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El comienzo del sendero: Creciendo como cristiana en una familia Norteamericana

Jodi se salió de la universidad durante el semestre de otoño de su segundo año. Ella se encontraba en un estado de confusión emocional y espiritual, así que se mudó a la casa de su abuela porque no estaba segura de continuar viviendo con nosotros.

En ese mismo otoño, un tiempo después, Jodi se fue a un paseo ministerial de distintas congregaciones para explorar algunos lugares históricos religiosos. Cuando regreso del viaje, nos habló de su experiencia de curación emocional. ''Mamá y papá, yo se lo que ustedes quieren decir al afirmar que hay un Dios: tuve una experiencia con Él. Cuando estaba orado con el grupo, sentí una especie de corriente tibia en mi alma. Fue una afirmación que realmente hay un Dios. Fue un momento de sanación para mi, y ahora estoy lista para empezar a vivir mi vida''.

Pero Jodi todavía no estaba lista para regresar a la casa, entonces le cedimos un apartamento pequeño en una de nuestras casas en arriendo mientras asistía a la universidad donde su padre enseñaba.

En ese entonces, Jodi y Reza se conocieron. Reza era un estudiante de ingeniería en la misma universidad. Él era serio y tenía los mismos valores y educación moral que Jodi quería para su vida. He ahí a alguien que le podía ayudar a ser lo que ella quería ser en realidad.

Durante la pascua nos fuimos fuera de la ciudad a visitar a algunos familiares. Invitamos a Jodi y a Reza para que fueran con nosotros. En la mañana de pascua, mientras nos preparábamos para ir a la misa, Jodi susurró muy contenta: ''mamá, Reza quiere que nos casemos y nos vayamos a vivir a Irán... ¿no es maravilloso?''

No, no era maravilloso. Irán era el país donde estaban tomando personas como rehenes. No, eso no podía estar pasando.

Durante toda la celebración de pascua, las lágrimas no cesaban de rodar por mis mejillas. Yo continuaba recordando la escena de Fiddler on the Roof en la que Tevye despide a su segunda hija en la estación de tren, a sabiendas que nunca mas la volvería a ver. Ella cantaba a su padre la canción Far from the Home I Love (lejos del hogar que amo). Yo no podría tolerar eso...

Reza nos invito a comer a su apartamento el jueves siguiente. ¿Que si podíamos ir? Bueno, eso seria muy agradable. Si, nos gustaría. Fue un rato muy agradable con él. Entonces Reza fue directo al grano. ''Joe y Carol, los invité aquí porque quiero casarme con su hija y me gustaría tener su permiso''
‘‘¿Cuando?''
''Tan pronto como sea posible. ..Deseamos que sea este verano''.
El explicó sus sentimientos, su amistad y su concordancia en cuanto a los valores entre ambos. Nosotros simplemente no lo aceptaríamos. Ella tenía que terminar sus estudios. ¿Como pagarían eso? No, no.

Pero con el pasar del tiempo, pudimos notar que ellos seguían adelante con su proyecto, con o sin aprobación nuestra.

*****

Era primero de mayo y yo estaba fuera de la ciudad por cuestiones de trabajo. Al ver un video mientras me preparaba para el taller que iba a dar, vi un segmento acerca de un misionero en la India. Este hablaba de su larga caminata sobre un terreno árido y bajo un calor muy fuerte para llegar a una villa. Sus pies estaban maltratados y le ardían. Cuando hubo llegado a la villa, se sentó en un tronco. Una anciana se le aproximó con una vasija llena de agua, le quitó los zapatos y las medias y le lavó los pies. Cuando miró a tal anciana a los ojos, contaba en su relato que había visto la luz de Jesús en su mirada. Al escuchar esa historia, me arrodillé: ''Dios, se que no he tratado de ver nada bueno en Reza. Sólo me he resistido. Buscaré tu luz en sus ojos y encontraré la aceptación''.

Cuando vi a Reza de nuevo a mi regreso, lo miré de una manera distinta. Sus hermosos ojos oscuros reflejaban amor, gentileza y luz; en ese momento yo estaba llena de un sentimiento de aceptación. Mi esposo Joe también terminó por aceptarlo, así que la boda fue planeada para el primero de agosto. Reza era un buen hombre. Compartiríamos el evangelio con él y tal vez en poco tiempo se convertiría al Cristianismo.

