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El comienzo del estudio detallado

1) Los Compañeros del Profeta (BP) desde el punto de vista de la Shi‘a y la Sunnah

Uno de los estudios más importantes que yo considero como piedra fundamental para todos los estudios (al respecto) que llevan a la verdad, es la investigación de la vida de los Compañeros; sus asuntos, lo que hicieron y en lo que creían, ya que ellos fueron los pilares de todas las cosas.

De ellos tomamos los principios de nuestra religión, y de ellos extraemos la luz con la que en medio de las tinieblas podemos ver las reglas de Allah.

Muchos sabios musulmanes -convencidos de eso- se lanzaron a investigar acerca de ellos y de sus vidas, y escribieron muchos libros sobre el tema, como por ejemplo: Usud-ul Gabah fi Tamiiz-is Sahabah, Al-Isabah fi Ma‘rifat-us Sahabah, Mizan-ul I‘tidal, y varios otros libros que miran crítica y analíticamente las vidas de los Compañeros, pero todos desde el punto de vista de los Sunnis.

Hay un delicado problema aquí, que se puede resumir en que la mayoría de los sabios antiguos generalmente escribían y narraban conforme a lo que satisfacía a los gobernantes Omeyas y Abbasidas, quienes fueron conocidos por su oposición a Ahl-ul Bait, a todos sus partidarios, y a quienes seguían su camino. Por eso no es equitativo fundamentarnos en sus obras solamente, sin referirnos a las obras de los sabios musulmanes que fueron perseguidos, desterrados y asesinados por esos gobernantes, simplemente porque eran seguidores de Ahl-ul Bait y el origen de las revoluciones contra los poderes tiranos y pervertidos.

El problema fundamental en todo esto son los Compañeros mismos, ya que fueron ellos los que no estuvieron de acuerdo en que el Mensajero de Allah (BP) escribiera un documento que los protegería del error y los mantendría en el sendero recto hasta el Día del Juicio. Este desacuerdo es lo que privó a la comunidad islámica de ese beneficio y la hizo tender hacia el error de tal forma, que entró en discordia, se dividió, y la hizo combatirse internamente hasta que, finalmente, declinó y acabó su poder.

Fueron ellos los que discreparon en el tema del Califato (la sucesión del Profeta), y se dividieron en un grupo dominante y otro opositor, y esto causó la discordia y separación de la comunidad en seguidores de Ali y en seguidores de Mu‘awiah.

Fueron ellos los que discreparon en las interpretaciones del Libro de Allah y en los dichos de Su Mensajero, lo que llevó al surgimiento de las diferentes tendencias, madhahib, grupos y sectas. A partir de eso se originaron las diferentes escuelas teológicas e ideológicas y surgieron diversas filosofías estimuladas por ambiciones políticas particulares que sirvieron como pretexto para obtener el poder y gobierno que ambicionaban.

Los musulmanes no se habrían dividido ni habrían discrepado en nada si no hubiera sido por los Compañeros, pues cada desacuerdo que ha surgido en el pasado, o que surge en la época presente, se debe a su desacuerdo sobre los Compañeros.

Dios es uno sólo, el Corán es uno sólo, el Mensajero es el mismo y la qiblah es la misma, y todos ellos concuerdan en esto; pero la diferencia y el desacuerdo entre los Compañeros comenzó el primer día tras la muerte del Mensajero (BP), en la Saqifah de Bani Sa‘idah (galería construida en un jardín a donde la gente se dirigía para resolver asuntos importantes), y ha permanecido hasta el día de hoy, y continuará hasta que Allah así lo disponga.

A través de mis discusiones con los sabios Shi‘as, descubrí que, según sus puntos de vista, los Compañeros se dividieron en tres categorías:

La primera categoría incluía a los buenos Compañeros que verdaderamente conocían a Allah y a Su Mensajero, y que le juraron fidelidad (Bai‘ah) hasta la muerte. Ellos verdaderamente eran sus amigos tanto en las palabras como en la sinceridad de sus actos, y no cambiaron después de su muerte, sino que siguieron firmes con su promesa. Allah, el Altísimo, los elogió en muchos lugares de Su Libro Sagrado; igualmente el Mensajero de Allah (BP) los elogió en muchas ocasiones. Este grupo de Compañeros es mencionado por los Shi‘as con reverencia y respeto. También es mencionado por los Sunnis con la misma reverencia y respeto.

La segunda categoría fueron los Compañeros que adoptaron el Islam y siguieron al Mensajero de Allah (BP) ya fuera por propio deseo o por temor, y que siempre se enorgullecían de su Islam ante el Mensajero de Allah (BP). Sin embargo, lo hicieron sufrir en varias ocasiones y no siempre acataron sus órdenes y prohibiciones, sino que siguieron sus propias opiniones poniendo en duda sus explícitas estipulaciones, e incluso en el mismo Corán son a veces reprochados y otras amenazados. Allah los pone en evidencia en muchas aleyas coránicas; también el Mensajero de Allah (BP) los amonestó en muchos de sus dichos. La Shi‘a menciona a este grupo de Compañeros sólo a causa de sus actos, y sin respeto o reverencia.

El tercer tipo de Compañeros fueron los hipócritas que acompañaron al Mensajero de Allah (BP) para engañarlo. Pretendían ser musulmanes pero dentro de sí mismos eran propensos a la incredulidad y a engañar al Islam y a los musulmanes en general. Allah ha revelado una Surah (Capítulo) entera sobre ellos en el Corán y los mencionó en muchos otros lugares, como así también les prometió el nivel más bajo en el Infierno. El Mensajero de Allah (BP) los mencionó, advirtió sobre ellos, y hasta informó a algunos de sus Compañeros sobre sus nombres y características. Tanto la Shi‘a como la Sunnah concuerdan en maldecir a este grupo de Compañeros y los aborrecen.

Hubo un grupo especial que, aunque formaba parte de los Compañeros, se distinguió de los demás por su cercanía al Profeta (BP), además de haber poseído virtudes éticas y espirituales, y distinciones personales que les fueron otorgadas por Allah y Su Mensajero, y con las que nadie más fue honrado. Estos fueron Ahl-ul Bait (La Familia del Profeta), a quienes Allah “limpió y purificó sobremanera”1 y nos ordenó bendecirles de la misma manera en que nos ordenó hacerlo con Su Mensajero. Él hizo obligatorio para nosotros darles parte del Jums (el quinto de los ingresos, que se paga en el Islam)2, y cada musulmán debe amarlos como retribución por el Mensaje de Muhammad3.

Ellos son los que poseen la autoridad, a quienes se nos ordenó obedecer4; son personas arraigadas firmemente en el conocimiento, que conocen la interpretación del Sagrado Corán y sus aleyas normativas, así como también aquellas alegóricas5.

Ellos son Ahl-udh Dhikr (la Gente del Recuerdo), a quienes el Mensajero de Allah equiparó con el Sagrado Corán en su hadiz: “Az-Zaqalain” (Las Dos Joyas Preciosas), y nos ordenó aferrarnos a ellas dos (al Corán y a Ahl-ul Bait)6. Él los equiparó con el Arca de Noé: “Todo el que se embarcó en ella fue salvado, y todo el que no lo hizo se ahogó”7.

Los Compañeros conocían la posición de Ahl-ul Bait y los honraban y respetaban. La Shi‘a los sigue y los pone por encima de cualquiera de los Compañeros, y sostiene que poseen muchos textos específicos como prueba.

En cuanto a la escuela Sunnah, ella respeta, engrandece y venera a la familia del Profeta (BP), pero no acepta la clasificación antes mencionada, y no considera que los hipócritas hayan sido de entre los Compañeros, sino que ve a los Compañeros como la mejor creación después del Mensajero de Allah.

Si clasifican de alguna forma a los Compañeros, entonces es de acuerdo a su antigüedad en el Islam y a sus méritos y servicios a él. Colocan a los Califas Correctamente Guiados en primer lugar y luego a los seis restantes de entre los diez a los que se le prometió el Paraíso, según ellos. Debido a eso, cuando bendicen al Profeta (BP) y a su familia, incluyen en ella a todos los Compañeros, sin excepción.

