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Sexta Parte: La Profecía Particular Del Profeta Del Islam (S)

Las vías para demostrar la profecía particular

En el capítulo anterior hablamos sobre la profecía general; en esta sección hablaremos sobre la profecía particular del Mensajero del Islam, Muhammad Ibn ‘Abdullah (S). Antes de eso recordamos que la profecía es posible de ser demostrada a través de tres vías:

A) Presentar milagros conjuntamente con la invocación de ser profeta.

B) El conjunto de los indicios y testimonios que testifican la veracidad de su invocación.

C) El anuncio realizado por un profeta anterior.

Es posible establecer la profecía del Mensajero del Islam (S) mediante cada una de estas vías. Ahora nosotros las mencionaremos en forma resumida.

El Sagrado Corán: El milagro eterno

La historia concluyente testimonia que el Mensajero del Islam (S) juntamente con su invocación de ser profeta realizó numerosos y diferentes milagros, solo que él (S), entre todos sus milagros, enfatizaba en uno sólo de ellos, que es en realidad su milagro eterno, y que no es otra cosa que el Sagrado Corán.

El Profeta del Islam (S) manifestó su Profecía y su Mensaje presentando este Libro Celestial, y desafió a la gente con relación al mismo, retándoles a presentar algo igual si es que podían, pero a pesar de ese tajante desafío coránico, nadie pudo presentar algo igual durante la época del Mensaje.

Hoy en día, y luego de haber transcurrido muchos siglos, el Sagrado Corán continúa desafiando a todos diciendo:

قُل لَّئِنِ اجْتَمَعَتِ الإِنسُ وَالْجِنُّ عَلَى أَن يَأْتُوا بِمِثْلِ هَذَا الْقُرْءَانِ لاَ يَأْتُونَ بِمِثْلِهِ وَلَوْ كَانَ بَعْضُهُمْ لِبَعْضٍ ظَهِيراً

«Di: Ciertamente que aunque se reunieran el hombre y el genio para traer algo igual que este Corán no traerían algo igual, aunque se ayudasen mutuamente» (Al-Isra; 17:88).

En otro lugar, contentándose con mucho menos todavía, dice:

قُلْ فَأْتُوا بِعَشْرِ سُوَرٍ مِثْلِهِ مُفْتَرَيَاتٍ

«Di: traed diez suras como él, inventadas…» (Hud; 11:13).

فَأْتُوا بِسُورَةٍ مِن مِثْلِهِ

«…traed una sura similar a él…» (Al-Baqarah; 2:23).

Sabemos que los enemigos del Islam no escatimaron ningún esfuerzo a lo largo de catorce siglos desde el surgimiento del Islam para dirigirle ataques y tratar de perjudicar a esta religión, fraguando diferentes tipos de artimañas.

Incluso utilizaron el arma de acusar al Mensajero del Islam (S) de ser brujo, loco y otras cosas similares, solo que no pudieron enfrentar al Sagrado Corán en absoluto ni oponérsele, siendo incapaces de traer incluso una pequeña aleya como las que posee. Asimismo, hoy en día los enemigos del Islam están equipados con diferentes tipos de ideas y medios, pero son incapaces de enfrentar este categórico desafío coránico.

Ello conforma un claro indicio de que el Sagrado Corán se encuentra por encima de las palabras de los hombres.

El milagro literario del Corán

El Mensajero de Dios (S) realizó muchos milagros que fueron registrados en los libros de historia y tradiciones, sólo que el milagro eterno que entre los mismos brilla en todas las épocas y períodos es el Sagrado Corán, y el secreto de que el Mensajero del Islam (S) haya sido distinguido entre todos los profetas con un milagro tal, es que la suya es el sello de las religiones, su ley es la última y definitiva de entre las leyes divinas.

Y una religión eterna y una ley definitiva necesitan de un milagro eterno que sea una prueba concluyente del Mensaje en todas las épocas y generaciones, para que la humanidad pueda referirse al mismo en todos los tiempos y épocas, sin que hubiera necesidad de lo testimoniado y trasmitido por otros.

