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Duda y Confusión

Las respuestas del Saiid As-Sadr eran claras y convincentes, pero era muy difícil para una persona como yo comprenderlas. Había vivido veinticinco años de mi vida en base a la idea de glorificar y respetar a los Compañeros del Profeta, especialmente a los Califas Correctamente Guiados, a quienes el Mensajero de Allah nos ordenó aferrarnos y seguir sus enseñanzas, en particular a Abu Bakr As-Siddiq y a ‘Umar Al-Faruq; pero, desde que había llegado a Irak, no había oído mencionar sus nombres.

Solamente había escuchado extraños nombres completamente desconocidos para mí; que había doce Imames, y una afirmación de que el Mensajero de Allah (BP) había declarado antes de su muerte que el Imam Ali debía ser su sucesor.

¿Cómo podía creer todo eso (que todos los musulmanes y los Compañeros del Profeta, quienes eran las mejores personas después del Profeta, se pusieran de acuerdo para levantarse en contra de Ali -que Allah ennoblezca su rostro-), cuando a nosotros se nos enseñó desde niños que los Compañeros del Profeta -que Allah esté satisfecho con ellos- respetaban a Ali y conocían muy bien sus derechos? Sabían que él era el esposo de Fátima Az-Zahrá, el padre de Al-Hasan y Al-Husain, y la puerta de la ciudad del conocimiento.

Asimismo, nuestro maestro Ali conocía los derechos de Abu Bakr As-Siddiq, quien se hizo musulmán antes que nadie más, y que acompañó al Profeta a la cueva (cuando huía de los incrédulos que querían asesinarlo), como mencionó Allah, el Altísimo, en el Corán; a quien el Mensajero de Allah encomendó dirigir las oraciones durante su enfermedad y de quien dijo: “Si yo tuviera que elegir a un amigo muy íntimo, elegiría a Abu Bark”.

A causa de todo eso, los musulmanes lo eligieron como su Califa. El Imam Ali también conocía la posición de nuestro maestro ‘Umar, con quien Allah fortaleció el Islam y a quien el Mensajero de Allah llamó Al-Faruq (el que distingue lo verdadero de lo falso); como así también el Imam Ali conocía la posición de nuestro maestro ‘Uzman, en cuya presencia los ángeles del Misericordioso se sintieron avergonzados, quien organizó el ejército de Al-Usrah, y que fue llamado por el Mensajero de Allah: Dhun Nurain (el Poseedor de las Dos Luces).

¿Cómo podrían nuestros hermanos los Shi‘as ignorar o pretender ignorar todo eso, y hacer de estas personalidades sólo personas ordinarias que fueron desviadas del sendero recto por las pasiones y codicias mundanales y que desobedecieron las órdenes del Mensajero después de su muerte?

Esto es inconcebible ya que nosotros sabemos que estas personas solían apresurarse para ejecutar las órdenes del Mensajero. Ellos mataron a sus hijos y padres y a los miembros de sus propias tribus para glorificar el Islam y su triunfo. Aquel que mataría a su padre y a su hijo por la causa de Allah y Su Mensajero, no puede estar sujeto a ambiciones mundanales y transitorias tales como la posición de Califa, e ignorar las órdenes del Mensajero dándole la espalda.

A causa de todo eso, yo no podía creer todo lo que los Shi‘as decían, a pesar del hecho de que estaba complacido con ellos en muchos aspectos.

Permanecí en un estado de duda y confusión: duda que introdujeron en mi mente los ‘Ulama Shi‘as, pues sus palabras eran sabias y lógicas; y confusión porque yo no podía creer que los Compañeros del Profeta -que Allah, el Altísimo, esté complacido con ellos- rebajaran su moral a ese estado y pudieran ser personas comunes como nosotros, o que no les adornaran las luces del Mensaje, ni estuvieran formados por la guía de Muhammad (BP).

¡Oh mi Dios! ¿Cómo podría ser así? ¿Acaso podían los Compañeros del Profeta estar al nivel descripto por la Shi‘a? Lo importante es que esta duda y esta confusión fueron el origen para debilitar las creencias pasadas y reconocer que había muchos temas ocultos que necesariamente debían ser dilucidados para poder llegar a la verdad.

Mi amigo Mun’im llegó y luego viajamos a Karbala, y allí reviví la tragedia de nuestro maestro Al-Husain, así como la viven sus seguidores; entonces supe que en realidad él no había muerto.

La gente tiende a agolparse alrededor de su tumba como mariposas, y llora con un dolor y pesar que yo nunca había visto antes, como si Al-Husain hubiera sido recién martirizado. Escuché a los disertantes que despertaban los sentimientos de la gente describiendo el incidente de Karbala con llantos y lamentos. Cualquiera que los escucha no puede contenerse y se deja llevar.

