...Y entonces fui guiado

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Conversión de un erudito Sunni a la escuela Shia. El esfuerzo de un sincero “buscador de la Verdad” guiado hacia el “Sendero Recto”.

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Introduccion

Este libro va, desde las diferentes sectas islámicas, en busca de la “Verdad” y de la “Verdadera Senda”, ya que todas ellas alegan ser la guía hacia ella. Sin embargo, Allah, Glorificado Sea, conoce la Verdad Absoluta, que naturalmente
consiste sólo en una “Verdadera Senda”. Fuera de la Verdad nada prevalece sino el extravío.

Este libro es el esfuerzo de un sincero “buscador de la Verdad” que fue guiado hacia el “Sendero Recto”.

«A quienes se esfuerzan por Nosotros, ¡hemos de guiarles por nuestros caminos! ¡Allah está, en verdad, con quienes hacen el bien!» (Sagrado Corán; 29:69)

Todo musulmán sincero está invitado a leer este libro atentamente, porque en él hay evidencias y respuestas explícitas a las cuestiones esenciales sobre las que difieren las principales escuelas.

Dedicación

Mi libro es una modesta pieza de trabajo. Es la anécdota de un viaje; la anécdota de un nuevo descubrimiento; no un descubrimiento técnico o natural, sino uno en la esfera de las escuelas religiosas y filosóficas.

Puesto que cualquier descubrimiento está basado fundamentalmente en un sano entendimiento y en una clara comprensión que diferencian a los seres humanos de las demás criaturas, me gustaría dedicar este libro a toda mente sana; una mente que hace brillar la verdad y la distingue del cúmulo de falsedades; una mente que pesa las palabras en la escala de la justicia, y siempre se revela en favor de la razón.

Una mente que compara las palabras y los dichos, y tiene la habilidad para discernir entre lo lógico y lo incoherente, y entre lo bueno y lo inadecuado. Allah, Glorificado Sea, dice:

«Aquellos que prestan atención a los dichos y siguen lo mejor de ellos, aquellos son guiados por Allah y ellos son los atentos»

A todos aquellos, yo dedico este libro, esperando que Allah, Glorificado y Elevado Sea, abra nuestras mentes y percepción antes que nuestros ojos, guíe, e ilumine nuestros corazones; que nos muestre claramente el camino recto de forma que lo sigamos; que nos muestre claramente el camino equivocado de forma que lo evitemos, y nos acepte entre Sus siervos sinceros, pues ciertamente que Él escucha y Él responde.

Muhammad At-Tiyani As-Samawi

Prologo

Alabado sea Allah, el Señor del Universo, Quien creó al hombre de barro y lo moldeó con la mejor configuración, Quien lo favoreció sobre el resto de las criaturas e hizo que sus ángeles más cercanos se prosternaran ante él, Quien lo agració con el intelecto, el cual transforma su incertidumbre en certeza, Quien le dotó de ojos, una lengua y labios, y le mostró los dos caminos. Le envió mensajeros albriciadores y amonestadores, para alertarle e impedirle caer en los desvíos del maldito demonio.

Le dijo que no adorara al diablo, puesto que es su enemigo declarado, y adorara a Allah solamente, siguiera Su sendero recto, con discernimiento, fe y un conocimiento certero, y que no imitara la creencia de sus antepasados, amigos y parientes que siguieron a quienes les precedieron sin ningún claro razonamiento. ¿Quién puede decir mejores cosas que quien suplica a Allah, realiza buenas obras y dice: “¡Yo soy de los Musulmanes!?”.

Las bendiciones, la paz, los saludos y las gracias del Todopoderoso sean sobre quien fue enviado como misericordia para el universo... defensor de todos los oprimidos y débiles... salvador de la humanidad sacándola desde la oscuridad de la ignorancia, hacia la guía del sendero iluminado de los buenos creyentes... Nuestro señor y maestro Muhammad ibn ‘Abdullah, Profeta de los Musulmanes y líder de los más iluminados.

Que estas bendiciones y paz sean sobre su inmaculada y purificada descendencia a quien Allah ha elegido de entre el resto de la creación para que fueran guías de los creyentes y conocedores, y ejemplo de los sinceros y veraces. Fue expresada en el Generoso Corán la obligación de amarles tras alejar de ellos la impureza y tornarles infalibles. Allah ha prometido que quien suba a su arca será salvado, y que todo el que se aleje de ella, perecerá.

Que estas bendiciones y paz sean sobre sus compañeros honorables y fieles que le apoyaron, honraron, respetaron y se sacrificaron a sí mismos por la victoria del Islam. Esos compañeros que conocieron la verdad; de este modo le juraron lealtad con convicción y permanecieron en el sendero recto sin alterarlo ni cambiarlo, y fueron de los agradecidos. Pueda Allah recompensarles por sus servicios al Islam y a los musulmanes.

Que estas bendiciones y paz sean sobre sus seguidores y sobre aquellos que se mantienen en su senda... hasta el Día del Juicio Final.

¡Señor mío! Acepta de mí esta acción, pues Tú eres El que Todo lo Oye y El que Todo lo Sabe. ¡Señor mío! Dilata mi pecho, puesto que Tú eres Quien guía hacia la real certidumbre; ayúdame a expresarme, pues Tú concedes sabiduría a quien Te place de entre Tus fieles adoradores. ¡Señor mío! Incrementa mi conocimiento y reúneme con los benevolentes.

Una breve ojeada a mi vida

Todavía recuerdo cuando mi padre me llevó consigo por primera vez a la mezquita local donde las oraciones At-Tarawih eran realizadas durante el mes de Ramadán. Yo tenía entonces diez años de edad. Él me presentó a los orantes quienes no pudieron disimular su asombro.

Supe previamente que el muaddib (maestro de Corán), había hecho arreglos para que yo dirigiera las oraciones Al-Ishfa‘1 en comunidad, por dos o tres noches. Era habitual para mí rezar detrás de la concurrencia junto con algunos niños del barrio, y esperar que el Imam llegara a la segunda parte del Corán, es decir: la Surah Mariam. Mi padre cuidó de que aprendiéramos el Corán en la escuela coránica, como también en casa a través de lecciones privadas impartidas a nosotros por el Imam de la mezquita, quien era un pariente ciego nuestro, que podía recitar todo el Corán de memoria.

Debido a que aprendí a recitar la mitad del Corán de memoria a una edad temprana y que el muaddib me había enseñado todas las reglas para la correcta recitación coránica, y me había examinado reiteradamente para cerciorarse de que había entendido sus instrucciones, él quiso mostrar a los demás su buena influencia sobre mí.

Tras superar el examen y realizar las oraciones y recitación comunitarias de la mejor manera, tal como lo esperaban mi padre y el muaddib, todos los hombres vinieron hacia mí, me saludaron asombrados, agradecieron al maestro que me enseñó y felicitaron a mi padre. Luego todos alabaron a Allah por la gracia del Islam y por las “bendiciones del Shaij”.

El recuerdo de los días que siguieron permanecen conmigo aún hoy... Alcancé gran prestigio y mi reputación trascendió nuestro barrio hacia toda la ciudad. Aquellas noches de Ramadán han dejado sus huellas religiosas sobre mí hasta este día, y cada vez que atravieso por un episodio de confusión, siento que hay un extraño poder que me atrae y me retorna al camino. Cada vez que sentí la debilidad del alma y el vacío de la vida, estos recuerdos vinieron a mí para elevarme espiritualmente y encender en mi conciencia la llama de la fe, a fin de poder soportar las responsabilidades.

La responsabilidad que me fue dada por mi padre, o más específicamente por mi muaddib, para conducir al grupo en las oraciones a una edad temprana, me hizo sentir como si yo no estuviera haciendo lo suficiente, o al menos no estuviera al nivel que se esperaba de mí.

Debido a eso, pasé mi infancia y mi adolescencia en relativa rectitud, pero no sin algún juego inocente y un anhelo por conocer e imitar. A lo largo de todo ese período, estuve rodeado por la protección divina que me hacía distinguible entre mis hermanos por mi calma y serenidad, y por estar en el sendero recto, lejos de todos los actos inmorales.

No debo olvidar mencionar que mi madre -que Allah bendiga su alma- ejercía una gran influencia sobre mí. Ella es la que abrió mis ojos, y me enseñó los capítulos (surah) cortos del Sagrado Corán, las oraciones y las normas de la pureza ritual. Me tuvo a su especial cuidado debido a que yo era su primer hijo, mientras que veía junto a ella a la primera esposa de mi padre desde hacía muchos años, que tenía hijos que se le acercaban en edad. Quizás ella encontró regocijo en educarme, pues rivalizaba con la primera esposa y los hijos de mi padre.

El nombre Tiyani, que me fue dado por mi madre, tiene un significado especial en la familia As-Samawi que había adoptado la Tariqah (orden) sufi de Tiyani desde que fue visitada por un hijo del Shaij Ahmad At-Tiyani que había venido de Argelia. Mucha gente de Qafsa -la ciudad natal de mi familia- adoptó la orden sufi de Tiyani, especialmente las familias adineradas y educadas que ayudaban a difundir la orden.

A causa de mi nombre, llegué a ser querido en la casa Samawi -en donde habitaban más de veinte familias-, como así también fuera de ella, especialmente entre aquellos que estaban relacionados con la orden de Tiyani. Es por eso que muchos de los ancianos orantes que estaban presentes en las noches de Ramadán antes mencionadas, venían a felicitar a mi padre y besaban mi cabeza y mi mano diciendo: “Esto es parte de las bendiciones de nuestro maestro, el Shaij Ahmad At-Tiyani”.

Vale la pena mencionar que la orden sufi de Tiyani está muy difundida en Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Sudán y Egipto, y aquellos que creen en ella, de una u otra manera, son fanáticos a su respecto. Ellos no visitan la tumba de otros sabios porque, de acuerdo a su creencia, adquirieron su conocimiento entre sí, mientras que el Shaij Ahmad At-Tiyani obtuvo su conocimiento directamente del Mensajero de Allah, Muhammad (BP), a pesar del hecho de que vivió trece siglos después que el Profeta (BP).

Narran que el Shaij Ahmad At-Tiyani solía comunicarse con el gran Profeta (BP) hablándole mientras estaba despierto y no durante su sueño. Asimismo dicen que las oraciones completas que fueron inventadas por el Shaij son mejores que terminar el Sagrado Corán cuarenta veces.

A fin de ser breve, dejaré de hablar sobre la Tariqah sufi de Tiyani en esta etapa del libro, y si Dios quiere, me referiré a ella luego.

De ese modo, crecí con esta creencia, como cualquier otro muchacho en nuestro pueblo. Todos éramos musulmanes -Alabado sea Allah- que pertenecíamos a la escuela Sunni y que seguíamos las enseñanzas del Imam Malik ibn Anas, Imam de Darul Hiyrah. Sin embargo, en África del Norte, estamos divididos en nuestras órdenes sufis. Por ejemplo, sólo en Qafsa, están: At-Tiyaniiah, Al-Qadiriiah, Ar-Rahmaniiah, As-Salamiiah y Al-Isawiiah.

Por cada una de las órdenes antedichas, hay seguidores y partidarios que pueden narrar la orden y recitar sus poemas y dhikr (invocación a Dios) en todas las ceremonias especiales tales como bodas, circuncisiones y promesas. A excepción de algunos aspectos negativos, estas Tariqas Sufis jugaron un importante papel en preservar los ritos religiosos, y en mantener el respeto por los próximos a Allah y por los benevolentes.

  • 1. Oraciones Al-Ishfa‘: también llamadas At-Tarawih, debido al descanso que se toma entre cada Rak‘at. Llamada Al-Ishfa‘ porque obrará como mediadora en el Día del Juicio para quien la realice, como relatan los Sunnis.

La Peregrinación a la casa Sagrada de Allah

Yo tenía dieciocho años de edad cuando la Sociedad Nacional Tunecina de Scouts acordó enviarme como uno de los seis representantes tunecinos, a la primera conferencia para scouts árabe-islámicos que tuvo lugar en La Meca. Yo era el miembro más joven de la misión y ciertamente el menos instruido, pues se encontraban conmigo dos directores de escuela, un profesor de la capital, un periodista y un quinto cuya ocupación yo no conocía, aunque más tarde me di cuenta de que él era un familiar del entonces Ministro de Educación.

El recorrido fue más bien indirecto; nuestra primera parada fue Atenas, donde permanecimos tres días; la próxima fue Amman, la capital de Jordania, en la que permanecimos cuatro días, y luego llegamos a Arabia Saudita y participamos de la conferencia y realizamos los ritos de peregrinación y de ‘Umrah.

No puedo describir lo que sentí cuando me encontré ante la Casa de Allah por primera vez... Mi corazón latía tan rápido que sentí como si se estuviera saliendo de mi pecho para ver esta antigua Casa por sí sólo, y las lágrimas brotaban de mis ojos sin cesar. Imaginé que los ángeles me transportaban sobre los peregrinos hacia arriba del techo de la Sagrada Ka’bah y respondía al llamado de Allah desde allí: “¡Allah!.. Aquí estoy, tu siervo vino hacia Ti para responder a Tu invocación... Labbaika Allahumma, Labbaik”.

Escuchando a otros peregrinos, entendí que la mayoría de ellos había esperado mucho tiempo y ahorrado durante toda su vida para poder llegar a La Meca.

En mi caso, el viaje fue repentino y no me preparé para él. Recuerdo a mi padre cuando vio el boleto del avión y supo de seguro que yo iba a realizar la Peregrinación, llorando, besándome, y diciéndome: “¡Felicitaciones hijo mío! Allah ha determinado que tú debes realizar la Peregrinación antes que yo a esta edad, porque tú eres el hijo de nuestro maestro Ahmad At-Tiyani... Reza por mí en la Casa de Allah para que Él me perdone y conceda la Peregrinación a su Casa Sagrada...”

Sentí que Allah Mismo me convocó, cuidó de mí y me condujo hacia el lugar al que todos anhelan visitar, aunque algunos no pueden hacerlo.

Como respuesta al favor de Allah, me entregué por completo a mis oraciones, Tawaf (circunvalación alrededor de la Ka’bah) y Sa‘i (el trote entre las dos montañas de Safa y Marwa), e incluso bebí abundantemente del agua de Zamzam y subí a las montañas donde la gente se esforzaba por llegar a la cueva de Hira, en la montaña An-Nur. Cuando llegué allí me revolqué en el suelo como si estuviera en el regazo del Noble Profeta, y sentí como si percibiera el perfume de su santa respiración... ¡Qué grandes recuerdos!... Todo aquello dejó en mí una impresión tan profunda que nunca olvidaré.

Allah ha cuidado de mí de muchas maneras, pues fui querido por todo el que conocí en la conferencia, y muchos pidieron mi dirección para escribirme en el futuro. En cuanto a mis compañeros tunecinos, me tuvieron a menos desde el primer encuentro que tuvimos en la Capital de Túnez cuando nos preparábamos para el viaje. Percibí esto por parte de ellos, pero fui paciente porque sabía que la gente del Norte desprecia a la gente del Sur y la considera atrasada. Pronto sus opiniones cambiaron y comenzaron a apreciarme bastante.

A lo largo de todo el viaje y durante la conferencia y la Peregrinación, demostré ser digno de su respeto debido a mi conocimiento sobre poesía y el logro de muchos premios. Regresé a mi país con más de veinte direcciones de mis compañeros de diferentes nacionalidades.

Permanecimos veinticinco días en Arabia Saudita, durante los cuales encontramos a muchos ‘Ulama (sabios musulmanes) y escuchamos sus disertaciones. Fui influido por algunas de las creencias de la secta Wahabi, a la cual admiraba y deseaba que todos los musulmanes la siguieran. En realidad, yo pensaba que habían sido elegidos por Allah de entre todos sus siervos para custodiar Su Casa porque eran las personas más puras y sabias de la creación de Allah sobre la faz de la tierra, pues Allah los había enriquecido con el petróleo para que pudieran asistir y velar por la seguridad de los peregrinos, huéspedes del Misericordioso.

Cuando regresé de la Peregrinación a mi país, yo llevaba puesta la vestimenta nacional saudita, y me sorprendí por la recepción que mi padre había preparado. Mucha gente se congregó en el aeropuerto, dirigida por los Shaij de las órdenes sufis Isawiiah, Tiyaniiah y Qadiriiah, con tambores y banadir1.

Me condujeron a través de las calles de nuestra ciudad gritando La ilaha illa Allah (No hay divinidad sino Allah) y Allahu Akbar (Allah es el más Grande). Cada vez que pasábamos por una mezquita me detenían por un breve momento mientras que la gente a mi alrededor, especialmente los ancianos, venían a felicitarme con lágrimas en sus ojos anhelando ver la Casa de Allah y detenerse frente a la tumba de Su Profeta. La gente no estaba acostumbrada a ver en Qafsa a un joven peregrino (hayy) de mi edad.

Durante ese período, viví los días más felices de mi vida; mucha gente, incluyendo a las personas notables de la ciudad, vinieron a visitarme y a felicitarme. A menudo me pedían que leyera Al-Fatihah (la Sura de Apertura del Corán) con las súplicas en presencia de mi padre. A veces me sentía avergonzado y otras bastante animado. Cada vez que un grupo de visitantes salía, mi madre entraba para desparramar incienso para librarme de la maldad de los envidiosos y de las astucias de los demonios.

Mi padre no detuvo la celebración por tres noches seguidas, a la que asistieron los sufis tiyaníes. Cada día él sacrificaba una oveja para un banquete. La gente me hacía todo tipo de preguntas y en la mayoría de mis respuestas yo elogiaba y mostraba admiración por los sauditas ¡¡A causa de sus esfuerzos por apoyar y difundir el Islam!!

Pronto la gente comenzó a decirme Hayy (Peregrino) y cada vez que alguien llamaba por ese nombre sólo se refería a mí. Gradualmente me volví muy conocido, especialmente en los ámbitos religiosos, como la Hermandad Musulmana, e iba por las mezquitas disertando sobre temas religiosos diciéndole a la gente que no besara las tumbas o tocara las maderas por bendiciones. Hice esfuerzos por convencerlos de que éstos son signos de politeísmo.

Mis actividades comenzaron a aumentar y fui impartiendo lecciones religiosas en las mezquitas los viernes, antes de la Jutbah (discurso) del Imam. Me trasladaba desde la mezquita de Abi Ia‘qub hasta la Gran Mezquita, porque las oraciones del Viernes se celebraban en diferentes momentos en las dos mezquitas; al mediodía en la primera y durante la tarde en la última.

Los domingos mis clases eran en su mayor parte asistidas por los alumnos de la escuela secundaria donde yo enseñaba Tecnología y los principios de la Técnica. Ellos me querían y apreciaban mis esfuerzos, pues les di mucho de mi tiempo al tratar de ayudarles a quitar las nubes de sus mentes debido a las enseñanzas de los profesores de Filosofía ateos, materialistas y comunistas... ¡que eran bastantes! Mis alumnos solían esperar ansiosos estos ciclos religiosos y algunos de ellos venían a mi casa porque solía comprar cantidad de libros islámicos y leerlos minuciosamente para conducirme a mí mismo por encima del nivel de las diferentes preguntas que solían hacerme.

Durante el año en el que hice la Peregrinación a La Meca, completé la otra mitad de mis deberes religiosos al casarme2. Era el deseo de mi madre verme casado antes de que muriese ella, ya que ella había asistido a las bodas de todos mis medio-hermanos. Allah le otorgó lo que deseaba y yo cumplí con lo que ella anhelaba, casándome con una joven mujer a la que yo nunca antes había visto. Mi madre murió después de haber presenciado el nacimiento de mi primer y segundo hijo, y dos años atrás fue precedida por mi padre, quien había hecho, dos años antes, la Peregrinación a La Meca, arrepintiéndose sinceramente de sus pecados.

La Revolución Libia sucedió durante el período en que los árabes y musulmanes estaban percibiendo su vergonzosa derrota en su guerra contra los israelíes y veíamos a un joven, que era el líder de la revolución, hablando en nombre del Islam, rezando entre su gente en la Mezquita y llamando a la liberación de Quds (Palestina).

Me sentí atraído por su ideas, al igual que muchos jóvenes musulmanes de los países árabes e islámicos, y a causa de eso organizamos una visita cultural a Libia y reunimos un grupo constituido por cuarenta docentes. Visitamos el país al comienzo del triunfo de la revolución y cuando regresamos a casa estábamos muy confiados y llenos de esperanza por un mejor futuro para los musulmanes y árabes del mundo entero.

Durante los años previos, mantuve correspondencia con algunos conocidos y mi amistad con algunos de ellos se volvió muy íntima, de modo que insistieron que los visitara. De esa manera, hice todos los preparativos para un viaje durante las vacaciones de verano que duró tres meses. Planeé ir a Libia y a Egipto por carretera y desde allí, a través del mar, hacia Líbano, Siria, Jordania y luego a Arabia Saudita. Me propuse hacer la ‘Umrah allí y renovar mi compromiso con los Wahabitas en cuyo favor hice una campaña entre los jóvenes estudiantes y en las mezquitas que eran frecuentadas por la “Hermandad Musulmana”.

Mi prestigio pasó desde mi ciudad natal hasta otras ciudades vecinas a través de visitantes que a veces asistían a la oración del Viernes, escuchaban las clases, y luego regresaban a sus comunidades. Mi reputación impresionó al Shaij Ismail Al-Hadifi, líder de la orden sufi de Tuzer, capital de Al-Jarid y suelo natal del famoso poeta Abul Qasim Ash-Shabbi. Este Shaij tiene muchos seguidores en Túnez y en el extranjero, especialmente entre las clases obreras de Francia y Alemania.

Recibí una invitación de su parte por medio de sus representantes en Qafsa, quienes me escribieron una larga carta agradeciéndo mis servicios al Islam y a los musulmanes. En la carta afirmaban que las cosas que yo estaba haciendo no me conducirían más cerca de Allah puesto que no seguía la línea de algún Shaij reconocido, según el famoso hadiz entre ellos: “El que no tiene Shaij, ¡su Shaij será el demonio!!”, y también me advertían: “Tú necesitas un Shaij para que te muestre el camino, de lo contrario la mitad de tu conocimiento no estará completo”. Me informaron que Sahibuz Zaman (“El Señor de la Época”. Apodo de Imam Mahdi (P) con el que ellos denominaban a su Shaij), el Shaij Isma‘il mismo, me había elegido entre toda la gente para estar en su reservado círculo de seguidores.

Mi corazón se colmó de alegría cuando supe la novedad; en realidad, lloré a causa de esta atención divina que me había elevado desde una posición alta y buena hacia una más alta y mejor, porque yo había estado siguiendo en el pasado los pasos de Saiid Al-Hadi Al-Hafian, quien era un Shaij sufi conocido por lo que se cuenta de sus muchos milagros y portentos realizados, y yo había llegado a ser uno de sus seguidores más fieles. Además, acompañé a Saiid Saleh Bissa’ih, a Saiid Al-Guilani y a otros líderes sufis contemporáneos; por lo tanto, esperé ansiosamente aquel encuentro.

Cuando entré a la casa del Shaij, examiné curiosamente los rostros, y el lugar estaba lleno de seguidores, entre los cuales había religiosos usando túnicas de color claro. Después de los saludos protocolares, el Shaij Isma‘il se presentó y cada uno se levantó y comenzó a besar sus manos con gran respeto. Su asistente me guiñó un ojo para decirme que éste era el Shaij, pero no demostré ningún entusiasmo ya que esperaba algo diferente a lo que estaba viendo.

Había dibujado un cuadro imaginario de él en mi mente de acuerdo a lo que sus representantes y seguidores me habían hablado sobre sus milagros y portentos, y todo lo que vi fue a un anciano corriente sin solemnidad ni deferencia. Durante el encuentro fui presentado a él por su asistente y el Shaij me recibió afectuosamente, me sentó a su derecha y me ofreció algo de comer.

Después de la cena comenzó la ceremonia ritual y el asistente me presentó nuevamente para prestar juramento al Shaij. Todos me felicitaron después de eso abrazándome y bendiciéndome. Más tarde comprendí, a través de su conversación, que ellos habían oído mucho sobre mí, lo que me animó a discrepar con algunas de las respuestas dadas por el Shaij a preguntas de la audiencia, basando mi punto de vista en el Corán y en la Sunnah.

Tal comportamiento llevó a algunos de los presentes a expresar su disgusto y a considerar eso como malos modales en presencia del Shaij, pues tenían la costumbre de no hablar en su presencia sino con su permiso. El Shaij percibió la inquietante atmósfera y trató de apaciguar la situación usando su ingenio; él dijo: “Aquel cuyo comienzo está encendido, su final será resplandeciente”. Los oyentes tomaron eso como un signo de parte del Shaij que garantizaría mi final resplandeciente y me felicitaron por ello. Sin embargo el Shaij era ingenioso y muy hábil, por lo tanto no me permitió continuar con esa molesta incursión y nos narró la siguiente historia:

“Un día un hombre sabio asistió a una clase conducida por cierto místico. El místico pidió al hombre sabio que fuera y se purificara con el gusl (baño ritual); por lo tanto el hombre sabio fue y se purificó; luego regresó a la clase. El místico reiteró su demanda: ‘Vé y purifícate’. El hombre sabio fue y nuevamente se purificó pensando que la primera vez no lo había hecho correctamente. Cuando regresó a la clase, el místico nuevamente le dijo que se purificara. El hombre sabio comenzó a llorar y dijo: ‘Maestro, yo me he purificado según mi conocimiento y práctica y sólo falta que Allah, a través de ti, lo apruebe’. En ese momento el místico dijo: ‘Ahora puedes sentarte’”.

Me percaté de que era a mí a quien se refería el Shaij en la historia, y todos los demás se dieron cuenta también, ya que me increparon cuando el Shaij nos dejó para tomar un descanso. Me pidieron que permaneciera en silencio y que mostrara respeto en presencia del Shaij de la Época, no sea que haga vanas mis obras, basando su argumento en el versículo coránico:

«¡Creyentes! ¡No elevéis vuestra voz por encima de la del Profeta! ¡No le habléis en voz alta, como hacéis entre vosotros! Os expondríais a hacer vanas vuestras obras sin daros cuenta» (Sagrado Corán; 49:2)

Entonces reconocí mis límites, por lo tanto cumplí y obedecí las órdenes y consejos. El Shaij me mantuvo cerca suyo y posteriormente permanecí con él tres días, durante los cuales le hice muchas preguntas, algunas de ellas para poner a prueba su conocimiento.

El Shaij sabía eso y solía responderme diciéndome que en el Corán hay cosas manifiestas y otras ocultas hasta en un séptimo grado, uno más oculto que el anterior. Él abrió su caja fuerte privada para mí y me mostró su silsilah (serie ininterrumpida de maestros) que contenía los nombres de personas sabias y piadosas que lo conectaban y relacionaban con el Imam Ali -que Allah ilumine su rostro-, por medio de muchas personas tales como Abul Hasan Ash-Shadhili.

Vale la pena mencionar aquí que estos encuentros que eran conducidos por el Shaij son espirituales, y generalmente comienzan con la recitación melodiosa, por parte del Shaij, de algunas aleyas del Corán. Tras eso lee unos cuantos versos poéticos y lo acompañan los discípulos con cánticos y “Dhikr” que memorizan. Estos cánticos están principalmente centrados en el renunciamiento a esta vida, el deseo de procurar el más allá, y en el desapego y la abstinencia.

Después de haber finalizado esta parte, el primer discípulo del lado derecho del Shaij lee lo que él puede del Corán y cuando dice: “Allah el Grandísimo es Veraz”, el Shaij comienza a recitar una nueva poesía y toda la congregación lo ayuda a terminarla; luego cada persona lee una aleya coránica. Después de esto, los hombres comienzan a inclinarse poco a poco hacia la izquierda y hacia la derecha, moviéndose al ritmo de los cánticos hasta que el Shaij se levanta, y con él toda la congregación, formando un círculo con él en el centro.

Después comienzan a repetir obsesionadamente: “Ah, Ah, Ah...”, y el Shaij da vueltas en el centro dirigiéndose cada vez a uno de ellos hasta que el ritmo se torna vehemente y comienzan a hacer movimientos mientras vociferan en forma parecida al sonido de los tambores. Algunos saltan con movimientos alocados y elevan sus voces con sonidos coordinados pero irritantes, hasta que vuelve la quietud después del esfuerzo y la fatiga. El Shaij lee los últimos trozos del cántico poético y todos circulan uno tras otro para besar la cabeza y los hombros del Shaij. Luego todos se sientan.

Participé con aquellas personas en algunos de sus ritos, pero no con convencimiento, ya que contradecían mis creencias de no atribuir ningún asociado a Allah, es decir, no adorar a nadie sino a Allah. Caí en el piso con lágrimas en los ojos, confundido y desconcertado entre dos ideas contrapuestas. Una era la ideología sufi, en la que el ser humano vive en un ambiente sumamente espiritual y está profundamente lleno de sentimientos de ascetismo, desapego y acercamiento a Allah, por medio de Sus santos piadosos y Sus siervos sabios. La otra era la ideología Wahabi que me había enseñado que todo eso era atribuir asociados a Allah y que Allah no perdona el politeísmo.

Si el mismo Muhammad, el Enviado de Dios (BP), no puede beneficiarnos ni podemos dirigirnos a él para que interceda ante Allah, Alabado sea, entonces, ¿qué valor pueden tener estos santos y virtuosos que vinieron después de él?

A pesar de la nueva posición que me había otorgado el Shaij, pues me nombró su asistente en Qafsa, yo no estaba totalmente convencido interiormente, si bien a veces simpatizaba con las órdenes sufis, y sentía que debía continuar respetándolas y venerándolas por consideración a aquellos santos y virtuosos de entre los siervos de Allah. A menudo discutía y polemizaba basando mis argumentos en la aleya coránica:

«Y no invoquéis junto a Allah a otro dios, pues no hay divinidad excepto El» (Sagrado Corán: 28:88)

Y si alguien me decía que Allah el Altísimo dijo:

«¡Oh creyentes! Temed a Allah y procurad el medio para llegar a Él» (Sagrado Corán: 5:35),

...rápidamente respondía a éste como me enseñaron los ‘Ulama sauditas: “El ‘medio’ se refiere a la acción sincera”.

De todas maneras viví aquel confuso período con las ideas desordenadas. A veces algunos discípulos venían a mi casa y organizábamos metódicas veladas y llevábamos a cabo Al-‘Imarah (un tipo de dhikr).

Los vecinos comenzaron a quejarse por los molestos sonidos que salían de nuestras gargantas al decir “Ah”, aunque no me lo manifestaban a mí, sino que se quejaban ante mi esposa, por medio de las suyas.

Cuando me enteré de esto le pedí al grupo que celebrara los dhikr en la casa de alguno de ellos y me disculpé diciendo que haría un viaje al extranjero por tres meses... Me despedí de mi familia y de mis amigos y me encomendé sólo a Allah, pues no le asocio nada a Él.

  • 1. Banadir: Especie de tambores en forma de pandereta utilizados por los sufis para las alabanzas y dhikr. Se dice que el primero en usarlos fue Saiid ‘Abdus Salam Al-Asmari y que su bandir le fue bajado del cielo(!)
  • 2. N. del T.: refiriéndose a un dicho del Profeta (BP) donde considera al hecho de casarse como haber cumpido con la mitad de los deberes religiosos.

Un Viaje afortunado, en Egipto

Mi estadía en Trípoli, capital de Libia, no se prolongó sino lo necesario para obtener el visado de la Embajada egipcia para entrar a la tierra de Kinana, es decir, Egipto. Encontré allí muchos amigos que me ayudaron; que Allah recompense sus esfuerzos. En el camino hacia El Cairo, un largo camino que nos tomó tres días con sus noches, compartí un taxi con cuatro egipcios que trabajaban en Libia, que volvían a su patria.

A través del viaje yo conversaba con ellos y les leía el Corán por lo que me gané su afecto y cada uno me invitó a hospedarme con ellos. Elegí a uno: Ahmad, de quien me sentía complacido por su piedad y temor a Allah, que me brindó un alto nivel de hospitalidad y acogida -que Allah lo recompense-.

Permanecí en El Cairo veinte días, durante los cuales visité al cantante Farid Al-Atrash, en su departamento con vista al Nilo, a quien yo admiraba por lo que había leído sobre su moral y humildad en las revistas egipcias que nos llegaban a Túnez, pero sólo logré encontrarme con él por veinte minutos porque se disponía a salir hacia el aeropuerto, para viajar al Líbano.

También visité al Shaij ‘Abdul Basit Muhammad ‘Abdus Samad, el famoso recitador del Corán, quien me maravilló sobremanera. Permanecí con él tres días y durante ese tiempo debatí con sus amigos y parientes sobre muchos temas. Se sorprendieron por mi entusiasmo religioso, por mi sinceridad y por mis conocimientos. Si hablaban sobre arte, yo opinaba; y si hablaban sobre ascetismo y sufismo, les contaba que yo seguía la orden Tiyani, e igualmente la Madani. Si hablaban sobre Occidente, les narraba sobre París, Londres, Bélgica, Holanda, Italia y España, a los que visité durante las vacaciones de verano; y si hablaban sobre la Peregrinación, les contaba que había hecho la Peregrinación a La Meca y que estaba en camino a realizar la ‘Umrah.

Les narraba sobre los lugares que no eran conocidos ni por gente que había estado en la Peregrinación siete veces, tales como las cuevas de Hira’ y Zaur, y el Altar de Isma‘il. Si hablaban sobre ciencias y descubrimientos, les indicaba los nombres y definiciones científicos; y si discutíamos sobre política, los dejaba callados con mis puntos de vista, diciendo: “Pueda Allah bendecir el alma de An-Nasir Salah-ud Din Al-Aiiubi (Saladino), quien se prohibió a sí mismo sonreír y mucho menos reír, y cuando alguno de sus íntimos amigos lo criticaba diciendo: “Al gran Profeta (BP) a menudo se lo veía sonriendo hasta mostrar sus dientes”, él les contestaba: “¿Cómo quieres que sonría cuando la Mezquita Al-Aqsa está ocupada por los enemigos de Allah?... ¡No!.. Por Allah que no sonreiré hasta que la libere o muera”.

Algunos de los Shaij de Al-Azhar solían venir a estos encuentros y se sorprendían de cómo yo había memorizado aleyas coránicas y dichos del Gran Profeta Muhammad (BP); además estaban impresionados por mis fuertes argumentos y me preguntaban en qué universidad me había graduado. Solía responderles orgullosamente que me había graduado en la Universidad Az-Zaitunah que fue fundada antes que Al-Azhar, y añadía que los Fatimidas -quienes fundaron Al-Azhar- provenían de la ciudad Al-Mahdiah, en Túnez.

Así conocí a muchas personas sabias y virtuosas en la distinguida Universidad Al-Azhar, quienes me obsequiaron algunos libros.

Cierto día, mientras me encontraba en la oficina de un responsable de los asuntos de Al-Azhar, un miembro de la Junta de Mando de la Revolución Egipcia llegó para invitarlo a una reunión de Comunidades Musulmanas y Coptas en una de las más grandes Compañías Egipcias de Ferrocarril de El Cairo. Esto fue inmediatamente después de los actos de sabotaje acaecidos después de la guerra de Junio.

Él no quería ir a menos que yo lo acompañara, por lo tanto acepté la invitación y me senté en el sitial de honor entre la gente de Al-Azhar y el padre Shnodah. También se me pidió que dirigiera unas palabras a los presentes, lo que hice con facilidad debido a mi experiencia en dar clases en las Mezquitas y Juntas Culturales de mi país.

Lo principal de todo lo que he mencionado en este capítulo es que comencé a sentirme muy grande y me dominaron algunos sentimientos de vanidad, e imaginé que efectivamente yo había llegado a ser un sabio. ¿Y por qué no habría de sentirme de ese modo, cuando así lo habían testimoniado los ‘Ulama de la distinguida Al-Azhar?; algunos de ellos me dijeron: “Tu lugar debería estar aquí, en Al-Azhar”.

Lo que realmente me hizo sentir honrado y orgulloso de mí mismo, fue el hecho de que el Enviado de Allah (BP) me permitiera ver algunas de sus reliquias. El responsable de la Mezquita de Saiid Al-Husain, en El Cairo, me llevó a una habitación que solamente él podía abrir. Después que entré, él echó llave detrás nuestro, abrió un cofre y sacó la camisa del Gran Profeta (BP) para mostrármela. Besé la camisa; luego me mostró otras reliquias que pertenecían al Profeta (BP) y salí de la habitación llorando e impresionado por la atención del Profeta hacia mi persona en especial. Además, el responsable de la mezquita no me pidió ni un centavo; en realidad, él se rehusó a tomar lo que yo le ofrecía y tan sólo aceptó algo después de mi insistencia. Luego me felicitó por ser uno de aquellos que han sido honrados por la gracia del Gran Profeta (BP).

Tan profunda impresión dejó en mí este suceso, que pensé por varias noches sobre lo que los wahabi dicen respecto a que el Gran Profeta murió y terminó su misión como cualquier otra persona al morir.

No me conformó esa idea y me convencí de la falsedad de esa creencia, pues si el mártir que muere luchando en el sendero de Allah no está muerto sino vive ante su Señor, siendo agraciado, entonces, ¿cómo podría ser de otra manera con el maestro de los primeros y los últimos? Estos sentimientos crecieron intensamente, aclarándose sobre la base de lo que había aprendido con anterioridad de los Sufis, quienes dan a sus Shaij y santos capacidad de poder e influencia en el curso de los sucesos, reconociendo que sólo Allah es El que les da ese poder, porque ellos Le obedecen, Alabado sea, y aceptan Su designio. ¿Acaso no se expresa en el sagrado dicho: “Obedéceme siervo Mío y serás como Yo. Dirás que algo sea, y será?”.

Esta lucha interna comenzó a surtir efecto en mí. Para entonces yo ya había llegado al final de mi estadía en Egipto, pero no antes de visitar, en los últimos días, una cantidad de mezquitas, y rezar en todas ellas: desde las mezquitas de Malik y Abu Hanifah, hasta las de Ash-Shafi‘i y Ahmad ibn Hanbal; luego las de Saiidah Zainab y Saiid Al-Husain. También visité la zawiah de la orden sufi de Tiyani.

Tengo muchas y largas anécdotas sobre estas visitas, pero prefiero ser breve.

Un Encuentro a bordo del buque

Llegué a Alejandría el día programado, a tiempo para reservar un lugar en el buque egipcio que se dirigía a Beirut. Me sentía agotado y exhausto, tanto física como mentalmente, por lo tanto, tan pronto como subí al buque fui a la cama que me fue asignada. Habré dormido un poco y el buque navegado unas dos o tres horas, cuando me despertó la voz de mi vecino diciendo: “El hermano parece estar cansado”. Yo respondí: “Así es, pues me fatigó el viaje desde El Cairo hasta Alejandría porque madrugué para llegar a término, por lo tanto dormí muy poco anoche”.

Me di cuenta por su acento que el hombre no era egipcio, y, como de costumbre, mi curiosidad me impulsó a saber de él, por lo que me presenté. Supe que era un profesor iraquí de la Universidad de Bagdad y su nombre era Mun‘im. Había venido a El Cairo a presentar su tesis doctoral en Filosofía, en la Universidad Al-Azhar.

Comenzamos nuestra conversación hablando sobre Egipto, el mundo árabe y musulmán, la derrota árabe y la victoria de los judíos y sobre otros temas afligentes. Mientras conversábamos, dije que la razón de la derrota era a causa de las divisiones de los árabes y musulmanes en pequeños países y en múltiples sectas y escuelas filosóficas, pues a pesar de su gran número, no tienen peso ni valor ante sus enemigos.

Hablamos mucho sobre Egipto y los egipcios, y ambos estuvimos de acuerdo en las razones de la derrota. Añadí que estaba en contra de estas divisiones que nos eran acentuadas por los poderes imperialistas a fin de facilitarles nuestra ocupación y humillación, y que nos continuábamos diferenciándonos hasta entre los Hanafi y los Maliki; y le conté un penoso suceso que me ocurrió en la Mezquita de Abu Hanifah, en El Cairo.

Mientras estaba allí, recé la oración de la tarde (Al-‘Asr) con los hombres; y después de que finalizamos, el hombre que estaba ubicado junto a mí me preguntó con enfado: “¿Por qué no cruzas tus manos durante las oraciones?”. Le respondí con respeto y cortesía que los Maliki prefieren dejar caer sus manos a los costados, y que yo era un Maliki, y me dijo: “Ve, pues, a la mezquita de los Maliki y reza allí”. Abandoné la mezquita sintiéndome hastiado y disgustado por ese comportamiento que me dejó sumamente perplejo.

Entonces el profesor iraquí sonrió y me dijo que él era Shi‘a. Me inquieté por esta noticia y sin reflexionar, dije: “Si hubiera sabido que tú eras Shi‘a, no hubiera hablado contigo”. Él preguntó: “¿Por qué?”. Respondí: “Porque ustedes no son musulmanes. Ustedes adoran a Ali ibn Abi Talib, y los moderados de entre ustedes adoran a Allah, pero no creen en el mensaje del Profeta Muhammad (BP). Ustedes maldicen al Arcángel Gabriel porque creen que traicionó lo que se le había confiado. ¡En lugar de entregar el mensaje a Ali se lo dio a Muhammad!”.

Continué con este tipo de relatos mientras mi compañero sonreía a veces, y otras decía: “No hay poder ni fuerza excepto en Allah, Altísimo y Majestuoso”. Cuando terminé de hablar, me preguntó nuevamente: “¿Tú eres un profesor que enseña a estudiantes?”. Le respondí: “Sí”. Él dijo: “Si eso es lo que piensan los profesores, entonces no podemos culpar a la gente común que no tiene cultura”. Dije: “¿Qué te propones?”. Respondió: “Perdóname, pero ¿de dónde sacaste esas falsas acusaciones?”. Yo le dije que de los libros de historia y de lo conocido por toda la gente. Él dijo: “Bien, dejemos a la gente, pero ¿puedes decirme qué libros de historia has leído?”.

Comencé mencionando algunos libros, tales como: Fayrul Islam, Duhal Islam, Zhuhrul Islam, de Ahmad Amin, y muchos otros. Preguntó: “¿Desde cuándo Ahmad Amin es una autoridad en la Shi‘a?”. Y añadió: “Para ser justo y objetivo, uno debe que remitirse a las fuentes originales reconocidas del tema”. Le dije: “¿Por qué debo investigar un tema que es de común conocimiento?”. Respondió: “Ahmad Amin ha visitado Irak, y yo fui uno de los profesores que él conoció en Nayaf, y cuando lo increpamos por lo que había escrito sobre la Shi‘a, él dijo que lo sentía, que no sabía nada sobre la Shi‘a y que esa era la primera vez que había conocido Shi‘as. Le dijimos: Esa disculpa es peor que la equivocación, pues, ¿cómo es que sin conocernos ni un poco escribiste todas esas cosas abominables sobre nosotros?”.

Luego añadió: “Hermano, si juzgamos a los judíos y a los cristianos acusándolos de estar equivocados, por medio del Corán, ésta sería una prueba absoluta según nosotros, pero ellos no la reconocerían. La prueba sería más fuerte y firme si evidenciáramos sus errores en los libros que ellos creen, de acuerdo a la aleya:

«....Y atestiguó alguien de su misma familia» (Sagrado Corán; 12:26)

Sus palabras cayeron sobre mí como el agua pura sobre un hombre sediento y cambié mi posición de crítico molesto a la de inquieto investigador, pues sentí que había un argumento lógico y fuerte; por lo tanto yo debía mostrar humildad y prestar atención.

Le dije: “¿Acaso tú eres de entre quienes creen en el mensaje de nuestro Profeta Muhammad?”. Respondió: “¡La Bendición y la Paz sean con él y su descendencia! Cualquier Shi‘a como yo cree eso. Hermano, deberías asegurarte tú mismo de aquello, hasta que tengas una prueba evidente sobre el tema. No pienses en tus hermanos Shi‘as conjeturando, pues...

«Parte de la suposición es pecado» (Sagrado Corán; 49:12)

Y añadió: “Si verdaderamente deseas conocer la verdad, obsérvala con tus propios ojos, y pon certeza en tu corazón a través de ellos. Te invito a visitar Irak para que te pongas en contacto con los ‘Ulama Shi'as, como así también con la gente común, y de esa manera reconocerás las mentiras de los tendenciosos y malintencionados”.

Yo dije: “Ha sido mi deseo visitar Irak algún día para ver sus famosos patrimonios islámicos, los cuales fueron legados por los Abbasidas, y en particular aquellos de Harun Ar-Rashid, pero... en primer lugar, mis recursos financieros son limitados, pues sólo he dispuesto de lo suficiente como para realizar la ‘Umrah. En segundo lugar, el pasaporte que llevo no me permite entrar a Irak”.

Él respondió: “Primeramente, cuando te invité a venir a Irak, eso significaba que me haría cargo de todos tus gastos de viaje entre Beirut y Bagdad, de ida y vuelta; y mientras estuvieras en Irak, permanecerías conmigo, porque eres mi invitado. En segundo lugar, con respecto al pasaporte que no te permite entrar a Irak, dejémoslo a Allah, Alabado y Elevado sea, que si Allah ha decretado que visites Irak, entonces será, aun sin pasaporte. Vamos a tratar de obtener un visado de entrada para ti tan pronto como lleguemos a Beirut”.

Yo estaba contento por aquella oferta y le prometí a mi amigo responder a su propuesta al día siguiente, si Allah el Altísimo lo quería.

Salí del dormitorio y subí a la cubierta del buque para tomar aire fresco. Tenía un pensamiento nuevo y mi mente volaba por el mar que cubría el horizonte. Glorifiqué a mi Dios, Quien creó el universo, Quien es El Digno de Elogio. Le agradecí el que me hubiera llevado a ese lugar. Le pedí, Alabado y Elevado sea, que me protegiera de todo lo malo, y que me preservara de los errores y las equivocaciones.

Mis pensamientos vagaban y una serie de eventos que había experimentado en el pasado, y la felicidad que saboreé en mi infancia hasta ese día, se presentaron ante mis ojos como en una película...Y soñé con un futuro mejor. Sentía como si Allah y Su Mensajero estuvieran proporcionándome un cuidado especial. Miré en dirección a Egipto, cuyas costas aparecieron por última vez en el horizonte, y despedí esa tierra en donde había besado la camisa del Mensajero de Allah (BP). Ese es el más precioso de mis recuerdos de Egipto.

Volví a pensar en las palabras del Shi‘a, las que me dieron una gran alegría, ya que satisfacería un viejo sueño mío, es decir, visitar Irak, aquel país que me hacía dibujar en la mente la Corte de Ar-Rashid y Al-Ma’mun, el fundador de Dar-ul Hikmah (Casa de la Sabiduría), que fue procurada por estudiantes de las diferentes ciencias desde Occidente, en los días en que la civilización islámica estaba en su cúspide. Además, es el país del Shaij ‘Abdul Qadir Al-Guilani, cuya reputación se había extendido a todos los países y cuya orden sufi se había introducido en cada aldea...

Un hombre cuya nobleza superó a la de los demás. He aquí que era una nueva atención de parte de Allah, el que yo pudiera realizar este sueño.

Comencé a vagar y a nadar en el mar de la imaginación y de la esperanza, hasta que me despertó el sonido del altavoz que llamaba a los pasajeros para que fueran al comedor por su cena. Me encaminé en dirección a dicho lugar, pero encontré que la gente, como de costumbre en cualquier aglomeración, se congestionaba y cada uno quería entrar antes que el otro, y aumentaban los gritos y la confusión.

De repente sentí que el Shi‘a cortésmente tomaba de mi ropa para retirarme a un costado y decirme: “Ven aquí hermano. No te abrumes. Ya comeremos más tarde sin todo este gentío... Te busqué por todas partes”. Luego me preguntó: “¿Ya has rezado?”. Respondí: “No, aún no lo hice”. Dijo: “Entonces vamos a rezar. Más tarde vendremos a comer, cuando éstos terminen de gritar y de aglomerarse”.

Me gustó esta idea, por lo tanto lo acompañé a un lugar apartado de la gente, donde hice la ablución; entonces le pedí que dirigiera la oración para ponerlo a prueba y para ver cómo rezaba, aunque tuviera que repetir después mi rezo. Tan pronto como comenzó con la oración del ocaso (magrib) y empezó a recitar las aleyas coránicas y a leer varias súplicas, cambié de opinión. Sentí como si estuviera siendo guiado en la oración por uno de esos distinguidos Compañeros del Profeta sobre quienes tanto había leído sobre su piedad y temor a Allah. Después de terminar su oración, extendió las súplicas.

Yo no había oído antes esas súplicas ni en mi país, ni en los países que conocí. Sentía sosiego y tranquilidad cada vez que lo oía alabando al Profeta Muhammad (BP) y a su familia, brindándoles dignos elogios.

Después de la oración, noté lágrimas en sus ojos; además lo oí pidiéndole a Allah que abriera mis ojos y me guiara.

Fuimos al comedor que estaba casi vacío y él no se sentó sino hasta que yo lo hube hecho. Nos trajeron dos platos de comida, y lo vi cambiar su plato por el mío porque el suyo tenía una porción más de carne.

Me trataba benévolamente como si yo fuera su invitado. Me contó varias narraciones que yo nunca había escuchado antes, concernientes a la comida, a la bebida y a los modales en la mesa. Me sorprendió su educación. Rezamos la oración de la noche (‘isha) y las extendió recitando largas súplicas que me hicieron llorar; luego pedí a Allah, Alabado sea, que aclarara mis dudas sobre el hombre, porque, «Parte de las suposición es pecado». Pero, ¿quién sabe?

Me dormí aquella noche soñando con Irak y las Mil y Una Noches, y fui despertado por mi amigo que llamaba a las oraciones del alba (Fayr).
Rezamos juntos; luego nos sentamos y hablamos sobre las bendiciones de Allah sobre los musulmanes.

Regresamos a dormir y cuando me levanté nuevamente, lo encontré sentado en su cama con un masbahah (especie de rosario islámico) entre sus manos, mencionando el nombre de Allah; por lo tanto me sentí más complacido con él, y le pedí perdón a Dios.

Estábamos almorzando en la cantina cuando oímos desde el altavoz que el buque estaba aproximándose a las costas libanesas y que, con la ayuda de Allah, estaríamos en el puerto de Beirut al cabo de dos horas.

Mi amigo me preguntó si es que yo había pensado sobre el asunto y qué era lo que había decidido. Le dije que si Allah quería y obtenía un visado de entrada, entonces no veía ningún impedimento y le agradecí su invitación.

Llegamos a Beirut donde pasamos una noche, y desde allí partimos hacia Damasco. Tan pronto como llegamos, fuimos a la Embajada de Irak y obtuvimos un visado con tan asombrosa rapidez que no podía creerlo. Cuando dejamos la Embajada él me felicitó y engrandeció a Allah por Su ayuda.

La Primera Visita a Irak

Partimos desde Damasco hacia Bagdad en uno de los coches de una gran Compañía Internacional de Nayaf, el cual tenía aire acondicionado, pues la temperatura llegaba a los 40ºC en Bagdad.

Cuando llegamos, fuimos al barrio de Yamilah, en la zona de Al-Ugal. Entramos a la casa de mi amigo la cual también tenía aire acondicionado, y descansé. Luego me trajo una camisa holgada llamada dishdashah.

Me ofreció algunas frutas y comida, y luego los miembros de su familia vinieron a saludarme con respeto y amabilidad. Su padre me abrazó como si me hubiera conocido de antes. En cuanto a la madre de mi amigo, que estaba de pie junto a la puerta y tenía puesto un manto negro, me saludó y me dio la bienvenida desde allí. Mi amigo se disculpó en nombre de su madre que no podía estrechar mis manos porque eso, entre ellos, no estaba permitido. Aquello me sorprendió mucho y me dije a mí mismo: “Esta gente a la que yo acusé de estar desviada de la religión parece observarla más que nosotros”.

Durante los días de nuestro viaje juntos, me percaté de las nobles costumbres de mi amigo, de su dignidad, su generosidad y su caballerosidad. También noté en él una modestia y piedad que antes no había advertido en nadie más. Sentí que yo no era un extraño, sino que era de su misma casa.

Cuando cayó la oscuridad, subimos a la azotea de la casa donde había algunas camas preparadas para nosotros. Permanecí despierto hasta tarde divagando: ¿Estaba yo despierto o era un sueño? ¿Estaba realmente en Bagdad, cerca de Saiid ‘Abdul Qadir Al-Guilani? Mi amigo sonrió cuando me preguntó qué piensa la gente de Túnez sobre ‘Abdul Qadir Al-Guilani.

Comencé hablándole sobre los milagros que se le atribuyen y sobre todos los lugares que se fundaron en nuestro territorio con su nombre, y que él es el “polo del círculo de la existencia”; así como Muhammad, el Mensajero de Allah, es el Señor de todos los Profetas, ‘Abdul Qadir es el señor de todos los próximos a Allah. Los hombros de todos los santos apenas le llegan a los pies, pues él dijo: “Toda la gente circunvala alrededor de la Casa (de Allah) siete veces, pero la Casa circunvala alrededor de mí y de mis tiendas”.

Traté de convencerlo de que el Shaij ‘Abdul Qadir viene a ver a sus discípulos y seguidores y los trata si están enfermos y los conforta si están en desgracia. Yo había olvidado -o quería olvidar- la influencia de las ideas wahabi sobre mí, que afirman que todo eso es politeísmo. Cuando noté la falta de entusiasmo en mi amigo, traté de convencerme a mí mismo de que todo lo que yo había dicho no era correcto. Además, le pedí su opinión.

Mi amigo sonrió y dijo: “Esta noche ten buen sueño y descansa de la fatiga del viaje. Mañana, si Allah quiere, iremos a visitar la tumba del Shaij ‘Abdul Qadir”.

Yo estaba absolutamente contento con esa noticia y deseé que amaneciera en ese momento. Estaba tan cansado que me quedé profundamente dormido y no me levanté sino hasta que el sol estaba sobre mí y se pasó el tiempo para Salat-ul fayr (oración del alba). Mi amigo me dijo que había tratado varias veces de despertarme pero sin éxito, por lo tanto, me dejó descansar.

Abdul Qadir al-Guilani y Musa al-Kazim

Después del desayuno fuimos a Bab-ush Shaij y vimos el lugar que yo siempre había deseado visitar. Como un impaciente me apresuré a llegar para verlo y entré ansiosamente como si fuera a arrojarme en el regazo del mismo Shaij, mientras mi amigo me seguía a donde yo iba.

Me mezclé entre la multitud de visitantes que estaban reunidos alrededor del lugar como lo hacen los peregrinos en la Casa Sagrada de Allah. Algunos de ellos arrojaban puñados de dulces y los visitantes corrían a cojerlos, por lo que rápidamente tomé dos. Comí uno por su barakah (bendiciones) y guardé el otro en el bolsillo, de recuerdo. Recé allí, recité algunas súplicas y bebí agua como si lo estuviese haciendo de la fuente de Zamzam.

Le pedí a mi amigo que me esperara hasta que escribiera unas cuantas postales que compré para mis amigos de Túnez para enseñarles fotografías del santuario del Shaij ‘Abdul Qadir con su cúpula verde. Quería probarles a mis amigos y parientes de Túnez las elevadas aspiraciones que me trajeron a este lugar, al que ellos nunca habían venido.

Después de eso almorzamos en un restaurante del centro de la capital; luego mi amigo me llevó a un lugar llamado Al-Kazimiiah. Sólo conocí ese nombre cuando él lo mencionó al taxista que nos condujo hacia allí. Llegamos a Al-Kazimiiah y apenas habíamos bajado del taxi y comenzábamos a caminar, cuando vi que una gran multitud de personas, tanto hombres como mujeres y niños, caminaban en la misma dirección. Cada uno llevaba algo consigo, lo que me trajo a la memoria la época de la Peregrinación.

No sabía a dónde se dirigían, hasta que noté un resplandor que provenía de las cúpulas y minaretes de oro. Comprendí que era una mezquita de Shi‘as, ya que yo sabía desde antes que ellos decoran sus mezquitas con oro y plata, cosa que está prohibida en el Islam. Me sentí culpable por entrar a la mezquita, pero debía respetar los sentimientos de mi amigo y seguirlo aunque no me agradara.

Cuando entramos por la primera puerta, observé que algunas personas ancianas estaban tocándola y besándola, por lo que traté de distraerme leyendo una placa que decía: “A las mujeres que no estén cubiertas, no se les permite la entrada”, junto a un dicho del Imam Ali (P): “Llegará una época en que las mujeres, aun vestidas, será como si estuvieran desnudas... etc.”.

Cuando llegamos al santuario, mi amigo comenzó a leer el permiso ritual para entrar, mientras yo miraba hacia la puerta y me asombraba por todo el oro y los grabados que cubrían su superficie, siendo todos ellos, aleyas del Corán.

Mi amigo entró primero y luego lo seguí... Mi mente estaba repleta de leyendas y fábulas que había leído en libros que acusaban de incrédulos a los Shi‘as. Dentro del santuario vi grabados y decoraciones que no había visto antes. Estaba sorprendido por ello y sentía como si yo estuviera en un mundo desconocido y extraño. De vez en cuando miraba con disgusto a aquella gente que iba alrededor de la tumba, llorando y besando sus vallas y ángulos, mientras que otros estaban rezando cerca de la tumba.

En aquel momento una tradición del Profeta Muhammad (BP) vino a mi mente, que dice: “Allah maldijo a los judíos y a los cristianos por hacer de las tumbas de sus santos lugares de adoración”. Me alejé de mi amigo, quien tan pronto como entró, comenzó a llorar, y lo dejé hacer sus oraciones.

Me acerqué a la placa que estaba en la tumba, escrita especialmente para las visitas y la leí, pero no pude entender la mayoría porque contenía extraños nombres que yo no conocía. Me alejé del oratorio y leí la Surah de Apertura del Corán (Al-Fatihah) y le pedí a Allah misericordia para la persona que estaba adentro de la tumba, diciendo: “¡Oh Allah!, si esta persona muerta era musulmana, entonces ten misericordia de él, pues Tú conoces más de él que yo”.

Mi amigo se acercó a mí y me murmuró al oído: “Si deseas algo, mejor pídele a Allah en este lugar, porque lo llamamos La Puerta de los Ruegos”. Que Allah me perdone, pero no puse mucha atención a lo que me dijo, sino que estaba mirando a los ancianos con turbantes negros o blancos en sus cabezas y las marcas de prosternación en sus frentes. Tenían largas barbas perfumadas que, junto a sus penetrantes miradas, acentuaban su dignidad.

Tan pronto como uno de ellos entraba al santuario, comenzaba a llorar. Me preguntaba a mí mismo: “¿Es posible que toda esta gente entrada en años, estuviera equivocada?”.

Salí desconcertado y sorprendido por lo que había visto mientras mi amigo caminaba hacia atrás como un signo de respeto, a fin de no volver su espalda al sepulcro.

Le pregunté: “¿De quién es ese sepulcro?”. Él dijo: “Del Imam Musa Al-Kazim (P)”. Pregunté: “¿Quién es Musa Al-Kazim?”. Respondió: “¡Glorificado sea Allah! Ustedes, nuestros hermanos de la escuela Sunni, abandonaron la pulpa y se aferraron a la cáscara”.

Yo le respondí con enfado: “¿Qué quieres decir con que abandonamos la pulpa y nos aferramos a la cáscara?”.
Él me serenó y dijo: “Hermano, desde que llegaste a Irak no dejaste de hablar de ‘Abdul Qadir Al-Guilani, pero, ¿quién es ‘Abdul Qadir Al-Guilani para que atraiga toda tu atención?”.

Respondí rápidamente y con orgullo: “El es uno de los descendientes del Profeta, y si hubiera habido un profeta después de Muhammad, hubiera sido ‘Abdul Qadir Al-Guilani, pueda Allah estar complacido con él”. Él dijo: “Hermano As-Samawi, ¿conoces la historia del Islam?”.

Le respondí sin titubear: “Sí”. Pero en realidad lo que yo conocía de la historia del Islam era muy poco porque nuestros maestros y profesores nos impedían aprenderla, ya que afirmaban que es una historia negra y oscura, y no tiene provecho el leerla. Recuerdo, por ejemplo, que cuando nuestro profesor de Retórica estaba enseñando el discurso llamado Shaqshaqiiah del libro Nahy-ul Balagah, del Imam Ali, yo estaba desconcertado, como también lo estaban muchos estudiantes a medida que lo leíamos. Me atreví a preguntarle al profesor si éstas eran verdaderamente las palabras del Imam Ali. Él respondió: “Definitivamente, ¿quién más podría haber tenido esta elocuencia aparte de él? Si no fueran sus palabras, los sabios musulmanes como el Shaij Muhammad ‘Abduh, el Mufti (jurisconsulto musulmán) de Egipto, no se hubieran ocupado de su interpretación”.

Entonces le dije: “Imam Ali acusó a Abu Bakr y a ‘Umar de haberle usurpado su derecho al Califato”.

