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Convocatoria general del Profeta Muhammad (BP)

La invitación general

Tres años habían transcurrido del año de la revelación. Muhammad (BP) durante este tiempo se dedicó en forma clandestina a guiar y dirigir a los extraviados que eran dignos de ser encaminados, y cuando veía que alguien se desviaba del sendero recto, con bondad y afecto –que eran especialidades en él– y utilizando su atractiva lógica lo invitaba a adorar a un solo Dios, a la religión monoteísta.1

Ya que el Islam es una religión universal que debía ser comunicada a todos los entes del mundo, Muhammad (BP) hizo una proclama pública expresando sus propósitos y programas.

Discurso en la Colina de "Safâ"

El Mensajero del Islam para anunciar y propagar el Islam en todas las tribus árabes, así como para obedecer las órdenes de Dios, decidió hacer una invitación pública y general frente a la multitud y explicar la verdad de esta nueva religión. Una vez tomada la decisión, se encaminó hacia la Colina de Safâ, se detuvo en un lugar elevado y en voz alta clamó: "¡Ya Sabâhâh!" (Esta expresión se utiliza comúnmente entre los árabes para advertir a las multitudes de una noticia importante).

La voz de Muhammad (BP), al mismo tiempo que resonaba, atraía la atención de la gente de diferentes tribus. Entonces, volviéndose hacia la multitud exclamó:

"¡Oh, gente! Si os diese la noticia de que el enemigo quiere atacarlos por sorpresa, aprovechando vuestro descuido, posiblemente en la madrugada o tal vez al anochecer, ¿me creerías?"

Todos respondieron: "¡Sí! Ya que jamás te hemos escuchado mentir".

"¡Oh, hombres del Quraîsh! –exclamó– yo os advierto del castigo de Dios ¡Salvaos del fuego del Infierno!2 –y continuó diciendo– Mi situación es igual a la de un vigilante que ve venir al enemigo e informa a su tribu del peligro. ¿Es que alguien como éste puede mentirle a su gente?"3

Abû Lahab, por miedo a que las palabras de su sobrino Muhammad (BP) pudiesen abrirse camino en los corazones de la gente, rompió el silencio diciendo: "¡Pobre de ti! ¿Para decirnos esto nos has convocado?" Grosera e insolentemente cortó las palabras de Muhammad (BP) no permitiéndole continuar.

Como respuesta a los insultos, repudias, cooperar con el enemigo y los politeístas, Dios, Todopoderoso, ordenó que fuese revelada el siguiente sura:

"﴿ تَبَّتْ يَدا أَبِي لَهَبٍ وَ تَبَّ ﴾"

"¡Perezcan las manos de Abû Lahab! ¡Perezca él!"4-5

Reacción de la gente ante las palabras del Profeta

Las lógicas y cálidas palabras de Muhammad (BP) provocaron que algunos reaccionaran y en la mayoría de las reuniones se hablara de la nueva religión, de este grupo de gente que sus espaldas se habían corcovado por la extorsión e iniquidades de sus oponentes, la gente estaba agobiado por la situación desordenada e injusticias que reinaban en la Ciudad de La Meca y las palabras de Muhammad (BP) eran el inicio de una nueva esperanza para ellos. Los jefes del Quraîsh lo rechazaron y sabían que el Mensajero del Islam, en cualquier oportunidad que tuviese, expresaría la deficiencia de las creencias de éstos, por lo cual decidieron, de cualquier forma que fuese, terminar con esta revolución de ideas.

Ellos sabían perfectamente que si su mercado de ídolos, centro del politeísmo y adoración de dioses, fuese recogido y la gente se prosternara ante un solo Dios y abrazara la religión del Islam, entonces no habría lugar para comandar y beneficiarse.

Los jefes de los idólatras organizaron una asamblea para discutir la situación reinante y la forma de terminar con la revolución Islámica de Muhammad (BP). El resultado que obtuvieron de esta junta y del intercambio de ideas fue que todos se reunirían en casa de Abû Tâlib, jefe de los Quraîsh y tutor de Muhammad (BP) y le pedirían que, de cualquier forma que considerase conveniente, tratase de persuadir a su sobrino de continuar por el camino que había iniciado. Con este fin fueron a ver a Abû Tâlib y después de conversar, éste los tranquilizó.

