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Capítulo 8: Visita a Taif

La Visita a Taif

después de la muerte de Abu Talib y Jadiya, al encontrar que los Mequinenses no habían prestado atención a su predica, el Profeta decidió ir a Taif, quizás su pueblo respondería más que ellos. Pero le aguardaba una gran decepción. Muhammad pasó un mes en Taif durante el cual solamente se rieron y mofaron de él. Cuando persistía en su predica, el pueblo de Taif lo sacaba de la ciudad acribillándolo a piedras. En esta situación desesperada le oró a Dios de la siguiente forma:

“O Dios, me quejo ante Ti de mi debilidad, de la insignificancia de mis consejos, y de mi humillación a la vista de la gente. Oh, Tu, el Más Misericordioso! Tu eres el Señor de los oprimidos, Tu eres mi Señor. ¿A quien confiarías mis asuntos? ¿A un extraño que me miraría de mala manera? O a un enemigo que me dominaría?”

“Si tú estas contento conmigo, entonces no me importan las dificultades, sin embargo un alivio de Tu parte será más placentero para mí. Busco refugio en la luz de Tu rostro (por medio del cual se dispersa toda oscuridad y todos los asuntos de este mundo y del próximo se mantiene derechos) del ataque de Tu ira o del resultado de Tu Cólera. Busco Perdón para que estes complacido conmigo. No hay poder excepto en Ti”

Acongojado, el Profeta regresó a Meca.

Gradualmente el Islam llega más allá de Meca

Todas estas decepciones y persecuciones a pesar de que, el Islam se estaba expandiendo también en otras tribus, aunque muy lentamente y no a gran escala. Su simplicidad y racionalidad eran tal que solamente necesitaban llegar a los oídos de la gente para que moviera sus almás. Por trece años, los Quraish hicieron lo imposible para reprimir y contener la nueva religión, pero su oposición misma proveía la publicidad que se necesitaba.

Las tribus de todos los rincones de la Arabia acudían en mása al momento de la peregrinación anual. Para que no fueran influenciados por el mensaje de Muhammad, los Quraish solían colocarse en las afueras de la ciudad y amonestaban a los peregrinos: “ Ha nacido un infiel en nuestra ciudad, y este deshonra a nuestros idolos; habla mal de Lat y ‘Uzza; no lo escuchen.” Naturalmente la gente se llenaba de curiosidad y quería saber más acerca de este hombre.

Un discípulo del Profeta, recordando sus días de juventud, dijo: “Cuando yo era joven, solía escuchar de la gente que iba a Meca que allí había nacido una persona que Proclamaba la Profecía”. Cuando se regaron las noticias, la mayoría de la gente se burlaba de Muhammad, aunque había unos cuantos buscadores de la verdad que escuchaban su mensaje y que estaban influenciados por él.

Hafiz ibn Hayar, en su libro Al-Isbah, menciona los nombres de algunos compañeros que había llegado del Yemen y de otros lugares distantes y, después de haber aceptado el Islam en secreto, habían regresado a trabajar entre sus tribus. El clan de Abu Musa al-Ashari del Yemen aceptó el Islam de esta forma.

Tufail ibn ‘Amr, de la tribu de Daws, era un poeta de reputación que por medio de su fervor poético podía influir en los sentimientos y actitud de los árabes. Había estado en contacto con el Profeta y se cautivó por la maravillosa dicción del Qurán que se le recitó, que aceptó el Islam inmediatamente.

Pudo ganar algunos conversos en su tribu, pero en general la tribu no lo escuchó. Regresó donde el Profeta y le pidió que maldijera a los Daws pero el Profeta le oró a Dios así: “O Dios! Guía a los Daws y envíalos a mí hechos Musulmanes.” Muy pronto, toda la tribu aceptó el Islam.