Esto es lo que yo conozco de los sabios Sunnis, y lo anterior es lo que escuché de los sabios Shi‘as respecto a la clasificación de los Compañeros. Es eso precisamente lo que me hizo comenzar mi estudio detallado con el tema de los Compañeros. Prometí a mi Señor que -si Él me guiaba hacia el sendero recto- me libraría de prejuicios emocionales, que sería neutral y objetivo, y que escucharía lo que dicen las dos partes; luego seguiría la que fuera mejor, basando mis conclusiones en lo siguiente:

1) La creencia lógica y sólida: es decir, que dependería sólo de lo que todos estuvieran de acuerdo, especialmente en lo que se refiera a la exégesis del Libro de Allah, y a lo correcto de la honorable Sunnah del Profeta (BP).

2.- El intelecto; ya que es la gracia mas grande de Allah ha otorgado a los seres humanos, y es por medio de él que Él los honró y distinguió por sobre el resto de Su creación. De este modo, cuando Allah alega algo contra Sus siervos, Él les pide que utilicen sus intelectos de la mejor manera posible, y dice: «¿Acaso no razonan? ¿No comprenden? ¿No reflexionan? ¿No perciben?....»

En primer lugar, mi Islam parte de la creencia en Allah, en Sus Ángeles, en Sus Libros y en Sus Mensajeros; en que Muhammad es Su Siervo y Enviado; en que la Religión de Allah es el Islam, y en que no me basaría en ninguno de los Compañeros, sin considerar su parentesco con el Mensajero ni su posición, porque yo no soy ni Omeya, ni Abbasida, ni Fatimida, ni soy Sunni ni Shi‘a; y no tengo nada contra Abu Bakr, ‘Umar o ‘Uzman, ni contra Ali; ni siquiera contra Uahshi, el asesino de nuestro maestro Hamza, pues él se hizo musulmán y el Islam olvida todo lo sucedido antes, por lo que el Mensajero de Allah lo perdonó.

Ya que me entregué a esta investigación con el propósito de alcanzar la verdad, y que me despojé sinceramente de todas mis creencias previas, decidí comenzar esta búsqueda con la bendición de Allah, basándome en las actitudes de los Compañeros.

1) Los Compañeros en el tratado de Paz de al Hudaibiiah

Brevemente, la historia es de la siguiente manera:

En el sexto año después de la hiyrah (emigración del Profeta de La Meca a Medina), el Mensajero de Allah junto a mil cuatrocientos de sus Compañeros, marchó hacia La Meca para realizar la ‘Umrah. Él les había ordenado dejar sus espadas en las vainas. Tanto el Profeta (BP) como sus Compañeros vistieron el ihram (vestimenta blanca usada especialmente para el propósito de la Peregrinación y la ‘Umrah) en Dhil Halifah; luego sacrificaron Al-Hadi (ofrenda para sacrificio) para así hacer saber a Quraish que iban como visitantes y peregrinos a realizar la ‘Umrah y no con la intención de combatir.

Pero Quraish, con toda su arrogancia, temió que los otros árabes se enteraran de que Muhammad había entrado a La Meca por la fuerza, haciendo que su poder se resquebrajara. Debido a eso, enviaron una delegación guiada por Suhail ibn ‘Amru ibn ‘Abdi Wud Al-Amiri para ver al Profeta y pedirle que esta vez regresara, pero que se le permitiría visitar La Meca por tres días al año siguiente.

Además, pusieron algunas condiciones muy severas que fueron aceptadas por el Mensajero de Allah, para poder llegar a un acuerdo en el asunto, como le fue revelado por su Señor, Poderoso e Imponente.

A algunos de los Compañeros no les agradó el proceder del Profeta y se le opusieron enérgicamente. ‘Umar ibn Al-Jattab fue y le dijo: “¿Acaso no eres tú verdaderamente el Profeta de Allah?”. Él respondió: “Sí, lo soy”. ‘Umar preguntó: “¿Acaso no estamos con la verdad y nuestros enemigos con la falsedad?”. El Profeta respondió: “Así es”. ‘Umar interrogó: “Entonces, ¿por qué deshonramos a nuestra religión?”.

El Mensajero de Allah (BP) dijo: “Yo soy el Mensajero de Allah y nunca Lo desobedezco, y Él es mi Protector”. ‘Umar preguntó: “¿No nos dijiste que iríamos a la Casa de Allah y que haríamos el Tawaf?”. El Profeta respondió: “Sí, pero, ¿acaso te dije que llegaríamos a ella este año?”. ‘Umar respondió: “No”. El Profeta dijo: “Entonces, debes saber que irás el año que viene y circunvalarás a su alrededor”.

Más tarde ‘Umar fue hacia Abu Bakr y le preguntó: “Oh Abu Bakr, ¿acaso no es él verdaderamente el Profeta de Allah?”. Él respondió: “Sí”. ‘Umar entonces le reiteró las mismas preguntas que le había hecho al Mensajero de Allah y Abu Bakr le respondió de la misma manera, y añadió: “Oh ‘Umar, él es el Mensajero de Allah y no desobedece a su Dios, Quien es su Protector; por lo tanto, aférrate a él”.

Cuando el Profeta terminó de firmar el Tratado, dijo a sus Compañeros: “Id, sacrificad (las reses) y afeitad vuestras cabezas”. Y por Allah, ninguno de ellos se levantó, a pesar de que lo dijo tres veces. Al ver que nadie obedecía sus órdenes, regresó a sus tiendas; luego salió y no habló con nadie hasta después de sacrificar un camello joven con sus propias manos, y llamó a su barbero para que afeitara su cabeza. Cuando los Compañeros vieron todo eso, hicieron los sacrificios y se afeitaron unos a otros, con tal enfado que casi se matan entre sí8.

Esta es, en resumen, la historia del Tratado de Paz de Al-Hudaibiiah, que es uno de los eventos en cuyos detalles concuerdan tanto la Shi‘a como la Sunnah, y es citado por muchos historiadores y biógrafos como At-Tabari, Ibn Al-Azir, Ibn Saad, Al-Bujari y Muslim.

Me detuve aquí, pues no podía leer algo como eso sin sentirme impresionado y sorprendido por el comportamiento de aquellos Compañeros hacia su Profeta. ¿Podría cualquier hombre sensato aceptar lo que dicen algunos, sobre que los Compañeros -que Allah esté complacido con ellos- siempre obedecieron y cumplieron las órdenes del Mensajero de Allah (BP)? Estos incidentes revelan sus mentiras y acaban con sus pretensiones. ¿¡Podría cualquier hombre sensato imaginar que tal comportamiento hacia el Profeta es un tema sin importancia, admisible o disculpable!?

Allah, el Todopoderoso, dice:

«¡Pero no! ¡Por tu Señor! Que no creerán sino hasta que te hayan hecho juez de sus disputas; sólo entonces ya no encontrarán en sí mismos dificultades en aceptar tu decisión, y obedecerán plenamente» (Sagrado Corán; 4:65)

¿Acaso obedeció ‘Umar ibn Al-Jattab y no encontró ninguna dificultad para aceptar la orden del Mensajero (BP)? ¿O acaso rechazó aceptar la orden del Profeta? Especialmente cuando él dijo: “¿Acaso no eres tú verdaderamente el Profeta de Allah?, ¿no nos dijiste...?”, y ¿acaso obedeció él luego de que el Mensajero de Allah le diera todas esas respuestas convincentes? ¡Ciertamente que no! Él no se convenció con sus respuestas, y fue y le hizo a Abu Bakr las mismas preguntas.

Pero ¿acaso obedeció después de que Abu Bakr le respondiera y aconsejara aferrarse al Profeta? ¡Yo no sé si en realidad obedeció después de todo eso y si se convenció de las respuestas del Profeta (BP) y de Abu Bakr! Si hubiera sido así, entonces ¿por qué él dijo sobre sí mismo: “Por eso yo hice así muchas cosas... Sólo Allah y el Mensajero conocen las cosas que hizo ‘Umar”?

Además, no conozco las razones de la desobediencia del resto de los Compañeros después de esto, cuando el Mensajero de Allah les dijo: “Id, sacrificad (las reses) y afeitad vuestras cabezas”, donde nadie prestó atención a sus órdenes, aun cuando se las repitió tres veces, sin ningún resultado.

