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Capítulo 6: La Migración

La Primera y Segunda Hiyra (Migración) hacia Abisinia-Etiopía

Cuando la entereza llegaba a sus limites y la persecución se hacía insoportable, el Profeta le aconsejó a un grupo de sus seguidores que emigraran a Abisinia donde reinaba un rey Cristiano muy benigno. Esta fue la primera Hiyra (Migración)en el Islam y participaron en ella quince personas:

A quienes han emigrado por Dios, después de haber sido tratados injustamente, hemos de procurarles un biena situación en la vida de acá, pero la recompensa de la otra será mayor aún. Si supieran... (Qurán 16:41)

¿Por qué se hacía toda esta persecución y tiranía? ¡Solamente por creer en un solo Dios y por llevar una vida casta y piadosa! La migración posterior de algunas personas intensificó la persecución de aquellos que quedaban atrás. El Profeta aconsejó una segunda Hiyra hacia Abisinia, y esta vez, casi cien personas partieron, incluyendo a Yafar, el hermano mayor de Ali.

Los Quraish enviaron una delegación conformada por ‘Amr ibn al-‘As y ‘Ammara ibn Rabiah donde el Rey Negus (Niyashi, en árabe), el rey de Abisinia, para exigirle la deportación hacia Meca de los emigrantes, y así ser castigados con pena de muerte.

Habiendo ganado el favor del clérigo, la delegación trató de predisponer al rey en contra de los fugitivos. Cuando se le pidió a Yafar que explicara su posición, este dio un discurso, el cual es un resumen brillante de los fundamentos del Islam y todo por lo que estaba luchando:

Oh Rey! Estábamos sumergidos en la profundidad de la ignorancia y la barbarie; adorábamos ídolos; Vivíamos en la obscenidad; comíamos carroña, y hablábamos abominaciones. Ignorábamos todo sentimiento de humanidad, y los deberes de hospitalidad y vecindad. No conocíamos ley solo la de la fuerza.

En ese momento, Dios levantó de entre nosotros un hombre cuyo nacimiento, veracidad, honestidad y pureza ya conocíamos, y él nos llamó a la Unidad de Dios y nos enseñó a no asociar nada con Él. Nos prohibió adorar ídolos y nos exhortó a hablar la verdad, a ser fieles a nuestras promesas, a ser misericordiosos, y reconocer los derechos de los vecinos. Nos prohibió hablar mal de las mujeres y consumir la propiedad de los huérfanos. Nos ordenó alejarnos de los vicios, abstenernos del mal, y rezar, pagar la caridad, y realizar el ayuno.

Hemos creído en él, hemos aceptado sus enseñanzas y mandatos para adorar a Dios, y no asociarle nada. Por esta razón, nuestra gente se ha levantado contra nosotros y nos ha perseguido para hacernos abandonar la adoración a Dios y regresar a la adoración de ídolos de madera y piedra. Ellos nos han torturado y nos han lastimado. Al no encontrar seguridad entre ellos, hemos venido a tu país y esperamos que nos protejas de esa opresión”.

El rey rehusó obligar a la delegación, y el emisario de los Quraish tuvo que regresar desilusionado. Las Tradiciones Islámicas señalan que después el rey se convirtió al Islam secretamente.

Algunos críticos Europeos, con el fin de asignar una segunda intención a la migración llegaron a decir que la persecución no fue tan fuerte y que en el peor de los casos confinada a los esclavos y a los más pobres que no tenían clanes que los protegieran. Hay un cúmulo de datos registrados en las fuentes originales acerca de los nombres y números de personas que fueron sometidas a la tortura física, los nombres de sus verdugos y la forma en que fueron torturados y perseguidos.

Aunque estos críticos admiten que aunque Abu Bakr tuvo que sufrir y pedir la protección de un jefe nómada, sugerirían que la persecución estaba limitada a las personas que no tenían clanes que los apoyaran. Esas personas sin duda, recibían el peor de los tratos, sin embargo cuando las personas de un clan estaban oprimiendo a sus mismos de su clan, por haber aceptado el Islam, la protección del clan no podía ayudar a las victimás.

¿Qué protección podría esperarse del clan cuando un padre encadenaba a su hijo, un hermano torturaba a sus hermanas, o un esposo lastimaba a su esposa? Además, los esclavos y la gente pobre constituían la mayor parte de los discípulos en ese nivel.

Un historiador Occidental supone que la migración fue ocasionada por una división entre las filas Musulmanas, ya que a algunos Musulmanes pudo no haberles gustado la actitud del Profeta frente a la oposición Mequinense, o se dio con el fin de hacer de Abisinia (Etiopía) una base para atacar el comercio Mequinense o solicitar ayuda militar para darle la capacidad al Profeta de tomar el control de Meca. Inclusive la Enciclopedia Británica trata de suavizar la persecución (Macro. Vol. 12. p. 607):

“Había poca violencia física, y era casi siempre dentro de la familia. Muhammad sufría de molestias menores, tales como que se le colocaban restos de inmundicias frente a su casa”

Acerca de la emigración a Etiopía sugiere:

“...pero es posible que hayan estado buscando oportunidades para el comercio o apoyo militar para Muhammad”.