El Sagrado Corán recibe la atribución de “milagro” desde numerosos aspectos; si bien tratar cada uno de los mismos requiere de un ámbito extenso que escapa a los alcances de este escrito, indicaremos algunos de ellos en forma resumida:

Cuando el Sagrado Corán fue revelado, lo primero que asombró a los árabes y a los maestros de la elocuencia y la retórica, fue la belleza de sus palabras, su asombrosa sintaxis y lo sublime de sus significados.

Esa característica era completamente evidente para los árabes de ese entonces (así como lo es para los árabes del presente); y es por eso que el Mensajero de Dios (S), mediante la recitación una vez tras otra de las aleyas del Libro Sagrado, y mediante su repetido desafío a enfrentarle y aportar algo igual que ello si es que podían.

Esto hacía que los gigantes de la lengua y la literatura árabe y los campeones y maestros de la poesía y la elocuencia, se vieran compelidos a someterse ante el Corán, doblegarse ante la grandeza del Islam, y reconocer que las palabras coránicas se encuentran por encima de las de los humanos.

He ahí a Al-Walíd Ibn Al-Mugairah, uno de los grandes poetas y elocuentes de la tribu de Quraish, quien después de escuchar las aleyas del Sagrado Corán que le recitara el Mensajero de Dios (S) y tras requerirle el Profeta (S) que emitiera una opinión al respecto, dijo:

“¡Por Dios! Ciertamente que en las palabras que recita hay dulzura y una belleza especial. El árbol de sus palabras tiene frutos en sus ramas y es copioso en sus raíces. Son palabras sublimes que no pueden ser superadas por otras”1.

Al-Walíd Ibn Al-Mugairah no es el único que inclina su cabeza en reverencia por la belleza manifiesta del Sagrado Corán y por su grandeza espiritual, sino que aparte de él, se encuentran otros grandes de la elocuencia de entre los árabes como: At-Tufail Ibn ‘Amru, que manifestaron su impotencia ante el Sagrado Corán, y reconocieron el milagro literario del mismo.

Si bien los árabes de la “época de la ignorancia”, por lo bajo de su nivel cultural, no entendieron del Corán más que este aspecto, cuando el sol del Islam llegó a iluminar un cuarto del mundo habitado, y fue conocido por otras comunidades humanas, los pensadores procedieron a reflexionar en las aleyas de este Libro Portentoso.

Y además de ponderar su elocuencia y retórica, y la belleza de su expresión, se detuvieron en otros aspectos del Sagrado Corán, cada uno de los cuales conforma en forma independiente un excelente testimonio de que proviene del mundo celestial, y su origen se remonta al Excelso Originador del cosmos.

De esta manera, en cada época descubrimos interminables aspectos de este Libro Grandioso.

Otros aspectos milagrosos del Sagrado Corán

En el artículo anterior, en forma resumida, dejamos en claro el milagro del Corán desde la perspectiva literaria. Ahora queremos exponer brevemente otros aspectos del milagro coránico.

Si bien el milagro del Corán desde el aspecto literario sólo es factible de ser inferido y comprendido por un grupo en especial que posea el dominio suficiente del idioma árabe, afortunadamente el resto de los aspectos milagrosos del Sagrado Corán son factibles de ser comprendidos por otros.

A) Aquel que expuso el Corán fue un iletrado que no recibió instrucción, y que antes de la Revelación no le había sido impartido ningún tipo de enseñanza, no había ingresado en ninguna escuela, ni había sido educado por ningún maestro, ni leído libro alguno. Dice el Altísimo:

وَمَا كُنتَ تَتْلُواْ مِن قَبْلِهِ مِن كِتَابٍ وَلاَ تَخُطَّهُ بِيَمِينِكَ إِذاً لاَّرْتَابَ الْمُبْطِلُونَ

«No recitabas antes que él (el Corán) libro alguno, ni lo transcribías con tu diestra. En ese caso, los falsarios habrían dudado» (Al-Ankabut; 29:48).

El Profeta del Islam (S) recitó esta aleya ante gente que conocía detalles de su vida en forma completa, y si él hubiese tenido antecedentes de instrucción hubieran desmentido tal invocación.