¡Alabado sea Allah! Yo no podía creer lo que había leído. ¿Podían los Compañeros llegar a tal punto en su trato hacia las órdenes del Mensajero? Si la historia hubiera sido narrada solamente por la Shi‘a, la hubiera considerado una mentira contra los honorables Compañeros. Pero esta historia ha llegado a ser tan famosa, que también la relatan todos los historiadores Sunnis.

Como me había obligado a aceptar sólo aquéllo en lo que estuvieran de acuerdo todas la partes, me encontré a mí mismo resignado y perplejo.

¿Qué podía decir? ¿Qué excusa podía encontrar para aquellos Compañeros que habían pasado cerca de veinte años junto al Mensajero de Allah, desde el comienzo de la Misión hasta el día de Al-Hudaibiiah, y que habían sido testigos de todos los milagros y las luces de la profecía? Además, el Corán estuvo enseñándoles día y noche cómo debían comportarse en presencia del Mensajero y cómo debían hablarle, hasta tal punto que Allah había amenazado hacer vanas sus acciones si ellos levantaban sus voces por encima de la suya.

Todo esto me lleva a creer que fue ‘Umar ibn Al-Jattab el que influyó sobre el resto de los presentes y les indujo a rechazar y desobedecer la orden del Profeta (BP). Además, hay que tener en cuenta que reconoció haber hecho muchas cosas parecidas que no quiso mencionar.

Esto lo repite, según otras fuentes, al decir: “Todavía estoy ayunando, dando limosna, rezando y tratando de redimirme por temor a las palabras que dije...”, y continúa con lo que él mismo relató referente a este suceso9, lo que nos hace llegar a la conclusión de que ‘Umar conocía bien lo malo de la posición que adoptó aquel día.

Este es un relato curioso y extraño... pero verdadero.

2) Los Compañeros y Raziiatu Iaum al Jamis (La Desgracias del Jueves)

Brevemente, la historia es de la siguiente manera:
Los Compañeros estaban reunidos en la casa del Mensajero (BP), tres días antes de su muerte. Él les ordenó que le trajeran papel y tinta para que pudiera redactar un escrito, el cual les evitaría caer en el error; pero los Compañeros discreparon entre sí, y algunos desobedecieron al Profeta y lo acusaron de estar delirando. El Mensajero de Allah (BP) se enfadó mucho y los hizo salir de su casa sin llegar a escribirles nada.

Esta es la historia con algunos detalles:
Ibn ‘Abbas dijo: “¡Jueves! ¡Y qué jueves fue ese! El dolor del Mensajero se hizo muy severo. Él dijo: “Venid. Os redactaré un escrito que os evitará caer en el error”. Pero ‘Umar dijo: “Al Profeta lo está agobiando el dolor. Tenemos el Corán y eso es suficiente, puesto que es el Libro de Allah”.

Entonces Ahl-ul Bait no estuvo de acuerdo, por lo que los presentes disputaron entre sí. Algunos dijeron: “Dadle al Profeta lo que pide, así redacte para vosotros un escrito para que no os desviéis después”, mientras que otros apoyaron la opinión de ‘Umar. Cuando aumentó el alboroto y la discordia, al Mensajero de Allah les dijo: “¡Dejadme solo!”.

Ibn ‘Abbas dijo: “La desgracia; la gran desgracia, fue que con su desacuerdo impidieron que el Mensajero de Allah (BP) les escribiera aquel documento”10.

El incidente es correcto y no hay duda sobre su autenticidad, pues fue citado en sus libros tanto por los sabios y compiladores de hadices Shi‘as, como así también por los sabios, compiladores de hadices e historiadores Sunnis.

Puesto que me había obligado a mí mismo a considerar el incidente, me encontré confundido por la posición que adoptó ‘Umar ibn Al-Jattab con respecto a la orden del Mensajero de Allah. ¡Y qué orden era esa!: “¡Evitar que la comunidad se extraviara!”, pues indudablemente aquella declaración habría tenido algo nuevo para los musulmanes, que habría alejado de ellos todas las dudas.

No vamos a tener en cuenta aquí lo que dice la Shi‘a, que es que “el Mensajero quería escribir el nombre de Ali como su sucesor, y ‘Umar se percató de ello, por lo que lo impidió”, porque esa hipótesis no nos convence, inicialmente. Pero, ¿podemos encontrar una explicación lógica para este doloroso incidente que hizo enfadar tanto al Mensajero, que les ordenó dejarlo; y que “hizo llorar tanto a Ibn ‘Abbas, que sus lágrimas humedecieron las piedras”, y lo llamó: “la desgracia más grande”?

Los Sunnis dicen que ‘Umar tomó conciencia de lo fuerte de la enfermedad del Profeta; por lo tanto quiso confortarlo y aliviarlo de cualquier fatiga.

Este tipo de razonamiento no es aceptado ni por personas ingenuas, mucho menos por los sabios. Reiteradamente traté de encontrar una excusa para ‘Umar, pero las circunstancias que rodean al incidente me impidieron encontrarla. Aun si yo cambiara las palabras: “Él está delirando” -que Allah me perdone-, por la expresión: “El dolor lo ha agobiado”, no podría encontrar ninguna justificación para ‘Umar cuando dijo: “Tenemos el Corán y eso nos es suficiente, puesto que es el Libro de Allah”.

¿Acaso conocía él el Corán mejor que el Mensajero de Allah, a quien fue revelado? ¿O acaso el Mensajero de Allah -que Allah me perdone- no sabía lo que decía? ¿O acaso buscó (‘Umar), por medio de su orden, crear división y desacuerdo entre los Compañeros -que Allah me perdone-?

Aun si el razonamiento Sunni fuera correcto, entonces el Mensajero de Allah se habría percatado de la buena voluntad de ‘Umar y le habría agradecido por aquello, y quizás le habría pedido que se quedara, en lugar de enfadarse con él y decirle que dejara su casa.

¿Puedo preguntar por qué ellos acataron su orden cuando les pidió que dejaran la habitación, y no dijeron entonces que él estaba “delirando”? ¿Acaso fue porque ellos habían tenido éxito en su complot para impedir que el Profeta escribiera el documento y ya no había motivo para que permanecieran mucho más? Las pruebas indican claramente que incrementaron el alboroto y la disputa en presencia del Mensajero (BP) y que se dividieron en dos partes: una que estaba de acuerdo con que el Mensajero de Allah escribiera ese documento, mientras que la otra concordaba con ‘Umar en que “él estaba delirando”.

El asunto no le concierne a ‘Umar solamente, pues si fuera así, el Mensajero de Allah le hubiera persuadido de que “él no habla por propio impulso”11, y que el dolor no podía agobiarlo en asuntos concernientes a la guía de la comunidad y a evitarles extraviarse. Pero la situación se tornó mucho más seria y ‘Umar encontró algunos que lo apoyaron, quienes aparentemente tenían un acuerdo previo en su postura, por lo que crearon el alboroto y el desacuerdo. Olvidaron, o quizás pretendieron olvidar, las palabras de Allah, el Altísimo:

«¡Creyentes. ¡No elevéis vuestra voz por encima de la del Profeta! ¿No le habléis en voz alta como hacéis entre vosotros! Os expondríais a hacer vanas vuestras obras sin daros cuenta» (Sagrado Corán; 49:2)

En este incidente ellos transgredieron las sanciones estatuidas por el Sagrado Corán al elevar sus voces y pregonar la acusación de que el Mensajero (BP) estaba delirando -que Allah me perdone-; luego incrementaron su alboroto y diferencias hasta que se convirtió verdaderamente en una batalla verbal en presencia suya.

Pienso que la mayoría de los Compañeros estaba con ‘Umar, y que es por lo que el Mensajero de Allah encontró inútil escribir el documento, pues él sabía que no lo respetarían, puesto que si no habían acatado la orden de Allah de no elevar sus voces en su presencia, mucho menos acatarían la orden de Su Mensajero al respecto.

De este modo, la sabiduría del Mensajero determinó que él no debía escribir el documento, pues, si había sido atacado en vida, ¿qué podría hacer él después de su muerte?

Sus detractores dirían que él había estado delirando, por lo que quizás llegarían incluso a dudar de algunas de las normas que explicó en su lecho de muerte.

