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Personalidad de Muhammad (BP) antes de la misión profética

Influencia e imitación en la sociedad61

Los psicólogos están convencidos que el medio ambiente es lo que forma la personalidad y juicio de las personas, y que la analogía y la armonía son las que influyen en la forma de pensar y actuar de una sociedad.

Algunos de ellos a este respecto se han vuelto extremistas y opinan que este parecer es una "regla general", y analizan y juzgan con esta ley todos los fenómenos de la sociedad, sin excepción, por otra parte, no podemos negar que la "sociedad" influye en la mentalidad y moral del hombre.

Por lo tanto, un ambiente de virtud y abstinencia hace que los hijos sean educados, virtuosos y ordenados, mientras que una sociedad corrupta, generalmente los induce hacia el abismo de la perversión y el extravío. Entonces aquellos que separan su camino del camino contaminado, no son seres ordinarios ni usuales.

Ambiente reinante en Arabia antes de la aparición del Islam

El mundo, y especialmente Arabia, se encontraba abrumado en la confusión e ignorancia, y las multitudes se quemaban en las llamas de la corrupción y la superstición. El horizonte de la vida de los árabes había sido oscurecido por una nube negra de ignorancia. ¡Cuánto fue lo que robaron y cuanta la sangre que regaron injustamente!

Y lo más vergonzoso era la adoración a los ídolos sin vida, así como la diferencia de niveles sociales1 que gobernaba de forma más severa. Algo que no existía era la ley y la justicia, los poderosos sin sentimientos acrecentaban su poder y sus riquezas con el sufrimiento de los huérfanos y las viudas, y se sentían los "Señores", los "Superiores", mientras explotaban a los pobres e indefensos.

Sus programas en el campo de los negocios y el comercio, eran tan erróneos que cuando un hombre estaba imposibilitado de pagar una deuda, culpaban a su esposa, y cuando había una mujer insolvente y desvalida imposibilitada para pagar su deuda, arrestaban a su marido.2

En lugar de dedicarse a su perfeccionamiento y a adquirir alguna ciencia, se enorgullecían de sus ancestros y de la gran cantidad de componentes de su familia y, a veces, para demostrar que su tribu era mayor que las otras, iban a los panteones, contaban las tumbas de sus muertos y las sumaban a los vivos.3

La sensualidad, el alcoholismo y el derramamiento de sangre eran normales en su vida diaria.4

"Imrû’ Al-Qaîs", conocido poeta árabe, que murió hacia el año 86 antes de la Hégira (540 d.C.), escribió una anécdota mostrando que había tenido con su prima 'Unaîzah una intriga amorosa, satánica y demente, narrándolo en su poema en una forma desvergonzada5, y lo más sorprendente es que estos poemas los habían considerado como una de las mejores muestras literarias y los habían colocado en la Ka‘bah.

Fue en esta época, con una situación general, social y moral como la que acabamos de describir, que la luz del Islam apareció iluminando el oscuro horizonte.

Es evidente que alguien que no se adapta a la marcha que lleva la sociedad, sino que al contrario sufre y se opone a ésta, ha de tener una gran personalidad celestial y es digno de ser el líder de los pueblos y salvarlos de los infortunios.

Los Profetas fueron los creadores del ambiente, no sus seguidores

Todos se dirigían al templo de los ídolos, pero el Profeta Muhammad (BP) que no había aprendido de nadie6, se dirigía hacia el monte de "Hirâ" dónde se postraba sumiso y humilde ante el poder y grandeza del Creador del Universo y Lo adoraba.7

Muhammad (BP) bajo los rayos del privilegio de Dios, desde un principio hizo claro su camino y sin temor ni duda, desaprobaba la forma errónea en que vivía su pueblo oponiéndose a esas falsas tradiciones.8

Él, no sólo en su honorable vida se abstuvo de adorar ídolos, sino que el simple hecho de oír sus nombres lo disgustaba. Tal y como relatamos anteriormente cuando el Mensajero del Islam contaba apenas con doce años de edad y el monje Buhaîrâ le pidió, para probarlo, que respondiera por los dos más famosos ídolos de ese tiempo Lât y 'Uzza, cosa que enfureció al joven Muhammad y dijo: "¡No considero a algo más enemigo que a esos dos!9

Todos hablaban de su dignidad y pureza, por su honradez y probidad le llamaban el "Amîn" el honesto, el digno de confianza, y fue por esta virtud por la cuál Jadîÿah le confió sus mercancías.

Su carácter y su conducta eran tan perfectos y gustaban tanto a la gente que todos quedaban encantados con él.