El profesor se enfureció y me respondió enérgicamente y me amenazó con expulsarme de la clase si hacía otra pregunta como esa, y añadió: “Nosotros enseñamos Retórica y no Historia. A nosotros no nos conciernen los sucesos que ennegrecieron las páginas de la historia, como las intrigas y las sangrientas guerras entre musulmanes, y así como Allah ha limpiado la sangre de nuestras espadas, limpiemos nuestra lengua y no les censuremos”.

Yo no estaba satisfecho con esa explicación y quedé indignado con ese profesor que nos estaba enseñando Retórica sin ningún sentido. Traté en muchas ocasiones de estudiar la historia del Islam pero no tenía suficientes referencias ni la posibilidad de conseguir libros adecuados. Además, ninguno de nuestros sabios y ancianos se interesaba en el tema, y me parecía como si todos se hubieran puesto de acuerdo para olvidar todo sobre ello y no investigar el asunto. No había nadie que tuviese un libro de historia completo.

Cuando mi amigo me preguntó por mi conocimiento sobre historia, yo sólo quería ponerme a la defensiva, por lo que le respondí positivamente, pero en mi interior me decía: “Es una historia oscura, nefasta y sin provecho, llena de luchas, intrigas y contradicciones”.

Él dijo: “¿Sabes cuándo nació ‘Abdul Qadir Al-Guilani?”.
Respondí: “Aproximadamente entre los siglos sexto y séptimo”.

Dijo: “Entonces, ¿cuántos siglos hay entre él y el Mensajero de Allah?”. Respondí: “Seis siglos”. Él dijo: “Si hay dos generaciones como mínimo en un siglo, entonces hubo por lo menos doce generaciones entre ‘Abdul Qadir Al-Guilani y el Mensajero”.

Dije: “Así es”. Entonces dijo: “Este es Musa ibn Ya'far ibn Muhammad ibn Ali ibn Al-Husain ibn Fátima Az-Zahrá (P), lo cual remonta su origen hasta su abuelo, el Mensajero de Allah, a través de cuatro generaciones solamente. De hecho, él nació en el segundo siglo de la Hiyrah (emigración del Profeta Muhammad (BP) de La Meca a Medina), por lo tanto, ¿cuál de los dos es más cercano al Mensajero de Allah? ¿Musa o ‘Abdul Qadir?”.

Sin pensar, respondí: “Él, por supuesto, pero, ¿por qué nosotros no lo conocemos, ni oímos a la gente mencionarlo?”.
Dijo: “Este es el punto, y por eso es que te dije -permíteme que lo repita- que ustedes han abandonado la pulpa y se han aferrado a la cáscara; por lo tanto, no lo tomes a mal y perdóname”.

Hablábamos, caminábamos, y de vez en cuando nos deteníamos, hasta que llegamos a un centro de estudio donde estaban reunidos profesores y estudiantes discutiendo ideas y teorías. Cuando nos sentamos allí, observé que mi amigo comenzó a buscar con la mirada entre los presentes, como si tuviera una cita con alguno de ellos.

Un hombre del grupo vino hacia nosotros y nos saludó. Me percaté de que era un colega de mi amigo de la universidad, al que preguntó sobre otra persona de la que, por el diálogo, supe que tenía algún tipo de doctorado y que llegaría de un momento a otro. Mi amigo me dijo: “Te traje a este lugar con el propósito de presentarte a un especialista doctorado en Investigaciones Históricas, quien es profesor de Historia en la Universidad de Bagdad. Él obtuvo su doctorado presentando una tesis sobre ‘Abdul Qadir Al-Guilani; él te será más útil, con la ayuda de Allah, pues yo no soy especialista en Historia”.

Bebimos zumo fresco hasta que llegó el historiador, entonces mi amigo se dirigió hacia él y después de saludarlo me presentó. Luego le pidió que me diera una breve reseña histórica sobre ‘Abdul Qadir Al-Guilani y después se disculpó y fue a atender otros asuntos. El historiador pidió un refresco para mí y comenzó preguntándome el nombre, por mi país y por mi trabajo, y me pidió que le hablara sobre la reputación que tiene ‘Abdul Qadir en Túnez.

Le di bastante información sobre el tema y le dije que la gente piensa que el Shaij ‘Abdul Qadir llevó al Mensajero de Allah sobre sus hombros durante la noche del Mi‘ray (la noche de la ascensión del Profeta Muhammad (BP) a los siete cielos) cuando Gabriel se detuvo por miedo a quemarse1. Entonces el Mensajero de Allah le dijo: “Mis pies están sobre tus hombros y tus pies estarán sobre los hombros de todos los santos hasta el Día del Juicio”.

El historiador rió bastante cuando oyó lo que le dije, pero yo no sabía si se reía de aquellas historias ¡o del profesor tunecino que tenía frente a él!

Tras una breve discusión sobre santos y gente piadosa, me dijo que él había investigado a lo largo de siete años, durante los cuales viajó a Lahore en Pakistán, Turquía, Egipto, Gran Bretaña y a cada uno de los lugares donde se encontraban manuscritos atribuidos a ‘Abdul Qadir Al-Guilani, los que examinó y fotografió, pero que no pudo encontrar ninguna prueba que indicase que ‘Abdul Qadir Al-Guilani era descendiente del Mensajero (BP). Todo lo que encontró fue un verso atribuido a uno de sus descendientes en el que decía: “...y mi abuelo (antepasado) el Mensajero de Allah...”. Quizás eso se pueda atribuir, como dicen algunos ‘Ulama (sabios), a una interpretación del dicho del Profeta: “Yo soy el abuelo (antepasado) de toda persona piadosa”.

También me informó cómo la historia real prueba que el origen de ‘Abdul Qadir Al-Guilani era persa, y no árabe. Él nació en una pequeña ciudad de Irán llamada Guilan, por lo cual ‘Abdul Qadir es llamado así. Después emigró a Bagdad donde estudió y luego comenzó a enseñar en una época de decaimiento de la moral.

Era un hombre desapegado (de lo mundano) y la gente lo quería, por lo que cuando murió fundaron la orden sufi de Qadiriiah en su memoria, como hacen siempre los seguidores de cualquier profesor sufi. Él añadió: “Realmente los árabes se encuentran en un estado lamentable en ese aspecto”.

Un fervor wahabi surgió en mi mente y dije: “Entonces, Doctor, tú eres un wahabi en ideología, pues ellos creen en lo que estás diciendo, acerca de que no hay santos”. Respondió: “No. Mi opinión no es la misma que la de los wahabi. Lo penoso de los musulmanes es que, o tienden a exagerar, o bien caen en la negligencia; pues ellos, o creen y consideran real cualquier leyenda y fábula, aunque no esté basada en alguna prueba, en la lógica o en ley divina, o bien desmienten todo, incluso los milagros y los dichos de nuestro Profeta Muhammad (BP), sólo porque no coinciden con sus concupiscencias, caprichos y creencias. Además, algunas sectas se orientalizaron y otras se occidentalizaron.

Por ejemplo, los sufis creen en la posibilidad de que el Shaij ‘Abdul Qadir Al-Guilani esté presente en, digamos, Bagdad y Túnez al mismo tiempo. Tal vez esté curando un enfermo en Túnez y simultáneamente esté salvando a alguien de ahogarse en el Río Tigris. Esto es la exageración.

En oposición al pensamiento sufi, los wahabi desmienten todo, inclusive dicen que pedir la intercesión del Profeta es politeísmo. Esto es irse al otro extremo. ¡No hermano! Nosotros somos como Allah dice en Su libro Glorioso:

«Y hemos hecho así de vosotros una comunidad moderada para que seáis testigos de los hombres». (Sagrado Corán; 2:143)

Sus palabras me asombraron mucho, por lo que se lo agradecí y mostré mi satisfacción por lo que había dicho.
Abrió su portafolios y sacó su libro sobre ‘Abdul Qadir Al-Guilani y me lo obsequió. Luego me invitó a su casa pero me excusé de hacerlo, por lo tanto seguimos conversando sobre Túnez y África del Norte hasta que mi amigo regresó. Volvimos a la casa de noche, después de haber pasado el día entero haciendo visitas y sosteniendo discusiones.

Me sentí cansado y exhausto, por lo que me fui a dormir. Me levanté temprano en la mañana y recé; luego comencé a leer el libro que trata sobre la vida de ‘Abdul Qadir. Cuando mi amigo se levantó, yo ya había terminado la mitad. Él me repitió varias veces que fuera a tomar el desayuno, pero pedí disculpas y me rehusé hasta que terminé el libro. Me apegué a él y me dejó en un estado de duda, que no duró mucho, pues desapareció antes de mi partida de Irak.

  • 1. El arcángel Gabriel, que acompañaba al Más Noble Mensajero (BP) en su ascensión a los cielos, no pudo avanzar más luego de un determinado punto debido a que poseía una jerarquía menor a la suya, por lo que no podía soportar el esplendor de la presencia Divina, y si avanzaba se quemarían sus alas.

La Duda y el Cuestionamiento

Permanecí en casa de mi amigo por tres días durante los cuales descansé y pensé mucho sobre lo que había oído de aquellas personas que yo había descubierto, como si antes hubieran estado viviendo en la luna. ¿Por qué nadie nos había hablado salvo necedades e injurias sobre ellos y por qué yo los odiaba y aborrecía sin conocerlos?

Quizás todo esto sea el resultado de los rumores que oíamos sobre ellos, acerca de que adoran a Ali, que consideran dioses a sus Imames, que creen en la encarnación divina en un cuerpo humano, que se prosternan ante las piedras en lugar de hacerlo ante Allah, y que -como mi padre me había dicho después de que regresó de la Peregrinación- van a la tumba del Profeta para arrojar en ella suciedades e impurezas, por lo que son apresados por los sauditas que los sentencian a muerte... etc... etc.

Después de que los musulmanes escuchan todo eso, cómo no van a odiarlos y a sentir aversión por los Shi‘as. ¡¡Cómo no les van a combatir!!

Pero, ¿cómo podía creer yo esos rumores después de todo lo que yo había visto con mis ojos y escuchado con mis propios oídos?

Pasé más de una semana entre aquellas personas y no vi ni oí de ellas sino palabras con lógica que entran en la mente sin pedir permiso. En realidad, aprobaba la manera en que adoraban, rezaban y suplicaban y me gustaba su moral y el respeto que tienen por su gente sabia, y deseé ser como uno de ellos. Yo seguía preguntándome: ¿En verdad ellos odian al Mensajero de Allah, siendo que cada vez que yo mencionaba su nombre -y a menudo lo hacía sólo para ponerlos a prueba- gritaban con todas sus fuerzas: “¡Dios mío, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad”?

Al principio pensé que ellos eran hipócritas, pero más tarde cambié de opinión, especialmente después de hojear sus libros, de los cuales leí un poco y donde encontré un respeto y veneración por la persona del Mensajero que yo no he encontrado nunca en nuestros libros. Por ejemplo, ellos creen en la absoluta infalibilidad del Profeta Muhammad (BP) tanto antes como después de su misión, mientras que nosotros los Sunnis, creemos en su infalibilidad solamente en relación al mensaje del Corán, y que, salvo por eso, él era un ser humano como cualquiera, y podemos señalar muchos errores suyos (BP) así como correcciones a sus opiniones hechas por sus Compañeros. Tenemos muchos ejemplos al respecto, en cambio los Shi‘as niegan que el Enviado de Allah pudiera haberse equivocado o que otro le hubiese corregido. Por lo tanto, después de eso, ¿cómo podría yo creer que ellos odian al Mensajero de Allah? ¿Cómo podría?

Cierto día, mientras estaba hablando con mi amigo, le pedí que me respondiera con franqueza. El diálogo fue el siguiente:
- Ustedes ponen a Ali -pueda Allah estar complacido con él e ilumine su rostro- en el mismo nivel que los profetas, pues cada vez que uno de ustedes lo menciona, dice: “La paz sea con él”.

- Es verdad, cada vez que mencionamos a Amir Al-Mu’minin (El Comandante de los Creyentes, Imam Ali), o a uno de los Imames de su descendencia, decimos: “La paz sea con él”, pero eso no significa que ellos sean profetas, sino que son la familia y descendencia del Profeta (BP), y Allah nos ha ordenado, como una norma de Su revelación, bendecirles de esa forma; por eso, incluso está permitido que también digamos: “La bendición y la paz sean con ellos”.

- No hermano, nosotros reconocemos el dar la bendición y la paz solamente al Enviado de Allah (BP) y a los profetas que le precedieron, pero esto no le cabe a Ali o a sus descendientes, pueda Allah estar complacido con todos ellos.
- Me gustaría pedirte que leas más, a fin de que conozcas la verdad.

- Hermano, ¿qué libros debo leer? ¿No eres tú quien me dijo que los libros de Ahmad Amin no constituyen una prueba para los Shi‘as, de la misma manera que los libros de la Shi‘a no son para nosotros libros que podamos considerar como prueba? ¿No ves que los libros en los que se basan los cristianos afirman que Jesús dijo: “Yo soy el hijo de Dios”, mientras que el Glorioso Corán -que es la verdad absoluta- menciona a Jesús diciendo: «No les dije sino lo que me ordenaste: que adoro a Allah, mi Señor y el vuestro»?

- ¡Bien dicho! Ciertamente eso es lo que dije. Lo que quiero de ti es precisamente eso, o sea, que uses la mente y la lógica y te bases en el Glorioso Corán y en la recta Sunnah (la Tradición del Profeta Muhammad), siempre y cuando seamos musulmanes. Si habláramos con un judío o con un cristiano, entonces no podríamos basarnos en esto.

- Bien, ¿en qué libro encontraré la verdad? Cada autor, cada grupo y cada escuela afirman tener la verdad.
- Te daré una evidencia tangible en la que no discrepa ninguno de los musulmanes de ninguna escuela o grupo y sin embargo tú no la conoces.
- “Dios mío, incrementa mi conocimiento”.
- ¿Has leído la interpretación de la siguiente aleya coránica?:

«Ciertamente que Allah y Sus ángeles bendicen al Profeta. ¡Oh Creyentes! Bendecídle pues, y saludadle como se debe» (Sagrado Corán; 33:56)

Todos los intérpretes, tanto Shi‘as como Sunnis, concuerdan en que los Compañeros del Profeta, a los cuales se dirigía esta aleya, fueron ante el Enviado de Allah y le dijeron: “¡Oh Mensajero de Allah!, nosotros sabemos como saludarte, pero no sabemos como bendecirte”. Dijo (BP): “Decid: ‘Dios mío, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad de la misma manera en que bendijiste a Ibrahim (Abraham) y a su familia por sobre toda la humanidad. Ciertamente que Tú eres Loable y Glorioso’, y no me bendigáis en forma incompleta”.

Dijeron: “¿Cuál sería la bendición incompleta, oh Mensajero de Allah?”. Respondió: “Sería si dijeseis: ‘Dios mío, bendice a Muhammad’, e hicierais silencio. Allah es Completo y no acepta sino lo completo”.
Por todo esto, los Compañeros del Profeta y después de ellos, los Tabi‘un (compañeros de los Compañeros), conocían esta orden de parte de Allah y le bendecían en forma completa. Incluso el Imam Ash-Shafi‘i, dijo con respecto a ese derecho de la familia del Profeta:

“¡Oh familia de la Casa del Mensajero!
Amaros fue prescripto por Allah en el Corán que reveló.
Os es suficiente como majestuosa virtud,
el que si alguien no os bendice,
no se le acepte su rezo”.

Sus palabras martillaban en mis oídos y llegaban a mi corazón encontrando en mi alma una acogida favorable y positiva.

En efecto, yo había leído lo que él había dicho en algunos libros, pero no podía recordar precisamente en cuáles y le reconocí que cuando nosotros decimos nuestras bendiciones sobre el Profeta también incluimos a su familia y a todas sus Compañeros, pero no aceptamos que Ahl (familia) sólo se refiera a Ali y a su descendencia, como dicen los Shi‘as.
Él preguntó: “¿Qué piensas de Al-Bujari? ¿Acaso él era Shi‘a?”.

Yo dije: “El es un ilustre y gran Imam de entre los Imames de la gente de la Sunnah y Al-Yama‘ah y su libro es el más confiable después del Libro de Allah (el Corán)”.

Entonces se puso de pie y extrajo Sahih Al-Bujari de su biblioteca; lo abrió y buscó una página en particular que él quería y luego me dijo que leyera: “Hemos sido informados por fulano, de fulano, etc., de Ali (con él sea la paz)...”

No podía creerles a mis ojos. Estaba tan sorprendido, que dudé que ese fuera Sahih Al-Bujari. Me agité y volví la vista nuevamente hacia la página y la portada del libro, y cuando mi amigo se percató de mi duda, tomó el libro de mis manos y abrió otra página que decía: “Nos narró Ali ibn Al-Husain (con él sea la paz)...” Después de eso mi respuesta sólo pudo ser decirle: “Glorificado sea Allah”.

Él estaba satisfecho con esa respuesta de mi parte, por lo tanto dejó la habitación. Permanecí pensando; leí nuevamente aquellas páginas y me cercioré de la edición del libro. Encontré que había sido publicado y distribuido por la editorial “Al-Halabi e Hijos”, en Egipto.

¡Oh mi Dios!, ¿por qué debo ser porfiado y testarudo, siendo que él me dio una prueba tangible basada en uno de nuestros libros más confiables, y Al-Bujari definitivamente no era Shi‘a, sino uno de los Imames y compiladores de hadices de los Sunnis?

¿Debo yo reconocerles esta verdad, que consiste en que Ali es digno de que se le diga: “La paz sea con él”? Pero temo esta verdad, ya que ella puede acarrear otras verdades que no querría admitir. Ya fui vencido dos veces por mi amigo; la primera vez cuando renuncié a la santidad de ‘Abdul Qadir Al-Guilani y acepté que Musa Al-Kazim era más importante que él (es decir que Al-Guilani). Además, reconocí que Ali es digno del saludo: “La paz sea con él”, pero no quería otra derrota, ya que hasta hacía sólo pocos días estaba orgulloso de mí mismo por ser considerado un hombre sabio en Egipto, donde los sabios de la distinguida Al-Azhar me elogiaban.

En cambio, hoy me encontraba abatido y derrotado, ¿y por quién? Por aquellos de quienes yo pensaba -y todavía pienso- que estaban equivocados. Siempre había usado la palabra Shi‘a como insulto.

Eso es arrogancia y amor propio... Es testarudez y fanatismo... ¡Por favor Dios mío!, infúndeme sensatez y ayúdame a aceptar la verdad aunque sea amarga. ¡Dios mío! Abre mis ojos y mi entendimiento; guíame hacia Tu sendero recto y hazme uno de aquellos que escuchan los dichos y siguen lo mejor de ellos.

¡Dios mío!, muéstranos la verdad como verdad y agrácianos con el hecho de seguirla, y muéstranos lo falso como falso y agrácianos con el hecho de alejarnos de ello.

Regresé a la casa con mi amigo y continué con estas súplicas, por lo que él dijo sonriendo: “Que Allah los guíe a ustedes, a nosotros y a todos los musulmanes, pues dice Allah en las aleyas de Su libro:

«A quienes se esfuerzan por Nosotros, ¡Hemos de guiarles por nuestros caminos! ¡Allah está, en verdad, con quienes hacen el bien!» (Sagrado Corán; 29:69)

La palabra Yihad (lucha, esfuerzo) usada en la aleya coránica, tiene aquí el significado de la búsqueda científica para llegar a la verdad, y Allah, Glorioso sea, guiará hacia ella a todos aquellos que la busquen.

La Visita a Nayaf

Una noche mi amigo me dijo que el próximo día iríamos, si Allah así lo quería, a Nayaf. Le pregunté: “¿Qué es Nayaf?”. Dijo: “Es una ciudad de conocimiento; además, en ella se encuentra la tumba de Ali ibn Abi Talib”.

Yo me sorprendí, puesto que, ¿cómo es que es conocida la tumba del Imam Ali?, pues todos nuestros Shaij dicen que no se sabe dónde se encuentra la tumba de nuestro maestro Ali.

Tomamos un ómnibus hacia Kufa y allí nos detuvimos para visitar la Mezquita de Kufa, que es uno de los monumentos islámicos más famosos. Mi amigo me mostró todos los lugares históricos, me llevó al Santuario de Muslim ibn ‘Aqil y de Hani ibn Urwa, y me contó brevemente cómo fueron martirizados. Me llevó al mihrab (nicho en dirección a la qiblah), donde el Imam Ali fue martirizado; luego visitamos la casa donde el Imam vivía con sus dos hijos, nuestros maestros Al-Hasan y Al-Husain. En la casa todavía estaba el aljibe del cual ellos bebían y realizaban con su agua la ablución.

Viví algunos momentos espirituales que me hicieron olvidar del mundo y sus deleites, e imaginé el ascetismo y la humildad que tenía el Imam, a pesar del hecho de que era el Comandante de los Creyentes y el cuarto de los Califas Correctamente Guiados.

No debo olvidar mencionar la hospitalidad y modestia de la gente de Kufa, ya que por donde fuera que pasábamos, un grupo de gente se detenía y nos saludaba, como si mi amigo conociera a la mayoría de ellos. Uno de aquellos a los que encontramos era el director del Instituto de Kufa, quien nos invitó a su casa, donde conocimos a sus hijos y pasamos una noche agradable. Sentí como si estuviera entre mi familia y amigos.

Cuando me hablaban sobre los Sunnis siempre decían: “Nuestros hermanos de la Sunnah”, por lo tanto, me cautivaban sus conversaciones y les hacía algunas preguntas para probar su sinceridad.

Continuamos nuestro viaje hacia Nayaf, a unos diez kilómetros de Kufa, y apenas llegamos allí recordé la Mezquita Al-Kazimiiah, en Bagdad, puesto que había minaretes de oro circundando una cúpula construida de oro puro. Entramos al Mausoleo del Imam después de haber leído una súplica especial: un permiso para entrar al lugar, que es costumbre entre los visitantes Shi‘as.

Dentro del Mausoleo vi cosas más sorprendentes que en la Mezquita de Musa Al-Kazim, y como de costumbre, me puse de pie y leí Al-Fatihah, dudando si esa tumba en realidad contenía el cuerpo del Imam Ali, teniendo en cuenta la sencillez que había visto en la casa en la que vivía en Kufa, y que me había impresionado muchísimo. Me dije a mí mismo: “Lejos estaría el Imam Ali de estar complacido con toda esta decoración de oro y plata, cuando hay muchos musulmanes muriendo de hambre en todo el mundo”, especialmente cuando vi mucha gente pobre en las calles extendiendo su mano a los transeúntes pidiendo limosna.

Luego me dije interiormente: “¡Oh Shi‘as! Ustedes están equivocados. Al menos deberían admitir este error, ya que el Imam Ali fue enviado por el Mensajero de Allah a demoler los santuarios, por lo tanto, ¿qué son todas estas tumbas de oro y plata? Si esto no es politeísmo, entonces debe ser al menos un error que el Islam no perdona”.

Mi amigo me preguntó, mientras me extendía un pedazo de arcilla seca, si yo deseaba rezar. Le respondí en un tono fuerte: “Nosotros no rezamos alrededor de las tumbas”. Dijo: “Entonces espérame un momento hasta que rece dos rak‘ah (ciclos de oración)”. Mientras lo esperaba, leí la placa que estaba pegada en la tumba; además, miré dentro de ella, a través del enrejado de grabados de oro, y vi que estaba repleta de todo tipo de billetes, desde dirhames y riales hasta dinares y liras, arrojados por los visitantes como contribuciones para las organizaciones y obras benéficas que dependen del Santuario.

Pensé que todo eso debía haber estado allí por meses, pero mi amigo me dijo que las autoridades responsables de limpiar el lugar recolectaban el dinero cada día después de la oración de la noche (‘isha).

Salí tras mi amigo, asombrado por lo que acababa de ver y deseé que me tocara una parte de ese dinero, o que lo distribuyeran entre los pobres e indigentes que tantos había por allí. Miré hacia todos lados dentro de la gran valla que protege al Santuario, donde muchos grupos de gente estaban rezando aquí y allá, mientras otros se encontraban escuchando a disertantes situados sobre los púlpitos. Me pareció escuchar algunos llantos con voz temblorosa.

Vi a un grupo de gente llorando y golpeando sus pechos, y cuando quise preguntarle a mi amigo por qué aquellas personas se comportaban de esa manera, un cortejo fúnebre pasó junto a nosotros y observé que algunos hombres ponían un mármol en medio del patio, para colocar allí al fallecido. Por lo tanto, pensé que esas personas estaban llorando por un muerto muy querido por ellos.

Un encuentro con los ‘Ulama

Mi amigo me llevó a una mezquita, junto al Santuario, donde los pisos estaban cubiertos de alfombras y alrededor de sus mihrab había algunas aleyas coránicas grabadas con hermosa caligrafía. Vi que algunos jóvenes con turbantes estaban sentados cerca del mihrab estudiando, y cada uno de ellos tenía un libro en sus manos.

Quedé impresionado por esa agradable escena, ya que nunca antes había visto religiosos de esa edad, pues rondaban entre los trece y dieciséis años. Lo que los hacía más elegantes eran sus vestimentas.

Mi amigo les preguntó por el “Saiid”, y le dijeron que estaba rezando con la gente la oración comunitaria. No comprendí quién era el “Saiid” y pensé que debía ser uno de los ‘Ulama. Sólo después supe que era Saiid Al-Jo’i, uno de los líderes de las escuelas religiosas de la comunidad Shi‘a.

Es digno de mencionar aquí que el título “Saiid” en la Shi‘a es dado a aquellos que son los descendientes de la familia del Profeta (BP). El “Saiid”, ya sea él un sabio o un estudiante de ciencias religiosas, usa un turbante negro, y el resto de los ‘Ulama usa turbantes blancos y son llamados “Shaij”. Hay otros nobles de la descendencia del Profeta que no son ‘Ulama y usan un turbante verde.

Mi amigo les preguntó si yo podía sentarme con ellos mientras él iba a ver al Saiid. Me dieron la bienvenida y se sentaron alrededor mío en un semicírculo. Miré sus rostros y tuve la sensación de poder ver su inocencia y la pureza de sus pensamientos, y me vino a la mente el dicho del Profeta (BP): “El hombre nace en la fitrah (pureza original) y son sus padres los que lo hacen judío, cristiano o zoroastriano”. Me dije a mí mismo: “¡¡O lo hacen Shi‘a!!”.

Me preguntaron de qué país venía; yo respondí: “De Túnez”. Preguntaron: “¿Tienen ustedes escuelas religiosas?”. Respondí: “Tenemos universidades y escuelas”. Fui bombardeado con preguntas desde todos lados, y todas eran perspicaces y embarazosas. ¿Qué podía decirles a aquellos inocentes muchachos que a lo mejor pensaban que el mundo islámico estaba repleto de escuelas religiosas donde se enseñaba jurisprudencia, principios del Islam, ley islámica e interpretación del Corán? Ellos no sabían que en el mundo islámico y en nuestros países, que evolucionaron y se desarrollaron, hemos transformado las escuelas de Corán en jardines de infantes supervisados por monjas cristianas; por lo tanto, ¿debía decirles que continuaban siendo “atrasados” en relación a nosotros?

Uno de ellos me preguntó: “¿Qué madhhab (escuela religiosa) se sigue en Túnez?”. Dije: “La madhhab Maliki”. Y vi que algunos de ellos se sonrieron pero no les presté mucha atención. Me preguntó: “¿Conocen la madhhab Ya‘fari?”. Le dije: “¿Qué nuevo nombre es ese? No. Nosotros sólo conocemos las cuatro madhahib1, y aparte de ellas no hay otra dentro del Islam”.

El sonrió diciendo: “Perdón señor. La madhhab Ya‘fari es la esencia del Islam. ¿No sabes tú que el Imam Abu Hanifah estudió con el Imam Ya‘far As-Sadiq, y que por eso Abu Hanifah dijo: “Si no fuera por aquellos dos años (refiriéndose a los dos años en que fue alumno de Imam As-Sadiq (P), An-Numan Abu Hanifah habría perecido?”.

Permanecí en silencio sin que surgiera de mí una respuesta. Acababa de escuchar un nombre que nunca antes había oído, pero agradecí a Allah que él, es decir, el Imam Ya‘far As-Sadiq, no haya sido maestro del Imam Malik, y dije que nosotros éramos Maliki, no Hanafi.

Él dijo: “Las cuatro madhahib aprendieron cada una de la otra; Ahmad ibn Hanbal aprendió de Ash-Shafi‘i; Ash-Shafi‘i de Malik; Malik de Abu Hanifah, y Abu Hanifah aprendió de Ya‘far As-Sadiq (P). Por eso todos ellos fueron alumnos de Ya‘far ibn Muhammad, quien fue el primero en abrir una Universidad Islámica, en la mezquita de su abuelo, el Mensajero de Allah (BP), y con él estudiaron no menos de cuatro mil jurisprudentes y especialistas en Hadiz (Tradiciones Proféticas)”.

Yo estaba sorprendido por la inteligencia de aquel joven muchacho que parecía saber lo que estaba diciendo, de la misma manera en que uno de nosotros conoce una Surah del Corán. Quedé mucho más asombrado aún cuando comenzó a darme algunas referencias históricas de las que podía decirme el número de libros, tomos y capítulos en que se encontraban, y continuó conversando conmigo como si fuera un profesor enseñándole a su alumno.

En realidad me sentí impotente ante él y deseé haberme ido con mi amigo y no haberme quedado, pues fui incapaz de responder a cada pregunta relacionada con la jurisprudencia o la historia que cualquiera de ellos me hacía.

Me preguntó a cuál de los Imames yo seguía. Dije: “A Imam Malik”. Dijo: “¿Cómo sigues a un hombre que murió hace catorce siglos? Si desearas hacerle una pregunta sobre temas recientes, ¿él te respondería?”. Yo pensé un poco y dije: “¡Y tú, qué! Tu Ya‘far también murió hace catorce siglos atrás, ¿así que a quién sigues?”. Él y otros muchachos me respondieron rápidamente: “Nosotros seguimos al Saiid Al-Jo’i”.

Yo no entendía. ¿Acaso era Al-Jo’i más sabio que Ya‘far As-Sadiq? Intenté cambiar de tema, por lo tanto me mantuve haciéndoles preguntas. Por ejemplo, les preguntaba cuál era la población de Nayaf, a qué distancia está Nayaf de Bagdad, y si conocían otros países aparte de Irak... Y cada vez que respondían, yo preparaba otra pregunta para evitar que ellos me hicieran a una mí, ya que me sentía incapaz e impotente. Pero lejos estaba yo de admitirlo, a pesar del hecho de que en mis adentros bien lo sabía.

Los sentimientos de gloria y de grandeza, y la supuesta sapiencia que me habían hecho sentir en Egipto, se habían disuelto y esfumado allí, especialmente después de encontrarme con aquellos jóvenes, y sólo entonces me di cuenta de la sabiduría de las siguientes palabras:

“Dile al que pretende tener conocimiento de Filosofía: Has aprendido una cosa, pero siguen ocultas muchas otras para ti”.

Llegué a creer que las mentes de aquellos jóvenes muchachos eran más grandes que las mentes de aquellos profesores que yo había conocido en Al-Azhar y que las de nuestros sabios de Túnez.

As-Saiid Al-Jo’i entró al lugar, y lo acompañaba un grupo de ‘Ulama; en ellos había modestia y dignidad. Todos los muchachos se pusieron de pie y yo con ellos; luego cada uno se acercó al Saiid para besar su mano y yo permanecí quieto en mi lugar. El Saiid no se sentó hasta que todos se sentaron, entonces comenzó a saludarlos diciendo: “Buenas Noches”, e hizo así con cada uno de ellos, quienes le contestaron de la misma manera, hasta que llegó mi turno, por lo tanto respondí de la misma forma en que había escuchado.

Después mi amigo, que había estado hablando en voz baja con el Saiid, me indicó que me aproximara al Saiid, quien me hizo sentar a su derecha. Tras los saludos mi amigo me dijo: “Dile al Saiid las cosas que escuchan en Túnez sobre la Shi‘a”. Yo dije: “Hermano, olvidemos las historias que escuchamos de aquí y allá; yo quiero saber por mí mismo lo que dice la Shi‘a, por lo tanto, quiero respuestas sinceras a algunas preguntas que quiero hacer”.

Mi amigo insistió en que yo debía relatar al Saiid lo que nosotros pensábamos de la Shi‘a. Dije: “Consideramos que los Shi‘as están más lejos del Islam que los judíos y los cristianos, pues ellos adoran a Allah y creen en el mensaje de Musa y de Jesús -la paz sea con ellos-, mientras que oímos que los Shi‘as adoran a Ali y lo consideran sagrado, y hay una secta de entre ellos que adora a Allah pero ponen a Ali en el mismo nivel que el Mensajero de Allah”. Además, narré la historia sobre cómo el ángel Gabriel habría traicionado la confianza puesta en él -según ellos dicen- y en lugar de darle el mensaje a Ali, se lo dio a Muhammad (BP).

El Saiid permaneció en silencio por un momento, cabizbajo, y luego me miró y dijo: “Nosotros creemos que no hay divinidad sino Allah, que Muhammad (BP) es el Mensajero de Allah, y que Ali fue solamente un siervo de Allah”. Él se dirigió a su audiencia y dijo señalándome: “Observen cómo esta gente inocente ha sido engañada por los falsos rumores, y esto no es sorprendente, pues yo he escuchado cosas peores de otras personas; por lo tanto digamos: No hay poder o fuerza salvo en Allah, el Altísimo y Majestuoso”.

Luego se volvió hacia mí y dijo: “¿Has leído el Corán?”. Respondí: “Podía recitar la mitad de él de memoria antes de cumplir los diez años”. Dijo: “¿Sabes que todos los grupos islámicos y sus diferentes escuelas concuerdan en el Sagrado Corán, y que el Corán que nosotros tenemos es el mismo que el de ustedes?”. Dije: “Sí, yo sé eso”. Dijo: “Entonces, ¿acaso no has leído las palabras de Allah, Alabado y Glorificado sea:

«Muhammad no es sino un Enviado, antes del cual han pasado otros enviados...» (Sagrado Corán; 3:144)

«Muhammad es el Enviado de Allah. Quienes están con él son severos con los infieles...» (Sagrado Corán; 43:29)

«Muhammad no es el padre de ninguno de vuestros varones, sino el Enviado de Allah y el sello de los profetas...» (Sagrado Corán; 33:40)

Dije: “Sí, conozco todas esas aleyas coránicas”. Él dijo: “Entonces, ¿dónde está Ali? Si nuestro Corán dice que Muhammad (BP) es el Mensajero de Allah, entonces, ¿de dónde salió esa calumnia?”.

Permanecí en silencio y no puede encontrar una respuesta. Añadió: “En cuanto a la traición de Gabriel, lejos está él de cometer una acción como esa; esto es peor que lo anterior, porque cuando Allah envió a Gabriel (P) hacia Muhammad (BP), éste tenía entonces cuarenta años y Ali no era más que un niño de seis o siete años, así que ¿cómo podría pretender Gabriel simular un error y no diferenciar entre Muhammad (BP), el hombre, y Ali (P), el niño?”.

Luego permaneció en silencio por un largo tiempo en el cual comencé a reflexionar y a analizar minuciosamente lo que él había dicho, pues me pareció un razonamiento lógico que penetró hasta el fondo de mi alma y quitó el velo de mis ojos. Me pregunté a mí mismo, ¿por qué nosotros no basamos nuestro análisis en razonamientos tan lógicos?

El Saiid Al-Jo’i añadió: “Además, te informo que la Shi‘a es el único grupo, entre todos los grupos islámicos, que cree en la infalibilidad de los Profetas y de los Imames; por lo tanto, si nuestros Imames -con ellos sea la paz- son infalibles y son seres humanos como nosotros, entonces, imagínate Gabriel, que es un ángel cercano a Allah, al que el Señor de la Grandeza llamó “el espíritu fiel”.

Pregunté: “¿De dónde salieron todos estos rumores?”. Respondió: “De los enemigos del Islam, que quieren dividir a los musulmanes en grupos que luchen entre sí, a pesar de que los musulmanes son hermanos, ya sean Shi‘as o Sunnis, pues todos adoran a Allah solamente, y no le asocian ninguna otra divinidad; su Corán es el mismo, su Profeta es el mismo y su qiblah (dirección a la cual se orientan los musulmanes en las oraciones), es la misma. Los Shi‘as y los Sunnis sólo difieren en temas de jurisprudencia, de la misma manera en que difieren las escuelas sunnis entre sí, pues Malik discrepa con Abu Hanifah y éste con Ash-Shafi‘i... etc.”

Dije: “¿Entonces todas las cosas que se han dicho sobre ustedes son sólo mentiras?”. Respondió: “Tú, gracias a Dios, eres un hombre inteligente y entiendes las cosas; además, has visto el país de los Shi‘as y caminaste en medio de ellos. ¿Acaso viste o escuchaste alguna cosa relacionada a estas mentiras?”. Dije: “No, no he visto ni oído sino cosas buenas, y agradezco a Allah por haberme dado la oportunidad de encontrarme con el profesor Mun’im en el buque, ya que es gracias a él que vine a Irak y he aprendido muchas cosas que ignoraba”.

Mi amigo Mun’im dijo, con una sonrisa: “Incluyendo la existencia de la tumba del Imam Ali (P)”. Le guiñé un ojo y dije: “Incluso he aprendido cosas nuevas hasta de aquellos jóvenes”. Y acoté: “Y desearía haber tenido la oportunidad de aprender como ellos en esta Escuela Religiosa”.

El Saiid dijo: “Bienvenido. Si quieres estudiar aquí, la escuela está a tu disposición y nosotros a tu servicio...” A los presentes les pareció muy buena esta sugerencia, especialmente a mi amigo Mun’im cuyo rostro expresaba gran alegría.

Le dije: “Soy un hombre casado y tengo dos hijos”. Respondió: “Nosotros nos hacemos cargo de todas las necesidades de vivienda y sustento y de todo lo que necesiten, pero lo importante es aprender”.

Pensé un poco y me dije a mí mismo: “No me parece lógico convertirme en un estudiante después de haber pasado cinco años practicando la docencia y educando jóvenes. No es fácil tomar una decisión tan rápido”.

Le agradecí al Saiid al-Jo’i su oferta y le dije que pensaría sobre el asunto seriamente después de que regresara de la ‘Umrah, con la anuencia de Allah, pero que necesitaba algunos libros. El Saiid dijo: “Dénle los libros”. Un grupo de personas sabias se puso de pie y fue a su gabinete de libros, y después de unos pocos minutos, había ante mí más de setenta, pues cada uno volvió con varios libros. Y dijo el Saiid: “Esto es regalo mío”.

Me di cuenta de que no podría llevar todos estos libros conmigo, especialmente porque me dirigía a Arabia Saudita, donde las autoridades prohiben la entrada de cualquier libro a su país, pues temen que se extiendan algunas creencias que no concuerden con las suyas.

Pero yo no quería perder la oportunidad de tener todos esos libros a los que nunca había visto en toda mi vida. Le dije a mi amigo y al resto de los presentes que me esperaba un largo viaje por delante; que pasaría por Damasco, Jordania y desde allí a Arabia Saudita, y en el camino de regreso, mi itinerario sería aún más largo, ya que viajaría a través de Egipto y Libia hasta llegar a Túnez, y que los libros pesaban mucho, además de que la mayoría de los países prohiben la entrada de esos libros a sus territorios.

El Saiid dijo: “Déjanos tu dirección, pues nosotros nos encargaremos de enviártelos”. Me agradó esta idea y le di mi tarjeta personal con mi dirección en Túnez. Además, le agradecí por su generosidad y cuando me despedí y me levantaba para salir, se puso de pie junto conmigo y me dijo: “Ruego Allah que te salvaguarde, y si te detienes junto a la tumba de mi abuelo, el Mensajero de Allah, por favor dale mis saludos”.

Todos, incluyéndome a mí, nos emocionamos por lo que el Saiid había dicho, y vi que sus ojos lagrimaban, entonces me dije a mí mismo: “Dios no permita que tal hombre pudiera estar equivocado o que fuera un mentiroso; su dignidad, su grandeza y su modestia manifiestan que él verdaderamente es de una descendencia noble”. No pude sino tomar su mano y besarla, a pesar de su resistencia.

Todos se pusieron de pie cuando yo lo hice, y algunos de los jóvenes con los que polemicé, me siguieron y me pidieron mi dirección para futuras correspondencias, la cual les di.

Regresamos a Kufa después de una invitación de un amigo de Mun’im que se encontraba en la reunión con Saiid Al-Jo’i, cuyo nombre era Abu Shubbar, y permanecimos en su casa donde pasamos la noche entera con un grupo de jóvenes intelectuales. Entre aquellas personas había algunos alumnos de Saiid Muhammad Baquir As-Sadr, que me sugirieron que debería encontrarme con él, y prometieron que arreglarían una entrevista al día siguiente.

A mi amigo Mun’im le agradó la idea pero lamentó no poder estar presente en el encuentro porque debía ocuparse de un asunto en Bagdad donde su presencia era indispensable. Estuvimos de acuerdo en que yo permanecería en la casa de Abu Shubbar por tres o cuatro días hasta que Mun’im regresara.

Mun’im nos dejó poco después de las oraciones del alba y fuimos a dormir. Saqué mucho provecho de estos estudiantes con quienes estuve toda la noche. Estaba sorprendido por la variedad de temas que estudian en la Escuela Religiosa, ya que, además de los estudios islámicos que incluyen Jurisprudencia, Shari‘ah (Ley Islámica), Teología, etc., también estudian Ciencias Sociales y Políticas, Historia, Idiomas, Astronomía, y muchas otras materias.

  • 1. Se refiere a las cuatro madhahib de los Sunnis, que son: la Hanafi, la Maliki, la Shafi‘i y la Hanbali.

Un encuentro con Saied Muhammad Baqir Sadr

Nos dirigimos con Abu Shubbar a la casa de Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, y en el camino me trató de manera agradable y me habló sobre los famosos ‘Ulama, sobre Taqlid (imitación a un Muytahid, es decir, a un sabio) y sobre otros temas... hasta que llegamos a la casa del Saiid As-Sadr. Ésta estaba repleta de jóvenes alumnos, la mayoría con turbantes.

El Saiid se puso de pie y nos saludó; luego le fui presentado. Me dio una calurosa bienvenida y me hizo sentar a su lado. Después comenzó a preguntarme sobre Túnez y Argelia y sobre famosos ‘Ulama como Al-Jidr Husain, At-Tahir ibn ‘Ashur y otros.

Disfruté de su plática, y a pesar de su alta posición y del gran respeto que recibía de los que lo rodeaban, me encontré a mí mismo desinhibido con él, como si lo hubiera conocido desde antes.

Me resultó muy provechoso aquel encuentro porque escuchábamos preguntas hechas por los alumnos y las respuestas del Saiid. A través de ellas supe de la importancia de adoptar las decisiones de los ‘Ulama que están vivos, quienes pueden responder a toda clase de preguntas directa y claramente. También me convencí de que los Shi‘as son musulmanes que adoran a Allah solamente y que creen en el mensaje de nuestro Profeta Muhammad (BP).

Al principio tenía algunas dudas, pues Satán me susurraba que lo que yo veía era sólo simulación, que quizás era lo que ellos llaman Taqiiah, es decir, que demostraban algo diferente a lo que creían; pero estas dudas desaparecieron rápidamente y los susurros cesaron, pues era imposible que el centenar de personas que yo había visto u oído se pusieran de acuerdo para ello.

Por otra parte, ¿por qué debía haber simulación? ¿Quién era yo, y por qué les podría interesar hasta el punto de utilizar Taqiiah conmigo? Y sobre todo, sus libros antiguos, que habían sido escritos siglos atrás, o las publicaciones nuevas de tan sólo hacía unos meses atrás, todos en su presentación profesan la Unidad de Allah y engrandecen a Su Mensajero Muhammad (BP).

Ahí estaba yo, en la casa de Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, la famosa autoridad religiosa dentro y fuera de Irak; y cada vez que el nombre del Profeta Muhammad (BP) era mencionado, la audiencia entera exclamaba en una sola voz: “Dios mío, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad”.

Cuando llegó el momento de la oración, dejamos la casa y fuimos a la mezquita que estaba junto a ella, y el Saiid Muhammad As-Sadr dirigió las oraciones del mediodía y de la tarde. Llegué a sentir como si estuviera viviendo entre los distinguidos Compañeros (del Profeta), pues había mediado entre las dos oraciones una súplica melodiosa proferida por uno de los orantes que tenía una voz emotiva y encantadora. Cuando terminó la súplica, la audiencia entera exclamó: “Dios mío, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad”.

Después de la oración, el Saiid se sentó en el mihrab y la gente vino a saludarlo; algunos le hacían preguntas, ya sea en forma privada o pública, y él contestaba algunas de ellas en secreto, si es que le requerían discreción. Entendí que era así porque implicaban asuntos privados. Cuando la persona obtenía una respuesta a su pregunta, besaba la mano del Saiid y se marchaba. Qué gente afortunada al tener a este notable sabio que resuelve sus problemas y vive sus preocupaciones.

El Saiid me tuvo bajo su cuidado, se preocupó por mí y me brindó la mejor hospitalidad, a tal punto que me hizo olvidar de mi familia y amigos y sentí que si hubiera permanecido con él solamente un mes, me hubiera vuelto un Shi‘a debido a sus costumbres, modestia y generosidad. Cada vez que yo lo miraba, sonreía o comenzaba a hablarme y me preguntaba si necesitaba algo; y no abandoné su compañía durante cuatro días sino para dormir.

Él tenía muchas visitas entre las que había sabios enviados a él desde todas partes. Había sauditas (nunca hubiera imaginado que en el Hiyaz hubiera Shi‘as), y asimismo sabios de Bahrein, Katar, de los Emiratos Arabes Unidos, Líbano, Siria, Irán, Afganistán, Turquía y África Negra; y el Saiid hablaba con cada uno de ellos y resolvía sus problemas. Nadie se retiraba sin sentirse alegre y confortado.

Aquí me gustaría mencionar un caso que le fue expuesto al Saiid cuando me encontraba con él y por el cual quedé muy impresionado por la manera en que lo resolvió. Lo menciono debido a su importancia, a fin de que los musulmanes sepan lo que ellos han perdido al abandonar las normas de Allah.

Cuatro hombres, que probablemente eran iraquíes, a juzgar por sus acentos, fueron a ver al Saiid Muhammad Baqir As-Sadr. Uno de ellos había heredado una casa de su abuelo, quien había muerto años atrás, y había vendido esa casa a una segunda persona (la cual estaba presente).
Un año después de la consumación de la venta, dos hermanos fueron y probaron que ellos también eran herederos legales del hombre muerto.

Los cuatro se sentaron ante el Saiid y cada uno de ellos exhibió los papeles y documentos que tenía. Después de que el Saiid leyó los papeles y habló unos cuantos minutos con los hombres, juzgó con justicia.

Dio al comprador el completo derecho a su casa, y le pidió al vendedor que pagara a los dos hermanos su parte del precio de la venta, y después de eso se pusieron de pie y besaron la mano del Saiid y se abrazaron mutuamente.

Yo estaba asombrado y no podía creer lo que había sucedido. Le pregunté a Abu Shubbar: “¿El caso ha terminado?”. Él dijo: “Sí, cada uno recibió su derecho”. “¡Alabado sea Allah! ¡Con qué facilidad y en tan corto tiempo! ¿Con tan sólo unos minutos el problema fue resuelto? Un caso similar en nuestro país habría llevado por lo menos diez años para resolverlo y alguno de los demandantes habría muerto y sus hijos continuarían el caso abonando los costos legales que excederían el precio de la casa misma.

El caso se trasladaría desde el Juzgado de Primera Instancia hacia la Corte de Apelación; luego a la revisión del caso, y al final ninguno quedaría satisfecho, después de haber agotado sus esfuerzos y dinero en los costes judiciales y sobornos, sin contar la enemistad que queda entre las personas y familias”.

Abu Shubbar comentó: “Nosotros también tenemos todo eso, si no peor”. Yo pregunté: “¿Cómo?”. Él dijo: “Si las gentes llevan sus problemas a las cortes del estado, entonces les sucede lo mismo que tú has mencionado, pero si siguen a la autoridad religiosa y se aferran a las leyes islámicas, entonces llevan sus casos a dicha autoridad y el problema se resuelve en pocos minutos, como tú viste; y para la gente que razona, ¿quién mejor que Allah para juzgar? El Saiid As-Sadr no cobra ni un centavo, pero si fueran a las cortes del estado, entonces ¡se arrancarían la cabeza!”.

Me causó gracia esa expresión que también es muy corriente entre nosotros, y dije: “¡Alabado sea Allah! Todavía no puedo creer lo que he visto, y si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no lo hubiera creído de ninguna manera”.

Abu Shubbar dijo: “Pues tienes que creerlo hermano. Este es un simple caso en comparación con otros más complicados en los cuales hay derramamiento de sangre, y aún así, las autoridades religiosas los resuelven en unos momentos”. Dije con asombro: “Entonces ustedes tienen dos gobiernos en Irak, un gobierno del estado y un gobierno de los religiosos”.

Él contestó: “No es así. Nosotros tenemos un gobierno de estado solamente, pero los musulmanes de la madhhab Shi‘a que siguen a las autoridades religiosas, no se subordinan al gobierno porque no es un gobierno islámico, sino un gobierno del partido Ba‘z. Ellos obedecen a ese gobierno simplemente en lo que se refiere a las normas gubernamentales, los impuestos, las leyes y los estatutos civiles; por lo tanto, si un musulmán que se aferra a la ley islámica tiene una disputa con un musulmán no aferrado a ella, entonces el caso debe ser llevado a las cortes del estado porque el segundo no acepta el juicio de las autoridades religiosas.

En cambio, si dos musulmanes que disputan, se aferran a la ley islámica, entonces no hay problema; todo lo que las autoridades religiosas deciden, es aceptable para ambas partes. De este modo, todos los casos atendidos por las autoridades religiosas son resueltos en el día, mientras que las otras autoridades los prolongan por meses y años”.

Fue un incidente que me hizo sentir contento con las normas de Allah, Alabado y Glorificado sea, y que me ayudó a comprender las palabras de Allah, en su Libro Glorioso:

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los incrédulos» (Sagrado Corán 5:44)

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los opresores» (Sagrado Corán 5:45)

«...Y quienes no juzguen según lo que Allah ha revelado, por cierto que esos son los corruptos» (Sagrado Corán 5:47)

El incidente también me infundió sentimientos de resentimiento y sublevación contra aquellos que cambian las justas reglas divinas por aquellas humanas y subjetivas. Aun así, eso no les basta y critican con todo descaro y sarcasmo las reglas divinas y las acusan de ser bárbaras y salvajes, porque aplican las sanciones establecidas por el Corán de cortar la mano de los ladrones, apedrear a los adúlteros y matar a los asesinos. Por lo tanto, ¿de dónde vinieron todas esas teorías extrañas para nosotros y para nuestra cultura? No hay duda de que vinieron de Occidente y de los enemigos del Islam que saben que la aplicación de las reglas de Allah significa su inevitable destrucción, ya que son ladrones, traidores, adúlteros, criminales y asesinos. Si aplicáramos las reglas de Allah nos libraríamos de todos ellos.

Conversé bastante con el Saiid As-Sadr durante aquellos días, y le pregunté sobre cada cosa que yo había aprendido por medio de amigos que me hablaban sobre sus creencias, sobre lo que ellos pensaban, sobre los Compañeros del Profeta (BP) y sobre Ali y sus hijos... además de muchos otros temas sobre los que no concordamos con ellos.

Le pregunté al Saiid As-Sadr sobre Imam Ali, por qué ellos ¡testimonian por él en el Adhan (el llamado a la oración), diciendo que él es Waliiullah (el Amigo de Allah)! Me respondió de la siguiente manera:

“El Comandante de los Creyentes, Ali -que las bendiciones de Allah sean sobre él- fue uno de los siervos que eligió y honró Allah, dándoles la responsabilidad del Mensaje después de Su Profeta. Estos siervos son los sucesores del Profeta (BP), pues cada profeta tiene un sucesor y Ali Abi Talib es el sucesor de Muhammad (BP). Nosotros lo anteponemos sobre todos los Compañeros del Profeta (BP) porque Allah y el Profeta lo prefirieron.

Tenemos acerca de ello pruebas lógicas transmitidas a través del Corán y de la Sunnah (la Tradición del Profeta), y estas pruebas son mutawatir (o sea con numerosas cadenas de transmisión, no relacionadas entre sí) y correctas, tanto para nosotros como para los Sunnis. Nuestros sabios han recopilado esto en muchos libros.

El régimen Omeya trabajó muy duro para borrar esta verdad y luchar contra el Imam Ali y sus hijos, a los cuales asesinaron. Además ordenaron maldecirlos e insultarlos en los púlpitos de los musulmanes y la gente hizo aquello coaccionada. Es por eso que sus seguidores -que Allah esté complacido con ellos- comenzaron a testimoniar que él es el Amigo de Allah y ningún musulmán puede insultar al Amigo de Allah.

Eso fue un desafío de su parte contra las autoridades opresoras, para que la grandeza sea para Allah, para Su Mensajero y para todos los creyentes; y para que sea un incentivo a lo largo de la historia para la totalidad de los musulmanes a través de las generaciones, a fin de que conozcan la verdad de Ali y la falsedad de sus enemigos.

De este modo, nuestros ‘Ulama se esforzaron en testimoniar que “Ali es el Wali de Allah” en sus llamados a la oración, lo cual realizan como algo recomendable. Al pronunciar la frase hay que tener la intención de estar diciendo algo preferible y no obligatorio, pues si el que hace el Adhan o la Iqamah (segunda llamada a la oración) tiene la intención de que la frase forme parte de alguno de los dos, éstos se vuelven nulos.

Hay muchas cosas recomendables en los actos devocionales, así como también en las relaciones mundanales ordinarias y en las transacciones; los musulmanes serán recompensados por realizarlas, pero no serán castigados por dejarlas de lado.

Por ejemplo es recomendable para los musulmanes decir después de la Shahadah (testimonio en el rezo de que no hay divinidad sino Allah, y que Muhammad (BP) es Su Mensajero): “Y testifico que el Paraíso es verdad, que el Infierno es verdad, y que Allah resucitará a quienes estén en las tumbas”.

Yo dije: “Nuestros sabios nos enseñaron que la prioridad de la sucesión era para nuestro maestro Abu Bakr As-Siddiq, luego para nuestro maestro ‘Umar Al-Faruq, luego para nuestro maestro ‘Uzman, y luego para nuestro maestro Ali -que Allah los bendiga a todos-”. El Saiid permaneció en silencio por un momento y luego me respondió:

“Pueden decir lo que quieran, pero les es imposible corroborar eso sobre pruebas unánimemente aceptadas en la Shari‘ah, e inclusive, eso contradice lo que transmiten de sus propios libros de cabecera. Dice en ellos: “La mejor de las personas es Abu Bakr y luego ‘Uzman”, y no hay mención de Ali porque lo consideran una persona cualquiera y solamente comenzaron a mencionarlo tardíamente, al citar a los Califas Correctamente Guiados”.

Después le pregunté sobre la pieza de tierra sobre la que posan sus frentes durante las oraciones y que ellos llaman At-Turbah Al-Husainiiah. Él respondió:

“Antes todo debemos hacer notar que nosotros nos prosternamos sobre la tierra, pero no para la tierra, como suponen algunas personas que calumnian a los Shi‘as, pues la prosternación es sólo para Allah, Alabado y Glorificado sea. Está bien establecido entre nuestra gente, así como también entre los Sunnis, que la mejor prosternación es sobre tierra o sobre lo que ella produce sin ser comestible, y que es incorrecto prosternarse sobre algo fuera de esto.

El Mensajero de Allah (BP) solía descansar sobre la tierra y tenía una masa de tierra y paja sobre la cual se prosternaba. Además, enseñó a sus Compañeros -que Allah esté complacido con ellos- que se prosternaban sobre la tierra o las piedras y les prohibió que lo hicieran sobre el borde de sus ropas. Nosotros consideramos que estos conocimientos son necesarios.

El Imam Zain-ul ‘Abidin Ali, hijo de Al-Husain (la paz sea con ambos), tomó una Turbah (una pieza de tierra reseca) de la tumba de su padre Abu ‘Abdullah por ser ésta una Turbah pura e inmaculada, pues la sangre del Señor de los Mártires fue derramada en ella. De este modo, sus seguidores continuaron con aquella práctica hasta el día de hoy.

Nosotros no decimos que la prosternación no está permitida si no es sobre la Turbah, sino que decimos que la prosternación es correcta si se la realiza sobre cualquier Turbah o tierra limpia, como así también es correcta si se la realiza sobre una esterilla o alfombra de plegaria que esté hecha de hojas de palmera o de un material similar”.

Pregunté en relación a nuestro maestro Al-Husain -que Allah está complacido con él-: “¿Por qué los Shi‘as lloran, se golpean y se abofetean a sí mismos hasta que les brota sangre, a pesar de que esto está prohibido en el Islam, ya que el Profeta (BP) dijo: “El que abofetea sus mejillas, desgarra sus ropas e invoca con el llamado de la Yahiliiah (la época de ignorancia anterior al Islam), no es uno de nosotros”?”.

El Saiid contestó: “La narración es correcta y no hay duda sobre ella, pero no es aplicable a las ceremonias de duelo por Abu ‘Abdullah, ya que el que clama por la sangre de Al-Husain y sigue su senda, su llamado no es de Yahilliah. Además, los Shi‘as son sólo seres humanos; entre ellos hay sabios y hay iletrados, y ellos tienen sentimientos y emociones. Si se desbordan a causa de sus emociones durante el aniversario del martirio de Abu ‘Abdullah, y recuerdan lo que le sucedió junto a su familia y a sus compañeros, quienes fueron asesinados, calumniados y encarcelados, entonces serán recompensados por sus buenas intenciones, porque están en el sendero de Allah. Allah, Alabado y Glorificado sea, agracia a Sus siervos de acuerdo a sus intenciones.

La semana pasada leí las informaciones oficiales del gobierno egipcio sobre los incidentes de suicidio que siguieron a la muerte de Yamal ‘Abdul Nassir. Esos informes oficiales dicen haber registrado ocho formas de suicidio entre los cometidos por la gente al escuchar la noticia; algunos saltaron de los edificios, otros se arrojaron bajo los trenes, etc. Además, hubo muchos heridos y lesionados.

Estos son solamente ejemplos en los que las emociones han desbordado a las personas más racionales. A pesar de que esas personas, que eran musulmanas, se suicidaron debido a la muerte de Yamal ‘Abdul Nassir -que murió por causas naturales-, nosotros no tenemos derecho, sólo por noticias como éstas, a juzgar a todos los Sunnis y a acusarlos de estar equivocados.

Por otra parte, no es correcto para los Sunnis acusar a sus hermanos Shi‘as de estar equivocados sólo porque lloran por el Señor de los Mártires. Estas personas han vivido y todavía están viviendo hasta este día, la tragedia de Al-Husain. Incluso el Mensajero de Allah (BP) lloró por lo que le sucedería a su hijo Al-Husain, como así también Gabriel al ver llorar al Profeta”.

Pregunté: “¿Por qué los Shi‘as decoran las tumbas de sus santos con oro y plata, a pesar del hecho de que eso está prohibido en el Islam?”. El Saiid As-Sadr respondió:

“Esto no es exclusivo sólo de los Shi‘as, ni está prohibido. Verás las mezquitas de nuestros hermanos Sunnis ya sea en Irak, Egipto, Turquía o en cualquier otro lugar del mundo islámico, decoradas con oro y plata. Asimismo la Mezquita del Mensajero de Allah (BP) en Madinatul Munawarah y la Ka‘bah, la Casa de Allah, en la distinguida Meca, que es cubierta cada año con un nuevo manto decorado con oro que cuesta millones. Por lo tanto, tal cosa no es exclusiva de los Shi‘as”.

Pregunté: “Los ‘Ulama sauditas dicen que tocar las tumbas e invocar a los santos por sus bendiciones es idolatría, así que, ¿cuál es la opinión de ustedes?”. El Saiid As-Sadr respondió:

“Si tocar las tumbas e invocar a sus ocupantes es con la intención de que ellos perjudiquen o beneficien, entonces eso es idolatría, sin lugar a dudas. Pero los musulmanes creen en la Unicidad (de Allah) y saben que solamente Allah es el que perjudica o agracia. Solamente se invoca a las personas santas y a los Imames -la paz sea con ellos- con la intención de que sean un medio para llegar a Él, Alabado sea, y eso no es idolatría.

Todos los musulmanes, Sunnis o Shi‘as, concuerdan en este punto desde la época del Mensajero hasta el presente, excepto los Wahabi, que son los ‘Ulama sauditas que mencionaste, los cuales contradicen a la totalidad de los musulmanes con su nueva tendencia que surgió recién en este siglo. Ellos causaron mucha discordia entre los musulmanes con esa creencia, acusaron a los demás de incredulidad y determinaron lícito el derramar su sangre. Golpearon a los ancianos peregrinos en su camino a la Casa de Allah, en La Meca, sólo por decir: “La Paz sea sobre ti, ¡oh Mensajero de Allah!” y nunca permiten que nadie toque su tumba pura y bendita. Sostuvieron muchos debates con nuestra gente sabia, pero persistieron en su tozudez y arrogancia.