En cuanto a la acusación que algunos le hicieron de que «se lo enseña un hombre», es una acusación sin fundamento al igual que todas las demás que le hicieron; como dice el Corán:

لِّسَانُ الَّذِي يُلْحِدُونَ إِلَيْهِ أَعْجَمِيٌّ وَهَذَا لِسَانٌ عَرَبِيٌّ مُبِينٌ

«La lengua de aquel a quien aluden es no árabe, siendo que ésta es una lengua árabe evidente» (An-Nahl; 16:103).

B) El Sagrado Corán fue recitado a la gente por el Mensajero de Dios (S) a lo largo de veintitrés años y bajo diferentes circunstancias -durante la paz, la guerra, el viaje, la permanencia en un lugar, etc.-, y lo natural es que en esta forma de pronunciarse acontezca en las palabras del orador una diferencia y dualidad o multiplicidad en el estilo y características de la expresión.

Vemos cómo los autores que escriben sus libros en condiciones parejas, a pesar de observar los principios y reglas de homogeneidad en la redacción, son víctimas de incongruencias y disimilitudes en sus palabras, entonces ¿qué podemos decir de alguien que comunica sus palabras en forma gradual y en diferentes estados y circunstancias de rigor y holgura, tristeza y alegría, guerra y paz, seguridad y peligro?

Llama extremadamente la atención el hecho de que el Mensajero del Islam (S) se pronunciara sobre diferentes y variados temas, comenzando por los conocimientos divinos, pasando por la historia, la legislación, la moral, la naturaleza, el ser humano, y concluyendo con la vida en el más allá, y al mismo tiempo sus palabras desde el principio hasta el final gozan de la más alta concordancia y correspondencia en lo que hace al estilo y contenido.

El mismo Corán se refiere a este aspecto milagroso diciendo:

أَفَلا يَتَدَبَّرُونَ الْقُرْءَانَ وَلَوْ كَانَ مِنْ عِندِ غَيْرِ اللَّهِ لَوَجَدُوا فِيهِ اخْتِلاَفاً كَثِيراً

« ¿Acaso no reflexionan en el Corán? Si viniera de alguien fuera de Dios encontrarían en él muchas diferencias» (An-Nisa’; 4:82).

C) El Sagrado Corán considera la naturaleza primigenia del ser humano y es sobre la base de la misma que dispuso sus leyes. En consecuencia, al realizar ese enfoque básico, ha contemplado todas las dimensiones del espíritu y la vida humana, y recuerda que los fundamentos y principios generales no son factibles de ser eliminados o de desvanecerse.

Entre las particularidades de las leyes islámicas generales, se encuentra el hecho de que estas leyes son factibles de ser aplicadas en todas las diferentes circunstancias y los variados entornos. Cuando los musulmanes dominaban una inmensa superficie del planeta administraron con pujanza y grandeza las sociedades humanas por espacio de muchos siglos sobre la base de estas leyes y legislaciones.

Dijo el Imam Al-Baqir (a):

إنَّ اللهَ لَمْ يَدَع شَيْئاً تَحْتاجُ إلَيْهِ الاَُمَّةُ إلاّ أَنْزَلَهُ في كتابهِ، وَبَيَّنَهُ لِرَسُولِهِ وجَعَلَ لِكُلّ شيءٍ حَدَّاً، وَجَعَلَ عَلَيْهِ دَلِيْلاً

“Por cierto que Dios no dejó nada de lo cual la comunidad necesitara sin que lo haya revelado en Su Libro y haya aclarado Su Mensajero. Y dispuso para toda cosa un límite, y para ello un indicio”2.

El milagro coránico en el ámbito de los secretos del Universo y la información de sucesos del futuro

D) El Sagrado Corán explicó en diferentes y numerosas aleyas y en diversas ocasiones secretos del mundo de la Creación, de los que la humanidad no tenía ningún conocimiento en absoluto. Sin lugar a dudas, descubrir todos esos secretos para una persona que no recibió ningún tipo de enseñanza ni estudió, y eso en una sociedad desinformada de todo, no puede haber sido posible sino a través de la Revelación.

