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Cambio de senderos: Norteamericanas que eligen convertirse al Islam

Estuvimos con Jodi por dos días durante el verano para asistir a la boda de una amiga. Jodi y Reza habían estado casados por durante dos años y estaban estudiando en la Universidad de Arkansas, como a ocho horas de camino desde nuestra casa. Al pedir una cita en la peluquería, ella era muy cuidadosa para que quien la atendiera fuera una mujer. Aunque estábamos en medio de un fuerte verano, ella usaba blusas de manga larga. Su conversación era más seria a medida que aprendía más sobre el Islam.

Camino hacia la boda de nuestra amiga, hablamos. Jodi se sentó con su padre en la silla frontal del carro. Se volteó hacia donde yo estaba y me preguntó: "Mamá, ¿quién crees que era Jesús?". "Bueno Jodi, tú lo sabes, has ido a la iglesia toda la vida" le respondí.
"Pero mamá, quiero que me lo digas tú"
Entonces le dije lo que pesaba que era básico para el cristianismo en cuanto a creer en el nacimiento de Jesús, su ministerio, su estado en cuanto a hijo de Dios, su muerte y resurrección para nuestra salvación.

"Entonces, ¿Jesús es Dios?, preguntó.
"Sí, Jesús es parte de la Trinidad", respondí, "y durante su enseñanza y su ministerio , él nos lleva hacia Dios".
Me sentí frustrada. De alguna manera sus respuestas me dejaron incómoda. ¿Por qué yo no podía hacerlo mejor? aunque ella no lo expresó directamente, pude notar que ella tenía un punto de vista islámico. "Bueno, ella no tiene oportunidad de seguir ese camino", me auto consolé.
Muy pronto Jodi se había ido de nuevo, de vuelta a su mundo de universidad junto con su esposo, Reza. Nosotros también regresamos a nuestro hogar y a nuestros trabajos. Manteníamos en contacto con Jodi por teléfono. Con cada llamada sentíamos que la brecha entre ella y yo se agrandaba. Ella era buena para la imitación y siempre sonaba como una iraní tratando de hablar inglés cuando imitaba los acentos de sus amigas. Hablaba de comida, no americana, sino iraní. Siempre hablaba de sus amigas musulmanas, no de sus amigas cristianas, ni mucho menos americanas. No lográbamos definirlo, pero sí había cierto cambio en ella.

Llegó noviembre. Jodi y Reza vinieron a la casa para celebrar Acción de Gracias. Habíamos estado reacios al respecto pero a la vez lo queríamos. Realmente los amábamos y los extrañábamos. Jodi entró. Vestía una blusa larga sobre sus jeans y un suéter. Traía un pañuelo en su mano y su pelo estaba aplastado sobre su cabeza. Nos abrazamos, nos sentamos y hablamos de una manera superficial, desprendida. Llegó la hora de dormir. Reza fue a su carro por las maletas. Tan pronto como me paré de la silla, Jodi se apresuró a ir tras de mi. "Mamá, necesito hablar contigo".

Le di la espalda y me dirigí hacia la cocina. Mis ojos estaban llenos de lágrimas. No, no hablaría con ella. No soportaba lo que ella me tenía que decir. “Ahora no" Respondí sin mirarla.

El día siguiente era Acción de Gracias. Todos íbamos donde la abuela, como a una hora de camino. "Mamá, Reza y yo no comeremos pavo ni aderezo. Sólo comemos alimentos permitidos para nosotros".

¡Bueno, su problema, no me importa! Ni siquiera la determiné. Ella llevaba puesta su blusa larga de nuevo, y al salirse puso el velo en la cabeza, el cual le cubría todo el cabello. Me subí en la silla delantera del carro y refunfuñé durante todo el camino. El resto de la familia (Reza, Jodi, sus dos hermanos y su padre)parecían llevársela bien. La evadí durante todo el día hasta que llegamos a la casa.

"Mamá, tenemos que hablar".
"No quiero escucharte"
"Tienes que escucharme, mamá por favor". Finalmente cedí y nos sentamos.
"Mamá, me convertí al Islam. Ya lo había hecho desde el verano pasado, pero no estaba lista para decírtelo. Necesitaba estar más fuerte antes de hacerlo".

*****

Siempre hay signos que nos muestran que nuestros hijos en la etapa de la primera adultez están cambiando el camino que deseamos para ellos, pero simplemente no estamos seguros de lo que hacemos al respecto. Consecuentemente, simplemente lo ignoramos, esperando a que la situación llegue a su fin para así no tener que enfrentarlo. Ellos están fuera de nuestro control; encuentran muchas ideas nuevas y perspectivas frente al mundo y toman sus propias decisiones.

Las hijas que aprenden en un nuevo camino

Sesenta y tres por ciento de las que respondieron el cuestionario eran casadas con musulmanes desde antes de convertirse al Islam. Sus actitudes hacia el Islam variaban desde miedo hasta el sentido de investigación acerca de este. Veintitrés por ciento se convirtieron antes de conocer a un musulmán y casarse con él, mientras 6% de las que se convirtieron todavía están solteras. Sólo una respondió que se había convertido al Islam a pesar de estar casada con un hombre blanco, norteamericano y no musulmán.

Ninguna de las mujeres se sintieron forzadas por sus esposos a estudiar el Islam y convertirse. En muchas ocasiones fue la búsqueda de la esposa lo que llevó al esposo a retornar al Islam. Estos musulmanes (en su mayoría no practicantes) parecían en general ser bien versados en su religión. No era el caso de no saber qué era el Islam y qué requería, era cuestión de vivir lejos de sus familias y sus lugares de origen y por lo tanto no poder practicar su religión. Las responsabilidades, la búsqueda, una esposa que los apoyara, los traía de nuevo a la práctica de su fe.