Cuando el Saiid Sharaf-ud Din, un famoso sabio Shi‘a, realizó la Peregrinación a la Casa de Allah durante la época de ‘Abdul Aziz ibn Saud, formó parte de aquellos ‘Ulama que fueron invitados al palacio del rey para celebrar con éste el ‘Id-ul Ad-ha, como es costumbre allá.

Cuando llegó y fue a estrechar la mano del rey, el Saiid Sharaf-ud Din le ofreció como regalo un Corán con una cubierta de cuero. El rey tomó el Corán; luego lo besó y lo puso en su frente. El Saiid Sharaf-ud Din dijo: “¡Oh rey!, ¿por qué besas y glorificas a la cubierta que está hecha sólo de cuero de cabra?”. El rey respondió: “Mi intención fue glorificar al Sagrado Corán y no engrandecer al cuero”.

El Saiid Sharaf-ud Din dijo entonces: “¡Bien dicho, rey! Nosotros hacemos lo mismo cuando besamos la ventana o la puerta de donde está la tumba del Profeta (BP); nosotros sabemos que el hierro del que están hechas no puede perjudicar ni beneficiar, pero nos dirigimos a lo que hay detrás del hierro o de la madera; nos dirigimos a glorificar al Mensajero de Allah de la misma manera en que tú glorificaste al Corán cuando besaste su cubierta de cuero de cabra”.

La audiencia estaba impresionada con el Saiid y dijo: “Tú tienes razón”. El rey en ese momento se vio obligado a permitir a los peregrinos a procurar bendiciones a través de las reliquias del Profeta, hasta que la orden fue revertida por el sucesor de aquel rey.

La cuestión no es que ellos teman que la gente asocie a otros con Allah; en realidad, es una cuestión política cuyo objetivo es contradecir y matar a los musulmanes a fin de consolidar su poder y autoridad sobre ellos. La historia es testigo de lo que han perpetrado en contra de la comunidad de Muhammad (BP)”.
Le pregunté sobre las órdenes sufis, y me respondió brevemente:

“Hay aspectos positivos y negativos en ellas. Los aspectos positivos incluyen la autodisciplina, la vida austera, el desapego de los placeres mundanales, elevándose así al inmaculado mundo espiritual.

Los aspectos negativos incluyen el retraimiento, el huir de la realidad de la vida y el limitarse sólo a mencionar a Allah en sus numerosas expresiones y otras prácticas.

El Islam -como es sabido- acepta los aspectos positivos pero rechaza los negativos, y nosotros podemos decir que todos los principios y enseñanzas del Islam son positivos”.

Duda y Confusión

Las respuestas del Saiid As-Sadr eran claras y convincentes, pero era muy difícil para una persona como yo comprenderlas. Había vivido veinticinco años de mi vida en base a la idea de glorificar y respetar a los Compañeros del Profeta, especialmente a los Califas Correctamente Guiados, a quienes el Mensajero de Allah nos ordenó aferrarnos y seguir sus enseñanzas, en particular a Abu Bakr As-Siddiq y a ‘Umar Al-Faruq; pero, desde que había llegado a Irak, no había oído mencionar sus nombres.

Solamente había escuchado extraños nombres completamente desconocidos para mí; que había doce Imames, y una afirmación de que el Mensajero de Allah (BP) había declarado antes de su muerte que el Imam Ali debía ser su sucesor.

¿Cómo podía creer todo eso (que todos los musulmanes y los Compañeros del Profeta, quienes eran las mejores personas después del Profeta, se pusieran de acuerdo para levantarse en contra de Ali -que Allah ennoblezca su rostro-), cuando a nosotros se nos enseñó desde niños que los Compañeros del Profeta -que Allah esté satisfecho con ellos- respetaban a Ali y conocían muy bien sus derechos? Sabían que él era el esposo de Fátima Az-Zahrá, el padre de Al-Hasan y Al-Husain, y la puerta de la ciudad del conocimiento.

Asimismo, nuestro maestro Ali conocía los derechos de Abu Bakr As-Siddiq, quien se hizo musulmán antes que nadie más, y que acompañó al Profeta a la cueva (cuando huía de los incrédulos que querían asesinarlo), como mencionó Allah, el Altísimo, en el Corán; a quien el Mensajero de Allah encomendó dirigir las oraciones durante su enfermedad y de quien dijo: “Si yo tuviera que elegir a un amigo muy íntimo, elegiría a Abu Bark”.

A causa de todo eso, los musulmanes lo eligieron como su Califa. El Imam Ali también conocía la posición de nuestro maestro ‘Umar, con quien Allah fortaleció el Islam y a quien el Mensajero de Allah llamó Al-Faruq (el que distingue lo verdadero de lo falso); como así también el Imam Ali conocía la posición de nuestro maestro ‘Uzman, en cuya presencia los ángeles del Misericordioso se sintieron avergonzados, quien organizó el ejército de Al-Usrah, y que fue llamado por el Mensajero de Allah: Dhun Nurain (el Poseedor de las Dos Luces).

¿Cómo podrían nuestros hermanos los Shi‘as ignorar o pretender ignorar todo eso, y hacer de estas personalidades sólo personas ordinarias que fueron desviadas del sendero recto por las pasiones y codicias mundanales y que desobedecieron las órdenes del Mensajero después de su muerte?

Esto es inconcebible ya que nosotros sabemos que estas personas solían apresurarse para ejecutar las órdenes del Mensajero. Ellos mataron a sus hijos y padres y a los miembros de sus propias tribus para glorificar el Islam y su triunfo. Aquel que mataría a su padre y a su hijo por la causa de Allah y Su Mensajero, no puede estar sujeto a ambiciones mundanales y transitorias tales como la posición de Califa, e ignorar las órdenes del Mensajero dándole la espalda.

A causa de todo eso, yo no podía creer todo lo que los Shi‘as decían, a pesar del hecho de que estaba complacido con ellos en muchos aspectos.

Permanecí en un estado de duda y confusión: duda que introdujeron en mi mente los ‘Ulama Shi‘as, pues sus palabras eran sabias y lógicas; y confusión porque yo no podía creer que los Compañeros del Profeta -que Allah, el Altísimo, esté complacido con ellos- rebajaran su moral a ese estado y pudieran ser personas comunes como nosotros, o que no les adornaran las luces del Mensaje, ni estuvieran formados por la guía de Muhammad (BP).

¡Oh mi Dios! ¿Cómo podría ser así? ¿Acaso podían los Compañeros del Profeta estar al nivel descripto por la Shi‘a? Lo importante es que esta duda y esta confusión fueron el origen para debilitar las creencias pasadas y reconocer que había muchos temas ocultos que necesariamente debían ser dilucidados para poder llegar a la verdad.

Mi amigo Mun’im llegó y luego viajamos a Karbala, y allí reviví la tragedia de nuestro maestro Al-Husain, así como la viven sus seguidores; entonces supe que en realidad él no había muerto.

La gente tiende a agolparse alrededor de su tumba como mariposas, y llora con un dolor y pesar que yo nunca había visto antes, como si Al-Husain hubiera sido recién martirizado. Escuché a los disertantes que despertaban los sentimientos de la gente describiendo el incidente de Karbala con llantos y lamentos. Cualquiera que los escucha no puede contenerse y se deja llevar.

Lloré y lloré como dejando salir un sentimiento reprimido, y sentí un sosiego tal en mi alma, que nunca había experimentado antes de ese día. Sentí como si hubiera estado en las filas de los enemigos de Al-Husain y me hubiera transformado rápidamente en uno de sus compañeros que se sacrificaron por su causa.

El disertante estaba recitando la historia de Hurr, que fue uno de los comandantes encargados de luchar contra Al-Husain y que se detuvo en el campo de batalla temblando como una hoja al viento, y cuando uno de sus amigos le preguntó: “¿Acaso tienes miedo de la muerte?”, respondió: “¡No, por Allah!, pero estoy eligiendo entre el Cielo y el Infierno”. Luego espoleó su caballo y se dirigió hacia Al-Husain y le preguntó: “¿Existe el arrepentimiento, oh hijo del Mensajero de Allah?”.1

Cuando oí eso, no pude controlarme y caí al suelo llorando y sentí como si estuviera en el lugar de Hurr, preguntándole a Al-Husain: “¿Existe el arrepentimiento, oh hijo del Mensajero de Allah? Perdóname, oh hijo del Mensajero de Allah”.

La voz del disertante era tan conmovedora que la gente comenzó a llorar y a lamentarse, y cuando mi amigo oyó mis llantos, me abrazó como una madre abraza a su hijo, y comenzó a llorar y a repetir: “¡Oh Husain!... ¡Oh Husain!...”

Esos fueron momentos durante los cuales aprendí el significado real del llanto y sentí que mis lágrimas lavaban mi corazón y mi cuerpo desde adentro, y sólo entonces comprendí el significado del dicho del Mensajero de Allah: “Si supierais lo que yo sé, sonreiríais poco y lloraríais mucho”.

Estuve deprimido todo el día. Mi amigo trató de distraerme y confortarme ofreciéndome algunos refrescos, pero yo había perdido mi apetito por completo. Le pedía que me repitiera la historia del martirio de Al-Husain, ya que no sabía mucho sobre ella, sino tan sólo lo que nuestros líderes religiosos nos narraban acerca de que fueron los hipócritas enemigos del Islam quienes asesinaron a nuestros maestro ‘Umar, ‘Uzman y Ali, y que los mismos enemigos asesinaron a nuestro maestro Al-Husain.

No sabíamos más que esa pequeña reseña; incluso solíamos conmemorar ‘Ashura -los diez días previos al martirio de Al-Husain (P)-, como uno de los días festivos del Islam. Se distribuían limosnas, se cocinaban diferentes tipos de comidas y los niños iban a que los mayores les dieran dinero para comprar dulces y juguetes.

En realidad, hay tradiciones y costumbres en algunas aldeas, en las que, durante ‘Ashura, la gente enciende fuegos y no realiza ninguna clase de trabajo, no contrae matrimonio, ni celebra ninguna ocasión feliz. Generalmente nosotros las aceptamos como costumbres y tradiciones, sin más explicación. Nuestros ‘Ulama nos relatan narraciones que hablan sobre las virtudes de ‘Ashura y las bendiciones y misericordias que tiene, y que es ¡algo maravilloso!

Luego fuimos a visitar la tumba de Al-‘Abbas, el hermano de Al-Husain. Yo no sabía quien era él, pero mi amigo me contó su historia de heroísmo y valentía. Además, encontramos muchos ‘Ulama piadosos cuyos nombres no recuerdo con detalle, sino tan solo sus apellidos, como por ejemplo: Bahr-ul ‘Ulum, Saiid Al-Hakim, Kashif-ul Guita’, Al-Iasin, At-Tabatabai, Al Fairuz Abadi, Asad Haidar y otros que me honraron con su compañía.

Se puede decir que ellos eran verdaderos sabios piadosos, que poseían todos los signos de dignidad y respeto. La comunidad Shi‘a los respeta y les da un quinto (Jums) de sus ganancias, a través del cual ellos gestionan los asuntos de las escuelas religiosas, abren nuevas escuelas, establecen imprentas y asisten a los estudiantes que vienen a ellos desde todo el mundo Islámico.

Son independientes y no están conectados de ninguna manera con los gobernantes, como lo están nuestros ‘Ulama que no pueden hacer ni decir nada sin la aprobación de las autoridades, quienes pagan sus salarios y los asignan y trasladan a donde sea que ellos dispongan.

Era un nuevo mundo que yo había descubierto, o más bien, que Allah había expuesto para mí. Comencé a relacionarme con él, a pesar del hecho de que previamente lo aborrecía, y armonicé con él después de que me le había opuesto. Este mundo me había enseñado nuevas ideas y me inspiró un deseo de averiguar, buscar conocimiento y estudiar hasta conocer la verdad anhelada que siempre busqué desde que leí el dicho del Profeta (BP):

“Los hijos de Israel se dividieron en setenta y un grupos, los cristianos se dividieron en setenta y dos grupos y mi comunidad se dividirá en setenta y tres grupos, todos los cuales, excepto uno, estarán en el Infierno”.

Este no es el lugar para hablar sobre las diferentes religiones que afirman ser las correctas y que el resto está equivocado, pero yo quedo sorprendido y turbado cada vez que leo este dicho. Mi sorpresa y turbación no son por el dicho en sí, sino por aquellos musulmanes que lo leen, lo repiten en sus disertaciones y lo pasan por alto sin analizarlo ni buscar algún indicio, para distinguir entre el grupo que será salvado y el que estará en el Infierno.

Lo extraño es que cada grupo afirma ser el que está en la salvación, y al final del dicho viene lo siguiente: “¿Quiénes son ellos, oh Mensajero de Allah?”. Él respondió: “Aquellos que siguen mi senda y la de mis Compañeros”.

¿Acaso hay algún grupo que no se aferre al Libro (Corán) y a la Sunnah (la Tradición Profética), y acaso hay algún grupo islámico que invoque algo diferente? Si el Imam Malik o Abu Hanifah, o Ash-Shafii, o Ahmad ibn Hanbal fuesen consultados, ¿no afirmarían cada uno de ellos que hay que aferrarse a las enseñanzas del Corán y de la correcta Sunnah?

Estas son las madhahib Sunnis; y si tenemos en cuenta a los diferentes grupos Shi‘as, a los que yo consideraba desviados y corruptos, todos ellos también invocan a aferrarse al Corán y a la correcta Sunnah que ha sido transmitida a través de los virtuosos de Ahl-ul Bait (la Familia del Profeta); y tengo entendido que la Familia del Profeta (BP) era tan virtuosa como ellos dicen, y que era más conocedora de la tradición del Profeta que los ajenos a su casa.

¿Es posible que todos esos grupos tengan razón? No, eso es imposible, porque el dicho del Profeta declara lo contrario. ¡Dios mío!, a menos que el hadiz (narración, dicho) sea inventado o falso! Pero eso no es posible, ya que el hadiz es considerado mutawatir tanto por los Shi‘as como por los Sunnis.
¿Es posible que el dicho no tuviera sentido o significado? Lejos está el Mensajero de Allah (BP) de haber dicho una cosa que no tuviera sentido o significado, pues él no habló por capricho o vanamente y todos sus hadices contienen normas y enseñanzas.

Entonces, sólo nos queda una posible conclusión: que hay un sólo grupo que tiene la razón y que el resto está errado. De este modo, el dicho provoca consternación, como así también induce a buscar y a estudiar a aquel que desee ser salvado.

Debido a eso, entró en mí la duda y la confusión después de mi encuentro con los Shi‘as, pues ¿quién puede saber si ellos dicen la verdad y hablan sinceramente? Por lo tanto, ¿no debo yo estudiar e investigar?

El Islam, a través del Corán y de la Sunnah, me ordena estudiar, investigar y comparar.
Allah, el Altísimo dice:

«Y a quienes se esfuerzan por nuestra causa, les encaminaremos por nuestras sendas...»
(Sagrado Corán; 29:69)

Él también dice:

«...Quienes escuchan las palabras y siguen la mejor de ellas. Éstos son a quienes Dios encamina, y éstos son los sensatos» (Sagrado Corán; 39:18)

El Mensajero de Allah (BP) dijo: “Estudia tu religión aunque digan de ti que eres un loco”. De este modo, la búsqueda y la comparación son obligaciones religiosas para toda persona responsable.

Habiendo tomado esta decisión (de estudiar e investigar) y con un sincero compromiso; y habiéndome hecho la promesa a mí mismo y a mis amigos Shi‘as de Irak, los abracé y me despedí de ellos lleno de tristeza, pues llegaron a estimarme, como yo también a ellos.

Sentí que había dejado queridos y sinceros amigos que habían perdido su tiempo a causa mía. Lo hicieron por su propia elección y no me pidieron nada excepto la complacencia de Allah, Alabado sea, pues el Profeta (BP) dijo: “Si Allah guía a una persona a través tuyo (hacia el sendero recto), entonces eso es mejor para ti que todas aquellas cosas para las cuales brilla el sol”.

Dejé Irak tras haber pasado veinte días entre los Imames y sus seguidores, y el tiempo había transcurrido como un placentero sueño del cual uno desea no despertar. Dejé Irak sintiéndome triste por la brevedad de ese período y por tener que separarme de esos corazones que palpitan por amor a Ahl-ul Bait, y me dirigí hacia el Hiyaz (en la península arábiga) procurando la Sagrada Casa de Allah y la tumba del Señor de los Primeros y los Últimos, con él sea la paz, y con su purificada descendencia.

  • 1. Hurr se pasó a las filas de Al-Husain (P) aun sabiendo lo que le esperaba, contándose así entre los mártires de Karbala.

El viaje al Hiyaz

Llegué a Yiddah y encontré a mi amigo Al-Bashir, quien estaba muy complacido de verme; me llevó a su casa y me demostró el más alto grado de hospitalidad. Pasamos el tiempo paseando en su auto visitando lugares, hicimos la ‘Umrah y pasamos juntos algunos días plenos de adoración y de otros actos piadosos.

Le pedí disculpas a mi amigo por mi retraso debido a mi larga estadía en Irak, y le conté sobre mi nuevo descubrimiento, o mejor dicho, sobre la nueva creencia. Él era una persona abierta y bien informada, así que me dijo: “Eso es verdad, ya que escuché que ellos tienen algunos grandes sabios, pero también tienen muchos grupos desviados que nos causan considerables problemas durante la Peregrinación”.

Yo le pregunté: “¿Cuáles son estos problemas que ellos causan?”. Dijo: “Rezan alrededor de las tumbas y entran al cementerio Al-Baqi‘ en grupos, llorando y lamentándose, y llevan en sus bolsillos piezas de piedra sobre las cuales se prosternan, y si visitan la tumba de nuestro maestro Hamza, en Uhud, realizan una ceremonia fúnebre, golpeando sus pechos y lamentándose como si Hamza recién hubiera muerto. Debido a todo eso, el gobierno Saudita les prohibió entrar para visitar las tumbas”.

Yo sonreí y dije: “¿Es debido a eso que los juzgas de estar desviados del Islam?”. Él dijo: “Por eso y por otras razones. Ellos vienen a visitar la tumba del Profeta (BP), pero al mismo tiempo se detienen alrededor de las tumbas de Abu Bakr y de ‘Umar y los maldicen e insultan, y algunos de ellos arrojan basura e impurezas en su tumbas”.

Esto me hizo recordar lo que mi padre me había contado cuando él regresó de la Peregrinación, sobre que ellos arrojan basura en la tumba del Profeta (BP). No cabe duda de que mi padre nunca los vio con sus propios ojos, pues dijo: “Nosotros notamos que algunos soldados del ejército saudita golpeaban a algunos peregrinos con las macanas, y cuando protestamos en contra de su humillante trato hacia los peregrinos de la Casa de Allah, nos respondieron: “Estos no son musulmanes; son Shi‘as que vienen a traer basura para arrojarla en la tumba del Profeta (BP)”. Mi padre dijo: “Entonces los maldijimos y escupimos sobre ellos”.

Ahora yo escuchaba de mi amigo saudita que había nacido en Madinat-ul Munawwarah que ellos sí venían a visitar la tumba del Profeta (BP), pero que arrojaban impurezas en las tumbas de Abu Bakr y de ‘Umar.

Yo dudaba de las dos historias, pues había estado en la Peregrinación y había visto la habitación donde las tumbas del Profeta (BP), de Abu Bakr y de ‘Umar estaban cerradas con llave y nadie podía llegar cerca de ellas para tocar la puerta o la ventana, tanto menos para arrojar alguna cosa adentro, por dos razones:

Primeramente, no hay ninguna abertura, y en segundo lugar, hay una estricta guardia de robustos soldados vigilando, que cambia continuamente, y cada uno de ellos está en una puerta con una macana en su mano para golpear a los peregrinos que se acercan o que se arriman a mirar dentro de la habitación. Probablemente algunos de los soldados acusen de incrédulos a los Shi‘as para justificar su agresión hacia ellos y para incitar a los musulmanes a combatirles, o por lo menos, para callar ese mal trato, y al volver a sus países fomentar que los Shi‘as odian al Mensajero de Allah y arrojan basura en su tumba, y a sí, matan dos pájaros de un tiro.

Un hombre virtuoso, en quien yo confío, hizo la siguiente observación. Dijo: “Nosotros hacíamos el tawaf (circunvalación ritual) a la Casa de Allah, cuando de repente un hombre joven sufrió un severo dolor de estómago y vomitó. Los soldados que estaban custodiando la Piedra Negra comenzaron a golpear al hombre. Lo sacaron de una manera deplorable y lo acusaron de traer impurezas para ensuciar la Ka‘bah. Luego testificaron en contra suya y fue ejecutado el mismo día”.

Todas estas dramáticas historias daban vueltas en mi mente y pensé por un momento en la justificación de mi amigo saudita para acusar de incrédulos a los Shi‘as, pero no pude encontrar nada aparte del hecho de que ellos golpean sus pechos y lloran, y se prosternan sobre piedras; además del hecho de que rezan junto a las tumbas.

Me pregunté a mí mismo: “¿Es eso prueba suficiente para acusar de incrédulo al que cree que no hay divinidad sino Allah y que Muhammad (BP) es Su Siervo y Mensajero, que reza, da limosna, ayuna en Ramadán, hace la Peregrinación a la Casa de Allah, ordena el bien y prohibe el mal?”.

No quise insistir con mi amigo y entrar en una larga discusión con él, por lo tanto sólo dije brevemente: “Que Allah nos guíe, y también a ellos, hacia el sendero recto, y que Allah maldiga a los enemigos de nuestra religión, que traman contra el Islam y los musulmanes”.

Cada vez que hice el tawaf alrededor de la Casa de Allah durante la ‘Umrah, encontré sólo a unas cuantas personas realizando el tawaf. Recé y pedí a Allah, Alabado sea, con todo mi ser, que abriera mis ojos y me guiara hacia la verdad. Me detuve en el Maqam -sitial de Ibrahim (P)- y recité la siguiente aleya del Corán:

«Y combatid denodadamente por la causa de Allah por la cual os eligió. Y no os impuso dificultad alguna en la religión, porque es el culto de vuestro padre Ibrahim. Él os denominó musulmanes antes, y en el Corán, para que el Mensajero sea testigo de vosotros y para que seáis testigos de los humanos. Observad, pues, la oración, pagad el zaqat y aferraos a Allah que es vuestro Señor. ¡Y qué excelente Señor! ¡Y qué excelente socorredor!» (Sagrado Corán 22:78)

Luego comencé a invocar a nuestro maestro Ibrahim, o a nuestro padre Ibrahim, como el Corán lo denomina:
¡Oh padre! Tú, que nos llamaste musulmanes, he aquí que tus hijos se han dividido después de ti y se hicieron judíos, cristianos y musulmanes. Los judíos se dividieron entre ellos en setenta y un grupos, los cristianos se dividieron en setenta y dos grupos, y los musulmanes se dividieron en setenta y tres grupos; todos ellos están en la oscuridad, según lo que dijo tu hijo Muhammad (BP), salvo un sólo grupo, que permanece fiel a su juramento, ¡oh padre!

¿Acaso la ley de Allah para Su creación es como dicen los fatalistas, que Allah, Alabado sea, asigna a cada alma su destino para ser judíos, cristianos, musulmanes, ateos, o idólatras? ¿O acaso es el amor a los mundano y el alejarse de las órdenes de Allah, algo inculcado por Él Mismo?

Mi intelecto se rehusa a creer en el fatalismo, y que Allah asigna un destino para cada individuo, sino que tiende resueltamente a creer que Allah nos ha creado e infundido tanto la impiedad como el temor (a Él), y nos envió Sus Mensajeros para aclararnos nuestras dudas y para mostrarnos qué es lo correcto y qué es lo equivocado.

Pero el hombre es seducido por la vida mundanal y sus atracciones. El hombre con su arrogancia, egoísmo, ignorancia, curiosidad, terquedad, obstinación, injusticia y tiranía, se desvió del sendero recto y siguió al demonio, distanciándose del Misericordioso; por lo tanto, él perdió su camino.
El Sagrado Corán describe esto de la mejor manera y lo resume en las palabras de Allah:

«Allah no oprime a la gente en absoluto, sino que es la gente la que se oprime a sí misma»(Sagrado Corán; 10:44)

¡Oh, Ibrahim, padre nuestro! No podemos reprochar a los judíos ni a los cristianos el no seguir el sendero recto después de que las evidencias les fueron mostradas, pues he aquí a la comunidad que Allah salvó cuando envió a tu hijo Muhammad (BP) hacia ella y a la que sacó de la oscuridad hacia la luz, y la transformó en la mejor comunidad en el mundo.

Ella también entró en desacuerdo y se dividió en muchos grupos que se acusan de incrédulos entre sí, a pesar del hecho de que el Mensajero de Allah (BP) les había advertido e informado de esto y se enfadó con ellos hasta llegar a decir: “Está prohibido para un musulmán cortar las relaciones con su hermano musulmán durante más de tres días”.

Entonces, ¿qué le sucedió a esta comunidad que está dividida en muchos estados pequeños donde algunos son hostiles entre sí, otros llegan incluso a combatirse, otros se acusan mutuamente de incrédulos y otros ni siquiera se conocen y cortan sus relaciones durante toda su existencia? ¡Oh, Ibrahim, padre nuestro! ¿Qué le sucedió a la que solía ser la mejor de las comunidades y que dominó desde Oriente hasta Occidente, y que hizo llegar a la gente la guía, las ciencias, el conocimiento y la cultura?

Hoy ella ha llegado a ser la más insignificante y sumisa de las comunidades; sus tierras han sido violentadas, su gente ha sido expulsada, y su mezquita Al-Aqsa está ocupada por un grupo de sionistas sin que pueda ser liberada. Si uno visita sus países, no encontrará sino pobreza, miseria, un hambre desbastador, tierras áridas, enfermedades mortales, mala educación, atraso intelectual y técnico, tiranía, persecución, suciedad e insectos.

Es suficiente con comparar los baños públicos de Europa con aquellos de nuestros países, pues si el viajero entra a los baños de allá, los encuentra limpios, brillando como el cristal y oliendo agradablemente, mientras que el viajero no puede soportar entrar a los baños de los países islámicos a causa del olor fétido y la suciedad, siendo que el Islam nos ha enseñado que “la limpieza es parte de la fe, y la suciedad es del demonio”.

¿Se ha trasladado la fe a Europa y el demonio habita con nosotros? ¿Por qué los musulmanes llegaron hasta el punto de temer declarar su fe aún en sus propios países, y no deciden sobre su propia personalidad, puesto que ni siquiera son libres de dejarse crecer la barba, ni de usar su vestimenta islámica, mientras aparecen los corruptos consumiendo embriagantes, fornicando y fomentando el exhibicionismo, y los musulmanes no pueden resistírseles ni siquiera ordenando el bien y prohibiendo el mal? Incluso he sido informado de que en algunos países islámicos como Egipto o Marruecos, hay padres que envían a sus hijas a prostituirse a causa de su extrema pobreza, miseria y necesidad.

Ciertamente que no hay poder ni fuerza excepto en Allah, Altísimo y Majestuoso.

¡Oh Dios! ¿Por qué Te has alejado de esta comunidad y la has dejado en la oscuridad? No... no. Te pido perdón Dios mío, pues es esta comunidad la que se ha alejado de Tu recuerdo y ha elegido el sendero del demonio, y Tú, con toda Tu Sabiduría y Poder, dijiste, y Tu dicho es la verdad:

«A quien se cierre a la Amonestación del Compasivo, le asignamos un demonio que será para él compañero»(Sagrado Corán; 43:36)

Y también dijiste:

«Muhammad no es sino un enviado, antes del cual han pasado otros enviados. Si, pues, muriera o le mataran ¿os volveríais sobre vuestros pasos? Quien se vuelva atrás no perjudicará a Allah. Y Allah retribuirá a los agradecidos» (Sagrado Corán; 3:144)

No hay duda de que el deterioro de la comunidad islámica a este bajo estado de sumisión e indigencia es un signo de su desviación del sendero recto, y tampoco cabe duda de que una pequeña minoría, o un grupo entre setenta y tres, no puede influir en el destino de una comunidad entera.

El Mensajero de Allah (BP) dijo: “Por cierto que, o ordenaréis lo bueno y en verdad prohibiréis lo malo, o Allah hará prevalecer sobre vosotros a los inicuos, de manera que vuestra gente buena suplicará, pero no les será respondida (la súplica)”.

¡Oh Dios! Creemos en lo que Tú nos enviaste y seguimos al Mensajero; regístranos entre aquellos que lo testimonian. ¡Oh Dios! Por favor, no desvíes nuestros corazones después de habernos guiado, y agrácianos con Tu Misericordia, pues Tú eres el Agraciador. ¡Oh Dios! Nos hemos oprimido a nosotros mismos y si no nos perdonas y no tienes misericordia de nosotros, entonces, ciertamente que nos contaremos entre los perdedores.

Partí hacia Madinat-ul Munawwarah con una carta de mi amigo Al-Bashir para uno de sus familiares, a fin de que pudiera residir con él durante mi estadía en Medina.

Al-Bashir ya había hablado con él por teléfono, y cuando llegué, me recibió calurosamente y me hospedó en su casa. Tan pronto como llegué, quise visitar la tumba del Mensajero de Allah (BP), por lo tanto me purifiqué y vestí mis mejores ropas.

Había sólo unos pocos visitantes en comparación a aquellos que vienen durante la época de la Peregrinación; es por ello que me fue posible detenerme ante las tumbas del Mensajero de Allah (BP), de Abu Bakr y de ‘Umar, algo que no pude hacer durante la Peregrinación a causa de la multitud.

Traté, pero fue en vano, de tocar una de las puertas por bendiciones, pues el guardia parado ante ella me alejó de malas maneras. Ante cada puerta había un guardia custodiandola; cuando permanecí allí por un largo tiempo para hacer las súplicas y salutaciones que me encargaron mis amigos, los guardias me ordenaron partir. Traté de hablarle a uno de ellos, pero fue inútil.

Regresé al bendito jardín donde me senté para leer el Corán embelleciendo su lectura con tartil (forma de recitación rítmica y lenta). Repetí la recitación varias veces, pues sentí como si el Mensajero de Allah (BP) estuviera escuchándome. Me dije a mí mismo: ¿Es concebible que el Mensajero de Allah (BP) esté muerto y sea como las demás personas muertas? Si es así, ¿por qué en nuestras oraciones decimos: “La paz, la misericordia y las bendiciones de Allah sean sobre ti, ¡oh gran Profeta!”, en la forma gramatical en que uno se dirige a la segunda persona?

Los musulmanes creen que nuestro maestro Al-Jidr (P) no está muerto, y que él devuelve los saludos de cualquiera. Además, los seguidores de las órdenes Sufis creen que sus Shaij, Ahmad At-Tiyani o ‘Abdul Qadir Al-Guilani, vienen a verlos y no en sus sueños, sino cuando están despiertos; así que, ¿por qué escatimamos esa distinción al Mensajero de Allah, siendo que él es definitivamente lo mejor de la creación? Pero me estoy precipitando, pues los musulmanes no le escatiman eso el Mensajero de Allah, sino solamente los wahabi, de quienes comencé a sentir aversión por ésta y por varias otras razones, entre ellas, la grosería que observé en ellos y la dureza con que tratan a los demás musulmanes que no están de acuerdo con sus creencias.

Visité el cementerio Al-Baqi‘ una vez, y mientras estaba invocando misericordia por las almas de Ahl-ul Bait, vi a un hombre anciano parado junto a mí llorando, por lo que me di cuenta de que él era un Shi‘a. Se dirigió a la Qiblah (orientación a la Ka‘bah) y comenzó a rezar.

Rápidamente un soldado fue hacia él, como si hubiera estado vigilando sus movimientos, y le pateó violentamente mientras estaba en posición de prosternación. El hombre cayó sobre su espalda y el pobre permaneció unos minutos inconsciente, y el soldado se lanzó sobre él golpeándolo, insultándolo e injuriándolo.

Mi corazón sintió compasión por el anciano y supuse que él podría haber muerto, por lo que no pude evitar intervenir. Se apoderó de mi la furia y le grité al soldado: “¡Es ilícito lo que haces! ¿Por qué lo golpeaste mientras estaba rezando?”. Él, con muy malos modales, me gritó diciendo: “¡Tú cállate y no interfieras, o te haré lo mismo que acabo de hacerle a él”.

Cuando me percaté, por sus ojos, que estaba lleno de agresión, me mantuve a distancia, pero me sentí indignado conmigo mismo, por haber sido incapaz de ayudar al oprimido, y con los sauditas, que tratan a la gente como se les da la gana, sin que haya quien lo evite, ni quien los censure (por sus acciones).

Había algunos visitantes que presenciaron ese ataque. Entre ellos había algunos que sólo decían: “No hay poder ni fuerza excepto en Allah”, y otros que decían: “Lo tiene merecido por estar rezando junto a las tumbas, pues eso es ilícito”.

No pude controlarme a mí mismo, así que increpé al que dijo eso, diciendo: “¿Quién te dijo a ti que rezar junto a las tumbas es ilícito?”. Él respondió: “El Mensajero de Allah fue el que prohibió eso”. Yo le respondí con enfado: “¡Ustedes están mintiendo sobre el Mensajero de Allah!”.

Temí que los presentes se levantaran contra mí o que llamaran al soldado para que me atacara, así que dije gentilmente: “Si el Mensajero de Allah nos previno contra orar junto a las tumbas, ¿por qué millones de peregrinos y visitantes lo desobedecerían y cometerían un pecado rezando junto a las tumbas del Profeta (BP), de Abu Bakr y de ‘Umar, en la Sagrada Mezquita del Profeta y en muchas otras mezquitas alrededor del mundo islámico? Incluso, si orar junto a las tumbas fuera un pecado, ¿es con esa grosería y dureza que lo vamos a remediar?, ¿o con gentileza y benevolencia?

Permítanme contarles la historia de un beduino que orinó en la mezquita del Mensajero de Allah, en su presencia y la de algunos de sus Compañeros, sin ninguna vergüenza ni inhibición. Cuando algunos de los Compañeros se levantaron contra él, desenvainando sus espadas para matarlo, el Mensajero de Allah (BP) los detuvo prohibiéndole hacer eso, y dijo: “Dejadlo ir y no lo interrumpáis. Verted luego un cubo de agua en el lugar donde orinó. Vosotros fuisteis comisionados para hacer las cosas fáciles y no difíciles, para albriciar con palabras buenas, y no para espantar a la gente”.

Los Compañeros obedecieron sus órdenes y el Mensajero de Allah (BP) pidió a aquel hombre que fuera y se sentase junto a él, y le habló y lo trató benevolentemente. Él le explicó que ese lugar era la Casa de Allah y que no debía ser impurificado. El hombre se hizo musulmán y después de eso sólo se lo vio llegar a la mezquita usando sus mejores y más limpias ropas. Allah es Veraz cuando le dice a Su Mensajero (BP):

«...Si hubieras sido áspero y duro de corazón, se habrían alejado de ti...» (Sagrado Corán: 3:159)

Algunos de los visitantes se impresionaron cuando escucharon la historia, y uno de ellos me retiró a un costado y me preguntó: “¿De dónde vienes?”. Yo dije: “De Túnez”. Entonces me saludó y dijo: “¡Hermano! Por Allah, cuídate y nunca digas tales cosas aquí. Este es mi consejo para ti, por la causa de Allah”.

Me llené de enojo y furia contra aquellos que se hacen llamar guardianes de Al-Haramain (los dos lugares santos de La Meca y Medina) y tratan a los huéspedes del Misericordioso con tanta crueldad; y no permiten a nadie expresar su opinión ni relatar hadices que no estén de acuerdo con lo que ellos dicen, ni creer en algo diferente a lo que ellos creen.

Regresé a la casa de mi nuevo amigo, cuyo nombre yo no conocía hasta entonces, y me trajo la cena y se sentó en frente mío, y antes de comer me preguntó dónde yo había estado. Le conté mi historia desde el principio hasta el fin y dije: “Hermano, francamente, comencé a sentir aversión por los Wahabi y he empezado a sentir simpatía hacia los Shi‘as”.

Rápidamente la expresión de su rostro cambió y me dijo: “¡Pobre de ti! ¡No digas algo como eso otra vez!”. Luego me dejó y no comió conmigo. Lo esperé por largo rato, hasta que me venció el sueño. Me levanté a la mañana siguiente con la llamada para las oraciones de la Mezquita del Profeta (BP) y vi que la comida aún continuaba en su lugar tal como la había dejado, lo que significaba que mi anfitrión nunca había regresado. Sospeché y temí que el hombre pudiera haber sido un miembro del servicio secreto, por lo tanto dejé la casa rápidamente, sin volver otra vez.

Fui a la Mezquita del Profeta (BP) y pasé todo el día rezando y adorando, y sólo salí para satisfacer mis necesidades y para realizar el wudu (ablución). Luego de la oración de la tarde escuché a un disertante dando una clase a algunos orantes. Fui hacia él y supe por algunos de los presentes que él era el Qadi (juez islámico) de Medina.

Le presté atención cuando estaba explicando algunas aleyas del Corán, y después de que terminó su lección y estaba por partir, lo detuve y le pregunté: “Por favor, Señor, ¿puede darme algunas indicaciones para la interpretación de la siguiente aleya coránica?:

«...Allah sólo quiere alejar de vosotros la impureza, oh Gente de la Casa (profética), y purificaros sobremanera» (Sagrado Corán; 33:32)

Pregunté: “¿A quién se refiere como Ahl-ul Bait (Familia o Gente de la Casa del Profeta) en esta aleya?”. Me respondió inmediatamente: “A las esposas del Profeta (BP), pues la aleya comienza mencionándolas:

«¡Oh mujeres del Profeta! Vosotras no sois como las otras mujeres. Si teméis (a Allah)...» (Sagrado Corán; 33:32)

Yo le dije : “Los ‘Ulama shi‘as dicen que son Ali, Fátima, Al-Hasan, y Al-Husain, pero por supuesto, yo no estuve de acuerdo con ellos porque el comienzo de la aleya manifiesta: «¡Oh mujeres del Profeta!...», pero ellos me respondieron de la siguiente manera:

“Cuando la frase se refiere a ellas (es decir, a las esposas del Profeta), la forma gramatical termina con la letra nun del femenino, pues el Altísimo dice: «Vosotras no sois..., si vosotras teméis a..., vosotras no seáis complacientes..., quedaos vosotras en vuestras casas..., vosotras no os acicaléis..., haced vosotras vuestras oraciones..., dad vosotras el zaqat (limosna)..., obedeced vosotras a Allah y a Su Mensajero...»

(Todos los verbos de arriba están, en árabe, en la forma gramatical femenina).

Y luego, cuando llega al pasaje de la aleya donde específicamente se refiere a Ahl-ul Bait, la forma gramatical cambia a segunda persona del plural masculino. Él dice: «...quiere alejar de vosotros la impureza... y purificaros a vosotros...»
(Aquí los pronombres están, en árabe, en la forma gramatical masculina)”.

Él levantó sus anteojos, me miró, y luego dijo: “Ten cuidado con esas ideas ponzoñosas; los Shi‘as cambian las palabras de Allah de la manera que quieren, y tienen muchas aleyas que se refieren a Ali y a su descendencia, que nosotros no conocemos. En realidad, tienen un Corán especial. Lo llaman El Corán de Fátima. Yo te prevengo que no seas engañado por ellos”.

Yo respondí: “No se preocupe señor, yo estoy prevenido, y conozco mucho sobre ellos, pero sólo quería confirmarlo”. Él preguntó: “¿De dónde eres?”. Dije: “De Túnez”. Preguntó: “¿Cuál es tu nombre?”. Respondí: “At-Tiyani”. Él sonrió con arrogancia y dijo: “¿Sabes tú quién fue Ahmad At-Tiyani?”. Respondí: “Él fue el Shaij de una orden Sufi”. Dijo: “Él fue un agente del colonialismo francés, y el colonialismo francés estableció su centro en Argelia y Túnez con su ayuda, y si visitas París, ve a la Biblioteca Nacional y lee por ti mismo en el Diccionario Francés en la letra “A”, y encontrarás que Francia otorgó la Legión de Honor a Ahmad At-Tiyani, quien les brindó ayuda incalculable”.

Yo estaba sorprendido por lo que él dijo. Le agradecí, me despedí y me marché.
Permanecí en Medina durante una semana entera, recé cuarenta oraciones y visité todos los lugares sagrados. Durante mi estadía allí hice observaciones muy cuidadosas, y sólo conseguí sentir más y más aversión hacia los wahabi.

Dejé Madinat-ul Munawwarah y fui a Jordania para ver a algunos amigos que yo había conocido durante la Peregrinación, que indiqué anteriormente. Permanecí con ellos por tres días, y los encontré llenos de rencor hacia los Shi‘as, mucho más del que siente la gente de Túnez.

Tenían las mismas historias y los mismos rumores, y cada uno al que yo le pedía pruebas, contestaba que “él había oído sobre ellos”, pero no encontré a nadie que hubiera tenido contacto con los Shi‘as o que hubiera conocido un Shi‘a en toda su vida.

Desde allí fui a Siria, y en Damasco visité la Mezquita de los Omeyas, a cuyo lado se encuentra el Mausoleo donde dicen que está la cabeza de nuestro maestro Al-Husain; además visité la tumba de Salah-ud Din Al-Aiiubi y la de nuestra señora Zainab bint Ali ibn Talib.

Desde Beirut tomé un buque que iba directamente a Trípoli. El viaje duró cuatro días, durante los cuales me relajé física y mentalmente. Repasé el viaje entero en mi mente y llegué a la conclusión de que yo había desarrollado una inclinación y respeto hacia la Shi‘a y al mismo tiempo comencé a sentir disgusto, aversión e indignación por el Wahabismo, del cual conocí sus intrigas. Agradecí a Allah el haberme agraciado y por Su cuidado, y le pedí a Él, Alabado y Elevado sea, que me guiara hacia el sendero de la verdad.

Llegué a mi patria con todo el deseo y el ansia de encontrar a mi familia y amigos, y los encontré a todos bien. Me sorprendí cuando al entrar a mi casa encontré muchos libros que habían llegado antes que yo... pero yo sabía de donde provenían.

Cuando abrí estos libros, que llenaban la casa entera, me sentí agradecido hacia aquella gente que no había roto sus promesas. En realidad, el número de libros que me enviaron por correo, era el doble de los que me habían dado como presente allí.

El comienzo de la investigación

Me sentía muy contento por los libros, a los que organicé y guardé en un lugar especial, que designé como biblioteca. Descansé unos cuantos días, y para el comienzo del nuevo año académico recibí el plan de horarios de trabajo. Mi actividad en la semana era enseñar tres días consecutivos y descansar los otro cuatro.

Comencé a hojear los libros y leí Las Creencias de Al-Imamiiah y El Origen del Islam Shiíta y sus Principios. Sentí que mi mente estaba cómoda con las creencias y las ideas de la Shi‘a. Luego leí Al-Muraya‘at (Las Referencias), del Saiid Sharaf-ud Din Al-Musawi. Tan pronto como hube leído las primeras páginas, me cautivó tanto que no pude separarme de él. No lo dejaba a menos que fuera necesario, y a veces hasta lo llevaba conmigo al Instituto.

Estaba sorprendido por la claridad con la cual el sabio Shi‘a resolvía problemas que serían complicados para cualquier sabio Sunni de Al-Azhar. Encontré mi objetivo en el libro, pues no es como cualquier libro ordinario donde el autor escribe todo lo que quiere sin que se le presente ninguna oposición ni discusión, ya que Al-Muraya‘at es un diálogo entre dos sabios que pertenecen a dos madhhab diferentes, y cada uno es crítico con el otro, sin que se les escape nada, ni pequeño ni grande.

Ambos basan su análisis en las dos referencias importantes para todos los musulmanes: El Sagrado Corán y la Recta Sunnah que está de acuerdo con Sihah-us Sunnah1. Encontré que había algo en común entre la idea del libro y yo, pues soy un investigador buscando la verdad, que la acepta donde sea que la encuentra. De este modo encontré este libro inmensamente provechoso y que me beneficiaba bastante.

Me quedé atónito cuando vi que hablaba sobre las desobediencias de algunos de los Compañeros a las órdenes del Profeta (BP) y daba muchos ejemplos, incluyendo el incidente de “Raziiatu iawm-ul Jamis” (La Desgracia del Jueves), pues yo no podía imaginar que nuestro maestro ‘Umar ibn Al-Jattab se hubiera opuesto a las órdenes del Mensajero de Allah (BP) y lo hubiera acusado de hayr (delirar), y pensé al principio que era sólo un relato de los libros Shi‘as.

Me asombré mucho más cuando leí que el sabio Shi‘a refería el incidente a Sahih Al-Bujari y Sahih Muslim.

Viajé a la Capital, y allí compré Sahih Al-Bujari, Sahih Muslim, Musnad Al-Imam Ahmad, Sahih At-Tirmidhi, Muwatta Al-Imam Malik y otros libros famosos (de la escuela Sunnah). No pude esperar regresar a casa y leer estos libros, por lo tanto, a través del viaje entre Túnez y Qafsa, mientras estaba sentado en el ómnibus, comencé a hojear las páginas del libro de Al-Bujari buscando el incidente de “La Desgracia del Jueves”, deseando jamás encontrarlo.

A pesar mío, lo encontré. Lo leí muchas veces; y allí estaba, exactamente como había sido citado por el Saiid Sharaf-ud Din.

Primero traté de negar el incidente en su totalidad, pues no podía creer que nuestro maestro ‘Umar hubiera desempeñado un papel tan grave; pero, ¿cómo podía negarlo desde que estaba mencionando en nuestros Sihah, en Sihah-us Sunnah, en cuyos contenidos nos hemos obligado a creer y cuya veracidad atestiguamos, pues si dudamos o negamos alguna parte de ellos, exigiría alejarse de los mismos, lo que al final significaría abandonar todas nuestras creencias.

Si el sabio Shi‘a se hubiera referido a sus libros, yo no habría creído lo que decía, pero él se estaba refiriendo a Sihah-us Sunnah, para nosotros irrefutables. Estamos convencidos de que son los libros más auténticos después del Libro de Allah.

El asunto llega a tener muchas consecuencias, pues si dudamos de estos Sihah, no nos quedaría ninguna regla ni regulación del Islam en qué apoyarnos, porque las normas que están mencionadas en el Libro de Allah toman la forma de conceptos generales no especificados.

Nos encontramos lejos de la época del Mensaje, y hemos heredado las reglas de nuestra religión a través de nuestros padres y abuelos con la ayuda de estos Sihah, que no pueden, de ninguna manera, ser ignorados.

Yo, que me había introducido en esta búsqueda larga y difícil, me prometí basarme sólo en los hadices correctos en los que estén de acuerdo tanto la Shi‘a como la Sunnah, y que ignoraría todos los dichos que fueran mencionados exclusivamente por un grupo o por el otro.

Sólo a través de este justo método, podría mantenerme alejado de factores emocionales, del fanatismo sectorial o de tendencias nacionalistas; al mismo tiempo, podría saltear el camino de la duda y alcanzar la cima de la certeza, que es el sendero recto de Allah.

  • 1. Las seis colecciones de tradiciones proféticas de la escuela de pensamiento Sunnah.

El comienzo del estudio detallado

1) Los Compañeros del Profeta (BP) desde el punto de vista de la Shi‘a y la Sunnah

Uno de los estudios más importantes que yo considero como piedra fundamental para todos los estudios (al respecto) que llevan a la verdad, es la investigación de la vida de los Compañeros; sus asuntos, lo que hicieron y en lo que creían, ya que ellos fueron los pilares de todas las cosas.

De ellos tomamos los principios de nuestra religión, y de ellos extraemos la luz con la que en medio de las tinieblas podemos ver las reglas de Allah.

Muchos sabios musulmanes -convencidos de eso- se lanzaron a investigar acerca de ellos y de sus vidas, y escribieron muchos libros sobre el tema, como por ejemplo: Usud-ul Gabah fi Tamiiz-is Sahabah, Al-Isabah fi Ma‘rifat-us Sahabah, Mizan-ul I‘tidal, y varios otros libros que miran crítica y analíticamente las vidas de los Compañeros, pero todos desde el punto de vista de los Sunnis.

Hay un delicado problema aquí, que se puede resumir en que la mayoría de los sabios antiguos generalmente escribían y narraban conforme a lo que satisfacía a los gobernantes Omeyas y Abbasidas, quienes fueron conocidos por su oposición a Ahl-ul Bait, a todos sus partidarios, y a quienes seguían su camino. Por eso no es equitativo fundamentarnos en sus obras solamente, sin referirnos a las obras de los sabios musulmanes que fueron perseguidos, desterrados y asesinados por esos gobernantes, simplemente porque eran seguidores de Ahl-ul Bait y el origen de las revoluciones contra los poderes tiranos y pervertidos.

El problema fundamental en todo esto son los Compañeros mismos, ya que fueron ellos los que no estuvieron de acuerdo en que el Mensajero de Allah (BP) escribiera un documento que los protegería del error y los mantendría en el sendero recto hasta el Día del Juicio. Este desacuerdo es lo que privó a la comunidad islámica de ese beneficio y la hizo tender hacia el error de tal forma, que entró en discordia, se dividió, y la hizo combatirse internamente hasta que, finalmente, declinó y acabó su poder.

Fueron ellos los que discreparon en el tema del Califato (la sucesión del Profeta), y se dividieron en un grupo dominante y otro opositor, y esto causó la discordia y separación de la comunidad en seguidores de Ali y en seguidores de Mu‘awiah.

Fueron ellos los que discreparon en las interpretaciones del Libro de Allah y en los dichos de Su Mensajero, lo que llevó al surgimiento de las diferentes tendencias, madhahib, grupos y sectas. A partir de eso se originaron las diferentes escuelas teológicas e ideológicas y surgieron diversas filosofías estimuladas por ambiciones políticas particulares que sirvieron como pretexto para obtener el poder y gobierno que ambicionaban.

Los musulmanes no se habrían dividido ni habrían discrepado en nada si no hubiera sido por los Compañeros, pues cada desacuerdo que ha surgido en el pasado, o que surge en la época presente, se debe a su desacuerdo sobre los Compañeros.

Dios es uno sólo, el Corán es uno sólo, el Mensajero es el mismo y la qiblah es la misma, y todos ellos concuerdan en esto; pero la diferencia y el desacuerdo entre los Compañeros comenzó el primer día tras la muerte del Mensajero (BP), en la Saqifah de Bani Sa‘idah (galería construida en un jardín a donde la gente se dirigía para resolver asuntos importantes), y ha permanecido hasta el día de hoy, y continuará hasta que Allah así lo disponga.

A través de mis discusiones con los sabios Shi‘as, descubrí que, según sus puntos de vista, los Compañeros se dividieron en tres categorías:

La primera categoría incluía a los buenos Compañeros que verdaderamente conocían a Allah y a Su Mensajero, y que le juraron fidelidad (Bai‘ah) hasta la muerte. Ellos verdaderamente eran sus amigos tanto en las palabras como en la sinceridad de sus actos, y no cambiaron después de su muerte, sino que siguieron firmes con su promesa. Allah, el Altísimo, los elogió en muchos lugares de Su Libro Sagrado; igualmente el Mensajero de Allah (BP) los elogió en muchas ocasiones. Este grupo de Compañeros es mencionado por los Shi‘as con reverencia y respeto. También es mencionado por los Sunnis con la misma reverencia y respeto.

La segunda categoría fueron los Compañeros que adoptaron el Islam y siguieron al Mensajero de Allah (BP) ya fuera por propio deseo o por temor, y que siempre se enorgullecían de su Islam ante el Mensajero de Allah (BP). Sin embargo, lo hicieron sufrir en varias ocasiones y no siempre acataron sus órdenes y prohibiciones, sino que siguieron sus propias opiniones poniendo en duda sus explícitas estipulaciones, e incluso en el mismo Corán son a veces reprochados y otras amenazados. Allah los pone en evidencia en muchas aleyas coránicas; también el Mensajero de Allah (BP) los amonestó en muchos de sus dichos. La Shi‘a menciona a este grupo de Compañeros sólo a causa de sus actos, y sin respeto o reverencia.

El tercer tipo de Compañeros fueron los hipócritas que acompañaron al Mensajero de Allah (BP) para engañarlo. Pretendían ser musulmanes pero dentro de sí mismos eran propensos a la incredulidad y a engañar al Islam y a los musulmanes en general. Allah ha revelado una Surah (Capítulo) entera sobre ellos en el Corán y los mencionó en muchos otros lugares, como así también les prometió el nivel más bajo en el Infierno. El Mensajero de Allah (BP) los mencionó, advirtió sobre ellos, y hasta informó a algunos de sus Compañeros sobre sus nombres y características. Tanto la Shi‘a como la Sunnah concuerdan en maldecir a este grupo de Compañeros y los aborrecen.

Hubo un grupo especial que, aunque formaba parte de los Compañeros, se distinguió de los demás por su cercanía al Profeta (BP), además de haber poseído virtudes éticas y espirituales, y distinciones personales que les fueron otorgadas por Allah y Su Mensajero, y con las que nadie más fue honrado. Estos fueron Ahl-ul Bait (La Familia del Profeta), a quienes Allah “limpió y purificó sobremanera”1 y nos ordenó bendecirles de la misma manera en que nos ordenó hacerlo con Su Mensajero. Él hizo obligatorio para nosotros darles parte del Jums (el quinto de los ingresos, que se paga en el Islam)2, y cada musulmán debe amarlos como retribución por el Mensaje de Muhammad3.

Ellos son los que poseen la autoridad, a quienes se nos ordenó obedecer4; son personas arraigadas firmemente en el conocimiento, que conocen la interpretación del Sagrado Corán y sus aleyas normativas, así como también aquellas alegóricas5.

Ellos son Ahl-udh Dhikr (la Gente del Recuerdo), a quienes el Mensajero de Allah equiparó con el Sagrado Corán en su hadiz: “Az-Zaqalain” (Las Dos Joyas Preciosas), y nos ordenó aferrarnos a ellas dos (al Corán y a Ahl-ul Bait)6. Él los equiparó con el Arca de Noé: “Todo el que se embarcó en ella fue salvado, y todo el que no lo hizo se ahogó”7.

Los Compañeros conocían la posición de Ahl-ul Bait y los honraban y respetaban. La Shi‘a los sigue y los pone por encima de cualquiera de los Compañeros, y sostiene que poseen muchos textos específicos como prueba.

En cuanto a la escuela Sunnah, ella respeta, engrandece y venera a la familia del Profeta (BP), pero no acepta la clasificación antes mencionada, y no considera que los hipócritas hayan sido de entre los Compañeros, sino que ve a los Compañeros como la mejor creación después del Mensajero de Allah.

Si clasifican de alguna forma a los Compañeros, entonces es de acuerdo a su antigüedad en el Islam y a sus méritos y servicios a él. Colocan a los Califas Correctamente Guiados en primer lugar y luego a los seis restantes de entre los diez a los que se le prometió el Paraíso, según ellos. Debido a eso, cuando bendicen al Profeta (BP) y a su familia, incluyen en ella a todos los Compañeros, sin excepción.

Esto es lo que yo conozco de los sabios Sunnis, y lo anterior es lo que escuché de los sabios Shi‘as respecto a la clasificación de los Compañeros. Es eso precisamente lo que me hizo comenzar mi estudio detallado con el tema de los Compañeros. Prometí a mi Señor que -si Él me guiaba hacia el sendero recto- me libraría de prejuicios emocionales, que sería neutral y objetivo, y que escucharía lo que dicen las dos partes; luego seguiría la que fuera mejor, basando mis conclusiones en lo siguiente:

1) La creencia lógica y sólida: es decir, que dependería sólo de lo que todos estuvieran de acuerdo, especialmente en lo que se refiera a la exégesis del Libro de Allah, y a lo correcto de la honorable Sunnah del Profeta (BP).

2.- El intelecto; ya que es la gracia mas grande de Allah ha otorgado a los seres humanos, y es por medio de él que Él los honró y distinguió por sobre el resto de Su creación. De este modo, cuando Allah alega algo contra Sus siervos, Él les pide que utilicen sus intelectos de la mejor manera posible, y dice: «¿Acaso no razonan? ¿No comprenden? ¿No reflexionan? ¿No perciben?....»

En primer lugar, mi Islam parte de la creencia en Allah, en Sus Ángeles, en Sus Libros y en Sus Mensajeros; en que Muhammad es Su Siervo y Enviado; en que la Religión de Allah es el Islam, y en que no me basaría en ninguno de los Compañeros, sin considerar su parentesco con el Mensajero ni su posición, porque yo no soy ni Omeya, ni Abbasida, ni Fatimida, ni soy Sunni ni Shi‘a; y no tengo nada contra Abu Bakr, ‘Umar o ‘Uzman, ni contra Ali; ni siquiera contra Uahshi, el asesino de nuestro maestro Hamza, pues él se hizo musulmán y el Islam olvida todo lo sucedido antes, por lo que el Mensajero de Allah lo perdonó.

Ya que me entregué a esta investigación con el propósito de alcanzar la verdad, y que me despojé sinceramente de todas mis creencias previas, decidí comenzar esta búsqueda con la bendición de Allah, basándome en las actitudes de los Compañeros.

1) Los Compañeros en el tratado de Paz de al Hudaibiiah

Brevemente, la historia es de la siguiente manera:

En el sexto año después de la hiyrah (emigración del Profeta de La Meca a Medina), el Mensajero de Allah junto a mil cuatrocientos de sus Compañeros, marchó hacia La Meca para realizar la ‘Umrah. Él les había ordenado dejar sus espadas en las vainas. Tanto el Profeta (BP) como sus Compañeros vistieron el ihram (vestimenta blanca usada especialmente para el propósito de la Peregrinación y la ‘Umrah) en Dhil Halifah; luego sacrificaron Al-Hadi (ofrenda para sacrificio) para así hacer saber a Quraish que iban como visitantes y peregrinos a realizar la ‘Umrah y no con la intención de combatir.

Pero Quraish, con toda su arrogancia, temió que los otros árabes se enteraran de que Muhammad había entrado a La Meca por la fuerza, haciendo que su poder se resquebrajara. Debido a eso, enviaron una delegación guiada por Suhail ibn ‘Amru ibn ‘Abdi Wud Al-Amiri para ver al Profeta y pedirle que esta vez regresara, pero que se le permitiría visitar La Meca por tres días al año siguiente.

Además, pusieron algunas condiciones muy severas que fueron aceptadas por el Mensajero de Allah, para poder llegar a un acuerdo en el asunto, como le fue revelado por su Señor, Poderoso e Imponente.

A algunos de los Compañeros no les agradó el proceder del Profeta y se le opusieron enérgicamente. ‘Umar ibn Al-Jattab fue y le dijo: “¿Acaso no eres tú verdaderamente el Profeta de Allah?”. Él respondió: “Sí, lo soy”. ‘Umar preguntó: “¿Acaso no estamos con la verdad y nuestros enemigos con la falsedad?”. El Profeta respondió: “Así es”. ‘Umar interrogó: “Entonces, ¿por qué deshonramos a nuestra religión?”.

El Mensajero de Allah (BP) dijo: “Yo soy el Mensajero de Allah y nunca Lo desobedezco, y Él es mi Protector”. ‘Umar preguntó: “¿No nos dijiste que iríamos a la Casa de Allah y que haríamos el Tawaf?”. El Profeta respondió: “Sí, pero, ¿acaso te dije que llegaríamos a ella este año?”. ‘Umar respondió: “No”. El Profeta dijo: “Entonces, debes saber que irás el año que viene y circunvalarás a su alrededor”.

Más tarde ‘Umar fue hacia Abu Bakr y le preguntó: “Oh Abu Bakr, ¿acaso no es él verdaderamente el Profeta de Allah?”. Él respondió: “Sí”. ‘Umar entonces le reiteró las mismas preguntas que le había hecho al Mensajero de Allah y Abu Bakr le respondió de la misma manera, y añadió: “Oh ‘Umar, él es el Mensajero de Allah y no desobedece a su Dios, Quien es su Protector; por lo tanto, aférrate a él”.

Cuando el Profeta terminó de firmar el Tratado, dijo a sus Compañeros: “Id, sacrificad (las reses) y afeitad vuestras cabezas”. Y por Allah, ninguno de ellos se levantó, a pesar de que lo dijo tres veces. Al ver que nadie obedecía sus órdenes, regresó a sus tiendas; luego salió y no habló con nadie hasta después de sacrificar un camello joven con sus propias manos, y llamó a su barbero para que afeitara su cabeza. Cuando los Compañeros vieron todo eso, hicieron los sacrificios y se afeitaron unos a otros, con tal enfado que casi se matan entre sí8.

Esta es, en resumen, la historia del Tratado de Paz de Al-Hudaibiiah, que es uno de los eventos en cuyos detalles concuerdan tanto la Shi‘a como la Sunnah, y es citado por muchos historiadores y biógrafos como At-Tabari, Ibn Al-Azir, Ibn Saad, Al-Bujari y Muslim.