Descubrir la ley de gravedad sobre la base de la cual se explica la constitución del cosmos, se cuenta entre los logros de la ciencia moderna. El Sagrado Corán descorre el velo de esta ley de la naturaleza en una corta frase al decir:

اللَّهُ الَّذِي رَفَعَ السَّمَاوَاتِ بِغَيْرِ عَمَدٍ تَرَوْنَهَا

«Dios es Quien erigió los cielos sin columnas que pudierais ver…» (Ar-Ra’ad; 13:2).

El descubrimiento de la ley de dualidad general también se cuenta entre los hallazgos de la ciencia moderna, habiéndose referido a ello el Sagrado Corán en una época en que la humanidad no sabía nada sobre ello, al decir:

وَمِن كُلِّ شَيْءٍ خَلَقْنَا زَوْجَيْنِ لَعَلَّكمْ تَذَكَّرُونَ

«Y de toda cosa creamos parejas, tal vez así reflexionéis» (Ad-Dariat; 51:49).

Se han mencionado muchos otros ejemplos en los libros de exégesis coránica, Kalam o teología islámica y enciclopedias sobre Islam.

E) El Sagrado Corán ha informado de una serie de hechos y sucesos futuros de una manera terminante, habiendo, posteriormente, acaecido esos hechos y sucesos precisamente como se los anunciara. Hay muchos ejemplos de esas predicciones, y si bien son numerosas, nosotros sólo señalaremos una de las mismas a título de ejemplo:

Cuando los sasánidas, los persas adoradores del fuego, vencieron a los bizantinos cristianos monoteístas, los idólatras árabes tomaron eso como un buen presagio y dijeron: “Nosotros también venceremos a los monoteístas de la península árabe (esto es, los musulmanes)”. Entonces, el Sagrado Corán anuncia el posterior triunfo de los romanos sobre los persas:

غُلِبَتِ الرُّومُ * فِي أَدْنَى الاَرْضِ وَهُم مِّن بَعْدِ غَلَبِهِمْ سَيَغْلِبُونَ * فِي بِضْعِ سِنِينَ لِلَّهِ الأَمْرُ مِن قَبْلُ وَمِنْ بَعْدُ وَيَوْمَئِذٍ يَفْرَحُ الْمُؤْمِنُونَ

«Los romanos fueron vencidos en la más cercana comarca (a las regiones árabes); y ellos después de su derrota vencerán dentro de algunos años. A Dios pertenece la orden (de los asuntos), tanto antes como después; y ese día los creyentes se regocijarán» (Ar-Rum; 30:2 - 4).

No pasaron sino algunos años que se verificó la profecía mencionada, y las dos facciones creyentes (los romanos cristianos y los musulmanes de la península arábiga) triunfaron sobre sus enemigos (los sasánidas y los idólatras de Quraish respectivamente).

Es por ello que al final de la aleya el Sagrado Corán se refiere al “regocijo de los creyentes”, puesto que ambos triunfos se sucedieron a un mismo tiempo.

F) El Sagrado Corán se ha referido a la vida de los profetas y comunidades anteriores en diferentes suras y con diferentes expresiones.

Estos sucesos asimismo fueron mencionados en el Antiguo y Nuevo Testamento, sólo que si los comparamos con lo transmitido en el Sagrado Corán, se pone de manifiesto que el Sagrado Corán es Revelación divina en su totalidad, y que lo que se menciona en el Antiguo y Nuevo Testamento no ha estado a salvo de la tergiversación.

De esta manera, cuando el Corán narra historias de los profetas no hay ningún tópico que vaya en contra del intelecto y la naturaleza humana, y que no fuera adecuado para la posición de los profetas, mientras que abundan las narraciones e historias plagadas de defectos y faltas atribuidas a los profetas, en los libros del Antiguo y Nuevo Testamento.

A este respecto, es suficiente con realizar una comparación entre el Corán y el Antiguo Testamento respecto a la historia de Adán (a).

