ha creado los cielos y la tierra y sujetado el sol y la luna? seguro que dicen: “!Dios!” ¡Cómo pueden, pues, ser tan desviados! (Qurán 29:61)

Cuando se embarcan, invocan a Dios rindiéndole culto sincero. Pero. En cuanto les salva, llevándoles a tierra firme, al punto Le asocian otros dioses, (Qurán 29:65)

El Cristianismo y el Judaísmo, habían perdido su en canto en manos de sus seguidores.

Sir William Muir escribió:

“El Cristianismo, de vez en cuando se escuchaba débilmente sobre la superficie de Arabia, pero la marea de la idolatría y la superstición nativa, partiendo desde todos los puntos, con una marea inquebrantable e irrompible hacia la Kaaba, dio una amplia evidencia de que la fe y la adoración de la Kaaba mantuvo a la mente Árabe en la esclavitud, vigorosa e indiscutiblemente.

después de cinco siglos de evangelización Cristiana, solo podrían reclamar unos cuantos discípulos entre las tribus, y ya no era operativo como agente de conversión”.

El Amanecer de la Profecía

Fue un hombre de entre ellos mismos el cual levantaría a los Árabes de su ignorancia y depravación y los llevaría hacia la luz de la fe y la devoción al Dios único.

Debido a su posición geográfica y la conexión terrestre y a las rutas marítimás con los Continentes Asiático, Africano y Europeo, Arabia había estado influenciada fuertemente por las creencias supersticiosas y los comportamientos dañinos que prevalecían en muchas partes de estos continentes. Pero una vez pudo derrotar la incredulidad y las practicas retrogradas, fácilmente pudo, como resultado de su posición geográfica, fácilmente llegar a ser el centro de iluminación radiante que sería guía y conocimiento para todo el mundo.

Cuando Muhammad (s.a.w.a) tenía 38 años de edad, pasaba la mayor parte del tiempo en soledad y meditación. La cueva de la Montaña de Hira era su lugar favorito. Era allí donde solía retirarse con alimento y agua y pasaba días y semanas en el recuerdo de Dios. A nadie se le permitía ir a ese lugar excepto a Khadiya y a Ali. Solía pasar todo el mes de Ramadán en ese lugar.

El periodo de espera se acercaba a su fin. Sus cuarenta años de vida tenían variadas experiencias, y desde el punto de vista del mundo, había desarrollado una madurez y juicio mental, aunque en realidad él era la personalización de la perfección desde el mismo inicio. Ha dicho: “He sido Profeta desde que Adán se encontraban en un estado entre el agua y la arcilla

Su corazón rebozaba de profunda compasión por la humanidad y un deseo desesperado por erradicar las creencias desviadas, los males sociales, la crueldad y la injusticia. El momento había llegado cuando Dios le permitió declarar su profecía. Un día, cuando estaba en la cueva de Hira, Yibril (Ángel Gabriel)llegó donde Muhammad (s) y le entregó el siguiente Mensaje de parte de Dios:

Lee en el Nombre de Tu Señor, quien ha creado al hombre de un coagulo (de sangre): Lee y Tu señor es el más Benéfico, _Quien le enseñó al hombre con el Cálamo y le enseñó al hombre lo que no sabía.(Qurán 96:1-5)

Estas fueron las primeras aleyas en ser reveladas, y la fecha fue el 27 de Rayab, en el año 40 del Elefante (610 después de Cristo).

El flujo del Mensaje Divino que continuó por los próximos 23 años había comenzado, y el Profeta se había levantado para proclamar la Unidad de Dios y la Unidad de la Humanidad, para demoler el edificio de la superstición, ignorancia, la incredulidad, y así establecer un concepto noble de la vida, guiando a la humanidad hacia la luz de la fe y la bendición celestial.

El comienzo de la Misión

La tarea fue estupenda. El Profeta, por lo tanto, comenzó su misión cautelosamente, confinándola inicialmente a sus propios familiares cercanos y amigos. Tuvo un éxito inmediato cuando su Esposa Khadiya testificó su verdad tan pronto como escuchó la noticia de la revelación de parte de Dios. Luego su primo ‘Ali, y su esclavo liberado Zaid, inmediatamente aceptó la noticia de la fe, el Islam, “La sumisión a la voluntad de Dios” El cuarto fue Abu Bakr.