Me detuve aquí, pues no podía leer algo como eso sin sentirme impresionado y sorprendido por el comportamiento de aquellos Compañeros hacia su Profeta. ¿Podría cualquier hombre sensato aceptar lo que dicen algunos, sobre que los Compañeros -que Allah esté complacido con ellos- siempre obedecieron y cumplieron las órdenes del Mensajero de Allah (BP)? Estos incidentes revelan sus mentiras y acaban con sus pretensiones. ¿¡Podría cualquier hombre sensato imaginar que tal comportamiento hacia el Profeta es un tema sin importancia, admisible o disculpable!?

Allah, el Todopoderoso, dice:

«¡Pero no! ¡Por tu Señor! Que no creerán sino hasta que te hayan hecho juez de sus disputas; sólo entonces ya no encontrarán en sí mismos dificultades en aceptar tu decisión, y obedecerán plenamente» (Sagrado Corán; 4:65)

¿Acaso obedeció ‘Umar ibn Al-Jattab y no encontró ninguna dificultad para aceptar la orden del Mensajero (BP)? ¿O acaso rechazó aceptar la orden del Profeta? Especialmente cuando él dijo: “¿Acaso no eres tú verdaderamente el Profeta de Allah?, ¿no nos dijiste...?”, y ¿acaso obedeció él luego de que el Mensajero de Allah le diera todas esas respuestas convincentes? ¡Ciertamente que no! Él no se convenció con sus respuestas, y fue y le hizo a Abu Bakr las mismas preguntas.

Pero ¿acaso obedeció después de que Abu Bakr le respondiera y aconsejara aferrarse al Profeta? ¡Yo no sé si en realidad obedeció después de todo eso y si se convenció de las respuestas del Profeta (BP) y de Abu Bakr! Si hubiera sido así, entonces ¿por qué él dijo sobre sí mismo: “Por eso yo hice así muchas cosas... Sólo Allah y el Mensajero conocen las cosas que hizo ‘Umar”?

Además, no conozco las razones de la desobediencia del resto de los Compañeros después de esto, cuando el Mensajero de Allah les dijo: “Id, sacrificad (las reses) y afeitad vuestras cabezas”, donde nadie prestó atención a sus órdenes, aun cuando se las repitió tres veces, sin ningún resultado.

¡Alabado sea Allah! Yo no podía creer lo que había leído. ¿Podían los Compañeros llegar a tal punto en su trato hacia las órdenes del Mensajero? Si la historia hubiera sido narrada solamente por la Shi‘a, la hubiera considerado una mentira contra los honorables Compañeros. Pero esta historia ha llegado a ser tan famosa, que también la relatan todos los historiadores Sunnis.

Como me había obligado a aceptar sólo aquéllo en lo que estuvieran de acuerdo todas la partes, me encontré a mí mismo resignado y perplejo.

¿Qué podía decir? ¿Qué excusa podía encontrar para aquellos Compañeros que habían pasado cerca de veinte años junto al Mensajero de Allah, desde el comienzo de la Misión hasta el día de Al-Hudaibiiah, y que habían sido testigos de todos los milagros y las luces de la profecía? Además, el Corán estuvo enseñándoles día y noche cómo debían comportarse en presencia del Mensajero y cómo debían hablarle, hasta tal punto que Allah había amenazado hacer vanas sus acciones si ellos levantaban sus voces por encima de la suya.

Todo esto me lleva a creer que fue ‘Umar ibn Al-Jattab el que influyó sobre el resto de los presentes y les indujo a rechazar y desobedecer la orden del Profeta (BP). Además, hay que tener en cuenta que reconoció haber hecho muchas cosas parecidas que no quiso mencionar.

Esto lo repite, según otras fuentes, al decir: “Todavía estoy ayunando, dando limosna, rezando y tratando de redimirme por temor a las palabras que dije...”, y continúa con lo que él mismo relató referente a este suceso9, lo que nos hace llegar a la conclusión de que ‘Umar conocía bien lo malo de la posición que adoptó aquel día.

Este es un relato curioso y extraño... pero verdadero.

2) Los Compañeros y Raziiatu Iaum al Jamis (La Desgracias del Jueves)

Brevemente, la historia es de la siguiente manera:
Los Compañeros estaban reunidos en la casa del Mensajero (BP), tres días antes de su muerte. Él les ordenó que le trajeran papel y tinta para que pudiera redactar un escrito, el cual les evitaría caer en el error; pero los Compañeros discreparon entre sí, y algunos desobedecieron al Profeta y lo acusaron de estar delirando. El Mensajero de Allah (BP) se enfadó mucho y los hizo salir de su casa sin llegar a escribirles nada.

Esta es la historia con algunos detalles:
Ibn ‘Abbas dijo: “¡Jueves! ¡Y qué jueves fue ese! El dolor del Mensajero se hizo muy severo. Él dijo: “Venid. Os redactaré un escrito que os evitará caer en el error”. Pero ‘Umar dijo: “Al Profeta lo está agobiando el dolor. Tenemos el Corán y eso es suficiente, puesto que es el Libro de Allah”.

Entonces Ahl-ul Bait no estuvo de acuerdo, por lo que los presentes disputaron entre sí. Algunos dijeron: “Dadle al Profeta lo que pide, así redacte para vosotros un escrito para que no os desviéis después”, mientras que otros apoyaron la opinión de ‘Umar. Cuando aumentó el alboroto y la discordia, al Mensajero de Allah les dijo: “¡Dejadme solo!”.

Ibn ‘Abbas dijo: “La desgracia; la gran desgracia, fue que con su desacuerdo impidieron que el Mensajero de Allah (BP) les escribiera aquel documento”10.

El incidente es correcto y no hay duda sobre su autenticidad, pues fue citado en sus libros tanto por los sabios y compiladores de hadices Shi‘as, como así también por los sabios, compiladores de hadices e historiadores Sunnis.

Puesto que me había obligado a mí mismo a considerar el incidente, me encontré confundido por la posición que adoptó ‘Umar ibn Al-Jattab con respecto a la orden del Mensajero de Allah. ¡Y qué orden era esa!: “¡Evitar que la comunidad se extraviara!”, pues indudablemente aquella declaración habría tenido algo nuevo para los musulmanes, que habría alejado de ellos todas las dudas.

No vamos a tener en cuenta aquí lo que dice la Shi‘a, que es que “el Mensajero quería escribir el nombre de Ali como su sucesor, y ‘Umar se percató de ello, por lo que lo impidió”, porque esa hipótesis no nos convence, inicialmente. Pero, ¿podemos encontrar una explicación lógica para este doloroso incidente que hizo enfadar tanto al Mensajero, que les ordenó dejarlo; y que “hizo llorar tanto a Ibn ‘Abbas, que sus lágrimas humedecieron las piedras”, y lo llamó: “la desgracia más grande”?

Los Sunnis dicen que ‘Umar tomó conciencia de lo fuerte de la enfermedad del Profeta; por lo tanto quiso confortarlo y aliviarlo de cualquier fatiga.

Este tipo de razonamiento no es aceptado ni por personas ingenuas, mucho menos por los sabios. Reiteradamente traté de encontrar una excusa para ‘Umar, pero las circunstancias que rodean al incidente me impidieron encontrarla. Aun si yo cambiara las palabras: “Él está delirando” -que Allah me perdone-, por la expresión: “El dolor lo ha agobiado”, no podría encontrar ninguna justificación para ‘Umar cuando dijo: “Tenemos el Corán y eso nos es suficiente, puesto que es el Libro de Allah”.

¿Acaso conocía él el Corán mejor que el Mensajero de Allah, a quien fue revelado? ¿O acaso el Mensajero de Allah -que Allah me perdone- no sabía lo que decía? ¿O acaso buscó (‘Umar), por medio de su orden, crear división y desacuerdo entre los Compañeros -que Allah me perdone-?

Aun si el razonamiento Sunni fuera correcto, entonces el Mensajero de Allah se habría percatado de la buena voluntad de ‘Umar y le habría agradecido por aquello, y quizás le habría pedido que se quedara, en lugar de enfadarse con él y decirle que dejara su casa.

¿Puedo preguntar por qué ellos acataron su orden cuando les pidió que dejaran la habitación, y no dijeron entonces que él estaba “delirando”? ¿Acaso fue porque ellos habían tenido éxito en su complot para impedir que el Profeta escribiera el documento y ya no había motivo para que permanecieran mucho más? Las pruebas indican claramente que incrementaron el alboroto y la disputa en presencia del Mensajero (BP) y que se dividieron en dos partes: una que estaba de acuerdo con que el Mensajero de Allah escribiera ese documento, mientras que la otra concordaba con ‘Umar en que “él estaba delirando”.

El asunto no le concierne a ‘Umar solamente, pues si fuera así, el Mensajero de Allah le hubiera persuadido de que “él no habla por propio impulso”11, y que el dolor no podía agobiarlo en asuntos concernientes a la guía de la comunidad y a evitarles extraviarse. Pero la situación se tornó mucho más seria y ‘Umar encontró algunos que lo apoyaron, quienes aparentemente tenían un acuerdo previo en su postura, por lo que crearon el alboroto y el desacuerdo. Olvidaron, o quizás pretendieron olvidar, las palabras de Allah, el Altísimo:

«¡Creyentes. ¡No elevéis vuestra voz por encima de la del Profeta! ¿No le habléis en voz alta como hacéis entre vosotros! Os expondríais a hacer vanas vuestras obras sin daros cuenta» (Sagrado Corán; 49:2)

En este incidente ellos transgredieron las sanciones estatuidas por el Sagrado Corán al elevar sus voces y pregonar la acusación de que el Mensajero (BP) estaba delirando -que Allah me perdone-; luego incrementaron su alboroto y diferencias hasta que se convirtió verdaderamente en una batalla verbal en presencia suya.

Pienso que la mayoría de los Compañeros estaba con ‘Umar, y que es por lo que el Mensajero de Allah encontró inútil escribir el documento, pues él sabía que no lo respetarían, puesto que si no habían acatado la orden de Allah de no elevar sus voces en su presencia, mucho menos acatarían la orden de Su Mensajero al respecto.

De este modo, la sabiduría del Mensajero determinó que él no debía escribir el documento, pues, si había sido atacado en vida, ¿qué podría hacer él después de su muerte?

Sus detractores dirían que él había estado delirando, por lo que quizás llegarían incluso a dudar de algunas de las normas que explicó en su lecho de muerte.

Pido perdón a Allah y ante Él me arrepiento. Sólo eso puedo decir ante esas palabras pronunciadas en presencia del más ilustre Mensajero, pues, ¿cómo podía yo convencerme a mí mismo, y a mi libre conciencia, de que ‘Umar ibn Al-Jattab estaba actuando espontáneamente, mientras que sus Compañeros y otros que estaban presentes en el incidente lloraron hasta que sus lágrimas humedecieron las piedras y llamaron al incidente “La Desgracia de los Musulmanes”?

Debido a eso, llegué a rechazar todas las justificaciones dadas para explicar el incidente, y hasta traté de negarlo a fin de poder olvidar la tragedia; pero todos los libros As-Sihah se refieren a ella y aceptan su autenticidad, y no pueden proveer una justificación sólida.

Me incliné hacia el punto de vista Shi‘a con respecto a la explicación del incidente porque lo encontré lógico y con muchas evidencias.

Todavía recuerdo la respuesta que me dio el Saiid Muhammad Baqir As-Sadr cuando le pregunté: “¿Cómo supo nuestro maestro ‘Umar, entre todos los Compañeros, lo que quería escribir el Mensajero, o sea, la designación de Ali como su sucesor -como ustedes afirman-? Esto sería una muestra de gran inteligencia de su parte”.

El Saiid As-Sadr dijo: “‘Umar no fue el único que comprendió el propósito del Mensajero. En realidad, la mayoría de las personas que estaban presentes entonces, comprendieron lo mismo que ‘Umar, pues el Mensajero de Allah (BP) previamente ya se había expresado claramente al respecto cuando dijo: “Dejo entre vosotros las dos joyas preciosas: el Libro de Allah (el Corán) y la descendencia de la Gente de mi Casa (Ahl-ul Bait), mientras os aferréis a ambas, no os desviaréis después de mí”. Y durante su enfermedad, les dijo: “Permitídme redactaros un escrito para que después de mí no os desviéis jamás”.

Aquellos que estaban presentes, incluyendo a ‘Umar, comprendieron que el Mensajero de Allah quería reiterar por escrito, lo que ya había manifestado en Gadir Jum, y que era aferrarse al Corán y a Ahl-ul Bait, estando Ali a la cabeza del último. Era como si el santo Profeta (BP) estuviera diciendo: “Sigan al Corán y a Ali”.

Él dijo cosas similares en muchas otras ocasiones, como ha sido manifestado por muchos narradores de hadices.
Aunque la mayoría de Quraish no estaba conforme con Ali porque era muy joven, además de ser aquél que había aplastado su arrogancia, acabado con su dominio, y matado a sus campeones, en esas ocasiones ellos no se atrevieron a oponerse al Mensajero de Allah a un grado tal como al que llegaron en el “Tratado de Paz de Al-Hudaibiiah”, o como cuando el Mensajero rezó (la oración del muerto) por ‘Abdullah ibn Ubai Al-Munafiq (el hipócrita), o como en muchos otros incidentes registrados por la historia. Este incidente (La Desgracia del Jueves) fue uno de ellos, y tú puedes ver que los que se opusieron a que se escribiera aquel documento durante la enfermedad del Profeta incitaron a algunos de aquellos que se encontraban presentes a ser insolentes y a alborotar en presencia del Mensajero (BP).

El análisis nos conduce a esta respuesta, que está totalmente de acuerdo con el sentido del hadiz (Az-Zaqalain).
En cuanto a la afirmación de ‘Umar: “Tenemos el Corán, y eso nos es suficiente, pues es el Libro de Allah”, no está de acuerdo con el hadiz que les ordenaba seguir al Libro de Allah y a la Familia (Ahl-ul Bait) juntos. Es como si estuviera diciendo: “Tenemos el Libro de Allah y eso nos es suficiente; por lo tanto, no necesitamos a Ahl-ul Bait”.

No hay ninguna otra explicación lógica para el incidente más que ésta. ¡Dios mío!, a menos que su intención fuera decir: “¡Obedece a Allah pero no a Su Mensajero!”. Pero este argumento no es válido ni sensato.

Si yo dejara mis prejuicios y mis emociones de lado, y basara mi juicio en un razonamiento claro y libre, me inclinaría hacia el primer análisis que inclusive aligera la inevitable acusación contra ‘Umar de ser el primero en rechazar la Tradición del Profeta, al decir: “Nos es suficiente el Libro de Allah”.

Entonces, si hubo algunos gobernantes que rechazaron tradiciones del Profeta alegando que eran “contradictorias”, con ello sólo estaban siguiendo con un antiguo precedente en la historia del Islam. No obstante, no quiero cargar a ‘Umar solamente con la responsabilidad de aquel incidente y la subsecuente privación de la guía a la comunidad. Para ser imparcial, yo cargaría con la responsabilidad tanto a él como a aquellos Compañeros que se encontraban con él, que dijeron lo mismo que él, y que le apoyaron en su oposición a la orden del Mensajero de Allah.

Estoy sorprendido por aquellos que leen este incidente y no reparan en él, como si en realidad no hubiera sucedido, a pesar de que fue “la más grande de las desgracias”, como lo llamó Ibn ‘Abbas. Mi sorpresa es aún mayor en relación a aquellos que hacen todo lo posible por preservar el honor de un Compañero y por encubrir su error, aun cuando fuera a costa de la dignidad y el honor del Profeta (BP), y a costa del Islam y de sus principios.

¿Por qué queremos escapar de la verdad y tratamos de cubrirla cuando no está de acuerdo con nuestros deseos? ¿Por qué no reconocemos que los Compañeros eran seres humanos como nosotros, y que tenían sus propias pasiones, prejuicios e intereses, y que podían cometer errores o bien podían ser rectos?
Pero mi sorpresa solo termina cuando leo el Libro de Allah, el cual nos narra las historias de los Profetas -con ellos sean la bendición y la paz- y la tozudez, de parte de su gente, a la que ellos se enfrentaron, a pesar de todos los milagros que presenciaron... ¡Señor nuestro! No desvíes nuestros corazones después de habernos guiado, y agrácianos con Tu Misericordia; ciertamente Tú eres el Otorgador por excelencia.

Comencé a comprender el fondo de la posición de la Shi‘a hacia el segundo Califa, a quien ellos cargan con la responsabilidad de muchos eventos trágicos en la historia del Islam, comenzando con “Raziiatu Iawm-ul Jamis”, cuando la comunidad islámica fue privada de la guía que el Mensajero (BP) quería dejar por escrito para ellos.

Sería inexplicable que alguien sensato que se identifique con la verdad antes de identificarse con los individuos, pretendiera buscar una excusa para ellos en este caso. En cuanto a quienes no se identifican con la verdad sino a través de los individuos, no tenemos nada que hablar con ellos.

3) Los compañeros en relación a la comandancia militar de Usamah

Brevemente, la historia es de la siguiente manera:

El Profeta (BP) organizó un ejército para que se enfrentase a Bizancio, dos días antes de su muerte. Él designó a Usamah ibn Zaid ibn Hariza (quien contaba con dieciocho años de edad), como su comandante en jefe; luego el santo Profeta ordenó que algunas personas de renombre, tanto de entre los Muhayirin (emigrantes) como de los Ansar (auxiliares), formaran parte de esta expedición. Entre esas personas se encontraban Abu Bakr, ‘Umar, Abu ‘Ubaidah y otros de los Compañeros mayores y conocidos.

Una parte de ellos se resistió a seguir la comandancia de Usamah y dijeron: “¿Cómo nos va a dirigir un joven al que todavía no le ha crecido barba en sus mejillas?”. Anteriormente también se habían resistido a seguir las órdenes del padre de Usamah como comandante del ejército.

Ellos continuaron diciendo eso e intensificaron la crítica hasta que el Profeta (BP) se enfadó tanto que dejó su cama, febril, con su cabeza vendada y con dos hombres sosteniéndolo y sus pies apenas tocando el suelo (¡Hubiera dado la vida de mis padres por él!). ¡Estaba tan fatigado!

Ascendió al púlpito, alabó y engrandeció a Allah; luego dijo: “¡Oh gente! ¿Qué es eso que me ha sido informado sobre que algunos de vosotros objetáis mi nombramiento de Usamah como comandante en jefe? Os opusisteis cuando designé antes a su padre como comandante en jefe. ¡Por Allah! que él era merecedor de la comandancia, así como su hijo también lo es ahora”12. Luego los exhortó a partir sin más demoras y comenzó a decir: “Alistad el ejército de Usamah; desplegad el ejército de Usamah; adelantad la expedición de Usamah”.

Permaneció repitiendo esas exhortaciones para que lo escucharan, pero los Compañeros aún permanecían renuentes y se agruparon junto al Yarf (lugar en las afueras de Medina)... pero por poco no lo hacen.

Eventos como ese me hacen preguntar: “¿Por qué esa insolencia hacia Allah y el Mensajero? ¿Por qué toda esa desobediencia hacia las órdenes del bendito Mensajero, que se preocupó tanto por ellos y que fue tan compasivo con todos los creyentes?”. Yo no puedo, ni seguramente pueda nadie más, imaginar otra explicación aceptable para toda aquella desobediencia e insolencia.
Como de costumbre, cuando leo sobre estos eventos que amenazan la integridad de los Compañeros, trato de negarlos o de ignorarlos, pero es imposible hacer eso cuando todos los historiadores y sabios, tanto Shi‘as como Sunnis, concuerdan en su autenticidad.

Yo había prometido a mi Señor ser imparcial, que nunca sería influido en favor de mi tendencia, y que no daría valor a nada más que a la verdad. Pero la verdad aquí es muy amarga. El santo Profeta (BP) dijo: “Di la verdad aun si es contra ti mismo, y di la verdad, aun si ella es amarga...”

La verdad en este caso es que los Compañeros que criticaron el nombramiento de Usamah, desobedecieron la orden de su Señor y todas las claras estipulaciones, de las que no se puede dudar o dar otra interpretación. No hay excusa para ellos, a pesar de que algunas personas procuran descarados pretextos a fin de preservar el honor de los Compañeros y de los “primeros virtuosos”.

Pero la persona libre y sensata no acepta de ningún modo engaños tan descarados. ¡Dios mío! A menos que sea uno de aquellos que no pueden comprender ningún dicho; que no razonan; o que sea quizás uno de aquellos que están cegados por sus propios prejuicios hasta tal punto, que no pueden diferenciar entre los preceptos obligatorios que deben ser obedecidos y las prohibiciones que deben ser evitadas.

Pensé profundamente para encontrar una excusa aceptable para esas personas, pero sin éxito. Leí los puntos de vista de los Sunnis, quienes nos proporcionan una excusa basada en el hecho de que estas personas eran las más ancianas y nobles de Quraish, y que se encontraban entre los primeros seguidores del Islam, mientras que Usamah era un adolescente que no había luchado en las batallas decisivas que dieron gloria al Islam, tales como Badr, Uhud y Hunain; y que él era un joven sin experiencia en la vida cuando el Mensajero de Allah lo designó como comandante militar.

Además, ellos pensaban que la naturaleza humana, por su inclinación, hace dificultosa para la gente mayor ser guiada por hombres jóvenes; debido a eso criticaron el nombramiento y querían que el Mensajero de Allah (BP) lo sustituyera por alguien prominente y noble de entre los Compañeros.

Es una excusa que no está basada en ningún argumento racional, lógico o legal (según la jurisprudencia islámica), y ningún musulmán que lee el Corán y conoce sus reglas puede sino rechazar tal excusa, porque Allah, el Todopoderoso, dice:

«...Pero, si el Enviado os trae algo, aceptadlo. Y, si os prohibe algo, absteneos...»(Sagrado Corán; 59:7)

«Cuando Allah y Su Enviado han decidido un asunto, ni el creyente ni la creyente tienen ya opción en el asunto. Quien desobedece a Allah y a Su Enviado está evidentemente extraviado» (Sagrado Corán; 33:36)

Por lo tanto, ¿qué clase de excusa podría aceptar cualquier persona racional, después de leer todas estas claras disposiciones, y qué puedo yo decir sobre las personas que hicieron enfadar al Mensajero de Allah sabiendo que el enfado del Mensajero es la ira de Allah? Todo eso ocurrió después de que lo acusaran de “delirar” y de que gritaran y discreparan en su presencia mientras estaba tan enfermo (¡Hubiera dado la vida de mis padres por él!), hasta que él les ordenó abandonar la habitación.

Eso no pareció serles suficiente, y en lugar de retornar al sendero recto y pedir perdón a Allah por lo que habían hecho a Su Mensajero, y pedir perdón al Mensajero, como les enseñó el Corán, en lugar de eso continuaron complicando más la situación y lo trataron con altanería, a pesar de todo el cuidado y la amabilidad que él les brindaba. No lo apreciaron ni lo respetaron, y dos días después de haberlo acusado de “delirar”, lo criticaron por haber nombrado a Usamah comandante militar.

Lo forzaron a salir en el triste estado en que los historiadores describen. Debido a lo severo de su enfermedad, tuvo que caminar con el apoyo de dos hombres; luego tuvo que jurar por Allah que Usamah era un comandante competente para el ejército. Además, el Mensajero nos informó que ellos lo habían criticado previamente por haber nombrado a su padre Zaid ibn Hariz como comandante, lo que indica que estas personas habían tenido previas confrontaciones con él, y que no se contaban entre los que no encontraban ningún impedimento para obedecer sus órdenes y someterse humildemente; mas bien, estaban dispuestos a oponérsele y enfrentársele, aun si tal comportamiento fuera contra las reglas de Allah y Su Mensajero (BP).

Lo que nos indica que había abierta oposición (a las órdenes del Profeta), es que, a pesar de todo el enfado demostrado por el Mensajero de Allah; a pesar del hecho de que él mismo amarró la bandera con sus benditas manos al mástil, y de que les ordenó marchar rápida e inmediatamente, aun así fueron renuentes y reacios a moverse, y no partieron hasta que él murió (¡Hubiera dado la vida de mis padres por él!).

El Profeta murió con su corazón lleno de angustia por su malaventurada comunidad, la cual empeoraría y terminaría en el Infierno, y nadie sería salvado excepto unos pocos, a quienes el Mensajero de Allah comparó con los camellos desparramados por los pastizales13.

Si hacemos un análisis minucioso de la historia, encontramos que el segundo Califa, quien es el más destacado y famoso personaje de este evento, es el que, después de la muerte del Enviado de Allah (BP), fue con el Califa Abu Bakr y le pidió que destituyera a Usamah y designara a otro en su lugar. Abu Bakr le respondió: “¡Que tu madre quede desconsolada por tu muerte, oh hijo de Al-Jattab! ¿Me dices que lo destituya, siendo que fue el Mensajero de Allah quien le confirió el mando?”.14

¿En qué posición queda ‘Umar en esta realidad, que en cambio entendió Abu Bakr? ¿O acaso en el asunto hay algún otro secreto escondido para los historiadores? ¿O es que fueron ellos mismos (los historiadores) los que guardaron secretos para proteger el honor de ‘Umar, como ha sido siempre su costumbre, así como tergiversaron la expresión: “Está delirando”, por: “Lo ha agobiado el dolor”?

Estoy sorprendido por aquellos Compañeros que molestaron al Profeta aquel Jueves que lo acusaron de “delirar”, y que dijeron: “Nos es suficiente el Libro de Allah”, cuando el Sagrado Corán afirman:

«Di: Si amáis a Allah, ¡seguidme! Allah os amará...» (Sagrado Corán; 3:31)

Como si ellos fueran más sabios sobre el Libro de Allah y sus normas que aquel a quien ha sido revelado; y he ahí que ellos, dos días después de aquella gran desgracia, y dos días antes de que él (el santo Profeta) ascendiera para encontrarse con el más Alto Compañero, lo hacen enojar aún más, al censurarlo por nombrar a Usamah, y al no obedecer sus órdenes. Eso ocurrió mientras él estaba enfermo y postrado en cama, en la primera desgracia, y en la segunda se vio obligado a salir con su cabeza vendada, cubierto con un manto y apoyándose en dos hombres con sus pies apenas rozando en el suelo, para dirigirse al mimbar (púlpito).

Él comenzó su discurso con la profesión de la Unicidad de Allah y Lo alabó a fin de que se percataran de que no estaba delirando; luego les hizo saber que conocía sus críticas a sus órdenes, y les recordó un incidente que había ocurrido cuatro años atrás, en el cual también había sido criticado. Después de todo eso, ¿pensaron ellos realmente que él estaba delirando o que su enfermedad le había agobiado de modo que él no se percataba de lo que estaba diciendo?

¡Glorificado seas en Tu Alabanza, oh Dios! ¿Cómo se atrevieron estas personas a oponerse a Tu Mensajero? No estuvieron complacidos cuando firmó el Tratado de Paz, y se opusieron tan firmemente, que les tuvo que repetir tres veces la orden de realizar el sacrificio y de afeitar sus cabezas, sin que nadie le respondiese. En otra oportunidad, le sujetaron de su camisa para impedirle rezar por ‘Abdullah ibn Ubai y le dijeron: “¡Allah te ha prohibido rezar por los hipócritas!”. Como si ellos estuvieran enseñándole lo que le había sido revelado, cuando Tú dices en Tu sagrado Corán:

«...Y te hemos revelado la Amonestación para que expliques a los hombres lo que se les ha revelado...»(Sagrado Corán; 16:44)

Y Tú dices:

«Te hemos revelado la Escritura con la verdad para que juzgues entre los hombres como Allah te dé a entender» (Sagrado Corán; 4:105)

Y Tú dices -y Tu Palabra es verdad-:

«...Igual que os hemos mandado un Enviado de entre vosotros para que os recite Nuestras aleyas, para que os purifique, para que os enseñe la Escritura y la Sabiduría, y para que os enseñe lo que no sabíais» (Sagrado Corán; 2:151)

Estoy sorprendido por aquellas personas que se consideraban a sí mismas en una posición superior a la del Profeta. En ocasiones, desobedecieron sus órdenes, y en otras, lo acusaron de delirar, y hablaron a gritos sin educación ni respeto por su presencia. Lo criticaron por nombrar a Zaid ibn Hariza para el comando militar, y después de él, por nombrar para el mismo cargo a su hijo Usamah ibn Zaid.

Tras esto, ¿cómo puede quedarles duda a los investigadores de que los Shi‘as no tienen razón cuando ponen a algunos Compañeros entre signos de interrogación; y se alteran por esa posición de respeto y amor que tienen ellos (los Shi‘as) por el Mensajero y por los miembros de su Familia?

He mencionado solamente cuatro o cinco de esas desobediencias para ser breve y para usarlas como ejemplos, pero los sabios Shi‘as podrían enumerar cientos de situaciones en las cuales los Compañeros contradijeron las claras disposiciones; e inclusive se basan en las fuentes de los sabios Sunnis, como sus Sihah (compilaciones correctas) y sus Masanid (tradiciones de autenticidad verificada).

Cuando examino las posiciones tomadas por algunos Compañeros en relación al Mensajero de Allah, quedo confundido y asombrado, no solamente a causa de las actitudes de aquellos Compañeros, sino también debido a la posición de los sabios Sunnis que nos quieren dar la imagen de que los Compañeros estuvieron siempre con la verdad y que no podemos criticarlos de ninguna manera. De esa forma, impiden llegar a la verdad a aquel que quiere investigar, el cual permanece debatiéndose en medio de contradicciones ideológicas.

Como agregado a los ejemplos que mencioné antes, citaré algunos más a fin de establecer un mejor cuadro de aquellos Compañeros, para que podamos comprender la posición de la Shi‘a hacia ellos.

De acuerdo con Al-Bujari en el Vol. 4, P. 47 de su Sahih, sección de “La Conducta”, en el capítulo: “La Paciencia ante el Sufrimiento”, y la interpretación de la aleya coránica: «...Y aquellos que son pacientes, seguramente, serán recompensados ilimitadamente»:

Al-A‘mash nos narró que escuchó a Shaqiq diciendo que ‘Abdullah le dijo: “Cierta vez el Santo Profeta (BP) dividió algo entre un grupo de hombres, como él solía hacer, cuando un hombre de los Ansar se levantó y dijo: “Por Allah, que esta división no satisface al Todopoderoso”. Yo dije: “En cuanto a mí, en verdad que se lo diré al Profeta (BP)”.

Fui con él y lo encontré con sus Compañeros. Expuse con vehemencia la cuestión y le resultó tan penoso que su rostro cambió y mostró signos de enojo, y deseé no habérselo dicho. Luego dijo: “A Moisés lo hicieron sufrir con mucho más que eso y fue paciente”.

Al-Bujari mencionó en la misma sección -es decir, la sección de “La Conducta”- en el capítulo concerniente a las modalidades de la sonrisa y la risa, que Anas ibn Malik narró:

“Yo estaba caminando con el Mensajero de Allah, quien estaba usando un manto de Nayran con un grueso borde, y de pronto un beduino se le acercó y tiró de su manto bruscamente”. Anas continuó: “Observé que como resultado de aquel brusco tirón, el grueso borde del manto dejó una marca en el hombro del Profeta (BP), y luego (el beduino) dijo: “¡Oh Muhammad, dame algo de lo que tú tienes de la riqueza de Allah!”. El Profeta se volvió hacia él y rió; luego ordenó a sus Compañeros darle algo”.
Al-Bujari también mencionó el siguiente incidente en la sección de “La Conducta”, bajo el título: “Quien no se dirige a la gente con afrenta”. Él dijo:
“‘Aishah dijo que el Profeta (BP) realizó algo y lo hizo permisible, pero nadie siguió lo que el Profeta dijo. El Profeta (BP) fue informado de ello, por lo tanto se dirigió a la gente.

Él primero agradeció a Allah; luego dijo: “¿Qué sucede con esas personas que se abstienen de algo que yo hago? ¡Por Allah, yo sé más que ellas sobre Allah, y le temo a Él más!”.

El que analiza con detenimiento ejemplos como los anteriormente mencionados, encuentra que los Compañeros se ponían a sí mismos en un nivel mas alto que el del Profeta, y que consideraban que él se equivocaba mientras que ellos actuaban correctamente. Además, hubo algunos historiadores que deliberadamente hacían válida la posición de los Compañeros, aun si contradecía la acción tomada por el Profeta, y les conferían un nivel de conocimiento y piedad mas alto que el del Enviado de Allah (BP), como cuando ellos juzgaron que el Profeta se equivocó en el caso de los prisioneros de guerra de la Batalla de Badr, y que ‘Umar ibn Al-Jattab estaba en lo cierto.

Ellos además relatan falsas narraciones, tales como el siguiente dicho atribuido al Profeta (BP): “Si Allah decidiera infligir un desastre sobre nosotros nadie escaparía excepto Ibn Al-Jattab”. En otras palabras ellos estaban diciendo: “Si no fuera por ‘Umar, el Profeta hubiera perecido”.

¡Allah!, protégenos de tan corrupta y vil creencia, pues el que se adhiere a esta clase de creencia, seguramente está tan lejos del Islam como la distancia que separa al Oriente del Occidente, y debe revisar su pensamiento o arrojar al diablo de su corazón.

Allah, el Altísimo, dice:

«Y ¿qué te parece aquel que ha tomado a su pasión como divinidad, a quien Allah ha extraviado a sabiendas, sellando su oído y su corazón, poniendo un velo ante sus ojos? ¿Quién podrá dirigirle fuera de Allah? ¿Es que no os dejaréis amonestar?»(Sagrado Corán; 45:23)

Allah, el Altísimo y Majestuoso, es Veraz.

Creo que aquellos que pensaban que el Profeta (BP) estaba sujeto a sus emociones hasta tal punto que se desvió del sendero recto y emitió un juicio no por la causa de Allah, sino siguiendo a sus pasiones y simpatías; aquellos que se abstenían de hacer cosas que fueron realizadas por el Mensajero de Allah, pensando que eran más sabios y más temerosos de Allah que Su Propio Mensajero, no son dignos de ningún respeto ni apreciación por parte de los musulmanes, y mucho menos de ser dispuestos al mismo nivel que los ángeles.

Ellos dictaminaron que fueron la mejor creación después del Mensajero de Allah, a fin de que los musulmanes estén obligados a seguirlos y a tomarlos como ejemplo, por el solo hecho de haber sido Compañeros del Mensajero de Allah (BP).

Esto contradice la creencia de la gente de la Sunnah, quienes al bendecir a Muhammad y a su familia añaden a todos los Compañeros. Si Allah -Alabado y Glorificado sea- hubiera querido dar a conocer el valor de los Compañeros, los hubiera puesto en su correcta posición, en cambio lo que les ordenó fue bendecir a Su Mensajero y a los miembros purificados de su familia. Deberían haberse sometido y reconocido la posición de aquéllos ante Allah. ¿Por qué entonces los ponemos (a los Compañeros) en una posición más alta de la que en verdad poseen, y los igualamos con quienes Allah ha elevado y preferido sobre toda la gente?

Déjenme entonces concluir que los Omeyas y los Abbasidas, quienes se opusieron a Ahl-ul Bait y los desterraron y asesinaron junto a sus seguidores y partidarios, captaron la esencia de su distinguida posición y reconocieron el enorme peligro que representaban para ellos. Teniendo en cuenta que Allah -Alabado sea- no acepta las oraciones de un musulmán a menos que él los bendiga (a Ahl-ul Bait), ¿cómo podían justificar su enemistad y distanciamiento de ellos?

Es por eso que elevaron a los Compañeros a la misma posición que Ahl-ul Bait a fin de dar la impresión a la gente que ellos son iguales en virtud, especialmente cuando sabemos que sus nobles y dignatarios daban una remuneración a los débiles de intelecto de entre aquéllos que, o bien acompañaron al Enviado de Allah (BP), o bien eran Tabi‘in (musulmanes de la 2º y 3º generación que conocieron a algunos Compañeros del Profeta), para que relatasen dichos falsos (atribuidos al Profeta) sobre la virtud de los Compañeros y en particular de la de aquellos que alcanzaron la posición de Califa, quienes fueron la razón directa para la llegada de los Omeyas y de los Abbasidas al poder y a la autoridad sobre todos los musulmanes.

La historia es el mejor testigo de lo que estoy diciendo; por ejemplo, ‘Umar ibn Al-Jattab, quien era muy conocido por el rigor y control que ejercía sobre sus gobernadores, a quienes solía destituir tan solo por meras sospechas, fue bastante condescendiente con Mu‘awiah ibn Abi Sufian, y nunca fue severo con él. Mu‘awiah fue designado por Abu Bakr y confirmado por ‘Umar a través de su vida, quien nunca lo reprendió ni lo censuró, a pesar del hecho de que mucha gente se quejaba de Mu‘awiah y lo delataba por usar oro y seda, lo cual fue prohibido para los hombres por el Mensajero de Allah.

‘Umar solía responder a la gente diciendo: “¡Dejadlo! Él es el Kisra (Cosroes, rey de Persia) de los árabes”.

Mu‘awiah continuó en el gobierno por más de veinte años sin estar sujeto a críticas o censuras, y cuando ‘Uzman sucedió al Califato de los musulmanes, añadió a su autoridad nuevos distritos y regiones, los que le facilitaron un mayor poder sobre la riqueza de la comunidad islámica, y el disponer de ejércitos y de la gentuza de entre los árabes, para revelarse contra el Imam (líder) de la comunidad y consecuentemente tomar el poder por la fuerza y la intimidación. De este modo llegó el despotismo a los musulmanes, a quienes más tarde Mu‘awiah instó, por la fuerza y la coerción, a jurar fidelidad a su corrupto y alcohólico hijo Iazid, como su heredero y sucesor.

Esta es otra larga historia, por lo tanto no entraré en detalles en este libro, pero lo importante es que debemos comprender la mentalidad de aquellos Compañeros que alcanzaron la posición de Califa y facilitaron el establecimiento del estado Omeya de una manera directa, a fin de complacer a Quraish que no soportaba ver tanto a la Profecía como al Califato en manos de Bani Hashim15 (clan familiar al que pertenecía el Profeta).

El estado Omeya se sintió con el derecho, o más bien con la obligación, de agradecer a aquéllos que le habían facilitado el establecimiento. Lo menos que podía hacer para agradecerles era contratar a narradores sobornables que relataran virtudes atribuidas a sus “grandes señores”, y al mismo tiempo para que los elevaran hasta una posición más alta que la de sus adversarios Ahl-ul Bait, simplemente inventando virtudes y méritos que, al ser examinados bajo la luz de las evidencias legales, razonables y lógicas, no queda ninguno que pueda ser mencionado (Allah es testigo). ¡Dios mío!, a menos que seamos víctimas de algún tipo de trastorno o que creamos en contradicciones.

Como uno de los innumerables ejemplos que se le atribuyen a ‘Umar, escuchamos que hasta fue dicho sobre él: “Tú gobernaste con justicia, por lo tanto, puedes dormir”. Además se ha dicho que ‘Umar fue sepultado de pie a fin de que la justicia no muriera junto con él,... y sobre la justicia de ‘Umar se podría seguir hablando largamente.

Sin embargo, la historia verdadera nos narra que cuando ‘Umar ordenó que debían ser distribuidas las dádivas entre la gente durante el vigésimo año de la Hiyrah16, no siguió ni se circunscribió a la tradición del Mensajero de Allah. El Profeta (BP) distribuía las dádivas sobre bases iguales entre todos los musulmanes y no hacía diferencias entre unas personas u otras, y Abu Bakr hizo lo mismo a lo largo de su Califato.

Pero ‘Umar introdujo un nuevo método. Prefirió a los primeros conversos al Islam por sobre los demás. Prefirió a los Muhayirin (emigrantes desde La Meca a Medina) de Quraish por sobre otros Muhayirin. Prefirió a los Muhayirin en general sobre todos los Ansar (seguidores del Profeta Muhammad en Medina que le garantizaron refugio después de la Hiyrah). Prefirió a los árabes sobre los A‘yam (no árabes). Prefirió a los hombres libres por sobre los esclavos17. Prefirió a (la tribu de) Mudar por sobre (la tribu de) Rabia, pues le dio trescientos a la primera y doscientos a la última18. También prefirió a los Aws por sobre los Jazray19.

¿Acaso hay justicia en toda esta diferenciación, ¡oh gente que tenéis intelecto!?

También escuchamos mucho sobre el conocimiento de ‘Umar, hasta el punto que fue descrito como el más sabio de los Compañeros, y se dijo además, que su Señor concordaba con él en muchas de sus opiniones, las que posteriormente fueron reveladas en varias aleyas coránicas para ratificarlas, pues ‘Umar discrepaba con el Profeta sobre ellas. Pero la historia verdadera nos indica que ‘Umar no concordaba con el Corán, ni siquiera después de haber sido revelado.

Cuando uno de los Compañeros le preguntó un día, durante su califato: “¡Oh Comandante de los Creyentes! ¿Qué debo hacer si estoy impuro, pero no puedo encontrar agua para purificarme?”. ‘Umar respondió: “No reces”. Entonces ‘Ammar ibn Iasir se vio obligado a recordarle sobre el Taiammum (purificación ritual que se realiza con tierra). A ‘Umar no le agradó aquello, y dijo a ‘Ammar: “Tú eres responsable sólo de los deberes que se te han asignado”20.

¿Dónde está el conocimiento de ‘Umar con respecto a la aleya sobre el Taiammum que ha sido revelada en el Libro de Allah?, y ¿dónde está el conocimiento de ‘Umar de la Tradición del Profeta (BP) que les enseñó cómo hacer el Taiammum, así como también el Wudu (ablución ritual)?

‘Umar mismo reconoció en muchas ocasiones que él no era un sabio, y que toda la gente, incluso las mujeres, eran más inteligentes que él, y además, fue escuchado diciendo en varias oportunidades: “Si no fuera por Ali, ‘Umar hubiera perecido”. Y a través de su vida no conoció la norma referente a Kalalah (herencia del muerto que no tiene ni hijos ni padres) sobre lo cual juzgó y dio muchas sentencias diferentes entre sí, como lo atestigua la historia.

¿Dónde está aquí el conocimiento, ¡oh gente que razonáis!?
Asimismo escuchamos mucho sobre el heroísmo, la valentía y el vigor físico de ‘Umar, y se dijo que Quraish temió cuando ’Umar se hizo musulmán, pues aumentó la fuerza del Islam cuando él entró a la religión. También se dijo que Allah glorificó el Islam con ‘Umar, y que el Mensajero de Allah no invocó (a la gente) al Islam abiertamente sino hasta después de que ‘Umar se hizo musulmán.

Pero las referencias históricas correctas y reconocidas no parecen indicar nada sobre aquella valentía y heroísmo, y la historia no menciona a ninguna persona famosa u ordinaria que haya sido matada por ‘Umar en alguna batalla como Badr, Uhud, Al-Jandaq o alguna otra, sino que las correctas referencias históricas nos narran que él escapó con los que huyeron de la batalla de Uhud, y asimismo escapó en el día de Hunain; y que cuando el Mensajero de Allah lo envió a tomar la ciudad de Jaibar, volvió huyendo. Incluso en las expediciones militares en las que participó, siempre fue un subordinado y no el jefe, siendo la última aquella que estaba al mando del joven Usamah ibn Zaid, a quien él debía obedecer. Por lo tanto ¿dónde está todo ese heroísmo y valentía, teniendo en cuenta estas realidades históricas... ¡oh gente que razonáis!?

También escuchamos bastante sobre la piedad de ‘Umar y su gran temor a Allah hasta el punto de llorar. Se ha dicho que él tenía miedo de ser responsable ante Allah si una mula se desplomaba en Irak, ya que él no había preparado el camino para ella.

Pero las fuentes históricas correctas y reconocidas nos dicen que fue un hombre rudo y grosero que careció de piedad y temor (a Allah) y no vaciló en golpear a un hombre hasta que sangró, sin que él hubiera sido acusado de algún delito, sino sólo porque le preguntó sobre una aleya coránica; e incluso las mujeres solían abortar a sus bebés por temor, cuando lo veían.

¿Por qué no temió a Allah cuando levantó su espada y amenazó a todos los que dijeron que Muhammad había muerto? Él juró por Allah que no había muerto, sino que solamente había ido a hablar con su Señor de la misma manera en que Musa Ibn ‘Imran (Moisés) lo hizo; y luego amenazó con matar a todo aquél que dijera que Muhammad (BP) había muerto21.

¿Por qué no temió a Allah cuando amenazó con quemar la casa de Fátima Az-Zahrá (la hija del Mensajero de Allah) si no salían de ella aquéllos que se abstenían de jurar fidelidad al califato establecido?22 Se narró que cuando se le dijo que Fátima estaba adentro, él respondió: “¡Y qué!”.

Él violó los mandatos del Libro de Allah y la Tradición del Mensajero, y dictó reglas y sentencias durante su califato que contradecían los textos del Sagrado Corán y de la noble Tradición profética23.

Por lo tanto, ¿dónde está toda la piedad y el temor a Allah en todas estas amargas y tristes realidades, ¡oh siervos sinceros de Allah!?

He tomado a este famoso Compañero como ejemplo, y he resumido mucho para evitar prolongaciones, pero si quisiese entrar en detalles, llenaría muchos volúmenes. Pero como ya dije, he citado estas referencias históricas sólo como ejemplos y no porque no hubiera más.

Lo mencionado es una pequeña cantidad, pero ello nos da un claro indicio de la mentalidad de los Compañeros y la posición contradictoria de los sabios e historiadores Sunnis. Por una parte, prohiben a la gente criticarlos o dudar de ellos, pero por otra, escriben en sus libros cosas que hacen que la gente dude de sus actos y los censure.

Desearía que los sabios Sunnis no hubieran mencionado nunca nada sobre estos temas tan evidentes que manchan la dignidad de los Compañeros y derrumba su integridad. Si no lo hubieran hecho, nos habríamos evitado toda esta confusión.

Todavía recuerdo un encuentro que tuve con un sabio de Nayaf Al-Ashraf, cuyo nombre era Asad Haidar (autor de Al-Imam As-Sadiq wal-Madhahib Al-Arba‘ah - “El Imam As-Sadiq y las Cuatro Escuelas”). Cuando estábamos hablando sobre los Sunnis y los Shi‘as, me narró una historia sobre su padre, quien se encontró con un sabio tunecino de Az-Zaitunah durante la Peregrinación, unos cincuenta años atrás:

“Comenzaron a debatir sobre el Imamato de Amir Al-Mu’minin Ali Ibn Abi Talib. El sabio tunecino escuchó atentamente cuando mi padre mencionó cuatro o cinco evidencias sobre el Imamato de Ali -con él sea la paz- y su derecho al Califato. Cuando terminó, el sabio de Az-Zaitunah le preguntó: “¿No tienes más pruebas que esas?”. Mi padre respondió: “No”. Luego el sabio tunecino dijo: “Sostén tu Masbaha y comienza a contar”. Entonces comenzó a citar pruebas hasta que mi padre llegó a contar cien que él no conocía”.

El Shaij Asad Haidar añadió: “Si los Sunnis leyeran lo que está escrito en sus propias libros, entonces dirían las mismas cosas que estamos diciendo y terminarían las diferencias entre nosotros, desde tan lejana época”.

¡Por mi vida! Que esa sería la inevitable verdad. ¡Si el hombre tan sólo se librara a sí mismo de su ciego prejuicio y de su arrogancia, y se sometiera a las pruebas evidentes!

  • 1. Sagrado Corán; 33:33
  • 2. Sagrado Corán; 8:41
  • 3. Sagrado Corán; 42:23
  • 4. Sagrado Corán; 4:59
  • 5. Sagrado Corán; 3:7
  • 6. Entre las fuentes del hadiz “Az-Zaqalain” (Las Dos Joyas Preciosas), están: Kanz-ul ‘Ummal, Vol. 1, p. 44. Musnad Ahmad, Vol. 5, p. 182.
  • 7. Entre las fuentes del hadiz “As-Safinah” (El Arca), están: Al-Mustadrak, por Al-Hakim (El Resumen de Dhahabi), Vol. 3, p. 151, y As-Sawa‘iq-ul Muhriqah, por Ibn Hayar, pp. 184 y 234.
  • 8. Este suceso fue citado por muchos historiadores y autores de Sirah (Biografías). También fue citado por Al-Bujari en su Sahih (Libro de Ash-Shurut, capítulo: “Ash-Shurut fil Yihad”, Vol. 2, p. 122) y por Sahih Muslim, capítulo sobre el Tratado de Al-Hudaibiiah, Vol. 2.
  • 9. As-Sirat-ul Halabiiah. Capítulo de “Sulh-ul Hudaibiiah”, Vol. 2, p. 706.
  • 10. Sahih Al-Bujari, Vol. 2, Capítulo sobre el dicho del enfermo: “¡Dejadme!”. Sahih Muslim, Vol. 5, p. 75, al final del Libro de Al-Wasiiah. Musnad Al-Imam Ahmad. Vol. 1, p. 355 y Vol. 5, p. 116. Ta’rij At-Tabari, Vol. 3, p. 193. Ta’rij ibn Al-Azir, Vol. 2, p. 320.
  • 11. Sagrado Corán; 53:3.
  • 12. At-Tabaqat, por Ibn Sa‘d, Vol. 2, p. 190. Ta’rij Ibn Al-Azir, Vol. 2, p. 317. As-Sirah Al-Halabiiah, Vol. 3, p. 207. Ta’rij At-Tabari, Vol. 3, p. 226.
  • 13. Esta comparación es por la inferioridad en número de quienes luego de él seguirían firmes en su camino, ya que los camellos que no están en la manada sino desparramados en los pastizales, son pocos en comparación con los otros.
  • 14. At-Tabakat-ul Kubra, por Ibn Sa‘d, Vol. 2, p. 190. Ta’rij At-Tabari, Vol. 3, p. 226.
  • 15. Para más detalles leer: Al-Jilafah wal-Mulk, por Abul A‘la Al-Mawdudi. Iawm-ul Islam, por Ahmad Amín.
  • 16. Hiyrah o Hégira: Emigración del Profeta desde La Meca a Medina que marca el comienzo del calendario musulmán.
  • 17. Sharh Ibn Abi Al-Hadid, Vol. 8, p. 111.
  • 18. Ta’rij Al-Ia’qubi, Vol. 2, p. 106.
  • 19. Futuh-ul Buldan, p. 437.
  • 20. Sahih Al-Bujari, Vol. 1, p. 52.
  • 21. Ta’rij At-Tabari y Ta’rij Ibn Al-Azir.
  • 22. Al-Imamah was-Siiasah, por Ibn Qutaibah.
  • 23. Ver: An-nas wal-Iytihad, por Abdul Husain Sharaf-ud Din. Se han enumerado muchos casos en los cuales ‘Umar utilizó su propia interpretación en contradicción a los textos, como lo mencionan todas las fuentes reconocidas de todas las Madhahib islámicas.

Los Compañeros desde la Perspectiva del Corán

Ante todo, debo decir que Allah -Glorificado y Elevado sea- elogió en muchos lugares de Su Libro Sagrado a los Compañeros del Mensajero de Allah (BP), quienes amaron, obedecieron y siguieron al Mensajero sin codicias personales y sin oposición ni arrogancia, sino que solo procuraron la complacencia de Allah y de Su Mensajero. Son aquéllos de quienes Allah está complacido y ellos lo están con Él.

Este es el grupo de Compañeros cuya posición es conocida por los musulmanes a causa de sus actitudes hacia el Profeta (BP) y sus acciones junto a él. Por eso son amados y honrados por los musulmanes, quienes respetan su jerarquía, y les desean la complacencia de Allah cada vez que se mencionan sus nombres.

Mi estudio no se relaciona con ese grupo de Compañeros que son respetados tanto por los Sunnis como por los Shi‘as, como tampoco se ocupa de aquéllos que fueron conocidos por su hipocresía, y que son maldecidos por todos los musulmanes, Shi‘as y Sunnis, cada vez que sus nombres son mencionados.

Mi investigación trata del grupo de Compañeros sobre quienes los musulmanes han expresado diferentes puntos de vista; aquéllos que en algunos lugares del Sagrado Corán son reprendidos y amenazados a causa de sus actitudes; aquéllos a quienes el Mensajero de Allah (BP) previno en muchas ocasiones, así como previno a otras personas sobre ellos.

Así es; las diferencias existentes entre los Shi‘as y los Sunnis son respecto a este grupo de Compañeros, porque la Shi‘a censura sus dichos y obras y dudan de su justicia, mientras que son respetados por los Sunnis, a pesar de sus contradicciones.

Mi estudio se relaciona con este grupo de Compañeros porque es a través de él como podré alcanzar la verdad, o parte de ella. Digo esto a fin de que nadie pueda pensar que yo he descuidado las aleyas coránicas que alaban a los Compañeros del Mensajero de Allah (BP) y que sólo expuse las aleyas que los censuran. En realidad, a través de mi búsqueda descubrí que hay aleyas que contienen elogios hacia los Compañeros, pero en su contenido incluyen críticas... y viceversa.

No me impondré aquí un gran esfuerzo como el que hice a través de mis tres años de investigación, sino que, como de costumbre, para ser breve, solo me limitaré a algunas aleyas coránicas a modo de ejemplos. A aquéllos que deseen profundizar sobre el tema, les aconsejo que indaguen, examinen y comparen, así como yo lo hice, a fin de encontrar la guía mediante su propio esfuerzo. Eso es lo que Allah quiere de cada uno, y eso es lo que la conciencia de cada individuo requiere.

De este modo, uno lograría una firme convicción que no sería sacudida por ningún viento ni tempestad. Sin duda alguna, la guía divina que resulta de la convicción personal es mucho mejor que aquélla que llega como resultado de factores externos.
Allah -el Altísismo- dice en alabanza a Su Profeta (BP):

«¿No te encontró extraviado y te dirigió?» (Sagrado Corán; 93:7)

Es decir, Él te encontró buscando la Verdad, por lo tanto te guió hacia ella.
Además dice:

«A quienes se esfuerzan por Nosotros, ¡hemos de guiarles por Nuestros caminos!...» (Sagrado Corán, 29:69)

1) La aleya sobre el “Ingilab” (Volverse atrás)

Allah -el Altísimo- dice en su Libro Glorioso:

«Muhammad no es sino un Enviado, antes del cual han pasado otros enviados. Si, pues, muriera o le mataran, ¿os volveríais sobre vuestros pasos? Quien se vuelva sobre sus pasos no perjudicará a Allah. Y Allah retribuirá a los agradecidos»(Sagrado Corán; 3:144)

Esta aleya coránica es clara y evidente sobre cómo los Compañeros volverían sobre sus pasos después de la muerte del Profeta, y solo unos pocos se mantendrían firmes. Según lo indica esta aleya, la cual es la expresión de Allah a su respecto, ellos, o sea aquéllos que se mantendrían en su posición y no se volverían atrás, son los agradecidos... y los agradecidos son sólo una pequeña minoría, como lo indican las palabras de Allah -Glorificado y Elevado sea-:

«Pero pocos de Mis siervos son agradecidos» (Sagrado Corán; 34:13)

Además, así también lo señalan muchos dichos del santo Profeta (BP) que explican el “Inqilab” (volverse atrás), a algunos de los cuales nos referiremos luego.

Aun cuando Allah -Glorificado sea- no especifica en la aleya coránica el castigo de aquéllos que vuelven sobre sus pasos, y sólo menciona las alabanzas hacia los agradecidos que merecen Su recompensa, no obstante, sin duda alguna que aquéllos que vuelven sobre sus pasos no son dignos de la recompensa de Allah, ni de Su Indulgencia, como ha sido enfatizado por el Mensajero de Allah (BP) en muchos de sus dichos, algunos de los cuales discutiremos -si Allah así lo desea- en el transcurso de este libro.

No se puede interpretar que la aleya coránica se refiera a Tulaiha, a Suyah y a Al-Aswad Al-Ansi. Esto sería solo para proteger el honor de los Compañeros, pues los antes mencionados se volvieron atrás y abandonaron el Islam, e incluso se atribuyeron la profecía, estando aun con vida el Mensajero de Allah, quien los combatió y venció; como tampoco podemos interpretar que la aleya coránica se refiera a Malik ibn Nuwairah y sus seguidores, quienes se rehusaron a pagar el Zaqat (uno de los impuestos o caridad obligatoria que debe pagarse al gobierno islámico) en la época del Califa Abu Bakr, por muchas razones; entre ellas: se rehusaron a pagar el Zaqat y dárselo a Abu Bakr porque querían esperar a ver qué sucedía, pues habían acompañado al Mensajero de Allah en su Peregrinación de Despedida y jurado fidelidad al Imam Ali ibn Abi Talib en Gadir Jum, después de que el Mensajero de Allah (BP) lo nombrara Califa después de él, así como también Abu Bakr mismo le juró fidelidad.

De este modo, ellos se asombraron cuando un mensajero del Califa fue a llevarles las noticias sobre la muerte del Santo Profeta, y al mismo tiempo les pidió pagar el Zaqat en nombre del Califa Abu Bakr.

Es un caso en el cual la historia no quiere profundizar demasiado, otra vez para proteger el honor de los Compañeros. Además, Malik y sus seguidores eran musulmanes, de acuerdo a los testimonios de ‘Umar y de Abu Bakr mismos y a los de otros Compañeros que condenaron que Jalid ibn Al-Walid matara a Malik ibn Nuwairah. La historia testifica que Abu Bakr pagó indemnización por la muerte de Malik a su hermano Mutammin, del tesoro público de los musulmanes, y que se disculpó por su muerte, mientras que está bien establecido que el apóstata (en caso que Malik lo fuera) debe ser matado, que ninguna indemnización debe ser pagada del tesoro público, como tampoco ninguna disculpa debe ser dada por su muerte.
Lo importante es que la aleya del “Inqilab” se refiere directamente a los Compañeros que vivieron con el Mensajero de Allah (BP) en Madinat-ul Munawarah, y los acusa de un inmediato “Inqilab” (volverse atrás) después de la muerte del Profeta. Los hadices del Profeta (BP) explican todas estas cosas de una manera tan clara, que nadie podría dudar de ellos. Nosotros los abordaremos pronto, si Allah así lo dispone.

La historia también testifica el “Inqilab” que sucedió después de la muerte del Mensajero de Allah (BP), y quien examine los eventos que tuvieron lugar entre las filas de los Compañeros, se dará cuenta de que no podrá rescatar sino a unos pocos de entre ellos.

2) La aleya sobre el “Yihad” (Combate por la causa de Dios)

Allah -el Altísimo- dice:

«¡Creyentes! ¿Qué os pasa? ¿Por qué cuando se os dice: “¡Id a la lucha por la causa de Allah!”, permanecéis clavados en tierra? ¿Preferís la vida mundanal a la otra? Y ¿qué es el breve disfrute de la vida mundanal comparado con la otra, sino muy poco...? Si no combatís, se os infligirá un doloroso castigo. Se hará que otro pueblo os sustituya, sin que podáis causarle ningún daño. Allah es Omnipotente» (Sagrado Corán; 9:38-39)

Esta aleya coránica es clara sobre el rechazo de los Compañeros a participar en el Yihad y de cómo eligieron aferrarse a la vida mundanal, a pesar de que sabían que su disfrute era breve. Tal fue su acción, que requirió el reproche de parte de Allah -Alabado sea- y la amenaza de un doloroso castigo, y de ser sustituidos por otros que fueran creyentes verdaderos.
Esa amenaza de sustituirlos se efectuó en muchas aleyas coránicas que indican claramente que fueron renuentes a participar en el Yihad en varias oportunidades. Allah, el Altísimo, dice:

«...Y si volvéis la espalda, hará que otro pueblo, que no será como vosotros, os sustituya» (Sagrado Corán; 47:38)

El Altísimo también dice:

«¡Creyentes! Si uno de vosotros apostata de su fe, Allah suscitará un pueblo, al cual Él amará y por el cual será amado, que será humilde con los creyentes, altivo con los infieles; que luchará por Allah, y que no temerá la censura de nadie. Este es el favor de Allah, que dispensa a quien quiere. Allah es Inmenso, Omnisciente» (Sagrado Corán; 5:54)

Si quisiésemos investigar las aleyas coránicas que enfatizan este tema y revelan en forma evidente la clasificación de los Compañeros que hace la Shi‘a, especialmente este grupo (al cual se refiere la aleya), entonces precisaríamos un libro especial para ello. El Sagrado Corán expresa todo eso de la manera mas directa y elocuente al decir:

«...Que constituyáis una comunidad que llame al bien, ordenando lo que está bien y prohibiendo lo que está mal; éstos serán los que prosperarán.
¡No seáis como quienes, después de haber recibido las pruebas claras, se dividieron y discreparon! Esos tendrán un castigo terrible,

...el día en que unos rostros emblanquezcan y otros ennegrezcan. A aquellos cuyos rostros ennegrezcan (se les dirá): “¿Acaso no habéis dejado de creer luego de haber creído? Gustad, pues, del castigo por no haber creído!”. En cuanto a aquellos cuyos rostros emblanquezcan, gozarán eternamente de la misericordia de Allah» (Sagrado Corán; 3:104)107)

Estas aleyas coránicas, como no puede ser ignorado por ningún investigador ni examinador, se dirigen a los Compañeros, y les ad­vierten de la división y desacuerdo entre ellos mismos después de haberles llegado las evidencias, amenazándolos con un portentoso castigo, a la vez que los divide en dos grupos: uno que será resucitado en el Día del Juicio, donde cada uno tendrá un rostro blanco; éstos son los agradecidos quienes son dignos de la Misericordia de Allah. El segundo grupo será resucitado teniendo cada uno de ellos un rostro ennegrecido, siendo estos últimos los que se volvieron apóstatas después de haberles llegado la fe, a quienes Allah -Glorificado sea- amenazó con un castigo terrible.

