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Primera Parte: Generalidades Sobre La Cosmovisión Islámica

Las vías y mecanismos del conocimiento en el Islam

Las vías del conocimiento

Para inferir el conocimiento del cosmos y alcanzar las realidades religiosas, el Islam se vale de tres tipos de mecanismos, si bien se considera un ámbito particular para cada uno de los mismos.

Dichos mecanismos son:

1- Los sentidos: de los cuales los principales son el oído y la vista.

2- La razón: que es la que descubre la realidad dentro de un ámbito limitado y particular, y para ello se basa en principios y fundamentos especiales.

3- La Revelación: que constituye el medio para que un grupo especial y determinado de personas se vincule al mundo de lo oculto.

Está dentro de las posibilidades de la humanidad entera el aprovecharse de las dos primeras vías para conocer el cosmos y asimismo la ley divina, mientras que la tercera es particular de aquél a quien ha abarcado el Favor Divino. El ejemplo más preponderante de este tipo de personas lo representan los Mensajeros y nobles Profetas divinos (a)1.

Hay que agregar a esto que la percepción sensorial y los cinco sentidos sólo pueden ser utilizados en el ámbito de lo sensorial, como asimismo el mecanismo de la razón solo puede ser utilizado en un ámbito limitado del cual el intelecto posee sus fundamentos.

Mientras que el ámbito de la Revelación es de un espectro bastante más amplio y engloba mucho más, como asimismo es efectivo en todas las esferas, tanto en las de la creencia como en el marco de las obligaciones y deberes.

El Sagrado Corán se ha referido a los tres mecanismos en muchas aleyas, de los cuales traemos a continuación unos ejemplos.

Dice el Corán en relación a los sentidos y a la razón:

وَاللَّهُ أَخْرَجَكُم مِّن بُطُونِ اُمَّهَاتِكُمْ لاَ تَعْلَمُونَ شَيْئاً وَجَعَلَ لَكُمُ السَّمْعَ وَالاَبْصَارَ وَالاَفْئِدَةَ لَعَلَّكُمْ تَشْكُرُونَ

«Dios os extrajo de las entrañas de vuestras madres desprovistos de entendimiento; os proporcionó el oído, la vista y la razón para que se lo agradecierais» (An-Nahl; 16:78).

La parte final de la aleya contiene el tema del agradecimiento, de lo cual se desprende que el ser humano debe aprovechar esos tres mecanismos, puesto que el agradecimiento significa usar cada don en su propio terreno.

Respecto a la revelación, el Altísimo dice lo siguiente:

وَمَآ أَرْسَلْنَا مِن قَبْلِكَ إِلاَّ رِجَالاً نُوحِي إِلَيْهِمْ فَسْأَلُوا أَهْلَ الذِّكْرِ إِن كُنتُم لاَ تَعْلَمُونَ

«Antes que a ti, no enviamos más que a hombres a quienes habíamos revelado. Preguntad, pues, a la Gente del Recuerdo si es que lo ignoráis» (An-Nahl; 16:43).

La persona religiosa utiliza los sentidos para conocer el mundo, la vida, la doctrina y la religión, pero cuán a menudo sucede que las percepciones sensoriales son el fundamento y el punto de partida de las leyes del intelecto, es decir, que esas percepciones preparan el terreno del pensamiento y de su juicio.

Asimismo, a veces se vale de la razón y el pensamiento para alcanzar el conocimiento de Dios y de Sus Atributos y Acciones. El resultado obtenido por cualquiera de estas vías es aceptable, válido y expresará la manifestación y el conocimiento de la verdad.

La invocación de los Profetas y Enviados divinos

La prédica de los Profetas y Enviados divinos se resume en dos asuntos:

1- La creencia.

2- La acción.

En relación a “la creencia” su función estriba en la exhortación a tener fe en Dios, en Sus atributos de perfección y en Sus acciones; en tanto que con “la acción” se quiere significar los deberes y normas sobre los que debe fundamentarse la vida individual y social.

Lo mínimo que se requiere en el terreno de la creencia es lograr el conocimiento categórico y la certeza, y es indudable que algo no puede conformar una evidencia si es que no alcanza ese límite (en otras palabras, su condición de fehaciente no llega a estar determinada).

Es por ello que es menester para el musulmán llegar a la certeza en lo relacionado a sus creencias, por lo que en este ámbito no debe contentarse con la mera imitación y tomar las creencias en base a la misma y adoptarlas sin haber investigado.

En lo relacionado a los deberes y obligaciones -la acción-, lo esperado es que la vida se rija en base a los mismos, y se actúe en base a sus criterios en todos los aspectos individuales, sociales, políticos y económicos.

Además de la certeza, en este terreno existen otras vías que la shari’ah o ley islámica ha aprobado, incluso nos ha prescrito aferramos a ellas para poder alcanzar estos deberes y obligaciones. Referirse a un muytahid2 que reúna todas las condiciones es una de esas vías que el Señor de la shari’ah ha aprobado y reconocido.

La acreditación del intelecto y de la Revelación

Para adoptar las creencias y normas religiosas nosotros nos basamos en dos evidencias divinas que son: el intelecto y la Revelación.

La diferencia fundamental entre estos dos es que nosotros nos valemos de la Revelación en todos los ámbitos, mientras que solo nos valemos del intelecto en algunos ámbitos en particular.

