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Motivos de las guerras en la época del profeta y estadística de las bajas

Ideología de un entendimiento internacional

El Profeta del Islam, contrario a los dictadores del mundo, no tomaba nada a fuerza de la espada, ni tampoco combatía para conquistar un nuevo territorio. En ningún momento llegó a explotar las fuerzas de su gente y jamás se vio que se apoderase de las riquezas de otros. Él progresaba con el Libro Sagrado y la ley dictada por Dios, Alabado sea; utilizaba la espada únicamente cuando era necesario detener las injusticias y opresiones, o para izar la bandera de la justicia y la verdad. El permiso de Dios para defenderse con las armas y combatir en Su Nombre fue revelado el 12 de Safar del 2 H.L.(14 Agosto 623).

Las batallas realizadas en la época del Mensajero del Islam fueron para derrotar a los explotadores que oprimían a los verdaderos siervos de Dios, y a aquellos que impedían la propagación de los fundamentos y del verdadero Islam; así como para que la humanidad contase con un gobierno justo y equitativo, basado sobre la ideología del entendimiento mutuo internacional. Es que a una lucha con el fin antes descrito ¿puede tacharse de ilegal? Es evidente que tales combates son necesarios y esenciales para cualquier Enviado Divino y cualquier juicioso lo respeta, no existiendo otro camino a excepción de éste, para llegar a su meta.

La misión profética de Jesús, hijo de la Virgen María, duró corto tiempo. Así también la situación no le favorecía como para con la espada en la mano podar las malas hiervas de la sociedad. Para debilitar al pueblo islámico y detener la expansión del Islam, los cristianos a través de sus medios de difusión hacen propaganda falsa acerca de las guerras que el Profeta sostuvo en favor del Islam, nombrando cifras sorprendentes de muertos para así justificar las grandes matanzas realizadas por la iglesia Católica tales como las efectuadas por las famosas Cruzadas (siglos XI-XV d.C.) y la Inquisición (siglos XIII-XVII d.C.), en las cuales fueron asesinados millones de seres humanos inocentes.

A continuación pasamos a detallar las causas que llevaron al Profeta a efectuar esas batallas y continuamos refiriendo el número de muertos en cada una de éstas. Nuestra intención es que la verdad se aclare y que nuestros queridos lectores comprendan la filosofía de las guerras islámicas y se enteren de la verdadera insignificante cifra de muertos que sufrieron estas guerras. Durante las mismas no sólo se distinguieron los hombres del Islam por su valor y sacrificio sino más de una vez las mujeres.

1. Batalla de Badr

El Profeta del Islam y sus seguidores, durante trece años después de que le fue anunciada la misión profética, vivieron en la ciudad de La Meca, período en el cuál fueron torturados y molestados por los del Quraîsh. Finalmente el Profeta abandonó su patria y emigró hacia Medina pero los incrédulos de La Meca continuaron molestando a los musulmanes que se quedaron en esa ciudad, impidiéndoles salir de ahí para establecerse en otro lugar.1

Los incrédulos del Quraîsh decidieron bloquear económicamente a los musulmanes de Medina, para ello prohibieron a las caravanas que transportaran mercancías a esa ciudad. Durante el bloqueo los habitantes de Medina se enfrentaron con dificultades y obstáculos, y para abastecerse de provisiones se vieron obligados a ir hasta las playas del Mar Rojo.2

Después de que el Profeta emigró, Abû Ÿahl le escribió una carta muy tosca en la cual le manifestaba que se preparara para el ataque del Quraîsh.3 Aquí fue donde Dios Todopoderoso dijo:

"﴿ أُذِنَ لِلَّذِينَ يُقاتَلُونَ بِأَنَّهُمْ ظُلِمُوا وَ إِنَّ اللَّهَ عَلى نَصْرِهِمْ لَقَدِيرٌ، الَّذِينَ أُخْرِجُوا مِنْ دِيارِهِمْ بِغَيْرِ حَقٍّ إِلاَّ أَنْ يَقُولُوا رَبُّنَا اللَّهُ ﴾"

"Les está permitido a quienes son atacados, atacar, porque han sido tratados injustamente. Dios es, ciertamente, poderoso para auxiliarles, a quienes han sido expulsados injustamente de sus hogares, solo por haber dicho: -¡Nuestro Señor es Al.lah!".4

Durante el segundo año de la Hégira, para proteger al Islam y defender los derechos de los musulmanes, así como frustrar los planes siniestros del enemigo, el Mensajero del Islam se enfrentó a los del Quraîsh en un lugar llamado "Badr".