Es bien sabido que los Compañeros se dividieron después de la muerte del Mensajero de Allah (BP) y discreparon entre ellos a tal punto que disputaron unos contra otros, produciendo guerras sangrientas que llevaron a la decadencia y al atraso de los musulmanes y los hizo un blanco fácil para sus enemigos. La aleya coránica anteriormente citada, no puede ser interpretada, ni desvirtuado su sentido, por aquéllos que se dejan llevar por la imaginación.

3) La aleya del sometimiento

Allah - el Altísimo - dice:

«¿No es hora ya de que los creyentes sometan sus corazones ante el recuerdo de Allah y ante la Verdad revelada, y de que no sean como quienes, habiendo recibido antes la Escritura, dejaron pasar tanto tiempo que se endureció su corazón? Muchos de ellos son corruptos» (Sagrado Corán; 57:16).

En Ad-Durr-ul Manzur, de Yalal-ud Din As-Suiuti, éste dice:
“Cuando los Compañeros del Mensajero de Allah (BP) llega­ron a Medina y comenzaron a gozar de un alto nivel de vida, después de haber pa­sado muchas penurias, sucedió que el mismo bienestar los volvió indiferentes respecto a algunos de sus deberes; por lo tanto fueron castiga­dos por ello, y es por lo que la aleya: «¿No es hora ya de que los creyentes...», fue revelada”.

Otra reflexión sobre la historia que llega del Profeta (BP), fue que Allah -el Altísimo- encontró algún desgano entre los Muhayirin, diecisiete años después de la primera revelación del Sagrado Corán, y que debido a ello Allah reveló la aleya mencionada.

Si aquellos Compañeros -que son las mejores personas según los Sunnis- no se sometieron ante el recuerdo de Allah y ante la verdad revelada a lo largo de diecisiete años, tal es así que Allah los encontró con desgano, y los censuró y advirtió por sus corazones endurecidos que esta­ban conduciéndoles a la corrupción, entonces no podemos censurar a la gente de Quraish que recién entró al Islam en el séptimo año de la Hiyrah, después de la conquista de La Meca.

Éstos fueron algunos ejemplos que seleccioné del Glorioso Libro de Allah, lo cual nos da claras indicaciones de que no todos los Compañe­ros eran rectos, como los Sunnis dicen.

Si estudiamos los dichos del Profeta (BP), entonces encontra­mos muchos ejemplos más, pero para ser breve, me referiré sólo a algu­nos de ellos, y ya le incumbe a aquél que desee investigar, el que amplíe su conocimiento sobre el tema, si así lo desea.

La opinión de Mensajero (PB) sobre los Compañeros

1) El Hadiz acerca de la fuente 31

Dijo el Mensajero de Allah (BP):

“Cuando me levante (en el Día de la Resurrección), habrá un grupo de gente que yo reconoceré; y un hombre se pondrá de pie entre el grupo y yo; luego les dirá: ‘¡Venid!’. Yo diré: ‘¿A dónde?’. Dirá: ‘¡Al Infierno, por Allah!’. Yo preguntaré: ‘¿Qué han hecho?’. Él responderá: ‘Renega­ron del Islam yendo en dirección contraria, después de que tú fa­lleciste’. Por cierto que no veré que se salven sino tan pocos como los camellos desparramados por los pastizales”1.

Y dijo (BP):
“Llegaré antes que vosotros a la Fuente, y el que pase cerca de mí beberá, y todo el que beba de ella nunca se sentirá sediento. Vendrán hacia mí personas que reconoceré y que me reconocerán, pero estaremos separados; entonces yo diré: ‘Mis Compañeros’. Una respuesta será dada: ‘Tú no sabes lo que ellos hicieron luego de que tú partiste’. Entonces diré: ‘¡Lejos! con aquéllos que cambiaron (mi religión) después de mi partida’”2.

Cuando examinamos detenidamente los diferentes dichos que han referido los sabios Sunnis en sus Sihah y Masanid, no nos queda duda de que la mayoría de los Compañeros cambiaron e incluso se volvieron apóstatas después de la muerte del Mensajero de Allah (BP), excepto algunos, a los cuales se menciona como sólo un puñado. Los dichos antes mencionados no podrían ser aplicados, de ninguna manera, al tercer tipo (de Compañeros), o sea los hipócritas, pues el texto manifiesta: “Yo diré: ‘Mis Compañeros’”.

Estos dichos confirman y explican las distinguidas aleyas del Sa­grado Corán que mencionamos anteriormente, las cuales hablan sobre su “Inqilab” (volverse atrás), sobre su apostasía y el terrible castigo con el que son amenazados.

2) El Hadiz acerca de la rivalidad por este mundo

Dijo el Mensajero de Allah (BP):

“Yo me adelantaré, y soy testigo de vuestras acciones. Por Allah, que ahora miro hacia mi Fuente y se me han confiado las llaves de los tesoros de la tierra (o las llaves de la tierra), y por Allah que no temo que os volváis idólatras después de mí, pero temo que rivalicéis por ella (la vida mundanal)”3.

El Mensajero de Allah (BP) fue veraz. Ellos rivalizaron por este mundo hasta el punto que desenvainaron sus espadas, lucharon y se acusaron de incrédulos entre sí. Algunos de los famosos Compañeros acumu­laron oro y plata; tal es así, que historiadores como Al-Ma­s‘udi, en Muruy-udh Dhahab, At-Ta­bari y otros, afirmaron que la riqueza de Zu­bair solamente, llegó a cincuenta mil dinares, mil caballos, mil siervos, y cuantiosas propiedades en Basra, Kufa, Egipto y muchos otros lugares4.

Los productos de agricultura de Irak solamente, le rendían a Tal­hah mil dinares al día, y se dice que aún más5.

‘Abdurahman Ibn Awf tenía cien caballos, mil camellos y diez mil ovejas. Después de su muerte, un cuarto del valor de su riqueza, la cual fue dividida entre sus esposas, llegaba a ochenta y cuatro mil dinares6.

‘Uzman ibn ‘Affan dejó en el día de su muerte ciento cincuenta mil dinares, eso sin contar una innumerable riqueza en tierras, ganados y fincas.

Zaid ibn Zabit dejó una cantidad de oro y plata ¡que debió ser partida a martillazos para que pudiera ser repartida entre la gente!, aparte del di­nero y fincas que llegaban a cien mil dinares7.

Éstos son sólo algunos ejemplos. En la historia hay muchos suce­sos en los que no queremos entrar ahora en análisis detallados; sólo los mencionamos como prueba de la veracidad del hadiz sobre el interés (de los Compañeros) por la vida mundanal.

  • 1. Sahih Al-Bujari, Vol. 4, pp. 94-99 y p. 156; Vol. 3, p. 32. Sahih Muslim, Vol. 7, p. 66. Hadiz de Al-Haud (La Fuente).
  • 2. Sahih Al-Bujari, Vol. 4, pp. 94-99 y p. 156; Vol. 3, p. 32. Sahih Muslim, Vol. 7, p. 66. Hadiz de Al-Haud (La Fuente).
  • 3. Sahih Al-Bujari, Vol. 4, pp. 100 y 101.
  • 4. Muruy-udh Dhahab, por Al-Ma­s‘udi, Vol. 2, p. 341.
  • 5. Ibíd.
  • 6. Ibíd.
  • 7. Ibíd.

La opinión de los Compañeros entre sí

1) Testimonio sobre que ellos mismos alteraron la tradición del Profeta (PB)

Abu Sa‘id Al-Jidri dijo:

“El Mensajero de Allah (BP), en los días de ‘Id Al-Fitr1 e ‘Id Al-Ad-ha2, solía ir al Musal-la3, y lo primero que acostumbraba hacer era la oración. Entonces se retiraba de su lugar y se situaba en frente de la gente que estaba sentada en filas, y comenzaba a dar consejos u órdenes, o si quería, concluía temas pendientes. Después de todo esto, se marchaba”.

Abu Sa‘id añadió:

“La situación continuó siendo así, hasta que un día, que era o Fitr o Ad-ha, fui con Marwan, quien era el gobernador de Medina, y cuando llegamos al Musal-la, el cual tenía un nuevo púlpito construido por Kazir ibn As-Salt, Marwan se dirigió hacia él antes de rezar, por lo que le tiré de sus ropas, pero él me empujó y subió al púlpito.

Se dirigió a la gente antes de rezar, así que le dije: “¡Por Allah, tú has hecho cambios!”. Él me respondió: “Oh Abu Sa‘id, lo que tú conoces se ha acabado”. Yo dije: “Por Allah; lo que yo sé es mejor que lo que no sé”. Marwan dijo entonces: “Es que la gente no se sienta por nosotros des­pués de las oraciones, por lo tanto, dispuse la disertación antes de las oraciones”4.

Busqué las razones que llevaron a los Compañeros a cambiar la Sunnah (tradición) del Mensajero de Allah (BP), y encontré que los Omeyas (y la mayoría de ellos eran Compañeros del Profeta), al frente de quienes estaba Mu‘awiah ibn Abi Sufian (“El Escriba de la Revelación”, como fue llamado) solía forzar a la gente a insultar y maldecir a Ali ibn Abi Talib, desde los púlpitos de las mezquitas. Ese es un hecho que la mayoría de los historia­dores han mencionado en sus libros.
Muslim, en su Sahih, escribió en un capítulo titulado: “Las virtu­des de Ali ibn Abi Talib”, lo siguiente:

“Mu‘awiah ordenó a sus gobernadores en todas las regiones, adoptar la maldición de Ali ibn Abi Talib como tradición, y que todos los disertantes la incluyeran en sus discursos. Cuando algunos de los Compañeros protestaron enérgicamente contra tal norma, Mu‘awiah ordenó su muerte y quema. Entre los famosos Compañeros que fueron asesinados por orden de Mu‘awiah, están Huyr ibn Adi Al-Kindi y sus seguidores, pues ellos protestaron y se rehusaron a maldecir a Ali, y algunos de ellos fueron enterrados vivos”.

Abu Al-A‘la Al-Mawdudi, en su libro El Califato y el Reino, escribió la si­guiente narración transmitida por Abu Al-Hasan Al-Basri, quien dijo:

“Mu‘awiah realizó estas cuatro acciones, y el sólo hecho de hacer una de ellas, se considera un gran pecado:

- Hacerse con el poder sin consultar a los Compañeros, quienes eran la luz de las virtudes.
- Designar a su hijo como su sucesor, quien era un borracho y un corrupto que usaba seda y tocaba instrumentos musicales.

- Reclamar a Ziiad como su hermano (quien era un bastardo hijo de una ramera y de padre desconocido), contrariando el dicho del Mensajero de Allah (BP): “El hijo pertenece al lecho (es decir, a los padres que lo engen­draron) y el adúltero pertenece a las piedras (es decir, merece la lapida­ción)”.

- Asesinar a Huyr y a sus compañeros. ¡Ay de él por Huyr y los compañeros de Huyr!”.5

Hubo algunos creyentes de entre los Compañeros que solían salir rápidamente de la mezquita después de las oraciones, para no tener que presenciar las disertaciones que siempre finalizaban con la maldición a Ali y a la gente de su casa. Por esa razón, los Omeyas cambiaron la tradi­ción del Mensajero de Allah y antepusieron la disertación a las oraciones, de modo que la gente los escuchara en contra de su voluntad.

¡Qué clase de Compañeros fueron esas personas! No tuvieron miedo de cambiar la tradición del Mensajero de Allah o incluso sus leyes a fin de alcanzar sus objetivos mundanales, canalizar sus rencores ocultos y satisfacer sus siniestras ambiciones. Maldijeron a un hom­bre de quien Allah alejó la impureza y purificó sobremanera, e hizo obligatorio para la gente bendecirle de la misma manera que a su Mensajero. Además, Allah y Su Mensajero hicieron obligatorio para la gente amarlo, pues el Profeta (BP) dijo:

“Amar a Ali es tener fe, y aborrecerle es hipocresía”.6

Pero estos Compañeros alteraron y tergiversaron las reglas y dijeron: “Escuchamos, pero desobedecemos”. En lugar de bendecirlo, amarlo y obedecerlo, renegaron de él y lo maldijeron a lo largo de sesenta años, como ha sido mencionado en los libros de historia.

De la misma manera que los Compañeros de Moisés conspiraron contra Aaron y trataron de matarlo, algunos de los Compañeros de Muhammad asesinaron a su Aaron y persiguieron a sus hijos y seguidores en todas partes. Removieron sus nombres del diwan (lista de nombres de los musulmanes a quienes se les reparte del tesoro público) y prohibieron que se pusiera a alguien sus nombres. Pero esto no fue suficiente para ellos, sino que lo maldijeron (a Ali) y forzaron a los Compañeros creyentes a hacer lo mismo injustamente y por la fuerza.

¡Por Allah! Quedo sorprendido y perplejo cuando leo en nuestros propios Sihah cuánto amó el Mensajero de Allah a su “hermano” y primo Ali, y cómo lo dispuso por sobre todos los Compañeros, e incluso dijo:

“Tú eres para mí como Aaron para Moisés, solo que después de mí no habrá más profetas”.7

También dijo lo siguiente respecto a Ali:

“Tú eres parte de mí, y yo soy parte de ti”.8

“Amar a Ali es tener fe, y aborrecerle es hipocresía”.9
“Yo soy la ciudad del conocimiento y Ali es su puerta”.10

“Ali es el Wali (protector) de todos los creyentes después de mí”.11

“De todo aquel que yo sea su Señor, Ali es su señor. ¡Oh Allah! Sé amigo de sus amigos, y enemigo de sus enemigos”.12

Si quisiéramos indagar sobre todas las virtudes que el Profeta (BP) mencionó respecto a Ali, las cuales han sido narradas y aprobadas por nuestros sabios en sus libros, entonces necesitaríamos escribir un libro especial para ello.

Por lo tanto, ¿cómo ignoraron los Compañeros todos estos textos y lo insultaron, le declararon su enemistad y lo maldijeron desde los púlpitos de las mezquitas?, y ¿cómo pudieron combatir contra él y finalmente asesinarlo?

Traté en vano de encontrar una razón para el comportamiento de aquellas personas, pero no encontré nada excepto el apego a la vida mundanal y la rivalidad por ello, además de la hipocresía, el renegar del Islam y el volver sobre sus pasos (a la época de la gentilidad). También traté de atribuir la responsabilidad a un grupo de malos Compañeros y a algunos de los conocidos como hipócritas, pero lamentablemente no pudo ser, pues en esos sucesos estuvieron involucradas famosas e importantes personalidades de entre los Compañeros.

Por ejemplo, el primero que amenazó con quemar su casa (de Ali) -con quienes estuvieran en ella-, fue ‘Umar ibn Al-Jattab, y los primeros que lo combatieron fueron Talhah, Zubair, ‘Aishah bint Abi Bakr -Umm-ul Mu‘minin (La Madre de los Creyentes)-, Mu‘awiah ibn Abi Sufian, Amr ibn Al-Aas y muchos otros similares.

Mi sorpresa es muy grande y seguramente coincidirá conmigo todo pensador libre y con intelecto, pues ¿cómo los sabios Sunnis concuerdan en la igualdad de todos los Compañeros y piden que Allah esté complacido con todos ellos, y bendicen a todos sin excepción? Incluso algunos de ellos dicen: “Maldice a Iazid, pero no te excedas”.

¿Cuál es la real situación de Iazid en todas estas tragedias, que ninguna religión ni lógica pueden justificar? Me parece extraño que la gente Sunni, si es que realmente sigue la Sunnah (tradición) del Profeta, considere justo a quien el Sagrado Corán y la tradición del Profeta califican como corrupto, apóstata e incrédulo. El Mensajero de Allah (BP) dijo: “El que insulta a Ali, me insulta a mí. El que me insulta, está insultando a Allah, y el que insulta a Allah, será arrojado por Él en el Infierno”.13

Ese es el castigo para aquéllos que insultan a Ali, y eso sin mencionar el de aquéllos que lo combatieron y finalmente asesinaron. ¿Cuáles son las opiniones de nuestros sabios respecto a todos estos hechos?, ¿o acaso sus corazones están sellados?

«Di: ¡Oh Dios!, por favor, protégenos de las astucias de los demonios, y me refugio en Ti de que se me presenten».

2)Los Compañeros incluso alteraron las oraciones

Dijo Anas ibn Malik:

“Yo no conocía nada mejor, durante la vida del Profeta, que la oración”. Y continuó diciendo: “¿Acaso no la habéis tergiversado?”.

Az-Zahri dijo:

“Fui a ver a Anas ibn Malik en Damasco, y lo encontré llorando. Le pregunté: ‘¿Qué es lo que te hace llorar?’ Respondió: ‘De lo que he aprendido, no conozco nada mejor que las oraciones, y ahora han sido tergiversadas’”.14

Y para que nadie se imagine que fueron los Tabi‘in los que llevaron a cabo los cambios después de todas las intrigas y las guerras, me gustaría dejar en claro que el primero en hacer cambios en la Tradición del Profeta respecto a las oraciones fue el mismo Califa de los musulmanes, ‘Uzman ibn ‘Affan. Asimismo, Umm-ul Mu’minin ‘Aishah se vio envuelta en esos cambios.

Tanto Al-Bujari como Muslim, ambos Shaij afirmaron en sus libros que el Mensajero de Allah (BP) realizaba dos ciclos de oraciones en Mina, y Abu Bakr después de él; asimismo ‘Umar después de Abu Bakr, y también ‘Uzman al comienzo de su Califato, pero luego este último se apartó de la regla en el transcurso de su Califato, y comenzó a realizar cuatro ciclos15. Muslim, además, expresó en su libro que Az-Zahri le preguntó a ‘Urwah: “¿Por qué ‘Aishah hace sus oraciones completas durante el viaje?”. Éste respondió: “Ella interpretó de la misma manera en que lo hizo ‘Uzman”16.

‘Umar ibn Al-Jattab también solía interpretar y hacer dictámenes que contradecían los claros textos de la Tradición del Profeta, e incluso los textos evidentes del Sagrado Corán, sobre el cual juzgaba según su propia opinión, como él solía decir:

“Había dos Mut‘ah17 permitidos durante la vida del Mensajero de Allah, pero yo los prohibo, y castigo a quienes los realicen”.
Decía a quien estaba en estado de Yanabah (impureza por causas sexuales) y que no podía encontrar agua: “No ores”, a pesar de las palabras de Allah -el Altísimo- en Surat-ul Ma’idah:

«Y si no encontráis agua, entonces recurrid a tierra limpia»(Sagrado Corán 5:6)

Al-Bujari expresó en su libro, en un capítulo que trata sobre la Yanabah:

“Escuché a Shaqiq ibn Salmah, diciendo: “Estaba yo con ‘Abdullah y Abu Musa, y este último preguntó: “¡Oh Abu Rahman!, ¿qué dices tú sobre un hombre que está en estado de Yanabah y no puede encontrar agua?”. ‘Abdullah respondió: “No debe rezar hasta que encuentre agua”. Abu Musa entonces preguntó: “¿Qué opinas tú de lo que ‘Ammar preguntó al Profeta, por lo que él (BP) le respondió: ‘Te es suficiente la tierra’?”. ‘Abdullah dijo: “¿Acaso no has visto que ‘Umar no se convenció (con eso)?”. Abu Musa dijo: “Dejemos de lado lo que fue dicho a ‘Ammar, pero ¿qué dices sobre la aleya coránica?”. ‘Abdullah no supo qué responder, pero justificó su posición diciendo: “Si los dejamos hacer eso, entonces cada vez que el agua esté fría, se abstendrán de usarla para purificarse y en su lugar harán el Taiammum”.
Dije a Shaqiq: “‘Abdullah fue aborrecido por eso”. Él dijo: “Así es”18.

3) Los Compañeros testifican contra si mismos

Anas ibn Malik narró que el Mensajero de Allah (BP) dijo a los Ansar:

“Notaréis después de mí un gran egoísmo, pero sed pacientes hasta que encontréis a Allah y a Su Mensajero junto a la Fuente”.

Anas dijo: “Ciertamente que no fuimos pacientes”19.

Al-‘Ala ibn Al-Musaiiab escuchó a su padre decir: “Encontré a Bara ibn Azib -que Allah esté satisfecho de ellos-, y le dije: “Bendito seas, tú acompañaste al Profeta (BP) y le juraste fidelidad bajo el árbol (durante el pacto de Al-Hudaibiiah)”. Él dijo: “¡Oh sobrino! No sabes qué innovaciones hemos hecho después de él”.20

Este fue uno de los primeros Compañeros que juraron fidelidad al Profeta (BP) bajo el árbol, que se supone es “de entre quienes Allah está complacido y conoce lo que hay en sus corazones, por lo que les recompensará con una cercana victoria”; el cual testificó contra sí mismo y sus compañeros con “las innovaciones que ellos hicieron después de él”.

Este testimonio es una confirmación de lo que el Profeta (BP) predijo sobre lo que sus Compañeros harían después de él y que retrocederían sobres sus pasos.

Entonces, ¿cómo podría cualquier persona sensata, después de toda esta evidencia, creer en la rectitud de absolutamente todos los Compañeros, como sostienen los Sunnis?

El que cree eso, está, definitivamente, discrepando con la lógica y las correctas narraciones transmitidas, y no deja referente intelectual que el investigador pueda usar para llegar a la verdad.

4) El testimonio de los dos sheij contra si mismos

En un capítulo titulado: “Las virtudes de ‘Umar ibn Al-Jattab”, Al-Bujari escribió en su libro:

“Cuando ‘Umar fue apuñalado, sentía un gran dolor, e Ibn ‘Abbas quiso consolarlo diciéndole: “¡Oh Comandante de los Creyentes!, de todas maneras, tú acompañaste al Mensajero de Allah y fuiste un buen compañero para él, y cuando te dejó, él estaba muy satisfecho contigo. Luego acompañaste a Abu Bakr, y fuiste un buen compañero para él, y cuando te dejó, él estaba satisfecho contigo. Luego acompañaste a sus Compañeros y fuiste un buen compañero para ellos, y si los dejaras, estarían complacidos contigo”.

Él dijo: “En cuanto a lo que has mencionado respecto a mi compañía del Mensajero de Allah y su satisfacción conmigo, eso es una gracia que Allah -el Altísimo- me ha concedido. En cuanto a acompañar a Abu Bakr y su satisfacción conmigo, eso también es una gracia que Allah -Glorificado sea- me ha concedido. Pero la razón de la angustia en la que me ves, es por ti y tus compañeros. Por Allah, si yo tuviera todo el oro de la tierra, lo utilizaría para librarme a mí mismo del castigo de Allah -Poderoso e Imponente- antes de ir a Su encuentro”21.

Asimismo, la historia lo ha registrado diciendo lo siguiente:
“Desearía haber sido la oveja de mi familia, pues me habrían engordado todo lo que hubieran querido, hasta ser más gordo de lo que soy; y que cuando ellos hubieran sido visitados por sus amigos, me hubieran matado y asado parte de mí, y hubieran hecho “qadid” (carne en tiras seca al sol) de la otra parte; y que luego me hubieran comido y por último, arrojado como excremento... Desearía haber sido todo eso, y no un ser humano”.22

La historia también ha registrado a Abu Bakr diciendo algo similar a lo anterior: Cuando estaba observando un pájaro posado sobre un árbol, dijo:
“Bien hecho, pájaro... Tú comes las frutas; te posas sobre los árboles, y tus acciones no serán computadas ni tendrás castigo. Desearía haber sido un arbusto junto al camino, que un camello pasara por mi lado y me comiera, y que luego me arrojara como estiércol... Desearía haber sido todo eso, y no un ser humano”.23

En otra ocasión, también dijo:
“Desearía que mi madre no me hubiera dado a luz... Desearía haber sido una brizna de paja en el adobe”24.
Estos son algunos textos que usé como ejemplos.
Y he aquí al Libro de Allah que albricia a los creyentes diciendo:

«Ciertamente, los amigos de Allah no temerán ni estarán tristes. Creyeron y temieron a Allah. Albricias para ellos tanto en la vida mundanal como en la otra. No cabe alteración en las palabras de Allah. ¡Ese es el éxito grandioso!» (Sagrado Corán 10:62-64)

Allah, asimismo dice:

«A los que hayan dicho: “¡Nuestro Señor es Allah!”, y luego hayan perseverado, descenderán los ángeles: “¡No temáis ni estéis tristes! ¡Regocijaos, mas bien, por el paraíso que se os ha prometido! Somos vuestros protectores tanto en la vida mundanal como en la otra. Tendréis en ella todo cuanto vuestras almas deseen; todo cuanto pretendáis, de parte del Indulgente, Misericordioso» (Sagrado Corán; 41:30-32)

¿Cómo pudieron los dos Shaij, Abu Bakr y ‘Umar, desear no ser de la raza humana, a la cual Allah honró y dispuso por encima de toda Su creación? Hasta el creyente ordinario, que se mantiene en el sendero recto durante su vida, recibe a los ángeles para que éstos le albricien su lugar en el Paraíso, que no debe temer el castigo de Allah, ni estar triste por lo que deja tras de sí en la vida, y recibe las buenas nuevas estando en esta vida, antes de alcanzar la Otra.

Entonces, ¿cómo pudieron los grandes Compañeros, que son “lo mejor de la creación después del Mensajero de Allah” (de acuerdo a lo que se nos ha enseñado), desear ser excremento, cabello, paja o adobe, cuando los ángeles -supuestamente- les habían dado las buenas nuevas de que ellos irían al Paraíso? Entonces no tendrían que haber deseado tener todo el oro de la tierra para librarse a sí mismos del castigo de Allah, antes de ir a Su encuentro.
Allah -el Altísimo- dice:

«Si cada impío poseyera cuanto hay en la tierra, lo ofrecería como rescate. Disimularán su pena cuando vean el castigo. Se decidirá entre ellos con equidad y no serán tratados injustamente» (Sagrado Corán; 10:54)

También Allah dice:

«Aun si los impíos poseyeran todo cuanto hay en la tierra, y aun otro tanto, y lo ofrecieran como rescate el día de la Resurrección para librarse del mal castigo, Allah les hará aparecer aquéllo con que no contaban. Se les mostrará el mal que cometieron y se verán cercados por aquéllo de lo cual se burlaban» (Sagrado Corán; 39:47-48)

Hubiera deseado, sinceramente y con todo mi corazón, que estas aleyas coránicas no comprometieran a grandes Compañeros como Abu Bakr As-Siddiq y ‘Umar Al-Faruq.

A menudo hago una pausa cuando leo estos textos, pues aparecen algunos aspectos interesantes de sus relaciones con el Mensajero de Allah (BP), como lo atestiguan esas situaciones en que hubo demora y vacilación en acatar sus órdenes y pedidos, aun en los últimos momentos de su bendita y honorable vida, cuando le hicieron enojarse tanto, que les ordenó salir de su casa y dejarlo solo.

Además, recuerdo la serie de eventos que tuvieron lugar después de la muerte del Mensajero de Allah y el daño, perjuicio e ingratitud con que afligieron a su hija Az-Zahrá (P). El Mensajero de Allah (BP) dijo: “Fátima es parte de mí; el que la enfada me enfada a mí”.25

Fátima dijo a Abu Bakr y a ‘Umar: “Os pregunto en nombre de Allah -el Altísimo-: ¿No escuchasteis decir al Mensajero de Allah (BP): ‘La satisfacción de Fátima es mi satisfacción, y la ira de Fátima es la mía; el que ama a mi hija Fátima me ama, el que satisface a Fátima me satisface, y el que enfada a Fátima me enfada a mí?’” Ellos dijeron: “Sí, oímos eso del Mensajero de Allah (BP)”. Luego ella dijo: “Testifico ante Allah y Sus ángeles que me habéis enfadado y no me habéis complacido, y si me reúno con el Profeta, me quejaré ante él de vosotros”.26

Dejemos por lo pronto esta trágica historia que entristece los corazones. Tal vez Ibn Qutaibah, quien es considerado uno de los grandes sabios Sunnis, que fue un experto en muchas disciplinas, y que escribió muchos libros sobre interpretación del Corán, Hadiz, Lingüística, Gramática e Historia, bien pudo haberse convertido al Shi‘ismo, como me dijo una vez una persona terca cuando le mostré el libro de Ibn Qutaibah: Historia de los Califas.

Este es el tipo de propaganda que algunos de nuestros ‘Ulama utilizan cuando se les acaban los argumentos. Entonces, At-Tabari era un Shi‘a, y An-Nisa’i, quien escribió un libro sobre los diferentes aspectos de Imam Ali, era un Shi‘a, e inclusive Taha Husain, un sabio contemporáneo que escribió: Al-Fitnat-ul Kubra (La Gran Discordia), donde menciona el Hadiz de Al-Gadir y otras realidades, ¡¡también se hizo Shi‘a!!

El hecho es que todos éstos no sólo no se hicieron Shi‘as, sino que cuando hablaban sobre la Shi‘a decían toda clase de cosas vergonzosas sobre ella, y defendían la rectitud de los Compañeros con todas sus fuerzas. Pero cada vez que una persona menciona las virtudes de Ali ibn Abi Talib y reconoce los errores que fueron cometidos por los famosos Compañeros, imaginamos que se volvió Shi‘a.

Es suficiente decir delante de ellos, cuando se menciona al Profeta: “Las bendiciones de Allah sean sobre él y su familia”, o bien: “Ali; que la paz sea con él”, para que digan de ti que eres un Shi‘a. De acuerdo a esa premisa, un día durante un debate, le pregunté a uno de nuestros sabios: “¿Qué piensas sobre Al-Bujari?”. Dijo: “Es una de las principales autoridades en Hadiz (dichos proféticos), y nosotros consideramos su libro como el más correcto después del Libro de Allah, como todos nuestros sabios concuerdan”.

Le dije: “Él es un Shi‘a”. Él rió sarcásticamente y dijo: “¡¡Lejos está el Imam Al-Bujari de ser un Shi‘a!!”. Yo respondí: “¿No dijiste tú que todo aquel que dice: “Ali; que la paz sea con él”, es un Shi‘a?”. Respondió: “Así es”. Luego le enseñé a él y a aquellos con los que se encontraba, el libro de Al-Bujari, y los numerosos lugares donde aparece el nombre de Ali, a continuación del cual escribió: “Que la paz de Allah sea sobre él”, y de igual modo tras los nombres de Fátima (P) y de Al-Husain ibn Ali (P)27. El hombre no supo que decir.

Regresemos al incidente mencionado por Ibn Qutaibah en el cual se alega que Fátima se enfadó con Abu Bakr y ‘Umar. Si dudara de la autenticidad de esa historia, entonces estaría dudando de la autenticidad del libro de Al-Bujari al que nosotros consideramos el más correcto después del Libro de Allah.

Como nos hemos impuesto el hecho de que es correcto, entonces los Shi‘as tienen razón de usarlo en nuestra contra y ponernos como evidencia aquéllo en lo cual nosotros mismos nos hemos obligado a creer. Esto es lo que se entiende por imparcialidad, entre los que tienen intelecto.

En su libro, Al-Bujari escribe, en un capítulo titulado: “Las Virtudes de la Familia del Mensajero de Allah (BP)”, lo siguiente: “El Mensajero de Allah (BP) dijo: ‘Fátima es parte de mí, y todo aquel que la enfada, me enfada a mí’. Asimismo, en un capítulo sobre “La Conquista de Jaibar”, escribió:

“Fue transmitido por ‘Aishah que Fátima -que la paz de Allah sea con ella-, la hija del Profeta (BP), envió un mensaje a Abu Bakr pidiéndole su parte de la herencia del Mensajero de Allah28, pero él se rehusó a entregarle algo. Fátima se enfadó tanto con Abu Bakr, que se mantuvo alejada de él y nunca más le dirigió la palabra hasta su muerte”29.

El resultado final, que Al-Bujari menciona brevemente, e Ibn Qutaibah habla de él con algunos detalles, es que: “El Mensajero de Allah (BP) se enfadaba cuando Fátima estaba enfadada, y estaba satisfecho cuando Fátima estaba satisfecha; y el hecho es que ella murió estando enfadada con Abu Bakr y ‘Umar”.

Si Al-Bujari dijo: “Ella murió estando enfadada con Abu Bakr, pues no le habló hasta su muerte”, entonces el significado es bastante claro. Si Fátima es “la Señora de las Mujeres del Universo”, como Al-Bujari declaró en la sección Al-Isti‘dhan; y si Fátima es la única mujer en esta comunidad de quien Allah alejó la impureza y purificó sobremanera, entonces su enfado no puede ser sino justo; en consecuencia, Allah y Su Mensajero se enfadan por su enfado.

Abu Bakr dijo: “Que Allah -el Altísimo- me proteja de Su Propia ira, y de la tuya ¡oh Fátima!”. Luego lloró amargamente, y ella dijo: “Por Allah que suplicaré contra ti en cada oración que realice”. Él salió llorando y diciendo: “¡No necesito vuestro juramento de fidelidad!, eximidme de mis obligaciones”30.

Muchos de nuestros historiadores y sabios admiten que Fátima -la paz de Allah sea con ella- disputó con Abu Bakr en muchos casos tales como las donaciones, la herencia y las partes de los familiares; pero sus reclamos fueron rechazados, y ella murió estando enfadada con él.

No obstante, nuestros sabios pasan por alto estos incidentes y no quieren hablar de ellos, a fin de preservar la integridad de Abu Bakr, como es su costumbre. Una de las cosas sorprendentes que he leído en relación a este tema, es lo que uno de los escritores dijo después de mencionar el incidente con algunos detalles: “Lejos estuvo Fátima de exigir algo sobre lo cual no tuviera derecho y lejos estuvo Abu Bakr de negarle sus derechos”.

El autor supuso que a través de su débil razonamiento podría resolver el problema y convencer a los investigadores. Sus palabras fueron como decir: “Lejos está el Sagrado Corán de decir algo excepto la verdad, y lejos estuvieron los hijos de Israel de adorar el becerro”. Hemos conocido sabios que hablan sobre lo que no entienden y que creen simultáneamente en la tesis y en su antítesis.

El punto es que Fátima hizo reclamaciones y Abu Bakr las rechazó, por lo tanto, o bien ella era una mentirosa -me amparo en Allah por decir eso, pues lejos estuvo de serlo- o Abu Bakr fue un opresor para con ella. No puede haber una tercera solución para este caso, como algunos de nuestros sabios desearían.

Las correctas narraciones transmitidas y los lógicos argumentos, impiden aceptar que “la Señora de las Mujeres del Universo” haya sido una mentirosa, pues su padre, el Mensajero de Allah, dijo: “Fátima es parte de mí, y quien sea que la lastima me lastima”.

Y por lógica uno acepta que una persona que miente no es digna de tal dicho de parte del Mensajero de Allah (BP). Por consiguiente, el dicho mismo es un claro indicio de su infalibilidad respecto a la mentira y otros actos vergonzosos. La aleya de la purificación que está en el Sagrado Corán es otro indicio de su impecabilidad, habiendo sido revelada en su honor y en honor de su esposo y de sus dos hijos, como ‘Aishah testificó31.

En consecuencia, no les queda a los sensatos sino reconocer el hecho de que ella fue tratada injustamente, y que sólo pudo ser desmentida en su demanda por quienes amenazaron con quemar su casa si es que no salían de ella los que se oponían a jurarles fidelidad32.

A causa de todo eso, Fátima -que la paz de Allah sea con ella- negó la entrada a su casa a Abu Bakr y a ‘Umar cuando ellos le pidieron su permiso. Incluso, cuando Ali les permitió entrar, dio vuelta su cara hacia la pared y se negó a mirarlos33. Además, antes de morir, pidió ser sepultada secretamente y en la noche, a fin de que ninguno de ellos pudiera estar presente en su funeral34, y hasta este día, la tumba de la hija del Profeta, se desconoce.

Yo me pregunto: ¿Por qué nuestros sabios callan estas realidades y no las quieren investigar y ni siquiera mencionar, mientras nos dibujan la imagen de los Compañeros del Enviado de Allah (BP) como si fueran ángeles que nunca se equivocan ni cometen pecados?

Si llegas a preguntar cómo fue asesinado el Califa de los Musulmanes, ‘Uzman, “el Poseedor de las Dos Luces”, te responderán que fueron los egipcios -siendo incrédulos- quienes fueron y lo mataron. De esa manera terminan con el tema en dos frases.

...Pero cuando tuve la oportunidad de investigar y leer la historia, encontré que entre los principales asesinos de ‘Uzman se están los Compañeros mismos, precedidos por Umm-ul Mu’minin ‘Aishah, quien convocaba públicamente a matarlo diciendo:

“Maten a Na‘zal35, pues se ha vuelto incrédulo”36.
Asimismo encontramos que Talhah y Zubair, Muhammad ibn Abi Bakr y otros famosos Compañeros, cercaron su palacio impidiendo que le llegara el agua para forzarlo a dimitir. También los historiadores nos informan que no permitieron que su cuerpo fuera enterrado en un cementerio islámico, y que fue finalmente sepultado en “Hash Kawkab” (lugar fuera del cementerio Al-Baqi‘), sin purificar su cuerpo y sin mortaja.

¡Glorificado sea Allah! ¿Cómo pueden decirnos ahora que él fue injustamente asesinado, y al mismo tiempo que aquéllos que lo mataron no eran musulmanes? Este es otro caso similar a aquél de Fátima y Abu Bakr, pues, o bien ‘Uzman fue un oprimido, ante lo cual podemos determinar que aquellos Compañeros que lo mataron o que participaron en su asesinato eran asesinos y criminales, pues mataron injustamente al Califa de los musulmanes y siguieron su cortejo fúnebre solo para arrojarle piedras, humillándolo así, tanto en vida como después de su muerte; o bien los Compañeros lo mataron porque él cometió ciertos actos que eran incompatibles con el Islam, como las fuentes históricas nos relatan.

No hay una tercera posibilidad, a menos que desmintamos las realidades históricas y aceptemos aquella falsedad sobre que los egipcios -siendo incrédulos- fueron los que asesinaron a ‘Uzman. En ambos casos hay una definitiva negación de que todos los Compañeros eran rectos y justos sin excepción, ya que, o ‘Uzman era injusto, o bien sus asesinos lo eran, pero todos ellos eran Compañeros, así que lo que invocamos (acerca de los Compañeros) se vuelve nulo y sólo permanece aquello que invocan los Shi‘as, quienes sostienen que tan solo algunos de los Compañeros eran rectos, y excluyen a los demás.

Podemos hacer unas cuantas preguntas sobre la guerra de Al-Yamal (El Camello), que fue provocada por Umm-ul Mu’minin ‘Aishah, y que incluso fue ella misma la que lideró su ejército: ¿Cómo pudo Umm-ul Mu’minin ‘Aishah dejar su casa en la cual Allah le ordenó permanecer, cuando el Altísimo se dirige a las esposas del Profeta diciendo:

«...Y permaneced en vuestros hogares, y no os engalanéis como lo hacían las de la época de la gentilidad»? (Sagrado Corán; 33:33).

También podemos preguntar: ¿Con qué derecho ‘Aishah se permitió declarar la guerra al Califa de los musulmanes, Ali ibn Abi Talib, quien es “el Wali de todo creyente y de toda creyente”? Como de costumbre, nuestros sabios, con alguna simplicidad, nos responden que ella aborrecía al Imam Ali porque él le había recomendado al Mensajero de Allah que se divorciara de ella en el incidente de Al-Ifk 37.

Aparentemente estas personas quieren convencernos de que aquel incidente -si es que fue verdadero- en el que Ali le recomendó al Profeta que se divorciara de ‘Aishah, es suficiente para que ella pudiera desobedecer las órdenes de Dios y de Su Enviado, y montar un camello al cual el Mensajero de Allah le había prohibido montar, del mismo modo que le había advertido que no fuera ella a quien le ladraran los perros de Al-Hawab (un suceso que ocurriría)38.

‘Aishah viajó grandes distancias: desde Medina hasta La Meca, y de allí hacia Basrah; provocó el asesinato de gente inocente e inició una guerra contra Amir Al-Mu’minin (El Comandante de los Creyentes) y contra los Compañeros que le juraron fidelidad. Ella originó la muerte de miles de musulmanes, según afirman los historiadores39. Hizo todo eso porque aborrecía a Ali, quien le recomendó al Profeta que se divorciara de ella, aun cuando él (BP) no lo hizo. Así que, ¿por qué todo ese rencor hacia Imam Ali?

Los historiadores han registrado algunas posiciones hostiles hacia Ali que no pudieron ser explicadas, como cuando ‘Aishah regresaba de La Meca, y al ser informada en el camino que ‘Uzman había sido asesinado, se alegró enormemente; pero cuando supo que la gente había jurado fidelidad a Ali, se enojó muchísimo y dijo después: “Hubiera deseado que el cielo se cerrara sobre la tierra antes de que el hijo de Abu Talib sucediera al Califato”. Luego dijo: “Regrésenme”, y comenzó a encender el fuego de la fitnah (sedición) para organizar una revuelta contra Ali, cuyo nombre ella nunca quería mencionar, como muchos historiadores concuerdan.

¿Acaso Umm-ul Mu’minin no había escuchado el dicho del Mensajero de Allah (BP): “Amar a Ali es tener fe, y aborrecerle es hipocresía”40, hasta el punto que algunos Compañeros solían decir: “Reconocíamos a los hipócritas por su rencor hacia Ali”? ¿Acaso no había escuchado Umm-ul Mu’minin el dicho del Profeta (BP): “De quien yo sea su señor, Ali es su señor...”? No cabe duda de que ella escuchó todo eso, y aun así no lo quería ni mencionaba su nombre, e incluso cuando supo de su muerte, se prosternó en señal de agradecimiento a Allah41.

No quisiera seguir con esto, pues no deseo discutir la vida de Umm-ul Mu’minin ‘Aishah, pero quiero demostrar cómo muchos Compañeros violaron los principios del Islam y desobedecieron las órdenes del Mensajero de Allah (BP).

Sobre la fitnah de Umm-ul Mu’minin me es suficiente tan solo una prueba recopilada por todos los historiadores: Dijeron que cuando ‘Aishah pasó junto a las aguas de Al-Hawab, y oyó que le ladraban los perros, recordó la advertencia de su esposo, el Mensajero de Allah (BP) y su prohibición de montar aquel camello, por lo que lloró y dijo: “¡Regrésenme, regrésenme...!”. Pero Talhah y Zubair se presentaron ante ella con cincuenta hombres, a quienes dieron una buena retribución para que le juraran que esas aguas no eran las aguas de Al-Hawab. Mas tarde ella continuó su viaje hasta que llegó a Basrah. Los historiadores afirman que éste fue el primer falso testimonio en la historia del Islam 42.

¡Oh Musulmanes! Vosotros que tenéis intelecto, indicadme la forma de resolver este problema. ¿Estos son los honorables Compañeros a quienes siempre atribuimos rectitud, y ¡las mejores personas después del Mensajero de Allah (BP)!? ¿Cómo pudieron dar un falso testimonio cuando el Mensajero de Allah consideraba esto como uno de los grandes pecados, cuyo castigo es el Infierno?

La misma pregunta retorna y se repite siempre: ¿Quién estaba con la verdad y quién con la falsedad? ¿Acaso Ali y quienes estaban con él eran inicuos y estaban errados? ¿O acaso ‘Aishah y quienes estaban con ella y con Talhah y Zubair? No hay una tercera posibilidad. Pero yo no dudo de que el investigador equitativo se inclinará por la legitimidad del derecho de Ali, quien llevaba la verdad donde sea que fuere, oponiéndose a la fitnah (Umm-ul Mu’minin ‘Aishah) y a sus seguidores, los cuales encendieron el fuego de la guerra civil que desbastó la nación, y cuyas trágicas huellas permanecen hasta el presente.

Para abundar en la investigación, y para dejar en paz mi corazón, mencionaré aquí lo que Al-Bujari escribió en su Sihah, en el capítulo: “La fitnah que se agita como una ola en el mar”:
“Cuando Talhah, Zubair y ‘Aishah viajaron a Basrah, Ali envió a ‘Ammar ibn Iasir y a Al-Hasan ibn Ali hacia Kufa. A su llegada, subieron al mimbar, ubicándose Al-Hasan ibn Ali en lo más alto, y un poco más abajo suyo, ‘Ammar. Nos congregamos y escuchamos a ‘Ammar que decía: “‘Aishah ha ido a Basrah... y por Allah, ella es la esposa de vuestro Profeta tanto en esta vida como en la otra; pero, Allah, Altísimo y Glorificado, os pone a prueba para que se sepa si es a Él a quien obedecéis, o a ella”43.

Al-Bujari también escribió en su libro un capítulo respecto a las casas de las esposas del Profeta:

“Cierta vez el Profeta (BP) estaba dando una disertación, y señaló hacia la casa donde ‘Aishah vivía; luego dijo: ‘Allí está (el núcleo de) la fitnah... Allí está la fitnah... Allí está la fitnah... de donde saldrá el cuerno de Satanás...’44

Asimismo, Al-Bujari escribió sobre ella cosas asombrosas y extrañas acerca de su mala educación para con el Profeta, hasta el punto que su padre tuvo que golpearla hasta que ésta sangró. También escribió sobre su insulto hacia el Profeta hasta que Allah la amenazó con el divorcio y con cambiarla por alguien mejor... Pero éstas son otras historias cuya explicación se haría larga.

Después de todo eso, yo pregunto: ¿Cómo logró ‘Aishah todo ese respeto por parte de los Sunnis? ¿Acaso lo logró porque ella era la esposa del Profeta? Pero él tuvo muchas esposas, y algunas de ellas fueron mejores que ‘Aishah, como el Profeta mismo declaró45. ¡O quizás porque ella era la hija de Abu Bakr! O puede ser porque ella jugó un importante papel en negar la sucesión del Profeta a Ali, y cuando se le dijo que el Profeta recomendó a Ali, llegó a decir: “¿Quién dijo eso? Yo estaba con el Profeta (BP) apoyando su cabeza sobre mi regazo; luego él me pidió que le llevara el lavatorio, y cuando me alejé, murió, así que no sé como pudo dar la sucesión a Ali”46.

O tal vez sea porque ella luchó contra él, y después contra sus hijos, una guerra sangrienta, llegando a interrumpir la procesión funeral de Al-Hasan -el Señor de los Jóvenes del Paraíso- prohibiendo su entierro al lado de su abuelo, el Mensajero de Allah, y diciendo: “¡No permito que hagáis entrar a mi casa a quien no quiero!”, olvidando, o pretendiendo desconocer los dichos del Mensajero de Allah (BP) sobre él y su hermano:

“Al-Hasan y Al-Husain son los Señores de los Jóvenes del Paraíso”, y: “Allah ama a aquellos que los aman, y Allah odia a aquellos que los odian”. O su dicho: “Yo estoy en guerra con quien os combate, y estoy en paz con quien os es pacífico”.

Y hay muchos otros dichos de los que no soy el apropiado para hablar... ¿Cómo podría ser de otra manera, desde que ambos fueron sus dos flores de exquisito aroma de esta comunidad?

No es extraño (el trato de ‘Aishah hacia los hijos de Imam Ali), pues aunque ella escuchó mucho más que eso acerca de los derechos de Ali, y a pesar de la advertencia del Profeta, estaba determinada a combatirlo, a agitar a la gente en su contra y a negar su superioridad y virtudes. A causa de ello, los Omeyas la estimaban, la colocaron en esa alta posición de la cual no era merecedora, relataron virtudes falsas acerca de ella y la convirtieron en la fuente más importante de referencia para la comunidad islámica, afirmando que ella sola poseía la mitad de la religión.

Quizás ellos asignaron la segunda mitad de la religión a Abu Hurairah, quien les narraba lo que querían oír; por lo tanto, le brindaron varios honores. Le dieron el gobierno de Medina, le construyeron el palacio de Al-Aqiq después de que ya estaba en ruinas, y le dieron el título de “Rawiat-ul Islam” -el Transmisor del Islam-. Éste facilitó a los Omeyas la creación de una religión completamente nueva que no tenía del Libro de Allah y de la Sunnah de Su Enviado excepto aquello que no estaba en contra de sus intereses y concupiscencias, y que reforzaba su reinado y poderío.

Es natural que esta religión, como si fuera un juego o una burla, estuviera repleta de contradicciones y supersticiones. Con eso velaron las realidades y las reemplazaron por mentiras. Forzaron y engañaron a la gente para que creyera en estas mentiras, hasta que la religión de Allah se transformó en una simple comedia a la que no se otorgaba valor, donde nadie temía a Allah tanto como se temía a Mu’awiah.

Cuando les preguntamos a algunos de nuestros sabios el por qué de la guerra de Mu’awiah contra Ali, siendo que a este último le habían jurado fidelidad tanto los Muhayirin como los Ansar; una guerra terrible que causó la división de los musulmanes en Sunnis y Shi‘as y que dejó un desgarramiento tal que no ha cicatrizado hasta el día de hoy, ellos, como es su costumbre, responden diciendo: “Ali y Mu’awiah fueron ambos buenos Compañeros que hicieron Iytihad (opinión obtenida con análisis y esfuerzo intelectual). En cuanto a Ali, hizo Iytihad y acertó, por lo tanto es digno de dos recompensas; y en cuanto a Mu’awiah, hizo Iytihad y se equivocó, por lo tanto es digno de una sola recompensa. No está en nuestro derecho juzgar en favor o en contra de ellos. Allah -el Altísimo- dice:

«Esa es una comunidad ya desaparecida. Ha recibido lo que merecía, como vosotros recibiréis lo que merezcáis y no seréis preguntados por lo que ellos hicieron» (Sagrado Corán; 2:134)

Lamentablemente, así son nuestras respuestas; tan débiles que ninguna mente sensata, ni religión, ni seguramente ninguna ley aceptarían. ¡Oh Allah! Yo soy inocente de esas opiniones que son solo palabrerías necias y caprichos desviados. Te pido que me protejas de las sugestiones de los demonios y de que se me presenten.

¿Cómo puede una mente sensata considerar que Mu’awiah hizo Iytihad, y que es digno de una recompensa por su guerra contra el líder de todos los musulmanes y por el asesinato de miles de inocentes creyentes, además de los crímenes que cometió y que sólo Allah puede enumerar? Es bien conocido entre los historiadores por haber asesinado a sus oponentes dándoles de comer miel envenenada, y por decir: “¡Allah tiene soldados hechos de miel!”.

¿Cómo pueden estas personas considerarlo un hombre que hizo Iytihad, y otorgarle una recompensa por eso, cuando fue el líder de un grupo opresor? Hay un hadiz muy conocido del Profeta, y la mayoría de los sabios concuerda en su autenticidad: “¡Pobre de ‘Ammar!.. Él será asesinado por un grupo opresor”. ¿Y acaso no fue asesinado por Mu’awiah y sus seguidores?

¿Cómo pueden considerar que actuó correctamente haciendo Iytihad, cuando asesinó a Huyr ibn Adi y a sus compañeros y los sepultó en Marj ‘Azra’, en el desierto de Siria, porque se negaron a maldecir a Ali Abi Talib?

¿Cómo pueden considerarlo un justo Compañero cuando asesinó a Al-Hasan ibn Ali, el Señor de los Jóvenes del Paraíso, envenenándolo?

¿Cómo pueden considerarlo una persona honorable, después de que tomó el juramento de fidelidad de la comunidad por la fuerza y la coerción, primero para él mismo y luego para su corrupto hijo Iazid como su sucesor, y cambió el sistema de Shurah (consulta) por una monarquía hereditaria?47

¿Cómo pueden considerar que hizo Iytihad y juzgar que por ello fue recompensado, después de que, desde los púlpitos, forzó a la gente a maldecir a Ali y a Ahl-ul Bait -la descendencia del Profeta elegido-, asesinó a aquellos Compañeros que se rehusaron a hacerlo, e hizo del acto de maldecir a Ali una tradición?

Ua la haula ua la quwata illa billahil ‘aliil ‘azim
No hay poder ni fuerza excepto en Allah, Altísimo, Majestuoso

La misma pregunta retorna y se repite siempre; y otra vez: ¿Cuál de las dos facciones era correcta, y cuál estaba errada? ¿Acaso Ali y sus seguidores eran inicuos y estaban errados, o Mu’awiah y sus seguidores? Ciertamente que el Mensajero de Allah (BP) dejó todo en claro.

En ambos casos, el problema de la rectitud de todos los Compañeros sin excepción, se torna absurdo y es incompatible con la sana lógica.

Para todos estos temas, hay tantos ejemplos, que sólo Allah puede enumerar, y si yo quisiera estudiarlos en detalle y discutirlos en todos sus aspectos, entonces necesitaría muchos volúmenes. Pero quise ser breve en este estudio, así que sólo mencioné unos cuantos ejemplos, pero gracias a Allah, han sido suficientes para refutar las pretensiones de mi gente, que estancó mi pensamiento por un período de tiempo, al prohibirme considerar los hadices y sucesos históricos con una mirada analítica, usando el intelecto y los criterios legales que nos enseña el Sagrado Corán y la honorable Tradición del Profeta.

Debido a ello, debo rebelarme contra mí mismo y librarme de los rencores del fanatismo en el cual me envolvieron. Debo liberarme de todas las cadenas y grilletes con los que he estado atado por más de veinte años, pues mi conciencia dice:

«¡Ojalá mi gente supiera que mi Señor me ha perdonado y me ha colocado entre los honrados!» (Sagrado Corán; 36:26-27)

Desearía que mi gente pudiera descubrir ese mundo que ignora... pero al que sin embargo se oponen sin conocerlo.

  • 1. ‘Id Al-Fitr: Festividad del Fin del Ayuno del mes de Ramadán.
  • 2. ‘Id Al-Ad-ha: Festividad del Sacrificio que marca la finalización de la Peregri­nación.
  • 3. Musal-la: Lugar donde se realiza el rezo con gran cantidad de gente, y que no necesariamente es una Mezquita.
  • 4. Sahih Al-Bujari, Vol. 1, p. 122 (la sección de Al-‘Idain - “Las Dos Festividades”).
  • 5. Al-Jilafah wal-Mulk, por Abu Al-A‘la Al-Mawdudi. P. 106.
  • 6. Sahih Muslim, Vol. 1, p. 61.
  • 7. Sahih Al-Bujari, Vol. 2, p. 305. Sahih Muslim, Vol. 2, p. 360. Mustadrak Al-Hakim, Vol. 3, p. 109.
  • 8. Sahih Al-Bujari, Vol. 2, p. 76. Sahih At-Tirmidhi. Vol. 5, p. 300. Sunan Ibn Mayah, Vol. 1, p. 44.
  • 9. Sahih Muslim, Vol. 1, p. 61. Sunan An-Nisa’i, Vol. 6, p. 117. Sahih At-Tirmidhi, Vol. 8, p. 306.
  • 10. Sahih At-Tirmidhi, Vol. 5, p. 201. Mustadrak Al-Hakim, Vol. 3, p. 126.
  • 11. Musnad Imam Ahmad, Vol. 5, p. 25. Mustadrak Al-Hakim, Vol. 3, p. 134. Sahih At-Tirmidhi, Vol. 5, p. 296.
  • 12. Sahih Muslim, Vol. 2, p. 362. Mustadrak Al-Hakim. Vol. 3, p. 109. Musnad Al-Imam Ahmad, Vol. 4, p. 281.
  • 13. Mustadrak Al-Hakim, Vol. 3, p. 121. Jasa’is An-Nisa’i, P. 24. Musnad Al-Imam Ahmad, Vol. 6, p. 33. Al-Manaqib, por Al-Joarizmi, P. 81. Ar-Riiad Adh-Dhajrah, por At-Tabari, Vol. 2, p. 219. Ta’rij As-Suiuti, P.73.
  • 14. Sahih Al-Bujari, Vol. 1, p. 74.
  • 15. Sahih Al-Bujari, Vol. 2, p. 154. Sahih Muslim, Vol. 1, p. 260.
  • 16. Sahih Muslim, Vol. 2, p. 143. Sección acerca del Rezo de los Viajeros.
  • 17. I) Mut‘at-un Nisa’ o Matrimonio por Tiempo Indeterminado. II) Mut‘at-ul Hayy: ‘Umar prohibió tomar a la mujer durante todo el curso de la Peregrinación, mientras que el Profeta lo permitía cuando se estaba fuera del estado de Ihram.
  • 18. Sahih Al-Bujari, Vol. 1, p. 54.
  • 19. Sahih Al-Bujari, Vol. 2, p. 135.
  • 20. Sahih Al-Bujari, Vol. 3, p. 32. Capítulo sobre la Batalla de Al-Hudaibiiah.
  • 21. Sahih Al-Bujari, Vol. 2, p. 201.
  • 22. Minhay-us Sunnah, por Ibn Taimiiah, Vol. 3, p. 131. Hiliat-ul Awliia’, por Abi Nuaim, Vol. 1, p. 52.
  • 23. Ta’rij At-Tabari, P. 41. Ar-Riiad-un Nadirah, Vol. 1, p. 134. Kanz-ul ‘Ummal, p. 361. Minhay-us Sunnah, por ibn Taimiiah, Vol. 3, p. 120.
  • 24. Ta’rij At-Tabari, P. 41. Ar-Riiad-un Nadirah, Vol. 1, p. 134. Kanz-ul ‘Ummal, p. 361. Minhay-us Sunnah, por ibn Taimiiah, Vol. 3, p. 120.
  • 25. Sahih Al-Bujari, Vol. 2, p. 206. Capítulo sobre las virtudes de la familia del Mensajero de Allah (BP).
  • 26. Al-Imamah was-Siiasah, por Ibn Qutaibah, Vol.1, p. 20. Fadaq fit-Ta’rij, Pág. 92.
  • 27. Sahih Al-Bujari, Vol. 1, pp. 127 y 130; Vol.2, pp.126 y 205.
  • 28. Durante su vida, el Profeta (BP) obsequió a Fátima las tierras de labor junto a Fadak (una pequeña ciudad cercana a Medina). Tras su muerte, le fueron negadas a Fátima, entonces ella pidió que se las legaran como herencia. Abu Bakr se negó. Para la tradición Shi‘a, Fadak representa el símbolo del rechazo injusto. Para mayor información, ver: Luz de la Eternidad, por Ya‘far Subhani, P. 336. (N. de T.).
  • 29. Sahih Al-Bujari, Vol. 3, p. 39.
  • 30. Ta’rij Al-Julafa, por Ibn Qutaibah, Vol. 1, p. 20.
  • 31. Sahih Muslim, Vol. 7, pp. 121 y 130.
  • 32. Ta’rij Al-Julafa, Vol. 1, p .20.
  • 33. Ibíd.
  • 34. Sahih Al-Bujari, Vol. 3, p. 39.
  • 35. Na‘zal era una persona con un extraordinario parecido a ‘Uzman ibn ‘Affan, razón por la cual ‘Aishah solía llamar de esa manera al 3º Califa (N. del T.).
  • 36. Ta’rij At-Tabari, Vol. 4, p. 407. Ta’rij ibn Al-Azir, Vol. 3, p. 206. Lisan-ul ‘Arab, Vol. 14, p. 193. Tay-ul ‘Arus, Vol. 8, p. 141. Al-’Aqd-ul Farid, Vol. 4, p. 290.
  • 37. Donde ‘Aishah fue acusada falsamente de adulterio. Para mayor información, ver: Luz de la Eternidad, por Ya‘far Subhani, Pág. 281, en el capítulo: “Relato de una Calumnia”. (N. del T.).
  • 38. Al-Imamah was-Siiasah.
  • 39. At-Tabari, Ibn Al-Azir, Al-Mada’ini y otros historiadores que escribieron sobre los eventos del año 36 de la Hégira.
  • 40. Sahih Muslim, Vol. 1, p. 48.
  • 41. At-Tabari e Ibn Al-Azir, en “La Gran Fitnah”, y todos aquellos historiadores que escribieron sobre los eventos del año 40 de la Hégira.
  • 42. At-Tabari, Ibn Al-Azir, Al-Mada’ini y otros historiadores que escribieron sobre los eventos del año 36 de la Hégira.
  • 43. Sahih Al-Bujari, Vol. 4, p. 161.
  • 44. Sahih Al-Bujari, Vol. 2, p. 128.
  • 45. Sahih At-Tirmidhi, Al-Isti‘ab y Al-Isabah (biografías de Umm-ul Mu’minin Saffiah).
  • 46. Sahih Al-Bujari, Vol. 3, p. 68. Capítulo sobre la enfermedad y muerte del Profeta.
  • 47. Ver: Al-Jilafah wal Mulk, de Al-Mawdudi. Iawm-ul Islam, de Ahmad Amín.

El comienzo del cambio

Permanecí confuso y perturbado durante tres meses, aun estando dormido, y mis ideas disputaban entre sí, mientras se agitaban dentro mío las presunciones y conjeturas.

