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Introducción

Quizás ninguna escuela de pensamiento ha hecho tanto énfasis en la nobleza y valor de la humanidad como lo hizo el Islam, en el que el hombre cuenta con las más elevadas posibilidades para perfeccionarse y aproximarse a Al·lâh. El espíritu divino es insuflado en él, y es el vicario de Al·lâh en la Tierra.

El hombre no se satisfará con nada excepto con la proximidad a Al·lâh y Su complacencia. Nada más que el recuerdo de Al·lâh puede sosegar el espíritu del hombre, y no puede encontrar quietud sino en su encuentro con Al·lâh.

El valor del hombre se mide por su relación voluntaria con la absoluta Verdad y el grado de su semejanza con esa Verdad. Tanto el humanismo rebelde como el pesimismo desesperado son perspectivas distorsionadas de esta joya de la creación. El “sendero recto” del Glorioso Corán que pasa entre estos dos extremos, es la servidumbre y adoración a Al·lâh.

Según el Islam, todas las perfecciones y valores pueden ser deducidos de esto, desde que es solo por medio de la servidumbre y adoración a Él que el hombre puede percatarse de su verdadera posición y moverse ininterrumpidamente hacia la Fuente de la Luz.

La creación y fortalecimiento del espíritu de servidumbre a Al·lâh en el hombre marchitan las raíces de todos los vicios morales y lo atavían con todas las bellezas. Ésta es la vía rápida y el camino vasto y milagroso prescripto por el Glorioso Corán para la formación del ser humano. ¿Puede esperarse algo menos del Glorioso Corán, el Mensaje Último de Al·lâh para la humanidad?

El Noble Profeta –que la Paz y las Bendiciones de Al·lâh sean con él y su purificada Familia- efectivamente nos enseña que un puro siervo de Al·lâh puede ostentar todas las perfecciones humanas concebibles. Por un lado, él invitó a la gente hacia el tawhîd diciendo: “Decid no hay divinidad sino Al·lâh y triunfaréis”, y por otro lado dijo: “Yo he sido enviado para completar las más nobles virtudes”.

¡Qué bella manera de entrelazar el tawhîd con la virtud, la fe con la práctica! ¡Qué religión es ésta que vincula doctrina con jurisprudencia y moral, los asuntos individuales con los sociales, la piedad con el desarrollo económico, y la gnosis con la política!

Es tan fascinante encontrar estas dimensiones interrelacionadas que uno se pregunta ¿cómo es posible que una persona con un poco de información sobre el Islam, que haya saboreado su envergadura, busque otro modo de vida?

Tomando en consideración estos puntos, en este pequeño ensayo se intenta exponer los fundamentos intelectuales y doctrinales del sistema moral islámico, y mostrar la relación entre el autoconocimiento y el conocimiento de Dios, y entre el autoperfeccionamiento y la proximidad a Dios.

Esperamos que una vez que nos hayamos percatado de la necesidad del conocimiento y autoperfeccionamiento, sintamos la necesidad de la espiritualidad en lo recóndito de nuestras almas y continuemos su búsqueda para un entendimiento aún más profundo de la religión.

Nuestro libro comienza con un capítulo sobre la importancia del autoconocimiento. Tras presentar el tema del autoconocimiento, explicamos su importancia en el Glorioso Corán y en las narraciones islámicas (ahâdîz).

El segundo capítulo incluye un estudio de seis beneficios del autoconocimiento. El primero es que a través del conocimiento de las propias capacidades y limitaciones podemos evitar tanto la arrogancia egocéntrica como la subestimación desesperada del “yo”.

El segundo es que podemos llegar a darnos cuenta de nuestro propio valor intrínseco y del demérito de nuestros propios viles deseos. En relación a este punto hay un análisis de la dignidad del alma (karâmat an-nafs).

El tercer beneficio es la comprensión de que nuestra existencia está conformada por dos partes: cuerpo y espíritu, el segundo de los cuales es el más importante y el que más cuidado merece. Tanto la Ética como la Jurisprudencia proporcionan guía en este ámbito, cada una a su propia manera.

El cuarto beneficio es el hecho de entender que no somos producto de la mera casualidad, sino que cada uno de nosotros ha sido creado para un propósito, y que, en consecuencia, deberíamos descubrir nuestra propia misión y orientar nuestra vida en correspondencia a ello.

El quinto es que el autoconocimiento conduce a una apreciación más profunda del rol de la conciencia en el autoperfeccionamiento. Tras analizar como las cosas penetran en nuestra conciencia, llegamos a la conclusión de que deberíamos esmerarnos sobremanera por evitar la formación de hábitos perjudiciales.

El sexto beneficio es que el autoconocimiento es la puerta de acceso al reino celestial (malakût).

La conciencia y la capacidad de determinar la propia naturaleza son dos ejemplos del fenómeno que se halla dentro nuestro y que no puede ser analizado o justificado en base a las leyes materiales. Además de la vida material, existen otras formas de vida, incluso en este mundo, y todos estos fenómenos inmateriales indican la vía hacia el reino celestial.