Pido perdón a Allah y ante Él me arrepiento. Sólo eso puedo decir ante esas palabras pronunciadas en presencia del más ilustre Mensajero, pues, ¿cómo podía yo convencerme a mí mismo, y a mi libre conciencia, de que ‘Umar ibn Al-Jattab estaba actuando espontáneamente, mientras que sus Compañeros y otros que estaban presentes en el incidente lloraron hasta que sus lágrimas humedecieron las piedras y llamaron al incidente “La Desgracia de los Musulmanes”?

Debido a eso, llegué a rechazar todas las justificaciones dadas para explicar el incidente, y hasta traté de negarlo a fin de poder olvidar la tragedia; pero todos los libros As-Sihah se refieren a ella y aceptan su autenticidad, y no pueden proveer una justificación sólida.

Me incliné hacia el punto de vista Shi‘a con respecto a la explicación del incidente porque lo encontré lógico y con muchas evidencias.

Todavía recuerdo la respuesta que me dio el Saiid Muhammad Baqir As-Sadr cuando le pregunté: “¿Cómo supo nuestro maestro ‘Umar, entre todos los Compañeros, lo que quería escribir el Mensajero, o sea, la designación de Ali como su sucesor -como ustedes afirman-? Esto sería una muestra de gran inteligencia de su parte”.

El Saiid As-Sadr dijo: “‘Umar no fue el único que comprendió el propósito del Mensajero. En realidad, la mayoría de las personas que estaban presentes entonces, comprendieron lo mismo que ‘Umar, pues el Mensajero de Allah (BP) previamente ya se había expresado claramente al respecto cuando dijo: “Dejo entre vosotros las dos joyas preciosas: el Libro de Allah (el Corán) y la descendencia de la Gente de mi Casa (Ahl-ul Bait), mientras os aferréis a ambas, no os desviaréis después de mí”. Y durante su enfermedad, les dijo: “Permitídme redactaros un escrito para que después de mí no os desviéis jamás”.

Aquellos que estaban presentes, incluyendo a ‘Umar, comprendieron que el Mensajero de Allah quería reiterar por escrito, lo que ya había manifestado en Gadir Jum, y que era aferrarse al Corán y a Ahl-ul Bait, estando Ali a la cabeza del último. Era como si el santo Profeta (BP) estuviera diciendo: “Sigan al Corán y a Ali”.

Él dijo cosas similares en muchas otras ocasiones, como ha sido manifestado por muchos narradores de hadices.
Aunque la mayoría de Quraish no estaba conforme con Ali porque era muy joven, además de ser aquél que había aplastado su arrogancia, acabado con su dominio, y matado a sus campeones, en esas ocasiones ellos no se atrevieron a oponerse al Mensajero de Allah a un grado tal como al que llegaron en el “Tratado de Paz de Al-Hudaibiiah”, o como cuando el Mensajero rezó (la oración del muerto) por ‘Abdullah ibn Ubai Al-Munafiq (el hipócrita), o como en muchos otros incidentes registrados por la historia. Este incidente (La Desgracia del Jueves) fue uno de ellos, y tú puedes ver que los que se opusieron a que se escribiera aquel documento durante la enfermedad del Profeta incitaron a algunos de aquellos que se encontraban presentes a ser insolentes y a alborotar en presencia del Mensajero (BP).

El análisis nos conduce a esta respuesta, que está totalmente de acuerdo con el sentido del hadiz (Az-Zaqalain).
En cuanto a la afirmación de ‘Umar: “Tenemos el Corán, y eso nos es suficiente, pues es el Libro de Allah”, no está de acuerdo con el hadiz que les ordenaba seguir al Libro de Allah y a la Familia (Ahl-ul Bait) juntos. Es como si estuviera diciendo: “Tenemos el Libro de Allah y eso nos es suficiente; por lo tanto, no necesitamos a Ahl-ul Bait”.

No hay ninguna otra explicación lógica para el incidente más que ésta. ¡Dios mío!, a menos que su intención fuera decir: “¡Obedece a Allah pero no a Su Mensajero!”. Pero este argumento no es válido ni sensato.

Si yo dejara mis prejuicios y mis emociones de lado, y basara mi juicio en un razonamiento claro y libre, me inclinaría hacia el primer análisis que inclusive aligera la inevitable acusación contra ‘Umar de ser el primero en rechazar la Tradición del Profeta, al decir: “Nos es suficiente el Libro de Allah”.

Entonces, si hubo algunos gobernantes que rechazaron tradiciones del Profeta alegando que eran “contradictorias”, con ello sólo estaban siguiendo con un antiguo precedente en la historia del Islam. No obstante, no quiero cargar a ‘Umar solamente con la responsabilidad de aquel incidente y la subsecuente privación de la guía a la comunidad. Para ser imparcial, yo cargaría con la responsabilidad tanto a él como a aquellos Compañeros que se encontraban con él, que dijeron lo mismo que él, y que le apoyaron en su oposición a la orden del Mensajero de Allah.

Estoy sorprendido por aquellos que leen este incidente y no reparan en él, como si en realidad no hubiera sucedido, a pesar de que fue “la más grande de las desgracias”, como lo llamó Ibn ‘Abbas. Mi sorpresa es aún mayor en relación a aquellos que hacen todo lo posible por preservar el honor de un Compañero y por encubrir su error, aun cuando fuera a costa de la dignidad y el honor del Profeta (BP), y a costa del Islam y de sus principios.

¿Por qué queremos escapar de la verdad y tratamos de cubrirla cuando no está de acuerdo con nuestros deseos? ¿Por qué no reconocemos que los Compañeros eran seres humanos como nosotros, y que tenían sus propias pasiones, prejuicios e intereses, y que podían cometer errores o bien podían ser rectos?
Pero mi sorpresa solo termina cuando leo el Libro de Allah, el cual nos narra las historias de los Profetas -con ellos sean la bendición y la paz- y la tozudez, de parte de su gente, a la que ellos se enfrentaron, a pesar de todos los milagros que presenciaron... ¡Señor nuestro! No desvíes nuestros corazones después de habernos guiado, y agrácianos con Tu Misericordia; ciertamente Tú eres el Otorgador por excelencia.

Comencé a comprender el fondo de la posición de la Shi‘a hacia el segundo Califa, a quien ellos cargan con la responsabilidad de muchos eventos trágicos en la historia del Islam, comenzando con “Raziiatu Iawm-ul Jamis”, cuando la comunidad islámica fue privada de la guía que el Mensajero (BP) quería dejar por escrito para ellos.

Sería inexplicable que alguien sensato que se identifique con la verdad antes de identificarse con los individuos, pretendiera buscar una excusa para ellos en este caso. En cuanto a quienes no se identifican con la verdad sino a través de los individuos, no tenemos nada que hablar con ellos.

3) Los compañeros en relación a la comandancia militar de Usamah

Brevemente, la historia es de la siguiente manera:

El Profeta (BP) organizó un ejército para que se enfrentase a Bizancio, dos días antes de su muerte. Él designó a Usamah ibn Zaid ibn Hariza (quien contaba con dieciocho años de edad), como su comandante en jefe; luego el santo Profeta ordenó que algunas personas de renombre, tanto de entre los Muhayirin (emigrantes) como de los Ansar (auxiliares), formaran parte de esta expedición. Entre esas personas se encontraban Abu Bakr, ‘Umar, Abu ‘Ubaidah y otros de los Compañeros mayores y conocidos.

Una parte de ellos se resistió a seguir la comandancia de Usamah y dijeron: “¿Cómo nos va a dirigir un joven al que todavía no le ha crecido barba en sus mejillas?”. Anteriormente también se habían resistido a seguir las órdenes del padre de Usamah como comandante del ejército.

Ellos continuaron diciendo eso e intensificaron la crítica hasta que el Profeta (BP) se enfadó tanto que dejó su cama, febril, con su cabeza vendada y con dos hombres sosteniéndolo y sus pies apenas tocando el suelo (¡Hubiera dado la vida de mis padres por él!). ¡Estaba tan fatigado!

Ascendió al púlpito, alabó y engrandeció a Allah; luego dijo: “¡Oh gente! ¿Qué es eso que me ha sido informado sobre que algunos de vosotros objetáis mi nombramiento de Usamah como comandante en jefe? Os opusisteis cuando designé antes a su padre como comandante en jefe. ¡Por Allah! que él era merecedor de la comandancia, así como su hijo también lo es ahora”12. Luego los exhortó a partir sin más demoras y comenzó a decir: “Alistad el ejército de Usamah; desplegad el ejército de Usamah; adelantad la expedición de Usamah”.