Temía por mi alma a causa de los Compañeros, cuyas vidas yo estaba investigando, pues encontré muchas contradicciones sorprendentes en su comportamiento, siendo que a lo largo de mi vida yo había recibido una educación basada en el respeto y veneración por aquellos considerados amigos de Allah y más sinceros de entre Sus siervos, quienes podrían perjudicar a aquél que hablara mal sobre ellos o les faltara el respeto, incluso en su ausencia o estando muertos.

Yo había leído una vez en Haiat-ul Haiauan-ul Kubra, por Ad-Damiri:
“Un hombre viajaba en una caravana, y durante el viaje se mantuvo insultando a ‘Umar. Sus compañeros trataron de prevenirle contra ello. Cuando este hombre fue a orinar, una serpiente negra lo mordió y murió inmediatamente. Cuando cavaron su tumba, encontraron una serpiente negra dentro de ella. Cavaron otra, y sucedió lo mismo, y cada vez que ellos cavaban una nueva tumba, encontraban una serpiente dentro de ella. Luego un hombre sabio les dijo: ‘Sepultadlo donde sea que queráis; aun si cavarais en la tierra entera, encontraríais una serpiente negra. Eso es porque Allah quiere castigarlo en la vida mundanal antes que en la otra, por insultar a nuestro señor ‘Umar’”.

De este modo, mientras estaba esforzándome a través de esta difícil búsqueda, me sentí temeroso y confundido, especialmente porque aprendí en Az-Zaitunah que los mejores Califas fueron Abu Bakr As-Siddiq, luego ‘Umar ibn Al-Jattab Al-Faruq, por medio de quien Allah solía separar lo verdadero de lo falso; después de él ‘Uzman ibn ‘Affan Dhun Nurain, ante cuya presencia los ángeles del Misericordioso se sentían vergonzosos, y después de él Ali ibn Abi Talib, la Puerta de la Ciudad del Conocimiento.

Después de estos cuatro siguen los restantes seis de los diez a quienes se les prometió el Paraíso, que son Talhah, Zubair, Sa‘ad, Sa‘id, ‘Abdur Rahman y Abu ‘Ubaidah. Después de ellos siguen todos los Compañeros.

Continuamente nos enseñaban este argumento junto con la aleya: «No diferenciamos entre ninguno de Sus mensajeros», como una premisa de la obligación de tener la misma opinión sobre cada uno de los Compañeros, sin excepción.

Debido a ello yo temía por mi alma y le pedía perdón a mi Señor en muchas ocasiones, en las que quería dejar la investigación de asuntos como esos que me hacían dudar de los Compañeros del Mensajero de Allah, y que luego me hacían dudar de mi propia religión.

Durante aquel período, a través de mis conversaciones con algunos ‘Ulama, encontré muchas contradicciones que no podían ser aceptadas por personas sensatas. Ellos comenzaron a advertirme que si continuaba con mi investigación sobre los Compañeros, Allah me despojaría de Su gracia y me aniquilaría.

Su continua testarudez y negación de todo lo que yo decía, forzaron mi curiosidad científica y mi deseo por llegar a la verdad, y a lanzarme nuevamente a la investigación, pues sentía una fuerza interior que me instaba a ello.

Un diálogo con un sabio

Dije a uno de nuestros sabios:
- Aun cuando Mu‘awiah asesinó al inocente y difamó a gente de honor, ustedes consideran que él hizo Iytihad y que se equivocó, por lo tanto merece una sola recompensa. Aun cuando Iazid asesinó a los descendientes del Mensajero y dio luz verde a su ejército para hacer en Madinat-ul Munawarah lo que sus ambiciones y deseos quisiesen, ustedes consideran que él hizo Iytihad y se equivocó, por lo que merece una sola recompensa. Inclusive, algunos de ustedes dicen que “Al-Husain fue asesinado con la espada de su abuelo”, para justificar (en cierto modo) la acción de Iazid.

Entonces, ¿por qué no debo yo hacer Iytihad a través de este estudio, aun cuando me lleve a dudar de los Compañeros y perjudique el honor de algunos de ellos, lo cual no sería nada en comparación con los asesinatos de la purificada familia del Profeta perpetrados por Mu‘awiah y Iazid? Si yo estuviera en lo cierto, tendría dos recompensas, y si estuviera equivocado tendría “una sola”.

No obstante, mi crítica hacia los Compañeros no es con el objeto de insultarlos, injuriarlos o maldecirlos, sino que solamente es un medio a través del cual deseo llegar a la verdad, para saber cuál es el grupo correcto y cuál el errado. Ésta es mi obligación y la de cada musulmán, y Allah -Alabado sea- conoce los secretos y lo que hay dentro de nosotros.

El sabio entonces me respondió:
- ¡Oh hijo mío!, la puerta del Iytihad ha sido cerrada en el tiempo.
- ¿Quién la ha cerrado? -pregunté.
- Los cuatro Imames (los fundadores de los cuatro escuelas Sunnis).
- Y yo expresé con libertad: ¡Alabado sea Allah! Ya que ni Allah ni Su Mensajero la han cerrado, ni los Califas Correctamente Guiados, a quienes “se nos ordenó seguir”; entonces no hay restricciones sobre mí para hacer Iytihad, como ellos mismos (los cuatro Imames) lo hicieron.

- Él dijo: Tu no puedes hacer Iytihad a menos que conozcas diecisiete disciplinas, entre ellas: Tafsir (Exégesis del Sagrado Corán), Lingüística, Sintaxis Gramatical, Sarf (Morfología), Retórica, Hadices, Historia, y otras.

- Lo interrumpí diciendo: Mi Iytihad no es para mostrar a la gente las normas del Corán y de la Tradición del Profeta, o para ser un líder religioso de una nueva madhhab. ¡No! Todo lo que quiero saber es quién está en lo cierto y quién equivocado. Por ejemplo, para saber si el Imam Ali estaba en lo cierto o Mu‘awiah, no necesito conocer diecisiete disciplinas. Todo lo que necesito hacer es estudiar la vida y obras de cada uno de ellos hasta conocer la verdad.
- Él replicó: ¿Acaso te importa saber todo eso?, pues:

«...Esa es una comunidad ya desaparecida. Ha recibido lo que merecía, como vosotros recibiréis lo que merezcáis y no seréis preguntados por lo que ellos hicieron» (Sagrado Corán; 2:134)

- Pregunté: ¿Tú lees “wa la tus’alun” con dammah (la vocal corta “u” sobre la letra “ta”, con lo que significa: “No seréis cuestionados”), o “wa la tas’alun” con fathah (la vocal corta “a” sobre la letra “ta”, con lo que significa: “No cuestionaréis”)?
- Él dijo: Tus’alun, con dammah.
- Yo dije: ¡Gracias a Dios! Si fuera con fathah entonces me prohibiría a mí mismo seguir investigando. Como está escrito con dammah, entonces eso significa que Allah -Alabado sea- no nos hará responsables por lo que ellos hayan cometido. Esto es como Su dicho -Alabado sea-:

«Cada uno será responsable de lo que haya cometido» (Sagrado Corán; 74:38)

Y el siguiente:

«...Que el hombre sólo será juzgado según su propio esfuerzo» (Sagrado Corán; 53:39)

Y el Sagrado Corán nos exhorta a estudiar acerca de las antiguas naciones y a aprender lecciones de sus historias.
Allah nos narra sobre el Faraón, Haman, Nimrod, Qarun, y sobre los antiguos profetas y sus pueblos, no para entretenernos, sino para diferenciarnos lo verdadero de lo falso. Por lo que respecta a tu pregunta sobre si me importa investigar eso, ¡pues sí, me importa!

En primer lugar, para saber quién es el amigo de Allah, a fin de que yo sea su amigo, y para saber quién es el enemigo de Allah, a fin de oponerme a él. Eso es lo que el Corán me pide, o mas bien, me ordena hacer.

En segundo lugar, me importa saber cómo debo adorar a Allah y acercarme a Él con las acciones obligatorias que me impuso, de la manera en que Él -Imponente y Majestuoso- quiere, y no como lo desee Malik, Abu Hanifah, o algún otro que hizo Iytihad.

Encontré que Malik prefiere no decir: «En el nombre de Allah, el Compasivo, el Misericordioso», durante las oraciones, mientras que Abu Hanifah lo considera una obligación. Otros dicen que las oraciones no son válidas sin ello.

Las oraciones son un pilar del Islam, las cuales, si son aceptadas, otros actos lo son, pero si fueran rechazadas, también serían rechazados los demás actos; por lo tanto, no quiero que mis oraciones sean inválidas. Por ejemplo, los Shi‘as dicen que durante la ablución debemos frotar nuestros pies con las manos húmedas, en tanto que los Sunnis dicen que debemos lavarlos. Pero cuando leemos el Sagrado Corán, encontramos:

«Frotad vuestras cabezas y pies» (Sagrado Corán; 5:6)

Lo cual es una prueba clara sobre el hecho de frotar. Por lo tanto, ¿cómo esperas que un musulmán sensato acepte esto y rechace lo otro sin investigar ni analizar?

- Él dijo: Tú puedes tomar lo que te complazca de cada Madhhab, pues todas ellas son Madhahib islámicas y provienen del Mensajero de Allah.
- Yo dije: Temo llegar a ser uno de aquellos de quienes Allah dice:

«¿Y qué te parece quien ha tomado a sus caprichos como divinidad, a quien Allah ha extraviado a sabiendas, sellando su oído y su corazón, poniendo un velo ante sus ojos? ¿Quién podría guiarle fuera de Allah? ¿Es que no os dejaréis amonestar?» (Sagrado Corán; 45:23)

Señor, yo no creo que todas las escuelas islámicas (madhahib) sean correctas, puesto que, mientras una de ellas permite algo, la otra lo prohibe, y no parece lógico que una cosa esté permitida y prohibida simultáneamente. El Mensajero de Allah (BP) no se contradijo en las reglas que aplicó, pues ellas fueron reveladas en el Corán:

«Si hubiera sido de otro que de Allah (el Corán), habrían encontrado en él numerosas contradicciones» (Sagrado Corán; 4:82)

Debido a que las cuatro madhahib se diferencian enormemente entre ellas, éstas no pueden provenir de Allah o de Su Mensajero, pues el Mensajero no contradijo el Sagrado Corán.
Cuando el sabio Shaij encontró mi argumento lógico y fuerte, dijo:

- Te aconsejo, por la causa de Allah el Altísimo, no importa lo vacilante que puedas estar, que no dudes de los Califas Correctamente Guiados, pues ellos son los cuatro pilares del Islam; si uno de ellos se derrumbara, el edificio entero se derrumbaría.
- Dije: Dios me perdone, señor, pero, ¿qué hay del Mensajero de Allah si es que aquellas personas son los pilares del Islam?
- ¡El Mensajero de Allah es el edificio! Él es la totalidad del Islam -respondió.

Sonreí cuando escuché su análisis, y dije:
- ¡Pido perdón a Allah, otra vez! Señor, tú estás diciendo, sin darte cuenta, que el Mensajero de Allah (BP) no podría haber obrado sin el apoyo de aquellos cuatro, en tanto que Allah -el Altísimo- dice:

«Él es quien ha mandado a Su enviado con la Dirección y con la religión verdadera, para que prevalezca sobre toda la religión (ésta y cualquier otra). ¡Allah basta como testigo!» (Sagrado Corán; 48:28)

Él envió a Muhammad con el Mensaje, en el cual ninguno de los cuatro tuvo participación, ni tampoco nadie más. Allah dice en relación a ello:

«Así como os hemos mandado un Enviado de entre vosotros para que os recite Nuestras Aleyas, para que os purifique, para que os enseñe la Escritura y la Sabiduría, para que os enseñe lo que no sabíais» (Sagrado Corán; 2:151)

- Él dijo: Eso es lo que hemos aprendido de nuestros Imames y Shaij, y no contradecíamos lo que ellos nos enseñaban, de la forma que ustedes los de la nueva generación lo hacen hoy. Ustedes dudan de todo, hasta de la religión misma. Este es un signo de la cercanía de la Hora -es decir, el Día del Juicio- puesto que el Mensajero de Allah (BP) dijo: “La Hora llegará como resultado de la maldad de la gente”.

-Yo contesté: Señor, ¿por qué toda esta exageración? Dios no permita que yo dude de la religión o de Él; yo creo en Allah, Quien es Único, sin asociados. Creo en Sus Ángeles, Libros y Mensajeros. Creo que Muhammad es Su Siervo y Mensajero, que es el mejor de todos los profetas y enviados, y el Sello de todos ellos; y soy de los musulmanes. Así que, ¿cómo puedes acusarme de eso?

- Él dijo: Te acuso de eso y de mucho más, pues tú dudas de nuestros maestros Abu Bakr y ‘Umar, siendo que el noble Profeta dijo: “Si la fe de mi comunidad y la de Abu Bakr fueran puestas en una balanza, la fe de Abu Bakr pesaría más”. El noble Profeta asimismo dijo en honor de ‘Umar: “Se me mostró mi comunidad, y cada uno de ellos estaba usando una camisa que no les llegaba hasta el pecho; y se me mostró a ‘Umar y él tenía una que inclusive arrastraba”. Ellos dijeron: “¡Oh Mensajero de Allah! ¿Cómo interpretas eso?”. Él dijo: “La Religión” (refiriéndose a que la religión de ‘Umar es completa, en tanto que la de los demás no lo es).

Y tú vienes hoy, en el siglo catorce (Hiyri) y dudas de la rectitud de los Compañeros y especialmente de Abu Bakr y de ‘Umar. ¿Acaso no sabes tú que la gente de Irak es la gente de la discordia, le incredulidad y la hipocresía?

¿Qué podía decirle yo a este hombre que alegaba conocimiento y erudición, y que se volvió tan arrogante que transformó un bien estructurado diálogo, en una conversación desordenada, llena de mentiras y exageración? Él dijo eso en frente de la gente que lo admiraba, cuyos ojos enrojecieron y se les hincharon las venas del cuello. Noté maldad en sus rostros.

No me quedó otra que ir rápidamente a casa y traerles dos libros: Al-Muwatta, de Imam Malik, y Sahih Al-Bujari. Luego dije: “Señor, ¡quien me hizo dudar de Abu Bakr fue el mismo Mensajero de Allah!”.

Abrí Al-Muwatta y leí:

“Narró Malik que el Mensajero de Allah dijo de los mártires de Uhud: “Yo atestiguo por la fe de ellos”. Abu Bakr dijo entonces: “¡Oh Mensajero de Allah! ¿No somos nosotros sus hermanos? ¿No nos hicimos musulmanes como ellos? ¿No luchamos como ellos?”. El Mensajero respondió: “Sí, pero yo no sé las innovaciones que vosotros haréis en mi religión después de mí”. Al oír eso, Abu Bakr lloró y lloró amargamente; luego dijo: “Ciertamente que entonces te sobreviviremos”1.

Después de eso, abrí Sahih Al-Bujari y leí:

“Cierta vez ‘Umar ibn Al-Jattab fue con Hafsah (su hija) y encontró con ella a Asma’ bint ’Umais. Cuando él la vio preguntó: “¿Quién es ella?”. Hafsah respondió: “Asma’ bint ’Umais”. ‘Umar agregó: “La de Abisinia, la Mujer del Mar”. Asma’ respondió: “Así es”. Él dijo: “Nosotros emigramos (es decir, de La Meca a Medina) antes, por lo tanto estamos más acreditados ante el Mensajero de Allah que vosotros”.

Ella se enfadó muchísimo y dijo: “¡No, por Allah que no es así! Vosotros estuvisteis con el Mensajero de Allah, quien alimentó a vuestra gente hambrienta y advirtió a los ignorantes de entre vosotros; mientras que nosotros estábamos en una casa o tierra extraña y hostil, en Abisinia, por la causa de Allah y de Su Mensajero, y cada vez que yo comía o bebía algo, recordaba al Mensajero de Allah (BP), mientras sufríamos y temíamos. Por Allah, que mencionaré esto al Profeta sin mentir, quitar, ni añadir algo”.

Cuando el Profeta llegó, ella dijo: “Oh Profeta de Allah, ‘Umar dijo tal y tal cosa”. Él preguntó: “¿Qué le respondiste?”. Ella dijo: “Tal y tal cosa”. Él respondió: “Él no está más acreditado ante mí que vosotros. Él y sus compañeros tuvieron una sola emigración, pero vosotros, gente del barco, tuvisteis dos emigraciones”.

Ella dijo: “Encontré a Abu Musa y a la gente del barco viniendo hacia mí en grupos y preguntándome sobre el Hadiz muy satisfechos, pues nada en el mundo les pareció tan magnífico y dichoso que lo que el Profeta (BP) había dicho respecto a ellos”2.

Después de que el sabio Shaij y los demás presentes leyeron los hadices, sus rostros cambiaron y comenzaron a mirarse unos a otros, esperando la respuesta del sabio, quien había quedado en silencio. Todo lo que atinó a hacer, fue levantar sus cejas como expresión de asombro. Luego dijo:
- “¡Dios mío, concédeme más conocimiento!”.

- Agregué: “Si el Mensajero de Allah (BP) fue el primero en dudar de Abu Bakr, y no atestiguó por su fe, pues no sabía qué ocurriría después de su partida; y si el Mensajero de Allah no aprobó la preferencia de ‘Umar sobre Asma’ bint ’Umais, sino que la prefirió a ella; entonces, tengo derecho a dudar y no tener una preferencia por nadie hasta conocer la verdad. Evidentemente, estos hadices contradicen y anulan todos los hadices conocidos sobre las virtudes de Abu Bakr y ‘Umar, pues son más reales y lógicos que aquellos que mencionan sus pretendidos méritos”.

La audiencia dijo: “¿Cómo puede se así?”. Yo respondí: “Porque el Mensajero de Allah (BP) no atestiguó por la fe de Abu Bakr y le dijo: “Yo no sé las innovaciones que vosotros haréis en mi religión después de mí”. Esto suena muy razonable, pues está de acuerdo con el Sagrado Corán, y además la historia atestigua que ellos cambiaron la religión después de su partida. Debido a eso Abu Bakr lloró, pues él cambió e hizo enfadar a Fátima Az-Zahra, la hija del Mensajero -como explicamos antes-; cambió tanto que tenía remordimientos y deseó no haber sido un ser humano.

En cuanto al hadiz: “Si la fe de mi comunidad y la de Abu Bakr fueran puestas en una balanza, la fe de Abu Bakr pesaría más”, es falso e ilógico. Eso no es posible, pues la fe de un hombre que pasó cuarenta años de su vida creyendo en el politeísmo y adorando ídolos, no puede superar la fe de toda la comunidad de Muhammad, en la que había muchas personas sinceras, mártires, e Imames, que pasaron todas sus vidas combatiendo por la causa de Allah.

¿Cómo pudo Abu Bakr caber en este hadiz? Si eso fuera verdad, no habría deseado, al final de su vida, no haber sido un ser humano. Además, si su fe hubiera sido más grande que la fe de la comunidad entera de Muhammad, la Señora de las Mujeres, Fátima, la hija del Mensajero de Allah (BP), no se habría enfadado con él, ni lo habría acusado ante Allah en cada oración que realizaba”.

El sabio no respondió nada, en cambio, algunos de los hombres dijeron: “¡Por Allah! que este hadiz nos ha hecho dudar”. Recién entonces el sabio habló diciéndome:
- “¿Era eso lo que querías? ¡Hiciste que estas personas dudaran de su religión!”.

Me bastó con que un hombre de la audiencia le respondiera diciendo: “¡No, él está en lo cierto! Nosotros no hemos leído un libro entero en toda nuestra vida; seguimos y creímos ciegamente en ustedes y sin ningún cuestionamiento, y ahora es evidente que lo que Al-Hayy ha estado diciendo es correcto, y es nuestro deber leer e investigar”.

Otras personas concordaron con él; fue una victoria de la verdad y la realidad. No fue una victoria de la fuerza y la coerción, sino del intelecto y de las pruebas y argumentos lógicos. Allah dice: «Di: Aportad vuestra prueba, si es que sois veraces».

Eso es lo que me animó a emprender el estudio. Las puertas me fueron abiertas de par en par, y entré en el Nombre de Allah, por Allah, y siguiendo la religión de Su Mensajero; deseando que Allah -Poderoso e Imponente- me concediera el éxito y la guía, pues Él prometió Su guía a todo el que la buscase, y Él no falta a Sus promesas.

Hice una investigación -con gran minuciosidad- que duró tres años, pues a menudo releía los libros; algunas veces repetía la lectura desde la primera hasta la última página.

Leí Al-Muraya‘at, por el Imam Sharaf-ud Din varias veces, ya que abrió nuevos horizontes para mí y me guió e infundió en mi corazón el amor y la amistad hacia Ahl-ul Bait.

Leí Al-Gadir, por el Shaij Al-Amini, tres veces, debido a las verdades claras e irrefutables que contiene. Además, leí Fadak en la Historia, por el Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, y As-Saqifah, por el Shaij Muhammad Rida Al-Muzaffar, con el que se me aclararon muchos secretos ocultos.

Leí An-Nass wal Iytihad - “El Texto Estipulante y la Interpretación”, con el cual mi convencimiento aumentó. Leí Abu Hurairah, por Sharaf-ud Din, y Shaij Al-Mudirah, por el Shaij Mahmud Abu Raiiah Al-Misri, y supe que los Compañeros que cambiaron después de la muerte del Mensajero de Allah fueron de dos tipos. El primero, cambió los preceptos mediante su poder y autoridad.

El segundo, cambió los preceptos atribuyendo falsos hadices al Mensajero de Allah (BP).

Leí Al-Imam As-Sadiq y las Cuatro Escuelas, por Asad Haidar, y aprendí las diferencias entre conocimiento dotado y conocimiento adquirido. También conocí la diferencia entre la sabiduría de Allah que Él concede a quien le place y la infantil pretensión de tener conocimiento e Iytihad, que alejó a la comunidad del espíritu del Islam.

Leí muchos libros de autores como Saiid Ya‘far Murtada Al-Amili, Saiid Murtada Al-Askari, Saiid Al-Jo’i, Saiid At-Tabatabai, Shaij Muhammad Amin Zain-ud Din, Al-Fairuz Abadi, Ibn Abi Al-Hadid Al-Mu‘tazili y su comentario sobre Nahy-ul Balaghah, y Al-Fitnat-ul Kubra, de Taha Husain.

De entre los libros de historia leí los de At-Tabari, Ibn Azir, Al-Mas‘udi y Al-Ia‘qubi. Leí bastante, hasta que me convencí de que la Shi‘a Imamiiah está en lo cierto.

De este modo, me hice Shi‘a y con la ayuda de Allah, subí a bordo del arca de Ahl-ul Bait y me aferré al cordel de su lealtad, pues encontré -gracias a Allah- el sustituto de esos Compañeros quienes, como se me hizo patente, retrocedieron sobre su pasos, librándose sólo unos pocos de entre ellos.

Los cambié por los Imames de Ahl-ul Bait-un Nabawi, la Gente de la Casa del Profeta, de quienes Allah alejó la impureza y purificó sobremanera, e hizo obligatorio para toda la gente el amarles.

Los Shi‘as no son, como nuestros sabios religiosos afirman, los persas y zoroastrianos cuyo poder, gloria y grandeza fueron destruidos por ‘Umar en la guerra de Al-Qadisiiah, ¡y que es por lo que ellos lo odian!

Mi respuesta a aquéllos, es que, seguir la madhhab de la Familia del Profeta no se restringe a los persas, pues hay Shi‘as en Irak, en el Hiyaz, en Siria, en Líbano y todos ellos son árabes. Además, hay Shi‘as en Pakistán, La India, África, América, y todos aquellos no son árabes ni persas.

Si nos limitamos a los Shi‘as de Irán, el tema llega a estar más claro, pues encontré que los persas creen en el liderazgo de los doce Imames, todos los cuales eran árabes de Quraish, de Bani Hashim, la descendencia del Profeta (BP). Si los persas fueran fanáticos nacionalistas y odiaran a los árabes como algunas personas afirman, ellos habrían tomado a Salman Al-Farsi (el Persa) como su Imam, pues era de los suyos, y fue un gran Compañero respetado tanto por los Shi‘as como por los Sunnis.

Por otra parte, encontré que la mayoría de los Imames Sunnis eran persas, tales como Abu Hanifah, An-Nisa’i, At-Tirmidhi, Al-Bujari, Muslim, Ibn Mayah, Ar-Razi, Al-Gazali, Ibn Sina (Avicena), Al-Farabi, o muchos otros.

Si los Shi‘as fueran todos persas que rechazan a ‘Umar ibn Al-Jattab porque él destruyó su poder y grandeza, entonces, ¿cómo podemos explicar el rechazo de árabes y otros que no eran persas? Por consiguiente, este es un alegato ilógico. Esta gente rechazó a ‘Umar a causa de su participación en la exclusión del Comandante de los Creyentes, el Señor de los Herederos, Ali ibn Abi Talib, del Califato, después de la muerte del Mensajero de Allah (BP), y debido a las trágicas guerras civiles, disturbios y decadencia de esta comunidad, lo cual es suficiente para quitar el velo de cualquier investigador libre y para que se le revele la realidad. Así, éste llega a rechazarlo (a ‘Umar) sin haber sentido una hostilidad previa hacia él.

Los Shi‘as, ya sean árabes, persas o de alguna otra nacionalidad, acataron los Textos Coránicos y la Tradición del Mensajero de Allah y de su Familia, siguiendo al Imam de la guía y a sus hijos, los faros en medio de las tinieblas, sin que nadie aparte de ellos los satisfagan, a pesar de la política de disuasión y coerción de los Omeyas, y más tarde de los Abbasidas, durante siete siglos.

Durante aquel período, éstos persiguieron a los Shi‘as por todas partes; los asesinaron y desterraron, les negaron sus derechos, trataron de borrar su herencia cultural e intelectual, y esparcieron toda clase de rumores, que mantuvieron alejada a la gente de ellos. Las huellas de todo eso permanecen hasta el presente día.

No obstante, los Shi‘as permanecieron firmes, persistentes y pacientes, y se aferraron a la verdad, sin temer las críticas y reproches (de la gente), en el camino de Allah. Están pagando el precio de su persistencia hasta hoy en día.

Yo desafío a cualquiera de nuestros sabios religiosos a entrar en debate con los sabios religiosos de los Shi‘as sin salir reflexionando en la guía en la que se encuentran.

Así es; encontré la alternativa, y alabo a Allah, Quien me guió, pues no me habría encaminado sin Su Guía. Alabado sea Allah, a Quien agradezco por haberme indicado el grupo de la salvación, que yo estaba buscando con ansia.

No me cabe ninguna duda de que aferrarse a Ali y a Ahl-ul Bait, es aferrarse a ‘Uruat-il Wuzca -“el asidero más firme”-, el cual es irrompible. Existen muchos textos del Mensajero de Allah sobre esto, en los cuales concuerdan todos los musulmanes; pero el sano razonamiento es, quizás, la mejor prueba para cualquiera que esté preparado para escuchar. Ali fue, absolutamente, el Compañero más sabio y valiente, como la comunidad entera lo testificó. Esto solo es suficiente indicación de su derecho, sobre el de cualquier otro, al Califato.
Allah -el Altísimo- dice:

«Su Profeta les dijo: “Allah os ha suscitado a Saúl como rey”. Dijeron: “¿Cómo va él a dominar sobre nosotros, si nosotros tenemos más derecho que él al dominio y no se le ha concedido abundancia de hacienda?”. Dijo: “Allah lo ha escogido prefiriéndolo a vosotros y le ha dado más ciencia y más cuerpo”. Allah otorga Su dominio a quien Él quiere. Allah es Inmenso, Omnisciente» (Sagrado Corán; 2:247)

Y el Mensajero de Allah dijo:

“Ali es parte de mí, yo soy parte de él, y él es el Wali (protector) de todo creyente después de mí”3.

El Imam Az-Zamajshari dijo en una de sus poesías:

La duda y las diferencias se han incrementado.
Cada uno alega estar en el sendero recto.
Pero yo me he aferrado a:
No hay divinidad sino Allah,
y a mi amor por Ahmad (Muhammad) y por Ali.
Un perro triunfó por amor a los Compañeros de la caverna.
¿Cómo podría yo ser desafortunado
amando a la Familia del Profeta?

Sí, yo encontré la alternativa, Alabado sea Allah, pues me transformé en un seguidor -luego del Mensajero de Allah- de Amir Al-Mu’minin (el Comandante de los Creyentes), el Señor de los Herederos, líder de los más iluminados, el León victorioso de Allah, el Imam Ali ibn Abi Talib; de los Señores de los Jóvenes del Paraíso, los amados del Profeta, el Imam Abu Muhammad Al-Hasan Az-Zaqi, y el Imam Abu ‘Abdullah Al-Husain; y de la hija de Al-Mustafa (el Elegido, Muhammad), la Descendencia de la Profecía, la Madre de los Imames, el tesoro del Mensaje, por quien el Señor de la Grandeza y la Imponencia se enfada si ella está enfadada; la Señora de las Mujeres, Fátima Az-Zahra. La paz sea sobre todos ellos.

He cambiado a Imam Malik por el maestro de esos (cuatro) Imames, el maestro de la comunidad islámica, el Imam Ya’far As-Sadiq (P).

Me he aferrado a los nueve infalibles de la descendencia de Al-Husain, los Imames de los musulmanes y los sinceros amigos de Allah.

He cambiado a los Compañeros que se volvieron sobre sus pasos, como Mu’awiah, Amr ibn Al-Aas, Al-Mughira ibn Shu‘ba, Abu Hurairah, Akrama, Ka‘b Al-Ahbar y otros, por los agradecidos Compañeros que nunca rompieron la promesa que le hicieron al Profeta, como ‘Ammar ibn Iasir, Salman Al-Farsi, Abu Dharr Al-Ghifari, Al-Miqdad ibn Al-Aswad, Juzaimah ibn Zabit Dhush Shahadatain (el Poseedor de los Dos Testimonios), Ubai ibn Ka‘b y otros. Alabado sea Allah por este esclarecimiento.

He cambiado a los ‘Ulama de mi gente, quienes congelaron nuestros intelectos y cuya mayoría siguió a los sultanes y gobernantes en toda época, por los justos ‘Ulama de la Shi‘a, quienes nunca cerraron la puerta del Iytihad, y quienes no flaquearon ni se sometieron a los opresores, emires y gobernantes.

Sí, cambié las ideas tercas y fanáticas que aceptan contradicciones, por ideas brillantes, libres y abiertas basadas en las deducciones, pruebas y argumentos lógicos.

“He limpiado mi cerebro” de la suciedad que se había acumulado durante treinta años a causa de las mentiras de los Omeyas. Lo he purificado con la creencia en los Infalibles, aquellos de quienes Allah alejó la impureza y purificó sobremanera. Hice eso por lo que resta de mi vida.

¡Oh Allah!.. Por favor, permítenos vivir nuestras vidas siguiendo sus pasos; permítenos morir según su tradición y resucítanos junto a ellos, pues Tu Profeta (BP) dijo: “El hombre será resucitado junto con aquellos que ama”.

De este modo, he regresado a mi origen, pues mis padres y tías solían hablarnos sobre nuestro árbol genealógico, y a menudo nos decían que éramos de entre As-Sadah (plural de Saiid: descendiente del Profeta), quienes escaparon de Irak bajo la presión de los Abbasidas y llegaron al Norte de África y se asentaron en Túnez, donde incluso hasta el presente queda testimonio de ellos.

Allí (en el Norte de África) hay muchos como nosotros que tienen esa purificada ascendencia y son llamados Al-Ashraf (los Nobles), pero se extraviaron a causa de las falsedades de los Omeyas y los Abbasidas, y ahora no les queda nada de la verdad, excepto el respeto y la estima que la gente les profesa.

Alabado sea Allah por Su Guía... y Alabado sea Allah por el esclarecimiento y por abrir mis ojos y mi entendimiento para ver la verdad.

  • 1. Muwatta, de Imam Malik, Vol. 1, p. 307. Al-Maghazi lil-Waqidi. P. 310.
  • 2. Sahih Al-Bujari, Vol. 3, p. 387.
  • 3. Sahih At-Tirmidhi, Vol. 5, p. 296. Jasa’is An-Nisa’i, P. 87. Mustadrak Al-Hakim, Vol. 3, p. 110.

Las causas del esclarecimiento

Las razones que me llevaron al esclarecimiento son muchísimas, pero no puedo mencionar en este ensayo sino algunos ejemplos, como los que siguen:

1) La estipulación sobre el califato

Me había jurado a mí mismo, al emprender esta investigación, que no me basaría sino en lo que fuera afirmado por ambas partes, y que descartaría lo que fuera exclusivo de una sola. Es por ello que investigué la cuestión de la preferencia entre Abu Bakr y Ali ibn Abi Talib, y si el Califato estaba estipulado para Ali, como alega la Shi‘a, o debía concederse con el sistema de elección y Shura (consulta), como alega la Sunnah.

Si el que investiga este tema se consagra a la verdad, ciertamente encontrará la designación de Ali ibn Abi Talib tan clara y nítida, como en el dicho del Mensajero de Allah (BP): “De quien yo sea su señor, este es Ali, su señor”, lo cual dijo después de Huyyatul Wada’ (la Peregrinación de Despedida).

De esta manera, fueron en grupos a prometerle obediencia a Ali y a felicitarlo. Incluso Abu Bakr y ‘Umar formaban parte del gentío que iba a felicitar al Imam (P), diciendo ambos: “¡Bravo por ti, oh hijo de Abu Talib! ¡Te has convertido en el maulá (señor) de todo creyente y de toda creyente!”.1
Esta designación fue recopilada tanto en los textos Shi‘as como en los Sunnis. En este estudio solamente menciono las fuentes Sunnis, y aun así, no cito todas ellas, pues son más de las que puedo recordar. Si el lector quiere indagar para abundar en detalles, le sugiero estudiar el libro Al-Gadir, de Allamah Al-Amini, que consta de trece volúmenes, donde el autor enumera a los narradores de este hadiz, entre los Sunnis.

En cuanto a la afirmación de la elección por consenso de Abu Bakr en el día de “As-Saqifah”, y el posterior juramento de fidelidad que le dieron en la mezquita, ciertamente que es un alegato sin fundamento alguno. ¿Cómo puede haber habido consenso si se opusieron a la Bai‘ah (juramento de fidelidad) tanto Ali como Al-‘Abbas y el resto de Bani Hashim, como así también Usamah ibn Zaid, Zubair, Salman Al-Farsi, Abu Dharr Al-Ghiffari, Al-Miqdad ibn Al-Aswad, ‘Ammar ibn Iasir, Hudhaifah ibn Al-Iaman, Juzaimah ibn Zabit, Abu Burairah Al-Aslami, Al-Bura ibn Azib, Ubai ibn Ka‘b, Sahl ibn Hanif, Saad ibn Ubadah, Qais ibn Saad, Abu Aiiub Al-Ansari, Yabir ibn ‘Abdullah, Jalid ibn Saad, y muchos otros2?

¿A dónde está el pretendido consenso, ¡oh siervos de Allah!? Aunque hubiera sido tan sólo Ali (P) el que se hubiese opuesto a la Bai‘ah, hubiera sido suficiente para impugnar dicho consenso, pues fue el único candidato al Califato nombrado por el Enviado (BP), en contraposición a la hipótesis de la no existencia de su estipulación directa (como alegan los Sunnis).

La Bai‘ah dada a Abu Bakr fue sin consulta. Por el contrario, tomó a la gente por sorpresa, especialmente a “los dotados de poder de decisión” (como fueron llamados por los sabios islámicos) de entre ella, quienes estaban ocupados preparando el funeral y entierro del Mensajero de Allah (BP).

Los ciudadanos de Medina estaban conmocionados por la muerte de su Profeta, y en esa situación se obtuvo la Bai‘ah de la gente por coerción3. Esto lo podemos deducir de la amenaza de quemar la casa de Fátima si aquellos que no estaban de acuerdo con esa Bai‘ah se rehusaban a salir. Por lo tanto, ¿cómo podemos permitirnos, después de esto, decir que la Bai‘ah fue implementada a través de la consulta y el acuerdo popular?

El mismo ‘Umar ibn Al-Jattab testificó que “esa Bai‘ah fue un error -que Allah proteja a los musulmanes de su mal-”, y dijo: “Matad a todo aquel que la repita”, y dijo: “Si alguien llama a una acción similar, no le valdrá la Bai‘ah ni a él, ni a aquellos que la realicen”4.

Dijo el Imam Ali (P) refiriéndose a su derecho: “Por Allah, que el hijo de Abu Quhhafah (Abu Bakr) se había investido con el Califato sabiendo muy bien que yo era tan indispensable al mismo como un pivote a la piedra del molino. La ciencia y la virtud emanan de mí y las aves del cielo no llegan a mi altura”5.

Saad ibn ‘Ibada, “el Señor de los Ansar”, atacó a Abu Bakr y a ‘Umar el día de “As-Saqifah”, y trató con todo su esfuerzo de mantenerlos alejados del Califato e impedirles acceder a él, pero no pudo conseguirlo, pues estaba enfermo e incapaz de mantenerse de pie. Después de que los Ansar dieron su Bai‘ah a Abu Bakr, Saad dijo: “Por Allah, nunca os daré mi Bai‘ah, e incluso os combatiré hasta lanzar mi última flecha y teñir (de sangre) mi lanza. Os atacaré con mi espada con todo el poder de mi mano, y os combatiré junto a todos los miembros de mi familia y mi clan. Por Allah, que aun si todos los Yin (genios) y los seres humanos se os unieran, jamás, hasta que me presente ante mi Señor, os daré mi Bai‘ah”.

Él nunca rezó con ellos ni participó en sus reuniones. Si hubiera encontrado a un grupo de gente que lo ayudara, se les habría opuesto, y si alguien lo hubiera apoyado, los habría combatido. Él se mantuvo en esta posición hasta que murió en Siria, durante el califato de ‘Umar6.

Si “esa Bai‘ah fue un error -que Allah proteja a los musulmanes de su mal-” como lo expresó el mismo ‘Umar, a pesar de que él fue uno de sus arquitectos, y es conocido lo que sucedió con los musulmanes como resultado de ello...

Si ya estaba estipulado quién debía asumir el Califato -desde antes del nombramiento de Abu Bakr- como el Imam Ali (P) lo expuso al decir que él era el legítimo poseedor del mismo...

Si esa Bai‘ah fue injusta, según lo afirmó Saad ibn ‘Ibada “el Señor de los Ansar", quien abandonó al grupo reunido a causa de ello...

Y si esa Bai‘ah era ilegal debido al desacuerdo de grandes Compañeros como Al-‘Abbas, el tío del Profeta; entonces, ¿cuál es la evidencia y la prueba que apoya la legalidad de la sucesión de Abu Bakr al Califato?

La respuesta es que los Sunnis no poseen evidencias ni pruebas al respecto.
De este modo, lo que los Shi‘as dicen en relación a este tema es correcto, pues está confirmada la existencia de textos que se refieren al Califato como un derecho de Ali, entre las mismos Sunnis, pero deliberadamente ellos los malinterpretaron para proteger el honor de los Compañeros. Así, la persona equitativa y justa no puede evitar aceptar la existencia de la designación (para el Califato), especialmente si conoce las circunstancias que rodearon al caso7.

2) La discordia entre Fátima y Abu Bakr

Este tema también está recopilado como verdadero por ambas partes, y la persona equitativa y justa no puede sino juzgar que Abu Bakr estaba en una posición errada, aun cuando no admita su injusticia y mal trato hacia la Señora de las Mujeres, pues cualquiera que siga los eventos de esa tragedia y estudie sus diferentes hechos, reconocerá, con toda certeza, que Abu Bakr deliberadamente perjudicó a Az-Zahra y la contradijo de modo que ella no pudo protestar contra él apoyada en las estipulaciones de Al-Gadir, y otras que se refieren al derecho legítimo de su esposo y primo a la sucesión del Califato.

Hay muchas indicaciones de que ello fue así; entre ellas está la mencionada por los historiadores sobre que Az-Zahra -la paz de Allah sea con ella- fue a los lugares de reunión de los Ansar, pidiendo el apoyo y la Bai‘ah para su primo y esposo. Ellos dijeron: “Oh hija del Mensajero de Allah, nosotros ya hemos dado nuestra Bai‘ah a ese hombre. Si tu esposo y primo se hubiera acercado a nosotros antes que él, lo hubiéramos apoyado”. Ali -que la paz sea con él- dijo: “¿Dejaría yo al Mensajero de Allah (BP) en su casa, sin sepultar, e iría a disputar con la gente (respecto a sobre quién recaía) su autoridad?”. Fátima dijo: “Abu Al-Hasan hizo lo conveniente, pero en cuanto a lo que ellos hicieron, ciertamente que Allah les exigirá cuentas”8.

Si Abu Bakr hubiera actuado mal, equivocado, pero con buena intención, o dudando, Fátima Az-Zahra lo hubiera persuadido; pero ella se enfadó con él y no le habló más hasta su muerte, pues él se rehusó a aceptar en cada ocasión su argumento y testimonio, como así también el de su esposo.

Por todo eso se enojó con él hasta tal punto, que no le permitió presenciar su funeral, estipulando esto en el testamento a su esposo, quien la sepultó secretamente durante la noche9.

Ya que mencioné su entierro (P), en forma secreta y en la noche, diré que durante mis años de búsqueda e investigación, fui a Madinat-ul Munawwarah para examinar por mí mismo algunas realidades. Entonces descubrí lo siguiente:

En primer lugar, se desconoce la tumba de Az-Zahra (P) y nadie sabe exactamente donde está. Algunos dicen que está en la Cámara del Profeta (o sea, enterrada junto a él). Otros dicen que la tumba está situada en frente de la cámara del Profeta, y hay personas que afirman que está en (el cementerio) Al-Baqi‘ en medio de las tumbas pertenecientes a Ahl-ul Bait (P), pero sin estar delimitada.

Esta es la realidad que deduje: Az-Zahra (P) deseaba con eso que los musulmanes, a través de las generaciones, se preguntaran por qué ella pidió a su esposo que la sepultara secretamente durante la noche, ¡¡y que ninguno de ellos asistiera a su funeral!! De este modo cualquier musulmán podría llegar a ciertas conclusiones interesantes mediante el examen de la historia.

En segundo lugar, descubrí que aquel que quiere visitar la tumba de ‘Uzman ibn ‘Affan debe caminar un largo trecho hasta que llega al final de Al-Baqi‘ y allí la encuentra bajo una pared. En cambio, encontrará las tumbas de la mayoría de los Compañeros al comienzo de Al-Baqi‘, cerca de la entrada. Incluso Malik ibn Anas, el fundador de la famosa Madhhab, quien fue uno de los tabi‘i-ut tabi‘in (3º generación de musulmanes), está sepultado cerca de las tumbas de las esposas del Mensajero.

Con eso comprobé aquello a lo que los historiadores se referían al decir que él (‘Uzman) está enterrado en Hash Kawkab, la cual era tierra judía, porque los musulmanes se rehusaron a sepultarlo en Al-Baqi‘ del Mensajero de Allah (BP).

Cuando Mu‘awiah se apropió del Califato, compró aquella tierra a los judíos y la incluyó a la de Al-Baqi‘, a fin de que pudiera contener la tumba de su primo ‘Uzman. El que aún hoy visita Al-Baqi‘, observará este hecho muy claramente.

No termino de sorprenderme al saber que a pesar de que Fátima Az-Zahra (P) fue la primera en alcanzar a su padre, pues entre su muerte y la de ella hubo como máximo sólo seis meses, no fue sepultada al lado de su padre.

Bien pudo ser debido a que Fátima Az-Zahra (P), como mencioné anteriormente, manifestó en su testamento que ella debía ser sepultada secretamente, que no fue enterrada al lado de su padre; pero, ¿qué hay sobre el cuerpo de su hijo Al-Hasan? ¿¡Por qué él no fue sepultado al lado se su abuelo!? ‘Aishah (Umm-ul Mu‘minin) lo evitó. Cuando Al-Husain (P) llevó a su hermano para enterrarlo junto a su abuelo, el Mensajero de Allah (BP), ‘Aishah montó una mula y salió gritando: “No enterréis en mi casa a quien no quiero”.

Entonces, Bani Umaiiah y Bani Hashim se levantaron dispuestos a luchar entre sí, pero Al-Husain (P) le dijo a ella que sólo llevaría el ataúd de su hermano alrededor de la tumba de su abuelo y que lo enterraría en Al-Baqi‘, pues el Imam Al-Hasan (P) le había recomendado que ninguna sangre fuera derramada por su causa. Ibn ‘Abbas pronunció célebres versos en relación a este suceso:

“Tú montaste un camello10;
tú montaste una mula11;
y si hubieras vivido más tiempo,
¡hubieras montado un elefante!
Te corresponde el noveno del octavo (de la herencia),
y no obstante, te apoderaste de toda (la herencia)”

Este es otro hecho interesante: ¿Cómo pudo ‘Aishah heredar toda la casa del Profeta (BP), cuando el Profeta tenía nueve esposas? Ibn ‘Abbas nos transmitió: “Si el Profeta no dejó ninguna herencia, como Abu Bakr testimonió al respecto al impedir que Az-Zahra heredara algo de su padre, entonces ¿cómo pudo hacerlo ‘Aishah? ¿Hay algún texto que establezca que la esposa puede heredar, pero no la hija? ¿O acaso fue quizás la política la que cambió las cosas de tal modo que se negó a la hija todo y se dio a la esposa todo?”.

Es digno de mencionarse aquí una historia relatada del tema de la herencia que fue citada por muchos historiadores.

Ibn Abi Al-Hadid Al-Mu‘tazili dijo en su comentario sobre Nahy-ul Balaghah: “‘Aishah y Hafsa fueron a ver a ‘Uzman, durante su Califato, y le pidieron que les diera su parte de lo que ellas habían heredado del Mensajero de Allah (BP). ‘Uzman estaba tendido en un sofá, por lo tanto se incorporó y dijo a ‘Aishah: “Tú y esa mujer sentada junto a ti persuadieron a un beduino ignorante que se purificaba con su propia orina, para que testificara junto a vosotras que el Mensajero de Allah dijo: “Nosotros, la comunidad de los profetas, no dejamos herencia”.

Si el Profeta verdaderamente no dejó herencia, ¿qué es lo que vosotras dos me pedís ahora?; y si él dejó herencia, ¿por qué privasteis a Fátima de su parte legal?”. Después de eso, ella lo dejó sintiéndose muy enfadada, y dijo: “Matad a Na‘zal, pues se volvió incrédulo”12.

3) Ali era el más digno para ser seguido

Una de las razones que me llevaron al esclarecimiento y a abandonar la sunnah de mis padres y abuelos, fue la comparación entre Ali ibn Abi Talib (P) y Abu Bakr, basada en deducciones lógicas y en referencias históricas.

Como manifesté en los capítulos anteriores de este libro, sólo incluí en mi investigación las referencias en las que concuerdan tanto los Sunnis como los Shi‘as.

Busqué en los libros de ambas partes y solo encontré consenso en Ali (P). Tanto los Shi‘as como los Sunnis concuerdan en su Imamato de acuerdo a lo establecido en los textos fundamentales de ambos. En cambio, no existe acuerdo en que el liderazgo fuera de Abu Bakr excepto solo para una parte de los musulmanes, y ya hemos mencionado lo que ‘Umar dijo sobre esa sucesión al Califato. Así también encontré las muchas virtudes y méritos de Ali ibn Abi Talib (P) que son mencionados por los Shi‘as, usando como referencias auténticas los libros básicos de los Sunnis, con lo que no queda lugar a dudas.

Los dichos relatan más virtudes del Imam Ali (P) que de cualquier otro Compañero, e incluso Ahmad ibn Hanbal dijo: “Nadie, de entre los Compañeros del Mensajero de Allah (BP), tuvo más virtudes que Ali ibn Abi Talib”13.

Qadi Isma‘il, An-Nisa’i y Abu Ali An-Naisaburi, dijeron: “Ningún Compañero tuvo tantas virtudes atribuidas como Ali”14.

Es sabido que los Omeyas trataron enérgicamente de forzar a la gente, en todas las regiones, a maldecirlo e insultarlo y a no mencionar ninguna de sus virtudes. Incluso prohibieron que alguien llevara su nombre. A pesar de todo ello, sus virtudes y buenos actos (P) continuaron difundiéndose.

En relación a ello, el Imam Ash-Shafi‘i dice: “Estoy sorprendido por un hombre cuyas virtudes fueron mantenidas en secreto por sus enemigos por envidia, y mantenidas en secreto por sus seguidores por temor; pero que sin embargo, una enorme cantidad de ellas se difundieron”.

En cuanto a Abu Bakr, también busqué en los libros de ambas partes, y encontré que las virtudes atribuidas a él por los Sunnis no eran más y ni siquiera igualaban a aquellas atribuidas a Ali. Aun así, las virtudes de Abu Bakr que han sido mencionadas en los libros de historia fueron narradas, o bien por su hija ‘Aishah, cuya posición respecto al Imam Ali (P) está bien documentada y quien trató esforzadamente de apoyar a su padre, incluso fabricando dichos; o bien por ‘Abdullah, el hijo de ‘Umar, quien también fue una persona distanciada del Imam Ali (P).

Este fue uno de aquellos que se rehusaron a jurar fidelidad a Ali (P) a pesar del apoyo popular que él había recibido. ‘Abdullah ibn ‘Umar solía decir que las mejores personas después del Profeta fueron Abu Bakr, luego ‘Umar y luego ‘Uzman, y que después de ellos, todos eran iguales15. De este modo, consideró al Imam Ali (P), como una persona ordinaria, sin ninguna distinción o virtud.
¿Cuál fue la actitud de ‘Abdullah ibn ‘Umar hacia las realidades que incluso expresaron las grandes personalidades e Imames de la comunidad, sobre que: “Ningún Compañero tuvo tantas virtudes atribuidas como las narradas sobre Ali ibn Abi Talib en cadenas de transmisión confiables”? ¿Acaso no escuchó ‘Abdullah ibn ‘Umar ni siquiera una de las virtudes de Ali (P)? Sí, por Allah, que las había escuchado y comprendido, pero las intrigas políticas tienden a distorsionar las realidades.

Las virtudes de Abu Bakr fueron mencionadas por Amr ibn Al-Aas, Abu Hurairah, ‘Urwa y Akrama, y a todos ellos la historia los registra tomando partido contra el Imam Ali (P) y combatiéndolo, ya sea con armas o por medio de complots en su contra, y atribuyendo virtudes a sus enemigos.

El Imam Ahmad ibn Hanbal dijo: “Ali tuvo muchos enemigos que buscaron afanosamente encontrar un error atribuido a él, pero no pudieron hacerlo, así que engrandecieron y alabaron a un hombre que lo había combatido y guerreado, por su intensa enemistad y rencor hacia Ali16”.

Pero Allah dice:

«Ellos emplean una artimaña. Yo empleo una artimaña. Concede una prórroga a los infieles..., un poco más de prórroga» (Sagrado Corán; 86:15-17)

Ciertamente que es un milagro de Allah -Alabado sea- que las virtudes de Imam Ali (P) se difundieran después de seis siglos de opresión e injusticia contra él y Ahl-ul Bait. Los Abbasidas no sintieron menor rencor y envidia hacia Ahl-ul Bait (P) que sus predecesores los Omeyas, ni fue menor el daño y los estragos que les causaron.

El poeta Abu Firas Al-Hamadani escribió los siguientes versos:

Lo que Banu Harb (Banu Umaiiah) les ha hecho no es nada en comparación a lo que vosotros les hicisteis.
¿Cuánto tiempo habéis violado la Religión?
Y ¿cuánta sangre (de la familia) del Profeta
ha sido derramada por vosotros?
Pretendéis ser seguidores suyos,
mientras cae de vuestros dedos,
la sangre de sus hijos purificados.

Después de haber finalizado con estos dichos, y de haber salido desde la oscuridad a la luz, dejo el último juicio a Allah. No habrá más excusas de la gente ante Él después de todo eso.
A pesar del hecho de que Abu Bakr fue el primer Califa, y que tuvo todo el poder y la autoridad... A pesar de los sobornos y regalos que los Omeyas dieron a cada uno que elogiaba a Abu Bakr, a ‘Umar y ‘Uzman... A pesar de todas las supuestas virtudes y buenos actos que inventaron para Abu Bakr, los cuales llenan muchos libros... A pesar de todo ello, eso no llega ni a una fracción de las verdaderas virtudes de Imam Ali (P).

Además, si analizamos los supuestos dichos que están a favor de Abu Bakr, los encontramos incompatibles con los hechos históricos, y ningún hombre sensato o cuerdo los podría aceptar.

Previamente explicamos el dicho atribuido al Profeta: “Si la fe de Abu Bakr y la de mi comunidad fueran puestas en una balanza, la fe de Abu Bakr pesaría más”.

Si el Mensajero de Allah (BP) sabía de este alto grado de fe en Abu Bakr, ¿por qué designó a Usamah ibn Zaid para comandar el ejército; y se rehusó a atestiguar por él, como lo hizo por los mártires de Uhud, y le dijo que no sabía qué haría él después de su partida, por lo que Abu Bakr lloró?17 Además, ¿por qué el Profeta envió tras de Abu Bakr a Ali ibn Abi Talib (P) para tomar de él la Surat-ul Bara‘a e impedirle transmitirla (cosa que estaba por hacer, y que le correspondía hacer a Ali)?18

En tal caso, el Profeta no habría dicho en Jaibar, mientras presentaba la bandera: “Mañana daré mi bandera a un hombre que ama a Allah y a Su Mensajero y a quien Allah y Su Mensajero aman; que es un héroe en las batallas y que nunca huye. Allah ha puesto a prueba su corazón mediante la fe”.

Luego él se la dio a Ali y a nadie más19.
Si Allah sabía que Abu Bakr tenía tal alto grado de fe, y que su fe superaba a la de todos los musulmanes, ¿por qué tuvo Él -Alabado sea- que amenazarlo con hacer vanas sus obras si levantaba su voz por encima de la del Profeta?20

Si Ali (P) y los Compañeros que lo seguían sabían que Abu Bakr poseía tal alto grado de fe, entonces, ¿por qué disintieron con su Bai‘ah? Si Fátima Az-Zahra, la Señora de las Mujeres, sabía que Abu Bakr tenía tal alto grado de fe, entonces, ¿por qué se enojó con él y se rehusó a hablarle o a retornar sus saludos, lo maldijo en sus oraciones21, y no le permitió -de acuerdo a su testamento- asistir a su funeral?

Si el mismo Abu Bakr hubiera tenido tal grado de fe, no habría atacado la casa de Fátima ni aunque le hubieran declarado la guerra, ni habría quemado Al-Fuya’a As-Salami, ni habría ofrecido, en el día de Saqifah que el Califato fuera de uno de estos dos hombres: ‘Umar o Abu ‘Ubaidah22.

Además, quien posee tal jerarquía, pesando su fe más que la de toda la comunidad, no se hubiera arrepentido en los últimos momentos de su vida por lo que hizo a Fátima, por quemar Al-Fuya’a as-Salami y por haber accedido al Califato, así como no hubiera deseado ser un cabello o deyecciones de animales, en vez de un ser humano. ¡¿Es acaso la fe de un hombre así, igual, o aun más grande, que la fe de toda la comunidad islámica?!

Consideremos el dicho: “Si yo debiera elegir a un compañero íntimo, elegiría a Abu Bakr”. Este dicho es como el anterior. ¿Dónde estaba Abu Bakr en el día de “la Pequeña Hermandad” en La Meca, antes de la Hiyrah, y en el día de “la Gran Hermandad” en Medina, después de la Hiyrah, cuando en ambas ocasiones el Mensajero de Allah (BP) eligió a Ali como su hermano, y le dijo: “Tú eres mi hermano en esta vida y en la otra”23, y no se volvió a Abu Bakr, privándolo así de su hermandad en la otra vida, y del compañerismo íntimo?

No deseo seguir hablando de este tema, y es suficiente con citar los dos ejemplos antes mencionados que encontré en los libros Sunnis. En cuanto a los Shi‘as, ellos no reconocen estos dichos en absoluto, y poseen sus propias pruebas claras de que fueron inventados tiempo después de la muerte de Abu Bakr.

Si dejamos las virtudes de lado y nos centramos en los pecados, nunca encontraremos ni una simple falta que haya sido cometida por Ali y que haya sido mencionada en los libros, tanto Shi‘as como Sunnis; en tanto que encontramos que las demás personas han cometido pecados que fueron mencionados en los libros Sunnis, tales como As-Sihah y los diferentes libros biográficos y de historia.

De este modo, encontramos un acuerdo total entre ambas partes en relación a Ali solamente; además las realidades históricas recalcan que solamente él (P) tuvo una correcta Bai‘ah.

Aun así vemos que Ali (P) quiso abstenerse de aceptar el Califato (después de ‘Uzman), pero los Muhayirin y los Ansar insistieron en su aclamación, y él fue finalmente nombrado. Algunas personas se rehusaron a jurarle fidelidad, pero él nunca los forzó, mientras que encontramos que la aclamación de Abu Bakr “fue un error -que Allah proteja a los musulmanes de su mal-” como ‘Umar ibn Al-Jattab expresó.

La aclamación de ‘Umar como Califa estuvo basada en una promesa dada a él por Abu Bakr, y la aclamación de ‘Uzman fue una comedia histórica:

‘Umar nombró a seis personas para designar al Califa, y les dijo que eligieran a uno de entre ellos mismos. Les dijo que si cuatro concordaban y dos disentían, entonces esos dos serían asesinados; no obstante, si los seis estaban divididos en dos partes iguales, entonces prevalecería el voto de la parte apoyada por ‘Abdurahman ibn ‘Awf; pero si transcurría un cierto tiempo y no se llegaba a algún acuerdo, los seis debían ser asesinados.

La historia es larga y algo extraña, pero lo importante es que ‘Abdurahman ibn ‘Awf eligió a Ali con la condición de que gobernara de acuerdo con el Libro de Allah (el Corán) y la Tradición del Mensajero, y aceptara la tradición de los dos Shaij: Abu Bakr y ‘Umar. Ali se rehusó a esta última condición pero ‘Uzman la aceptó, por lo que se transformó en Califa. Ali (P) salió sin dar la Bai‘ah, pues sabía de antemano el resultado, y habló sobre ello en su famoso discurso conocido como Ash-Shaqshaqiiah.

Después de Ali (P), Mu‘awiah se apoderó del Califato y lo transformó en un sistema hereditario dentro de Bani Umaiiah (el Clan Omeya), y después de ellos, dentro de Bani Al-‘Abbas (el Clan Abbasida), donde los califas sucedían uno tras otro, ya sea por nombramiento personal (de los califas anteriores), o por medio de la fuerza, las armas y el poder.

Desde el comienzo de la era islámica, hasta Kamal Ataturk -quien abolió el califato islámico- no hubo una correcta Bai‘ah24, excepto aquella dada al Comandante de los Creyentes, Ali ibn Abi Talib (P).

