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Un encuentro con Saied Muhammad Baqir Sadr

Nos dirigimos con Abu Shubbar a la casa de Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, y en el camino me trató de manera agradable y me habló sobre los famosos ‘Ulama, sobre Taqlid (imitación a un Muytahid, es decir, a un sabio) y sobre otros temas... hasta que llegamos a la casa del Saiid As-Sadr. Ésta estaba repleta de jóvenes alumnos, la mayoría con turbantes.

El Saiid se puso de pie y nos saludó; luego le fui presentado. Me dio una calurosa bienvenida y me hizo sentar a su lado. Después comenzó a preguntarme sobre Túnez y Argelia y sobre famosos ‘Ulama como Al-Jidr Husain, At-Tahir ibn ‘Ashur y otros.

Disfruté de su plática, y a pesar de su alta posición y del gran respeto que recibía de los que lo rodeaban, me encontré a mí mismo desinhibido con él, como si lo hubiera conocido desde antes.

Me resultó muy provechoso aquel encuentro porque escuchábamos preguntas hechas por los alumnos y las respuestas del Saiid. A través de ellas supe de la importancia de adoptar las decisiones de los ‘Ulama que están vivos, quienes pueden responder a toda clase de preguntas directa y claramente. También me convencí de que los Shi‘as son musulmanes que adoran a Allah solamente y que creen en el mensaje de nuestro Profeta Muhammad (BP).

Al principio tenía algunas dudas, pues Satán me susurraba que lo que yo veía era sólo simulación, que quizás era lo que ellos llaman Taqiiah, es decir, que demostraban algo diferente a lo que creían; pero estas dudas desaparecieron rápidamente y los susurros cesaron, pues era imposible que el centenar de personas que yo había visto u oído se pusieran de acuerdo para ello.

Por otra parte, ¿por qué debía haber simulación? ¿Quién era yo, y por qué les podría interesar hasta el punto de utilizar Taqiiah conmigo? Y sobre todo, sus libros antiguos, que habían sido escritos siglos atrás, o las publicaciones nuevas de tan sólo hacía unos meses atrás, todos en su presentación profesan la Unidad de Allah y engrandecen a Su Mensajero Muhammad (BP).

Ahí estaba yo, en la casa de Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, la famosa autoridad religiosa dentro y fuera de Irak; y cada vez que el nombre del Profeta Muhammad (BP) era mencionado, la audiencia entera exclamaba en una sola voz: “Dios mío, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad”.

Cuando llegó el momento de la oración, dejamos la casa y fuimos a la mezquita que estaba junto a ella, y el Saiid Muhammad As-Sadr dirigió las oraciones del mediodía y de la tarde. Llegué a sentir como si estuviera viviendo entre los distinguidos Compañeros (del Profeta), pues había mediado entre las dos oraciones una súplica melodiosa proferida por uno de los orantes que tenía una voz emotiva y encantadora. Cuando terminó la súplica, la audiencia entera exclamó: “Dios mío, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad”.

Después de la oración, el Saiid se sentó en el mihrab y la gente vino a saludarlo; algunos le hacían preguntas, ya sea en forma privada o pública, y él contestaba algunas de ellas en secreto, si es que le requerían discreción. Entendí que era así porque implicaban asuntos privados. Cuando la persona obtenía una respuesta a su pregunta, besaba la mano del Saiid y se marchaba. Qué gente afortunada al tener a este notable sabio que resuelve sus problemas y vive sus preocupaciones.

El Saiid me tuvo bajo su cuidado, se preocupó por mí y me brindó la mejor hospitalidad, a tal punto que me hizo olvidar de mi familia y amigos y sentí que si hubiera permanecido con él solamente un mes, me hubiera vuelto un Shi‘a debido a sus costumbres, modestia y generosidad. Cada vez que yo lo miraba, sonreía o comenzaba a hablarme y me preguntaba si necesitaba algo; y no abandoné su compañía durante cuatro días sino para dormir.

Él tenía muchas visitas entre las que había sabios enviados a él desde todas partes. Había sauditas (nunca hubiera imaginado que en el Hiyaz hubiera Shi‘as), y asimismo sabios de Bahrein, Katar, de los Emiratos Arabes Unidos, Líbano, Siria, Irán, Afganistán, Turquía y África Negra; y el Saiid hablaba con cada uno de ellos y resolvía sus problemas. Nadie se retiraba sin sentirse alegre y confortado.

Aquí me gustaría mencionar un caso que le fue expuesto al Saiid cuando me encontraba con él y por el cual quedé muy impresionado por la manera en que lo resolvió. Lo menciono debido a su importancia, a fin de que los musulmanes sepan lo que ellos han perdido al abandonar las normas de Allah.