Permaneció repitiendo esas exhortaciones para que lo escucharan, pero los Compañeros aún permanecían renuentes y se agruparon junto al Yarf (lugar en las afueras de Medina)... pero por poco no lo hacen.

Eventos como ese me hacen preguntar: “¿Por qué esa insolencia hacia Allah y el Mensajero? ¿Por qué toda esa desobediencia hacia las órdenes del bendito Mensajero, que se preocupó tanto por ellos y que fue tan compasivo con todos los creyentes?”. Yo no puedo, ni seguramente pueda nadie más, imaginar otra explicación aceptable para toda aquella desobediencia e insolencia.
Como de costumbre, cuando leo sobre estos eventos que amenazan la integridad de los Compañeros, trato de negarlos o de ignorarlos, pero es imposible hacer eso cuando todos los historiadores y sabios, tanto Shi‘as como Sunnis, concuerdan en su autenticidad.

Yo había prometido a mi Señor ser imparcial, que nunca sería influido en favor de mi tendencia, y que no daría valor a nada más que a la verdad. Pero la verdad aquí es muy amarga. El santo Profeta (BP) dijo: “Di la verdad aun si es contra ti mismo, y di la verdad, aun si ella es amarga...”

La verdad en este caso es que los Compañeros que criticaron el nombramiento de Usamah, desobedecieron la orden de su Señor y todas las claras estipulaciones, de las que no se puede dudar o dar otra interpretación. No hay excusa para ellos, a pesar de que algunas personas procuran descarados pretextos a fin de preservar el honor de los Compañeros y de los “primeros virtuosos”.

Pero la persona libre y sensata no acepta de ningún modo engaños tan descarados. ¡Dios mío! A menos que sea uno de aquellos que no pueden comprender ningún dicho; que no razonan; o que sea quizás uno de aquellos que están cegados por sus propios prejuicios hasta tal punto, que no pueden diferenciar entre los preceptos obligatorios que deben ser obedecidos y las prohibiciones que deben ser evitadas.

Pensé profundamente para encontrar una excusa aceptable para esas personas, pero sin éxito. Leí los puntos de vista de los Sunnis, quienes nos proporcionan una excusa basada en el hecho de que estas personas eran las más ancianas y nobles de Quraish, y que se encontraban entre los primeros seguidores del Islam, mientras que Usamah era un adolescente que no había luchado en las batallas decisivas que dieron gloria al Islam, tales como Badr, Uhud y Hunain; y que él era un joven sin experiencia en la vida cuando el Mensajero de Allah lo designó como comandante militar.

Además, ellos pensaban que la naturaleza humana, por su inclinación, hace dificultosa para la gente mayor ser guiada por hombres jóvenes; debido a eso criticaron el nombramiento y querían que el Mensajero de Allah (BP) lo sustituyera por alguien prominente y noble de entre los Compañeros.

Es una excusa que no está basada en ningún argumento racional, lógico o legal (según la jurisprudencia islámica), y ningún musulmán que lee el Corán y conoce sus reglas puede sino rechazar tal excusa, porque Allah, el Todopoderoso, dice:

«...Pero, si el Enviado os trae algo, aceptadlo. Y, si os prohibe algo, absteneos...»(Sagrado Corán; 59:7)

«Cuando Allah y Su Enviado han decidido un asunto, ni el creyente ni la creyente tienen ya opción en el asunto. Quien desobedece a Allah y a Su Enviado está evidentemente extraviado» (Sagrado Corán; 33:36)

Por lo tanto, ¿qué clase de excusa podría aceptar cualquier persona racional, después de leer todas estas claras disposiciones, y qué puedo yo decir sobre las personas que hicieron enfadar al Mensajero de Allah sabiendo que el enfado del Mensajero es la ira de Allah? Todo eso ocurrió después de que lo acusaran de “delirar” y de que gritaran y discreparan en su presencia mientras estaba tan enfermo (¡Hubiera dado la vida de mis padres por él!), hasta que él les ordenó abandonar la habitación.

Eso no pareció serles suficiente, y en lugar de retornar al sendero recto y pedir perdón a Allah por lo que habían hecho a Su Mensajero, y pedir perdón al Mensajero, como les enseñó el Corán, en lugar de eso continuaron complicando más la situación y lo trataron con altanería, a pesar de todo el cuidado y la amabilidad que él les brindaba. No lo apreciaron ni lo respetaron, y dos días después de haberlo acusado de “delirar”, lo criticaron por haber nombrado a Usamah comandante militar.

Lo forzaron a salir en el triste estado en que los historiadores describen. Debido a lo severo de su enfermedad, tuvo que caminar con el apoyo de dos hombres; luego tuvo que jurar por Allah que Usamah era un comandante competente para el ejército. Además, el Mensajero nos informó que ellos lo habían criticado previamente por haber nombrado a su padre Zaid ibn Hariz como comandante, lo que indica que estas personas habían tenido previas confrontaciones con él, y que no se contaban entre los que no encontraban ningún impedimento para obedecer sus órdenes y someterse humildemente; mas bien, estaban dispuestos a oponérsele y enfrentársele, aun si tal comportamiento fuera contra las reglas de Allah y Su Mensajero (BP).

Lo que nos indica que había abierta oposición (a las órdenes del Profeta), es que, a pesar de todo el enfado demostrado por el Mensajero de Allah; a pesar del hecho de que él mismo amarró la bandera con sus benditas manos al mástil, y de que les ordenó marchar rápida e inmediatamente, aun así fueron renuentes y reacios a moverse, y no partieron hasta que él murió (¡Hubiera dado la vida de mis padres por él!).

El Profeta murió con su corazón lleno de angustia por su malaventurada comunidad, la cual empeoraría y terminaría en el Infierno, y nadie sería salvado excepto unos pocos, a quienes el Mensajero de Allah comparó con los camellos desparramados por los pastizales13.

Si hacemos un análisis minucioso de la historia, encontramos que el segundo Califa, quien es el más destacado y famoso personaje de este evento, es el que, después de la muerte del Enviado de Allah (BP), fue con el Califa Abu Bakr y le pidió que destituyera a Usamah y designara a otro en su lugar. Abu Bakr le respondió: “¡Que tu madre quede desconsolada por tu muerte, oh hijo de Al-Jattab! ¿Me dices que lo destituya, siendo que fue el Mensajero de Allah quien le confirió el mando?”.14

¿En qué posición queda ‘Umar en esta realidad, que en cambio entendió Abu Bakr? ¿O acaso en el asunto hay algún otro secreto escondido para los historiadores? ¿O es que fueron ellos mismos (los historiadores) los que guardaron secretos para proteger el honor de ‘Umar, como ha sido siempre su costumbre, así como tergiversaron la expresión: “Está delirando”, por: “Lo ha agobiado el dolor”?

Estoy sorprendido por aquellos Compañeros que molestaron al Profeta aquel Jueves que lo acusaron de “delirar”, y que dijeron: “Nos es suficiente el Libro de Allah”, cuando el Sagrado Corán afirman:

«Di: Si amáis a Allah, ¡seguidme! Allah os amará...» (Sagrado Corán; 3:31)

Como si ellos fueran más sabios sobre el Libro de Allah y sus normas que aquel a quien ha sido revelado; y he ahí que ellos, dos días después de aquella gran desgracia, y dos días antes de que él (el santo Profeta) ascendiera para encontrarse con el más Alto Compañero, lo hacen enojar aún más, al censurarlo por nombrar a Usamah, y al no obedecer sus órdenes. Eso ocurrió mientras él estaba enfermo y postrado en cama, en la primera desgracia, y en la segunda se vio obligado a salir con su cabeza vendada, cubierto con un manto y apoyándose en dos hombres con sus pies apenas rozando en el suelo, para dirigirse al mimbar (púlpito).

Él comenzó su discurso con la profesión de la Unicidad de Allah y Lo alabó a fin de que se percataran de que no estaba delirando; luego les hizo saber que conocía sus críticas a sus órdenes, y les recordó un incidente que había ocurrido cuatro años atrás, en el cual también había sido criticado. Después de todo eso, ¿pensaron ellos realmente que él estaba delirando o que su enfermedad le había agobiado de modo que él no se percataba de lo que estaba diciendo?