Aunque las historias de estas mujeres varían en unos detalles, hay muchas cosas en común respecto a su primer encuentro con el Islam y su posterior conversión. La mayoría de ellas conocieron el Islam por medio de sus esposos. Otras conocieron esta religión gracias a clases en la universidad, y algunas porque conocían vecinos o porque visitaron un país islámico. El Islam tocó una necesidad que ellas sentían. Cada una eligió aceptar el Islam y tomar la shajada, declarándose como musulmanas al reconocer que "no hay más Dios sino Alá y Muhammad es el Mensajero de Alá".

Las historias presentadas a continuación nos ayudarán a tener un mejor entendimiento de la variedad de maneras en que sus protagonistas aprendieron acerca del Islam y las experiencias de conversión que levaron a aquellas mujeres al punto de declararse musulmanas.

El testimonio de otro

El deseo de tener una relación con un musulmán que se había convertido en alguien significativo para ellas, fue motivante para algunas en la investigación seria de las ciencias islámicas.

• Conocí a mi esposo en 1983. Anterior a mi matrimonio tenía todos los estereotipos referentes al Islam: que era medieval, que las mujeres estaban subyugadas, que era violento...Nunca tuve contacto directo con el Islam a pesar de contar con una educación superior. Aunque mi esposo ni ayunaba ni hacía sus oraciones obligatorias regularmente, estaba convencido de que el Islam era la verdadera religión de Dios. Yo era conciente de que aunque yo no tenía la obligación de tomar el Islam, él no se casaría conmigo si no me comprometía a educar a nuestros hijos como musulmanes. Yo sentía que él tenía un sistema fuerte de valores .Mi primer contacto con el Islam no me convenció de ninguna manera; no obstante, no vi nada de malo en educar a mis hijos dentro de las normas islámicas.

En 1988 nuestro primer hijo tenía 18 meses de nacido. Nuestro matrimonio estaba atravesando por una crisis debido a muchas razones. Utilicé el Corán para llevar a mi esposo hacia su consulta. Nuestro conflicto llegó al tope en septiembre de 1988. Le pedí el divorcio. Sentía que no tenía opciones, a pesar de que lo amaba. Estaba calmada. Una inmensa pena salió de mi alma y le pedí a Dios desesperadamente que me ayudara. En ese preciso momento descubrí mi deseo de ser musulmana, y no me importaba si mi matrimonio se dañaba o no. Quería ser musulmana por mí.

• Conocí a mi esposo en la Universidad Tecnológica de Louisiana. Él no quería tener una relación ilegal conmigo, así que me propuso matrimonio. Me preguntó si quería convertirme al Islam y usar un velo sobre la cabeza.

Me sentí insultada por los dos últimos requerimientos, y a los 18 años no estaba segura si quería casarme o no. Sin embargo, me sentí atraída hacia él y quería estar con él. Me fui a mi casa y leí por mi propia cuenta sobre el Islam. Cambié de opinión y quise casarme.

• [De una que no pertenecía a ninguna iglesia] Mi esposo me apoyaba para poner mi vida en orden. Una vez más me estaba recuperando de problemas emocionales. En realidad él no tuvo mucho que ver con mi conversión. Él me presentó el Islam pero nunca me dijo que me convirtiera. Él por su parte regresó completamente al Islam. A medida que lo veía adquirir una paz interior, me dio envidia. Paz interior era precisamente lo que yo buscaba. Entonces le pedí que me diera libros sobre el Islam. Entre más leía, más quería aprender. La palabra Islam quiere decir "sumisión a la voluntad de Dios" o "paz interior". Sentí que Dios mismo me estaba guiando.

Aprendiendo sobre el Islam en un país islámico

Algunas de las mujeres encuestadas visitaron países islámicos y quedaron profundamente impactadas por la gente y por su práctica religiosa. Ellas observaron los estilos de vida y las normas islámicas en la medida en que vivían en una cultura islámica.

• Cuando tenía dieciocho años me casé con mi novio porque se iba para Vietnam. Decidí enlistarme en la Brigada Médica. Para ese entonces yo estudiaba el Judaísmo (aunque era cristiana), básicamente porque ellos no creen en Jesús como un salvador. ¡Pero me encontré con que yo aceptaba a Jesús como un profeta pero los Judíos no! También acepté que él nació de una Virgen, lo cual era otro punto que yo no había aceptado, pero mucho de lo que ellos profesan estaba bien para mi (muy diferente a lo que yo discutía con mis profesores y sacerdotes). De esta forma me consideraba un tipo de judía-no judía al mismo tiempo.

• Yo era una enfermera entrenada para combate y estuve presente durante los días antes que Saygon cayera en Vietnam (¡sí, soy una veterana de Vietnam con una estrella de bronce y dos corazones púrpuras!). En 1978 fui enviada a Arabia Saudita porque las Naciones Unidas necesitaban personal entrenado para llevar acabo una brigada de salud para la inmunización y tratamiento de la epidemia de cólera en todo Arabia Saudita, Arabia, Omán y el Yemen. Muchos niños y adultos estaban muriendo.

Cuando podía observaba a los beduinos hacer su oración varias veces al día. La única palabra que entendía era Alá. La devoción de esa gente me impresionaba.