Los jefes del Quraîsh se quejan frente a Abû Tâlib

Nuevamente los jefes del Quraîsh se presentaron ante Abû Tâlib. El vocero de la asamblea dijo: "Vos, entre nosotros y las tribus del Quraîsh, tenéis alto rango y jerarquía. Vos sois nuestro jefe, el grande, el noble. Os respetamos por vuestra gran nobleza y honor. Con anterioridad os solicitamos que detuvieseis a vuestro sobrino en sus funciones y actos. Una vez más solicitamos que detengáis a Muhammad (BP) que calumnia la religión de nuestros ancestros, critica a nuestros dioses y culpa a nuestras creencias. ¿Por qué no atiendes nuestras peticiones? ¡Juro por los dioses! ¡No podemos soportar más que hable mal de nuestros padres, humille nuestras ideas y enjuicie a nuestros ídolos! ¡Tenéis que frenarlo! Si rehusáis, nos las arreglaremos tanto con él como contigo que eres su tutor. Pelearemos contra vosotros hasta que quede un solo grupo, ¡o vosotros o nosotros!"

Abû Tâlib que quería que todo terminase pacíficamente, después de que se retiraron sus visitantes habló con su amado sobrino al respecto. Muhammad (BP) escuchó con atención las palabras de su tío, entonces poniéndose de pie exclamó:

"¡Juro por Dios, que aunque pusiesen el Sol en mi mano derecha y a la Luna en mi mano izquierda no cesaré de proclamar el mensaje de Dios, hasta triunfar o morir en el intento!" Y se retiró en un estado conmovido.

Abû Tâlib, para que Muhammad (BP) lo escuchase, exclamó en voz alta: "¡Juro por Dios que jamás dejaré de apoyarte y no permitiré que alarguen sus manos para tocarte!"6

Por tercera vez los del Quraîsh se presentaron ante Abû Tâlib, esta vez acompañados de ‘Ammârah Ibn Walîd, y le propusieron: "Este joven es fuerte y bello, estamos dispuestos a entregártelo en adopción si dejas de apoyar a tu sobrino".

Abû Tâlib contestó irritado: "¡Que mala transacción me proponéis! ¿Pretendéis entregarme a un hijo vuestro para que lo alimente y eduque y a cambio de ello les entregue al mío para que lo asesinéis? ¡Por Dios, que nunca haría tal cosa!"7

Seducción del Quraîsh

Los jefes del Quraîsh supusieron que podían con riquezas y promesas hacer desistir a Muhammad (BP) de su propósito, por ello acudieron directamente a éste y le ofrecieron: "Si buscas oro y plata, te haremos el hombre más poderoso entre los árabes, si perseguís la nobleza y supremacía, estamos dispuestos a hacerte nuestro jefe absoluto, y si aspiras a la monarquía te haremos nuestro rey. En caso de que te acometa otro de estos estados que le llamas revelación y no puedas alejarlo de ti, te traeremos a los mejores médicos para que te curen. Todo esto con la condición de que dejes de difundir tu objetivo y no separes más a la gente, dejes de culpar a nuestros dioses, a las ideas y creencias de nuestros antepasados".

El Profeta Muhammad (BP) respondió: "Yo no ando en busca de vuestros bienes, ni quiero ser vuestro jefe ni vuestro rey. Dios me ha elegido como Su mensajero e hizo descender Su Libro para mí. Me comisionó para que, os atemorice de Su parte y os dé las nuevas buenas. Yo he cumplido con lo que me fue encargado. Si me obedecéis encontraréis la felicidad y si lo rechazáis, esperaré y pelearé tanto hasta que Dios sea dictaminador entre nosotros dos".8

Finalmente los jefes del Quraîsh decidieron proponer a Muhammad (BP) que si dejaba en paz a sus dioses ellos por su parte no tendrían nada que ver con él. Para esto se presentaron una vez más ante Abû Tâlib y le pidieron que pusiese a su sobrino al tanto de lo que decidieron, a lo cual Muhammad (BP) respondió:

"¿Es que yo no debo invitarlos a que pronuncien una palabra que les traerá felicidad y supremacía?"

Abû Ÿahl dijo: "Una palabra que no es nada. Estamos dispuestos a pronunciar diez palabras". Entonces preguntaron: "¿Cuál es esa palabra?"

A lo cuál Muhammad (BP) contestó:

"La ilaha illal-lah no hay divinidad más que Dios".

Las palabras de Muhammad (BP) enfurecieron aun más a los del Quraîsh, entonces Abû Ÿahl exclamó furioso: "¡Diré cualquier cosa que no sea eso!"