Con “Revelación” nos referimos a nuestro Libro Celestial “El Sagrado Corán”, y a las narraciones cuyas cadenas de transmisión llegan al Mensajero de Dios (S).

En cuanto a las narraciones de los Imames de Ahlul Bayt (los inmaculados de entre la familia del Profeta, con todos ellos sea la Paz), desde que las mismas se remontan al Mensajero de Dios (S) y surgen de él, éstas, sumadas a las narraciones del noble Profeta (S) conforman lo que se denomina sunnah (tradición del Profeta), y que representa una de las evidencias divinas.

Tanto el intelecto como la Revelación corroboran cada uno la condición de fehaciente del otro. Así, si bien demostramos a través del juicio categórico del intelecto la acreditación de la Revelación, a su vez ésta corrobora la acreditación del intelecto en los ámbitos que le son particulares.

El Sagrado Corán, en muchas oportunidades, nos refiere al juicio del intelecto, y exhorta a la gente a reflexionar y a discurrir intelectualmente sobre las maravillas de la Creación. Asimismo se vale del intelecto para demostrar los contenidos de su invocación, y no hay Libro celestial como el Sagrado Corán que respete el conocimiento racional (y las cuestiones que conllevan al mismo mediante el sano intelecto).

El Corán contiene argumentos racionales en el campo de las creencias al punto que sobrepasan su enumeración.

Los Imames de Ahlul Bayt (a) han hecho énfasis en la condición fehaciente del intelecto y de sus juicios en los ámbitos que le son pertinentes, de forma que el séptimo Imam Musa ibn Ya'far (a) lo ha considerado como una de las evidencias. Dice:

إنّ لله على الناس حجّتين: حجّةً ظاهرةً وحجّةً باطنةً، فأمّا الظّاهرةُ فالرُّسل والاَنبياءُ والاَئمة، وأمّا الباطنةُ فالعُقول

“Dios posee dos evidencias contra la gente: una es exterior y otra es interior. En cuanto a la exterior, la conforman los Enviados, Profetas e Imames; en cuanto a la interior, la conforman los intelectos”3.

El intelecto y la Revelación no se contradicen entre sí

Desde que la revelación constituye una prueba categórica y el intelecto es un farol resplandeciente que Dios ha dispuesto en la naturaleza de cada uno de los individuos de la especie humana, es imperioso que no exista ninguna contradicción entre estas dos evidencias divinas.

Si se nos manifestase una contradicción elemental entre estas dos evidencias, debe saberse que ello se deberá a una de dos cosas: o nuestra deducción de la religión respecto a ese particular es incorrecta, o bien lo que acaeció fue un error en las preliminares del argumento intelectual, puesto que los Dios es Prudente, Glorificado Sea, absolutamente no invoca a seguir dos vías contradictorias.

Así como no es posible imaginarse ninguna contradicción real entre el intelecto y la Revelación, asimismo no se produce contradicción alguna en absoluto entre “la ciencia” y “la Revelación”, y si se observa en algunas ocasiones algún tipo de contradicción entre ambas, entonces también ello será producto de una de dos cosas: o nuestra deducción de la religión en ese asunto es errónea, o bien la ciencia no ha llegado a una conclusión categórica en ese tema.

La contradicción se produce generalmente por lo segundo, o sea cuando se considera a algunas teorías científicas como si fuesen verdades categóricas, y es entonces que surge la suposición de que existe contradicción entre la ciencia y la religión.

La realidad del universo es un tópico que no está sujeto a nuestro raciocinio

En lo relacionado a los asuntos existenciales que poseen una realidad independiente del pensamiento y la representación mental, la realidad es un tópico que posee un atributo permanente y eterno, en el sentido que si el ser humano a través de uno de los sentidos infiere el conocimiento de un asunto en particular como si fuera una “realidad absoluta”, entonces lo que habrá descubierto constituirá una verdad estable, constante y permanente.

Pero si lo que infiere es un asunto donde solo parte del mismo es conocida y acorde a la realidad, y otra parte es errónea, entonces esa parte que ostenta el calificativo de “realidad”, será tal de una manera permanente, en el sentido que no será objeto de cambio a causa de la alteración de las circunstancias.

En otras palabras, el “relativismo” en relación a las realidades, en el sentido de que algo sea “la realidad misma” en un tiempo determinado y sea “la inexactitud misma” en otro tiempo en particular, es algo que no se concibe en el ámbito del conocimiento relacionado a las realidades existenciales.

Así, si el resultado de la multiplicación de “dos por dos es igual a cuatro” conforma un asunto estable, entonces lo será en forma absoluta, y si no es así, entonces no lo será en forma absoluta. De esta manera, no es posible que el resultado de un cierto conocimiento (existencial) sea “realidad” en una etapa en particular y sea “falso” en otra.

El relativismo en lo relacionado a los conocimientos y las percepciones sólo es factible en los asuntos cuya realidad sólo tiene lugar en la mente de las personas que son quienes los han dispuesto y acreditado.

Por ejemplo, la sociedad occidental es libre de elegir un sistema de gobierno, y si un día se produce el acuerdo para establecer una forma particular de gobierno, esa forma se investirá de la “realidad” mientras perdure el acuerdo para ello; pero si un día se llega a un acuerdo distinto, esa segunda forma de gobierno será “la realidad”, a pesar de que a la vez cada uno de los dos conceptos se considera “real” dentro de sus marcos pertinentes.