Cómo son de parecidos los sentimientos y emociones para muchos de los que tenemos hijos entrando en la adultez. Ellos toman decisiones con las cuales no estamos de acuerdo. Pensamos que los estamos educando para que tomen nuestros valores y para que tomen decisiones que se acomoden a nuestros estilos de vida. Pero de alguna forma esto no sirve. Ellos tienen opciones y regularmente eligen estilos de vida diferentes a los que esperaríamos que tomaran.

En mi compilación de historias de mujeres norteamericanas que se convirtieron al Islam, la asombrosa mayoría describían haber crecido dentro de unos parámetros religiosos, ya fuera porque así la familia lo requiriese o porque las jóvenes querían hacerlo. Sólo dos de las encuestadas dijeron que la religión no había sido importante en sus años de formación, y una de ellas nunca había sido cristiana. Muchas de ellas se habían salido de la iglesia porque sentían que sus preguntas no tenían respuesta, o cuando se iban de la casa, ya no tenían que ir más a la iglesia porque ya sus padres no las podían obligar. Algunas de las que respondieron la encuesta eran hijas o nietas de ministros o pastores de diferentes iglesias. Ellas venían desde denominaciones fundamentalistas hasta liberales.

Aunque el 28% no mencionó iglesias especificas, aquellas que sí se mencionaron correspondían a la Católica, la Bautista del Sur, la Metodista, la Cristiana(Discípulos de Cristo), la Episcopal, la Iglesia Renovada de Jesucristo de los Últimos Días, la Iglesia Nazarena, la Presbiteriana, la Luterana, la de los Testigos de Jehová, la de los Cuákeros, la Griega Ortodoxa, la Adventista del Séptimo Día, la Iglesia Mundial de Cristo, así como también Cristianas Carismáticas y aquellas que se habían vuelto al Cristianismo. Una de las encuestadas había sido cristiana convertida al Hinduismo y otra había estado estudiando el Judaísmo. Muchas venían de costumbres religiosas y estaban en la búsqueda de una razón para sus vidas desde la temprana adultez. A continuación algunas de estas mujeres describen sus percepciones acerca del ambiente religioso en sus vidas cristianas.

Familias que eran estrictas en cuanto a sus expectativas religiosas

Algunas de las mujeres encuestadas venían de familias que fueron determinantes en cuanto a que sus hijas serían diligentes al asistir a la iglesia no sólo los domingos sino también durante la semana . La palabra estricto fue comúnmente utilizada para describir las expectativas de sus familias en cuanto a la religión.

• Fui criada en el Catolicismo. Me llevaban a la iglesia y a la escuela dominical porque mi padre insistía y físicamente me obligaba junto con mis hermanos y nos decía que si no íbamos a la iglesia nos iríamos al infierno. Cuando tenía diecisiete años dejé de ir a la iglesia y consecuentemente tuve terribles pesadillas durante seis meses o más con el demonio quien venía a llevarme con él.

• Mi padre es un ministro de la Iglesia Metodista Unida. Mi abuelo era un pastor bautista. Fui criada en un ambiente muy religioso. Iba a la iglesia todos los días de la semana.

• Crecí como Cristiana (Adventista del Séptimo Día) yendo a la iglesia y a sus escuelas privadas. Me formé en un ambiente estricto: actividades religiosas desde el ocaso del viernes hasta e ocaso del sábado, dieta estricta(prohibición al consumo de cerdo y otras cosas especificadas en el Antiguo Testamento), nada de beber o fumar, nada de joyas, etc. En el bachillerado me desilusioné de la iglesia porque vi mucha hipocresía en ella. Dejé de asistir a la iglesia y me salí del colegio a los diecisiete años.

Estas familias necesitaban pensar más acerca de lo que era mejor para sus hijas en edad de crecimiento. Aquellas mujeres desarrollaban una profunda creencia en Dios pero ir a la iglesia se tornaba en algo obligatorio, por eso sentían un gran alivio cuando eran lo suficientemente grandes y podían tomar sus propias decisiones acerca de ir a la iglesia o no.

Padres cuyas convicciones sectarias eran variables o débiles

Aunque muchos padres tenían profundas convicciones religiosas, estos se habían salido de la iglesia o iban sólo ocasionalmente. Algunas familias estaban divididas en lo concerniente a su lealtad doctrinal; otras cambiaron de congregación durante el período de crecimiento de sus hijas. Algunas mujeres expresaron insatisfacción respecto a su religión de origen.

• Cuando yo era niña mi familia pertenecía a la Iglesia Mundial de Dios, pero estos se alejaron cuando yo era aún joven. Mi padre sentía que muchas de las iglesias organizadas eran corruptas, pero en m opinión él era extremadamente religioso. Al ser educada de esta forma, siempre buscaba algún tipo de satisfacción religiosa.