¡Glorificado seas en Tu Alabanza, oh Dios! ¿Cómo se atrevieron estas personas a oponerse a Tu Mensajero? No estuvieron complacidos cuando firmó el Tratado de Paz, y se opusieron tan firmemente, que les tuvo que repetir tres veces la orden de realizar el sacrificio y de afeitar sus cabezas, sin que nadie le respondiese. En otra oportunidad, le sujetaron de su camisa para impedirle rezar por ‘Abdullah ibn Ubai y le dijeron: “¡Allah te ha prohibido rezar por los hipócritas!”. Como si ellos estuvieran enseñándole lo que le había sido revelado, cuando Tú dices en Tu sagrado Corán:

«...Y te hemos revelado la Amonestación para que expliques a los hombres lo que se les ha revelado...»(Sagrado Corán; 16:44)

Y Tú dices:

«Te hemos revelado la Escritura con la verdad para que juzgues entre los hombres como Allah te dé a entender» (Sagrado Corán; 4:105)

Y Tú dices -y Tu Palabra es verdad-:

«...Igual que os hemos mandado un Enviado de entre vosotros para que os recite Nuestras aleyas, para que os purifique, para que os enseñe la Escritura y la Sabiduría, y para que os enseñe lo que no sabíais» (Sagrado Corán; 2:151)

Estoy sorprendido por aquellas personas que se consideraban a sí mismas en una posición superior a la del Profeta. En ocasiones, desobedecieron sus órdenes, y en otras, lo acusaron de delirar, y hablaron a gritos sin educación ni respeto por su presencia. Lo criticaron por nombrar a Zaid ibn Hariza para el comando militar, y después de él, por nombrar para el mismo cargo a su hijo Usamah ibn Zaid.

Tras esto, ¿cómo puede quedarles duda a los investigadores de que los Shi‘as no tienen razón cuando ponen a algunos Compañeros entre signos de interrogación; y se alteran por esa posición de respeto y amor que tienen ellos (los Shi‘as) por el Mensajero y por los miembros de su Familia?

He mencionado solamente cuatro o cinco de esas desobediencias para ser breve y para usarlas como ejemplos, pero los sabios Shi‘as podrían enumerar cientos de situaciones en las cuales los Compañeros contradijeron las claras disposiciones; e inclusive se basan en las fuentes de los sabios Sunnis, como sus Sihah (compilaciones correctas) y sus Masanid (tradiciones de autenticidad verificada).

Cuando examino las posiciones tomadas por algunos Compañeros en relación al Mensajero de Allah, quedo confundido y asombrado, no solamente a causa de las actitudes de aquellos Compañeros, sino también debido a la posición de los sabios Sunnis que nos quieren dar la imagen de que los Compañeros estuvieron siempre con la verdad y que no podemos criticarlos de ninguna manera. De esa forma, impiden llegar a la verdad a aquel que quiere investigar, el cual permanece debatiéndose en medio de contradicciones ideológicas.

Como agregado a los ejemplos que mencioné antes, citaré algunos más a fin de establecer un mejor cuadro de aquellos Compañeros, para que podamos comprender la posición de la Shi‘a hacia ellos.

De acuerdo con Al-Bujari en el Vol. 4, P. 47 de su Sahih, sección de “La Conducta”, en el capítulo: “La Paciencia ante el Sufrimiento”, y la interpretación de la aleya coránica: «...Y aquellos que son pacientes, seguramente, serán recompensados ilimitadamente»:

Al-A‘mash nos narró que escuchó a Shaqiq diciendo que ‘Abdullah le dijo: “Cierta vez el Santo Profeta (BP) dividió algo entre un grupo de hombres, como él solía hacer, cuando un hombre de los Ansar se levantó y dijo: “Por Allah, que esta división no satisface al Todopoderoso”. Yo dije: “En cuanto a mí, en verdad que se lo diré al Profeta (BP)”.

Fui con él y lo encontré con sus Compañeros. Expuse con vehemencia la cuestión y le resultó tan penoso que su rostro cambió y mostró signos de enojo, y deseé no habérselo dicho. Luego dijo: “A Moisés lo hicieron sufrir con mucho más que eso y fue paciente”.

Al-Bujari mencionó en la misma sección -es decir, la sección de “La Conducta”- en el capítulo concerniente a las modalidades de la sonrisa y la risa, que Anas ibn Malik narró:

“Yo estaba caminando con el Mensajero de Allah, quien estaba usando un manto de Nayran con un grueso borde, y de pronto un beduino se le acercó y tiró de su manto bruscamente”. Anas continuó: “Observé que como resultado de aquel brusco tirón, el grueso borde del manto dejó una marca en el hombro del Profeta (BP), y luego (el beduino) dijo: “¡Oh Muhammad, dame algo de lo que tú tienes de la riqueza de Allah!”. El Profeta se volvió hacia él y rió; luego ordenó a sus Compañeros darle algo”.
Al-Bujari también mencionó el siguiente incidente en la sección de “La Conducta”, bajo el título: “Quien no se dirige a la gente con afrenta”. Él dijo:
“‘Aishah dijo que el Profeta (BP) realizó algo y lo hizo permisible, pero nadie siguió lo que el Profeta dijo. El Profeta (BP) fue informado de ello, por lo tanto se dirigió a la gente.

Él primero agradeció a Allah; luego dijo: “¿Qué sucede con esas personas que se abstienen de algo que yo hago? ¡Por Allah, yo sé más que ellas sobre Allah, y le temo a Él más!”.

El que analiza con detenimiento ejemplos como los anteriormente mencionados, encuentra que los Compañeros se ponían a sí mismos en un nivel mas alto que el del Profeta, y que consideraban que él se equivocaba mientras que ellos actuaban correctamente. Además, hubo algunos historiadores que deliberadamente hacían válida la posición de los Compañeros, aun si contradecía la acción tomada por el Profeta, y les conferían un nivel de conocimiento y piedad mas alto que el del Enviado de Allah (BP), como cuando ellos juzgaron que el Profeta se equivocó en el caso de los prisioneros de guerra de la Batalla de Badr, y que ‘Umar ibn Al-Jattab estaba en lo cierto.

Ellos además relatan falsas narraciones, tales como el siguiente dicho atribuido al Profeta (BP): “Si Allah decidiera infligir un desastre sobre nosotros nadie escaparía excepto Ibn Al-Jattab”. En otras palabras ellos estaban diciendo: “Si no fuera por ‘Umar, el Profeta hubiera perecido”.

¡Allah!, protégenos de tan corrupta y vil creencia, pues el que se adhiere a esta clase de creencia, seguramente está tan lejos del Islam como la distancia que separa al Oriente del Occidente, y debe revisar su pensamiento o arrojar al diablo de su corazón.

Allah, el Altísimo, dice:

«Y ¿qué te parece aquel que ha tomado a su pasión como divinidad, a quien Allah ha extraviado a sabiendas, sellando su oído y su corazón, poniendo un velo ante sus ojos? ¿Quién podrá dirigirle fuera de Allah? ¿Es que no os dejaréis amonestar?»(Sagrado Corán; 45:23)

Allah, el Altísimo y Majestuoso, es Veraz.

Creo que aquellos que pensaban que el Profeta (BP) estaba sujeto a sus emociones hasta tal punto que se desvió del sendero recto y emitió un juicio no por la causa de Allah, sino siguiendo a sus pasiones y simpatías; aquellos que se abstenían de hacer cosas que fueron realizadas por el Mensajero de Allah, pensando que eran más sabios y más temerosos de Allah que Su Propio Mensajero, no son dignos de ningún respeto ni apreciación por parte de los musulmanes, y mucho menos de ser dispuestos al mismo nivel que los ángeles.

Ellos dictaminaron que fueron la mejor creación después del Mensajero de Allah, a fin de que los musulmanes estén obligados a seguirlos y a tomarlos como ejemplo, por el solo hecho de haber sido Compañeros del Mensajero de Allah (BP).

Esto contradice la creencia de la gente de la Sunnah, quienes al bendecir a Muhammad y a su familia añaden a todos los Compañeros. Si Allah -Alabado y Glorificado sea- hubiera querido dar a conocer el valor de los Compañeros, los hubiera puesto en su correcta posición, en cambio lo que les ordenó fue bendecir a Su Mensajero y a los miembros purificados de su familia. Deberían haberse sometido y reconocido la posición de aquéllos ante Allah. ¿Por qué entonces los ponemos (a los Compañeros) en una posición más alta de la que en verdad poseen, y los igualamos con quienes Allah ha elevado y preferido sobre toda la gente?