En cambio los asuntos que en sí mismos poseen un ámbito determinado y limitado fuera de la mente humana, si caen dentro del marco de lo percibido de una forma correcta y estable, serán “reales” por siempre.

En otras palabras, el conocimiento “real” de todo aquello que posee una realidad exterior fuera de la mente humana, oscila entre los atributos de verdadero y falso, a diferencia de las cuestiones relativas que son originadas por la mente por propósitos sociales, como la forma de gobierno, la presidencia o la propiedad, las cuales son calificadas de relativas, y sólo son “reales” bajo ciertas circunstancias determinadas.

El Universo Desde La Óptica Islámica

El universo es creación de Dios

El universo -o sea todo lo existente fuera de Dios- es creación de Dios, Glorificado Sea, y la realidad de este mundo se caracteriza por la “dependencia” y la vinculación a Dios, Glorificado Sea, por lo que las cosas existentes no dejan de estar necesitadas de Él ni un instante.

Cuando decimos que “el mundo es creación de Dios” queremos significar que fue creado por Su voluntad y disposición, y que su relación con Dios no es como la existente entre padre e hijo, por lo que la relación entre el universo y Dios no es la basada en el engendramiento. Dice el Altísimo:

لَمْ يَلِدْ وَلَمْ يُولَدْ

«No engendró ni fue engendrado» (Al-Ijlas; 112:3).

El orden actual del universo no es perpetuo

El orden actual del universo no es permanente, ni eterno, sino que se desmoronará y desvanecerá después de un tiempo cuya delimitación solo Dios conoce, y luego de ello se establecerá otro orden que es el del mundo del más allá, y ello se denomina ma’ad (el Retorno). Dice el Altísimo:

يَوْمَ تُبَدَّلُ الأَرْضُ غَيْرَ الأَرْضِ وَالسَّمَاوَاتُ وَبَرَزُوا لِلَّهِ الْوَاحِدِ الْقَهَّارِ

«El día en que la Tierra sea cambiada por otra tierra, así como los cielos, y comparezcan ante Dios, el Único, el Subyugador» (Ibrahim; 14:48).

Esta realidad se indica en la aleya que dice;

إِنَّا لِلّهِ وإِنّآ إِلَيْهِ رَاجِعُونَ

«Por cierto que somos de Dios, y que a Él retornamos» (Al-Baqarah; 2:156).

La ley de causa y efecto

El orden actual de la existencia está basado en el principio de “causa y efecto” el cual rige sobre la totalidad de sus fenómenos y partes.

La influencia de todo fenómeno sobre otro depende de la anuencia y disposición divina, la cual ha dispuesto que generalmente la dispensación de Sus gracias se concrete a través del régimen de causalidad y de causas y efectos.

Es evidente que la creencia de que “los fenómenos del universo se influencian mutuamente”, no necesariamente implica aceptar que éstos hayan sido creados, pero lo que queremos significar con ello es que esas causas y efectos disponen -con la anuencia de Dios- el terreno para la materialización de otros fenómenos, y que cualquier tipo de efecto es un exponente de la disposición y la absoluta Voluntad Divina.

El Sagrado Corán ha señalado los dos asuntos mencionados, o sea que los fenómenos naturales están sometidos a la regla de “causa y efecto”, y asimismo que el efecto de cada causa en el universo depende de la absoluta Anuencia Divina.

En relación a lo primero nos contentamos con mencionar la aleya siguiente:

وَأَنْزَلَ مِنَ الْسَّمَآءِ مَاءً فَاَخْرَجَ بِهِ مِنَ الثَّـمَرَاتِ رِزْقاً لَكُمْ

«Y hace descender agua del cielo mediante la cual hace brotar los frutos para vuestro sustento» (Al-Baqarah; 2:22).

En relación a lo segundo, nos contentamos con la aleya siguiente:

وَالْبَلَدُ الطَّيِّبُ يَخْرُجُ نَبَاتُهُ بإِذْنِ رَبِّهِ

«En la fértil comarca brota la vegetación con la anuencia de su Señor…» (Al-A’raf; 7:58)4.

La “existencia” no equivale sólo al universo material

La existencia no es sinónimo de la existencia material, ya que no se circunscribe a los límites de la materia, sino que abarca mucho más que ésta, y es lo que está más allá de la misma a lo que el Sagrado Corán denomina “el mundo de lo oculto” en oposición al “mundo de lo presenciable”.

Así como los fenómenos materiales se influencian entre sí con la anuencia de Dios, Glorificado Sea, asimismo las entidades ocultas influyen sobre el mundo de la naturaleza mediante la Anuencia Divina. En otras palabras, constituyen el medio para las dádivas divinas.

Respecto a la influencia que los ángeles de Dios tienen sobre los fenómenos del mundo material, el Sagrado Corán se expresa de la siguiente manera:

فَالْمُدَبِّرَاتِ أَمْراً

«Por las administradoras de los asuntos» (An-Nazi’at; 79:5).

وَهُوَ الْقَاهِرُ فَوْقَ عِبَادِهِ وَيُرْسِلُ عَلَيْكُمْ حَفَظَةً

«Él es el que subyuga a Sus siervos, y os envía custodios... » (Al-An‘am; 6:61).

De estas claras aleyas deducimos que: el mundo de la creación en sus dos partes, o sea la material y la metafísica, junto al régimen de causalidad que le rige, está en su totalidad establecido por la Voluntad de Dios, Glorificado Sea, y vinculado a Él, sin que hubiere excepción alguna.

