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Junto a su padre

Fátima contaba con dos años de edad cuando, junto a su padre, sufrió el bloqueo económico de Quraish. Soportó las más difíciles condiciones de vida, pasó hambre durante tres años en el valle de Abu Talib, junto a todos los musulmanes. Al décimo año de la Bi'zah (proclamación de Muhammad como Profeta), poco después de abandonar el valle, perdió a su querida madre, a la que diez años de lucha y aflicción habían debilitado. Aunque para aquella pequeña niña aquel acontecimiento fue muy doloroso, la compañía de su padre hacía menos trágico su infortunio.

Cuando tenía ocho años, poco después de la emigración del Profeta a Medina, partió hacia allí junto a Alí (P) y un grupo de mujeres. Una vez más se reunió con su padre. En los difíciles momentos vividos por el Profeta en Medina, Fátima siempre lo acompañaba. En la batalla de Uhud, cuando los musulmanes asumieron el fracaso, con prisa Fátima fue hacia el campamento y junto con Alí se encargó de curar las heridas de Muhammad (BP).

Fátima creció con el Islam, vivió con el Corán, respiró el aire del Mensaje de la Profecía, su vida no estaba desvinculada de la de su padre. Inclusive luego de su casamiento su casa era vecina a la suya. El Profeta (BP) frecuentaba su casa más que cualquier otro sitio. Cada mañana antes de dirigirse a la mezquita, visitaba a Fátima. Cuando emprendía un viaje, la última persona en despedir era Fátima. A su regreso, ella era a la primera que visitaba. Esto significaba que él no deseaba separarse de Fátima … y en sus últimas horas de vida Fátima estuvo llorando junto a su lecho. El Profeta la consoló anunciándole que sería la primera en seguir sus pasos.

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