El Profeta decisivamente expuso:

"Aunque pongan el Sol en mi mano derecha, lo único que quiero de vosotros es el testimonio".9

Los jefes del Quraîsh entendieron que ninguna proposición tentadora ni amenaza podría cambiar el camino que había iniciado Muhammad (BP) por ello decidieron frenarlo rigurosa y ásperamente.

Los problemas del camino y las torturas de Quraish

Los inconvenientes del camino

Desde el día en que el Mensajero del Islam hizo la convocatoria general, los jefes del Quraîsh trataron, por diferentes caminos de desviarlo de su propósito.

Inicialmente le hicieron tentadoras proposiciones, le ofrecieron altos puestos, dinero, riquezas y otros. Después de un tiempo comprendiendo que no conseguirían nada con esa política, fue cuando lo amenazaron y finalmente lo molestaron y torturaron.

Así fue como se inició una nueva etapa en la vida de Muhammad (BP). El respeto y las formalidades humanas éticas y morales se habían olvidado, tomando su lugar los celos y enemistad para, cobardemente, detener el progreso del Islam, manteniendo así fuera de peligro a los intereses de los del Quraîsh y a los grandes de la tribu.

No podemos negar que la falta de madurez mental en la gente de esa época fue una de las causas de su oposición al sendero recto y a la invitación de Muhammad (BP). El odio de la tribu del Quraîsh se incrementaba más y más cuando escuchaba que el nuevo Profeta no concedía valor ni importancia a sus ídolos de piedra y madera, y cuando éste decía: "¿Qué esperáis de estas piedras sin alma?"

En verdad los enfurecían las acusaciones echas a sus ídolos heredados por sus antepasados, que eran motivo de orgullo para ellos. Por otra parte, las recientes enseñanzas del nuevo Profeta no eran compatibles con los beneficios e intereses de su clase social. Los jefes y principales del Quraîsh querían seguir oprimiendo a las clases bajas y a los innumerables esclavos. Los plutócratas usureros pretendían continuar su política, subyugando los derechos a los indigentes. Los tiranos y ladrones querían tomar a través de la fuerza de la espada los bienes y reputación de los desvalidos. Pero quisieran o no esta nueva religión se oponía a ese sistema social injusto, y se enfrentaba a aquellos cuyos intereses se encontraban en peligro.

Los principales, que componían el grupo opositor de la nueva religión, eran personas conocidas como Abû Ÿahl, Abû Sufîân, Abû Lahab, Aswad Ibn ‘Abd Iagûz,’Âs Ibn Ûa’il, ‘Utbah, Shaîbah, Walîd Ibn Mugirah y ‘Uqabah Ibn Abî Mu’it.

Las interminables molestias del Quraîsh

Muhammad (BP) y sus seguidores sufrieron cobardes calumnias, presiones económicas, ásperas e indecentes humillaciones y torturas por parte de los jefes del Quraîsh, tales como las que nos permitimos mencionamos a continuación:

1. Un día un grupo del Quraîsh, entregó a sus adictos la placenta de un borrego, sucia y en estado de descomposición, para que la arrojaran sobre el Profeta Muhammad (BP), los cuales ejecutaron la orden de su jefe.10 Este acto indecente entristeció profundamente al Profeta.

2. "Târiq Muhârbî" relata: En una ocasión encontramos al Mensajero del Islam que entre la muchedumbre gritaba:

"¡Oh, gente! decid: No hay divinidad más que Dios para que seáis de los bienaventurados", invitándolos al Islam y a la adoración de un solo Dios verdadero. Abû Lahab lo seguía paso a paso apedreándolo, hasta que sangraron los pies del Profeta Muhammad (BP), pero a pesar de todo él continuaba invitando a la gente encendiendo aún más la ira de Abû Lahab, quien gritaba: "¡Gente, este hombre es un mentiroso, no escuchéis sus palabras!"11

El Mensajero del Islam, sus compañeros y seguidores que acababan de convertirse al Islam, fueron castigados con los más crueles e inhumanos tormentos.

3. Cierto día en que los enemigos torturaban a ‘Ammâr Yâsir y a su familia, Muhammad (BP) les dijo:

"¡Oh, familia de Yâsir! Estad contentos que vuestro lugar está en el Paraíso".12

Ibn Azîr escribió: "Ammâr y sus padres se encontraban bajo presión y fuertes torturas por parte de los incrédulos. Estos habían sido expulsados de su casa y expuestos durante horas a los fuertes y ardientes rayos del sol del desierto. Los atormentaban de este modo para que renunciaran a su nueva religión".