• Yo era cristiana bautizada, pero no practicante. No iba a la iglesia porque no estaba interesada en la atmósfera sobrecargada de religiosidad. Mi mamá se convirtió al cristianismo cuando yo estaba en el tercer grado de bachillerato. Éramos católicos anteriormente. Recuerdo que mi madre nos hacía arrodillar frente al televisor[a mis hermanos y a mi] cuando presentaban a Jim Bakker.

• Mi creencia religiosa estaba profundamente encarnada. Mis padres no iban a la iglesia pero me enviaban con mis amigos y familiares desde que tenía dos años de edad. Mis padres tenían, y todavía tienen en cierta forma, estándares morales que me enseñaban a pesar de su poco récord religioso. El padre de mi mamá es un predicador pentecostal; mi madre siempre expresaba sus sentimientos de desagrado hacia su papá por obligarla a ir a la iglesia tres veces por semana.

• Cuando yo era niña iba a la Iglesia de Dios, la comunidad a la que mi padre pertenecía. Luego, cuando yo era adolescente, fui a la Iglesia Episcopal con mi madre. La raíz del cambio fue porque mi madre decidió volver a sus raíces Episcopales. Yo no estaba satisfecha con ninguna de las dos congregaciones.

Como se vio reflejado en algunas de las encuestas, un grado de confusión e intranquilidad se hallaba presente en sus familias en lo concerniente a la religión. Consecuentemente, la actitud que prevalecía era de incertidumbre y duda.

Mujeres que se sintieron atraídas hacia la experiencia religiosa

Desilusión, confusión, preguntas sin responder: esto describe a las experiencias religiosas tempranas de muchas mujeres. Sin embargo, pese a la frustración, sus historias muestran su devoción de estar en la búsqueda de estabilidad en sus vidas religiosas.

• Mi papá es Presbiteriano y mi mamá Católica. Mi papá nunca fue activo en ninguna iglesia, pero mi mamá trató de educarnos como católicos. Fui bautizada en la iglesia católica y recibí mi primera comunión a la edad de ocho años aproximadamente. Después de eso, íbamos a misa sólo una vez al año. Cuando tenía diez años de edad, me convertí en miembro activa de una pequeña iglesia presbiteriana cerca a mi casa. Cuando estaba en noveno grado, ya estaba ayudando a la esposa del pastor a enseñar en la escuela dominical. En el bachillerato fundé un grupo juvenil en la iglesia al reclutar a cuatro amigos míos.

Éramos un grupo pequeño, pero estábamos contentos de reunirnos a estudiar la Biblia, a hablar de Dios y recolectar dinero para obras de caridad. Éstos amigos y yo nos sentábamos juntos y hablábamos sobre espiritualidad. Debatíamos preguntas nuestra: ¿Qué les pasó a las personas que vivieron antes de Jesús (se irían al Cielo o al Infierno)? ; ¿Por qué algunas personas muy rectas van al infierno sólo por no creer en Jesús? (pensábamos en Gandhi).

Por otro lado, ¿por qué alguna gente horrible(como el padre de mi amiga que abusaba de ella sexualmente) es recompensada con el cielo sólo por ser cristiana?; ¿Por qué un Dios Amoroso y Misericordioso requiere un sacrificio humano(Jesús) para perdonar los pecados de la humanidad?; ¿Por qué somos culpables del pecado original de Adán?; ¿Por qué la Palabra de Dios no concuerda con los datos científicos?; ¿Cómo puede Jesús ser Dios?; ¿Cómo puede Dios ser tres personas distintas?...Debatíamos cosas pero nunca llegamos a tener buenas respuestas. La iglesia tampoco nos daba buenas respuestas. Sólo nos decía que teníamos que tener fe.

• Crecí como católica pero dejé de ir a la iglesia cuando estaba en el bachillerato dado el desencanto de mi madre hacia esta. Disfrutaba las tradiciones de la iglesia católica y me agradaban los valores conservadores. Siempre habían preguntas sin respuesta incluso cuando era niña(no podía soportar las respuestas vagas o sin sentido). Yo sabía que esas áreas vagas de fe y filosofía de obediencia ciega al clérigo no eran correctas.