Ibn Hayar al-‘Asqalani en su libro Al-Isbah, y ‘Abdul Maalik ibn Hisham en su libro As-Sirah han escrito que:

Ali fue el primero en aceptar el Islam y el primero en rezar (hacer el Salat), y aceptó lo que se reveló al Mensajero de parte de Dios, en ese momento, ‘Ali tenía diez años. Después de ‘Ali, Zaid ibn Harizah aceptaron el Islam. Los compañeros del Santo Profeta, Muhammad ibn Ka’b al-Qarazi, Salman el Persa, Abu Dharr, Miqdad, Khabbab, Abu Saeed al-Khudri y Zaid ibn Arqam testifican que ‘Ali fue el primero en proclamar el Islam. Estos exaltados compañeros le han dado a ‘Ali la preferencia sobre otros”.

Justice Ameer Ali escribió en su libro El Espíritu del Islam:

“Es un aspecto noble en la historia del Profeta de Arabia que afirma fuertemente la sinceridad de su carácter, la pureza de sus enseñanzas y la intensidad de su fe en Dios, el que sus relaciones más cercanas, como su esposa, su amado primo y amigos íntimos, estaban imbuidos con la verdad de su misión y convencidos de su inspiración. Aquellos que lo conocían mejor, las relaciones más cercanas y los amigos más queridos, la gente que vivió con él y anotaban todos sus movimientos, fueron sus seguidores más devotos y sinceros”

John Davenport dice en su Apología de Muhammad y el Qurán:

“Corrobora la sinceridad de Muhammad saber que los primeros conversos al Islam fueron sus más apreciados amigos y la gente de su casa, quienes, conociendo su vida privada íntEmamente, no podrían fallar en haber detectado esas discrepancias que más o menos existen invariablemente entre las pretensiones de un timador hipócrita y sus acciones dentro de su hogar”.

Lentamente se expandió el mensaje. Durante los primeros tres años, ganó solamente treinta seguidores. A pesar de la precaución y el cuidado que se tuvo, los Quraish se dieron cuenta de todo lo que estaba sucediendo. Al principio no se percataron mucho y solamente se burlaron del Profeta y la situación de sus seguidores. Dudaban de la salud mental del Profeta y lo creyeron loco y embrujado. Pero había llegado la hora para proclamar la voluntad de Dios en público.

El llamado a los Familiares

después de tres años, llegó el llamado de Dios:

Y amonesta a tus familiares. (Qurán 26:214)

Esta aleya (versículo) puso fin a la predica secreta y presagió la proclamación abierta del Islam.

Abu Muhammad Husein al-Baghawi (en su Tafsir-Ma’alim ut-Tanzil), El Sheik ‘Ala’uddin ‘Ali ibn Muhammad al-Baghdadi, conocido como Khazin al-Baghdadi, en su Lubab-ut-Tawil, mejor conocido como Tafsir Khazin, Abu Bakr Ahmad ibn Husein al-Bayhaqui (en su Dalail-un-Nubuwwah), Yalaluddin as-Suyuti ( en su Yam’ul Yawami), ‘Ala’uddin ‘Ali Muttaqui ( en Kanzul ‘Ummal), Abu Yafer Muhammad ibn Yarri at-Tabari (en Tarikh-ur-Rusul-wal-Muluk), Abu Sa’adar Mubarak ibn Azir al-Yazari (en Tarikh-ul-Kamil) e Islamil Abul Fida (en su libro de Historia, Kitabul-Mukhtasar fi Akhbar il Bashar) han citado que Ali dijo:

“Cuando se reveló el versículo Wa anzir ‘Ashiratakal-aqrabin, el noble Mensajero me llamó y me ordenó lo siguiente, ‘Oh Ali, El Creador del Mundo me ha hecho amonestar a mi pueblo con respecto a su destino, pero en vista de la condición de la gente y sabiendo que cuando le dé las palabras de Dios, se comportarán mal, me he sentido deprimido y débil y por lo tanto me he quedado callado hasta que Gabriel regresó y me informó que no debía haber más demora.

“Entonces, ‘O Alí, toma una cantidad de grano, un pernil de cordero y una vasija grande de leche y organiza una fiesta, luego llama a los hijos de ‘Abdul Muttalib hacia mí, para que pueda entregarles las palabras de Dios’ Hice lo que me había dicho el Profeta y los hijos de ‘Abdul Muttalib, que eran casi cuarenta en número se reunieron todos. Entre ellos había tíos del Profeta: Abu Talib, Hamza, ‘Abbas y Abu Lahab.

“Cuando se trajo el alimento, el Profeta levantó un pedazo de carne y lo partió en pequeños bocados con sus propios dientes y los esparció en la bandeja y dijo, ‘Empiecen a comer en el nombre de Dios’, Todos los presentes comieron hasta saciarse aunque la leche y la comida apenas era suficiente para un solo hombre. Luego trató de hablarles pero Abu Lahab interfirió y dijo, ‘Ciertamente que su compañero (Muhammad) los ha embrujado’. Al escuchar esto, todos se dispersaron y el Mensajero no tuvo la oportunidad de hablar con ellos.

