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Misión Profética Universal de Muhammad (BP)

El Islam, la religión del este y oeste

El día que apareció el Islam, se asemejaba a un manantial claro y cristalino que día a día se expandía y volvía más abundante, convirtiéndose luego en un arrollo y finalmente en un gran río que, hoy en día en los diferentes países del mundo, irriga a la humanidad y satisface a los sedientos. Mientras más se extiende y progresa, se vuelve más profundo. Esta corriente ha llegado a tener tal fuerza que puede purificar la impureza de toda costumbre errónea y guiar al hombre de cualquier época o lugar.

El Islam, contrario de las políticas colonizadoras del mundo, va desarrollándose. Las falsas propagandas y actividades anti-islámicas del enemigo, no han podido terminar con las raíces de esta religión. El Islam tiene en sus manos la clave de la victoria y la universalidad, y funda sobre éstas sus leyes y programas. Podemos decir que existe una concordancia entre el Islam y el temperamento de los seres humanos, siendo ésta uno de los secretos que afirman las bases de la existencia.

Aquellos que dicen que el oriente es oriente y el occidente es occidente, y que el guía del oriente no puede tomar en sus manos el liderazgo del occidente están en un error, ya que el hombre del oeste y del este, desde el punto de vista de temperamentos, son iguales y así como el hombre del este tiene por instinto la necesidad de una religión, el del oeste también la tiene.

La invitación mundial de Muhammad (BP) desde La Meca

La intención de Muhammad (BP), aquel día que hizo resonar la palabra "monoteísmo" en el oscuro ámbito de La Meca, no era únicamente para reformar el territorio de Al-Hiÿâz, ni tampoco a un grupo de árabes, sino que estaba comisionado para iniciar la Misión Profética Universal desde las ardientes tierras de Arabia. Un testigo de esto, es la frase que pronunció a sus familiares cuando hizo su primera invitación general:

"En verdad que yo soy el Enviado de Dios, elegido para vosotros y para toda la gente en general".1

Así también algunas aleyas del Sagrado Corán enfatizan esta verdad:

"﴿ قُلْ يا أَيُّهَا النَّاسُ إِنِّي رَسُولُ اللَّهِ ﴾"

"Di: ¡Hombres yo soy el Enviado de Dios entre vosotros…!" 2

"﴿ وَ ما أَرْسَلْناكَ إِلاَّ رَحْمَةً لِلْعالَمِينَ ﴾"

"Nosotros no te hemos enviado sino con misericordia para todo el mundo"3

"﴿ وَ أُوحِيَ إِلَيَّ هذَا الْقُرْآنُ لأُِنْذِرَكُمْ بِهِ وَ مَنْ بَلَغَ ﴾"

"…Este Corán me ha sido revelado para que, por él, os advierta a vosotros y a aquellos a quienes alcance"4

De estas aleyas podemos deducir que desde el primer momento su invitación incluía a toda la gente en general, gente de todos los tiempos y todo lugar, que él había sido asignado para una Misión Universal.

Cuando preguntaron al Imâm As-Sâdiq (P): "¿Por qué cada vez que el Libro Divino es leído, nos da una lección y sigue siendo fresco?" Respondió:

"Dios, no envió al Sagrado Corán para un lugar o grupo de gente determinado; por ello, hasta el Día de la Resurrección será reciente, para cada época y grupo de gente".5

Otro testigo de la universalidad del Islam

A partir del 1 de Muharram del año sexto después de la Hégira (mayo de 628 d.C.), el Profeta del Islam envió a sus representantes con cartas especiales, invitando al Islam a los diferentes gobernantes del mundo, al principio de las cuales resaltaban las siguientes palabras "Muhammad el Enviado de Dios". Todas estas cartas llevaban el mismo mensaje, una invitación al monoteísmo y a la hermandad.

Puesto que la invitación propuesta por el Profeta fue ordenada por Dios para prevenir a la gente, provocó consecuencias muy profundas en aquellos que buscaban la verdad, justicia y equidad, tales como el "Negus", "Muqauqas" y otros.6

Las investigaciones realizadas para reunir las cartas de difusión del Profeta muestran que el Mensajero envió aproximadamente sesenta y dos cartas a los reyes, jefes de tribus y monjes de ese tiempo, invitando a todos éstos al Islam. Veintinueve de estos textos están a la disposición.7 A continuación reproducimos parte de estos textos:

1. A Josrow Parviz, el emperador de Persia:

"En el Nombre de Dios, el Compasivo el Misericordioso"

"De Muhammad, el Enviado de Dios, a Josrow, el grande de Persia.

La paz sea con aquellos que siguen el camino señalado y aceptan a Dios y a Su enviado, y para aquellos que atestigüen el monoteísmo y la Misión Profética de Muhammad, el servidor de Dios.

