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La Gargantilla bendita

Cierto día estábamos rezando la oración de la tarde junto al Profeta (BP) y sus compañeros estaban sentados a su alrededor. De repente entró un anciano que vestía una ropa harapienta, y por su vejez y debilidad no podía mantenerse de pie.

El Profeta (BP) al verle le preguntó quién era, a lo que contestó:
- “¡Oh Enviado de Dios!: Soy un hombre hambriento; satisfaz mi hambre. Estoy desnudo; dame vestimentas. Soy pobre; dame algo”.

- “Yo ahora no tengo nada para darte -dijo el Profeta- pero te guiaré hacia un lugar donde quizás te den lo que necesitas. Vé hacia la casa de alguien quien ama mucho a Dios y al Profeta y a quien Dios y el Profeta también aman. Vé hacia la casa de mi hija Fátima, quizás ella tenga algo para darte”. Luego le dijo a Bilal: “Guía a este anciano hacia la casa de Fátima”.

Cuando llegaron a la casa de Fátima (P) el anciano dijo: “Las bendiciones sean sobre tí ¡Oh hija del Profeta!”. Fátima le preguntó:

“¿Quién eres?”. El respondió: “Soy un mendigo que se presentó ante tu padre y él me ha enviado hacia tí. Estoy hambriento; satisfaz mi hambre. Estoy desnudo; dame algo para vestir. Soy pobre; dame una limosna”.

Fátima, que no tenía ninguna comida en su casa, le dio una piel de cordero que era el manto de Hasan y Husain (P), pero el anciano replicó: “¿Cómo solucionará mi vida esta piel de cordero?”.

Entonces Fátima (P) le dio una gargantilla que le había regalado una prima suya y le dijo: “Véndela y soluciona tu vida”.

El anciano regresó ante el Profeta y le narró lo ocurrido. El Profeta (BP) lloró y le dijo: “Vende esta gargantilla, así Dios, por la bendición de Fátima que te lo regaló, aleje tus problemas”.

Amar Yaser pidió permiso al Enviado de Dios para comprar la gargantilla y le preguntó al anciano por cuánto la vendía.

- Al precio con el cual pueda saciar mi estómago con pan y carne, y pueda cubrir mi cuerpo con un mano yemení para poder rezar y me quede un dinar para poder llegar ante mi familia y mi gente.

- Yo te compraré el collar a veinte dinares y doscientos dirhames y te daré un manto yemení, una cabalgadura y pan y carne para que puedas saciar tu estómago.

El anciano le vendió el collar a Amar y recibió su dinero y luego regresó ante el Profeta. El Enviado (BP) le preguntó: “¿Estás satisfecho?”.

- Sí. Gracias a las bendiciones de Fátima ya no tengo necesidades. ¡Ojalá Dios le dé a cambio algo que ningún ojo haya visto ni ningún oído escuchado!.

El Enviado de Dios dijo a sus compañeros: “Dios otorgó eso a Fátima en este mismo mundo, ya que le dio un padre como yo, un esposo como Ali e hijos como Hasan y Husain. Cuando Izrail tome el espíritu de Fátima y en la tumba se le pregunte: “¿Quién es tu Profeta?, responderá: “Mi padre” Y le pregunte: ¿Quién es tu Imam?, responderá: “Mi esposo Ali ibn Abi Talib”. Dios asignó a un grupo de ángeles para que después de su muerte constantemente envíen bendiciones sobre ella, su padre, su esposo e hijos. Debéis saber que cada uno de vosotros que me visite después de mi muerte será igual a que si viniese a visitarme en vida y cada uno de vosotros que visite a Fátima será igual que si me visitara a mí”.

Amar tomó el collar, lo perfumó y lo colocó dentro de un lienzo yemení y le dijo a su siervo: “Lleva ésto ante el Profeta como obsequio y tú también, de ahora en más, le perteneces”.

Cuando el siervo se presentó ante el Profeta (BP), él le hizo ir donde Fátima, ella a su vez tomó el collar y liberó al esclavo.

En el momento en que el esclavo fue liberado éste sonrió. Le preguntó Fátima (P) cuál era la causa de su risa y él respondió: “Estoy maravillado por la bendición de este collar, pues sació a un hambriento, vistió a un desnudo, apartó las necesidades de un pobre, liberó a un esclavo y luego, además de ello, regresó a su dueño”.

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