Los indicios y testimonios de la profecía del Profeta del Islam (S)

La recopilación de los indicios y testimonios -así como ya dijimos-, es posible que conforme una vía para demostrar la invocación de los profetas, y he aquí que nosotros señalaremos en forma resumida los indicios que indican la veracidad de la prédica del Gran Profeta (S).

El Profeta del Islam y sus brillantes antecedentes

Antes de que el Profeta del Dios (S) fuese enviado con el Mensaje, Quraish, su tribu, le llamaba “Muhammad el Fiel (Al-Amin)” y depositaba en su confianza sus preciadas pertenencias.

Cuando se produjo una discrepancia entre cuatro tribus respecto a disponer la “piedra negra” en su lugar luego de reconstruir la Ka‘bah, todos se complacieron de que “el querido de Quraish”, esto es, el Mensajero de Dios (S), fuera el que procediera a realizar aquello.

Encontrarse puro de las impurezas del entorno

El Mensajero de Dios creció en un entorno en el que imperaba la idolatría, la bebida, el juego, enterrar vivas a las niñas, alimentarse de carroña, la injusticia y el saqueo. A pesar de haber crecido en tal entorno, era una persona pura y elevada que en ningún momento se contaminó de esos vicios de creencia y de conducta.

El contenido de la prédica islámica

Cuando observamos el contenido de la prédica del Gran Profeta Muhammad (S), vemos que exhorta precisamente a lo opuesto de todo aquello que se encontraba vigente en ese entorno.

Ellos adoraban los ídolos y él los rechazó y exhortaba al Monoteísmo.

Ellos negaban la vida en el Más Allá y él los invitaba a creer en ello, disponiéndolo como una de las condiciones del Islam.

Ellos enterraban vivas a las niñas y no otorgaban ningún valor a la mujer, pero él le devolvió a ésta su honor humano y la posición que le corresponde de la mejor manera.

Los instrumentos y medios de la prédica

Los instrumentos y medios de los que el Profeta (S) se valió para difundir su prédica, eran totalmente humanos y morales. Él nunca utilizó métodos inhumanos como cortar el agua a los adversarios, o envenenarla y contaminarla, o cortar árboles o algo por el estilo, sino que advertía de no molestar a las mujeres, ancianos y niños, y que no se cortaran árboles.

El Islam rechaza con énfasis la lógica maquiavélica de que “el fin justifica los medios”. Como ejemplo de ello, el Profeta (S) rechazó la propuesta de cierto judío durante la batalla de Jaibar de subyugar al enemigo (atrincherado en la fortaleza) mediante el envenenamiento del agua.

La vida del Mensajero del Islam (S) se encuentra repleta de historias que hablan de su trato humano y noble para con los enemigos.

La personalidad y virtudes de los que creyeron en él

Al examinar el ánimo, pensamiento y conducta de aquellos que creyeron en el Profeta (S), se pueden vislumbrar claramente los alcances de su veracidad y lo correcto de su prédica.

Es evidente que si personas destacadas y virtuosas de la sociedad son influenciadas por una prédica y se enarbolan bajo su estandarte, abrazándola con sinceridad, eso constituirá un indicio de su sinceridad y rectitud, y una prueba de su condición de real y verdadera.

Pero cuando son las personas ávidas de lo mundano las que se congregan a su entorno, eso constituirá un defecto para su prédica.

En verdad que entre los seguidores del Profeta del Islam (S) se encontraban personas sublimes como Amir Al-Mu’minin ‘Alí (a), Ya‘far Ibn Abi Talib, Salman, Abu Dharr, Bilal, Mus‘ab, Ibn Mas‘ud, Miqdad y ‘Ammar, sobre quienes vemos que la historia reconoce sus virtudes humanas, desapego a lo mundano, piedad, rectitud, y lucha y sacrificio en el camino de Dios.

Producir un efecto positivo en el entorno social, y el establecimiento de una poderosa civilización

El Mensajero del Islam (S) pudo transformar la situación de la península arábiga de una forma esencial en un período de tiempo que no sobrepasó los veintitrés años.

Pudo hacer de arrebatadores y salteadores de caminos personas confiables; pudo hacer de personas que adoraban ídolos y piedras, los más firmes y ejemplares monoteístas, que no solamente establecieron una gran civilización en su propia región, sino que extendieron la brillante y sin igual civilización del Islam a muchas otras regiones.

