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Capítulo I: La moral sexual occidental

¿Es el sexo inherentemente malo? Un musulmán se sorprendería con esta pregunta. Nunca se le cruzaría tal idea por la mente. Sin embargo, la relevancia de esta pregunta en el cristianismo y en el mundo occidental se hará evidente en las siguientes páginas. En los últimos ochenta años, especialmente después de las dos guerras mundiales, la moral sexual de occidente ha experimentado un gran cambio, descrito comúnmente como la “revolución sexual”.

Sobre las ruinas de la agonizante moral cristiana, Occidente está intentando construir una moral sexual liberal conocida como la “Nueva Moral Sexual”. Para entender los antecedentes sociales e históricos en los cuales está emergiendo la nueva moral, es necesario estudiar la moral sexual de la iglesia cristiana.

A. Moral sexual cristiana

A pesar de que el cristianismo es comúnmente considerado como una religión basada en las enseñanzas de Jesucristo, utilizo en este libro la palabra “cristianismo” para referirme a las enseñanzas de la Iglesia. Tengo motivos para hacerlo así, ya que la Biblia no registra nada de Jesús sobre el matrimonio y el sexo, siendo la excepción el sermón condenando el adulterio físico y visual:

“Habéis oído que se dijo a vuestros mayores: No cometerás adulterio. Yo os digo más: Cualquiera que mirare a una mujer con mal deseo hacia ella, ya adulteró en su corazón. Y si tu ojo derecho es para ti ocasión de pecar, sácalo y arrójalo fuera de ti; pues más te conviene perder uno de tus miembros, que no ser echado, con todo tu cuerpo, a la gehenna” (Mateo 5:27-29).

La primera persona en el cristianismo que habló de moral sexual fue San Pablo. Él dice: “Loable cosa es en el hombre no tocar mujer” (1 Corintios 7:1). En pocas palabras esto significa que la Iglesia Cristiana enseña que el celibato es mejor que el matrimonio, y que el cuerpo humano no es para el placer sexual, sino para el Señor exclusivamente. “El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor como el Señor para el cuerpo... ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?” (1 Corintios 6:10, 15).

Sin embargo, San Pablo sabía que el celibato significaba represión de la naturaleza humana, y que la naturaleza humana no podía ser reprimida. Sabía que si el matrimonio se prohíbe totalmente, la gente se entregaría igualmente a la gratificación sexual de manera ilegal. Así que él dice, “Más, por evitar la fornicación, viva cada uno con su mujer, y cada una con su marido” (1 Corintios 7:2).

Entonces, como para evitar que la gente olvide la santidad del celibato, continua diciendo: “Esto lo digo por condescendencia, pero no lo mando. En verdad me alegraría que fueseis todos tales como yo mismo... Pero si que digo a las personas no casadas y viudas: bueno les es si así permanecen, como también permanezco yo. Mas, si no tienen dominio de si, cásense. Pues más vale casarse que abrasarse” (1 Corintios 7:6-9). En otras palabras, el matrimonio, comparado con el adulterio, ¡es el menor de dos males!

Además, San Pablo continúa describiendo que el matrimonio significa angustia: “Creo que en la inminente angustia es bueno este estado, es bueno al hombre permanecer así... ¿Estás sin tener mujer?, no busques el casarte. Si te casares, no por eso pecas. Y si una doncella se casa tampoco peca; pero estos tales sufrirán la tribulación de la carne, que yo os quiero ahorrar” (1 Corintios 7:25-28).

De acuerdo con la Biblia, el matrimonio y lo agradable a Dios son antipáticos entre sí. San Pablo dice: “Yo deseo que viváis sin inquietudes. El que no tiene mujer anda solícito de las cosas del Señor, y en lo que ha de agradar a Dios. Al contrario, el que tiene mujer anda afanado en las cosas del mundo, y en cómo agradar a la mujer, y se halla dividido.

De la misma manera, la mujer no casada, o una virgen, piensa en las cosas de Dios, para ser santa en cuerpo y alma. Más la casada piensa en las cosas del mundo, y en cómo ha de agradar al marido. Por lo demás, os digo esto para provecho vuestro; no para echaros un lazo, sino solamente para exhortaros a lo más loable, y a lo que habilita para servir a Dios sin embarazo” (1 Corintios 7:32, 35). Y concluye la posición cristiana como sigue: “En suma, el que da su hija en matrimonio, obra bien; mas el que no la da, obra mejor” (1 Corintios 7:38).

Así, el punto de vista cristiano sobre el matrimonio, en su forma original, puede resumirse de la siguiente manera:

(a) El celibato es bueno y debería ser adoptado.

(b) Para abstenerse de la fornicación, el matrimonio está permitido; pero es lamentable y uno debería tratar de evitarlo.