Cuatro hombres, que probablemente eran iraquíes, a juzgar por sus acentos, fueron a ver al Saiid Muhammad Baqir As-Sadr. Uno de ellos había heredado una casa de su abuelo, quien había muerto años atrás, y había vendido esa casa a una segunda persona (la cual estaba presente).
Un año después de la consumación de la venta, dos hermanos fueron y probaron que ellos también eran herederos legales del hombre muerto.

Los cuatro se sentaron ante el Saiid y cada uno de ellos exhibió los papeles y documentos que tenía. Después de que el Saiid leyó los papeles y habló unos cuantos minutos con los hombres, juzgó con justicia.

Dio al comprador el completo derecho a su casa, y le pidió al vendedor que pagara a los dos hermanos su parte del precio de la venta, y después de eso se pusieron de pie y besaron la mano del Saiid y se abrazaron mutuamente.

Yo estaba asombrado y no podía creer lo que había sucedido. Le pregunté a Abu Shubbar: “¿El caso ha terminado?”. Él dijo: “Sí, cada uno recibió su derecho”. “¡Alabado sea Allah! ¡Con qué facilidad y en tan corto tiempo! ¿Con tan sólo unos minutos el problema fue resuelto? Un caso similar en nuestro país habría llevado por lo menos diez años para resolverlo y alguno de los demandantes habría muerto y sus hijos continuarían el caso abonando los costos legales que excederían el precio de la casa misma.

El caso se trasladaría desde el Juzgado de Primera Instancia hacia la Corte de Apelación; luego a la revisión del caso, y al final ninguno quedaría satisfecho, después de haber agotado sus esfuerzos y dinero en los costes judiciales y sobornos, sin contar la enemistad que queda entre las personas y familias”.

Abu Shubbar comentó: “Nosotros también tenemos todo eso, si no peor”. Yo pregunté: “¿Cómo?”. Él dijo: “Si las gentes llevan sus problemas a las cortes del estado, entonces les sucede lo mismo que tú has mencionado, pero si siguen a la autoridad religiosa y se aferran a las leyes islámicas, entonces llevan sus casos a dicha autoridad y el problema se resuelve en pocos minutos, como tú viste; y para la gente que razona, ¿quién mejor que Allah para juzgar? El Saiid As-Sadr no cobra ni un centavo, pero si fueran a las cortes del estado, entonces ¡se arrancarían la cabeza!”.

Me causó gracia esa expresión que también es muy corriente entre nosotros, y dije: “¡Alabado sea Allah! Todavía no puedo creer lo que he visto, y si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no lo hubiera creído de ninguna manera”.

Abu Shubbar dijo: “Pues tienes que creerlo hermano. Este es un simple caso en comparación con otros más complicados en los cuales hay derramamiento de sangre, y aún así, las autoridades religiosas los resuelven en unos momentos”. Dije con asombro: “Entonces ustedes tienen dos gobiernos en Irak, un gobierno del estado y un gobierno de los religiosos”.

Él contestó: “No es así. Nosotros tenemos un gobierno de estado solamente, pero los musulmanes de la madhhab Shi‘a que siguen a las autoridades religiosas, no se subordinan al gobierno porque no es un gobierno islámico, sino un gobierno del partido Ba‘z. Ellos obedecen a ese gobierno simplemente en lo que se refiere a las normas gubernamentales, los impuestos, las leyes y los estatutos civiles; por lo tanto, si un musulmán que se aferra a la ley islámica tiene una disputa con un musulmán no aferrado a ella, entonces el caso debe ser llevado a las cortes del estado porque el segundo no acepta el juicio de las autoridades religiosas.

En cambio, si dos musulmanes que disputan, se aferran a la ley islámica, entonces no hay problema; todo lo que las autoridades religiosas deciden, es aceptable para ambas partes. De este modo, todos los casos atendidos por las autoridades religiosas son resueltos en el día, mientras que las otras autoridades los prolongan por meses y años”.

