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Una síntesis de la cronología del califato

La insistencia del Profeta (BP) respecto al califato y sucesión de ‘Alî (P) después de su fallecimiento

Dios había ordenado al Profeta Muhammad (BP) que hiciese público el nombramiento de ‘Alî Ibn Abî Tâlib como califa de los musulmanes y su sucesor.

Al principio de la invitación al Islam, en una reunión familiar comunicó a sus parientes:

"Él es mi hermano, mi albacea y mi sucesor entre vosotros. Atiendan a sus palabras y obedézcanlo".1

Cuando el Mensajero del Islam se dirigía a la guerra de Tabûk comunicó a ‘Alî (P):

"Tú eres para mí como Aarón fue para Moisés, con la diferencia de que tú no eres Profeta. No es digno que yo me vaya sin haberte nombrado mi sucesor".2

El último año de su preciada vida, después de la ceremonia del Haÿÿ, y después de haber visitado la casa de Dios, cuando las caravanas regresaban a su lugar de origen, en un lugar llamado Gadîr Jumm, frente a decenas de miles de personas, se levantó y dijo:

"Aquél que me acepte como "maûlâ" -amo y protector-, deberá aceptar a ‘Alî (P) como su "maûlâ" -dirigente y defensor".3

Así también, en Profeta en los últimos días de su vida dijo a la gente, a sus Sahâbah y a sus seguidores:

"Dejo entre vosotros dos joyas muy valiosas: el Corán, Libro Sagrado de Dios y, mi impecable familia. Si los obedecéis, nunca seréis de los extraviados".4

Así también, de las numerosas narraciones registradas por los exegetas, deducimos que el Mensajero del Islam había preparado el terreno para que el liderato del mundo islámico pasara en forma natural a manos de ‘Alî Ibn Abî Tâlib.

A pesar de todo esto, el Mensajero del Islam no quedó satisfecho y, los últimos días de su vida, ejecutó una interesante táctica para neutralizar los planes de aquellos que querían tomar en sus manos el Gobierno Islámico. Primeramente envió a un ejército dirigido por Usâmah Ibn Zaîd5, que era un joven prodigioso y valiente, en dirección al territorio dominado por Bizancio (llamado Rum o Roma por los árabes, por ser el Imperio Romano de Oriente) y ordenó que participaran los medineses, tanto los muhâyîr (inmigrantes de La Meca) como los ansâr (amigos; los medineses que recibieron a los muhâyîr). Entre ellos se encontraban Abû Bakr y ‘Umar. El Profeta les ordenó repetidas veces que salieran de Medina y cada vez que uno de ellos regresaba le ordenaba: "¡Únete al ejército de Usâmah!"6

El único significado que podía tener organizar este ejército, eligiendo a Usâmah como el comandante, en esos momentos en los que el Profeta se encontraba tan enfermo y transcurrían sus últimas horas de vida, era que quería que la ciudad de Medina quedase vacía de factores adversos, y el liderato del mundo islámico pasara automáticamente a manos de ‘Alî (P). Así también para que todos supiesen que la edad no es una condición para ocupar el grado de la jefatura, sino el mérito y dignidad son los que se toman en cuenta para este nombramiento y de esta forma los musulmanes no pusieran como pretexto la corta edad de ‘Alî (P) para tomar el califato. Otra de las causas de la actitud tomada por el Enviado de Dios fue que quería dejar su testamento y nombramiento del califa por escrito, sin que la gente se enfrentara a esto.

Pero los opositores se separaron del ejército de Usâmah y regresaron a Medina. El Enviado de Dios pidió a algunos de sus compañeros cercanos y seguidores:

"¡Traed papel y tinta!, para que os deje por escrito aquello que si lo obedecéis después de mí, nunca seréis de los desviados".

Fue este grupo que agitados exclamaron: "¡Este hombre está delirando, nos es suficiente con el Libro de Dios!". Siendo estas las palabras que causaron discordia en la reunión.

El Mensajero del Islam enfadó mucho por esta atribución injusticia e indebida, y comprendió que escribir algo en esa situación era inútil, posiblemente podría ocasionar que algunos combatieran en contra de las leyes islámicas, y ya que vio en éstos rencor y resentimiento, exclamó: "¡Aléjense de mi vista!"7

Aquellos que retribuyeron al Profeta esa expresión posiblemente no estaban enterados de lo prescrito por la religión o, tal vez, se hicieron los que no sabían y rechazaban la justicia, ya que cualquier musulmán sabe que Dios protege a Su Enviado de cualquier error o equivocación, y nadie tiene derecho de acusarlo de delirar o decir palabras sin sentido.