En 1980 me fui de paseo con mi esposo por el Medio Oriente. En El Cairo mi bombillo del cuarto no paró de alumbrar mientras estudiaba el Islam. Mi matrimonio estaba en su recta final y cuando llegó el divorcio tuve un colapso nervioso porque mi familia y la de mi esposo trataban de "desprogramarme de ese culto religioso tan peligroso" con el que yo había quedado fascinada.

Pero me aferré más y logré salirme de tal confusión. Después de una terapia intensa, volví al sur y entré de nuevo a la universidad para terminar el pregrado que había dejado a medias. Allí conocí estudiantes musulmanes quienes se quedaban maravillados con mi conocimiento respecto a su religión. Seis meses después ya estaba leyendo el Corán y tomé mi testimonio durante el mes de Ramadán de 1989.

• Mi conversión inició cuando tomé una clase de religión en la Universidad de Purdue. Esta inducción al Islam me revolvió la mente y tuvo más sentido (y después un sentido total) para mi que otras religiones que había estudiado. Después decidí unirme a una excursión a Egipto; visitaría un país musulmán, vería las mezquitas y hablaría con la gente. Esto me abrió la mente tremendamente. A partir de ese instante el Islam era mi único camino. Cuando regresé de Egipto fui a la mezquita local y las hermanas me ayudaron a encontrar el camino del Islam, lo cual me ha ayudado a encontrar paz en mi vida. Antes de mi conversión no era religiosa, tomaba licor y era una "chica mala". El Islam me enseñó que lo que hagamos en esta vida nos será juzgado en la otra y complacer a Alá es lo más importante.

• Estudié el Islam como parte de mis estudios superiores sobre África y Medio Oriente. ...no creía que nadie pudiera tratar de practicarlo en esta época.

Viajé a África como voluntaria y estuve tres meses. En aquella época conocí a los verdaderos musulmanes. Cuando hacían el llamado para la oración corrían hacia la mezquita. Si alguien tenía un dinero extra, lo daba a alguien menos afortunado. El Nombre de Alá estaba siempre en sus bocas. Mientras más estaba con ellos, más quería tornarme hacia el Islam.

Me enfermé gravemente y tuve que ser remitida a un hospital en la capital. No tenía a nadie que me consolara, todos mis amigos estaban lejos. Todo lo que podía hacer era rezar. Recé durante tres días consecutivos son parar. Recordaba la historia de conversión de Cat Stevens (Yusuf Islam). Él se estaba ahogando en el vicio y le prometió a Dios que dedicaría su vida a Él si lo sacaba de esa vida. Yo hice lo mismo. Al cabo de dos días, ya estaba en la villa con mis amigos musulmanes, pero aún me resistía a convertirme.

Me sentí miserable cuando regresé a los Estados Unidos porque no podía vivir dentro de una sociedad que se hallaba tan lejos de lo que yo quería. Conocí a muchos musulmanes árabes y norteamericanos quienes me ayudaron a someterme a la voluntad de Alá.

Ya no podía resistir más el llamado de Alá y finalmente me convertí el 21 de enero de 1989.

*****

Estas mujeres parecían tener una fascinación respecto a lo que habían experimentado en las sociedades islámicas. Les conmovió lo que habían visto y decidieron formar parte de ello.

Los vecinos y amigos musulmanes son testimonio

Algunas de esas jóvenes mujeres conocieron musulmanes en Norteamérica quienes las influenciaron para convertirse al Islam. Estas sintieron la fuerza interior de parte de ellos, la cual parecía provenir de sus creencias. A veces el testimonio de esos musulmanes era verbal cuando respondían a sus preguntas, pero la forma en que eligieron vivir sus vidas era el mejor ejemplo.

• Cuando empecé a estudiar el Islam tenía 15 años. Una familia saudita se mudó en seguida de mi casa y yo me quedé fascinada con su comportamiento, vestimenta, lenguaje y religión. Me hice muy amiga de la señora de la casa, pero me tomó cuatro años convertirme. Ellos nunca me presionaron, simplemente respondían a mis preguntas y me mostraban una gran hospitalidad y bondad. Durante mi bachillerato, aunque no era musulmana todavía, me mantenía aparte de lo que sabía que era negativo para mi. Así que cuando finalmente me convertí lo único que cambió en mí fue el aspecto externo: la ropa, las actividades de entretenimiento y los deportes.

• Antes de convertirme al Islam era atea y me había separado de la iglesia; sin embargo, no me cerraba ante discusiones profundas sobre Dios y este mundo. Después de muchos años de trabajo exhaustivo, empecé a viajar por América Central y terminé en Texas. Una familia musulmana me dio la bienvenida y me ayudó a salir de mi confusión. Por la Gracia de Alá fui guiada hacia el Islam, tomé mi testimonio y deseé casarme pronto. Esto me ayudó a aterrizar pero sin perder mi identidad.

• Mi esposo no estaba practicando su religión cuando nos conocimos, por lo tanto no tuvo ninguna objeción cuando decidí llevar a los niños a la iglesia. Lo único que pidió fue que no comiéramos cerdo. Unos visitantes de Egipto, socios de mi padre, me dejaron ver el Islam en todo su esplendor cierto día por primera vez. Y fue entonces cuando mi padre decidió tomar su vida más seriamente.