He ahí que Ya‘far Ibn Abi Talib, que se encontraba entre los primeros musulmanes, enfatiza este mismo punto cuando expone su respuesta a las preguntas que el rey de Abisinia, An-Naiiishi, le hace sobre el Profeta del Islam (S):

“¡Oh rey! Por cierto que Dios envió de entre nosotros a Muhammad como Mensajero, quien nos invitó hacia Dios para reconocerle Único y adorarle, y despojarnos de las piedras e ídolos que adorábamos nosotros y nuestros padres en lugar de Él, y nos ordenó ser veraces al hablar… y nos ordenó el rezo, la limosna, fortalecer el vínculo familiar, ser buen vecino, y nos prohibió las obscenidades y la mentira”3.

Estos indicios y otros análogos nos pueden llevar a inferir la veracidad del Mensajero del Islam y la legitimidad de sus objetivos.

Es indudable que un hombre con esas peculiaridades, no incurre nunca en la mentira, y al final se debe reconocer que: él fue veraz en su invocación de la profecía y de su vínculo con el mundo de lo oculto, así como otros indicios testimonian precisamente ello.

El anuncio de un profeta anterior

El anuncio que un profeta anterior realiza del posterior conforma una de las vías para demostrar la invocación de la profecía, ello suponiendo que la condición de profeta anterior se hubiera demostrado a través de indicios concluyentes; en tal caso, será natural que sus palabras conformen un documento indiscutible de la profecía del posterior.

De algunas aleyas del Sagrado Corán se desprende que la Gente del Libro (judíos y cristianos) conocían al Profeta del Islam (S) como conocían a sus hijos propios, o sea que ellos leyeron las señales de la profecía en sus Libros celestiales. El Profeta (S) invocó esto sin que lo desmintiera ninguno de ellos:

الَّذِينَ ءَاتَيْنَاهُمُ الْكِتَابَ يَعْرِفُونَهُ كَمَا يَعْرِفُونَ أَبْنَآءَهُمْ وَإِنَّ فَرِيقاً مِنْهُمْ لَيَكْتُمُونَ الْحَقَّ وَهُمْ يَعْلَمُونَ

«Aquellos a quienes hemos otorgado la Escritura lo conocen (al Mensajero del Islam) así como conocen a sus propios hijos; y por cierto que un grupo de entre ellos oculta la verdad a sabiendas» (Al-Baqarah; 2:146).

El Profeta del Islam (S) invocó que el Mesías, Jesús, hijo de María -con ambos sea la paz-, dio albricias sobre su persona, que tras sí vendría un profeta cuyo nombre sería Ahmad:

وَمُبَشِّرَاً بِرَسُولٍ يَأْتِي مِن بَعْدِي اسْمُهُ أَحْمَدُ

«...Y albriciador de un Mensajero que vendrá después de mí cuyo nombre será Ahmad…» (As-Saff; 61:6).

Asimismo, nos resultará curioso saber que a pesar de que los Evangelios circulantes estuvieron expuestos a la tergiversación a lo largo de los siglos, en uno de los mismos, más precisamente en el Evangelio de Juan (capítulos 14, 15 y 16) figura la profecía de la llegada de una persona después del Mesías que es llamada el “Paráclito” (esto es, “el alabado” en arameo, que tiene el mismo significado que “Muhammad” en árabe).

A esto es adonde los investigadores pueden referirse para inferir esta realidad.

Otros milagros del Mensajero (S) fuera del Sagrado Corán

Como ya dijimos, los milagros no se restringen al Sagrado Corán, sino que, en algunas oportunidades el Mensajero de Dios (S) realizó algunos milagros con el propósito de convencer a la gente.

A este respecto, debemos recordar que hay un cálculo lógico que demuestra la existencia de otros milagros fuera del Sagrado Corán en la vida del Profeta del Islam (S). El Gran Profeta (S) habló sobre nueve milagros del profeta Moisés (a)4 y asimismo sobre cinco milagros del profeta Jesús (a)5.