Saqîfah, lugar donde el califato fue usurpado

El día 28 del mes de Safar del onceavo año después de la Hégira (sábado 23 mayo de 632 d.C.), falleció el Mensajero del Islam, y la ciudad de Medina se vistió de luto.

Un grupo de musulmanes, o mejor dicho aquellos que ambicionaban y codiciaban la directiva, aquellos que desobedeciendo las órdenes de su Profeta, y se separaron del ejército de Usâmah y regresaron a Medina en busca de lo que codiciaban, aquellos que se opusieron a que el Mensajero dejase por escrito los deseos de Dios; encontraron el momento adecuado y dejando solo al impecable cuerpo del Profeta se reunieron en un lugar llamado Saqîfah Banî Sa‘idah.

Los ansâr querían nombrar como sucesor del Profeta a Sa’ad Ibn Ibâdah, pero ‘Umar y Abû Bakr se opusieron. Entonces Abû Bakr menciono la importancia de los muhâÿir diciendo: "Ellos fueron los primeros en aceptar el Islam y son familiares del Enviado de Dios por ello, el "amir" deberá ser alguien de entre nosotros los muhâÿirûn y el "wazîr" o ministro alguien de entre los ansâr". Entonces uno de los ansâr dijo: "Vosotros nombrad a vuestro "amir", nosotros también nombraremos al nuestro".

Las palabras de Abû Bakr surgieron efecto en algunos, quienes aceptaron que el califa fuese uno de los muhâÿir. Entonces sin tomar en cuenta la opinión de los muhâÿir y ansâr que en esos momentos se encontraban ausentes, y sin haberlos puesto al tanto de este asunto islámico tan importante, este grupo se apoderó del poder y mientras ‘Umar y Abû Bakr se ofrecían mutuamente el califato, ‘Umar hizo el juramento de lealtad para con Abû Bakr8, siguiendo su ejemplo todos aquellos que no querían que Sa’ad Ibn Ibâdah fuese califa9 sin recapacitar en que si éste tenía algún parentesco o allegamiento con el Mensajero del Islam y si era el más merecedor para ocupar este puesto.

Este juramento de lealtad, que fue un acto repentino, terminó con Sa’ad Ibn Ibâdah y sus seguidores. ‘Umar y Abû Bakr prevalecieron y obligaron a aquellos que estaban en su contra a que hiciesen el juramento con el pretexto de que no debían contrariar la resolución de los musulmanes.10 Entonces Abû Bakr y ‘Umar acompañados de sus seguidores salieron de Saqîfah rumbo a la mezquita del Profeta. Con cualquiera que se toparon en el camino lo obligaron a hacer el juramento de fidelidad con Abû Bakr.11

Los Banî Hâshim y los grandes de los muhâyirûn y ansâr, tales como ‘Abbâs el tío del Profeta y sus hijos, Zubaîr, Habâb Ibn Al-Mundhir, Miqdâd, Abû Dharr Ghafârî, Salmân Al-Fârsî, ‘Ammâr, Burâ’ Ibn ‘Âzib, Ubaî Ibn Ka‘ab, ‘Utbah Ibn Abî Lahab, Jâlid Ibn Sa‘îd, Juzaîmah Ibn Zâbit y Farah Ibn ‘Amr, cuando se enteraron de lo sucedido quedaron atónitos y perplejos, y se rehusaron a juramentar.12

Ellos no comprendían como a pesar de las numerosas narraciones y explícitas frases del Profeta del Islam habían arrebatado tan rápido el califato de las manos de la inmaculada familia del Profeta, por ello protestaron directamente en contra de este juramento de lealtad injusto y usurpado.