(c) El matrimonio retarda la salvación y es antipático a lo agradable a Dios.

Trescientos años después de San Pablo aparece un teólogo conocido como San Agustín. Igual que su predecesor, creía que el sexo era una amenaza para la edificación espiritual: “No conozco nada que rebaje más a la mente humana de las alturas que las caricias de una mujer y la unión de los cuerpos a falta de lo cual uno no puede tener una mujer” 1

Él fue aún más lejos que San Pablo asociando culpa con sexo. Sabía que el sexo era esencial para la reproducción pero razonó que el acto de cópula en sí mismo estaba teñido de culpa por el pecado de Adán y Eva. La relación sexual fue transformada de algo inocente a algo vergonzoso por el pecado original de Adán y Eva, pasando de generación en generación.

En su libro The City of God [La ciudad de Dios], San Agustín dice: “La transgresión del hombre (es decir, el pecado de Adán y Eva) no anuló la bendición de la fertilidad, concedida a él antes de que pecara, sino que la infectó con la enfermedad de la lujuria”2

En resumen, predicó que: (a) el sexo era algo vergonzoso debido al pecado original de Adán y Eva; (b) la castidad y el celibato eran de una moral más alta que el matrimonio; (c) el celibato era un requisito previo para los curas y las monjas.

B. La época victoriana

No hay duda de que el estudio de la moral sexual cristiana es esencial para entender la revolución sexual de este siglo; pero para comprender totalmente los antecedentes históricos en los cuales ha emergido la nueva moral sexual, es igualmente importante examinar la época victoriana.

“Mientras los cristianos de la época pre-victoriana estaban contentos con el sexo restringido al matrimonio, los de la época victoriana estaban preocupados en el cómo utilizar el sexo y redirigirlo a sus más elevados fines.

Para los cristianos de esta época un hombre de moral se abstenía del sexo fuera del matrimonio y era altamente selectivo y considerado en su expresión sexual dentro del matrimonio. Y una mujer de moral soportaba estas experiencias esporádicas y no hacía nada por fomentarlas. El placer no era una meta conveniente para ninguno de los sexos, pero especialmente no lo era para la mujer”3

Lo siguiente puede ser establecido como la moral sexual de los cristianos occidentales en el siglo XIX:

(a) el sexo es moralmente degradable comparado con el celibato;

(b) la pasión sexual en los seres humanos es el resultado del pecado original, y por eso el sexo por placer es pecaminoso;

(c) el sexo sin placer está permitido solamente con la intención de la procreación.

En los albores del siglo XX, el punto de vista predominante era que el sexo era inherentemente malo y que era aceptable solamente como el menor de dos males de la fornicación y el matrimonio.

C. La revolución sexual

Lo que leyó arriba fue una breve descripción de los antecedentes históricos y sociales del Occidente cristiano contra los cuales la Nueva Moral estaba emergiendo. La Iglesia cometió un serio error al reprimir el instinto más natural de los seres humanos, precisamente los medios de su perpetuidad. Y es obvio que los instintos naturales nunca pueden ser reprimidos. ‘Allamah Rizvi escribe:

“Si una religión cierra los ojos a las complejidades de los problemas familiares, sus seguidores, tarde o temprano, se rebelarán contra ella, destrozando todos los principios religiosos a raíz de la rebelión... El cristianismo ignoró las reclamaciones de la naturaleza humana, ensalzando la idea del celibato. Mucha gente entusiasta intentó cumplir con ese ideal. Monjes y monjas se encerraron en los monasterios. Por un breve período, este esquema funcionó bien. Luego, la naturaleza tomó revancha; los monjes y abades cultivaron la idea de que eran representantes de Cristo, y a las monjas se les dio el título de ‘novias de Cristo’. Así, con facilidad de conciencia, convirtieron los monasterios en centros de libertades sexuales”4

Al comentar la actitud del clero cristiano, Russell escribe: “Recién hacia fines del siglo XIII, el celibato del clero fue rígidamente exigible. El clero, por supuesto, continuaba teniendo relaciones ilícitas con mujeres”5

El Papa Juan XII fue condenado por adulterio e incesto; en 1171, se descubrió que el abad electo de San Agustín de Canterbury tenía diecisiete hijos ilegítimos en un solo pueblo; Enrique III, obispo de Leige, fue destituido en 1274 por tener sesenta y cinco hijos ilegítimos. Los escritos de la Edad Media están llenos de relatos sobre conventos de monjas que lucían como prostíbulos, de una gran cantidad de infanticidios dentro de sus muros, y de incestos entre el clero que forzó a la iglesia a anunciar que a los curas no les sería permitido vivir con sus madres y hermanas.6

Esto y nada más pudo haber sido la consecuencia de una moral sexual antinatural. Aquellos que no podían suprimir sus instintos naturales se involucraron en actos pecaminosos secretamente. Otros, como Martín Lutero, se rebelaron contra la iglesia y comenzaron un movimiento de reforma que abandonó el celibato.