Fue un incidente que me hizo sentir contento con las normas de Allah, Alabado y Glorificado sea, y que me ayudó a comprender las palabras de Allah, en su Libro Glorioso:

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los incrédulos» (Sagrado Corán 5:44)

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los opresores» (Sagrado Corán 5:45)

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los corruptos» (Sagrado Corán 5:47)

El incidente también me infundió sentimientos de resentimiento y sublevación contra aquellos que cambian las justas reglas divinas por aquellas humanas y subjetivas. Aun así, eso no les basta y critican con todo descaro y sarcasmo las reglas divinas y las acusan de ser bárbaras y salvajes, porque aplican las sanciones establecidas por el Corán de cortar la mano de los ladrones, apedrear a los adúlteros y matar a los asesinos. Por lo tanto, ¿de dónde vinieron todas esas teorías extrañas para nosotros y para nuestra cultura? No hay duda de que vinieron de Occidente y de los enemigos del Islam que saben que la aplicación de las reglas de Allah significa su inevitable destrucción, ya que son ladrones, traidores, adúlteros, criminales y asesinos. Si aplicáramos las reglas de Allah nos libraríamos de todos ellos.

Conversé bastante con el Saiid As-Sadr durante aquellos días, y le pregunté sobre cada cosa que yo había aprendido por medio de amigos que me hablaban sobre sus creencias, sobre lo que ellos pensaban, sobre los Compañeros del Profeta (BP) y sobre Ali y sus hijos... además de muchos otros temas sobre los que no concordamos con ellos.

Le pregunté al Saiid As-Sadr sobre Imam Ali, por qué ellos ¡testimonian por él en el Adhan (el llamado a la oración), diciendo que él es Waliiullah (el Amigo de Allah)! Me respondió de la siguiente manera:

“El Comandante de los Creyentes, Ali -que las bendiciones de Allah sean sobre él- fue uno de los siervos que eligió y honró Allah, dándoles la responsabilidad del Mensaje después de Su Profeta. Estos siervos son los sucesores del Profeta (BP), pues cada profeta tiene un sucesor y Ali Abi Talib es el sucesor de Muhammad (BP). Nosotros lo anteponemos sobre todos los Compañeros del Profeta (BP) porque Allah y el Profeta lo prefirieron.

Tenemos acerca de ello pruebas lógicas transmitidas a través del Corán y de la Sunnah (la Tradición del Profeta), y estas pruebas son mutawatir (o sea con numerosas cadenas de transmisión, no relacionadas entre sí) y correctas, tanto para nosotros como para los Sunnis. Nuestros sabios han recopilado esto en muchos libros.

El régimen Omeya trabajó muy duro para borrar esta verdad y luchar contra el Imam Ali y sus hijos, a los cuales asesinaron. Además ordenaron maldecirlos e insultarlos en los púlpitos de los musulmanes y la gente hizo aquello coaccionada. Es por eso que sus seguidores -que Allah esté complacido con ellos- comenzaron a testimoniar que él es el Amigo de Allah y ningún musulmán puede insultar al Amigo de Allah.

Eso fue un desafío de su parte contra las autoridades opresoras, para que la grandeza sea para Allah, para Su Mensajero y para todos los creyentes; y para que sea un incentivo a lo largo de la historia para la totalidad de los musulmanes a través de las generaciones, a fin de que conozcan la verdad de Ali y la falsedad de sus enemigos.

De este modo, nuestros ‘Ulama se esforzaron en testimoniar que “Ali es el Wali de Allah” en sus llamados a la oración, lo cual realizan como algo recomendable. Al pronunciar la frase hay que tener la intención de estar diciendo algo preferible y no obligatorio, pues si el que hace el Adhan o la Iqamah (segunda llamada a la oración) tiene la intención de que la frase forme parte de alguno de los dos, éstos se vuelven nulos.

Hay muchas cosas recomendables en los actos devocionales, así como también en las relaciones mundanales ordinarias y en las transacciones; los musulmanes serán recompensados por realizarlas, pero no serán castigados por dejarlas de lado.

Por ejemplo es recomendable para los musulmanes decir después de la Shahadah (testimonio en el rezo de que no hay divinidad sino Allah, y que Muhammad (BP) es Su Mensajero): “Y testifico que el Paraíso es verdad, que el Infierno es verdad, y que Allah resucitará a quienes estén en las tumbas”.

Yo dije: “Nuestros sabios nos enseñaron que la prioridad de la sucesión era para nuestro maestro Abu Bakr As-Siddiq, luego para nuestro maestro ‘Umar Al-Faruq, luego para nuestro maestro ‘Uzman, y luego para nuestro maestro Ali -que Allah los bendiga a todos-”. El Saiid permaneció en silencio por un momento y luego me respondió:

“Pueden decir lo que quieran, pero les es imposible corroborar eso sobre pruebas unánimemente aceptadas en la Shari‘ah, e inclusive, eso contradice lo que transmiten de sus propios libros de cabecera. Dice en ellos: “La mejor de las personas es Abu Bakr y luego ‘Uzman”, y no hay mención de Ali porque lo consideran una persona cualquiera y solamente comenzaron a mencionarlo tardíamente, al citar a los Califas Correctamente Guiados”.