A pesar de que el ejército de los musulmanes llegaba apenas a una tercera parte del ejército del enemigo, pudieron, con la fuerza de la verdadera fe y la ayuda de Dios, derrotarlo.5

2. Batalla de Ūhud

Para vengar la sangre del grupo de incrédulos que habían sido muertos en la guerra de Badr, los del Quraîsh prepararon su armamento y el tercer año de la Hégira se dirigieron hacia Medina para tomar venganza. Los dos ejércitos se encontraron en el Monte de Ūhud. Esta guerra terminó en favor del enemigo, ya que algunos musulmanes desobedecieron las órdenes dadas por el Profeta.6

3. Batalla de los Confederados o la Zanja.

En el quinto año la Hégira (principios del 627 d.C.), un grupo de judíos de los "Banî Nadîr", se dirigió hacia La Meca e instigaron a los incrédulos del Quraîsh en contra de los musulmanes. Los del Quraîsh aprovecharon la oportunidad, prepararon un gran ejército compuesto de diferentes grupos y luego se dirigieron hacia Medina. Los musulmanes para defender la Ciudad de Medina que era el centro del Islam, cavaron una zanja alrededor de la ciudad, y se alinearon detrás de ella para enfrentar a un ejército cercano a los diez mil soldados. ‘Alî (P), en esta batalla derrotó al comandante enemico, inclinando la batalla .7

4. Batalla contra los Banî Quraîdzah

Los Banî Quraîdzah8 habían firmado el tratado de paz con el Profeta el cuál rompieron durante la guerra de la Zanja. Éste grupo de judíos ayudó al Quraîsh9 y desde el punto de vista del Profeta no eran confiables, por ello no tuvo otra alternativa que terminar con ellos.

Cuando la guerra de la Zanja llegó a su fin, el Profeta Muhammad (BP) ordenó que el ejército se dirigiese hacia el lugar de los Banî Quraîdzah. Los judíos fueron sitiados por los musulmanes, y tuvieron que ceder después de transcurridos veinticinco días, durante el mes de Du-l-Hiÿÿa (abril de 627 d.C.). La tribu de Aûs pidió al Profeta que los perdonara, por lo que les dijo: "¿Estáis de acuerdo que Sa‘d Ibn Ma‘âdh, que es uno de vuestros jefes, juzgue a los Banî Quraîdzah?".

Todos aceptaron creyendo que Sa‘d se pondría a favor de los judíos. No obstante el fallo de Sa‘d Ibn Ma‘âdh fue que matasen a los guerreros, se repartiesen sus bienes y tomasen prisioneras a sus esposas. El Profeta agregó: "La decisión de Sa‘ad es la misma que lo ordenado por Dios, para éstos".

Y se llevó a cabo este dictamen.10

5. Batalla contra los Banî Al-Mustalaq.

Los Banî Al-Mustalaq, era un grupo de la tribu de Jazâ‘ah, que habían agredido a los musulmanes. Su jefe, Hariz Ibn Abi Zarar planeaba atacar Medina, la capital del Islam. El santo Profeta se enteró de las conspiraciones de éstos, entonces, sin perder tiempo, formó un ejército y se dirigió hacia ellos para prevenir el peligro que les acosaba.

En el sexto año de la Hégira, el 3 de Sha’bân (jueves 17 de diciembre de 627 d.C.), en un lugar llamado Muraîsî‘, el Profeta y su ejército derrotaron a este grupo.11

6. Batalla de Jaîbar.

En el oasis-fortificado de Jaîbar, 170 kilómetros al norte de Medina, vivía un grupo de judíos que mantenía relaciones militares y económicas con los idólatras mequíes. Tal situación amenazaba la seguridad de los musulmanes.