‘Ammâr dice: "Antes del año de la Misión Profética, Muhammad (BP) y yo nos dedicábamos al pastoreo. Un día le propuse que sería bueno que fuésemos a las praderas de "Faj", Muhammad (BP) aceptó mi proposición y al día siguiente muy temprano me dirigí hacia allá. Cuando llegué me di cuenta que él ya se encontraba allí pero no permitía que sus animales pastaran, entonces le pregunté: "¿Por qué no les permites pacer?" A lo cuál me contestó: "Porque os había prometido que vendríamos juntos. No deseaba que mis borregos comieran de estos pastos antes que los tuyos".10

Así fue como Muhammad (BP) recorría un camino diferente. No se dejaba arrastrar por las costumbres y tradiciones tribales, y bajo la protección celestial continuaba su camino hacia la perfección. Por ello, más que ningún otro, era respetado por la gente y cuando tenían algún problema, lo obedecían y prestaban mucha importancia a su decisión y punto de vista.

Colocación de Al-Haÿÿar Al-Asûad –Piedra Negra– y el dictamen de Muhammad (BP)

El Mensajero del Islam contaba con treinta y cinco años de edad, cuando los incrédulos del Quraîsh decidieron restaurar La Ka‘bah. Cada tribu del Quraîsh quería tener el honor de hacerlo, para lo cuál se dividieron entre sí la renovación de la Casa Divina.

Primeramente Walîd, que se había encargado de iniciar la demolición, fue ayudado por los demás hasta que se dejaron ver los cimientos que el noble Profeta Abraham (P) había construido. Entonces cada tribu inició la construcción de la parte que le correspondía. Cuando la obra llegó al punto en que debía ser colocada la Piedra Negra en su lugar, las diferentes tribus del Quraîsh comenzaron a discutir ya que cada una de ellas quería tener el honor de hacerlo.

Poco a poco la situación fue empeorando hasta que se disgregaron y prepararon para pelear. Los hijos de ‘Abdul-Dâr, trajeron un recipiente lleno de sangre, mojaron sus manos en éste anunciando su disposición para matar y morir por el asunto.

Después de cuatro o cinco días que transcurrieron con miedo y desacuerdo, Abû Umaîîah, que era el hombre de más edad de los Quraîsh, dijo: "Propongo, para terminar con este desacuerdo, que la primera persona que cruce el portal de la mezquita, arbitre entre nosotros, y su dictamen sea aceptado por todos para así terminar con este desacuerdo".

Los del Quraîsh aceptaron la propuesta y esperaron para ver quién sería la primera persona que atravesara la puerta de la mezquita. Repentinamente, el futuro Profeta hizo su encuentro. Cuando lo vieron exclamaron: "¡Él es el hombre más adecuado, es honesto, es Muhammad el Amîn!"

Pusieron a Muhammad (BP) al tanto de lo sucedido. Él propuso: "Traigan un manto". Los del Quraîsh que no tenían ni idea de las intenciones de Muhammad (BP) lo trajeron. Tomando el manto entre sus manos, lo extendió en el suelo y colocó la Piedra Negra sobre éste y dijo: "Cada uno de los jefes de las tribus tome una esquina del manto para que todos contribuyan en este honor". Los del Quraîsh tomaron el manto y lo alzaron hasta donde debían colocar la Piedra, entonces Muhammad (BP) consideró que si pedía a uno de ellos en especial que la colocase en su lugar provocaría nuevamente un desacuerdo entre ellos. Por ello él mismo tomó la Piedra negra con sus manos y la colocó en su lugar, y con este plan tan perfecto terminó por completo con el desacuerdo.11

Este suceso demuestra evidentemente la gran personalidad social de Muhammad (BP) y, por otra parte, demuestra su virtud para decidir en la forma correcta y para terminar con una controversia sin necesidad de derramar sangre.

Se comprende pues que fuera él el merecedor de tener el cargo de la profecía, y ser el abanderado de la revolución celestial y sagrada.

  • 1. Historia de las Culturas, Will Durand, cuarto libro, t.XI, p.1-10; Ad Durrat Al Bâîda’ fi sharhi Jutba Fâtimah Az Zahra’, p. 27 y 54.
  • 2. Enciclopedia de Farîd Waydî, t.VI, p.250.
  • 3. Mayma‘ Al Baîân, t.X, p.534, nueva edición.
  • 4. Al-‘Asr Al-Yâhilî, Dr. Sufî Daîf, quinta edición, Egipto, p.70.
  • 5. Sharh ul-Mua’liqat as-Saba‘, ed.por Al-Zuzanî, p. 3.
  • 6. Sura Al-‘Ankabût, 29: 48.
  • 7. Bihâr Al-Anwâr, t.XVIII, p. 280.
  • 8. Ídem., p.277-281; y Nahyül Balâgah, Faîdul-Islâm, p. 802.
  • 9. I‘lâm Al Warâ, ed.en Nayaf, p.17-18; Bihâr Al-Anwâr, t.XV, p. 410.
  • 10. Bihâr Al-Anwâr, t.XVI, p. 224.
  • 11. Sîrah, Ibn Hishâm, t.I, p.192-197, editado en 1375 H.L.; Bihâr Al-Anwâr, t.XV, p. 337 y 412.

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