El sometimiento del cosmos a una guía en particular

El cosmos es una realidad sometida a una guía en particular, y la totalidad de los átomos del universo -cada uno en su nivel- goza de la luz de la guía según su medida.

Asimismo, las etapas de esa guía general y global se conforman de la guía natural, la instintiva y la existencial.

El Sagrado Corán ha mencionado esta guía existencial y general en muchas aleyas, una de las cuales es la siguiente:

قَالَ رَبُّنَا الَّذِي أَعْطَى كُلَّ شَيْءٍ خَلْقَهُ ثُمَّ هَدَى

«Nuestro Señor fue quien otorgó a cada cosa su creación; luego la encaminó» (Ta-Ha; 20:50).

El universo conforma un orden perfecto

El presente orden de la creación es el mejor y más completo, y la estructura de la existencia fue dispuesta en base a la mejor configuración posible, de manera que no se puede concebir algo mejor que la forma en que está. Dice el Sagrado Corán:

الَّذِي أَحْسَنَ كُلَّ شَيْءٍ خَلَقَهُ

«Quien creó toda cosa excelentemente…» (As-Saydah; 32:7).

Y ello es consolidado por el indicio lógico, ya que la acción de cualquier sujeto se corresponde -en lo que se refiere a la perfección y al defecto- con el mismo sujeto en relación a los atributos y la perfección. Por ello, si el sujeto está exento de cualquier defecto en lo que hace a los atributos existenciales, asimismo será su acción, o sea libre de cualquier tipo de defecto o falta.

Desde que Dios, Glorificado Sea, es calificado por medio de todos los atributos existenciales de perfección en su forma más completa, entonces su acción será -naturalmente- la mejor y más perfecta.

Esto, agregado al hecho de que Dios es Sapientísimo, implica que mientras fuera factible la creación del mejor mundo concebible, Él no crearía más que ese.

Es digno de mencionar que la maldad existente en el mundo material, no se contradice con “el mejor orden de la existencia”. La explicación de este tema la relegamos hasta que discutamos el tema de “la Unicidad Divina en la condición de Creador”.

La razón de la creación del mundo

Desde que el mundo es creación y acción de Dios, Quien constituye la Verdad Absoluta, entonces lo que ha producido conforma asimismo “la verdad” y se distingue por la sapiencia, por lo que no queda lugar aquí para la acción vana y sin objetivo.

El Sagrado Corán ha señalado este tema en muchas aleyas, una de las cuales es la siguiente:

مَا خَلَقْنَا السَّمَاوَاتِ وَالأَرْضَ وَمَا بَيْنَهُمَآ إلاَّ بِالْحَقِّ

«Y no creamos los cielos y la tierra sino en base a la verdad…» (Al-Ahqaf; 46:3).

A pesar de ello, el objetivo de este mundo y del ser humano solo se materializará en el día del juicio final, como lo dice el Imam Amir Al-Mu'minin ‘Alí (a):

فإنّ الغاية القِيامة

“En verdad que el objetivo es el día de la Resurrección”5.

El Ser Humano Desde La Óptica Del Islam

El ser humano

El ser humano es una entidad compuesta de espíritu y cuerpo. Después de la muerte su cuerpo se deshace y sus miembros se desmenuzan, solo que su espíritu continúa con vida y la muerte del ser humano no implica su exterminio. Es así que continúa con una vida espiritual transitoria (barzaji) hasta la constitución del día de la Resurrección.

El Sagrado Corán, al explicar las fases de la creación y conformación del ser humano, ha hecho referencia a la última de esas etapas, que es la que se concretará infundiendo el espíritu en su cuerpo, ya que dice:

ثُمَّ أَنشَأْنَاهُ خَلْقاً آخَرَ

«Luego le suscitamos en otra creación» (Al-Mu’minun; 23:14).

Así también el Corán hace referencia a la vida barzaji del ser humano en muchas aleyas, entre ellas:

وَمِن وَرَآئِهِم بَرْزَخٌ إِلَى يَوْمِ يُبْعَثُونَ

«Y tras ellos hay una barrera (barzaj), hasta el día en que sean resucitados» (Al-Mu’minun; 23:100).

La creación del ser humano está en concordancia a una sana naturaleza

Todo ser humano nace con una naturaleza pura y monoteísta, de forma que, si permanece alejado de la influencia de los factores externos (como la educación, la amistad y la inculcación) que provocan la desviación en la creencia, marchará por el sendero de la verdad.

Entonces no es que haya personas innatamente malvadas, sino que las maldades y las cuestiones execrables son asuntos incorporados y eventuales que se originan a causa de factores externos y voluntarios.

Por eso, la idea del “pecado original” en los hijos de Adán (a), que es planteada por los cristianos contemporáneos no tiene fundamento, ni es correcta.

Dice el Sagrado Corán a este respecto:

فَأَقِمْ وَجْهَكَ لِلدِّينِ حَنِيفاً فِطْرَتَ اللَّهِ الَّتِي فَطَرَ النَّاسَ عَلَيْهَا

«Y dispón tu rostro hacia la religión como monoteísta, es la naturaleza de Dios sobre la cual creó a la gente» (Ar-Rum; 30:30).

El ser humano es una criatura con libre albedrío

El ser humano es una criatura con libre albedrío y autónoma. O sea que después que él estudia los diferentes aspectos de un tema en particular a la luz del intelecto, elige realizar una acción o dejar de hacerla, sin que esté compelido a ello.