En el mes de Muharram del año séptimo de la Hégira (junio de 628 d.C.), el ejército islámico se dirigió hacia Jaîbar que era considerado el centro del enemigo. Después de que el ejército de Muhammad (BP) sitió las fortalezas y se enfrentó a los judíos, éstos luego de una breve lucha se rindieron al gobierno islámico.12

7. Batalla de Mûtah.

En el octavo año después de la Hégira Lunar (629 d.C.), el gran Profeta envió a Hâriz Ibn ‘Umaîr con una carta al gobernador de "Bosrâ" –ciudad de la región de Haurán en Siria–¸ pero cuando llegó el emisario a Mûtah fue asesinado. Los musulmanes, según las órdenes dadas por el Mensajero del Islam se dirigieron hacia el enemigo y finalmente se enfrentaron con el ejército del emperador bizantino Heraclio, compuesto por miles de soldados greco-bizantinos y sus aliados árabes gassaníes, en un lugar llamado Mûtah donde sostuvieron una fuerte batalla. En este enfrentamiento fueron martirizados tres comandantes del ejército islámico "Zaîd Ibn Hârizah", "Ÿa’far Ibn Abî Tâlib" y "‘Abdul.lah Ibn Rawâhah". Después de esta gran pérdida sufrida por el ejército islámico, los musulmanes no pudieron enfrentarse a los incrédulos y se vieron obligados a regresar a Medina.13

8. Conquista de La Meca.

En una de las cláusulas del tratado de Hudaîbîîah, convenido entre los incrédulos del Quraîsh y el líder de los musulmanes, especificaba que los primeros no acometerían ni tampoco invadirían a los musulmanes, respetando a aquellos que hubiesen firmado algún tratado con éstos. Pero los del Quraîsh rompieron el convenio al ayudar a la tribu de los Banî Bakr, cuando atacó a la tribu de Jazâ‘ah que sostenía un pacto con los segundos. El Mensajero del Islam para terminar con las intrusiones de los del Quraîsh fraguó un plan perfecto. El 10 de Ramadãn del 8 d.H. (miércoles 10 de enero de 630) entró a la ciudad con todo su ejército y la puso inmediatamente bajo su control pues no hubo resistencia. Entonces Muhammad (BP) se dirigió a la Ka‘bah y pronunció el siguiente sermón que quedó grabado en las páginas de la historia:

"Estáis conscientes que fuisteis malos vecinos para con el Enviado de Dios, y lo negasteis y molestasteis. Nos expulsasteis de nuestras tierras y aun así no os conformasteis. Hasta en Medina y fuera de esta nos perseguisteis y no nos dejasteis tranquilos y luchasteis en contra de nosotros. –Entonces levantando aún más su voz exclamó– ¡Idos! ¡Estáis en libertad!14

Esta generosidad y grandeza fue la causa de que muchos de los mequíes aceptaran el Islam.

En esta conquista el Mensajero del Islam había ordenado a los musulmanes que pelearan únicamente para defender sus vidas en caso de que los idólatras los atacasen, advirtiéndoles que tan sólo la sangre de ocho hombres y cuatro mujeres debía ser derramada, cuatro de los cuales fueron muertos. Por otra parte, durante un enfrentamiento sostenido con el ejército de Jâlid Ibn al-Ualîd, fue muerto un grupo de idólatras que estaban comandados por ‘Akramah Ibn Abî Ÿahl.15

9. Hunaîn y Tâ’if

Las tribus de Haûâzan y Zaqîf prepararon un ejército para pelear en contra de los musulmanes. Cuando el Profeta se enteró de sus planes, se dirigió hacia éstos acompañado por un ejército de doce mil soldados. Fue en el oasis del valle de "Hunaîn" (a cinco kilómetros de La Meca en dirección a Ta’if) donde se enfrentaron los dos ejércitos, en el mes de Shawwâl del 8 H.L. (fines de enero de 630), terminando la batalla a favor de los musulmanes.16 Al finalizar la batalla, el Mensajero del Islam acompañado de su ejército, se dirigió hacia Tâ‘if, para terminar de una vez con la tribu de Zaqîf que había colaborado con la tribu de Haûâzan, pero después de un tiempo de haber sitiado las fortalezas, desistiendo de la idea de conquistarlos, regresaron a La Meca.17

Además de estas guerras, el Profeta del Islam y sus seguidores mantuvieron otros combates ligeros con el enemigo; así también efectuaron algunos viajes para la difusión del Islam.

