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Una breve ojeada a mi vida

Todavía recuerdo cuando mi padre me llevó consigo por primera vez a la mezquita local donde las oraciones At-Tarawih eran realizadas durante el mes de Ramadán. Yo tenía entonces diez años de edad. Él me presentó a los orantes quienes no pudieron disimular su asombro.

Supe previamente que el muaddib (maestro de Corán), había hecho arreglos para que yo dirigiera las oraciones Al-Ishfa‘1 en comunidad, por dos o tres noches. Era habitual para mí rezar detrás de la concurrencia junto con algunos niños del barrio, y esperar que el Imam llegara a la segunda parte del Corán, es decir: la Surah Mariam. Mi padre cuidó de que aprendiéramos el Corán en la escuela coránica, como también en casa a través de lecciones privadas impartidas a nosotros por el Imam de la mezquita, quien era un pariente ciego nuestro, que podía recitar todo el Corán de memoria.

Debido a que aprendí a recitar la mitad del Corán de memoria a una edad temprana y que el muaddib me había enseñado todas las reglas para la correcta recitación coránica, y me había examinado reiteradamente para cerciorarse de que había entendido sus instrucciones, él quiso mostrar a los demás su buena influencia sobre mí.

Tras superar el examen y realizar las oraciones y recitación comunitarias de la mejor manera, tal como lo esperaban mi padre y el muaddib, todos los hombres vinieron hacia mí, me saludaron asombrados, agradecieron al maestro que me enseñó y felicitaron a mi padre. Luego todos alabaron a Allah por la gracia del Islam y por las “bendiciones del Shaij”.

El recuerdo de los días que siguieron permanecen conmigo aún hoy... Alcancé gran prestigio y mi reputación trascendió nuestro barrio hacia toda la ciudad. Aquellas noches de Ramadán han dejado sus huellas religiosas sobre mí hasta este día, y cada vez que atravieso por un episodio de confusión, siento que hay un extraño poder que me atrae y me retorna al camino. Cada vez que sentí la debilidad del alma y el vacío de la vida, estos recuerdos vinieron a mí para elevarme espiritualmente y encender en mi conciencia la llama de la fe, a fin de poder soportar las responsabilidades.

La responsabilidad que me fue dada por mi padre, o más específicamente por mi muaddib, para conducir al grupo en las oraciones a una edad temprana, me hizo sentir como si yo no estuviera haciendo lo suficiente, o al menos no estuviera al nivel que se esperaba de mí.

Debido a eso, pasé mi infancia y mi adolescencia en relativa rectitud, pero no sin algún juego inocente y un anhelo por conocer e imitar. A lo largo de todo ese período, estuve rodeado por la protección divina que me hacía distinguible entre mis hermanos por mi calma y serenidad, y por estar en el sendero recto, lejos de todos los actos inmorales.

No debo olvidar mencionar que mi madre -que Allah bendiga su alma- ejercía una gran influencia sobre mí. Ella es la que abrió mis ojos, y me enseñó los capítulos (surah) cortos del Sagrado Corán, las oraciones y las normas de la pureza ritual. Me tuvo a su especial cuidado debido a que yo era su primer hijo, mientras que veía junto a ella a la primera esposa de mi padre desde hacía muchos años, que tenía hijos que se le acercaban en edad. Quizás ella encontró regocijo en educarme, pues rivalizaba con la primera esposa y los hijos de mi padre.

El nombre Tiyani, que me fue dado por mi madre, tiene un significado especial en la familia As-Samawi que había adoptado la Tariqah (orden) sufi de Tiyani desde que fue visitada por un hijo del Shaij Ahmad At-Tiyani que había venido de Argelia. Mucha gente de Qafsa -la ciudad natal de mi familia- adoptó la orden sufi de Tiyani, especialmente las familias adineradas y educadas que ayudaban a difundir la orden.

A causa de mi nombre, llegué a ser querido en la casa Samawi -en donde habitaban más de veinte familias-, como así también fuera de ella, especialmente entre aquellos que estaban relacionados con la orden de Tiyani. Es por eso que muchos de los ancianos orantes que estaban presentes en las noches de Ramadán antes mencionadas, venían a felicitar a mi padre y besaban mi cabeza y mi mano diciendo: “Esto es parte de las bendiciones de nuestro maestro, el Shaij Ahmad At-Tiyani”.

Vale la pena mencionar que la orden sufi de Tiyani está muy difundida en Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Sudán y Egipto, y aquellos que creen en ella, de una u otra manera, son fanáticos a su respecto. Ellos no visitan la tumba de otros sabios porque, de acuerdo a su creencia, adquirieron su conocimiento entre sí, mientras que el Shaij Ahmad At-Tiyani obtuvo su conocimiento directamente del Mensajero de Allah, Muhammad (BP), a pesar del hecho de que vivió trece siglos después que el Profeta (BP).

Narran que el Shaij Ahmad At-Tiyani solía comunicarse con el gran Profeta (BP) hablándole mientras estaba despierto y no durante su sueño. Asimismo dicen que las oraciones completas que fueron inventadas por el Shaij son mejores que terminar el Sagrado Corán cuarenta veces.

A fin de ser breve, dejaré de hablar sobre la Tariqah sufi de Tiyani en esta etapa del libro, y si Dios quiere, me referiré a ella luego.

De ese modo, crecí con esta creencia, como cualquier otro muchacho en nuestro pueblo. Todos éramos musulmanes -Alabado sea Allah- que pertenecíamos a la escuela Sunni y que seguíamos las enseñanzas del Imam Malik ibn Anas, Imam de Darul Hiyrah. Sin embargo, en África del Norte, estamos divididos en nuestras órdenes sufis. Por ejemplo, sólo en Qafsa, están: At-Tiyaniiah, Al-Qadiriiah, Ar-Rahmaniiah, As-Salamiiah y Al-Isawiiah.

Por cada una de las órdenes antedichas, hay seguidores y partidarios que pueden narrar la orden y recitar sus poemas y dhikr (invocación a Dios) en todas las ceremonias especiales tales como bodas, circuncisiones y promesas. A excepción de algunos aspectos negativos, estas Tariqas Sufis jugaron un importante papel en preservar los ritos religiosos, y en mantener el respeto por los próximos a Allah y por los benevolentes.

  • 1. Oraciones Al-Ishfa‘: también llamadas At-Tarawih, debido al descanso que se toma entre cada Rak‘at. Llamada Al-Ishfa‘ porque obrará como mediadora en el Día del Juicio para quien la realice, como relatan los Sunnis.

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