  • 1. Musnad Al-Imam Ahmad ibn Hanbal, Vol. 4, p.281. Sirr-ul ‘Alamin, por el Imam Al-Ghazali, P. 12. Tadhkirat-ul Jawas, por Ibn Al-Yauzi, p. 29. Ar-Riad An-Nadirah, por At-Tabarí. Vol. 2, p. 169. Kanz-ul ‘Ummal. Vol. 6, p. 397. Al-Bidaiah wan-Nihaiah, por ibn Kazir, Vol. 5, p. 212. Ta’rij ibn ‘Asakir, Vol. 2, p. 50. Tafsir Ar-Razi,Vol. 3, p. 63. Al-Hawi lil Fatawi, por As-Suiuti, Vol. 1, p. 112.
  • 2. Ta’rij At-Tabari, Ta’rij Ibn Al-Azir, Ta’rij Al-Julafa, Ta’rij Al-Jamis, Al-Isti‘ab y todo aquel que narró acerca de la Bai‘ah dada a Abu Bakr.
  • 3. Ta’rij Al-Julafa, por Ibn Qutaibah. Vol. 1, p.18.
  • 4. Sahih Al-Bujari, Vol. 4, p. 127.
  • 5. Sharh Nahy-ul Balaghah, por Muhammad ‘Abduh, Vol. 1, p. 34. Al-Jutbah Ash-Shaqshaqiah.
  • 6. Ta’rij Al-Julafa, Vol. 1, p. 17.
  • 7. Leer: As-Saqifah wal Jilafah, por ‘Abdul Fattah ‘Abdul Maqsud, y: Saqifah, por el Shaij Muhammad Rida Al-Muzaffar.
  • 8. Ta’rij Al-Julafa, por Ibn Qutaibah, Vol. 1, p. 19. Sharh Nahy-ul Balaghah, por Ibn Abi Al-Hadid.
  • 9. Sahih Al-Bujari, Vol. 3, p. 36. Sahih Muslim. Vol. 2, p. 72. Capítulo titulado: “Nosotros no dejamos herencia, sólo dejamos limosna”.
  • 10. En referencia al camello que montó durante la Guerra de Yamal (Camello).
  • 11. En referencia a la mula que montó el día en que evitó que el Imam Al-Hasan (P) fuera sepultado junto a su abuelo.
  • 12. Sharh Nahy-ul Balaghah, por Ibn Abi Al-Hadid, Vol. 16, pp. 220-223.
  • 13. Al-Mustadrak ‘ala As-Sahihain, por Al-Hakim, Vol. 3, p. 107. Al-Manaqib, por Al-Joarizmi, pp. 3 y 19. Ta’rij-ul Julafa, por As-Suiuti, P. 168. As-Sawa‘iq Al-Muhriqah, por Ibn Hayar Al-Haizami, P. 72. Ta’rij ibn ‘Asakir, Vol. 3, p. 63. Shawahid-ud Tanzil, por Al-Haskani Al-Hanafi, Vol. 1, p. 19.
  • 14. Ar-Riiad An-Nadirah, por At-Tabari, Vol. 2, p. 282. As-Sawa‘iq Al-Muhriqah, por Ibn Hayar Al-Haizami, Pp. 118 y 72.
  • 15. Sahih Al-Bujari, Vol. 2, p. 202.
  • 16. Fath Al-Bari fi Sharh Sahih Al-Bujari, Vol. 7, p. 83. Ta’rij Al-Julafa, por As-Suiuti, P. 199. Al-Sawa‘iq Al-Muhriqah, por Ibn Hayr, p. 125.
  • 17. Muwatta Al-Imam Malik, Vol. 1, p. 307. Maghazi Al-Waqidi, P. 310.
  • 18. Sahih At-Tirmidhi, Vol. 4, p. 339. Musnad Ahmad ibn Hanbal, Vol. 2, p. 319. Mustadrak Al-Hakim, Vol. 3, p. 51.
  • 19. Sahih Muslim (Sección de las Virtudes del Imam Ali).
  • 20. Sahih Al-Bujari, Vol. 4, p. 184.
  • 21. Al-Imamah was-Siiasah, Vol. 1, p. 14. Tratados de Al-Yahiz, P. 301. A‘lam-un Nisa’, Vol. 3, p. 1215.
  • 22. Ta’rij At-Tabari, Vol. 4, p. 52. Al-Imamah was-Siiasah, Vol. 1, p. 18. Ta’rij Al-Mas‘udi, Vol. 1, p. 414.
  • 23. Tadhkirat-ul Jawass, por As-Sibt ibn Al-Yawzi, P. 23. Ta’rij Dimashq, por Ibn ‘Asakir, Vol. 1, p. 107. Al-Manaqib, por Al-Joarizmi. P. 7. Al-Fusul Al-Muhimmal, por Ibn As-Sagh Al-Maliki, P. 21.
  • 24. Es decir, por el consenso de los musulmanes y sin que alguien pudiera considerarla un error.

Los hadices que indican el hecho de que Ali (P) debe ser seguido

Las tradiciones proféticas que me persuadieron a seguir al Imam Ali (P) fueron aquéllas que leí en los Sihah de los Sunnis y que son aprobadas por los Shi‘as, quienes poseen muchas más. Pero como de costumbre, sólo me referí a las tradiciones proféticas en las que concuerdan ambas partes. He aquí algunas de ellas:

A)

El Hadiz: Yo soy la ciudad del conocimiento y Ali es su puerta1.
Este dicho solamente, es suficiente para indicar quién debía ser seguido como ejemplo después del Mensajero de Allah (BP), pues el sabio es el más digno de ser seguido. Allah -el Altísimo- dice:

«Di: ¿Acaso se equiparan los que saben con los que no saben?» (Sagrado Corán; 39:9)

Asimismo, Él dice:

«¿El que guía hacia la Verdad es más digno de ser seguido, o quien no puede hacerlo a menos que sea guiado? ¿Cómo es que juzgáis?» (Sagrado Corán; 10:35)

Es obvio que el sabio es el que guía, y el ignorante es el que requiere dicha guía, necesitando más que cualquiera.

Respecto a ésta, la historia ha registrado que Ali (P) fue el más sabio de entre todos los Compañeros y que ellos solían consultarle en cada asunto importante, sin que haya habido ningún evento en el cual él haya recurrido a alguno de ellos.

Dijo Abu Bakr: “Que Allah no me enfrente jamás a un problema tal que Abul Hasan no esté para resolverlo”. Y ‘Umar dijo: “Si no fuera por Ali, ‘Umar habría perecido”2.

Ibn ‘Abbas dijo: “Mi conocimiento y el conocimiento de los Compañeros de Muhammad (BP) no es sino una gota en siete mares comparado con el conocimiento de Ali”3.

El Imam Ali (P) dijo sobre sí mismo: “Preguntadme antes que me perdáis. Por Allah, si me preguntarais sobre cualquier cosa que sucederá hasta el Día del Juicio, os contestaría sobre ella. Preguntadme sobre el Libro de Allah, porque, por Allah, que no hay aleya (del Corán) de la cual no sepa si es en la noche que fue revelada o en el día, en una llanura o en una montaña4.

En cambio, una vez que se le preguntó a Abu Bakr sobre el significado de la palabra Abb (pasto) en las Palabras de Allah, el Altísimo:

«Y frutas y pastos, para disfrute vuestro y de vuestro ganado» (Sagrado Corán; 80:31-32)

Abu Bakr respondió: “¿Cuál cielo me daría sombra, y en cual tierra me refugiaría, si digo algo que no sé sobre el Libro de Allah?”.

Y este es ‘Umar ibn Al-Jattab, diciendo: “Todas las personas son mas inteligentes que yo, incluso las mujeres”. Una vez se le preguntó sobre el significado de una aleya coránica, y su reacción fue reprender al hombre y golpearlo hasta que sangró. Luego dijo: “No preguntéis sobre asuntos que si se os manifestaran serían malos para vosotros”5.

También se le preguntó sobre Al-Kalalah, pero él no conocía esa norma.

En su Tafsir (Exégesis del Corán), At-Tabari manifestó que cierta vez ‘Umar dijo lo siguiente: “Conocer (la norma de) Kalalah sería mas valioso para mí que poseer los palacios de Siria”.

En uno de sus libros, Ibn Mayah registró a ‘Umar diciendo: “Hay tres cosas, que si hubieran sido aclaradas por el Mensajero de Allah, ello hubiera sido más preferible para mí que todo el mundo y lo que contiene: Al-Kalalah, la usura y el Califato”.

¡Glorificado sea Allah! ¡Lejos estaba el Mensajero de Allah de haber callado sobre estos temas y no haberlos esclarecido!

B)

El Hadiz: ¡Oh Ali! Tú ocupas en relación a mí la misma posición que Harun (Aaron) ocupaba en relación a Moisés, sólo que después de mí no habrá más profeta.

Este dicho, como es evidente para toda persona sensata, particulariza al Comandante de los Creyentes, Ali, para ser él el apoyo, el representante y el Califa (o sucesor) del Mensajero de Allah, tal como Harun fue el apoyo, el representante y el sucesor de Moisés cuando él se ausentó para encontrarse con su Señor.

También incluye la posición del Imam Ali (P) en relación al Profeta (BP) la cual es absolutamente igual a la de Harun (P) en relación a Moisés (P), excepto por la profecía, la cual fue excluida en el mismo hadiz.

Además, del hadiz se deduce el hecho de que el Imam Ali (P) fue el mejor de los Compañeros, a quien sólo sobrepasaba en categoría el mismo Mensajero de Allah (BP)

C)

El Hadiz: De quien yo fuera su señor(Autoridad), éste Ali, es su señor. ¡Oh Allah! Sé amigo de sus amigos y enemigo de sus enemigos, auxilia a quien le auxilie, abandona a quien le abandone, y haz que la justicia esté con él, donde sea que él se encuentre.

Este hadiz solamente, es suficiente para refutar las pretensiones concernientes a la prioridad de Abu Bakr, ‘Umar y ‘Uzman, por sobre quien fue designado por el Mensajero de Allah (BP) como Wali (protector) de los creyentes después de él mismo. Es inaceptable, por lo que no merece importancia, la opinión de aquéllos que interpretan el hadiz dándole el significado de que el Profeta (BP) deseaba hacer saber que quería a Ali (P) quien era un defensor (del Islam). Esto lo hacen para desvirtuar su significado original a fin de preservar la integridad de los Compañeros.

El Mensajero de Allah se puso de pie en el terrible calor dirigiéndose a la gente, diciendo: “¿Testificáis que yo tengo más derecho sobre los creyentes que ellos mismos?”. Ellos respondieron: “¡Sí, oh Mensajero de Allah!”. Entonces él (BP) dijo: “De quien yo fuera su señor, este es Ali, su señor...”

Esta es una clara estipulación de parte del Mensajero de Allah, de Ali como su sucesor para conducir a su comunidad. La persona sensata, justa e imparcial no puede sino aceptar que este es el significado (del hadiz) y descartar aquellas interpretaciones falsas, pues el preservar la integridad del Mensajero de Allah (BP) es antes que la de los Compañeros, pues esa interpretación conlleva una minimización y una burla a la sabiduría del Mensajero de Allah, quien reunió a la multitud de personas, en aquel insoportable calor, ¡sólo para decir que Ali era amigo y defensor de los creyentes!

¿Cómo es que explican, aquellos que malinterpretan el texto a fin de preservar la integridad de sus maestros y señores, la procesión de felicitaciones que el Mensajero de Allah (BP) organizó para Ali (P) después de ello? La fila de felicitaciones comenzó con las esposas del Profeta, las madres de los creyentes; y siguió con Abu Bakr y ‘Umar quienes fueron diciendo: “¡Bravo! ¡Bravo por ti, oh hijo de Abi Talib! Te has convertido en el Mawlá (señor) de todo creyente y toda creyente”.

En realidad, todas estas evidencias históricas dan claras indicaciones de que aquéllos que malinterpretaron la Tradición antes mencionada son mentirosos. ¡Ay! de ellos por lo que escribieron sus manos, y ¡ay! de ellos por lo que siguen escribiendo. Allah -el Altísimo- dice:

«...Pero algunos de ellos ocultan la verdad a sabiendas» (Sagrado Corán; 2:146)

D)

El Hadiz: Ali es parte de mí y yo soy parte de Ali, y nadie puede desempeñar mi deber excepto yo mismo o Ali6.

Esta honorable tradición es otra clara indicación de que el Imam Ali (P) fue la única persona a quien el Poseedor del Mensaje (BP) consideró digna para desempeñar sus deberes. El Mensajero dijo (este hadiz) en el día de la Gran Peregrinación, cuando envió a Ali con la Surat-ul Bara‘a en vez de Abu Bakr, quien regresó llorando y dijo: “¡Oh Mensajero de Allah! Permite que yo proclame algo de la revelación”. El Mensajero respondió: “Mi Señor me ordenó que nadie puede desempeñar mi deber excepto yo mismo o Ali”.

Esto es análogo a lo que en otra ocasión el Mensajero de Allah dijo en honor a Ali: “¡Oh Ali! Muéstrales el sendero recto cuando haya desacuerdo entre ellos después de mí”7.

Si nadie podía desempeñar el deber del Mensajero de Allah (BP) excepto Ali, y si él era el que mostraría a la comunidad el sendero recto cuando el desacuerdo surgiera entre ellos después de él (BP); entonces, ¿cómo pudo anteponerse a él quien no conocía el significado de Al-Abb y quien no conocía el significado de Al-Kalalah? Esta es una de las terribles tragedias que han afligido a nuestra comunidad y que le impidió cumplir con las obligaciones que Allah había establecido para ella.

No podemos culpar a Allah, a su Mensajero, o al Comandante de los Creyentes, Ali ibn Abi Talib por aquello, pues la grave culpa recae sobre aquéllos que desobedecieron y cambiaron. Allah, el Altísimo, dice:

«Y cuando se les dice: 'Venid hacia lo que Allah ha revelado y hacia el Enviado', dicen: 'Nos basta aquello en que encontramos a nuestros padres'. ¿Y si sus padres no sabían nada, ni estaban bien guiados?» (Sagrado Corán; 5:104)

E)

El Hadiz de la Casa, en el día de la Advertenci

El Profeta de Allah dijo, señalando a Ali:

Este es mi hermano, mi representante y mi califa (sucesor) después de mí; por lo tanto, escuchadle y obedecedle8.

Este es también otro de los correctos hadices citados por muchos historiadores, que se ubican al comienzo de la misión profética, y que son considerados como parte de los milagros del Profeta. No obstante, intrigas políticas distorsionaron las realidades y los hechos, por lo que no es de extrañarse que la opresión que tomó lugar entonces, se repita hoy, en esta época de luz.

Por ejemplo, Muhammad Hasanain Haikal, reprodujo el dicho en su totalidad en su libro: La Vida de Muhammad, en la página 104 de la primera edición, en 1354 de la Hégira, y desde la segunda edición en adelante, la parte del dicho donde el Profeta (BP) dice: “Él es mi representante y mi califa después de mí”, ha sido quitada.

Asimismo, en el libro Tafsir, de At-Tabari, vol. 19, pág. 121, cuando el Profeta dice: “Mi representante y mi califa”, fue cambiado a: “Este es mi hermano”, etc, etc.; pero ellos fracasaron en su cometido, pues no se percataron de que el mismo At-Tabari había citado el dicho en su totalidad en su libro de historia: Ta’rij At-Tabari, vol. 2, pág. 319.
Observen cómo cambian las palabras y distorsionan los hechos. «...Ellos quieren extinguir la luz de Allah con sus bocas, pero Allah es El que mantiene Su Luz».

Durante mi investigación quería ver la verdad por mí mismo, así que busqué la primera edición de La Vida de Muhammad, y después de un arduo trabajo, -Alabado sea Allah- la encontré, y ¡me costó considerablemente! Lo importante es que observé por mí mismo la distorsión, y eso aumentó mi certeza sobre que la gente perversa está tratando esforzadamente de remover realidades reconocidas, pues en ellas hay fuertes evidencias para sus “contendientes”.

Cuando el investigador imparcial se encuentra ante tan evidente distorsión, no vacila en mantenerse alejado de ellos, y entonces sabe, sin lugar a dudas, que no poseen evidencias sino falsedades, tergiversaciones y hechos que distorsionan a cualquier precio.

Ellos contratan a muchos escritores, a quienes dan dinero, títulos y falsos grados universitarios, a fin de que escriban lo que desean en libros y artículos, a través de los cuales insultan a los Shi‘as y los acusan de incrédulos; en tanto que, al mismo tiempo, defienden afanosamente la posición, aun si es injusta, de algunos de los Compañeros que se volvieron sobre sus propios pasos y cambiaron lo verdadero por lo falso después de la muerte del Mensajero de Allah (BP).
Dice Allah:

«Lo mismo decían sus antecesores. Sus corazones son iguales. En verdad, hemos aclarado los signos para la gente que tiene certeza» (Sagrado Corán; 2:118)

  • 1. Mustadrak Al-Hakim, Vol. 3, p. 127. Ta’rij Ibn Kazir, Vol. 7, p. 358. Ahmad ibn Hanbal en Al-Manaqib.
  • 2. Al-Isti‘ab, Vol. 3, p. 39. Manaqib Al-Joarizmi, P. 48. Ar-Riiad An-Nadirah, Vol. 2, p. 194.
  • 3. Ibíd.
  • 4. Al-Muhib At-Tabari, en Ar-Riiad An-Nadirah, Vol. 2, p. 198. Ta’rij Al-Julafa, por As-Suiuti, P. 124. Al-Itqan, Vol. 2, p. 319. Fath Al-Bari, Vol. 8, p. 485. Tahdhib At-Tahdhib, Vol. 7, p. 338.
  • 5. Sunan Ad-Darimi, Vol.1, p. 54. Tafsir Ibn Kazir, Vol. 4, p. 232. Ad-Durr-ul Manzur. Vol. 6, p. 111.
  • 6. Sunan Ibn Mayah, Vol. 1, p. 44. Jasa’is An-Nisa’i, P. 20. Sahih At-Tirmidhi, Vol. 5, p. 300. Yami’ul Usul, por Ibn Kazir, Vol. 9, p. 471. Al-Yami‘us Saghir, por As-Suiuti, Vol. 2, p. 56. Ar-Riiad An-Nadirah, Vol. 2, p. 229.
  • 7. Ta’rij Dimashq, por Ibn ‘Asakir, Vol. 2, p. 488. Kunuz Al-Haqa’iq, por Al-Manawi, P. 203. Kanz-ul ‘Ummal, Vol. 5, p. 33.
  • 8. Ta’rij At-Tabari, Vol. 2, p. 319. Ta’rij Ibn Al-Azir, Vol. 2, p. 62. As-Sirah Al-Halabiiah, Vol. 1, p. 311. Shawahid At-Tanzil, por Al-Haskani, Vol. 1, p. 371. Kanz-ul ‘Ummal, Vol. 15, p. 15. Ta’rij ibn ‘Asakir, Vol. 1, p. 85. Tafsir Al-Jazin, por ‘Ala’ud Din Ash-Shafi‘i, Vol. 3, p. 371. La Vida de Muhammad, por Hasanain Haikal. Primera Edición (Capítulo: “Y amonestad a vuestros parientes más cercanos”).

Los hadices correctos que indican el hecho de que es obligatorio seguir a Ahlul-Bait

1) El Hadiz de Az-zaqalain (Las dos joyas preciosas)

Dijo el Mensajero de Allah (BP):

“¡Oh gente! Dejo entre vosotros algo a lo que si os aferráis, jamás os extraviaréis. Ello es: el Libro de Allah (el Corán) y la Descendencia de la Gente de mi Casa (Ahl-ul Bait).

También dijo (BP):

“Pronto vendrá hacia mí el Enviado de mi Señor (Isra’il, el Ángel de la Muerte), y yo aceptaré Su invitación. Ciertamente que dejo entre vosotros dos joyas preciosas: La primera de ellas es el Libro de Allah, en el cual encontraréis guía y luz, y la segunda es Ahl-ul Bait (la Gente de mi Casa). Os prevengo, por Allah, que no olvidéis a Ahl-ul Bait... Os prevengo, por Allah, que no olvidéis a Ahl-ul Bait1.

Si examinamos con cuidado este noble hadiz, el cual ha sido referido en los Sihah de los Sunnis, encontraremos que solamente los Shi‘as siguieron las dos joyas preciosas: “Al Libro de Allah y a la Pura Descendencia del Profeta (BP)”, mientras que los Sunnis siguieron al dicho de ‘Umar: “Nos es suficiente el Libro de Allah”. Si por lo menos hubieran seguido el Libro de Allah sin interpretarlo según sus propios caprichos...

Pero si el mismo ‘Umar no comprendía el significado de Al-Kalalah y no conocía la aleya coránica respecto al Taiammum y otras tantas normas, entonces, ¿qué queda para aquellos que vinieron después de él y lo imitaron sin hacer Iytihad, o que lo hicieron, interpretando los textos coránicos según su parecer?

Naturalmente, me responderán con el hadiz citado por ellos, y que dice: “Dejo entre vosotros el Libro de Allah y mi Sunnah (Tradición)”2.

Este hadiz, si fuese verdadero, sería correcto en su significado general, pues la palabra “mi descendencia” en el hadiz Az-Zaqalain antes mencionado, determina por medio de quiénes podemos acceder a su Sunnah, puesto que con sus propias palabras, exhorta a referirse a su Familia (Ahl-ul Bait) para que, en primer lugar, les enseñen su propia tradición (Sunnah) y les transmitan los hadices correctos, pues ellos están alejados de la mentira, ya que Allah -Glorificado sea- los hizo infalibles en la aleya sobre la purificación.

En segundo lugar, para que les expliquen e interpreten los significados y propósitos de los hadices, pues el Libro de Allah solamente, no es suficiente para la guía. Existen tantas facciones que alegan seguir al Corán, pero que en realidad, se han extraviado, como dijo el Mensajero de Allah (BP): “¡Cuántos lectores de Corán hay, a quienes el mismo Corán maldice!”.

El Libro de Allah es general y brinda muchos aspectos. Contiene aleyas Muhkamah (normativas) y aleyas Mutashabihah (alegóricas), y para comprenderlas es necesario referirse a aquellos que son “los embuidos en la ciencia”, como lo manifiestan las aleyas coránicas, y a Ahl-ul Bait, como lo expresan las palabras del Profeta (BP).

Los Shi‘as se refieren en todo a los Imames Infalibles de Ahl-ul Bait, y tan solo realizan Iytihad de aquello sobre lo cual no existe estipulación.

En cambio, nosotros nos referimos en todo a los Compañeros, ya sea en lo concerniente a Tafsir (Exégesis) del Corán o a la confirmación de la Sunnah y su explicación... y ya conocemos la condición de los Compañeros, lo que hicieron, las cosas que inventaron e interpretaron en base a sus opiniones personales contrapuestas a los claros textos, y que suman cientos; por lo tanto, no podemos fiarnos de ellos después de los que han hecho.

Si preguntamos a nuestros ‘Ulama: “¿Cuál Sunnah siguen ustedes?”. Ellos responden categóricamente: “¡La Sunnah del Mensajero de Allah (BP)!”. Pero las realidades históricas son incompatibles con eso.

Ellos narraron que el Mensajero de Allah (BP) dijo: “Tomad mi Sunnah y la Sunnah de los Califas Correctamente Guiados después de mí. Sujetaos firmemente a ella”.

En ese caso, la Sunnah que ellos siguen sería, en su mayor parte, la de los Califas Correctamente Guiados. Incluso la Sunnah del Mensajero que ellos alegan seguir sería, en realidad, transmitida por estas personas.

Sin embargo, leemos en nuestros Sihah que se cita al Mensajero de Allah prohibiéndoles escribir su Sunnah, a fin de que no fuera confundida con el Corán. Eso es lo que hicieron Abu Bakr y ‘Umar durante su Califato.
Después de esto no queda prueba alguna para el dicho: “Os dejo mi Sunnah”3.

Los ejemplos que he citado en este estudio -además de muchos otros que no he mencionado-, son suficientes para refutar este dicho, pues, como es evidente, hay elementos en la Sunnah de Abu Bakr, ‘Umar y ‘Uzman, que contradicen y niegan la Sunnah del Profeta.

El primer incidente que tuvo lugar inmediatamente después de la muerte del Mensajero de Allah (BP), el cual los Sunnis y los historiadores en general mencionan, fue la discusión entre Fátima Az-Zahra (P) y Abu Bakr, quien basó su argumento en el pretendido hadiz: “Nosotros, la comunidad de los Profetas, no dejamos herencia, todo lo que dejamos atrás, es caridad”.

Este hadiz fue desmentido por Fátima (P), quien lo declaró falso basándose en el Sagrado Corán. Ella le replicó a Abu Bakr diciendo que su padre, el Mensajero de Allah, no pudo contradecir el Sagrado Corán que le fue revelado, pues Allah -Alabado sea el Altísimo- dice:

«Allah os ordena lo siguiente en lo que toca a vuestros hijos: que la porción del varón equivalga a la de dos mujeres» (Sagrado Corán; 4:11)

Esta aleya coránica es general, e incluye tanto a los profetas como a los que no lo son.
Ella asimismo se quejó con las siguientes dos aleyas del Altísimo. La primera es:

«Salomón heredó a David...» (Sagrado Corán; 27:16)

y ambos fueron profetas.
En la segunda, Allah -Glorificado sea- también dice:

«(Dice Zacarías:) Otórgame, pues, de Tu parte un descendiente que me herede a mí y herede a la familia de Jacob, y, haz, Señor, que él Te complazca» (Sagrado Corán; 19:5-6)

El segundo incidente en el que se vio envuelto Abu Bakr durante los primeros días de su Califato, y que los historiadores Sunnis recordaron, fue su desacuerdo con el más cercano a él de entre la gente: ‘Umar ibn Al-Jattab. El incidente tuvo lugar a causa de la decisión de Abu Bakr de combatir y asesinar a aquéllos que se rehusaran a pagar el Zaqat (diezmo o caridad obligatoria); pero ‘Umar discrepó y le dijo que no los combatiera, pues él había escuchado al Mensajero de Allah (BP) decir: “Yo he ordenado combatir a la gente hasta que diga: “No hay Dios sino Allah y Muhammad es el Mensajero de Allah”. El que diga eso, verá su riqueza y su sangre a salvo de mí, y sólo le cabe rendir cuentas ante Allah”.

El siguiente es un texto citado por Muslim en su Sahih:

“El Mensajero de Allah (BP) entregó la bandera a Ali en el Día de (la batalla de) Jaibar, y Ali dijo: “¡Oh Mensajero de Allah! ¿En base a qué los combatiré?”. El Mensajero de Allah respondió: “Combáteles hasta que testifiquen que no hay divinidad sino Allah y que Muhammad es el Mensajero de Allah, y si ellos lo hacen, entonces eso te impedirá matarles y tomar su riqueza, salvo lo que corresponda por derecho, y sólo les cabrá rendir cuentas ante Allah”4.

Pero Abu Bakr no se satisfizo con este hadiz y dijo: “Por Allah, yo combatiré a aquellos que se abstengan del Salat (oración) y del Zaqat, pues el Zaqat es una obligación impuesta sobre la riqueza (lo cual le permitiría combatirlos, pues según él “le correspondía por derecho”)”. Y también dijo: “Por Allah, si ellos me niegan un cordón de lo que solían darle al Mensajero de Allah (por corresponder al Zaqat), yo les combatiré por ello”.

Tras eso, ‘Umar ibn Al-Jattab se sintió satisfecho y dijo: “Luego que vi a Abu Bakr determinado, sentí que Allah confortaba mi corazón”.

¡Yo no sé como Allah pudo confortar los corazones de la gente por contradecir la Sunnah del Profeta! Esta interpretación fue usada para justificar su lucha contra los musulmanes, a los que Allah había prohibido matar. Allah dice en Su Libro Glorioso:

«¡Creyentes! Cuando acudáis a combatir por Allah, ¡Cuidado! No digáis al que os exprese “¡Paz!”: “¡Tú no eres creyente!” sólo por procurar los bienes de este mundo. Allah ofrece abundantes ocasiones de obtener botín. Vosotros también erais así antes y Allah os agració. ¡Cuidado, pues Allah está bien informado de lo que hacéis!» (Sagrado Corán; 4:94)

Sin embargo, aquéllos que se rehusaron a dar a Abu Bakr su Zaqat no negaron su obligación, sino que se demoraron en hacerlo para aclarar el asunto. Los Shi‘as dicen que estas personas estaban sorprendidas por el Califato de Abu Bakr, pues algunos de ellos habían estado presentes con el Mensajero de Allah (BP) en Huyyat-ul Wada’ (la Peregrinación de Despedida) y habían escuchado de él, la estipulación de Ali ibn Abi Talib (como su sucesor). Por consiguiente, decidieron esperar hasta conocer la realidad del asunto, pero Abu Bakr quería silenciarles respecto a esa realidad, razón por la que cometió una masacre.

Debido a que me he propuesto no argumentar en base a lo que dicen los Shi‘as, dejaré este tema para que lo investigue quien esté interesado en él.

No obstante, no debo olvidar de mencionar aquí que el Poseedor del Mensaje (BP) tuvo un encuentro con Za‘labah, quien le pidió repetidas veces que suplicara para que él se hiciera rico, y él prometió a Allah (que si se hacía rico) daría limosna. El Mensajero de Allah suplicó por Za‘labah, quien se hizo tan rico, que sus ovejas y camellos llenaban Medina; hasta que comenzó a apartarse y dejó de asistir a las Oraciones del Viernes. Cuando el Mensajero de Allah (BP) envió ante él a los encargados de recolectar el Zaqat, éste se rehusó a entregarles algo, alegando que eso sería una Yaziah (impuesto que se cobra a los no-musulmanes bajo el gobierno islámico) o algo similar a ello.

Aun así, el Mensajero de Allah no le combatió ni ordenó su muerte; y Allah reveló la siguiente aleya referente a él.

«Entre ellos hay algunos que juran por Allah: “Si Él nos agraciara de Su bondad, en verdad que daríamos limosna y ciertamente que nos contaríamos entre los virtuosos”. Mas cuando Él les hubo agraciado de Su bondad, se mostraron avaros de ello y volvieron la espalda rehusándose» (Sagrado Corán; 9:75-76)

Después de la revelación de la aleya coránica antes mencionada, Za‘labah se dirigió hacia el Mensajero de Allah (BP) llorando y le pidió que aceptara su Zaqat, pero el Mensajero de Allah se negó a aceptarlo, de acuerdo a las narraciones.

Si Abu Bakr y ‘Umar estaban siguiendo la tradición del Mensajero de Allah, ¿por qué permitieron el asesinato de todos esos inocentes musulmanes sólo porque se negaron a pagar el Zaqat?

Los apologistas tratan de justificar el error de Abu Bakr cuando él interpretó que tenía el derecho (a combatirlos) al ser el Zaqat una obligación impuesta sobre la riqueza, pero no queda ninguna excusa ni para ellos, ni para Abu Bakr después de considerar la historia de Za‘labah, quien se abstuvo del Zaqat y lo consideró “Yaziah”.

Quién sabe, quizás Abu Bakr persuadió a su amigo ‘Umar de la necesidad de asesinar a aquéllos que se negaban a pagar el Zaqat, porque de lo contrario su exhortación se habría difundido a través del mundo islámico para revivir aquella estipulación de Al-Gadir, donde Ali (P) fue confirmado para el Califato; y fue de este modo que ‘Umar ibn Al-Jattab sintió que Allah confortaba su corazón al combatirlos, teniendo en cuenta que fue él quien amenazó con matar y quemar a aquéllos que permanecían en casa de Fátima (P), a fin de forzarles a dar la Bai‘ah para su amigo.

En cuanto al tercer incidente que tuvo lugar durante los primeros días del Califato de Abu Bakr, y en el cual él se encontró a sí mismo en desacuerdo con ‘Umar al haber interpretado los textos del Corán y del Profeta, fue aquél de Jalid ibn Walid, quien asesinó a Malik ibn Nuwairah y tomó y violó a su esposa la misma noche. ‘Umar dijo a Jalid: “¡Oh enemigo de Allah!, asesinaste a un musulmán, luego violaste a su esposa... Por Allah que te lapidaré”5.

Pero Abu Bakr defendió a Jalid y dijo: “¡Oh ‘Umar!, perdónalo; él hizo interpretación (de las leyes) y cometió un error. No reprendas a Jalid”.

¡¡Este es otro escándalo que la historia ha registrado de un “prominente Compañero”!!, al que, cuando mencionamos, lo hacemos con todo respeto y reverencia. ¡Hasta le dimos el título de “la espada desenvainada de Allah”!

¿Qué puedo yo decir sobre un Compañero que hizo todo eso, quien mató a Malik ibn Nuwairah, el honorable Compañero, líder de Bani Tamim y Bani Iarbu‘, famoso por su generosidad, nobleza y coraje?

Los historiadores nos narraron que Jalid asesinó a Malik y a sus seguidores por medio del engaño, después de que ellos dejaron sus armas y se situaron juntos para rezar; que fueron amarrados con cuerdas, y que junto a ellos estaba Leyla bint Al-Minhal, la esposa de Malik, quien era considerada una de las mujeres árabes más hermosas de su tiempo. Se dice que cuando Jalid la vio, quedó atrapado por su belleza.

Malik dijo: “Oh Jalid, envíanos hacia Abu Bakr y él será nuestro juez”. Y ‘Abdullah ibn ‘Umar junto con Abu Qutadah Al-Ansari intervinieron y le insistieron a Jalid que los enviara hacia Abu Bakr, pero él se rehusó y dijo: “Que Allah no me deje con vida si no lo mato”. Entonces Malik miró a su esposa Leyla y luego se volvió a Jalid y le dijo: “Ella es la causa de mi muerte (es decir, que la belleza de su esposa lo llevó a matarlo)”. Después de eso Jalid ordenó su ejecución, detuvo a su esposa Leyla y la tomó esa misma noche6.

¿Qué puedo yo decir sobre aquellos Compañeros que infringieron las prohibiciones de Allah? Asesinaron a musulmanes sólo por pasiones personales y violaron las disposiciones cometiendo ataques sexuales.

En el Islam, una viuda no puede ser tomada como esposa por otro hombre antes de que un período definido de tiempo (‘iddah) haya transcurrido, período de tiempo que ha sido especificado por Allah en Su Libro Glorioso. Sin embargo, Jalid tomó como divinidad a sus pasiones, renegando así (del Islam); y ¿qué le podía importar la ‘iddah después de que ya había asesinado a su esposo y a sus seguidores, a pesar del hecho de que eran musulmanes, según el testimonio de ‘Abdullah ibn ‘Umar y de Abu Qutadah?

Este último se enfadó tanto por el comportamiento de Jalid que regresó a Medina y juró que él nunca serviría en un ejército bajo el estandarte de Jalid ibn Walid7.

Como estamos hablando de este famoso incidente, es digno de observar lo que el Profesor Haikal escribió en su libro: As-Siddiq Abu Bakr, en un capítulo titulado: “La opinión de ‘Umar y su razonamiento sobre el tema en cuestión”:

“‘Umar, quien era un ejemplo ideal de justicia, vio que Jalid había tratado injustamente a otro musulmán y que había tomado a su viuda antes del fin de su ‘iddah, por lo que consideró que Jalid no podía permanecer en el comando del ejército, a fin de que ningún incidente semejante se repitiera nuevamente, y no se corrompieran los asuntos de los musulmanes y les diera un mal nombre entre los árabes. Él dijo: “No es correcto dejarlo sin castigo después de su comportamiento con Leyla”.

Aun cuando fuera correcto que Jalid interpretó (las leyes) y se equivocó en lo que referente a Malik -siendo esto lo que ‘Umar no aprobó-, con lo que hizo a su viuda solamente, merecía ser condenado. El hecho de que él fuese “la espada de Allah” y lo que se dice sobre que “el triunfo sólo se consigue teniendo a Jalid como comandante”, no lo eximía de ser condenado ni tampoco era un motivo para que todas las prohibiciones fueran lícitas para él, ya que si fuera así, las personas como Jalid abusarían de la ley. Peor todavía, serían malos ejemplos para todos los musulmanes y no respetarían el Libro de Allah.

De este modo, ‘Umar mantuvo la presión sobre Abu Bakr hasta que él convocó a Jalid y lo reprendió”8.

¿Podemos preguntar al Sr. Haikal y a aquellos de nuestros sabios que se le asemejan, quienes tienden a preservar el honor de los Compañeros, por qué Abu Bakr no aplicó a Jalid las sanciones dispuestas en el Corán? Y si ‘Umar fue un ejemplo ideal de justicia -como Haikal lo expresó-, ¿por qué sólo le era suficiente con la destitución de Jalid del comando del ejército y no la aplicación de las sanciones legales, a fin de que no constituyera un mal ejemplo para todos los musulmanes respecto a cómo respetar el Libro de Allah, según él mismo dijo? ¿Acaso respetaron ellos el Sagrado Corán y ejecutaron las leyes de Allah? ¡No! Sólo seguían las pautas de la política, aquella que altera las verdades y arroja los textos coránicos sobre la pared.

Algunos de nuestros sabios nos narraron en sus libros que cierta vez el Mensajero de Allah (BP) se enojó mucho cuando Usamah trató de interceder a favor de una mujer noble acusada de robo. El Mensajero (BP) dijo:

“¡Pobre de ti! ¿Intercedes sobre una de las penas dispuestas por Allah? ¡Por Allah, que si la misma Fátima, la hija de Muhammad, robara, yo cortaría su mano! Él (Allah) aniquiló a aquellos que os precedieron porque dejaban ir al ladrón si era de entre las personas nobles, pero si el que robaba era un pobre, le aplicaban todo el vigor de la ley”.

¿Cómo pudieron permanecer en silencio en relación a la muerte de musulmanes inocentes y la violación de sus viudas en la misma noche, con lo desgraciadas que se sentían por la trágica pérdida de sus esposos? ¡Si por lo menos hubieran permanecido en silencio! Pero en cambio, tratan de justificar el delito de Jalid inventando numerosas virtudes y buenos actos sobre él. Hasta lo llamaron “la espada desenvainada de Allah”.

Recuerdo que me causó estupor un amigo mío, conocido por hacer bromas y por jugar con el significado de las palabras cambiando la expresión, cuando yo estaba mencionando las virtudes de Jalid ibn Walid durante mis días de ignorancia y lo llamé “la espada desenvainada de Allah”. Él respondió: “Él es la espada desafilada del demonio”. Yo me indigné entonces, pero después de mi investigación, Allah abrió mis ojos y me ayudó a conocer el valor real de aquéllos que se apropiaron del Califato y cambiaron e infringieron las leyes de Allah.

Hay una famosa historia sobre Jalid que sucedió durante la vida del Profeta, quien lo envió en una misión a Bani Yudhaimah para invitarlos al Islam, sin que le hubiera ordenado combatirlos. Pero ellos no declararon muy bien su Islam; más bien dijeron: “Hemos dejado nuestra religión... Nos estamos convirtiendo...”

En consecuencia, Jalid comenzó a asesinarlos y a tomarlos prisioneros. Pero algunos de sus Compañeros se negaron a hacer lo que se les ordenaba cuando se dieron cuenta de que esas personas verdaderamente se estaban convirtiendo al Islam. Cuando regresaron contaron al Profeta (BP) lo sucedido. Él dijo (BP): “¡Oh Allah!, yo no soy responsable de los crímenes de Jalid Ibn Walid”. Y repitió esto dos veces9.

Luego envió a Ali ibn Abi Talib a Bani Yudhaimah con dinero para pagar el precio de sangre por las muertes y por la pérdida de su riqueza. Incluso se pagó el precio de un recipiente del cual solían beber agua los perros, que también había sido destruido.

Después de que el Imam (P) regresara, el Mensajero de Allah se puso de pie y se orientó hacia la Qiblah (dirección hacia la Ka‘bah), elevó sus manos hacia el cielo y dijo tres veces: “¡Oh Allah!, yo no soy responsable de la acción de Jalid ibn Walid”10.

¿Podemos preguntar dónde está la pretendida rectitud que se atribuye a todos los Compañeros, teniendo en cuenta (las acciones de) Jalid ibn Walid, quien es considerado uno de nuestros más grandes hombres, hasta el punto que lo apodamos: “La espada de Allah”? ¿Acaso Allah desenvainó su espada para matar a musulmanes inocentes y violar la integridad de la gente?

Hay una clara contradicción aquí, pues Allah prohibe el asesinato de seres humanos y el cometer actos viles, inmorales e injustos; pero Jalid parece haber desenvainado la espada de la injusticia para asesinar a musulmanes inocentes y derramar su sangre, y para confiscar su riqueza y hacer cautivas a sus mujeres e hijos. Esto pone de manifiesto una evidente mentira y falsedad.

¡Glorificado y Alabado seas, oh Señor nuestro!; Tú estás por encima de todo eso, Bendito y Elevado sobremanera... Glorificado seas; Tú no creaste los cielos y la tierra y lo que hay entre ellos en vano. ¡Ay de los incrédulos!, pues el Infierno los está esperando.

¿Cómo se permitió Abu Bakr, siendo el Califa de los Musulmanes, escuchar respecto a todos aquellos crímenes y guardar silencio? Incluso hasta pidió a ‘Umar que dejara de atacar con su lengua a Jalid, y se enojó con Abu Qutadah porque protestó firmemente por la acción de Jalid.

¿Acaso estaba él convencido de que Jalid había interpretado (las leyes) y se había equivocado? ¿Qué excusa puede darse a aquellos criminales corruptos que violaron la integridad humana y afirmaron haber interpretado (las leyes)? Yo no creo que Abu Bakr en verdad haya considerado así la acción de Jalid, a quien ‘Umar ibn Al-Jattab llamó “el enemigo de Allah”.

‘Umar opinó que Jalid debía ser ejecutado, pues había asesinado a musulmanes inocentes; o que debía ser lapidado con un infierno de piedras, pues había abusado sexualmente de la viuda de Malik. Pero nada de eso le sucedió a Jalid; al contrario, salió victorioso sobre ‘Umar porque contaba con el apoyo incondicional de Abu Bakr, aun cuando éste conocía la verdad absoluta sobre Jalid, más que nadie.

Los historiadores han registrado que después de este terrible delito, Abu Bakr envió a Jalid en una misión hacia Iamamah, de la cual salió victorioso; y como resultado, tomó como esposa a una muchacha de allí, de la misma manera que hizo con Leyla, antes de que la sangre de aquellos inocentes musulmanes y de que la sangre de los seguidores de Musailamah se hubiera secado. Más tarde, Abu Bakr le reprochó lo que había hecho y usó palabras más fuertes que las utilizadas por lo que le hizo a Leyla11.

Indudablemente, el esposo de aquella muchacha fue asesinado por Jalid, quien la tomó para sí, de la misma manera que obtuvo a Leyla, la viuda de Malik.

Si hubiera sido de otra manera, Abu Bakr no se lo habría reprochado usando palabras más fuertes que en el evento anterior. Los historiadores mencionan el texto de la carta que Abu Bakr envió a Jalid ibn Walid en la cual decía: “¡Oh Ibn Umm Jalid! ¡Por mi vida, tú no estás haciendo nada sino tener relaciones con mujeres, y en el patio de tu casa todavía está la sangre de mil doscientos musulmanes, que aún no se ha secado!”.12

Cuando Jalid leyó la carta, comentó: “Esto debe ser obra de Al-A‘sar (quien torna dificultosas las cosas)”, refiriéndose a ‘Umar ibn Al-Jattab.

Estos son algunos de los fuertes motivos que me hicieron sentir aversión por este tipo de Compañeros y por sus seguidores que se sienten complacidos con ellos y los defienden afanosamente, interpretan los diferentes textos, e inventan fantásticas narraciones para justificar los actos de Abu Bakr, ‘Umar, ‘Uzman, Jalid ibn Walid, Mu‘awiah, Amr ibn Al-Aas, y sus semejantes.

¡Oh Allah! Te pido perdón y ante ti me arrepiento. ¡Oh Allah! Yo no soy responsable de las acciones y dichos de aquellas personas que se opusieron a Tus normas, violaron Tus prohibiciones y traspasaron Tus límites. Yo no soy responsable y me desentiendo de sus seguidores y de lo que hicieron. Perdóname por mi previo apoyo hacia ellos, puesto que yo era ignorante, ya que Tu Mensajero dijo: “El ignorante no será reprendido por su ignorancia”.

¡Oh Allah! Nuestros líderes y maestros nos han desviado, nos ocultaron la verdad, nos presentaron cuadros distorsionados de aquellos Compañeros renegados, y nos llevaron a creer que ellos eran las mejores personas después de Tu Mensajero. No hay duda de que nuestros antepasados fueron víctimas del engaño y las intrigas de los Omeyas y más tarde de los Abbasidas.

¡Oh Allah! Perdónalos y perdónanos, pues Tú conoces los secretos y lo que ocultan los corazones. Ellos sólo amaron y respetaron a aquellos Compañeros con buena intención, pues los consideraban como auxiliares de Tu Mensajero -que Tus bendiciones y paz sean sobre él y sobre aquellos que los aman-. Tú conoces, mi Señor, su amor y el nuestro por la Purificada Descendencia de Tu Mensajero (BP), los Imames de Ahl-ul Bait, de quienes alejaste la impureza y purificaste sobremanera; y por el primero de ellos, el señor de todos los musulmanes, el Comandante de los Creyentes, el jefe de los más iluminados, Imam de todos aquéllos que temen a Allah, nuestro señor Ali ibn Abi Talib (P).

¡Oh Allah! Conviérteme en uno de sus seguidores, de aquéllos que se aferran al cordel de su lealtad y que siguen su senda. Permíteme estar en su arca y ser de los que se aferran a su asidero, que es el más firme. Permíteme entrar por sus puertas y ser de los dedicados a su amor y amistad, de esos que realizan todo ello tanto en palabras como en acciones y que agradecen sus virtudes y legados.

¡Oh Allah! Resucítame junto a ellos, pues Tu Profeta (BP) dijo: “El hombre será resucitado (en el Día del Juicio) junto con aquéllos que ama”.

2) El hadiz del Arca

Dijo el Mensajero de Allah (BP):

“Por cierto que el ejemplo de Ahl-ul Bait (la Gente de mi Casa) es como el del Arca de Noé; todo el que se embarque en ella se salvará y todo el que la abandone se ahogará13.

Y también dijo (BP):

“El ejemplo de Ahl-ul Bait entre vosotros es como el de la Puerta del Arrepentimiento de los hijos de Israel; todo el que entre por ella será perdonado”14.

Ibn Hayar citó el hadiz antes mencionado en su libro As-Sawa‘iq Al-Muhriqah, e hizo el siguiente comentario:

“Su objetivo al compararlos con el Arca fue decir que quien los ame y los honre como un signo de su gratitud por sus gracias, y tome la guía de sus ‘Ulama, será salvado de la oscuridad de las contradicciones; y quien se aparte de ellos se ahogará en el mar de la ingratitud y será aniquilado en el desierto de la tiranía.

La razón de comparar a Ahl-ul Bait con la Puerta del Arrepentimiento es que Allah -el Altísimo- hizo que el entrar por la Puerta del Arrepentimiento (la Puerta de Jericó o de Bait-ul Muqaddas -Jerusalén-) con humildad e implorando el perdón, sea un medio para lograr Su Indulgencia. Similarmente, el medio para esta comunidad es Ahl-ul Bait”.

Desearía poder preguntarle a Ibn Hayar si él fue uno de aquéllos que subió a bordo del arca, entró por la puerta y fue guiado por los ‘Ulama, o si acaso fue uno de esos que no practican lo que dicen y que contradicen su propia creencia. Existen muchas de estas personas inicuas que cuando les pregunto o debato con ellas, dicen: “¡Nosotros tenemos prioridad respecto a Ahl-ul Bait y al Imam Ali; nosotros respetamos y apreciamos a Ahl-ul Bait, y nadie puede negar sus gracias y sus virtudes!”.

Así es; ellos dicen con sus lenguas lo que no está en sus corazones, o en todo caso, los respetan y aprecian, pero siguen e imitan a sus enemigos quienes los combatieron y contradijeron; o bien, la mayoría de las veces no saben lo que representa Ahl-ul Bait, y si les preguntas quién es Ahl-ul Bait, responden inmediatamente: “Son las esposas del Profeta, de quienes Allah alejó la impureza y purificó sobremanera”.

Fue uno de ellos el que me hizo “resolver el enigma” cuando le pregunté y me respondió diciendo: “Toda la gente Sunni sigue a Ahl-ul Bait”. Me sorprendí y dije: “¿Cómo puede ser eso?”. Él respondió: “El Mensajero de Allah (BP) dijo que debemos tomar la mitad de nuestra religión de Humairah (refiriéndose a ‘Aishah), por lo tanto, tomamos la mitad de la religión de Ahl-ul Bait”.

Es sobre esas bases que se puede entender sus palabras de respeto y apreciación por Ahl-ul Bait, pero si les preguntamos sobre los Doce Imames, sólo conocen de entre ellos a Ali, a Al-Hasan y a Al-Husain (con ellos sea la paz), y sin aceptar el Imamato de estos dos últimos (P), en tanto que respetan a Mu‘awiah ibn Abi Sufian, quien envenenó a Al-Hasan (P) y lo asesinó (ellos llaman a Mu‘awiah “El Escriba de la Revelación”), y a Amr ibn Al-Aas, de la misma manera que respetan a Ali (P).

Esto es lo que se llama contradicción, confusión y encubrir la verdad con la falsedad y la luz con la oscuridad.
¿Cómo puede el corazón del creyente contener el amor a Allah y al diablo al mismo tiempo? Allah dice en Su Libro Glorioso:

«No encontrarás pueblo alguno que crea en Allah y en el Último Día, que intime con quienes contrarían a Allah y a Su Mensajero, aunque sean sus padres, hijos, hermanos o parientes. A estos Allah grabó la fe en sus corazones y les fortaleció con su espíritu y les introducirá en jardines bajo los cuales fluyen ríos, donde morarán eternamente. Allah está complacido con ellos y ellos lo están con Él. Éstos constituyen el partido de Allah. Y ¿acaso no son los partidarios de Allah los que prosperan?» (Sagrado Corán; 58:22)

Allah también dice:

«¡Creyentes! ¡No toméis como amigos a quienes son Mis enemigos y los vuestros, dándoles muestras de afecto, siendo que renegaron de la Verdad que os ha llegado!» (Sagrado Corán; 60:1)

3) El Hadiz: “El que desea vivir como yo”

Dijo el Mensajero de Allah (BP):
“Todo el que desee vivir según mi vida, morir según mi muerte y habitar en el Jardín del Edén que ha dispuesto mi Señor, debe aceptar a Ali como su señor después de mí, amar a quienes lo amen, y seguir a Ahl-ul Bait después de mí, pues ellos son mi descendencia, han sido creados del mismo barro del que yo lo fui y fueron agraciados con el mismo conocimiento y comprensión que yo poseo. ¡Ay! de aquellos de mi comunidad que nieguen a Ahl-ul Bait sus virtudes y pasen por alto su relación y afinidad conmigo. Allah nunca les otorgará el beneficio de mi intercesión”15.

Como podemos ver, este hadiz forma parte de esos hadices claros que no requieren ninguna interpretación, ni deja ninguna oportunidad a los musulmanes para elegir; más bien, elimina cualquier excusa. El que no acepte a Ali como su señor y no siga a Ahl-ul Bait, la descendencia del Profeta, será privado de la mediación de su abuelo, el Mensajero de Allah (BP).

Es digno de mencionar aquí, que a través de la investigación que realicé, llegué a dudar de la autenticidad de este hadiz, pues me di cuenta de que él trae aparejado una amenaza terrible hacia aquellos que están en oposición a Ali y Ahl-ul Bait, especialmente cuando el hadiz no deja ninguna oportunidad para la interpretación. Se me facilitaron las cosas cuando leí en el libro Al-Isabah lo que Ibn Hayar Al-Asqalani afirma después de citar el hadiz. Dice:

“...En relación a su cadena de transmisión (del hadiz), debo decir que es débil la de Iahia ibn Ia‘la Al-Muharibi”.

De esa forma, Ibn Hayar hizo desaparecer algunas ambigüedades que permanecían en mi mente y pensé que Iahia ibn Al-Muharibi fabricó el hadiz, por lo que no era confiable... Pero Allah -Glorificado y Elevado sea- quiso mostrarme la verdad en su forma completa, brindándome un día la oportunidad de leer un libro titulado: Discusiones ideológicas sobre los escritos de Ibrahim Al-Yabhan16.

Este libro me hizo asumir una correcta posición, pues me clarificó que Iahia ibn Ia‘la Al-Muharibi sí era uno de aquellos transmisores veraces en los cuales los dos Shaij, Muslim y Al-Bujari, confiaron. Yo mismo seguí el caso y encontré que Al-Bujari citó varios hadices transmitidos por él con respecto a la expedición de Al-Hudaibiiah, en el Vol. 3, Pág. 31.

Asimismo, Muslim lo cita en su Sahih, Vol. 5, en un capítulo titulado: “Las Penas dispuestas por Allah”, Pág. 119. Incluso el mismo Adh-Dhalabi, con todo lo inflexible que era, lo consideró un transmisor confiable junto con los Imames de Al-Yarh y At-Ta‘dil (especialistas dedicados a discernir entre el transmisor confiable de hadices del que no lo es), y por supuesto, los dos Shaij, (Muslim y Al-Bujari) lo usaron como una referencia confiable.

Así que, ¿por qué toda esta intriga, falsificación, manipulación de las realidades y calumnias contra un hombre que fue considerado un transmisor confiable por los autores de los Sihah? ¿Es acaso porque él dijo la verdad con respecto a la necesidad de seguir a Ahl-ul Bait, lo que lo llevó a ser catalogado por Ibn Hayar como ineficaz y débil?

Parece que Ibn Hayar no se percató del hecho de que estos escritos serían analizados por algunos ‘Ulama sumamente críticos que considerarían tanto lo grande como lo insignificante y que descubrirían su partidismo e ignorancia, pues fueron iluminados por la luz de la profecía y dirigidos por la guía de Ahl-ul Bait.

Fue después de eso que me di cuenta de que algunos de los ‘Ulama tratan esforzadamente de encubrir la verdad, de modo que no salgan a la luz los asuntos de los Compañeros y de los Califas, quienes fueron su guías y líderes. Los encontramos tratando de interpretar los correctos y confirmados hadices según sus puntos de vista, otorgándoles significados diferentes; o bien negando aquellos que contradicen su madhhab, aunque estén mencionados en sus propios Sihah y Masanid. A veces, incluso eliminan la mitad o un tercio del hadiz para reemplazarlo por algo distinto. O bien arrojan dudas sobre los narradores confiables (del hadiz) porque éstos plantean temas que no satisfacen sus intereses, y en algunas ocasiones los publican en la primera edición (de un libro), pero los eliminan de las ediciones subsecuentes, sin dar ninguna justificación del por qué de dicha supresión. ¡A pesar de que muchos estudiosos se darían cuenta de la causa de ello!

Me percaté de todo eso después de la investigación que realicé... y tengo pruebas contundentes de lo que estoy diciendo. Desearía que ellos dejaran de dar pretextos tan insensatos para justificar las acciones de aquellos Compañeros que se volvieron sobre sus pasos, pues sus puntos de vista se contradicen entre sí y contradicen los hechos históricos. Desearía que siguieran la verdad aunque fuera amarga. Sólo entonces estarían tranquilos y dejarían en paz a los demás. Desearía que fueran la causa para la unión de esta comunidad dispersada y enfrentada solo por apoyar o desmentir sus palabras.

Ellos afirman que algunos de los primeros Compañeros no fueron transmisores confiables de los hadices del Profeta, por lo tanto declararon falso lo que no estaba de acuerdo a sus caprichos, especialmente si estos hadices incluían algunas de las últimas instrucciones del Mensajero de Allah (BP) antes de su muerte.
Al-Bujari y Muslim, ambos escriben sobre el hecho de que el Mensajero de Allah aconsejó tres cosas en su lecho de muerte:

- “Expulsad a los idólatras de la Península Arábiga;
- Retribuid al ejército de la misma manera en que yo lo hice”.

Y el narrador luego dice: “Olvidé la tercera”17.

¡¿Es posible que aquellos Compañeros que estuvieron presentes en su lecho de muerte y que oyeron las tres instrucciones, olvidaran la tercera, cuando nosotros sabemos que solían aprender de memoria una epopeya completa con sólo escucharla una vez?! No. Fue la política la que los forzó a olvidarla y a no mencionarla nuevamente. Ésta es mas bien otra de aquellas comedias organizadas por los Compañeros, pues no hay duda de que la primera instrucción del Mensajero de Allah fue para designar a Ali (P) como su sucesor; aunque el narrador no la citó.

La persona que investigue este tema, inevitablemente intuirá aquí la existencia de la recomendación de Ali (P) para la sucesión, a pesar de todos los intentos por encubrirla y eliminarla. Al-Bujari la citó en su Sihah, en un capítulo titulado: “Al-Wasaiah” (Los Legados o Última Voluntad). Muslim también la citó en su Sahih, en el capítulo “Al-Wasiah” y dijo que el Profeta recomendó a Ali (P) para la sucesión en presencia de ‘Aishah18. Observen cómo Allah muestra Su Luz aun cuando los opresores tratan de extinguirla.

Insisto en lo que dije antes: Si aquellos Compañeros no fueron lo suficientemente confiables como para transmitir las recomendaciones del Mensajero de Allah, entonces no podemos culpar a los Tabi‘in (seguidores de los Compañeros), ni a los que precedieron a estos últimos.

Si ‘Aishah, la Madre de los Creyentes, no podía soportar que se mencionara el nombre de Ali, y no podía desearle ningún bien -como Ibn Sa‘d escribe en su Tabaqat19 y Al-Bujari en su Sihah, en el capítulo titulado “La Enfermedad y Muerte del Profeta”-, y si ella se prosternó para agradecer a Allah cuando escuchó las noticias de la muerte de Ali (P), entonces ¿cómo vamos a esperar que relate la recomendación en favor de Ali (P), cuando era conocida, tanto pública como privadamente, por su animosidad y odio hacia Ali y sus hijos (P), y hacia toda la Familia del Mustafa (BP)?

Ua la haula ua la quwata illa billahil ‘aliil ‘azim
No hay poder ni fuerza excepto en Allah, Altísimo, Majestuoso.
  • 1. Sahih Muslim, Capítulo sobre “Las Virtudes de Ali”, Vol. 5, p. 122. Sahih At-Tirmidhi, Vol. 5, p. 328. Mustadrak Al-Hakim, Vol. 3, p. 148. Musnad Al-Imam Ahmad ibn Hanbal, Vol. 3, p. 17.
  • 2. El dicho es citado por Muslim en su Sahih, y por An-Nisa’i, At-Tirmidhi, Ibn Mayah y Abu Dawud en sus Sunan.
  • 3. La expresión “El Libro de Allah y mi Descendencia” es aceptada en forma unánime como atribuida al Mensajero de Allah (BP). En cambio el hadiz que contiene el término “mi Sunnah” no aparece en ninguno de los seis Sihah (de los Sunnis): El hadiz es citado con esa expresión en Al-Muwatta, de Malik ibn Anas, quien lo transmitió como “Mursal” (hadiz cuya transmisión solo tiene garantía hasta la segunda generación después del Profeta) y no como “Musnad” (hadiz de autenticidad verificada). Aparte de él, sólo lo mencionan algunos como At-Tabari e Ibn Hisham, quienes lo citaron como “Mursal”, del mismo Malik.
  • 4. Sahih Muslim, Vol. 8, p. 151. Sección de “La fe”.
  • 5. Ta’rij At-Tabari, Vol. 3, p. 280. Ta’rij Abul Fida’, Vol. 1, p. 158. Ta’rij Al-Ia‘qubi, Vol. 2, p. 110. Al-Isabah fi Ma‘rifat-is Sahabah, Vol. 3, p. 336.
  • 6. Ta’rij Abul Fida’, Vol. 1, p. 158. Ta’rij Al-Ia‘qubi, Vol. 2, p. 110. Ta’rij Ibn As-Sihnah, Vol. 11, p. 114 (en el comentario en forma de notas de Al-Kamil). Wafaiat-ul A‘ian, Vol. 6, p. 14.
  • 7. Ta’rij Al-Tabari, Vol. 3, p. 280. Ta’rij Al-Ia‘qubi, Vol. 2, p.110. Ta’rij Abul Fida’ Al-Isabah, Vol. 3, p. 336.
  • 8. As-Siddiq Abu Bakr, por el profesor Haikal. P. 151.
  • 9. Sahih Al-Bujari, Vol. 4, p. 171. Capítulo “Cuando el Juez juzga una tiranía y la rechaza”.
  • 10. Sirah Ibn Hisham, Vol. 4, p. 53. Tabaqat Ibn Sa‘d, por Asad Al-Ghabah, Vol. 3, p. 102.
  • 11. Haikal, en su libro: As-Siddiq Abu Bakr, P. 151 en adelante.
  • 12. Ta’rij At-Tabari, Vol. 3, p. 254. Ta’rij Al-Jamis, Vol. 3, p. 343.
  • 13. Al-Mustadrak, por Al-Hakim, Vol. 3, p.151. Ianabi‘ Al-Mawaddah, Pp. 30 y 370. As-Sawa‘iq Al-Muhriqah, por Ibn Hayar, Pp. 184 y 234. Ta’rij Al-Julafa y Yami‘ As-Saguir, por As-Suiuti, e Is‘af-ar Raguibin.
  • 14. Mayma‘uz Zaua‘id, por Al-Haizami, Vol. 9, p. 168.
  • 15. Mustadrak Al-Hakim, Vol. 3, p. 128. Al-Yami‘ul Kabir, por At-Tabarani. Al-‘Isabah, por Ibn Hayar Al-‘Askalani. Kanz-ul ‘Ummal, Vol. 6, p. 155. Al-Manaqib, por Al-Joarizmi, P. 34. Ianabi‘ Al-Mawaddah, P. 149. Hiliat-ul Awlia, Vol. 1, p. 86. Ta’rij Ibn ‘Asakir, Vol. 2, p. 95.
  • 16. Munaqashat ‘Aqa’idiiah fi Maqalat Ibrahim Al-Yabhan, P. 29.
  • 17. Sahih Al-Bujari, Vol. 1, p. 121. Sahih Muslim, Vol. 5, p. 75.
  • 18. Sahih Al-Bujari, Vol. 3, p. 68 (Capítulo: “Enfermedad y Muerte del Profeta”). Sahih Muslim, Vol. 2, p. 14.
  • 19. Tabaqat Ibn Sa‘d, Parte 2, p. 29.

Nuestra desgracia en relación al Iytihad que contradice los textos

A través de mi investigación deduje que la desgracia que sobrevino a la comunidad islámica se debió al Iytihad de los Compañeros, el cual contradecía los claros textos. De este modo fueron violadas las ordenanzas de Allah y destruida la Tradición del Profeta.