Sobre la base de la centralidad del espíritu en estudios sobre el autoconocimiento (y de acuerdo con el tercer beneficio mencionado en el segundo capítulo), el tercer capítulo de nuestro libro examina la inmaterialidad del espíritu y su independencia del cuerpo. Se mencionan algunos puntos de vista de algunos grandes sabios contemporáneos del Islam sobre el espíritu inmaterial, junto con un análisis de las dimensiones teóricas y prácticas de la gnosis (‘irfân).

El cuarto capítulo se refiere al valor y dignidad de los seres humanos en el Islam. Defendemos la perspectiva islámica sobre este tema, de la censura de algunos intelectuales occidentales, y demostramos cómo la dignidad inherente del hombre puede ser completada con la adquisición de las virtudes. Por último, estudiamos el tema de las dignidades relativas de las criaturas de Dios, incluyendo los ángeles y los seres humanos.

En los capítulos quinto y sexto, se presenta la perspectiva coránica respecto a las virtudes y vicios de los seres humanos junto a un análisis de los tipos de aspectos del carácter que pueden ser adquiridos en forma voluntaria, y una descripción de la imagen del hombre como es presentada en el Glorioso Corán.

Uno de los más nobles atributos humanos factibles es ser el representante o vicario de Al·lâh en la Tierra (Jalîfat Al·lâh). El significado y alcance de esta representación, y sus dos variedades, existencial y legislativa, son analizadas en el séptimo capítulo haciendo alusión a los pasajes relevantes del Glorioso Corán. Una de las conclusiones que sacamos de lo expuesto en los capítulos previos es que la perfección del hombre depende del ejercicio adecuado de su libre albedrío.

En el octavo capítulo investigamos el tema del libre albedrío y ponemos al descubierto la falacia del fatalismo y sus destructivas consecuencias. Tras admitir el libre albedrío del ser humano, encontramos que son tres los factores que se necesitan para su correcto empleo: poder, deseo y conocimiento.

El noveno capítulo contiene un análisis de éstos, prestándose especial atención al rol del conocimiento. Las más importantes clases de conocimiento que se necesitan con relación a los mismos son cinco: conocimiento de nuestro origen, de nuestro presente, de nuestro porvenir, de nuestra meta final y de la manera de alcanzar dicha meta. Estos temas son abordados en los cinco capítulos siguientes.

El décimo capítulo trata sobre nuestro conocimiento de Dios y nuestra relación con Él. Según el Corán, no es difícil llegar a tener certeza de Su existencia. Tras conocer a Dios, Su Benevolencia y el hecho de que está exento de toda necesidad, por un lado; y por otro, nuestra total necesidad de Él, llegamos a comprender que Sus mandatos son únicamente para nuestro propio beneficio.

En el capítulo decimoprimero se mencionan algunas de las características de este mundo. Primero, que en nuestra actual residencia mundanal estamos totalmente necesitados de Al·lâh y asimismo de diversas condiciones materiales. Segundo, reflexionamos sobre el carácter efímero del cosmos; y tercero, consideramos la verdadera naturaleza de esta vida carente de relevancia en sí misma, excepto en lo que respecta a la única oportunidad que tenemos para buscar la Faz de Al·lâh (waÿh Al·lâh).

El tema del decimosegundo capítulo es la vida del Más Allá, e incluye un análisis de la resurrección física, del período entre la muerte y la Resurrección (al que llamamos barzaj), del Paraíso y el Infierno, de la relación entre nuestras obras y las recompensas y castigos divinos, y de la eternidad de la Otra Vida.

Hay dos importantes tópicos que son abordados en el capítulo decimotercero: ¿Cuál es el propósito de la creación? y consecuentemente, ¿qué deberíamos considerar como la meta de nuestra vida? Considerando que el objetivo último de la creación no es beneficiar a Al·lâh, Quien es totalmente Autosuficiente, en cierta medida podemos decir que la meta de la creación son el hombre o mujer perfectos (al-insân al-kâmil).

De esto deducimos que deberíamos asumir como nuestra meta el hecho de aproximarnos a esta posición lo más posible. La cercanía del ser humano perfecto a Al·lâh es dilucidada en términos de sus resultados: bendiciones materiales, justicia social, inmunidad respecto a todos los obstáculos en el proceso del autoperfeccionamiento, paz y confianza, ingreso en el universo de la Luz, potestad o supremacía (wilâiah), conocimiento completo y felicidad eterna.

El último capítulo es sobre cómo alcanzar nuestra meta. En suma, el programa islámico para alcanzar la última meta es servir a Al·lâh, de aquí que debamos esforzarnos por adaptar nuestras creencias, nuestros actos y nuestros caracteres a aquello que lo satisface a Él. A eso sigue un análisis sobre la necesidad de una investigación personal respecto a las creencias religiosas básicas, la manera de entender nuestras obligaciones en relación a Al·lâh y la necesidad de la purificación del corazón.