Dice el Sagrado Corán:

إِنَّا هَدَيْنَاهُ السَّبِيلَ إِمَّا شَاكِراً وَإِمَّا كَفُوراً

«Nosotros le guiamos hacia el sendero, y ya bien es agradecido o bien es ingrato…» (Al-Insan; 76:3).

También dice:

وَقُلِ الْحَقُّ مِن رَبِّكُمْ فَمَن شَآءَ فَلْيُؤْمِن وَمَن شَآءَ فَلْيَكْفُرْ

«Y di: “La verdad dimana de vuestro Señor; así pues quien quiera que crea y quien quiera que no crea…”» (Al-Kahf; 18:29).

El ser humano es una criatura factible de ser instruida y educada

Desde que el ser humano goza de una sana esencia y de una capacidad que le permite conocer el bien y el mal, y puesto que es una criatura que goza de libre albedrío y no está compelida, por todo eso, es un ser susceptible de recibir instrucción y educación, y capaz de marchar por el sendero de la rectitud y el perfeccionamiento, estando abierta para él la puerta del retorno a Dios.

A menos que su arrepentimiento a Dios se produzca en el momento en que sienta que le llega la muerte, en el cual no se acepta el arrepentimiento, ni le favorece en nada el retorno hacia Dios.

Es por eso por lo que la prédica de los profetas se dirige a toda la humanidad, hasta a aquéllos como el Faraón, como lo expresa el Altísimo:

فَقُلْ هَل لَّكَ إِلَى أَن تَزَكَّى * وَأَهْدِيَكَ إِلَى رَبِّكَ فَتَخْشَى

«Y di: “¿Acaso quieres purificarte y que te guíe hacia tu Señor y tengas temor (de Él)?”» (An-Nazi’at; 79:18-19).

En base a esto, el ser humano no debe desesperanzarse de la misericordia y perdón divinos, como lo expresa el Altísimo:

لاَ تَقْنَطُوا مِن رَحْمَةِ اللَّهِ إِنَّ اللَّهَ يَغْفِرُ الذُّنُوبَ جَمِيعاً

«No os desesperéis de la misericordia de Dios. Ciertamente que Dios perdona todos los pecados…» (Az-Zumar; 39:53).

El ser humano es un ente responsable

El ser humano es un ente responsable desde que goza de la luz del intelecto y la gracia del libre albedrío: responsable frente a Dios, frente a los profetas, frente a los líderes divinos, frente a otros de entre el resto de los hijos de la humanidad, y frente al universo.

El Sagrado Corán en muchas aleyas ha indicado claramente esta responsabilidad que recae sobre el ser humano, diciendo:

وَأَوْفُوا بِالْعَهْدِ إِنَّ الْعَهْدَ كَانَ مَسْؤولاً

«Y cumplid el compromiso, que en verdad que se requerirá cuenta del compromiso» (Al-Isra; 17:34).

También dice:

أَيَحْسَبُ الإِنسَانُ أَن يُتْرَكَ سُدًى

«¿Acaso supone el ser humano que será dejado libre…?» (Al-Qiiamah; 75:36).

Y dice el Gran Mensajero Muhammad (S):

كُلُّكُمْ راعٍ وَكُلُّكُمْ مَسؤُولٌ عَنْ رَعِيّتهِ

“Todos vosotros sois pastores y todos vosotros sois responsables de vuestro objeto de pastoreo”6.

El referente de superioridad entre la gente

Un ser humano no es superior a otro excepto en lo que se refiere a las perfecciones espirituales que logra. La mejor de esas perfecciones que conforman el referente de preeminencia y superioridad es la piedad. Como dice el Sagrado Corán:

يَآ أَيُّهَا النَّاسُ إِنَّا خَلَقْنَاكُم مِن ذَكَرٍ وَاُنثَى وَجَعَلْنَاكُمْ شُعُوباً وَقَبَآئِلَ لِتَعَارَفُوا إِنَّ أَكْرَمَكُمْ عِندَ اللَّهِ أَتْقَاكُمْ

«¡Oh gente! Por cierto que os hemos creado de un varón y de una hembra, y os dispusimos en pueblos y tribus para que os reconozcáis. Ciertamente que el más noble entre vosotros ante Dios es el más piadoso» (Al-Huyurat; 49:13).

En base a esto, desde la óptica islámica las particularidades genéticas, geográficas y otras, no constituyen una causa de discriminación, ni justificativo para enorgullecerse, engreírse y considerarse superior a los demás.

La inmutabilidad de los principios morales

Los principios morales que conforman -en realidad- los principios de identidad del ser humano y que tienen raíces en la fitrah o naturaleza primordial del ser humano, son principios inmutables y eternos que no cambian con el paso del tiempo y el acontecer de las alteraciones y evoluciones sociales.

Por ejemplo, la virtud de cumplir con los pactos y las promesas, o la virtud de retribuir la bondad con bondad, son cuestiones eternas y realidades inmutables y absolutas. Estos principios morales no cambiarán jamás. Asimismo es el juicio respecto a la vileza de traicionar y no cumplir con la promesa.

En base a esto, decimos que en la vida social de la humanidad existe una serie de principios y fundamentos que están amalgamados con la fitrah o naturaleza primordial y esencia de la humanidad, y que son inmutables y eternos.