En verdad te invito a que aceptes el Islam. Yo fui enviado por Dios para recordar el Día del Juicio a aquellos que aun palpitan sus corazones, y no tengan excusa alguna aquellos que son incrédulos.

Acepta el Islam para que te encuentres en la fortaleza de la paz y el bienestar y, en caso de que rehúses, el pecado de los zoroástricos caerá sobre tí".8

2. A Heraclio I, emperador de Bizancio:

"En el Nombre de Dios, el Clemente el Misericordioso"

"…Te invito al Islam. En caso de que aceptes, serás protegido, y en las pérdidas y ganancias serás socio de los musulmanes…, en caso de que rehúses, da a la gente libertad de decisión, para que acepte el Islam o pague el tributo. ¡No te interpongáis! ".9

El Mensajero del Islam no envió cartas únicamente a los reyes, sino también a la gente común y gente de diferentes creencias y religiones, para enterar a todos estos de la llegada del Islam.

3. Al soberano de Yamamah (región suroeste de la Península Arábiga):

"En el Nombre de Dios, El Clemente el Misericordioso"

"Esta carta es de parte de Muhammad, Mensajero del Islam para "Hûdhah". La paz de Dios sea con aquellos que siguen el camino señalado por el guía de la religión.

¡Oh, soberano de Yamamah! Te comunico que mi religión se extenderá hasta los sitios más lejanos de este mundo. Acepta el Islam y obtén la salvación..."10

4. A los judíos.

"Esta carta es enviada por Muhammad, Mensajero del Islam, hermano, compañero y amigo del Profeta Moisés, hijo de ‘Imrân.

Dios, Glorificado sea, me envió para llevar a cabo la misma misión profética por la que fue enviado el profeta de los judíos. ¡Os juramento por Dios y por aquello que le fue revelado a Moisés en el Monte Sinaí Las Tablas Sagradas que habéis leído en su Escritura acerca de mi llegada y de mi Misión Profética para con la sociedad judía y demás gentes! En caso de que sea así, teman a Dios, y acepten el Islam; y en caso contrario, entonces contarán con una excusa."11

5. Al obispo de Nayrân.

"En el Nombre de Dios, Todopoderoso, el adorado por Ibrâhîm"

"Esta carta ha sido escrita por Muhammad, el Enviado de Dios, al Obispo de Nayrân:

En verdad yo te invito a que, en lugar de que un siervo de Dios adore a otro siervo, adore al Dios Único y Verdadero…"12

Nuestro deber respecto a la difusión de la misión del Islam

La pronta expansión del Islam, la debemos más que nada a las actividades incansables noche y día de nuestro querido Profeta y sus fieles seguidores. El Mensajero del Islam utilizó dos armas para la difusión del Islam: una, los oradores expertos que habían percibido la verdad en el Islam, eran fieles a su nueva religión y amaban al Mensajero y, la otra, el mensaje que encerraban las cartas invitando a la gente a una nueva forma de vida y presentando al verdadero Islam.

El Mensajero del Dios a pesar de carecer de los medios suficientes, envió a sus mensajeros a diferentes partes del mundo.

Hoy día el espíritu de nuestro Profeta observa a la sociedad musulmana para percatarse hasta que medida lucha para difundir el mensaje del Islam.

Nosotros debemos centrar todas nuestras fuerzas para comunicar la Misión Universal y sacrificarnos hasta donde sea necesario para la difusión del Islam. Debemos mostrar a nuestros hermanos y hermanas de todo el mundo, el manantial que brinda esta nueva vida y como disfrutar de sus virtudes y favores.

Tal y como nuestro querido Profeta dijo a ‘Alî (P):"...Juro por Dios que si Él te permite que conduzcas a un ser humano, tu recompensa es más que todo aquello que el Sol ilumina...".13

  • 1. Kâmil at-Taûârîj, t.II, p. 61, ed.en Beirut, 1385 H.L.
  • 2. Sura Al-A‘râf, 7:158.
  • 3. Sura Al-’Anbîâ’, 21:107,
  • 4. Sura Al-’An‘âm, 6: 19.
  • 5. Safînat Al Bihâr, t.II, p. 413.
  • 6. Kâmil Ibn Azîr, ed.en 1385 H.L., t.II, p. 210; Makâtib Ar-Rasûl, t.I, pp. 30 y 31.
  • 7. Makâtib Ar-Rasûl, t.I, pp.35 a 41 y 90 a 182.
  • 8. Ídem., t.I. p. 90; y Sîrah Halabîîah, t.III, p. 277.
  • 9. Muhammad wa Zamâmdarân, p. 162.
  • 10. Sîrah Halabîîah, t.III, p. 285.
  • 11. Makâtib Ar-Rasûl, t.I, p. 172.
  • 12. Al-Bidâîh wa An Nihâîah, t.V, p.53.
  • 13. Bihâr Al-Anwâr, t.XXI, p.361.

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