Los sabios y líderes religiosos llegan a hacer analogía del Iytihad que realizaron esos Compañeros y así contradicen a veces los textos proféticos cuando no están de acuerdo con lo que algunos de los Compañeros hicieron. Incluso contradicen los textos coránicos; y no estoy exagerando, pues ya mencioné anteriormente que, a pesar de la existencia del texto del “Taiammum” en el Libro de Allah, como así también en la Tradición confirmada del Mensajero, hicieron su propio Iytihad, y afirmaron que se debía dejar de hacer las oraciones si no había agua. ‘Abdullah ibn ‘Umar justificó esta interpretación de la manera en que ya indicamos en otra parte de esta investigación.

Uno de los primeros Compañeros en abrir la puerta del Iytihad fue el segundo Califa, quien utilizó sus propios puntos de vista contradiciendo los textos coránicos después de la muerte del Mensajero de Allah (BP) para despojar (del Zaqat) a los llamados Al-Mu’alifah Qulubuhum (aquéllos cuyos corazones fueron ganados al Islam por dádivas), para quienes Allah dispuso una parte del Zaqat. Él les dijo: “No tenemos necesidad de vosotros”.

En cuanto a sus interpretaciones de los textos proféticos, son numerosas, e hizo Iytihad muchas veces, aun en vida del Profeta mismo. Ya hemos indicado anteriormente su oposición durante el Tratado de Paz de Al-Hudaibiiah, y cómo se opuso firmemente a la escritura de la última recomendación del Mensajero y dijo: “Nos es suficiente el Libro de Allah”.

Ocurrió otro incidente entre él y el Mensajero de Allah (BP) que nos muestra claramente la mentalidad de ‘Umar, quien se permitió a sí mismo discutir y oponerse al Poseedor del Mensaje (BP); el incidente fue en relación a las albricias del Paraíso.

El Mensajero de Allah envió a Abu Hurairah con la instrucción de que donde fuera que encontrase a un hombre cuyo corazón estuviera absolutamente convencido de “LA ILAHA ILLA ALLAH” (No hay divinidad sino Allah), le albriciara el Paraíso. Abu Hurairah salió a dar las buenas nuevas hasta que encontró a ‘Umar, quien le impidió continuar su misión y lo golpeó hasta el punto que cayó sentado en el suelo.

Abu Hurairah regresó llorando hacia el Mensajero de Allah y le narró su encuentro con ‘Umar; por lo cual el Mensajero le preguntó a ‘Umar: “¿Qué es lo que te hizo actuar así?”. ‘Umar respondió con otra pregunta: “¿Acaso lo enviaste tú para que albriciara el Paraíso a todo aquél que dijera: “LA ILAHA ILLA ALLAH” con absoluta certeza en su corazón?”. El Mensajero de Allah respondió: “Sí”. ‘Umar dijo entonces: “No hagas eso, pues temo que toda la gente se atenga sólo a (decir): “LA ILAHA ILLA ALLAH” (No hay divinidad sino Allah)”.

También tenemos a su hijo ‘Abdullah ibn ‘Umar, quien temió que la gente dependiera del Taiammum, por lo que ordenó, en ese caso (si no hay agua), no realizar las oraciones.

Desearía que hubieran dejado los textos tal como son y que no los hubieran cambiado con sus interpretaciones fútiles que solo tienden a erradicar las leyes islámicas, a mancillar las obligaciones sagradas dispuestas por Allah, a dividir a la comunidad en diferentes madhahib, y llevan al surgimiento de opiniones diversas y facciones enfrentadas.

Observando las diferentes actitudes que adoptó ‘Umar en relación al Mensajero de Allah y a su Tradición, podemos deducir que él nunca creyó en la infalibilidad del Mensajero y que lo consideraba como cualquier otro hombre que podía tanto equivocarse como acertar.

Es en base a esto que se formó la opinión adoptada por los sabios de la Sunnah y Al-Yama‘ah sobre que el Mensajero de Allah (BP) fue solo infalible con respecto a transmitir el Sagrado Corán, pero que aparte de eso, se equivocaba como cualquier otro ser humano, y como prueba de ello, dicen que ‘Umar corrigió en muchas oportunidades la opinión del Profeta (BP).

Algunas personas ignorantes afirman que el Mensajero de Allah (BP) aceptó las tentaciones del demonio en su casa. Dicen que una vez él estaba tendido de espaldas, rodeado por mujeres que tocaban sus tambores, y que el demonio jugaba alegremente junto a él, hasta que llegó ‘Umar ibn Al-Jattab; entonces el demonio huyó y rápidamente las mujeres escondieron sus tambores bajo sus asientos. El Profeta dijo a ‘Umar: “Tan pronto como el demonio te vio, escapó por un camino diferente al que tú venías”.

Por lo tanto, no es sorprendente que consideren que ‘Umar ibn Al-Jattab podía tener sus propias opiniones sobre la religión y permitirse a sí mismo oponerse al Mensajero de Allah (BP) en temas políticos, e igualmente en los religiosos, como explicamos anteriormente con respecto a las albricias del Paraíso para los creyentes.

A partir de la idea del Iytihad y la utilización de la opinión personal que contrariaba los textos, surgió, o más bien se formó, un grupo de Compañeros guiados por ‘Umar ibn Al-Jattab, a quienes vemos cómo en Iawm-ur Raziiah (El Día de la Desgracia) apoyaron el punto de vista de ‘Umar, contrariando así los claros textos.

También podemos deducir que fueron éstos mismos quienes no aceptaron las estipulaciones de “Al-Gadir” en las cuales el Profeta (BP) confirmó que Ali debía ser su Califa (sucesor) sobre todos los musulmanes, y que esperaron la oportunidad justa para rechazarlas cuando el Profeta murió. La reunión que tuvo lugar en As-Saqifah y la consiguiente elección de Abu Bakr, fueron el resultado de aquel Iytihad.

Cuando consolidaron su control sobre los asuntos, y la gente empezó a olvidar los textos del Profeta relacionados a la sucesión al Califato, comenzaron a interpretar todo. Incluso impugnaron el Libro de Allah, violaron las disposiciones y cambiaron los preceptos.

La tragedia de Fátima Az-Zahra (P) tuvo lugar después de la tragedia de su esposo en relación a la usurpación de su dignidad de Califa. Luego tuvo lugar la tragedia del asesinato de quienes se abstenían del pago del Zaqat. Todo eso a causa del Iytihad que contradecía los textos.

Luego vino el Califato de ‘Umar Ibn Al-Jattab que fue la inevitable consecuencia de ese (tipo de) Iytihad, pues Abu Bakr implementó su propia interpretación y lo designó como su sucesor, suprimiendo así el sistema de Shura (consulta) al cual él mismo se aferraba como argumento para justificar su califato. ‘Umar llegó e hizo que la situación empeorara, pues el mismo “protector de los asuntos de los musulmanes” permitía cosas que habían sido prohibidas por Allah y su Mensajero1 y prohibía lo que Allah y Su Mensajero habían permitido2.

Cuando ‘Uzman llegó al poder después de ‘Umar, dio un gran salto en lo que a Iytihad se refiere. Hizo más de lo que cualquiera de sus predecesores había hecho hasta entonces; tanto es así, que sus interpretaciones comenzaron a afectar la vida política y religiosa en general, dando como resultado la revolución. Pagó con su vida el precio de su Iytihad.

Cuando el Imam Ali (P) se hizo cargo de los asuntos de los musulmanes, se encontró con grandes dificultades para hacer retornar a la gente a la noble tradición profética y al Sagrado Corán, y trató esforzadamente de eliminar todas las innovaciones introducidas en la religión, pero algunas personas se empeñaban en gritar: “...¡Ah! ¡La Tradición de ‘Umar!”.

Estoy convencido de que aquéllos que combatieron y contradijeron al Imam Ali (P) hicieron eso porque él -que la paz de Allah sea sobre él- los forzaba a mantenerse en el camino y a referirse a las correctas estipulaciones. De este modo, erradicó todas las innovaciones e interpretaciones que habían sido añadidas a la religión a lo largo de un cuarto de siglo y a las que la gente se había acostumbrado, especialmente aquellos que estaban sujetos a sus caprichos y codicias mundanales, quienes tomaron de la riqueza de Allah y de la gente para sus propios fines, acumulando oro y plata, y privando a los oprimidos de los derechos básicos que prescribe el Islam.

Siempre encontramos que los arrogantes de todas las épocas tienden hacia el Iytihad y lo ponderan porque les brinda una amplia posibilidad para alcanzar sus fines de alguna manera. En cuanto a los textos, aparecen como barreras en sus caminos que les impiden lograr sus propósitos.

Es digno de mencionar aquí que el Iytihad puede tener sus seguidores en cualquier época y en cualquier lugar, incluso entre los mismos oprimidos, simplemente porque es fácil de implementar y no tiene firmes compromisos.

Debido a que el texto exige obligaciones y carece de libertad, los políticos tienden a llamarlo “norma teocrática”, o sea, norma de Allah; y debido a su libertad y falta de obligaciones, el Iytihad es a veces llamado “norma democrática”, o sea, la norma del pueblo.

Aquéllos que se reunieron en As-Saqifah después de la muerte del Profeta (BP) decidieron abolir el gobierno teocrático que fue establecido por el Mensajero de Allah sobre las bases de los textos coránicos, y lo transformaron en un gobierno democrático donde el pueblo eligió a quien le pareció adecuado para que lo dirigiera. Si bien esos Compañeros no conocían la palabra “democracia”, pues no es una palabra árabe, en cambio conocían el sistema de “Shura”3.

Aquéllos que en el presente no aceptan el texto relacionado a la sucesión al Califato, son los defensores de la “democracia”, quienes se enorgullecen de ello, afirmando que el Islam fue el primero en adoptar tal sistema. Ellos son los defensores del Iytihad y de las reformas, y hoy en día son los más próximos al sistema político occidental, razón por la cual los gobiernos del oeste los glorifican y los llaman musulmanes progresistas y tolerantes.

En cuanto a los Shi‘as, los defensores de la “teocracia” o el gobierno de Allah, rechazan el Iytihad que contradiga los textos, y diferencian entre la norma de Allah y el sistema de Shura. Ellos no encuentran ninguna relación entre Shura y los textos, sino que el Iytihad y el Shura sólo son posibles en aquello donde no hay textos.

Vemos que Allah -Alabado sea- eligió a Su Mensajero Muhammad y aun así Él dijo:

«...Y consúltales sobre el asunto...» (Sagrado Corán; 3:159)

En cuanto a la elección de líderes de la humanidad, Allah dice:

«Tu Señor crea y elige lo que quiere. El elegir no les incumbe» (Sagrado Corán; 28:68)

Cuando los Shi‘as defienden la sucesión del Imam Ali (P) al Califato después del Mensajero de Allah, ellos están, en realidad, aferrándose al texto (Nass); y cuando desacreditan a algunos de los Compañeros, sólo lo están haciendo con quienes reemplazaron el Nass con el Iytihad, de forma que descuidaron las normas de Allah y de Su Mensajero, abriendo una herida en el Islam, que todavía no ha cicatrizado.

Como consecuencia encontramos asimismo que los gobiernos occidentales y sus pensadores, desprecian a los Shi‘as y los llaman religiosos fanáticos y reaccionarios porque quieren regresar al Corán, el cual establece que se debe cortar las manos al ladrón, que el adúltero debe ser lapidado, y exhorta a la gente a luchar en el sendero de Allah. Para ellos todo eso es brutalidad y barbarismo.

A través de este estudio comprendí la razón por la que algunos de los líderes religiosos de la Sunnah wal Yama‘ah cerraron la puerta del Iytihad a partir del siglo II de la Hégira. Quizás fue así debido a lo que había acarreado ese Iytihad sobre la comunidad islámica, desde calamidades y desgracias, hasta guerras sangrientas y devastadoras. Es así como el Iytihad ha transformado a la mejor comunidad que ha surgido de entre la gente, en una comunidad de facciones enfrentadas que combaten entre sí, donde reina la anarquía, y que se aparta del Islam volviendo a la Yahiliiah (período pre-islámico).

La puerta del Iytihad permaneció abierta entre los Shi‘as, mientras que los textos perduran intactos y nadie pudo cambiarlos. Lo que los ayudó fue la presencia de los Doce Imames (P), quienes heredaron el conocimiento de su abuelo. Ellos solían decir que no hay cuestión sobre la cual Allah no se haya pronunciado, y que el Mensajero de Allah (BP) no haya aclarado.

También comprendemos que cuando la gente de la Sunnah wal Yama‘ah siguió a los Compañeros que hicieron Iytihad e impidieron que se materializara aquel escrito en la tradición profética, se vio obligada, debido a la ausencia de los textos, a hacer Iytihad en base a opiniones personales, Qiias (analogía) e Istis-hab (consideración del estado anterior de una disposición ante la duda de su cambio), así como también a cerrar la puerta de otros medios que no fueran éstos.

También comprendemos que los Shi‘as se reunieron alrededor del Imam Ali (P) quien es la Puerta de la Ciudad del Conocimiento, y quien solía decirles: “Preguntadme sobre cualquier cosa, pues el Mensajero de Allah me abrió mil puertas de conocimiento, cada una de las cuales abre mil puertas más”4.

Pero los que no eran Shi‘as se agolparon alrededor de Mu‘awiah ibn Abi Sufian, quien no conocía de la tradición profética sino muy poco.

Después de la muerte del Imam Ali, el líder de la facción opresora (Mu‘awiah) se transformó en “el Comandante de los Creyentes” y actuó sobre la religión de Allah implementando mucho más sus propias opiniones personales que aquéllos que le precedieron. Pero la gente de la Sunnah wal Yama‘ah dice que él fue “El Escriba de la Revelación”, y uno de los ‘Ulama destacados en la interpretación del Islam.

¿Cómo pueden considerar que hizo (un correcto) Iytihad, cuando fue el que envenenó y mató a Al-Hasan ibn Ali (P), el Señor de los Jóvenes del Paraíso? ¡Quizás dicen: “Eso también formó parte de su Iytihad, pero se equivocó”!

¿Cómo pueden considerar que hizo (un correcto) Iytihad, cuando tomó la Bai‘ah de la comunidad para sí mismo mediante la fuerza y la coerción, y luego para su hijo Iazid, cambiando así el sistema de Shura por uno monárquico y hereditario?

¿Cómo pueden considerar correcto su Iytihad y hacerlo merecedor de una recompensa, cuando forzó a la gente a maldecir a Ali y a Ahl-ul Bait, la descendencia de Al-Mustafa (BP), desde los púlpitos de cada Mezquita, de tal modo que se transformó en una tradición mantenida durante sesenta años?

Y ¿cómo pueden llamarlo “El Escriba de la Revelación”, desde que ella descendió sobre el Mensajero de Allah (BP) a lo largo de veintitrés años, de los cuales los primeros once Mu‘awiah era politeísta y no se islamizó sino hasta después de Al-Fath (la conquista de La Meca por los musulmanes) y no hallamos ninguna referencia histórica que indique que él haya vivido en Medina, mientras que el Mensajero de Allah (BP) no vivió en La Meca después de Al-Fath? Por lo tanto, ¡¿cómo se las arregló Mu‘awiah para escribir la Revelación?!

fa la haula ua la quwata illa billahil ‘aliil ‘azim
(No hay poder ni fuerza excepto en Allah, Altísimo, Majestuoso).

La pregunta retorna constantemente: ¿Qué grupo estaba en lo cierto y cuál estaba errado? O Ali y sus seguidores estaban equivocados, o bien Mu‘awiah y los suyos lo estaban.

El Mensajero de Allah dejó todo en claro, pero algunos de aquéllos que afirman seguir la Sunnah (tradición), la demandan sin derecho, pues se me hizo patente, a través de mi investigación y de la posición asumida en defensa de Mu‘awiah, que éstos -sus defensores- son seguidores suyos y de los Omeyas, y no de la Sunnah profética como afirman. Si observamos sus posiciones, encontramos que odian a los seguidores de Ali, celebran el Día de ‘Ashura como festivo, defienden a los Compañeros que hicieron sufrir al Mensajero de Allah durante su vida y después de su muerte, y consideran correctos sus errores y justifican sus acciones siempre.

¿Cómo pueden amar a Ali y Ahl-ul Bait (P), y al mismo tiempo estar complacidos con sus enemigos y asesinos?

¿Cómo pueden amar a Allah y a su Mensajero y al mismo tiempo defender a quien cambió las reglas de Allah y de Su Mensajero, hizo Iytihad e interpretó estas reglas según su propia opinión?

¿Cómo pueden respetar a quien no respetó al Mensajero de Allah y lo acusó de Hayr (delirar) y enfrentó su autoridad?

¿Cómo pueden seguir a líderes religiosos que fueron designados por los Omeyas o por los Abbasidas por razones políticas, y abandonar a los Imames, sobre quienes el Mensajero de Allah dejó estipulado su número5 y nombres6?

¿Cómo pueden seguir a alguien que no conocía realmente al Profeta y que dejó de lado a quien es “la Puerta de la Ciudad del Conocimiento”, cuya relación respecto al Mensajero era la misma que la de Harun en relación a Musa?

¿Quién fue el primero en usar el término “Ahl-us Sunnah wal Yama‘ah” (La Gente de la Tradición y el Consenso)?

He buscado a través de los libros de historia y solamente encontré que concordaron en llamar al año en el cual Mu‘awiah tomó el poder, “el año de Al-Yama‘ah”. Fue llamado así debido a que la comunidad se había dividido en dos facciones después de la muerte de ‘Uzman: La Shi‘a de Ali, y los seguidores de Mu‘awiah. Cuando el Imam Ali (P) fue martirizado y Mu‘awiah tomó el poder, después del pacto (de paz) que firmó con el Imam Al-Hasan (P), se convirtió en el “Comandante de los Creyentes” y el año fue llamado entonces “Al-Yama‘ah”.

De ahí que el nombre de Ahl-us Sunnah wal Yama‘ah indica el seguir la Sunnah de Mu‘awiah y el consenso para su autoridad, y no se refiere a los seguidores de la Sunnah del Mensajero de Allah.

Los Imames de la descendencia del Profeta, y Ahl-ul Bait en general, conocían y entendían más sobre la Sunnah de su abuelo, que los Tulaqa (árabes de La Meca que abrazaron el Islam a última hora, por conveniencia). La Gente de la Casa (Ahl-ul Bait) sabía más respecto a lo que había dentro de ella. La gente de La Meca conocía mejor que nadie su estirpe, pero nosotros nos separamos de los Doce Imames señalados (en sus dichos) por el Mensajero de Allah (BP) y seguimos a sus enemigos.

A pesar de que reconocemos el hadiz en el cual el Mensajero de Allah mencionó a los Doce Califas, siendo todos ellos de Quraish, siempre nos limitamos a los cuatro Califas. Quizás fue Mu‘awiah quien nos llamó Ahl-us Sunnah wal Yama‘ah, refiriéndose al consenso para su Sunnah (tradición) en la cual hizo obligatorio maldecir a Ali y a Ahl-ul Bait.

Esto continuó durante sesenta años, hasta que ‘Umar ibn ‘Abdul ‘Aziz -que Allah esté complacido con él- acabó con esto. Algunos historiadores nos narran que los Omeyas mismos conspiraron para asesinar a ‘Umar ibn ‘Abdul ‘Aziz, a pesar de que él era uno de ellos, pues acabó con su Sunnah, que era maldecir a Ali ibn Talib (P).

¡Oh mi familia y mi gente! Orientémonos -guiados por Allah, el Altísimo-, busquemos la verdad, y dejemos el fanatismo de lado, pues somos las víctimas de los Abbasidas, de la historia oscura y del estancamiento intelectual que impusieron nuestros predecesores. Indudablemente, somos las víctimas de las astucias y los ardides de personas como Mu‘awiah, Amr ibn Al-Aas, Al-Mughirah ibn Shu‘bah y otros similares. Indaguemos dentro de la historia del Islam a fin de alcanzar la verdad absoluta y así Allah “nos recompensará dos veces”.

Tal vez Allah unifique esta comunidad por vuestro medio, la cual fue afligida por la muerte de su Profeta y luego se dividió en setenta y tres facciones. Unamos esta comunidad bajo la bandera de La Ilaha Illa Allah, Muhammadar Rasulul-Lah (“No hay divinidad sino Allah, Muhammad es el Mensajero de Allah”), y aferrémonos a Ahl-ul Bait An-Nabawi, la Gente de la Casa del Profeta, a quien el Mensajero de Allah (BP) nos ordenó seguir. Él dijo:

“No tratéis de adelantaros a ellos, ya que seríais aniquilados, ni seáis negligentes a su respecto, puesto que causaríais destrucción. No tratéis de enseñarles, pues son más sabios que vosotros”.7

Si lo hiciésemos, Allah disiparía Su ira de nosotros, transformaría nuestro temor en paz y tranquilidad, nos capacitaría para gobernar en la Tierra, y haría que Su Wali (amigo), el Imam Mahdi -que la paz sea con él- aparezca entre nosotros, ya que el Mensajero de Allah prometió su reaparición para llenar la Tierra de equidad y justicia, así como antes habrá sido llenada de injusticia y opresión...

De este modo, Allah extenderá Su Luz por su intermedio (P), en el mundo entero.

  • 1. Como en el caso de “los tres divorcios consecutivos”. Sahih Muslim, Capítulo sobre “los tres divorcios consecutivos”. Sunan Abi Dawud. Vol. 1, p. 344.
  • 2. Como en el caso de la prohibición de Mut‘at-ul Hayy y Mut‘at-un Nisa. Sahih Muslim, Capítulo sobre “Al-Hayy”. Sahih Al-Bujari, Sección sobre “Al-Hayy”. Capítulo sobre “At-Tamattu’”.
  • 3. A pesar de que tal cosa no se consigue ni aun en este tipo de elección, pues aquéllos que son elegidos no llegan de ninguna manera (en la práctica) a representar a toda la comunidad.
  • 4. Ta’rij Dimashq, por Ibn ‘Asakir, Vol. 2, p. 484. Maqtal-ul Husain, por Al-Joarizmi, Vol. 1, p. 38. Al-Gadir, por Al-Amini, Vol. 3, p. 120.
  • 5. Sahih Al-Bujari, Vol. 4, p. 164. Sahih Muslim, P. 119.
  • 6. Ianabi‘ Al-Mawaddah, por Al-Qunduzi Al-Hanafi.
  • 7. Ad-Durr-ul Manzur, por As-Suiuti, Vol. 2, p. 60. Usud-ul Ghabah, Vol. 3, p. 137. As-Sawa‘iq Al-Muhriqah, por Ibn Hayar, Pp. 148 y 226. Ianabi‘ Al-Mawaddah, Pp. 41 y 355. Kanz-ul ‘Ummal, Vol. 1, p. 168. Mayma‘-uz Zawa’id, Vol. 9, p. 163.

Una invitación a los amigos para investigar

El cambio fue para mí, el comienzo de una felicidad espiritual, y sentí una paz interior y un gran regocijo por la madhhab de la verdad que descubrí, de la que sin lugar a dudas, se puede decir que es el Islam verdadero. Me sentí rebozar de una gran alegría, y orgulloso de mí mismo, por la guía y dirección que Allah me había otorgado.

No podía guardar silencio y ocultar lo que estaba sucediendo dentro de mí, y me dije: “Debo divulgar esta verdad a la gente”. «Habla sobre las gracias de tu Señor» (Sagrado Corán; 93:11). Esa es una de las gracias más grandes, si no la más grande de este mundo y de la otra vida. “El que calla la verdad es un demonio silencioso”, y “después de la verdad no hay nada sino extravío”.

Lo que me hizo convencerme de que yo debía difundir esta verdad fue la inocencia de la gente Sunni que ama al Mensajero de Allah y a Ahl-ul Bait. Todo lo que se necesitaba hacer era apartar ese velo que fue colocado por la historia sobre sus corazones, para que pudieran seguir la verdad, pues fue lo que me sucedió a mí personalmente.
Allah, el Altísimo, dice:

«Así fuisteis también vosotros en otro tiempo y Allah os agració...» (Sagrado Corán; 4:94)

Invité a cuatro de mis amigos de entre los profesores que enseñaban conmigo en el Instituto; dos de ellos enseñaban Educación Religiosa, el tercero enseñaba Árabe y el cuarto era profesor de Filosofía Islámica. Ninguno de los hombres era de Qafsa, sino de Túnez, de Yammal y de Susah.

Los invité a investigar conmigo este delicado tema, y les di a entender que yo no podía comprender el significado de ciertas cosas, y expresé alguna inquietud y duda sobre algunos asuntos. Aceptaron mi invitación y decidieron venir a mi casa después del trabajo.

Cuando llegaron, les hice leer Al-Muraya‘at, y les dije que su autor afirma muchas cosas extrañas y sorprendentes sobre la religión. El libro despertó el interés de tres de ellos; en cuanto al cuarto, el que enseñaba Árabe, nos abandonó después de cuatro o cinco encuentros diciendo: “¡Occidente ahora está conquistando la Luna y ustedes todavía están investigando el califato islámico!”.

Tan pronto como terminamos el libro, tras un mes, los tres fueron iluminados. Me esforcé mucho para que pudieran llegar a la verdad por los caminos más cortos que se me habían ideado a través de la amplia experiencia y conocimiento que adquirí durante mis años de investigación.

Comencé a saborear la dulzura de la guía y a tener un buen presagio sobre el futuro, y así frecuentemente invitaba a amigos de Qafsa y a quienes se relacionaban conmigo a través de las lecciones en la mezquita o mediante la afinidad que tenía con (la gente de) las órdenes sufis, además de algunos de mis alumnos que me frecuentaban.

Ni siquiera pasó un año, que, Alabado sea Allah, llegamos a formar un gran número, todos amigos de Ahl-ul Bait; quienes somos amigos de sus amigos y enemigos de sus enemigos, que nos alegramos en sus festividades y nos entristecemos y lamentamos durante ‘Ashura.

Mis primeras cartas que llevaban las noticias de mi esclarecimiento fueron enviadas al Saiid Al-Jo’i y al Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, durante la festividad de Al-Gadir, que fue celebrada por primera vez en Qafsa. Todos llegaron a saber sobre mi conversión al Shi‘ismo y que yo estaba llamando a la gente a seguir a la Familia de la Casa del Profeta (BP), y toda clase de acusaciones y rumores comenzaron a circular por el país. Fui acusado de ser un espía israelí trabajando para hacer dudar a la gente de su religión, de maldecir a los Compañeros, de estar planeando causar disturbios entre la gente... y de otras cosas.

En la capital de Túnez visité a dos amigos, Rashid Al-Ghannushi y ‘Abudl Fattah Muru, quienes expresaron una dura oposición a mis ideas, y en una conversación que tuvo lugar en la casa de ‘Abdul Fattah, dije que, como musulmanes, debemos referirnos a nuestros libros y a nuestra historia, y les puse como ejemplo Sahih Al-Bujari, pues contiene cosas que ningún intelecto ni religión pueden aceptar.

Estallaron en cólera conmigo y dijeron: “¿Quién eres tú para criticar a Al-Bujari?”. Hice todo lo posible por persuadirlos para que adentraran en la investigación, pero se rehusaron diciendo: “Si tú te has vuelto un Shi‘a, no trates de convertirnos a nosotros, pues tenemos cosas más importantes que hacer, como enfrentar al gobierno que no trabaja de acuerdo al Islam”.

Yo les respondí: “¿Qué sentido tiene? Si ustedes llegan al poder, harán cosas peores que las que ellos están haciendo ahora, pues no conocen la realidad del Islam”. De ese modo, nuestro encuentro terminó en un estado de aversión mutuo.

Algunas personas de la Hermandad Musulmana dirigieron una campaña en nuestra contra, pues no estaban enteradas, en esa época, del Movimiento de Orientación Islámica, y comenzaron a difundir rumores entre sus filas sobre que yo era un agente del gobierno y que estaba estimulando a los musulmanes a dudar de su religión a fin de mantenerlos alejados del tema principal; es decir, sublevarse contra el gobierno.

Gradualmente la gente comenzó a hacerme sentir aislado, especialmente los miembros mas jóvenes de la Hermandad Musulmana y los Shaij que siguen las órdenes sufis. Experimentamos tiempos difíciles, viviendo como extraños en nuestras propias casas y entre nuestros hermanos y grupos familiares. Pero Allah -Glorificado sea- nos agració con quienes eran mejores que ellos, pues muchos jóvenes de varias ciudades vinieron a vernos para investigar la verdad, y yo traté de hacer todo lo posible por persuadirlos.

Como resultado, muchos jóvenes pudieron ver la luz; ellos eran de Túnez, de Kairawan, de Susah y de Saiidi Bu Zaid. Durante mi visita de verano a Irak, pasé por Europa y encontré amigos en Francia y Holanda y discutí el tema con ellos, y Alabado sea Allah, ellos también vieron la luz.

¡Qué inmensa fue mi alegría cuando encontré al Saiid Muhammad Baqir As-Sadr en la Sagrada Nayaf! En su casa se encontraba una selección de gente sabia. Él me presentó a ellos como la semilla de la conversión al shi‘ismo de la Familia de la Casa del Profeta (BP) en Túnez. Además les contó que él había llorado cuando recibió mi primera tarjeta de felicitaciones (por ‘Id Al-Gadir), la cual llevaba las buenas noticias sobre que habíamos celebrado la festividad de Al-Gadir, y donde yo le contaba las dificultades que estábamos enfrentando, incluyendo los rumores maliciosos y el aislamiento.

El Saiid dijo: “Es inevitable atravesar por esas penurias, pues la senda de Ahl-ul Bait es dura y difícil. Un hombre fue una vez a ver al Profeta (BP) y le dijo: “Oh Mensajero de Allah ¡Yo te quiero ¡yo te quiero!”. Él (BP) respondió: “Entonces aguarda muchas aflicciones”. El hombre añadió: “¡Yo quiero a tu primo Ali!”. Él respondió: “Entonces aguarda muchos enemigos”. Después el hombre dijo: “¡Yo quiero a Al-Hasan y a Al-Husain!”. Él (BP) respondió: “Entonces prepárate para la pobreza y mucha desgracia”.

¿Qué hemos ofrecido nosotros por la causa de la justicia, por la que Abu ‘Abdullah Al-Husain (P) pagó con su vida y las vidas de los miembros de su familia, hijos y compañeros; y por la cual los Shi‘as a lo largo de la historia, han pagado y siguen pagando hasta el presente, como precio por su fidelidad a Ahl-ul Bait?

¡Oh hermano!, es inevitable que atravesemos dificultades y nos sacrifiquemos por la causa de la verdad. Si Allah guía a través tuyo a un sólo hombre hacia el sendero recto, será mejor para ti que el mundo entero y lo que hay en él”.

El Saiid As-Sadr además me aconsejó contra el aislamiento y me ordenó aproximarme aún más a mis hermanos Sunnis cada vez que ellos intenten alejarse de mí, y que rezara junto a ellos a fin de que no hubiera ruptura de relaciones, y que los considerara víctimas inocentes de la historia distorsionada y de la mala propaganda, pues la gente es enemiga de lo que ignora.

El Saiid Al-Jo’i también me aconsejó más o menos lo mismo. El Saiid Muhammad Ali At-Tabatabai Al-Hakim siempre nos enviaba cartas llenas de consejos que ejercieron una gran influencia sobre los hermanos que fueron iluminados con la guía.

Mis visitas a la Sagrada Ciudad de Nayaf y a su gente sabia se hicieron cada vez mas frecuentes, y me prometí pasar todas las vacaciones de verano cerca del Imam Ali (P) y atender las lecciones del Saiid Muhammad Baqir As-Sadr, de las que me beneficié muchísimo. También me prometí visitar los Santuarios de los Imames de Ahl-ul Bait. Allah me concedió mi deseo, pues incluso pude visitar la tumba del Imam Ar-Rida (P), situada en Mashhad, Irán, cerca de los límites con la URSS. Allí encontré a algunos de los sabios más prominentes, de quienes saqué mucho provecho.

El Saiid Al-Jo’i, a quien seguíamos en nuestros asuntos religiosos, me dio permiso para utilizar el Jums y el Zaqat para ayudar a nuestro grupo, y para lo que pudiera necesitar en lo referente a libros, donaciones y muchas otras cosas. Además, pude establecer una biblioteca que contiene las más importantes referencias conectadas con la investigación y una recopilación de libros de ambas partes (Sunnis y Shi‘as). La llamé: “Biblioteca Ahl-ul Bait -con ellos sea la paz-” y benefició a muchas personas, Alabado sea Allah.

Quince años atrás, Allah duplicó mi alegría y regocijo cuando el Secretario General de la Municipalidad de Qafsa estuvo de acuerdo en nombrar a la calle donde yo vivo: “Calle Imam Ali ibn Abi Talib (P)”.

Quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecerle por aquel honorable gesto, pues él es uno de los musulmanes activos y siente un gran respeto y cariño por la persona del Imam Ali (P). Yo le regalé el libro Al-Muraya‘at, del Saiid Sharaf-ud Din. Él frecuenta nuestro grupo y sentimos una gran simpatía, estima y respeto mutuo. Que Allah lo recompense de la mejor manera y que le conceda todo lo que desee.

Algunas personas malvadas trataron de quitar el letrero de la calle, pero todos sus intentos fueron en vano y Allah quiso que permaneciera donde está, y recibimos cartas desde todo el mundo en cuyos membretes se lee: “Calle Imam Ali ibn Abi Talib (P)”, cuyo honorable nombre bendijo nuestra noble ciudad.

Actuando según los consejos de los Imames de Ahl-ul Bait (P) y de los ‘Ulama de la Sagrada ciudad de Nayaf, nos acercamos a nuestros hermanos de las otras madhahib manteniendo nuestra relación por medio de las oraciones colectivas (Salat-ul Yama‘ah), las que rezamos juntos. De este modo, pudimos abrir los ojos de muchos jóvenes a través de sus preguntas sobre nuestras oraciones, ablución y creencias.

La guía de la verdad

En una pequeña aldea del Sur de Túnez, durante una ceremonia de bodas, las mujeres estaban comentando sobre fulana, la esposa de fulano. Una anciana mujer, sentada entre ellas, se sorprendió al escuchar que esa pareja se había casado; y cuando se le preguntó por qué, respondió que ella había amamantado a ambos cuando eran bebes, por lo que eran hermanos de leche.

Rápidamente, las mujeres llevaron esa grave noticia a sus esposos, quienes confirmaron el asunto, pues el padre de la mujer testificó ante todos que la conocida anciana en realidad había amamantado a su hija. Asimismo, el padre del hombre testificó que su hijo había sido amamantado por la misma mujer.

Inevitablemente, los dos grupos familiares se agitaron por las noticias y comenzaron a combatirse mutuamente. Cada tribu acusó a la otra de ser la causante de esa tragedia que acarrearía la ira y el castigo de Allah hacia ellos, especialmente porque ya habían transcurrido diez años de ese casamiento, durante los cuales la mujer había dado a luz tres hijos.

Tan pronto como la mujer escuchó la noticia, escapó hacia la casa de su padre y se rehusó a comer y beber, e incluso intentó suicidarse, pues no podía soportar el impacto de estar casada con su hermano de leche, a quien le había dado tres niños sin conocer la situación real.

Como consecuencia de los conflictos entre los dos grupos familiares, una cantidad de gente resultó herida, hasta que un anciano Shaij intervino y detuvo la lucha. Les aconsejó consultar con los ‘Ulama y pedirles su opinión sobre el asunto, con la esperanza de que ellos pudieran encontrar una solución.

La gente interesada se lanzó a recorrer las grandes ciudades vecinas, pidiendo a los ‘Ulama una solución para su problema. No obstante, cada vez que explicaban el caso a un sabio y le pedían un consejo, él les decía que el casamiento era inválido y que la pareja debía separarse definitivamente, además de liberar a un esclavo, ayunar durante dos meses, y varios otros dictámenes.

Eventualmente, ellos llegaron a Qafsa y consultaron allí a los ‘Ulama, pero la respuesta siempre era la misma, pues todos los Malikis prohiben el casamiento de una pareja que haya sido amamantada incluso con una sola gota de leche de la misma mujer. El Imam Malik hizo “analogía” de la leche con el alcohol, y teniendo en cuenta que: “Lo que en gran cantidad embriaga, aun en pequeña cantidad está prohibido”, declaró ilícito el casamiento de una pareja que hubiera sido amamantada aunque fuera con una sola gota de leche por la misma mujer.

Uno de los hombres que estaba presente en la audiencia les recomendó privadamente que fueran a mi casa, diciéndoles: “Pregúntenle a At-Tiyani sobre estos asuntos, pues él conoce todas las madhahib, y en muchas ocasiones yo lo he visto debatiendo con estos ‘Ulama y derrotarlos con sus pruebas convincentes”.

Eso es lo que textualmente me dijo el esposo de la mujer cuando lo llevé a la librería, donde me narró el caso en detalles, y me dijo: “Señor, mi esposa quiere suicidarse y nuestros hijos están desatendidos, y no sabemos cómo resolver este caso. La gente nos condujo hacia ti esperando que tú pudieras tener una respuesta para nuestro problema. Personalmente me ha surgido una esperanza al ver todos estos libros en tu posesión, algo que yo nunca había visto antes en mi vida. Ojalá tengas la solución”.

Le traje algo de café y pensé sobre el caso por unos momentos y entonces le pregunté por el número de veces que él había sido amamantado por aquella anciana mujer. Él dijo: “No lo sé; sin embargo, mi esposa fue amamantada por ella dos o tres veces, pues su padre testificó que él llevó a su hija solo dos o tres veces ante aquella anciana mujer”.

Yo dije: “Si eso es correcto, entonces no hay problema y tu casamiento es legal y válido”. El pobre hombre cayó sobre mí besando mis manos y mi cabeza, y diciendo: “Que Allah te albricie con lo bueno, pues tú abriste para mí las puertas del sosiego y la tranquilidad”.

Se levantó apresurado, sin haber terminado su café ni haberme preguntado por alguna referencia o explicación. Se excusó y dejó mi casa apresuradamente para dar las buenas noticias a su esposa e hijos y al resto de su familia.

Pero al día siguiente, regresó con siete hombres y me los presentó diciendo: “Este es mi padre, este es el padre de mi esposa, el tercero es el alcalde del pueblo, el cuarto es el Imam de las Oraciones Comunitarias y del Viernes, el quinto es el guía religioso, el sexto es el Shaij del grupo familiar y el séptimo es el director de la escuela, y todos ellos vinieron a pedirte explicaciones sobre el caso de la lactancia y por qué consideraste válido el casamiento”.

Hice entrar a todos en la librería esperando ya la polémica. Les ofrecí café y traté de hacerles sentir a gusto.

Ellos dijeron: “Vinimos a debatir contigo por qué tú legalizaste un casamiento en el cual la pareja fue amamantada por la misma mujer. Tal casamiento ha sido prohibido por Allah en el Corán y por Su Mensajero, quien dijo: “La “afinidad” por amamantamiento lo prohibe (al casamiento), de la misma manera en que lo hace la consanguinidad”. Es así como lo ha prohibido el Imam Malik”.

Yo dije: “Caballeros, ustedes son ocho y yo sólo uno. Si hablo con todos, no podré convencerles y la discusión bien puede perder su propósito. Les sugiero elegir a un hombre de entre ustedes para discutir el asunto conmigo, y ustedes actuarán como árbitros entre nosotros”.

Les complació la idea y eligieron al guía religioso como su representante, alegando que él era el más inteligente y capacitado entre ellos. El hombre comenzó su deliberación preguntándome cómo pude considerar lícito algo que fue prohibido por Allah, Su Mensajero y los (cuatro) Imames.

Yo dije: “¡Allah me libre de hacer eso! Pero el caso es que Él prohibió el casamiento (en caso de lactancia común), en una aleya coránica expresada en términos generales, y no especificó los detalles; mas bien, Él encomendó a Su Mensajero (BP) el explicar cómo y cuánto”.

Él dijo: “El Imam Malik prohibe el casamiento aun si una sola gota de leche ha sido bebida por medio de la lactancia”.
Dije: “Yo sé eso. Pero el Imam Malik no es una prueba absoluta para todos los musulmanes, y ¿qué dices tú sobre la opinión de los demás Imames?”.

Él dijo: “Que Allah esté complacido con ellos; todos siguieron las enseñanzas del Mensajero de Allah (BP)”.

Dije: “¿Cuál es entonces tu argumento ante Allah para seguir a Imam Malik, quien contradijo con su propio punto de vista un texto del Mensajero de Allah (BP)?”.

Él miró desconcertado y dijo: “¡Alabado sea Allah! Yo no sabía que Imam Malik, “el Imam de Dar-ul Hiyrah”, pudiese contradecir las estipulaciones proféticas”.

El resto de los hombres miró aún con más confusión y asombro por mi osada crítica al Imam Malik, algo que ellos nunca habían oído antes. Continué preguntando: “¿Fue el Imam Malik uno de los Compañeros?”.

Él respondió: “No”. Pregunté: “¿Fue él uno de los Tabi‘in?”. Él respondió: “No. Solamente fue un seguidor de los Tabi‘in”. Pregunté: “¿Quién está más cerca (del Mensajero), él o el Imam Ali?”. Él respondió: “El Imam Ali ibn Abi Talib es más cercano, pues fue uno los Califas Correctamente Guiados”. Uno de los hombres añadió: “Nuestro maestro Ali -que Allah ennoblezca su rostro- es la Puerta de la Ciudad del Conocimiento”.

Yo dije: “¿Por qué ustedes abandonan la Puerta de la Ciudad del Conocimiento y siguen a un hombre que ni fue un Compañero ni uno de los Tabi‘in, y que nació después de la fitnah (gran sedición) y después de que la ciudad del Mensajero de Allah fuera saqueada por las fuerzas de Iazid, quien asesinó a los mejores Compañeros y violentó todos los aspectos de la moral humana cambiando la tradición del Mensajero por unas doctrinas heréticas de su propio hacer? ¿Cómo puede entonces, cualquier hombre, tener confianza en estos Imames de quienes estaban complacidos los poderes gobernantes porque ellos emitían dictámenes para satisfacer sus pasiones?

Otro hombre comenzó a hablar diciendo: “Escuchamos que tú eres un Shi‘a, y que adoras al Imam Ali”. Su amigo, que estaba sentado junto a él, lo pateó tan fuerte que me di cuenta que le hizo doler; y le dijo: “¡Cállate! ¿No te da vergüenza decir eso de un hombre tan instruido? He conocido a muchos ‘Ulama en mi vida, pero nunca a alguno que poseyera una librería como ésta. Además, el argumento de este hombre está basado en el conocimiento y ¡él parece estar seguro de lo que está diciendo!”.

Yo respondí: “Sí, eso es verdad. Yo soy un Shi‘a, pero los Shi‘as no adoran a Ali, sino que en lugar de seguir a Imam Malik, siguen a Imam Ali porque él es la Puerta de la Ciudad del Conocimiento, como ustedes mismos dijeron”.

El guía religioso preguntó: “¿Acaso permitió el Imam Ali el casamiento entre parejas que han sido amamantadas por la misma mujer?”.

Respondí: “No. Él prohibe eso si los lactantes han sido amamantados quince veces, saciándose cada vez y en forma consecutiva; o bien si se ha desarrollado en ellos carne y huesos mediante ella (la leche)”.

El rostro del padre de la mujer pareció resplandecer y dijo: “¡Alabado sea Allah! Pues mi hija no fue amamantada sino en dos o tres ocasiones por aquella anciana mujer. El dicho del Imam Ali es una solución para nuestro problema y una misericordiosa de Allah sobre nosotros, tras haber perdido las esperanzas”.

El guía religioso dijo: “Danos la referencia auténtica del dicho (de Imam Ali) a fin de que nos sintamos satisfechos”.
Les di Minhay-us Salihin, del Saiid Al-Jo’i, y él les leyó en voz alta el capítulo concerniente a la lactancia.

Los hombres estaban muy satisfechos, especialmente el esposo, quien temía que yo no tuviera una referencia convincente. Me pidieron que les prestara el libro para que pudieran llevarlo a su pueblo y usarlo como argumento. Se los presté y se fueron dejándome lleno de alabanzas y disculpas.

Tan pronto como dejaron mi casa encontraron a un hombre mal intencionado que los llevó ante algunos líderes religiosos perversos, y ellos por su parte, les atemorizaron y advirtieron que yo era un “agente israelí” y que el libro Minhay-us Salihin que yo les había dado eran todas mentiras; que la gente de Irak era incrédula e hipócrita; que los Shi‘as eran “Zoroastrianos” que permitían el casamiento entre hermanos y hermanas, y que fue por lo que yo permití que el hombre continuara su casamiento con su “hermana de leche”; y así otras suposiciones y falsos rumores.

Continuaron amonestándoles hasta que al final persuadieron a los hombres a cambiar de postura después de haber tenido certeza. Forzaron al esposo a solicitar un veredicto legal con respecto al divorcio en el Juzgado de Primera Instancia de Qafsa. El Presidente del Juzgado les pidió que fueran a la capital de Túnez y se comunicaran con el Mufti de la República, pues él debía tener una solución para el problema. El esposo partió para la capital y esperó allí por un mes entero hasta que pudo conseguir una entrevista con él.

Durante la entrevista el esposo explicó el caso en detalle y luego el Mufti le preguntó sobre los sabios religiosos que aceptaron que el casamiento era correcto y legal. Él les dijo que ninguno de ellos pensaba así excepto uno llamado At-Tiyani As-Samawi. El Mufti tomó nota de mi nombre y dijo al esposo: “Regresa a tu pueblo, que yo escribiré una carta al Juez de Qafsa”.

En efecto, tras eso llegó una carta del Mufti de la República. El abogado del esposo la leyó e informó que el Mufti determinó que el casamiento era nulo.

Eso me lo contó el esposo de la mujer, quien se presentó y se disculpó por todos los inconvenientes que me había causado.

Le agradecí por sus sentimientos hacia mí, pero le expresé mi sorpresa en relación a la resolución del Mufti para considerar el casamiento, en este caso, inválido. También le pedí que me diera la carta que el Mufti envió al Juzgado de Qafsa, a fin de que yo pudiera publicarla en la prensa tunecina y demostrar que el Mufti de la República no conocía realmente mucho sobre las madhahib islámicas ni sobre las diferencias jurídicas entre ellas con respecto al tema del amamantamiento.

El esposo me dijo que él ni siquiera podía ver el archivo de su caso, y por lo tanto, mucho menos darme la carta. Luego se fue.

Tras unos días, recibí una citación del Juez pidiéndome que llevara el libro y otras pruebas con las que me permití rechazar la nulidad del casamiento entre ¡dos hermanos de leche!

Fui y llevé un número de referencias y marqué con un señalador los capítulos relacionados al amamantamiento, a fin de poder exhibir la evidencia rápidamente.

Me dirigí a la Corte en el día y hora acordados y fui recibido por el Secretario del Presidente del Juzgado, quien me condujo a la oficina del mismo; y me sorprendí al ver al Presidente del Juzgado de Primera Instancia, al Magistrado del Distrito y al Procurador de la República, y junto a ellos, a otros tres miembros (de la Corte). Observé que todo los jueces llevaban sus vestimentas especiales para los juicios, como si fuera una sesión oficial. También el esposo de la mujer estaba sentado al final de la sala de tribunal, frente a los jueces.

Saludé a cada uno, pero me miraron con desdén y menosprecio. Cuando me senté, el Juez Principal me preguntó con rudeza: “¿Eres tú At-Tiyani As-Samawi?”. Yo respondí: “Sí”. Él preguntó: “¿Eres tú el que emitió un dictamen en el que legalizas el casamiento en este caso?”.

Respondí: “No, pues no soy un Mufti; mas bien los Imames y los sabios religiosos del Islam dictaminaron eso, aceptando el casamiento como correcto y legal”.

Él dijo: “Es por eso que te citamos, y ahora estás en el banquillo de los acusados. Si no puedes apoyar tu afirmación con la prueba apropiada, entonces no saldrás de aquí sino derecho a prisión”.

En ese momento, supe que efectivamente yo estaba en el banquillo de los acusados; no porque yo hubiera emitido una fatua (dictamen) sobre aquel caso en particular, sino porque algunos perversos ‘Ulama les habían dicho a estos jueces que yo era un perturbador, que maldecía a los Compañeros y que propagaba la conversión al Shi‘ismo y el seguir a la Familia de la Casa Profética.

El Juez Principal les dijo que si le brindaban dos testigos en mi contra, entonces él tendría la autoridad para enviarme a prisión.

Además de ello, la Hermandad Musulmana sacó ventaja de mi juicio en este caso y difundió rumores sobre que yo había legalizado los casamientos entre hermanos y hermanas, y que es, como ellos suponen, ¡lo que creen los Shi‘as!

Todo esto yo lo sabía de antemano, pero tuve una absoluta certeza cuando el Juez Principal amenazó con enviarme a prisión, por lo tanto lo único que yo podría hacer era enfrentarlo y defenderme con coraje. Le dije al Juez Principal: “¿Puedo hablar francamente y sin ningún temor?”.

Él respondió: “Sí, puedes hacerlo, pues no tienes abogado”.

Yo dije: “En primer lugar, me gustaría decir que nunca tomé la iniciativa para dar la fatua (dictámen), sino que, y ahí tienen al esposo de la mujer para preguntarle, fue él el que llegó a mi casa, golpeó la puerta y me preguntó, y era mi deber proporcionarle toda la información que yo tuviera. Le pregunté cuántas veces había sido amamantado, y cuando él dijo que su esposa sólo lo fue en dos ocasiones, le respondí de acuerdo a la Ley Islámica. Yo no estaba tratando de emitir dictámenes ni de elaborar leyes”.

El Juez Principal dijo: “¡Asombroso! ¡Ahora tú afirmas conocer el Islam y que nosotros lo ignoramos!”.

Dije: “¡Dios no lo permita! Yo no quise decir eso. Pero todos aquí sólo conocen la Madhhab Maliki y se detienen en ella. Lo que yo hice fue buscar en todas las Madhahib Islámicas y encontré una solución para este caso”.

El Juez Principal preguntó: “¿Dónde encontraste la solución?”.

Dije: “Señor, ante todo, ¿puedo hacerles una pregunta antes de responder?”.

Él respondió: “Pregunta lo que quieras”.
Pregunté: “¿Qué piensan ustedes sobre las Madhahib Islámicas?”.

Él respondió: “Todas ellas son correctas, pues todos siguen las enseñanzas del Mensajero de Allah, y en sus discrepancias hay misericordia”.

Yo dije: “Entonces, tengan misericordia de este pobre hombre (señalando al esposo de la mujer) que está alejado de su esposa e hijos desde hace dos meses, cuando una de las Madhahib islámicas tiene una solución para este problema”.

El Juez Principal respondió con enfado: “Danos tu prueba y terminemos con toda esta necedad. Te permitimos defenderte a ti mismo y ahora te has transformado en abogado de otros”.

Saqué de mi portafolios el libro Minhay-us Salihin, por el Saiid Al-Jo’i y dije: “Esta es la Madhhab de Ahl-ul Bait, y en ella está la prueba”.

Él me interrumpió diciendo: “Dejemos a un lado la Madhhab de Ahl-ul Bait. Nosotros no la reconocemos ni creemos en ella”.

Yo esperaba tal respuesta, por lo tanto, había llevado conmigo, después de haber hecho alguna investigación, un número de referencias de la escuela Sunni. Las ordené de acuerdo a mi conocimiento y puse Sahih Al-Bujari en primera línea; luego Sahih Muslim; Al-Fatawa, por Mahmud Shaltut; Bidaiat-ul Muytahid wa Nihaiat-ul Muqtasid, por Ibn Rushd; Al-Masir fi ‘Ilm-it Tafsir, por Ibn Al-Yauzi, y muchas otras referencias Sunnis.

Cuando el Juez Principal se rehusó a mirar el libro del Saiid Al-Jo’i, le pregunté en qué libro él confiaba.
Él dijo: Al-Bujari y Muslim.
Tomé Sahih Al-Bujari y lo abrí en una página determinada, luego dije: “Sírvete señor; léelo”.
Él dijo: “Léelo tú”.

Leí: “Nos narró fulano, de fulano... etc., que ‘Aishah, la Madre de los Creyentes, dijo que el Mensajero de Allah (BP) en su vida solo prohibió el casamiento si la pareja había sido amamantada en cinco ocasiones o más por la misma mujer”.

El Juez Principal tomó el libro de mí y lo leyó; luego se lo dio al Procurador de la República, quien estaba a su lado, y leyó el resto; luego les pasó el libro a los demás. Al mismo tiempo saqué Sahih Muslim y le mostré el mismo hadiz; luego abrí Al-Fatawa, del Shaij Shaltut, de Al-Azhar, quien mencionaba al final, las diferencias entre los Imames sobre el tema del “amamantamiento”. Algunos de ellos prohibían el casamiento si la lactancia fue en quince ocasiones; otros decían siete o hasta cinco. Solamente Malik contradecía el texto y prohibía el casamiento si había sido bebida incluso una sola gota por la pareja, de la misma mujer. Shaltut añadía: “Yo tiendo a favor de la solución media y digo siete como máximo”.

Después de haber examinado todo esto, el Juez Principal expresó: “Es suficiente”. Luego se volvió hacia el esposo de la mujer y le dijo: “Ahora ve y trae al padre de tu mujer para que testifique que tu esposa fue amamantada solamente dos o tres veces por la anciana mujer. Luego puedes llevar a tu esposa contigo hoy mismo”.

El pobre hombre estaba encantado. El Procurador de la República y los otros jueces se excusaron para poder seguir con sus tareas y el Juez Principal se lo permitió.

Cuando me quedé a solas con él, me pidió disculpas y me dijo: “Perdóname profesor, pues me engañaron con la información errada que me dieron de ti; ahora yo sé que son personas prejuiciosas y envidiosas que desean perjudicarte”.

Yo estaba muy contento por ese rápido cambio y dije: “Señor Juez, Alabado sea Allah, quien me tornó victorioso a través de ti”.
Él dijo: “Escuché que tienes una gran biblioteca. ¿Tienes Haiat-ul Haiawan-ul Kubra, por Ad-Damiri?”.
Dije: “Sí”.

Preguntó: “¿Puedes prestarme el libro, pues estuve buscándolo en los últimos dos años?”.
Dije: “Es tuyo, señor, cuando lo desees”.
Él dijo: “¿Tienes tiempo para venir a mi estudio a veces, para que podamos discutir varios temas, y así poder beneficiarme de ti?”.

Dije: “¡Dios no lo permita! Yo seré el que me beneficiaré de ti, pues eres mayor que yo, tanto en edad como en posición. Tengo cuatro días francos durante la semana, y estoy a tu servicio entonces”.

Acordamos encontrarnos cada sábado, pues él no tenía sesiones de juzgado en ese día. Después me pidió que dejara con él los Sahih de Al-Bujari y Muslim, y Al-Fatawa, de Mahmud Shaltut, para copiar él mismo los textos relevantes. Se puso de pie y me despidió gentilmente.

Salí lleno de regocijo y agradeciendo a Allah, Alabado sea, por aquella victoria. Entré a la Corte lleno de temor y amenazado con encarcelamiento, y salí siendo un buen amigo del Presidente del Juzgado, quien me trató con respeto y me solicitó reunirse conmigo para beneficiarse de mí. Esa es la bendición del sendero de Ahl-ul Bait, quienes no decepcionan a aquellos que se le aferran, y son un seguro refugio para todo el que llega a ellos.

El esposo de la mujer narró lo sucedido a la gente de su pueblo, y las noticias se difundieron en las aldeas vecinas. Cuando la mujer regresó a la casa de su esposo y el caso finalizó con la legalidad del casamiento, la gente comenzó a decir que yo era más sabio que todos, incluso más que el Mufti de la República.

El esposo de la mujer vino a mi casa con un gran auto y me invitó a mí y a mi familia a su pueblo, y me contó que toda la gente estaba esperándome y que sacrificarían tres terneros para celebrar la ocasión. Me disculpé por no poder aceptar su invitación, pues yo estaba ocupado en Qafsa, y le dije que los visitaría en algún otro momento, si Allah quería.

El Juez Principal también habló con sus amigos y el caso se volvió famoso. De este modo, Allah prevaleció sobre las artimañas de aquellas personas traicioneras. Algunas de ellas vinieron a disculparse. Otras, incluso, fueron iluminadas por Allah y reflexionaron y se contaron entre los sinceros. Verdaderamente ésta es la gracia de Allah, Quien la otorga a todo a quien Él quiere, pues Allah es el Poseedor de la Gracia, el Majestuoso.

Nuestra última invocación es decir: “Alabado sea Allah, el Señor del Universo, y que Allah bendiga a nuestro maestro Muhammad y a su bondadosa y purificada Familia”.

Bibliografía

Libros De Tafsir

1.- El Sagrado Corán

2.- Tafsir At-Tabari

3.- Ad-Durr-ul Manzur fit Tafsir bil Ma’zur, por Suiuti

4.- Tafsir Al-Mizan, por At-Tabatabai

5.- At-Tafsir Al-Kabir, por Al-Fajr Ar-Razi

6.- Tafsir Ibn Kazir

7.- Zad Al-Masir fi ‘Ilm-it Tafsir, por Ibn Al-Yauzi

8.- Tafsir Al-Qurtubi

9.- Shawahid At-Tanzil, por Al-Haskani

10.- Al-Hawi Lil Fatawi, por As-Suiuti

11.- Al-Itqan fi ‘Ulum-il Qur’an

Libros De Hadiz

1.- Sahih Al-Bujari

2.- Sahih Muslim

3.- Sahih At-Tirmidhi

4.- Sahih Ibn Mayah

5.- Mustadrak Al-Hakim

6.- Musnad Al-Imam Ahmad ibn Hanbal

7.- Sunan Abi Dawud

8.- Kanz-ul ‘Ummal

9.- Muwattah Al-Imam Malik

10.- Yami‘ul Usul, por Ibn Al-Azir

11.- Al-Yami‘us Sagir y Al-Yami‘ul Kabir, por As-Suiuti

12.- Minhay-us Sunnah, por Ibn Taimiiah

13.- Mayma‘uz Zawa’id, por Al-Haizami

14.- Kunuz Al-Haqa’iq, por Al-Manawi

15.- Fath-ul Bari fi Sharh Al-Bujari

Libros De Historia

1.- Ta’rij Al-Umam wal Muluk, por At-Tabari

2.- Ta’rij Al-Julafa, por As-Suiuti

3.- Ta’rij Al-Kamil, por Ibn Al-Azir

4.- Ta’rij Dimashq, por Ibn ‘Asakir

5.- Ta’rij Al-Mas‘udi (Muruy Az-Zahab)

6.- Ta’rij Al-Ia‘qubi

7.- Ta’rij Al-Julafa, por Ibn Qutaibah. Conocido como Al-Imamah was-Siaasah

8.- Ta’rij Abul Fida’

9.- Ta’rij Ibn Ash-Shuhnah

10.- Ta’rij Bagdad

11.- Al-‘Aqdul Farid

12.- At-Tabaqat-ul Kubra, por Ibn Sa‘d

13.- Sharh Nahy-ul Balagah, por Ibn Abi Al-Hadid

14.- Magazi Al-Waqidi

Libros De Sirah (Biográficos)

1.- Sirah Ibn Hisham

2.- As-Sirah Al-Halabiiah

3.- Al-Isti‘ab

4.- Al-Isabah fi Tamiiz-is Sahabah

5.- Usud-ul Gabah fi Ma‘rifat-is Sahabah

6.- Hiliat-ul Awlia, por Abi Nu’aim

7.- Al-Gadir fil Kitab Was-Sunnah, por Al-Amini

8.- At-Tara‘if, por Ibn Tawus

9.- Al-Fitnat-ul Kubra, por Taha Husain

10.- La Vida de Muhammad, por Muhammad Hasanain Haikal

11.- Ar-Riiad An-Nadirah, por At-Tabari

12.- Al-Jilafah wal-Mulk, por Abu Al-A‘la Al-Mawdudi

Otros Libros

1.- Is‘af Ar-Raguibin

2.- Tahzib-ut Tahzib

3.- Tazkirat-ul Jawass, por Ibn Al-Yauzi

4.- Al-Bidaiah wan-Nihaiah, por Ibn Kazir

5.- Sirr-ul ‘Alamin, por Al-Gazali

6.- As-Sawa‘iq Al-Muhriqah, por Ibn Hayar Al-Haizami

7.- Al-Manaqib, por Al-Joarizmi

8.- Ianabi‘-ul Mawaddah, por Al-Qanduzi Al-Hanafi

9.- An-Nass wal-Iytihad, por Sharaf-ud Din Al-Musawi

10.- Al-Muraya‘at, por Sharaf-ud Din Al-Musawi

11.- As-Saqifah, por Shaij Al-Muzaffar

12.- Fadak, por As-Saiid Muhammad Baqir As-Sadr

13.- As-Siddiq Abu Bakr, por Hasanain Haikal

14.- Munaqashat ‘Aqa’idiiah fi Maqalat Ibrahim Al-Yabhan

15.- Lisan-ul ‘Arab, por Ibn Manzur

16.- Comentario de Nahy-ul Balagah, por Muhammad ‘Abduh

17.- Abu Hurairah, por Sharaf-ud Din Al-Musawi

18.- As-Saqifah, por ‘Abdul Fattah ‘Abdul Maqsud

19.- Shaij Al-Mudirah, por Mahmud Abu Riiah.