‘Alî (P), por su parte, replicó a ‘Umar y a Abû Bakr lo sucedido y, Abû ‘Ubaîdah que era defensor de Abû Bakr le respondió: "Tú eres aún muy joven y careces de experiencia para ser Califa". ‘Alî (P) le contestó:

"¡Temed a Dios! No separéis el califato de la casa de Muhammad (BP) para colocarlo en las vuestras, y no usurpéis de su familia esta jerarquía. ¡Oh, muhâyir!, juro por Dios que nosotros –la familia del Profeta– en esta orden somos los más merecedores. ¿Acaso no es uno de nosotros aquél que domina el Libro, conoce perfectamente la religión de Dios, en cuanto a la sunnah (costumbres) del Profeta, es erudito y sabedor, es dirigente de los musulmanes, apto y competente? ¡Juro por Él que esta jerarquía nos pertenece a nosotros!, ya que vosotros atendéis demasiado a las cosas del mundo y os habéis alejado de la verdad y justicia".13

Después de lo sucedido en Saqîfah, quisieron reiterar el juramento de lealtad, pero esta vez en forma general. ‘Alî (P) en muestra de desapruebo salió de su casa y dijo:

"Terminaron y destruyeron todos nuestros esfuerzos, no consultaron con nadie y, en una palabra, no consideraron mi derecho".

Abû Bakr contestó: "Así es, ¡pero tuve miedo de una revuelta o confusión!" Y fue esta la causa por la cual, mientras Fâtimah Az-Zahrâ (P) estuvo viva, ninguno de los Banî Hâshim hizo el juramento de fidelidad con Abû Bakr.14

Cuando analizamos la historia antes del fallecimiento del Mensajero del Islam y los primeros días después de éste, percibimos una profunda conspiración e intriga en contra del género humano. Esta conspiración se basó en la ambición y codicia de una jerarquía, ya que si ellos no andaban en busca de ésta, entonces ¿por qué no enteraron a los Banî Hâshim y a los grandes Compañeros del Profeta y a escondidas se dirigieron hacia Saqîfah? Supongamos que el Enviado de Dios no hubiese elegido a nadie como sucesor, ¿es que ellos debían determinar el futuro del mundo islámico sin consultar con ‘Alî (P), con los Banî Hâshim ni con los fieles compañeros del Profeta tales como Salmân, Abû Dharr y Miqdâd? ¿Es que ellos razonaban mejor que ‘Alî (P)? ¿Acaso el Profeta respecto a ‘Alî (P) no dijo:

"‘Alî nunca se separa de la verdad ni la verdad se separa de él".15

"‘Alî es el mejor para enjuiciar entre vosotros."16

"Yo soy la ciudad de la sabiduría y ‘Alî la puerta de ésta".17

¿Acaso ‘Alî (P) no era el manantial de la sabiduría y virtudes?

Entonces por que no juramentaron con ‘Alî (P) e inclusive se opusieron a consultar con él en este asunto tan importante.

¿Puede acaso tomarse como pretexto su juventud, mientras que el Profeta del Islam basó su elección en la dignidad y abstinencia? Luego consideró a Usâmah antes que a Abû Bakr, entonces ¿por qué no pudo ‘Alî ser considerado antes que los otros?

Ellos se pretextaron diciendo que a causa de la sangre que ‘Alî (P) había vertido en las guerras islámicas muchos no lo apoyarían y desobedecerían sus órdenes cuando fuese califa, pasando por alto todas las narraciones y estipulaciones que el Profeta había dicho a este respecto. Según las leyes religiosas, aquellos que no se someten a la verdad habrá que obligarlos a ello y ¡no que la pasen por alto!

Además, en caso de que estos pretextos tuviesen fundamentos y fuesen correctos, Dios Todopoderoso no hubiese elegido a ‘Alî (P), ni el Profeta lo hubiese nombrado su sucesor.

Pregunta:

Algunos de los hermanos musulmanes que juzgan con imparcialidad sostienen:

"No podemos negar el asunto de Gadîr y demás pruebas que muestran su derecho al califato. Pero ¿por qué ‘Alî (P) después de la muerte del Profeta no defendió su derecho, empero, durante su gobierno se enfrentó a aquellos que quería quitarle el califato?"

Respuesta:

‘Alî (P) no reconoció el gobierno de Abû Bakr y por ello nunca se presentó en los rezos colectivos ni tampoco en los rezos de los viernes que llevaban a cabo, y pedía ayuda a la gente para recuperar su poder. Inclusive un día por la noche ‘Alî (P) y Fâtimah (P) se dirigieron a casa de los ansâr y les pidió que lo apoyaran y ayudaran a recuperar lo que le había sido usurpado, pero los ansâr le respondieron que habían hecho el juramento de fidelidad con Abû Bakr y que no podían romperlo.18

Hacía poco que los ansâr habían aceptado el Islam y todavía existía paganismo dentro de sus corazones por ello no pudieron negarse a juramentar con Abû Bakr y rechazaron a ‘Alî (P).