Tiempo después mi amiga se casó con un musulmán y yo me la pasaba en su casa preguntándoles acerca del Islam. En 1990 nació mi cuarto hijo y fui atrapada en mi creencia sin saberlo. Lo que quiero decir es que no sabía que creía en el Islam. Pero cierta noche Alá hizo que la verdad me abofeteara. Me sentía como una roca y lloré toda esa noche como si fuera mi hija quien tenía tres semanas de nacida. Mantuve mi creencia en secreto, incluso la oculté de mi esposo, casi por dos semanas.

Hasta que un día le conté cuando me llamó desde su trabajo. Inmediatamente me preguntó por qué. Él me dijo que eso era muy serio, que no podía jugar con ello. Que uno debe estar convencido más no obligado. Finalmente cortó la conversación diciendo: "lo hablaremos tan pronto llegue a la casa" . Tiempo después me contó que al colgar el teléfono lloró y le dio gracias a Dios. Prometió abrazar el Islam de nuevo y vivirlo a su plenitud. También me contó que esa noche le susurró el llamado a la oración (ADDAN) en ambos oídos a nuestra recién nacida, algo que nunca había hecho con ninguno de nuestros hijos.

• En 1983 conocí a una árabe y nos convertimos en las mejores amigas. U día me pidió que le cuidara a sus niñas. Esa noche, antes de ir a dormir, las niñas dijeron sus oraciones y querían enseñármelas. Al día siguiente, mi amiga me preguntó si yo creía que Jesús era el hijo de Dios. Le respondí: "en realidad no tengo religión...pero cuéntame acerca de la tuya: el Islam". Dos años después tomé la shajada.

• Me ofrecí como tutora voluntaria de unas mujeres sauditas que estaban estudiando inglés como segundo idioma. Encontré extraño que estas mujeres se rehusaran a tener un hombre como tutor, pero después de leer e indagar respecto al Islam, comencé a comprender a aquellas mujeres misteriosas vestidas de negro. Ellas empezaron a abrirse más hacia mí, me invitaban a sus casas, y así mi conocimiento respecto al Islam comenzó a expandirse. Yo realmente respetaba más la religión a medida que la veía en la práctica diaria.

• En la primavera de 1988 empecé a practicar a religión de lleno. Me contacté con la Asociación Islámica local y me uní a un grupo de estudio coránico femenino. Allí conocí hermanas que fueron y todavía son mi modelo a seguir.

El impacto al ver musulmanas devotas y dedicadas a la religión ayudó a estas mujeres a sobrepasar el principio de proliferación de la iglesia sobre el cual muchos son conversos porque alguien influenció sus vidas para que aceptaran a Cristo y a la iglesia. Estas mujeres sintieron que vivir como musulmanas las llenaba espiritualmente y ellas a la vez querían sentirse cerca de Dios de esta manera.

Aprendiendo sobre el Islam en un ambiente universitario

Muchas mujeres tuvieron contacto con el Islam por primera vez en el ambiente universitario, ya fuera a través de cursos de religión, compañeros musulmanes o amigos que conocían en el área universitaria. A ellas les interesaba enormemente oír acerca del Islam.

● Me estaba reuniendo con un grupo de estudiantes internacionales como parte de un programa de un grupo conversacional para practicar inglés. Al escuchar a un palestino hablar sobre su familia, su vida, su fe, me quedé realmente impresionada. Mientras más aprendía acerca del Islam, más me interesaba como posibilidad de hacerlo parte de mi vida.

Para el período siguiente el grupo no continuó, pero me registré en una clase llamada "introducción al Islam". Esta clase trajo de nuevo a m mente todas mis dudas respecto al cristianismo. A medida que aprendía acerca del Islam, todas mis preguntas iban siendo respondidas. Ninguno de nosotros es castigado por el pecado de Adán(Pecado Original). Adán le pidió perdón a Dios y Él en Su Misericordia lo perdonó. Dios no requiere un sacrificio de sangre para pagar por un pecado. Debemos pedir sinceramente por el perdón de nuestros pecados y enmendar nuestros errores. Jesús no es Dios; es un profeta como todos los otros profetas. Todos ellos trajeron el mismo mensaje: cree en sólo un Dios Verdadero, sométete y adora sólo a Dios y vive una vida recta de acuerdo a lo que Él te ha ordenado.

Esto respondió a mis preguntas respecto a la Trinidad (¿Dios humano o una combinación de ambos?)Dios es un Juez Perfecto y Justo que nos va a juzgar de acuerdo a nuestra rectitud. Encontré una enseñanza que puso todo dentro de su perspectiva correspondiente y esto le llamaba la atención a mi corazón y a mi intelecto. Parecía natural. No me confundía. Había estado buscándolo. Encontré un lugar en el cual depositar mi fe.

● Estaba en la universidad tomando clases de sociología y psicología pero sentí la gran necesidad de volverme hacia la religión aunque no estaba de acuerdo con el cristianismo en lo más mínimo, especialmente por la forma en que me fue presentado antes. Después de divagar por todas las religiones como el hinduismo y el budismo, me registré en la clase de estudios religiosos basados en la literatura del Antiguo Testamento. Una de las tantas cosas que experimenté fue volver a mirar las raíces del cristianismo. El cristianismo parecía estar bien para mí, pero llegué al punto en que las mujeres no son realmente aceptadas, así como otros puntos. Leyendo los textos encontré temas que los pastores de nuestra iglesia ni siquiera tocaban. Esto me impresionó mucho y me hizo comenzar a cuestionar la Biblia.