Déjenme entonces concluir que los Omeyas y los Abbasidas, quienes se opusieron a Ahl-ul Bait y los desterraron y asesinaron junto a sus seguidores y partidarios, captaron la esencia de su distinguida posición y reconocieron el enorme peligro que representaban para ellos. Teniendo en cuenta que Allah -Alabado sea- no acepta las oraciones de un musulmán a menos que él los bendiga (a Ahl-ul Bait), ¿cómo podían justificar su enemistad y distanciamiento de ellos?

Es por eso que elevaron a los Compañeros a la misma posición que Ahl-ul Bait a fin de dar la impresión a la gente que ellos son iguales en virtud, especialmente cuando sabemos que sus nobles y dignatarios daban una remuneración a los débiles de intelecto de entre aquéllos que, o bien acompañaron al Enviado de Allah (BP), o bien eran Tabi‘in (musulmanes de la 2º y 3º generación que conocieron a algunos Compañeros del Profeta), para que relatasen dichos falsos (atribuidos al Profeta) sobre la virtud de los Compañeros y en particular de la de aquellos que alcanzaron la posición de Califa, quienes fueron la razón directa para la llegada de los Omeyas y de los Abbasidas al poder y a la autoridad sobre todos los musulmanes.

La historia es el mejor testigo de lo que estoy diciendo; por ejemplo, ‘Umar ibn Al-Jattab, quien era muy conocido por el rigor y control que ejercía sobre sus gobernadores, a quienes solía destituir tan solo por meras sospechas, fue bastante condescendiente con Mu‘awiah ibn Abi Sufian, y nunca fue severo con él. Mu‘awiah fue designado por Abu Bakr y confirmado por ‘Umar a través de su vida, quien nunca lo reprendió ni lo censuró, a pesar del hecho de que mucha gente se quejaba de Mu‘awiah y lo delataba por usar oro y seda, lo cual fue prohibido para los hombres por el Mensajero de Allah.

‘Umar solía responder a la gente diciendo: “¡Dejadlo! Él es el Kisra (Cosroes, rey de Persia) de los árabes”.

Mu‘awiah continuó en el gobierno por más de veinte años sin estar sujeto a críticas o censuras, y cuando ‘Uzman sucedió al Califato de los musulmanes, añadió a su autoridad nuevos distritos y regiones, los que le facilitaron un mayor poder sobre la riqueza de la comunidad islámica, y el disponer de ejércitos y de la gentuza de entre los árabes, para revelarse contra el Imam (líder) de la comunidad y consecuentemente tomar el poder por la fuerza y la intimidación. De este modo llegó el despotismo a los musulmanes, a quienes más tarde Mu‘awiah instó, por la fuerza y la coerción, a jurar fidelidad a su corrupto y alcohólico hijo Iazid, como su heredero y sucesor.

Esta es otra larga historia, por lo tanto no entraré en detalles en este libro, pero lo importante es que debemos comprender la mentalidad de aquellos Compañeros que alcanzaron la posición de Califa y facilitaron el establecimiento del estado Omeya de una manera directa, a fin de complacer a Quraish que no soportaba ver tanto a la Profecía como al Califato en manos de Bani Hashim15 (clan familiar al que pertenecía el Profeta).

El estado Omeya se sintió con el derecho, o más bien con la obligación, de agradecer a aquéllos que le habían facilitado el establecimiento. Lo menos que podía hacer para agradecerles era contratar a narradores sobornables que relataran virtudes atribuidas a sus “grandes señores”, y al mismo tiempo para que los elevaran hasta una posición más alta que la de sus adversarios Ahl-ul Bait, simplemente inventando virtudes y méritos que, al ser examinados bajo la luz de las evidencias legales, razonables y lógicas, no queda ninguno que pueda ser mencionado (Allah es testigo). ¡Dios mío!, a menos que seamos víctimas de algún tipo de trastorno o que creamos en contradicciones.

Como uno de los innumerables ejemplos que se le atribuyen a ‘Umar, escuchamos que hasta fue dicho sobre él: “Tú gobernaste con justicia, por lo tanto, puedes dormir”. Además se ha dicho que ‘Umar fue sepultado de pie a fin de que la justicia no muriera junto con él,... y sobre la justicia de ‘Umar se podría seguir hablando largamente.

Sin embargo, la historia verdadera nos narra que cuando ‘Umar ordenó que debían ser distribuidas las dádivas entre la gente durante el vigésimo año de la Hiyrah16, no siguió ni se circunscribió a la tradición del Mensajero de Allah. El Profeta (BP) distribuía las dádivas sobre bases iguales entre todos los musulmanes y no hacía diferencias entre unas personas u otras, y Abu Bakr hizo lo mismo a lo largo de su Califato.

Pero ‘Umar introdujo un nuevo método. Prefirió a los primeros conversos al Islam por sobre los demás. Prefirió a los Muhayirin (emigrantes desde La Meca a Medina) de Quraish por sobre otros Muhayirin. Prefirió a los Muhayirin en general sobre todos los Ansar (seguidores del Profeta Muhammad en Medina que le garantizaron refugio después de la Hiyrah). Prefirió a los árabes sobre los A‘yam (no árabes). Prefirió a los hombres libres por sobre los esclavos17. Prefirió a (la tribu de) Mudar por sobre (la tribu de) Rabia, pues le dio trescientos a la primera y doscientos a la última18. También prefirió a los Aws por sobre los Jazray19.

¿Acaso hay justicia en toda esta diferenciación, ¡oh gente que tenéis intelecto!?

También escuchamos mucho sobre el conocimiento de ‘Umar, hasta el punto que fue descrito como el más sabio de los Compañeros, y se dijo además, que su Señor concordaba con él en muchas de sus opiniones, las que posteriormente fueron reveladas en varias aleyas coránicas para ratificarlas, pues ‘Umar discrepaba con el Profeta sobre ellas. Pero la historia verdadera nos indica que ‘Umar no concordaba con el Corán, ni siquiera después de haber sido revelado.

Cuando uno de los Compañeros le preguntó un día, durante su califato: “¡Oh Comandante de los Creyentes! ¿Qué debo hacer si estoy impuro, pero no puedo encontrar agua para purificarme?”. ‘Umar respondió: “No reces”. Entonces ‘Ammar ibn Iasir se vio obligado a recordarle sobre el Taiammum (purificación ritual que se realiza con tierra). A ‘Umar no le agradó aquello, y dijo a ‘Ammar: “Tú eres responsable sólo de los deberes que se te han asignado”20.

¿Dónde está el conocimiento de ‘Umar con respecto a la aleya sobre el Taiammum que ha sido revelada en el Libro de Allah?, y ¿dónde está el conocimiento de ‘Umar de la Tradición del Profeta (BP) que les enseñó cómo hacer el Taiammum, así como también el Wudu (ablución ritual)?

‘Umar mismo reconoció en muchas ocasiones que él no era un sabio, y que toda la gente, incluso las mujeres, eran más inteligentes que él, y además, fue escuchado diciendo en varias oportunidades: “Si no fuera por Ali, ‘Umar hubiera perecido”. Y a través de su vida no conoció la norma referente a Kalalah (herencia del muerto que no tiene ni hijos ni padres) sobre lo cual juzgó y dio muchas sentencias diferentes entre sí, como lo atestigua la historia.

¿Dónde está aquí el conocimiento, ¡oh gente que razonáis!?
Asimismo escuchamos mucho sobre el heroísmo, la valentía y el vigor físico de ‘Umar, y se dijo que Quraish temió cuando ’Umar se hizo musulmán, pues aumentó la fuerza del Islam cuando él entró a la religión. También se dijo que Allah glorificó el Islam con ‘Umar, y que el Mensajero de Allah no invocó (a la gente) al Islam abiertamente sino hasta después de que ‘Umar se hizo musulmán.