¿Acaso es posible aceptar que el Mensajero del Islam, quien es el más elevado y mejor de los profetas y el Sello de los mismos, sostenga la existencia de muchos milagros de los profetas anteriores y aún así él no posea más que uno sólo? ¿Acaso es posible que la gente al escuchar cómo los profetas anteriores realizaron numerosos portentos, no requiriera del Profeta del Islam (S) la realización de diferentes milagros, y se contentara con uno sólo?

¿Y cómo no habría de tener el Mensajero de Dios (S) otros milagros fuera del Sagrado Corán, siendo que el mismo Corán afirma la realización de numerosos milagros por parte del Mensajero de Dios (S)? A continuación señalaremos algunas de esas aleyas:

A) La partición de la Luna: Cuando los idólatras pusieron como condición para su aceptación de la fe en el Mensajero de Dios (S) y en su prédica que partiera la Luna en dos, el Profeta (S) realizó eso con la anuencia de Dios, como lo afirma el Sagrado Corán:

اقْتَرَبَتِ السَّاعَةُ وَانشَقَّ الْقَمَرُ * وَإِن يَرَوْا ءَايَةً يُعْرِضُوا وَيَقُولُوا سِحْرٌ مُّسْتَمِرٌّ

«Se acercó la hora y se partió la Luna y si ven un signo lo rechazan y dicen: “es una brujería continua”» (Al-Qamar; 54:1-2).

La última parte de la aleya conforma un claro testimonio de que el propósito de la misma no es la partición de la Luna en el día del Juicio, sino que se relaciona a la época del Gran Profeta (S).

B) La Ascensión a los Cielos (mi’ray): La ascensión a los cielos del Mensajero del Islam (S) en una sola noche desde la Mezquita Inviolable de La Meca hasta la Mezquita Lejana en Palestina (Masyid Al-Aqsa), y a partir de allí al mundo celestial, es un viaje sorprendente realizado en unos momentos (para el tiempo terrestre).

Éste es otro de los milagros del Gran Profeta (S) mencionado en el Sagrado Corán. El poder divino es tremendamente excelso como para que los agentes naturales pudieran haber impedido que se realizara la ascensión del Mensajero de Dios (S).

Así como mencionamos que Jesús (a) informaba sobre cuestiones ocultas6 asimismo el Gran Profeta Muhammad (S) informaba sobre cuestiones ocultas a través de la revelación divina. Entre sus anuncios se encuentra el triunfo de los bizantinos por sobre los persas7 y la conquista de La Meca8.

Estos son algunos milagros mencionados en el Sagrado Corán; en cuanto a los mencionados por los historiadores y transmisores de narraciones de entre los musulmanes, se encuentran muchos portentos del Mensajero de Dios (S), que gozan de un tawatur general.

Las particularidades de la Profecía del Mensajero del Islam (S)

La prédica del Gran Profeta (S) cuenta con una serie de particularidades, de las cuales las más importantes las conforman cuatro que mencionaremos en los siguientes tres artículos:

La universalidad de la prédica y el Mensaje del Gran Profeta (S)

La prédica y religión del Profeta del Islam (S) son universales, y no se restringen a un pueblo o región, tal como lo expresa el Altísimo:

وَمَآ أَرْسَلْنَاكَ اِلاَّ كَآفَّةً لِّلنَّاسِ بَشِيراً وَنَذِيراً

«Y no te enviamos sino para toda la gente como albriciador y amonestador…» (Saba’; 34:28).

Y también dice:

وَمَآ أَرْسَلْنَاكَ إِلاَّ رَحْمَةً لِلْعَالَمِينَ

«Y no te enviamos sino como misericordia para el universo» (Al-Anbiia’; 21:107).

A partir de esto vemos cómo en su prédica utilizaba la palabra “gente”, y decía:

يَآ أَيُّهَا النَّاسُ قَدْ جَآءَكُمُ الرَّسُولُ بِالحَقِّ مِن رَبِّكُمْ فَاَمِنُوا خَيْراً لَكُمْ

« ¡Oh gente! Os ha venido un Mensajero con la Verdad de parte de vuestro Señor. Entonces, ¡creed! Será mejor para vosotros» (An-Nisa’; 4:170).