Mi esposo me dio un Corán como regalo de bodas. Este sólo reposaba en la biblioteca mientras yo tomaba mis clases de religión. Después de esto fuimos a Siria a visitar algunos familiares. No hablaba el idioma, así que tenía mucho por hacer. Entonces leí todo el Corán. Mientras lo leía buscaba cosas que me parecían incorrectas o podían representar un problema para mi concepto. Me encontré con cosas en la traducción del árabe al inglés que me molestaron realmente, como "golpea a tu mujer suavemente". Así que le preguntaba a mi esposo: "¿cómo puedes creer en semejante cosa?" Y él me respondía: "No, en árabe eso no es lo que significa", así que me explicaba el concepto desde el idioma árabe. Leí todo el Corán y no encontré nada que no tuviera sentido. Pensé: "bueno, esto es lo mejor que haya visto antes". Me convertí en 1988.

● Yo era católica romana. Hice estudios en afro americanismo como parte de mi carrera en ciencias sociales. Después de leer la autobiografía d Malcolm X me sentí obligada a entender el poder detrás de la transformación del hermano Malcolm después de hacer la hajj(peregrinación), retornar a los Estados Unidos y decir que el racismo no era parte del Islam. A medida que estudiaba el tema, me sentía más segura de que aquella luz me llevaría a estudiar esta religión. Estudié ocasionalmente por tres meses e intensamente por otros tres . Después hice mi promesa a Alá (shajada) antes de pisar una mezquita (masjid) por primera vez el 29 de mayo de 1993. El 30 de mayo de 1993 tomé mi shajada frente a testigos de la mezquita.

El cambio no fue una elección para mí, era lo que me convenía. Me dio las respuestas a todas las preguntas que tenía y que no tenía. Amo el concepto de comunidad islámica (ummah). Alhamdulilah (gracias a Dios) que Alá me vio lista para la prueba.

Tratando de llenar el vacío espiritual

Muchas de las encuestadas buscaban algo en el área espiritual que llenara sus vidas. Fue a través de esta apertura que muchas empezaron sentirse atraídas hacia el Islam. Tal necesidad se halla reflejada en muchas de las descripciones que ellas dan respecto a sus experiencias de conversión. Debieron haber llegado al punto de conversión dada una variedad de situaciones, pero muchas fueron receptivas dada la necesidad que sentían dentro de sí, además de la gentil persuasión del musulmán o la fuente islámica que tocara su corazón y su alma.

● Me casé con alguien que no era cristiano y ambos éramos no practicantes de religión, aunque yo todavía me consideraba cristiana. "Qué mas da" pensaba. Todavía mantenía mi creencia en Dios y Su Creación de la tierra, pero no estaba segura de las otras creencias que me habían inculcado desde niña.

Un año después de mi divorcio en 1990 comencé a pensar acerca de lo que necesitaba, acerca de lo que creía. A principios de 1991 me dediqué a investigar acerca del Islam, más porque estaba curiosa que por otra cosa. Poco a poco iba haciendo mi lectura al respecto, mientras tanto trataba de vivir mi vida como lo había venido haciendo. Y fue hasta el otoño de 1992 que decidí que tenía qué hacer algo: ya fuera tomar en serio lo que estaba leyendo u olvidarlo definitivamente. Encontré muchas hermanas norteamericanas de Manhattan, a unos diez kilómetros del pequeño pueblo donde vivía. Estudié con ellas y aprendí los aspectos prácticos de lo que había estado leyendo durante ese año y medio. Decidí convertirme en diciembre de 1992.

● Mi lucha inició muchos años atrás con la búsqueda de mi propia identidad. Crecer en Norteamérica siendo negra me trajo muchos retos durante 1960 y 1970. Después de enfrentar ciertos temas raciales y sentir la presión de la reciente integración en Mississipi y Texas, me di a la tarea de cuestionar mi rol como mujer afro.

Fui una profesional exitosa, pero mi vida personal era un desastre. Un mal matrimonio, una relación pobre con mis padres y amigos, una desconexión total de la iglesia y de Dios...todo ello me llevó a cuestionarme sobre quién era, por qué y qué podía hacer para mejorar las relaciones con dichas personas y con el mundo en general.

Empecé por buscar repuestas al investigar la historia de las negritudes. Me sorprendí al ver que la mayoría de los africanos venían de estados islámicos. Después conocí a algunos musulmanes sunnitas que me compartieron cierta información impresionante acerca del Paraíso y del Infierno, lo cual tocó mi corazón sufi. Yo me encontraba enseñando retórica y drama en el Colegio Católico de Washington en ese entonces.

Me convertí al Islam en 1974. Me pidieron la renuncia en el colegio porque para el final de ese año muchos de mis estudiantes se habían convertido al Islam.

El Islam me refrescó. Me ayudó a encontrarme con Dios sin necesidad de todos los complejos y las culpas que sentía como cuando era cristiana. Siempre había amado a Dios, y saber que podía comunicarme directamente con Alá era más que un regocijo para mi.

● La primera vez que conocí el Islam fue cuando tenía 14 años, pero dados los conflictos familiares que enfrentaba no me fue posible aprenderlo o practicarlo. Después de irme de la casa para ingresar a la universidad, ya tenía la libertad de profesar la religión. El cambio más grande que tuve que enfrentar fue (además de los obvios como el vestido y la dieta) poner cierta distancia entre mi familia, mis amigos y yo. Lo hice a fin de protegerme, lo cual me permitía crecer más en mi religión sin distracciones. Tenía muy poco sentido de pérdida puesto que llené muy pronto el vacío con mis nuevos amigos musulmanes y después con mi esposo.