Pero las referencias históricas correctas y reconocidas no parecen indicar nada sobre aquella valentía y heroísmo, y la historia no menciona a ninguna persona famosa u ordinaria que haya sido matada por ‘Umar en alguna batalla como Badr, Uhud, Al-Jandaq o alguna otra, sino que las correctas referencias históricas nos narran que él escapó con los que huyeron de la batalla de Uhud, y asimismo escapó en el día de Hunain; y que cuando el Mensajero de Allah lo envió a tomar la ciudad de Jaibar, volvió huyendo. Incluso en las expediciones militares en las que participó, siempre fue un subordinado y no el jefe, siendo la última aquella que estaba al mando del joven Usamah ibn Zaid, a quien él debía obedecer. Por lo tanto ¿dónde está todo ese heroísmo y valentía, teniendo en cuenta estas realidades históricas... ¡oh gente que razonáis!?

También escuchamos bastante sobre la piedad de ‘Umar y su gran temor a Allah hasta el punto de llorar. Se ha dicho que él tenía miedo de ser responsable ante Allah si una mula se desplomaba en Irak, ya que él no había preparado el camino para ella.

Pero las fuentes históricas correctas y reconocidas nos dicen que fue un hombre rudo y grosero que careció de piedad y temor (a Allah) y no vaciló en golpear a un hombre hasta que sangró, sin que él hubiera sido acusado de algún delito, sino sólo porque le preguntó sobre una aleya coránica; e incluso las mujeres solían abortar a sus bebés por temor, cuando lo veían.

¿Por qué no temió a Allah cuando levantó su espada y amenazó a todos los que dijeron que Muhammad había muerto? Él juró por Allah que no había muerto, sino que solamente había ido a hablar con su Señor de la misma manera en que Musa Ibn ‘Imran (Moisés) lo hizo; y luego amenazó con matar a todo aquél que dijera que Muhammad (BP) había muerto21.

¿Por qué no temió a Allah cuando amenazó con quemar la casa de Fátima Az-Zahrá (la hija del Mensajero de Allah) si no salían de ella aquéllos que se abstenían de jurar fidelidad al califato establecido?22 Se narró que cuando se le dijo que Fátima estaba adentro, él respondió: “¡Y qué!”.

Él violó los mandatos del Libro de Allah y la Tradición del Mensajero, y dictó reglas y sentencias durante su califato que contradecían los textos del Sagrado Corán y de la noble Tradición profética23.

Por lo tanto, ¿dónde está toda la piedad y el temor a Allah en todas estas amargas y tristes realidades, ¡oh siervos sinceros de Allah!?

He tomado a este famoso Compañero como ejemplo, y he resumido mucho para evitar prolongaciones, pero si quisiese entrar en detalles, llenaría muchos volúmenes. Pero como ya dije, he citado estas referencias históricas sólo como ejemplos y no porque no hubiera más.

Lo mencionado es una pequeña cantidad, pero ello nos da un claro indicio de la mentalidad de los Compañeros y la posición contradictoria de los sabios e historiadores Sunnis. Por una parte, prohiben a la gente criticarlos o dudar de ellos, pero por otra, escriben en sus libros cosas que hacen que la gente dude de sus actos y los censure.

Desearía que los sabios Sunnis no hubieran mencionado nunca nada sobre estos temas tan evidentes que manchan la dignidad de los Compañeros y derrumba su integridad. Si no lo hubieran hecho, nos habríamos evitado toda esta confusión.

Todavía recuerdo un encuentro que tuve con un sabio de Nayaf Al-Ashraf, cuyo nombre era Asad Haidar (autor de Al-Imam As-Sadiq wal-Madhahib Al-Arba‘ah - “El Imam As-Sadiq y las Cuatro Escuelas”). Cuando estábamos hablando sobre los Sunnis y los Shi‘as, me narró una historia sobre su padre, quien se encontró con un sabio tunecino de Az-Zaitunah durante la Peregrinación, unos cincuenta años atrás:

“Comenzaron a debatir sobre el Imamato de Amir Al-Mu’minin Ali Ibn Abi Talib. El sabio tunecino escuchó atentamente cuando mi padre mencionó cuatro o cinco evidencias sobre el Imamato de Ali -con él sea la paz- y su derecho al Califato. Cuando terminó, el sabio de Az-Zaitunah le preguntó: “¿No tienes más pruebas que esas?”. Mi padre respondió: “No”. Luego el sabio tunecino dijo: “Sostén tu Masbaha y comienza a contar”. Entonces comenzó a citar pruebas hasta que mi padre llegó a contar cien que él no conocía”.

El Shaij Asad Haidar añadió: “Si los Sunnis leyeran lo que está escrito en sus propias libros, entonces dirían las mismas cosas que estamos diciendo y terminarían las diferencias entre nosotros, desde tan lejana época”.

¡Por mi vida! Que esa sería la inevitable verdad. ¡Si el hombre tan sólo se librara a sí mismo de su ciego prejuicio y de su arrogancia, y se sometiera a las pruebas evidentes!

  • 1. Sagrado Corán; 33:33
  • 2. Sagrado Corán; 8:41
  • 3. Sagrado Corán; 42:23
  • 4. Sagrado Corán; 4:59
  • 5. Sagrado Corán; 3:7
  • 6. Entre las fuentes del hadiz “Az-Zaqalain” (Las Dos Joyas Preciosas), están: Kanz-ul ‘Ummal, Vol. 1, p. 44. Musnad Ahmad, Vol. 5, p. 182.
  • 7. Entre las fuentes del hadiz “As-Safinah” (El Arca), están: Al-Mustadrak, por Al-Hakim (El Resumen de Dhahabi), Vol. 3, p. 151, y As-Sawa‘iq-ul Muhriqah, por Ibn Hayar, pp. 184 y 234.
  • 8. Este suceso fue citado por muchos historiadores y autores de Sirah (Biografías). También fue citado por Al-Bujari en su Sahih (Libro de Ash-Shurut, capítulo: “Ash-Shurut fil Yihad”, Vol. 2, p. 122) y por Sahih Muslim, capítulo sobre el Tratado de Al-Hudaibiiah, Vol. 2.
  • 9. As-Sirat-ul Halabiiah. Capítulo de “Sulh-ul Hudaibiiah”, Vol. 2, p. 706.
  • 10. Sahih Al-Bujari, Vol. 2, Capítulo sobre el dicho del enfermo: “¡Dejadme!”. Sahih Muslim, Vol. 5, p. 75, al final del Libro de Al-Wasiiah. Musnad Al-Imam Ahmad. Vol. 1, p. 355 y Vol. 5, p. 116. Ta’rij At-Tabari, Vol. 3, p. 193. Ta’rij ibn Al-Azir, Vol. 2, p. 320.
  • 11. Sagrado Corán; 53:3.
  • 12. At-Tabaqat, por Ibn Sa‘d, Vol. 2, p. 190. Ta’rij Ibn Al-Azir, Vol. 2, p. 317. As-Sirah Al-Halabiiah, Vol. 3, p. 207. Ta’rij At-Tabari, Vol. 3, p. 226.
  • 13. Esta comparación es por la inferioridad en número de quienes luego de él seguirían firmes en su camino, ya que los camellos que no están en la manada sino desparramados en los pastizales, son pocos en comparación con los otros.
  • 14. At-Tabakat-ul Kubra, por Ibn Sa‘d, Vol. 2, p. 190. Ta’rij At-Tabari, Vol. 3, p. 226.
  • 15. Para más detalles leer: Al-Jilafah wal-Mulk, por Abul A‘la Al-Mawdudi. Iawm-ul Islam, por Ahmad Amín.
  • 16. Hiyrah o Hégira: Emigración del Profeta desde La Meca a Medina que marca el comienzo del calendario musulmán.
  • 17. Sharh Ibn Abi Al-Hadid, Vol. 8, p. 111.
  • 18. Ta’rij Al-Ia’qubi, Vol. 2, p. 106.
  • 19. Futuh-ul Buldan, p. 437.
  • 20. Sahih Al-Bujari, Vol. 1, p. 52.
  • 21. Ta’rij At-Tabari y Ta’rij Ibn Al-Azir.
  • 22. Al-Imamah was-Siiasah, por Ibn Qutaibah.
  • 23. Ver: An-nas wal-Iytihad, por Abdul Husain Sharaf-ud Din. Se han enumerado muchos casos en los cuales ‘Umar utilizó su propia interpretación en contradicción a los textos, como lo mencionan todas las fuentes reconocidas de todas las Madhahib islámicas.

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