Y cuando la iglesia cristiana perdió su influencia en los asuntos sociales del mundo occidental y la iglesia y el estado se separaron, incluso hasta los laicos se rebelaron. Esta revuelta consiguió impulso después de las dos guerras mundiales; y los cristianos occidentales comenzaron la revolución sexual en reacción a la represión sexual. Un movimiento de reforma lleva a la sociedad desde los extremos hasta la moderación, mientras que una revolución, en sus estadios tempranos, lleva a la sociedad de un extremo al otro.

‘Allamah Rizvi comenta: “La naturaleza se puede comparar con un resorte de acero, que al presionarlo hacia abajo, salta nuevamente hacia arriba con igual fuerza. Cuando tomó venganza sobre los cristianos, convirtió a las sociedades cristianas en las más permisivas, libertinas e indisciplinadas que se hayan visto en el mundo”.7

De este modo emergió la Nueva Moral en Occidente y dio un salto al otro extremo. Desde el extremo de la represión de los deseos naturales, algunos predicadores de la nueva moral llegaron al extremo de la libertad sexual desenfrenada, que es el campo del mundo animal. Ellos exponen la idea de ‘sexo por diversión’, ‘sexo porque sí’ y ‘sexo libre’, lo cual eventualmente habría destrozado completamente el concepto de familia, la estructura de la sociedad humana. A fines de los años ochenta, se puede decir que el resorte de la naturaleza está volviendo a su posición normal.

Katchadourian y Lunde escribieron en 1980: “La moral del ‘sexo por diversión’ o del ‘sexo porque sí’ nunca interesó ni siquiera a la mayoría de los jóvenes. Los ideales románticos del matrimonio, la fidelidad y una vida hogareña estable para criar a los hijos se mantuvieron vivos e influyentes en la vida americana. Está surgiendo una nueva síntesis de valores. Muchos de los cambios en las actitudes sexuales de los años 60 se han mantenido, pero las creencias más radicales han sido consideradas inaceptables por la mayoría de la gente. Muchos individuos están dispuestos a aprobar la exploración prematrimonial, pero desean estar seguros de que nadie resultará herido. Muchos descubrieron que el ‘sexo porque sí’ no era tan gratificante como pensaban cuando se hizo popular al principio; y otros han visto a mucha gente herida por el sexo irresponsable que piden ahora una nueva moral de sexo responsable”8

* * *

Resumiendo, podemos decir que primeramente Occidente viajó desde un extremo (el de la represión sexual ejemplarizada por la Iglesia Cristiana) al otro (el del sexo libre y sexo por diversión ejemplarizado por la moral sexual liberal).

En segundo lugar, Occidente se ha dado cuenta que el sexo libre y el sexo por diversión no es aceptable a las sensibilidades humanas. Finalmente, después
de saltar de un extremo a otro, Occidente anhela ‘una nueva moral de sexo responsable’. En nuestro punto de vista, la moral del sexo responsable es la moral sexual equilibrada del Islam, a la cual nos dirigiremos pronto.

* * *

La razón por la que expuse los antecedentes religiosos y sociales en los cuales ocurrió la revolución sexual es para permitir que los musulmanes en Occidente y en Oriente conozcan que esta revolución no fue un subproducto de la ciencia y la tecnología per se (a pesar de que algunas tecnologías científicas como los anticonceptivos la hicieron más fácil); más bien fue una reacción a la moral sexual reprimida de la Iglesia Cristiana. Espero que esto también ayude a desmitificar la idea entre muchos asiáticos y africanos, especialmente los de la clase élite, de que cada conducta y norma de Occidente está basada en razones científicas sólidas.

  • 1. Basic Writings of St. Augustine [Escritos básicos de San Agustín], pág. 455.
  • 2. The City of God [La ciudad de Dios], pág. 21.
  • 3. Fundamentals of Human Sexuality [Fundamentos de la sexualidad humana], pág. 483
  • 4. The Family Life of Islam [La vida familiar en el Islam], pág. 8.
  • 5. Marriage and Morals [Matrimonio y moral], pág. 64.
  • 6. History of European Morals [Historia de la Moral Europea], vol. II, págs. 350-351
  • 7. The Family Life of Islam [La vida familiar en el Islam], págs. 8-9
  • 8. Fundamentals of Human Sexuality [Fundamentos de la sexualidad humana], pág. 420.

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