Reconocimiento de la autoridad del Corán

Muchas mujeres han expresado su respeto creciente y su amor hacia el Corán, el cual es considerado como la palabra literal y final de Dios. Para algunas mujeres el Corán hizo parte fundamental en sus experiencias de conversión.

● Mi conversión se dio gracias al resultado de un reto por parte de un musulmán a leer el Corán para que tuviéramos un debate respecto a la posición de la mujer en el Islam. Yo mantenía el punto de vista estereotipado de las mujeres musulmanas como oprimidas y en una mala posición en relación a su contraparte cristiana. Yo era nominalmente cristiana, pero realmente no practicaba la religión y molestaba por ahí calificándome como cristiana para no parecer tan rebelde frente a mi numerosa familia(la cual era también cristiana de nombre, no en la práctica real).

La lectura del Corán y el hadiz del Profeta fue lo que realmente me cautivó. Me sumergí en una experiencia bastante extraña. Me tomó una semana leer el Corán, no podía dormir y me dejé envolver por un sudor de fiebre. Tenía sueños extraños y aparentemente reales acerca de temas religiosos, y cuando me levantaba todo lo que quería hacer era leer el Corán... ¡ni siquiera estudié para mis exámenes finales los cuales estaban programados para esos días!

● Inicié un curso de historia del Medio Oriente, lo cual me sumergió posteriormente al estudio del Islam. Cuando el profesor leía apartes del Corán para demostrar cuán poderosa era esta "herramienta" para la expansión del Islam por todo el mundo, mi corazón saltaba de alegría. ¡Sabía que había encontrado la VERDAD! Había estado buscando a Dios desde comienzos de los años 80. En ese momento sabía que me volvería musulmana. Después de haber terminado el curso, seguí buscando información acerca del Islam. Tomé una traducción en inglés del Corán y la leía a diario. En ese tiempo vivía con mi familia así que no les dejaba ver el Corán. Me reunía más a menudo con mis amigos musulmanes y mi vida empezó a cambiar en su totalidad.

● Mi conversión fue un largo proceso. Dejé el cristianismo cuando estaba cursando los primeros años de bachillerato. Fui educada en el Metodismo. Mi padre había sido pastor una vez y era más bien estricto cuando yo era niña. Mis padres dejaron la iglesia: mi madre siguió el camino al estilo indo americano de Lacota y mi padre simplemente no volvió a los cultos. Busqué varias religiones pero ninguna me atraía. Me educaron con el concepto de mirar otras culturas desde el punto de vista del entendimiento para así tratar de salir de la mía propia y ver otras. La revolución iraní hizo que surgieran muchas preguntas. Decidí aprender más acerca de su gente y su cultura y empecé a leer la historia de Irán, lo que me llevó a la historia del Islam, un tema del que ni siquiera se hablaba en el colegio. Esto a su vez me llevó a la lectura del Corán, lo cual fue un golpe certero a una crisis emocional cuando una relación amorosa que sostenía con un árabe se acabó, así que encontré refugio en el Corán. Vi la necesidad de confiar en algo que no fuera la gente. Mi madre había fallecido y mi padre estaba lejos. Realmente sabía hacia que lado tornarme o en quién (o en qué) confiar. El Corán fue un inicio. Me contacté con un grupo de estudio de musulmanas y estas me apoyaron y me informaron sobre muchos aspectos. especialmente yo me inclinaba hacia la base lógica del Islam. Me tomó un año convertirme.

Este libro sagrado, el Corán, tan reverenciado por los musulmanes como la Palabra Final de Dios y la dirección de la humanidad, tocó a estas mujeres como si fuera un llamado a los fieles a venir y someterse a lo que es Sagrado y Divino. Ellas respondieron con celo y pasión a la Escritura Islámica.

Encontrando respuestas en el Islam

Algunas de las mujeres trataron de probar su cristiandad a sus esposos musulmanes. Buscaron ayuda en líderes Cristianos pero tales intentos fueron fallidos. Otras quisieron dejar salir su cristiandad aunque se sentían musulmanas. Algunas cuestiones religiosas parecían incomodarlas, intimidarlas. Mientras el Islam parece tener las repuestas, siempre hay confusión en la teología cristiana. En el Islam está presente un solo Dios, entonces, ¿cómo puede ser Jesús Dios? preguntan los musulmanes.

La Biblia, vista por muchos cristianos como la Palabra literal de Dios, también es cuestionada. Los musulmanes enfatizan en los distintos cambios hechos con el paso de los siglos a los numerosos manuscritos que hacen la Biblia y que esta fue escrita por aquellos que "fueron inspirados", generalmente muchos años después de que los eventos narrados ocurrieran. Ellos destacan lo que sienten como contradictorio en la Biblia.

Los musulmanes son muy bien versados en cuanto a sus creencias y por lo general están en condiciones de llenar los vacíos de la persona confundida en la búsqueda de Dios, de respuestas, de qué hacer para sentirse en paz. Grados variables de insatisfacción con la ideología cristiana como ellos lo perciben es aparente en muchas de las historias de estas mujeres. Algunos de los problemas se centran en los conceptos de Trinidad, Pecado Original, Jesús como hijo de Dios o como Dios. Su frustración respecto a estas ideas les abrió la puerta hacia una nueva expresión religiosa.

● Después del nacimiento de nuestro segundo hijo, decidí regresar a la iglesia. Estaba muy entusiasmada y me pasaba el tiempo cantando, leyendo la Biblia y diciéndole a mi esposo cuánto necesitaba él volver a Dios. Con renuencia iba a la iglesia con mi hija y yo. Un día dijo: "no puedo ir más y tampoco quiero que lleves a mi hija". Tuvimos una terrible discusión e incluso nos íbamos a separar hasta que decidimos echarle un vistazo a ambas religiones.

