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At-Taqlîd (la imitación a un sabio)

Todo musulmán debe al­canzar certeza en los asuntos que debe creer, y no es permitido que siga a otros en esas cuestiones sin haber al­canzado él mismo tal convic­ción.

Desde que los fundamentos principales y las generalidades de los asuntos doctrinales se en­cuentran limitados y definidos teniendo cada uno de ellos clara demostración racional, se conforma un asunto asequible para las personas el hecho de alcanzar la certeza en lo relacio­nado a los fundamentos y las cuestiones básicas de la religión. Mientras que el espectro de las ramas y normas jurídicas no es muy amplio al respecto, sino que el discernimiento de las mismas requiere de muchos conoci­mien­tos preliminares que la ma­yoría de las personas no dominan. Por eso, esas personas –tal como lo indica la naturaleza humana y en conformidad al comporta­miento de las personas sensatas de referirse a los especialistas- en lo rela­cionado a las normas de la sharî‘ah o ley divina, deben refe­rirse a los sabios y los muÿthidîn, para de esa manera puedan cumplir sus deberes religiosos y sus obligaciones jurídicas.

Básicamente, el ser humano realiza sus acciones según el conocimiento y el discernimiento, de manera que si le es asequible alcanzar por sí mismo esos cono­cimientos los adopta y actúa en base a los mismos, pero cuando eso no le es posible requiere la ayuda de otro. Aquí necesariamente de­bemos saber que el taqlîd a un muÿtahid que reúne las condi­ciones y el hecho de referirse a él para cono­cer el deber religioso, es una forma de referirse a los expertos en una materia y no tiene nada que ver con la ciega imita­ción producto del fanatismo na­cional, racial o algo similar.

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