El Sagrado Corán ha señalado algunos de estos principios y fundamentos lógicos morales y estables de la siguiente manera:

هَلْ جَزَآءُ الإِحْسَانِ إِلاَّ الإِحْسَانُ

«¿Acaso la retribución del bien no es el bien mismo?» (Ar-Rahman; 55:60).

مَا عَلَى اَلْمُحْسِنِينَ مِن سَبِيلٍ

«No hay reproche para los bienhechores…» (At-Taubah; 9:91).

فَإِنَّ اللَّهَ لاَ يُضِيعُ أَجْرَ الْمُحْسِنِينَ

«Por cierto que Dios no descuida la recompensa de los que hacen el bien» (Iusuf; 12:90).

إِنَّ اللَّهَ يَأْمُرُ بِالْعَدْلِ وَالإِحْسَانِ وَإِيتَآءِ ذِي الْقُرْبَى وَيَنْهَى عَنِ الْفَحْشَآءِ وَالْمُنكَرِ وَالْبَغْيِ

«Por cierto que Dios prescribe la justicia, la benevolencia, la dadivosidad con los parientes, y prohibe la obscenidad, lo reprobable y la iniquidad…» (An-Nahl; 16:90).

La relación existente entre el ser humano y los fenómenos del universo

Las acciones y actitudes del ser humano además de traer aparejadas una recompensa o un castigo acorde a las mismas en el Día del Juicio Final no están exentas de buenas o malas consecuencias en este mundo, puesto que existen fuerzas intelectivas y pensantes que en el Sagrado Corán fueron descriptas con el apelativo de Al-Mudabbirat (las administradoras).

فَالْمُدَبِّرَاتِ أَمْراً

«Por las administradoras de los asuntos» (An-Nazi’at; 79:5).

Estas fuerzas administran los asuntos del cosmos con la anuencia de Dios, y con relación a las acciones del ser humano, sean éstas buenas o malas, no adoptan una situación de simples espectadoras. En realidad, con relación a la acciones del ser humano, hay algunos fenómenos del mundo que surgen de esas “mudabbirat” y conforman una reacción al accionar de la persona.

Esa es una realidad que fue puesta al descubierto por la Revelación Divina, y que también el ser humano ha inferido hasta un cierto grado mediante su conocimiento.

Hay muchas aleyas en el Sagrado Corán a este respecto, de las cuales mencionamos la siguiente a título de ejemplo:

وَلَوْ أَنَّ أَهْلَ الْقُرَى ءَامَنُوا وَاتَّقَوْا لَفَتَحْنَا عَلَيْهِمْ بَرَكَاتٍ مِنَ السَّمَآءِ وَالاَرْضِ

«Y si la gente de las ciudades hubiera creído y temido (a Dios), en verdad que les hubiéramos abierto para ellos bendiciones del cielo y la tierra…» (Al-A’raf; 7:96).

La relación existente entre el desarrollo o atraso de los pueblos y entre sus creencias y moral

El desarrollo o atraso de los pueblos surgen de causas y factores internos que la mayoría de las veces retornan a sus creencias y moral, y en consecuencia a su propio comportamiento, además de algunos factores externos.

Por supuesto, este principio no se contradice con el principio divino de la intervención de la Providencia Divina, puesto que este principio (o sea la influencia del comportamiento de los pueblos en su destino) es por sí mismo una manifestación de la Voluntad Divina general.

O sea que la Voluntad Divina general se ha materializado en el hecho de que los pueblos construyan su propio destino, como el hecho de que la sociedad que constituya sus relaciones sociales en base a la justicia logre una vida buena y estable, y que sea mala y desgraciada la situación de la comunidad que constituya sus relaciones sociales de un modo contrario.

Este principio es lo que se llama, de acuerdo con los términos del Sagrado Corán, las tradiciones o prácticas divinas (as-sunan al-ilahiiah), desde que dice:

فَلَمَّا جآءهم نَذِيرٌ مَّا زَادَهُمْ إِلاَّ نُفُوراً * اسْتِكْبَاراً فِي الأَرْضِ وَمَكْرَ السِّيئِ وَلاَ يَحِيقُ الْمَكْرُ السَّيِّئُ اِلاَّ بِاَهْلِهِ فَهَلْ يَنظُرُونَ إِلاَّ سُنَّتَ الأَوَّلِينَ فَلَن تَجِد لِسُنَّتِ اللَّهِ تَبْدِيلاً وَلَن تَجِدَ لِسُنَّتِ اللَّهِ تَحْوِيلاً

«Cuando les llegó un amonestador ello no les aumentó sino su animosidad, ensoberbeciéndose en la Tierra y tramando la maldad, pero el tramar la maldad no recae sino en sus propios autores. ¿Acaso ven algo fuera de la práctica de los primeros? No encontrarás alteración en la práctica de Dios. Y no encontrarás cambio en la práctica de Dios» (Fatir; 35:42-43).

Y dijo:

وَأَنْتُمُ اْلأَعْلَوْنَ إِن كُنْتُم مُؤْمِنِينَ * … وَتِلْكَ اْلأَيَّامُ نُدَاوِلُهَا بَيْنَ النَّاسِ

«…Vosotros seréis los elevados, si es que creéis… y esos son los días que hacemos que se sucedan entre la gente…» Ál-Imran; 3:139-140).

Un claro futuro para la humanidad

El futuro de la humanidad es claro y no presenta ninguna duda.