Sumaîîah, la madre de ‘Ammâr fue la primera mártir por la causa del Islam al ser atravesada por la lanza de Abû Ÿahl. Yâser, el padre de ‘Ammâr fue martirizado bajo las torturas de los idólatras. El mismo ‘Ammâr también fue atormentado pero consiguió salvar su vida al hacer "taqîah" (disimular).13

4. Bilâl Ibn Rabah (f. 20 H.L./641 d.C.) –originario de la actual Etiopía– era uno de los seguidores cercanos del Profeta. En el tiempo que sirvió como esclavo, su dueño lo obligaba a tumbarse sobre las ardientes piedras del desierto en las horas cuando más brillaba el sol y se dejaba sentir el ardor de sus rayos. Le colocaba entonces una gran piedra sobre el pecho con objeto de que abandonara a Muhammad (BP) y nuevamente retornara a la idolatría. Bilâl soportaba pacientemente todos esos sufrimientos y en respuesta pronunciaba una sola palabra: "¡Ahad!", "¡Ahad!" o sea, Dios es Único y jamás regresaré a la religión politeísta o seré un idólatra.14

Desafortunadamente este libro es tan breve que nos es imposible registrar todas y cada una de las tristes historias tanto de los primeros creyentes como del Mensajero del Islam y debamos limitarnos a tocar este tema en forma superflua.

Los enemigos del Islam se valieron de todo tipo de armas para destruir a la nueva religión y a sus seguidores. A continuación en forma resumida mencionaremos algunas de estas:

1.- Guerra económica: Una de las más sucias armas utilizadas por los del Quraîsh fue la presión y bloqueo de cualquier transacción económica con los musulmanes.

2.- Guerra psicológica: Excluyeron de todo enlace matrimonial a los musulmanes y rompieron cualquier tipo de relación con ellos. Así también el Profeta del Islam fue acusado de mentiroso, hechicero, etc., con todo esto pretendían quebrantar la perseverancia de los primeros musulmanes.

3.- Molestias y torturas físicas: Fueron otras de las armas que utilizaron los de la tribu del Quraîsh contra el nuevo movimiento, su líder y seguidores. Esta arma tan cobarde causó la muerte de varios de los primeros creyentes musulmanes.

A pesar de todos los medios inhumanos utilizados por los infieles del Quraîsh en contra del Islam, del Profeta y de los musulmanes, esta nueva religión siguió avanzando. El Profeta Muhammad (BP) continuaba invitando a la gente al camino recto y los musulmanes seguían su camino.

Para conservar sus convicciones y fe, hubieron de soportar innumerables problemas, persecuciones, torturas, momentos difíciles, inconvenientes y emigraciones.

Otro tema que debemos analizar en los musulmanes pioneros del Islam es que contrario de lo que los enemigos del Islam han divulgado, el Islam no avanzó a fuerza de la espada, sino que durante trece años estuvo, él mismo, bajo la presión de las lanzas de los enemigos, soportando torturas y tormentos, pero, aún así, progresó.

  • 1. Sîrah Ibn Hishâm, t.I, p. 262; Târîj Îa‘qubî, t.II, p.19, ed. en Nayaf el año 1384 .H.L.
  • 2. Târîj Tabarî, t.III, p.1170.
  • 3. Sîrah Halabîîah, t.I, p.311, ed.en 1382 H.L.
  • 4. Târîj Tabarî, t.III, p. 1170; Manâqib, t.I, pp. 43-44.
  • 5. Sura Al-Masad, 111:1.
  • 6. Sîrah Ibn Hishâm, t.I, pp. 265-266, ed.en Egipto, 1375 H.L.
  • 7. Ídem., pp. 266-267.
  • 8. Sîrah Ibn Hishâm, t.I, pp. 295-296.
  • 9. Târîj Tabarî, t.III, p. 1176.
  • 10. I‘lâm Al Warâ, nueva ed. p. 57.
  • 11. Manâqib, t.I, p. 51.
  • 12. I‘lâm Al Warâ, nueva ed., p. 58.
  • 13. Kâmil Ibn Azîr, t.II, pp. 66-67, ed. en Beirut.
  • 14. Ídem., t.II, pp. 66-67.

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