Después de una investigación personal dentro de las creencias básicas, debemos tener cuidado de que nuestra comprensión del Islam esté en correspondencia con el Glorioso Corán y la Tradición (Sunnah) del Profeta y su Purificada Familia –la Paz sea con ellos- para lo cual debemos referirnos a los sabios (‘ulamâ’).

Hay también un apéndice en el cual hacemos un análisis de la filosofía del sistema penal islámico que está basada en la perspectiva del hombre encontrada en el Corán. Sin entrar en pormenores de razonamientos jurídicos, se argumenta que la actitud islámica hacia las penalidades armoniza más con los valores humanos esenciales que las propuestas humanísticas respecto a este tema.

Más de la mitad del contenido de este libro fue enseñado en primer lugar a un grupo de estudiantes de Canadá, de EE.UU. y de los Emiratos Árabes Unidos en un curso de verano impartido en la Universidad Az-Zahrâ’ y en el Instituto Imam Mahdî, en Qom y Mash·had respectivamente, en 1994.

Estos apuntes fueron publicados primero por petición del editor de Tehran Times en cuarenta y nueve entregas en dicho periódico los subsiguientes invierno y primavera; y en el verano de 1995, este material, junto a algunos adicionales, fueron enseñados en la Academia Az-Zahrâ, en Qom, a un grupo de estudiantes del Reino Unido, Francia y Kenia.

Gracias a Dios, este material se encontró con una acogida tan favorable por parte de las estudiantes que los directores de los centros mencionados sugirieron que fuese dispuesto en un libro. Tras añadírsele algunos temas anexos, la presente obra quedó lista para ser publicada.

En tanto esta obra fue escrita con la intención de que fuese utilizada como libro de texto, intentamos evitar el estilo tedioso y pesado, típicos de muchos libros, por supuesto, sin sacrificar su organización lógica.

El libro fue preparado para lectores de habla inglesa, pero reconocemos que para muchos lectores, el inglés puede ser su segunda lengua, y que otros lectores pueden ser adolescentes, por esta razón elegimos un estilo y vocabulario simples. El contenido de este libro está basado en el Glorioso Corán, en los ahâdîz (Tradiciones Proféticas) y en claros argumentos racionales.

La abundancia de aleyas del Corán y los ahâdîz narrados hacen posible al lector sacar sus propias conclusiones respecto a los temas tratados. Han sido incluidos los textos en árabe, con sus correspondientes vocalizaciones (i‘râb), para que sirvan de ayuda para reforzar el árabe de nuestros jóvenes lectores y para proporcionarles acceso directo a las fuentes originales.

Nos hemos esforzado por suministrar documentación suficiente para que las conclusiones alcanzadas sean aceptables para todos los musulmanes, y algunas de ellas incluso para los no-musulmanes. Hemos utilizado la expresión “el Glorioso Corán” porque es una traducción más fiel a la concepción islámica enunciada en árabe como “Al-Qur’ân al-Maÿîd”, que la expresión “el Sagrado Corán”.

Asimismo, hemos utilizado la expresión “el Noble Profeta”, que es lo que más se corresponde con la expresión árabe “An-Nabiî al-Akram”. Hemos colocado el texto árabe de las aleyas (aiât) del Glorioso Corán entre paréntesis: ﴿ ﴾; en tanto los hadices fueron colocados entre el siguiente tipo de comillas: « ».

Hemos utilizado la abreviación (s.a.w.) para expresar: “Que la Paz y las Bendiciones de Al·lâh sean con él y con su Purificada Familia”, tras referirnos al Noble Profeta, y la abreviación (a.s.) para significar: “Que la Paz sea con él/ella/ellos”, tras mencionar al resto de los profetas y a los miembros de la Purificada Familia del Noble Profeta (s.a.w.).

Por último, me gustaría ofrecer mi eterna gratitud a Al·lâh, el Todopoderoso y Sublime, y mi agradecimiento a la deferencia del Imam de la Época –que Al·lâh apresure su bendita aparición-.

Me gustaría también aprovechar esta oportunidad para manifestar mi agradecimiento a todos los sabios del Islam, particularmente a Aiatul·lâh Shahîd Mutahharî y a Aiatul·lâh Misbâh Iazdî, sin cuyas obras este libro no habría sido escrito, y extenderlo a aquellos que me otorgaron tan amablemente su ayuda y me incentivaron a escribir este libro, especialmente al editor del mismo, al cuerpo administrativo, y al alumnado de la Universidad (Ÿamî‘at) Az-Zahrâ’ y de la Academia Az-Zahrâ’.

وَ آخِرُ دَعْوَانَا أَن الْحَمْدُ لِلَّهِ رَبِّ الْعَالَمِين‏

Muhammad Ali Shomalí

6 de Safar de 1417

23 de Junio de 1996