Es verdad que la vida humana está generalmente relacionada a diferentes clases de desproporción y caos, solo que esta situación no continuará para siempre, sino que la historia de la humanidad se mueve en dirección a un futuro esplendoroso en el que regirá la justicia y se establecerá una equidad general, y el gobierno sobre la tierra será de aquellos a los que el Sagrado Corán ha llamado “los justos”, al decir:

وَلَقَدْ كَتَبْنَا فِي الزَّبُورِ مِن بَعْدِ الذِّكْرِ أَنَّ الاَرْضَ يَرِثُهَا عِبَادِيَ الصَّالِحُونَ

«Hemos prescrito en los Salmos después del Recuerdo (la Torá) que la Tierra la heredarán Mis siervos justos» (Al-Anbiia’; 21:105).

También dice:

وَعَدَ اللَّهُ الَّذِينَ ءَامَنُوا مِنكُمْ وَعَمِلُوا الصَّالِحَاتِ لَيَسْتَخْلِفَنَّهُمْ فِي الاَرْضِ كَمَا اسْتَخْلَفَ الَّذِينَ مِن قَبْلِهِمْ

«Y prometió Dios a quienes han creído y realizado buenas obras de entre vosotros que les hará sucesores en la Tierra así como lo hizo con quienes les precedieron…» (An-Nur; 24:55).

En base a esto, como desenlace de la continua pugna entre la verdad y la falsedad, la victoria final en el futuro de la historia será solamente de la verdad, aunque ello se dilate un tiempo y se prorrogue, como dice el Corán:

بَلْ نَقْذِفُ بِالْحَقِّ عَلَى الْبَاطِلِ فَيَدْمَغُهُ فإِذَا هُوَ زَاهِقٌ

«En cambio con la verdad rechazamos la falsedad a fin de que la desmorone, y he ahí que se disipa» Al-Anbiia’; 21:18).

La nobleza y libertad del ser humano

Desde la óptica del Sagrado Corán, el ser humano goza de una nobleza especial, hasta un grado tal que los ángeles llegaron a prosternarse ante él; como dice el Altísimo:

وَلَقَدْ كَرَّمْنَا بَنِي آدَمَ وَحَمَلْنَاهُمْ فِي الْبَرِّ وَالْبَحْرِ وَرَزَقْنَاهُم مِنَ الطَّيِّبَاتِ وَفَضَّلْنَاهُمْ عَلَى كَثِيرٍ مِمَّنْ خَلَقْنَا تَفْضِيلاً

«Y ciertamente que ennoblecimos a los hijos de Adán, y les llevamos por la tierra y el mar, y les agraciamos de las bondades, y les preferimos marcadamente por sobre mucho de lo que creamos» (Al-Isra; 17:70).

Por el hecho de que la esencia de la vida humana se esconde en la preservación de la propia nobleza y grandeza, el Islam ha prohibido cualquier acción que vaya en perjuicio de esa merced divina.

En otras palabras, cualquier forma de dominio sobre los demás, y asimismo cualquier aceptación del dominio de otro está prohibida de una manera categórica desde el punto de vista del Islam, por lo que necesariamente el ser humano debe vivir libre y con nobleza, lejos de cualquier forma de rebajamiento y humillación.

Dijo el Imam Amir Al-Mu’minin ‘Alí Ibn Abi Talib (a):

ولا تكُنْ عَبْدَ غيرِك وقدْ جَعَلك الله حُرّاً

“No seas siervo de otro puesto que Dios te ha creado libre”7.

Como también dijo:

إنّ الله تبارَك وتعالى فَوَّض إلى المؤمن كلَّ شيء إلاّ إِذلالَ نفسهِ

“Por cierto que Dios, Exaltado y Elevado Sea, le delegó al creyente toda cosa a excepción de la humillación de sí mismo”8.

Es bastante obvio que los gobiernos divinos legítimos no contradicen este principio, como aclararemos más adelante.

La visión del Islam respecto al intelecto humano

El intelecto humano goza de una situación especial en la visión y óptica del Islam, y eso porque lo que diferencia al ser humano del resto de las criaturas vivientes, e incluso lo dispone superior a ellas, es su intelecto y el alcance de su poder de raciocinio.

Es por eso que en muchas aleyas del Sagrado Corán el ser humano es exhortado a pensar y reflexionar, a meditar y razonar, hasta el punto de que el desarrollo del poder intelectual y el razonar en los fenómenos de la creación fue considerado de entre las señales de los dotados de inteligencia. Dice el Altísimo en el Sagrado Corán:

الَّذِينَ يَذْكُرُونَ اللَّهَ قِيَاماً وَقُعُوداً وَعَلَى جُنُوبِهِمْ وَيَتَفَكَّرُونَ فِي خَلْقِ السَّماوَاتِ وَالأَرْضِ رَبَّنَا مَا خَلَقْتَ هذَا بَاطِلاً

«Aquéllos que recuerdan a Dios de pie, sentados o acostados. Y reflexionan en la creación de los cielos y la Tierra (y dicen): “¡Dios nuestro! No creaste esto en vano!”» (Ál-Imran; 3:191).

Las aleyas relacionadas a la necesidad de meditar y reflexionar en los fenómenos de la creación son muchas más de lo que es posible enumerar en esta corta exposición.

En base a esta visión encontramos que el Sagrado Corán prohíbe a la gente la ciega imitación, y el seguir a los padres y abuelos de una manera irreflexiva.