Si hubiera podido explicarle el cristianismo satisfactoriamente a mi esposo, se hubiera vuelto cristiano. Al mismo tiempo, revisé el Islam (yo aclamaba el Islam dos años después de haberme casado, pero mi esposo no estaba activo en ello y yo perdí el interés rápidamente). Comencé a indagar con ministros, teólogos y ancianos expertos sobre el tema para que me ayudaran a probarle a mi esposo que el cristianismo era correcto. Yo quería hacerlo con todas mis fuerzas, les lloré a muchos de ellos para que me ayudaran pero muchos respondían: "lo siento, no se"; o "le escribiré", pero nunca más volvía a saber de ellos. Entre más trataba de convencer a mi esposo del cristianismo, más me inclinaba hacia el Islam y su lógica, hasta que finalmente me decidí por la ciencia de la Unicidad de Alá. Una cosa llevó a la otra hasta que ambos llegamos a ser musulmanes practicantes. El Islam me da paz interior porque no tengo que entender la trinidad y cómo Dios es "tres en uno" o que él murió en la cruz. Para mi el Islam responde a mis interrogantes.

● Me consideraba gnóstica cuando asistía a la universidad. Pensaba que creía en Dios y no pensaba hacer nada más al respecto. Después de algunos años, estaba lista para "volver a ser religiosa". Mientras tanto, conocí a un libanés quien sería mi esposo pasado poco tiempo. Ambos empezamos a aprender más respecto al Islam y me convertí seis meses después. Al cabo de ese tiempo nos casamos. La parte más difícil fue cambiar mis ideas respecto a Jesús. Me tomó bastante tiempo afirmar que Jesús no era el hijo d Dios sin que me pareciera una blasfemia. Pero finalmente comprendí que ambas religiones están muy cerca la una de la otra de alguna manera. María era una virgen y Jesús un gran profeta. La diferencia se halla en la divinidad de Jesús.

● Nunca supe nada sobre el Islam excepto que "Muhammad era un asesino y el Islam se expandió por medio de la espada". Yo estaba saliendo con quien actualmente es mi esposo (él no era musulmán practicante en aquella época). Cuando nos casamos y él decidió contarle a su familia, la decisión de su padre era que yo debía convertirme al Islam. Le dije que yo no podía cambiar mi religión por un hombre porque siempre había estado cerca a Dios pero nunca había tenido un camino específico sobre el cual andar. Luego empecé a hablar acerca de lo que yo realmente creía.

Le prometí a Dios que leería sobre el Islam y le pedí al mismo tiempo que me guiara. al cabo de varios meses empecé a hablar con el amigo de mi esposo quien había abrazado el Islam y era un musulmán muy humilde. Le hice muchas preguntas. Mantuve a mi esposo al margen de todo porque quería ser lo más objetiva posible respecto al tema.

Mi primer obstáculo fue quitarme de la mente aquellas imágenes horribles que veía en uno de mis libros de la escuela acerca de cómo luciríamos al quemarnos en el fuego del infierno. Me habían dicho siempre que si no creía que Jesús había muerto por mis pecados y era mi salvador personal, me iría al infierno para siempre. Pero Alá me mostró el camino. Leí muchos libros sobre el Islam, y todo lo que encontraba era justamente lo que sentía dentro de mí. Todas las respuestas estaban allí. Pude no haberlo entendido totalmente en ese momento, pero lo que hacía tenía sentido. Abracé el Islam y compartí mi primer mes de Ramadán con mi esposo quien había retomado su práctica hacía seis meses.

La idea de considerar a Jesús como Dios por los cristianos no tenía como ser cambiada para algunas de las mujeres encuestadas. Los musulmanes, sin embargo, son capaces de refutar tal creencia al afirmar que poner algo o alguien en el mismo nivel de Dios es un grave pecado. Este punto es probablemente el más divisorio entre católicos y musulmanes. Para los cristianos sería un gran pecado negar la existencia de Jesús dentro de la trinidad; para los musulmanes el pecado se halla en ubicar a Jesús (quien es considerado en el Islam como un profeta digno de todo respeto) en el mismo nivel de Dios.

● Le pedí a mi amigo que fuéramos a la iglesia. Me dijo que no asistía a la iglesia ya que era musulmán. “¿Qué es musulmán?", le pregunté, sin saber que mi vida iba a cambiar para siempre tan pronto como él empezara a contestarme. Primero lo escuché atentamente, pero cuando llegó al punto de negar que Jesús era el hijo de Dios, incluso negar su sacrificio por nosotros en la cruz, le pedí que me disculpara para retirarme y me fui dándome golpes de pecho por perder tanto tiempo y perderme la misa, por lo cual tendría que ir a confesarme. Poco tiempo después hablé de nuevo con mi amigo respecto a sus creencias.

Parecía que nuestras creencias se parecían más y más cada vez: cielo e infierno, los ángeles, nuestras obligaciones con el hermano, las sagradas escrituras. Sólo la "cuestión de Jesús" nos mantenía separados, en lugares opuestos. También noté otra complicación: a pesar de todo, me estaba enamorando de mi amigo. La cuestión no era el Islam, era el cristianismo. Yo era como un "Tomás Dudoso" en todos los aspectos y la culpa era aterradora. Empecé a buscar todo tipo de consejo para que se me quitara ese demonio de la duda. Entonces, tres eventos que sucedieron en una semana me llevaron a tomar la decisión de dejar el cristianismo definitivamente. Primero fui donde una monja en quien yo confiaba plenamente y me desahogué con ella. Me respondió con compasión, pero, al salir, me entregó un Corán. Yo me encontraba bastante confundida.