Después le pregunté sobre la pieza de tierra sobre la que posan sus frentes durante las oraciones y que ellos llaman At-Turbah Al-Husainiiah. Él respondió:

“Antes todo debemos hacer notar que nosotros nos prosternamos sobre la tierra, pero no para la tierra, como suponen algunas personas que calumnian a los Shi‘as, pues la prosternación es sólo para Allah, Alabado y Glorificado sea. Está bien establecido entre nuestra gente, así como también entre los Sunnis, que la mejor prosternación es sobre tierra o sobre lo que ella produce sin ser comestible, y que es incorrecto prosternarse sobre algo fuera de esto.

El Mensajero de Allah (BP) solía descansar sobre la tierra y tenía una masa de tierra y paja sobre la cual se prosternaba. Además, enseñó a sus Compañeros -que Allah esté complacido con ellos- que se prosternaban sobre la tierra o las piedras y les prohibió que lo hicieran sobre el borde de sus ropas. Nosotros consideramos que estos conocimientos son necesarios.

El Imam Zain-ul ‘Abidin Ali, hijo de Al-Husain (la paz sea con ambos), tomó una Turbah (una pieza de tierra reseca) de la tumba de su padre Abu ‘Abdullah por ser ésta una Turbah pura e inmaculada, pues la sangre del Señor de los Mártires fue derramada en ella. De este modo, sus seguidores continuaron con aquella práctica hasta el día de hoy.

Nosotros no decimos que la prosternación no está permitida si no es sobre la Turbah, sino que decimos que la prosternación es correcta si se la realiza sobre cualquier Turbah o tierra limpia, como así también es correcta si se la realiza sobre una esterilla o alfombra de plegaria que esté hecha de hojas de palmera o de un material similar”.

Pregunté en relación a nuestro maestro Al-Husain -que Allah está complacido con él-: “¿Por qué los Shi‘as lloran, se golpean y se abofetean a sí mismos hasta que les brota sangre, a pesar de que esto está prohibido en el Islam, ya que el Profeta (BP) dijo: “El que abofetea sus mejillas, desgarra sus ropas e invoca con el llamado de la Yahiliiah (la época de ignorancia anterior al Islam), no es uno de nosotros”?”.

El Saiid contestó: “La narración es correcta y no hay duda sobre ella, pero no es aplicable a las ceremonias de duelo por Abu ‘Abdullah, ya que el que clama por la sangre de Al-Husain y sigue su senda, su llamado no es de Yahilliah. Además, los Shi‘as son sólo seres humanos; entre ellos hay sabios y hay iletrados, y ellos tienen sentimientos y emociones. Si se desbordan a causa de sus emociones durante el aniversario del martirio de Abu ‘Abdullah, y recuerdan lo que le sucedió junto a su familia y a sus compañeros, quienes fueron asesinados, calumniados y encarcelados, entonces serán recompensados por sus buenas intenciones, porque están en el sendero de Allah. Allah, Alabado y Glorificado sea, agracia a Sus siervos de acuerdo a sus intenciones.

La semana pasada leí las informaciones oficiales del gobierno egipcio sobre los incidentes de suicidio que siguieron a la muerte de Yamal ‘Abdul Nassir. Esos informes oficiales dicen haber registrado ocho formas de suicidio entre los cometidos por la gente al escuchar la noticia; algunos saltaron de los edificios, otros se arrojaron bajo los trenes, etc. Además, hubo muchos heridos y lesionados.

Estos son solamente ejemplos en los que las emociones han desbordado a las personas más racionales. A pesar de que esas personas, que eran musulmanas, se suicidaron debido a la muerte de Yamal ‘Abdul Nassir -que murió por causas naturales-, nosotros no tenemos derecho, sólo por noticias como éstas, a juzgar a todos los Sunnis y a acusarlos de estar equivocados.

Por otra parte, no es correcto para los Sunnis acusar a sus hermanos Shi‘as de estar equivocados sólo porque lloran por el Señor de los Mártires. Estas personas han vivido y todavía están viviendo hasta este día, la tragedia de Al-Husain. Incluso el Mensajero de Allah (BP) lloró por lo que le sucedería a su hijo Al-Husain, como así también Gabriel al ver llorar al Profeta”.