Si estas fantásticas conjeturas se pueden hacer cuando los Musulmanes eran aún un manojo y la supervivencia era lo único que interesaba, cuando a pesar de todo estuvieron firmes detrás del Profeta, cuando ninguna caravana de Meca fue atacada desde Abisinia, cuando ese país nunca dio ayuda militar a los Musulmanes, y cuando el Profeta no tomó el control de Meca aún cuando yacía a sus pies, ¿que imparcialidad en la exposición y la presentación puede esperarse de esos historiadores?

Las Delegaciones de Quraish

Ahora hemos llegado al año sexto después de la Declaración de la Profecía. A pesar de la persecución y el éxodo de algunas personas, el Profeta trabajaba en silencio pero incesantemente para sacar a su pueblo de la adoración de ídolos. Su misión adquiría rapidez por la conversión de su tío Hamza el Valiente.

Una vez, bajo la sugerencia de Abu Bakr, el Santo Profeta llegó al másyid-ul-Haram y Abu Bakr inició un discurso. Violentamente los Quraish lo detuvieron y el Santo Profeta tuvo que refugiarse en la casa de al-Arqam, cerca de la colina de Safa. (Ahora, esa casa ha sido incluida en la extensión del másyid-ul-Haram). ‘Umar ibn al-Jattab aceptó el Islam en aquellos días.

Debido al prestigio de Abu Talib, Quraish no se atrevió a asesinar al Santo Profeta. Pero lo hacían sufrir demásiado, pero no era menos el dolor de su corazón por el sufrimiento de los Musulmanes indefensos. El mismo decía: “A ningún Profeta se le causó tanto sufrimiento como a mí”.

Al pasar el tiempo, el Islam estaba ganando seguidores no solamente de los Quraish sino también de las tribus vecinas. La oligarquía de Meca ahora trataba desesperadamente de detener el movimiento.

La paciencia del Santo Profeta hizo que los Quraish se preguntaran ¿por qué un hombre se colocaba en esa situación tan precaria? El punto de vista de los Quraish era materialista; sus ideales eran de riqueza, belleza y poder. Ellos, naturalmente, atribuían los mismo motivos al Santo Profeta.

‘Utbah ibn Rabia’h, suegro de Abu Sufian, fue enviado a él para llevar un mensaje a los Quraish:

“Muhammad! Si quieres poder y prestigio, nosotros te haremos el Señor de la Meca. ¿O si quieres casarte con alguna de una gran familia? Puedes tener la mano de la doncella más bella de la tierra. ¿Quieres costales de plata y oro? Nosotros podemos darte todas estas cosas y mucho más. Pero debes abandonar esa predica nefaria la cual dice que nuestros ancestros, los cuales adoraban ídolos eran unos estúpidos”.

Los Quraish estaban casi seguros de que Muhammad respondería de una manera favorable a su ofrecimiento. Sin embargo, el Santo Profeta (s) recitó la Sura número 41, la cual, entre otras cosas, contenía la siguiente advertencia:

Si se desvían, di: “Os prevengo contra un rayo como el de los aditas y los tamudeos”. (Qurán 41:13)

‘Utbah fue abrumado con esta resonante respuesta, no aceptó el Islam pero le aconsejó a Quraish que dejaran en paz a Muhammad y que vieran como le iba con las otras tribus. Los Quraish también decían que estaban embrujados por Muhammad.

Luego enviaron una delegación donde Abu Talib. Exigían que Abu Talib persuadiera a su sobrino para que este desistiera de su misión que lo entregara para que sufriera la pena máxima o que estuviera preparado para luchar contra toda la tribu. Teniendo pocas probabilidades, Abu Talib le dijo al Profeta:

“!Oh hijo! No coloques sobre mis hombros una carga más pesada de la que pueda soportar”.

La respuesta del Santo Profeta a su tío da un indicio de su indomable voluntad, su profunda confianza en Dios y la confianza en su misión. Dijo:

“Oh Tío! Si colocaran el sol en mi mano derecha y la luna en mi mano izquierda para persuadirme y hacerme renunciar de mi misión, ciertamente que no desistiría de ella hasta que Dios hiciera manifiesta Su Causa o que yo pereciera en el intento”.

Al decir esto, estaba abrumado de la tristeza, Abu Talib se conmovió con esta respuesta y dijo:

“Por Dios, los Quraish nunca pueden alcanzarte a pesar de su gran número hasta que yo sea enterrado. Por lo tanto, pronuncia la orden que tengas; nadie puede hacerte daño; se feliz con esta promesa y mantente consolado”

En su último intento, ‘llevaron a un hombre joven, ‘Ammarah ibn al-Walid, donde Abu Talib y se lo ofrecieron para intercambiarlo por Muhammad. Le dijeron:

“Este joven es un poeta famoso de la tribu; también es apuesto y sabio. Mejor cámbialo por Muhammad. Puedes adoptarlo como tu hijo: será un gran ayudante, y danos a Muhammad; lo mataremos. Así no sufrirás ninguna perdida porque tendrás a ‘Ammarah en lugar de Muhammad, y al eliminar a Muhammad, toda esta fricción en la tribu llegará a su fin.”

Abu Talib se enfureció muchísimo al escuchar esta indignante propuesta. Su voz se elevó de la ira y dijo:

“¡Que mala oferta me han hecho! ¿Por qué, quieren que les de a mi hijo para que lo maten, y ustedes me dan a su hijo para que lo alimente y cuide de él? Lárguense! Esta oferta no es nada más que estupidez”.

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