Lloré y lloré como dejando salir un sentimiento reprimido, y sentí un sosiego tal en mi alma, que nunca había experimentado antes de ese día. Sentí como si hubiera estado en las filas de los enemigos de Al-Husain y me hubiera transformado rápidamente en uno de sus compañeros que se sacrificaron por su causa.

El disertante estaba recitando la historia de Hurr, que fue uno de los comandantes encargados de luchar contra Al-Husain y que se detuvo en el campo de batalla temblando como una hoja al viento, y cuando uno de sus amigos le preguntó: “¿Acaso tienes miedo de la muerte?”, respondió: “¡No, por Allah!, pero estoy eligiendo entre el Cielo y el Infierno”. Luego espoleó su caballo y se dirigió hacia Al-Husain y le preguntó: “¿Existe el arrepentimiento, oh hijo del Mensajero de Allah?”.1

Cuando oí eso, no pude controlarme y caí al suelo llorando y sentí como si estuviera en el lugar de Hurr, preguntándole a Al-Husain: “¿Existe el arrepentimiento, oh hijo del Mensajero de Allah? Perdóname, oh hijo del Mensajero de Allah”.

La voz del disertante era tan conmovedora que la gente comenzó a llorar y a lamentarse, y cuando mi amigo oyó mis llantos, me abrazó como una madre abraza a su hijo, y comenzó a llorar y a repetir: “¡Oh Husain!... ¡Oh Husain!...”

Esos fueron momentos durante los cuales aprendí el significado real del llanto y sentí que mis lágrimas lavaban mi corazón y mi cuerpo desde adentro, y sólo entonces comprendí el significado del dicho del Mensajero de Allah: “Si supierais lo que yo sé, sonreiríais poco y lloraríais mucho”.

Estuve deprimido todo el día. Mi amigo trató de distraerme y confortarme ofreciéndome algunos refrescos, pero yo había perdido mi apetito por completo. Le pedía que me repitiera la historia del martirio de Al-Husain, ya que no sabía mucho sobre ella, sino tan sólo lo que nuestros líderes religiosos nos narraban acerca de que fueron los hipócritas enemigos del Islam quienes asesinaron a nuestros maestro ‘Umar, ‘Uzman y Ali, y que los mismos enemigos asesinaron a nuestro maestro Al-Husain.

No sabíamos más que esa pequeña reseña; incluso solíamos conmemorar ‘Ashura -los diez días previos al martirio de Al-Husain (P)-, como uno de los días festivos del Islam. Se distribuían limosnas, se cocinaban diferentes tipos de comidas y los niños iban a que los mayores les dieran dinero para comprar dulces y juguetes.

En realidad, hay tradiciones y costumbres en algunas aldeas, en las que, durante ‘Ashura, la gente enciende fuegos y no realiza ninguna clase de trabajo, no contrae matrimonio, ni celebra ninguna ocasión feliz. Generalmente nosotros las aceptamos como costumbres y tradiciones, sin más explicación. Nuestros ‘Ulama nos relatan narraciones que hablan sobre las virtudes de ‘Ashura y las bendiciones y misericordias que tiene, y que es ¡algo maravilloso!

Luego fuimos a visitar la tumba de Al-‘Abbas, el hermano de Al-Husain. Yo no sabía quien era él, pero mi amigo me contó su historia de heroísmo y valentía. Además, encontramos muchos ‘Ulama piadosos cuyos nombres no recuerdo con detalle, sino tan solo sus apellidos, como por ejemplo: Bahr-ul ‘Ulum, Saiid Al-Hakim, Kashif-ul Guita’, Al-Iasin, At-Tabatabai, Al Fairuz Abadi, Asad Haidar y otros que me honraron con su compañía.

Se puede decir que ellos eran verdaderos sabios piadosos, que poseían todos los signos de dignidad y respeto. La comunidad Shi‘a los respeta y les da un quinto (Jums) de sus ganancias, a través del cual ellos gestionan los asuntos de las escuelas religiosas, abren nuevas escuelas, establecen imprentas y asisten a los estudiantes que vienen a ellos desde todo el mundo Islámico.

Son independientes y no están conectados de ninguna manera con los gobernantes, como lo están nuestros ‘Ulama que no pueden hacer ni decir nada sin la aprobación de las autoridades, quienes pagan sus salarios y los asignan y trasladan a donde sea que ellos dispongan.

Era un nuevo mundo que yo había descubierto, o más bien, que Allah había expuesto para mí. Comencé a relacionarme con él, a pesar del hecho de que previamente lo aborrecía, y armonicé con él después de que me le había opuesto. Este mundo me había enseñado nuevas ideas y me inspiró un deseo de averiguar, buscar conocimiento y estudiar hasta conocer la verdad anhelada que siempre busqué desde que leí el dicho del Profeta (BP):

“Los hijos de Israel se dividieron en setenta y un grupos, los cristianos se dividieron en setenta y dos grupos y mi comunidad se dividirá en setenta y tres grupos, todos los cuales, excepto uno, estarán en el Infierno”.