“El día siguiente, el Mensajero del Señor me dijo de nuevo: “O Ali, haz de nuevo preparativos para una fiesta como lo hiciste ayer, e invita a los hijos de ‘Abdul Muttalib’.” Organicé la fiesta y reuní a los invitados como el Profeta me ordenó.

“Una vez habían terminado el alimento, el Mensajero se dirigió a ellos así: ‘O hijos de ‘Abdul Muttalib, les he traído las mejores bendiciones de este mundo y del próximo, y el Señor me ha escogido para que los llame hacia Él. ¿Por lo tanto, quien de ustedes me ayudará en esta causa para que sea mi hermano, mi sucesor y mi califa?’ Nadie respondió. Pero yo, a pesar de ser el menor de la congregación, dije, ‘O Mensajero de Dios, yo estoy aquí para ser tu ayudante en esta misión’.

“Luego el Profeta golpeó mi cuello muy suavemente y dijo, ‘O pueblo mío! Este ‘Ali es mi hermano, mi sucesor y mi Califa entre ustedes. "Escúchenlo y obedézcanle" Al escuchar esto del Profeta, todos se rieron y le dijeron a Abu Talib: Escuchen: "Se te ha ordenado obedecer y seguir a tu propio hijo."

Este suceso también ha sido registrado por Thomás Carlyle en el libro Heroes and Hero Worship, por Gibbon en el libro Decline and Fall of the Roman Empire, por Davenport en Apology for Muhammad y por Washintong Irving en Muhammad And His Succesors, con todos sus detalles.

Abul- Fida, en Kitabul-Mukhtasar fi Akhbaril-Bashar menciona que algunos versículos compuestos por Abu Talib demuestran el hecho de que él había aceptado la Profecía de Muhammad desde el fondo de su corazón. A continuación se dan unos cuantos versículos poéticos:

Ustedes me han llamado al Islam y creo que ustedes son veraces y confiables
Y no hay duda en mi creencia de que la Religión de Muhammad es la mejor de todas las Religiones del Mundo.

¡Por Dios! Mientras yo viva, ni una sola persona de los Quraish podrá lastimarte.

Comienza la Persecución

Uno tras otro siguieron llegando los Mandatos Divinos:

¡Anuncia lo que se te ordena y apártate de los asociadores! (Qurán 15:94)

Tu el envuelto en un manto, levantate y advierte. A Tu Señor ensalzale. Tu Ropa, purificala. La abominación huye de ella. No des esperando ganacia. La decisión de tu Señor, esperala paciente. (Qurán 74:1-7)

Llama al camino de tu Señor con sabiduría y buena exhortación. Discute con ellos de la manera más conveniente. Tu Señor conoce mejor que nadie a quien se extravía de Su camino y conoce mejor que nadie a quien está bien dirigido. (Qurán 16:125)

El Profeta proclamó la Unicidad de Dios en la Kaaba. Los Quraish estaban aterrorizados. Hasta entonces, habían mantenido al Profeta y a sus seguidores en un total desdén, pero ahora estaban sinceramente alarmados. El nuevo movimiento se atrevía a denunciar a sus ancestros. Significaba el final, de un golpe, de su autoridad y privilegio como guardianes de la Kaaba.

Los Quraish se vengaron violentamente. Se desató una lucha a muerte y vida por el Islam. No se le permitía rezar en la Kaaba al Profeta, le lanzaban espinas por donde caminaba, le arrojaban suciedades e inmundicias mientras estaba orando, e incitaban a los niños callejeros para que lo siguieran, gritando y aplaudiendo a manera de mofa.

Él y sus seguidores fueron sometidos a toda clase de calumnias y humillaciones. Eran provocados e insultados. La opresión y la persecución incesante no tenían limites, en un intento por forzar a los creyentes a renunciar a su nueva fe y regresar a los cultos antiguos, fueron sometidos a extremás torturas físicas. Eran golpeados sin ninguna misericordia, acostados sobre arena ardiente mientras se les colocaban pesados bloques de piedra sobre sus pechos, les ataban sogas a sus cuellos y luego jalaban sus cuerpos.

Uno de los creyentes, de nombre Yasir, sucumbió ante estas torturas y, cuando su esposa Sumeya, una mujer Africana protestó, le ataron sus piernas a dos camellos, y los animales fueron conducidos en direcciones opuestas, desgarrando su cuerpo en dos. Estos fueron los primeros martirios en la Causa del Islam.

Los Creyentes, bajo la inspiración de su gran Maestro, sin embargo, estaban llenos de un fervor sagrado. Enfrentaron con valentía todas las persecuciones y peligros, y tuvieron paciencia frente a todas las torturas y agonías.

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