Es claro que después de la muerte del Profeta no hubo quien apoyase a ‘Alî (P); ya que, en caso contrario, hubiese recuperado su derecho y gobernado el mundo islámico.

Así entonces la gente se encontraba harta de las constantes injusticias de ‘Uzmân y después de que fue asesinado, se presentaron ante ‘Alî (P) y alargaron sus manos para hacer el juramento de fidelidad con él, entonces ‘Alî (P) dijo:

"Ahora que tengo quien me apoye y ayude, no me queda otra alternativa más que aceptar las riendas del gobierno islámico".19

Él sabía que, después de la muerte del Profeta, si quería tomar a fuerza de la espada el gobierno en sus manos y sin consentimiento de "todos" los musulmanes, ocasionaría muchos disturbios internos lo cuál perjudicaría a los musulmanes y al Islam. Los enemigos buscaban la oportunidad para revelarse y asechar en contra del Islam, amenazando este peligro al mundo islámico.

‘Alî (P) para proteger su religión –que la quería y respetaba más que a su propia vida– guardó silenció, para así dar tiempo a que el vástago del Islam echara raíces, creciera y diera frutos.

‘Alî (P) ese joven valiente que, peleaba siempre junto al Mensajero del Islam por el bien del Islam y de los musulmanes, consideró más conveniente dejar de guerrear, y vivir soportando las amarguras de esa vida.

‘Alî (P) no buscaba el poder, ya que si fuese así no hubiese sido tan considerado y hubiese hecho cualquier cosa por obtener su beneficio personal. Pero vemos que cuando Abû Sufîân le propuso: "Dame tu mano para que juramente contigo, juro por Dios que si me permites llenaré Medina de guerreros". ‘Alî (P) rechazó la proposición diciéndole: "Juro por Él, Todopoderoso, que tú no quieres el bien del Islam y no andas en busca de otra cosa más que corrupción y sedición".20

Las razones principales por las cuales tocamos este tema fueron para que nuestros hermanos sunnitas, investiguen e indaguen más respecto a estas verdades de la historia, que han sido extraídas de sus obras auténticas y válidas. Esperamos que en un futuro cercano, podamos juntos reponer los errores de ese tan amargo pasado y luchemos sinceramente por la unidad de todos los musulmanes del mundo.

  • 1. Târîj Tabarî, t.III, p. 1171-1173.
  • 2. Musnad, Ahmad Ibn Hanbal, t.I, p. 331.
  • 3. Al-Gadîr, t.I.
  • 4. Gâîat AlMarâm, p.211-235.
  • 5. Hijo de Zaîd Ibn Hârizah, el hijo adoptivo de Muhammad (BP).
  • 6. Tabaqât Kabîr, t.II, primera parte, p. 136; Sharj Nahÿul Balâgah, Ibn Abî Al-Hadîd, t.I, p. 159-160, editado en 1378 H.L.
  • 7. Tabaqât, t.II, segunda parte, p.36-38; Sahîh Muslim, t.V, p. 75-76.
  • 8. Târîj Tabarî, t.IV, pp. 1839-1843.
  • 9. Sharh Nahyül Balâgah, Ibn Abî Al-Hadîd, t.VI, p.10.
  • 10. Târîj Tabarî, t.IV, p. 1845.
  • 11. Sharh Nahyül Balâgah, Ibn Abî Al-Hadid, t.I, p. 219 editado en 1378 H.L.
  • 12. Fusûl Al-Muhimmah, escrito por Saîîed Sharaf-ud-Dîn Mûsawî, pp. 41-42.
  • 13. Sharh Nahyül-Balâgah, Abî Ibn Al-Hadid, t.VI, p. 11-13, editado en 1379 H.L.
  • 14. Muraûûiy Adh Dhihab, t.II, p. 301, ed.en 1965 d.C.
  • 15. Târîj Baghdâd, t.XIV, p. 321.
  • 16. Fadâ’il Al-Jamsah min As Sahâh As Satah, t.II, p. 262.
  • 17. Ídem., p. 250
  • 18. Sharh Nahyül Balâgah, Ibn Abî Al-Hadîd, t.VI, p. 13, editado en 1379 H.L.
  • 19. Nahyül Balâgah, Faîd ul-Islâm, sermón 3, p. 37-43.
  • 20. Kâmil Ibn Azîr, t.II, p. 326, editado en 1385 H.L.

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