A continuación mostramos, según datos recopilados por los historiadores, el número de muertos (musulmanes e incrédulos) en todas las guerras sucedidas en la época de nuestro querido Profeta y registrado en los documentos fiables que se mencionan a continuación:

Número de muertos en las guerras sostenidas en la época del Mensajero del Islam

NOMBRE DE LAS GUERRAS Târîj Jamîs Sîrah Ibn Hishâm Târîj Ia‘qu-bî Taba- qât Bihâr ul Anwâr Târîj Taba-rî
Badr 84 84 86 84 84 84
Ūhud 93 92 90 109 109 70
Los Confe-derados 9 9 14 11 9 9
Banî Qu-raîdzah 800 850 750 700 900 850
Banî Al-Mustalaq 12 10 10
Jaîbar 32 23 98 3
Mûtah 21 13 13 3
Conquista de La Meca 39 20 33 21
Hunaîn y Tâ’if 96 101 87 112 85
Otras 250 122 119 333 210

Explicación

1. En la estadística de cada uno de los documentos mencionados con anterioridad fue considerado el mayor número. En donde fue imposible encontrar una cantidad, fue dejado en blanco su lugar.

2. Târîj Al-Jamîs, es uno de nuestros documentos estadísticos que fue recopilado de libros de exégesis, historia y tradiciones.

Las estadísticas anteriores demuestran el insignificante número de muertos que no puede ser comparado con el número de muertos en las cruzadas y guerras religiosas de los cristianos.

El lector puede darse cuenta que ninguna de las guerras en la época del Profeta Muhammad (BP) fue para acrecentar su territorio o para vengarse, ni tampoco con el propósito de invadir. Sino únicamente para defenderse de los que quebrantaban los tratados firmados, mantener su independencia, defender las fronteras de los musulmanes y para establecer la palabra "justicia".

El islamólogo francés Dr. Gustave Le Bon (1841-1931 d.C.) registra:

"El Islam, que considera obligatoria la Lucha santa, invita a su gente a que trate con equidad, justicia y generosidad a los seguidores de otras religiones y les den libertad para escoger su religión."18

  • 1. Bihâr Al-Anwâr, t.XIX, p.143.
  • 2. Muhammad sitarei ke dar Maqui drajshîd, p. 92.
  • 3. Bihâr Al-Anwâr, t.XIX, pp. 265-266
  • 4. Sura Al-Haÿÿ, 22:39 y 40.
  • 5. Kâmil Ibn Azîr, t.II, p.118; I‘lâm Al Warâ, p.76.
  • 6. Tabaqât, primera parte, pp. 27-29.
  • 7. Tabrî, t.III, pp.1463-1467.
  • 8. Grupo de judíos que vivían en las afueras de Medina.
  • 9. Bihâr Al-Anwâr, t.XX, p.191; Târîj Tabarî, t.III, p. 1472.
  • 10. Târîj Tabarî, t.III, pp. 1487-1493.
  • 11. Kâmil Ibn Azîr, t.II, p.192; Târîj Tabarî, t.III, p. 1511.
  • 12. Kâmil Ibn Azîr, t.II, p.216; Tabaqât, t.II, primera parte, pp. 77-78; Târîj Tabarî, t.III, pp.1575-1584.
  • 13. Tabaqât, t.II, primera parte, pp. 92-94.
  • 14. I‘lâm Al Warâ, p. 104-112; Bihâr Al-Anwâr, t.XXI, p. 106.
  • 15. Kâmil Ibn Azîr, t.II, pp. 247-250.
  • 16. Bihâr Al-Anwâr, t.XXI, p. 149.
  • 17. Sîrah Ibn Hishâm, tercer y cuarto capítulo, p. 482.
  • 18. Tamadun Islâm wa ‘Arab, p. 148. G. Le Bon: La Civilización de los Arabes, Editorial Arábigo-Argentina "El Nilo", Buenos Aires, 1974, p. 123.

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