Dhamad ibn Tha’labah era un jefe de Azd y amigo del Profeta desde años atrás. Llegó a Meca y le dijeron que Muhammad se había enloquecido. Fue donde el Profeta y dijo que podía curarlo. El Profeta contestó:

“Todas las alabanzas son para Dios; lo Adoro y busco Su perdón. Cuando Dios guía a alguien, este no puede extraviarse, y si Deja a alguien en el extravío, nada puede guiarlo. Declaro que no hay más dios que Dios. Él es el único y no tiene socio, y declaro que Muhammad es Su Esclavo y Mensajero”.

Es casi imposible reproducir la fuerza vibradora y el encanto cautivador del texto Árabe que tanto impresionó a Dhamad que lo hizo aceptar el Islam inmediatamente y a través suyo toda su tribu se sometió la Islam.

Abu Dharr de la tribu de Ghifar llegó a ser uno de aquellos que estaban enojados con la adoración de ídolos. Cuando escuchó acerca del Profeta, se dirigió hacia Meca y casualmente conoció a Ali con quien permaneció por tres días. Ali lo presentó ante el Profeta y Abu Dharr aceptó el Islam. El Profeta le aconsejó que regresara a casa, pero en su fervor anunció públicamente en la Kaaba: “No hay más Dios que Dios y Muhammad es Su Profeta.”

Los Quraish le dieron una gran paliza y fue rescatado por ‘Abbas. Al regresar a su tribu, la invitó a aceptar el Islam. Casi la mitad de los hombres de su tribu aceptaron el Islam y el resto siguió su ejemplo cuando el Profeta migró hacia Medina.

Puesto que los Guifars estaban en buenos términos con la tribu de Aslam, esta última estaba influenciada por la primera y también aceptó el Islam.

Un gran número de personas había escuchado casualmente la recitación del Qurán y quedaban cautivados con este Libro Sagrado. Yubair ibn Mut’im había llegado a Medina a pagar el rescate de algunos prisioneros de la Guerra de Badr. De casualidad escuchó al Profeta recitar los siguientes versículos:

¿O fueron ellos creados de la nada? ¿O se crearon a si mismos? ¿O crearon ellos los Cielos y la Tierra? No, ellos no tienen certeza.(Qurán 52:35-36)

Yubair mencionó que cuando escuchó estos versículos, sintió que su corazón estaba a punto de saltar.

El Primer Pacto de ‘Aqabah

A medida que los Mequinenses se rehusaban a escucharlo, el Profeta solía predicarle a los foráneos y a los peregrinos que visitaban la Kaaba. Como se describió anteriormente, se estaba propagando la noticia de que se había levantado un Profeta. Una delegación de casi veinte Cristianos de Nazaret llegaron a verlo y abrazaron el Islam.

Igualmente, otro grupo de seis personas desde Yatrib aceptaron el Islam. Al año siguiente, en la época de la peregrinación, llegaron doce Yatribitas e hicieron un juramento conocido como el Primer Juramento de ‘Aqabah (Paso de la Montaña), llamado así porque fue realizado en el del paso de la montaña en las afueras de Meca. el pacto consistía en:

 No asociar nada a Dios
 No robar ni cometer adulterio o fornicación
 No matar a nuestros niños
 Abstenerse de la calumnia y la murmuración
 Obedecer al Profeta en todo, y seremos fieles a él en la buena y en la mala fortuna.

El período entre el primer y segundo juramento fue de una espera ansiosa. Los Mequinenses estaban muy firmes, la gente de Taif había rechazado a Muhammad, y la misión llevaba un progreso lento. Aun así se albergaba la esperanza de su difusión hacia la distante ciudad de Yatrib. Era mucha la convicción de que allá prevalecería al final la verdad.

Muir describe este periodo así:

Muhammad, de esa forma manteniendo su gente a raya, esperando, ante la expectativa de la victoria, pareciendo indefenso exteriormente, y con su pequeño grupo, como si estuvieran en las fauces del león, pero aún así confiando en el poder de su Todo Poderoso cuyo mensajero se creía el ser, resuelto y firme, presenta un espectáculo sublime que solo se puede comparar con los registro sagrados de los sucesos del Profeta de Israel, cuando le decía a su Maestro, ‘Yo, solamente que do yo’.

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