Este no es el lugar para hablar sobre las diferentes religiones que afirman ser las correctas y que el resto está equivocado, pero yo quedo sorprendido y turbado cada vez que leo este dicho. Mi sorpresa y turbación no son por el dicho en sí, sino por aquellos musulmanes que lo leen, lo repiten en sus disertaciones y lo pasan por alto sin analizarlo ni buscar algún indicio, para distinguir entre el grupo que será salvado y el que estará en el Infierno.

Lo extraño es que cada grupo afirma ser el que está en la salvación, y al final del dicho viene lo siguiente: “¿Quiénes son ellos, oh Mensajero de Allah?”. Él respondió: “Aquellos que siguen mi senda y la de mis Compañeros”.

¿Acaso hay algún grupo que no se aferre al Libro (Corán) y a la Sunnah (la Tradición Profética), y acaso hay algún grupo islámico que invoque algo diferente? Si el Imam Malik o Abu Hanifah, o Ash-Shafii, o Ahmad ibn Hanbal fuesen consultados, ¿no afirmarían cada uno de ellos que hay que aferrarse a las enseñanzas del Corán y de la correcta Sunnah?

Estas son las madhahib Sunnis; y si tenemos en cuenta a los diferentes grupos Shi‘as, a los que yo consideraba desviados y corruptos, todos ellos también invocan a aferrarse al Corán y a la correcta Sunnah que ha sido transmitida a través de los virtuosos de Ahl-ul Bait (la Familia del Profeta); y tengo entendido que la Familia del Profeta (BP) era tan virtuosa como ellos dicen, y que era más conocedora de la tradición del Profeta que los ajenos a su casa.

¿Es posible que todos esos grupos tengan razón? No, eso es imposible, porque el dicho del Profeta declara lo contrario. ¡Dios mío!, a menos que el hadiz (narración, dicho) sea inventado o falso! Pero eso no es posible, ya que el hadiz es considerado mutawatir tanto por los Shi‘as como por los Sunnis.
¿Es posible que el dicho no tuviera sentido o significado? Lejos está el Mensajero de Allah (BP) de haber dicho una cosa que no tuviera sentido o significado, pues él no habló por capricho o vanamente y todos sus hadices contienen normas y enseñanzas.

Entonces, sólo nos queda una posible conclusión: que hay un sólo grupo que tiene la razón y que el resto está errado. De este modo, el dicho provoca consternación, como así también induce a buscar y a estudiar a aquel que desee ser salvado.

Debido a eso, entró en mí la duda y la confusión después de mi encuentro con los Shi‘as, pues ¿quién puede saber si ellos dicen la verdad y hablan sinceramente? Por lo tanto, ¿no debo yo estudiar e investigar?

El Islam, a través del Corán y de la Sunnah, me ordena estudiar, investigar y comparar.
Allah, el Altísimo dice:

«Y a quienes se esfuerzan por nuestra causa, les encaminaremos por nuestras sendas...»
(Sagrado Corán; 29:69)

Él también dice:

«...Quienes escuchan las palabras y siguen la mejor de ellas. Éstos son a quienes Dios encamina, y éstos son los sensatos» (Sagrado Corán; 39:18)

El Mensajero de Allah (BP) dijo: “Estudia tu religión aunque digan de ti que eres un loco”. De este modo, la búsqueda y la comparación son obligaciones religiosas para toda persona responsable.

Habiendo tomado esta decisión (de estudiar e investigar) y con un sincero compromiso; y habiéndome hecho la promesa a mí mismo y a mis amigos Shi‘as de Irak, los abracé y me despedí de ellos lleno de tristeza, pues llegaron a estimarme, como yo también a ellos.

Sentí que había dejado queridos y sinceros amigos que habían perdido su tiempo a causa mía. Lo hicieron por su propia elección y no me pidieron nada excepto la complacencia de Allah, Alabado sea, pues el Profeta (BP) dijo: “Si Allah guía a una persona a través tuyo (hacia el sendero recto), entonces eso es mejor para ti que todas aquellas cosas para las cuales brilla el sol”.

Dejé Irak tras haber pasado veinte días entre los Imames y sus seguidores, y el tiempo había transcurrido como un placentero sueño del cual uno desea no despertar. Dejé Irak sintiéndome triste por la brevedad de ese período y por tener que separarme de esos corazones que palpitan por amor a Ahl-ul Bait, y me dirigí hacia el Hiyaz (en la península arábiga) procurando la Sagrada Casa de Allah y la tumba del Señor de los Primeros y los Últimos, con él sea la paz, y con su purificada descendencia.

  • 1. Hurr se pasó a las filas de Al-Husain (P) aun sabiendo lo que le esperaba, contándose así entre los mártires de Karbala.

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