Pregunté: “¿Por qué los Shi‘as decoran las tumbas de sus santos con oro y plata, a pesar del hecho de que eso está prohibido en el Islam?”. El Saiid As-Sadr respondió:

“Esto no es exclusivo sólo de los Shi‘as, ni está prohibido. Verás las mezquitas de nuestros hermanos Sunnis ya sea en Irak, Egipto, Turquía o en cualquier otro lugar del mundo islámico, decoradas con oro y plata. Asimismo la Mezquita del Mensajero de Allah (BP) en Madinatul Munawarah y la Ka‘bah, la Casa de Allah, en la distinguida Meca, que es cubierta cada año con un nuevo manto decorado con oro que cuesta millones. Por lo tanto, tal cosa no es exclusiva de los Shi‘as”.

Pregunté: “Los ‘Ulama sauditas dicen que tocar las tumbas e invocar a los santos por sus bendiciones es idolatría, así que, ¿cuál es la opinión de ustedes?”. El Saiid As-Sadr respondió:

“Si tocar las tumbas e invocar a sus ocupantes es con la intención de que ellos perjudiquen o beneficien, entonces eso es idolatría, sin lugar a dudas. Pero los musulmanes creen en la Unicidad (de Allah) y saben que solamente Allah es el que perjudica o agracia. Solamente se invoca a las personas santas y a los Imames -la paz sea con ellos- con la intención de que sean un medio para llegar a Él, Alabado sea, y eso no es idolatría.

Todos los musulmanes, Sunnis o Shi‘as, concuerdan en este punto desde la época del Mensajero hasta el presente, excepto los Wahabi, que son los ‘Ulama sauditas que mencionaste, los cuales contradicen a la totalidad de los musulmanes con su nueva tendencia que surgió recién en este siglo. Ellos causaron mucha discordia entre los musulmanes con esa creencia, acusaron a los demás de incredulidad y determinaron lícito el derramar su sangre. Golpearon a los ancianos peregrinos en su camino a la Casa de Allah, en La Meca, sólo por decir: “La Paz sea sobre ti, ¡oh Mensajero de Allah!” y nunca permiten que nadie toque su tumba pura y bendita. Sostuvieron muchos debates con nuestra gente sabia, pero persistieron en su tozudez y arrogancia.

Cuando el Saiid Sharaf-ud Din, un famoso sabio Shi‘a, realizó la Peregrinación a la Casa de Allah durante la época de ‘Abdul Aziz ibn Saud, formó parte de aquellos ‘Ulama que fueron invitados al palacio del rey para celebrar con éste el ‘Id-ul Ad-ha, como es costumbre allá.

Cuando llegó y fue a estrechar la mano del rey, el Saiid Sharaf-ud Din le ofreció como regalo un Corán con una cubierta de cuero. El rey tomó el Corán; luego lo besó y lo puso en su frente. El Saiid Sharaf-ud Din dijo: “¡Oh rey!, ¿por qué besas y glorificas a la cubierta que está hecha sólo de cuero de cabra?”. El rey respondió: “Mi intención fue glorificar al Sagrado Corán y no engrandecer al cuero”.

El Saiid Sharaf-ud Din dijo entonces: “¡Bien dicho, rey! Nosotros hacemos lo mismo cuando besamos la ventana o la puerta de donde está la tumba del Profeta (BP); nosotros sabemos que el hierro del que están hechas no puede perjudicar ni beneficiar, pero nos dirigimos a lo que hay detrás del hierro o de la madera; nos dirigimos a glorificar al Mensajero de Allah de la misma manera en que tú glorificaste al Corán cuando besaste su cubierta de cuero de cabra”.

La audiencia estaba impresionada con el Saiid y dijo: “Tú tienes razón”. El rey en ese momento se vio obligado a permitir a los peregrinos a procurar bendiciones a través de las reliquias del Profeta, hasta que la orden fue revertida por el sucesor de aquel rey.

La cuestión no es que ellos teman que la gente asocie a otros con Allah; en realidad, es una cuestión política cuyo objetivo es contradecir y matar a los musulmanes a fin de consolidar su poder y autoridad sobre ellos. La historia es testigo de lo que han perpetrado en contra de la comunidad de Muhammad (BP)”.
Le pregunté sobre las órdenes sufis, y me respondió brevemente:

“Hay aspectos positivos y negativos en ellas. Los aspectos positivos incluyen la autodisciplina, la vida austera, el desapego de los placeres mundanales, elevándose así al inmaculado mundo espiritual.

Los aspectos negativos incluyen el retraimiento, el huir de la realidad de la vida y el limitarse sólo a mencionar a Allah en sus numerosas expresiones y otras prácticas.

El Islam -como es sabido- acepta los aspectos positivos pero rechaza los negativos, y nosotros podemos decir que todos los principios y enseñanzas del Islam son positivos”.

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