Después fui adonde mi profesor de religión, quien era un laico. A medida que hablábamos, me confundía más, hasta que finalmente le dije: "mira, sólo quiero que me digas sin duda y lleno de convicción que Jesús es el Hijo de Dios". Sin mirarme me respondió: "no puedo decirte eso". En ese momento estaba aún más enojada. ¿Qué le pasaba a esa gente que se rehusaba a darme las respuestas que yo buscaba? Finalmente, me volví hacia Dios. Por lo menos yo estaba segura que Él estaba allí para ayudarme.

Recé para que me abriera mi corazón y mi mente y me mostrara la respuesta que yo buscaba. Entonces usé un método que había usado muchas veces antes: rezar con mucha fe y luego abrir la Biblia al azar y en cualquier página encontrar mi respuesta. Abrí mi Biblia en el capítulo del juicio de Jesús frente a Poncio Pilatos. Pilatos trataba de forzar a Jesús a decir algo por lo cual pudiera ser liberado, y así librarse de su propia culpa por haberlo sentenciado a muerte para cumplir los deseos del pueblo. Pilatos le preguntó: "¿eres el hijo de Dios?" y Jesús le contestó como está registrado en los libros de Mateo, Marcos, Lucas y Juan: "eres tú quien lo ha dicho". De repente me sentí en paz.

● Cuando tenía dieciocho años asistí a una universidad cristiana durante dos años. Allí fue donde tuve mi primer contacto con los musulmanes. Habían muchos allí, y yo estaba fascinada al poder tener contacto con otro grupo de gente del cual no sabía nada(gente de la "Tierra Santa"). Tomé un curso que se llamaba Las religiones vivas del mundo y aprendí un poco sobre el Islam. Conocí a quien iba a ser mi esposo al cumplir mis diecinueve años de edad. Me casé con él después de cuatro meses de haberlo conocido.

● Nos mudamos muy lejos para asistir a otra universidad. Allí conocí a una musulmana que usaba el jiyab. Me dio libros y folletos con contenido islámico. Leí algunos de ellos y presencié debates entre musulmanes y cristianos respecto a la divinidad de Jesús y la autenticidad de la Biblia. Allí escuché por primera vez que los cristianos(incluyendo a los católicos) pensaban que Jesús era Dios y también oí que la Biblia había sido modificada por el hombre , y principalmente por palabras del hombre, no de Dios. Yo entré en pánico. Entonces supe que ya no era una de ellos.

Encontrando algo conocido en el Islam

La identidad cercana del Islam con los profetas, con el énfasis en Alá como el mismo Dios que los judíos y cristianos adoran, con la aceptación de Jesús como un gran profeta y maestro, con sus raíces orientadas hacia Abraham, todo esto hace un escenario familiar al cual el Profeta Muhammad vino a traer la Palabra Final, para encaminar a la gente por medio de la Palabra de Dios. Tal familiaridad pudo haber sido parte de la fácil transición de algunas de las protagonistas de este libro cuando les fue explicado el Islam.

● Después de conocer a mi esposo compartíamos nuestras creencias religiosas, las cuales eran muy parecidas. Comencé a explorar mi sentimiento religioso cuando mi esposo me indagó acerca de mi creencia en Jesús como el hijo de Dios, y me explicó acerca de la Profecía de Muhammad. Inicié mis estudios sobre el Islam con mucho interés. Seis meses después de casada comencé a hacer las oraciones [islámicas]. Después de otros seis meses, participé en el ayuno del mes de Ramadán. Encontré para ese entonces que el Islam había definido mi creencia. Ya no podía negar mi creencia en el Islam sólo por evitar herir los sentimientos de quienes me rodeaban.

● Cuando conocí a quien sería mi esposo me encontré con quien era musulmán. Yo estaba asustada y le formulé todo tipo de preguntas que causaban mi temor. También tomé un curso en la universidad que se llamaba el Islam y el cambio social, con el cual aprendí mucho más al respecto. A medida que aprendía más en el mundo, me asustaba más y hacía más preguntas. Este temor, sin embargo, era deferente al temor de lo desconocido: era el temor del auto descubrimiento. Me encontré con que siempre había compartido las creencias enseñadas a través del Islam pero nunca había tenido un nombre para ellas. Ese curso, el Corán y mi esposo me ayudaron a caer en la cuenta que había vivido una vida islámica por muchos años sin saberlo. (Sólo hasta que aprendí sobre los cinco pilares del Islam comencé a practicar la religión). Entonces cuando la gente me pregunta cuántos años llevo practicando el Islam no se como responderles, pero creo que hace once años que lo hago. Si me preguntan cuándo me convertí, les digo que fue en 1992. En efecto, mi esposo sabía de antemano que yo era musulmana pero me dejó descubrirlo por mi misma.

Y así empezó el camino hacia la fe para aquellas mujeres que afectarían a aquellos a su alrededor: las familias en las que fueron criadas, sus amigos, sus colegas en el trabajo y sus compañeros de estudio. Esencialmente, esto cambiaría la dirección y el sentido de sus propias vidas, no sólo en un sentido religioso sino en cada faceta de sus vidas.

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