La armonía existente entre la libertad individual y el desarrollo espiritual

En el Islam las libertades individuales están limitadas en los aspectos político-económicos, de forma que no contraríen el principio de desarrollo espiritual del ser humano, así como están limitadas de forma que no perjudiquen los intereses generales.

En realidad, la razón de las funciones, deberes y obligaciones religiosas en el Islam está contenida en el hecho de que el Islam, mediante estos deberes que le son impuestos al ser humano, quiere proteger su dignidad esencial, y al mismo tiempo garantizar la seguridad y la perduración de los intereses sociales.

La prohibición que el Islam hace de la práctica del politeísmo, y su tenaz prohibición del intercambio y consumo de embriagantes y otras cosas similares, es solamente para proteger la dignidad humana (individual y socialmente). Con esto también se hace patente el motivo de las reglamentaciones penales en el Islam.

Entonces, el Sagrado Corán considera la ley del talión como una garantización de la vida humana, ya que dice:

وَلَكُمْ فِي الْقِصَاصِ حَيَاةٌ يَآ اُوْلِي الأَلْبَابِ

«Y tenéis vida en el talión ¡Oh gente que razona!» (Al-Baqarah; 2:179).

El gran Profeta Muhammad (S) dice:

إنّ المعصيةَ إذا عَمِلَ بها العبدُ لم تَضرّ إلاّ عامِلَها، فإذا عَمِل بها علانيةً، ولم يُغَيّر أضرّت بالعامة

“Si el siervo comete una desobediencia, ésta no perjudica más que a su perpetrador, pero si la comete en forma abierta y no es enmendada, perjudica a todos”.

El Imam Ya’far As-Sadiq, luego de transmitir el hadiz, agrega:

ذلك أنّهُ يُذلّ بعَملِه دينَ الله، وَيَقْتدي به أهلُ عَداوةِ اللهِ

“Eso es porque mediante su acción humilla a la religión de Dios, y lo imita la gente que es hostil a Dios”9.

No hay imposición en materia de religión

Uno de los exponentes de libertad individual en el Islam lo conforma el hecho que una persona no sea obligada a aceptar y abrazar una religión. Dice el Altísimo:

لآ إِكْرَاهَ فِي الدِّينِ قَد تَبَيَّنَ الرُّشْدُ مِنَ الْغَيِّ

«No hay coerción en la religión. Ciertamente que la verdad se ha evidenciado del extravío» (Al-Baqarah; 2:256).

Eso es porque la religión adecuada según el Islam es la creencia y la fe de corazón, las cuales no se concretan en el corazón del ser humano mediante la violencia, la coerción, la coacción y la imposición, sino que surgen luego de concluir conocimientos preliminares, de los cuales el más importante es la elucidación de la verdad y la falsedad, y el discernimiento entre una y la otra.

Es cuando se produce un conocimiento como ese que el ser humano elige categóricamente la verdad en circunstancias naturales.

Es cierto que el yihad o lucha en el camino de Dios constituye uno de los preceptos y obligaciones muy importantes del Islam, pero el yihad no significa en absoluto obligar a los demás a abrazar el Islam, sino que su propósito es quitar los impedimentos y obstáculos del camino de la prédica islámica y hacer llegar el Mensaje Divino a los oídos de la gente en el mundo de forma que la verdad se evidencie del extravío.

Naturalmente, si los dueños de riqueza y poder, partiendo de motivaciones materiales y diabólicas impiden que llegue el Mensaje Divino y guiador a los oídos y corazones de la gente, la filosofía de la Profecía (que es guiar y encauzar a la humanidad), requerirá que los combatientes islámicos se dispongan a quitar esas barreras y obstáculos de forma que se den las condiciones y circunstancias necesarias para hacer llegar la prédica de la verdad a los hijos de la humanidad.

De los temas anteriores -la visión del Islam sobre el cosmos, el ser humano y la vida- se hace evidente que también hay puntos y principios que deben ser analizados y que trataremos en su lugar correspondiente.

A partir de aquí procederemos a exponer la posición y opiniones del Islam en el ámbito de las creencias y las normas de la religión.

  • 1. En las narraciones islámicas se ha hecho mención de aquéllos que son descriptos como muhaddaz (o frecuentados por los ángeles). Posteriormente se hará mención del tema.
  • 2. Sabio religioso que goza de la capacidad de extraer las normas de la ley islámica a través de sus fuentes fidedignas (N.T.).
  • 3. “Usul Al-Kafi”, t.1, p.16, hadiz 12.
  • 4. Para más información a este respecto referirse a los libros de exégesis coránica (tafsir) y de teología islámica (kalam), entre los que están: “Tafsir “Al-Mizan» de Seiied Tabatabai, t.1, p.74, ed. Beirut; e Ilahiiat de Ya‘far Subhani, t.2, p.54.
  • 5. “Nahy Al-Balagah”, disertación Nº 195 (Ed. en español).
  • 6. “Musnad Ahmad”, t.2, p.54. “Sahih Al-Bujari”, t.3, p. 284, (Kitab Al-Yum‘ah, capítulo 11, hadiz 2).
  • 7. Nahy Al-Balagah”, sección de cartas, carta Nº 38.
  • 8. “Wasa’il Ash-Shi‘a”, t.11, p.424 (Libro de “La encomendación del bien”, cap.12, hadiz 4).
  • 9. “Wasa’il Ash-Shi‘a”, t.11, p.407 (Libro de “La encomendación del bien”).