• Yo era cristiana de nacimiento. Siempre me encantaron la escuela dominical y la iglesia. En medio de una familia en confusión, divorciada y disfuncional, yo buscaba estabilidad, no sólo en una comunidad, sino también en Dios. Después de cumplir mis dieciocho años me fui de iglesia en iglesia buscando "la respuesta" y lo único con lo que me encontré fue con mensajes más confusos de parte de cada pastor y ministro. Recuerdo que yo siempre le decía a mi amiga que lo que más deseaba era encontrar una iglesia. Siempre tenía un espacio vacío dentro de mí. Ella trataba de comprenderme y me animaba para que fuera a la iglesia los domingos. Sin embargo, a la edad de veintidós años, ya había desistido de la "religión hecha por el hombre" pero no de Dios.

• Fui educada como católica. Mi madre practica su fe pero mi padre no va a la iglesia regularmente. Desde que estaba en la escuela primaria, cuestionaba a las profesoras(quienes eran monjas) y a mis padres respecto a la trinidad(¿a quién debía orarle: a Jesús, a Dios Padre o al Espíritu Santo?; ¿Y qué pasaba con los santos?). Me dijeron que no había explicación a eso y que debía aceptarlo como fuera. Todo era muy confuso para mí. Nunca estuve satisfecha con el catolicismo. Dejé de asistir a la iglesia a los diecisiete años de edad. Pero aún seguía orándole a Dios como lo hacía desde que era niña.

• Yo era Bautista e iba a una escuela Católica. Estaba muy compenetrada con las actividades de la iglesia, pero no puedo decir que estaba realmente comprometida. Cuando era adolescente, buscaba constantemente lo que era correcto. Durante muchos años estuve dando tumbos de una iglesia cristiana a otra. No me sentía a gusto en ninguna. Si algo no funcionaba en una, me iba a otra. Pensaba que eso era todo lo que había. Llegó el momento en que me desencanté de todo eso. Todo lo que veía eran hipócritas, así que dejé de asistir a las iglesias. Entonces entré en la fase más oscura d mi vida. Literalmente me hundí en el fondo de la sociedad.

Estas mujeres estaban en descontento con lo que encontraban en la iglesia y todo el tiempo se cuestionaban y buscaban algo que les llenara su vacío espiritual. Había cierta disposición de su parte hacia lo que supliría las necesidades espirituales que ellas sentían.

Mujeres que tenían otra convicción

Para muchas mujeres la religión hacía parte de su viaje hacia la fe en sus primeros años de vida. Ellas fueron participantes activas de la iglesia como profesoras, pianistas, solistas y adoradoras y se sentían profundamente comprometidas con Dios y con el aspecto religioso de sus vidas.

• Nací y crecí siendo hija de un ministro de la Iglesia Nazarena y era musicalmente muy activa en esta iglesia. Fui la pianista de la iglesia durante años; toqué y canté en muchos concursos locales.

• Fui educada como católica. Durante gran parte de mi juventud quería ser monja. Pasaba gran parte de mi tiempo con el párroco de la iglesia e incluso llamé un convento para pedir información. Puedo decir que era una católica devota y asistía a la misa diariamente (incluso cumplía con todos los sacramentos).

• Antes de mi conversión era cristiana, iba a la escuela dominical desde que tenía dos años y cumplía con las obligaciones eclesiásticas junto con mi familia desde los seis años. Yo era muy devota y fui bautizada a los ocho años después de haber sido interrogada por el ministro de nuestra iglesia. Al principio él estaba escéptico al bautizar a alguien tan joven, pero luego de responder a todas sus preguntas, éste decidió que yo estaba lista para hacer parte formalmente de su iglesia. Fui bautizada y fui una miembro fervorosa hasta que conocí a mi esposo. Entonces empecé a estudiar el Islam.

• Pertenecí a la Iglesia Metodista hasta los dieciocho años. Después me convertí al catolicismo. Antes de tal conversión había leído acerca de "todas las religiones" del mundo. Yo fui muy activa en ambas congregaciones y en otras iglesias, hasta el punto de recibir premios, medallas, certificados, etc. Me consideraba muy activa y religiosa. Yo quería ser monja. Conocí a varias hermanas en un convento local y les preguntaba acera de su vida religiosa.

Para muchas de estas mujeres, la religión era un estilo de vida natural. Usualmente quedaban insatisfechas con las respuestas a las preguntas que les formulaban a sus líderes espirituales. Se encontraban en aquella etapa de la vida en la que estaban tratando de decidir quiénes eran y qué querían hacer de sus vidas. Eran jóvenes adultas tratando de tomar decisiones independientes. Fue en ese momento de búsqueda cuando de alguna manera tuvieron contacto con el Islam.

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