Por supuesto, al iniciar el Gran Profeta (S) su prédica, era natural que advirtiera a su propio pueblo en una primera etapa, y se dirigiera al mismo para amonestar a un pueblo que antes no había sido amonestado:

لِتُنذِرَ قَوْماً مَّآ أَتَاهُم مِن نَّذِيرٍ مِن قَبْلِكَ لَعَلَّهُمْ يَهْتَدُونَ

«…Para que amonestes a un pueblo que no les llegó antes que ti un amonestador. Tal vez, así, se encaminen» (As-Saydah; 32:3).

Pero eso no significa que el espectro de su Mensaje estuviera limitado a un grupo en particular y la guía fuera para un pueblo en especial.

Por esto, vemos que a veces el Sagrado Corán, al tiempo que dirige su prédica a un pueblo en particular, rápidamente refrenda la legitimidad de esa prueba para todos aquellos a quienes fuera posible que alcanzara su exhortación, ya que dice:

وَاُوحِيَ إِلَيَّ هذَا الْقُرْءَانُ لأُِنذِرَكُم بِهِ وَمَن بَلَغَ

«Me fue revelado este Corán para que os amoneste con él y asimismo a quien (le) llegara» (Al-An’am; 6:19).

Es evidente que los profetas deben comenzar con sus propios pueblos al inicio de su misión, ya fuera su prédica universal o regional.

El Sagrado Corán nos recuerda esta realidad:

وَمَآ أَرْسَلْنَا مِن رَّسُولٍ إِلاَّ بِلِسَانِ قَوْمِهِ لِيُبَيِّنَ لَهُمْ

«Y no enviamos a ningún Mensajero sino con el lenguaje de su pueblo, para que les evidencie» (Ibrahim; 14:4).

El Gran Profeta del Islam (S) es el Sello de los profetas

La profecía del Mensajero del Islam (S) es la última de las profecías, así como la ley divina que trajo es el Sello de las leyes divinas, y su Libro el Sello de los Libros celestiales.

Esto es, no habrá profeta después de él, y su ley es perpetua, permaneciendo hasta el día de la Resurrección.

De la cuestión del Sello de la profecía inferimos dos cosas:

1.- El Islam abrogó todas las legislaciones anteriores, por lo que éstas ya no tienen vigencia luego de la llegada de la shari’ah o ley islámica.

2.- No habrá una nueva ley divina en el futuro y cualquier pretensión de una ley divina fuera de la shari’ah es rechazada.

El asunto de la jatimiiah o Sello de la profecía fue expuesto en el Sagrado Corán y en las narraciones islámicas de una forma clara, de manera que no queda lugar a dudas al respecto.

A continuación señalaremos algunos de los textos al respecto:

مَا كَانَ مُحَمَّدٌ أَبَآ أَحَدٍ مِن رِّجَالِكُمْ وَلَكِن رَّسُولَ اللَّهِ وَخَاتَمَ النَّبِيِّينَ وَكَانَ اللَّهُ بِكُلِّ شَيْءٍ عَلِيماً

«Muhammad no es el padre de ninguno de vuestros hombres, sino que es el Mensajero de Dios y sello (jatam) de los profetas. Dios es Sabedor de todas las cosas» (Al-Ahzab; 33:40).

Jatam tienen el significado de “anillo”. Durante la época de la Revelación el sello de una persona lo constituía el grabado de la piedra de los anillos y con ello se sellaban o lacraban las cartas y documentos como señal de que era el final del escrito.

Teniendo en cuenta esto, el significado de la aleya mencionada es que los libros de las Profecías y Mensajes divinos fueron sellados con la venida del Mensajero del Islam (S) y no habrá profeta después de él, así como se sellaban los escritos con el anillo.

Desde que el concepto de “Mensaje Divino” significa la anunciación de lo que al profeta le fue impartido a través de la Revelación, esto trae implícito que (así como no habrá más profetas) tampoco habrá más Mensajes divinos y la condición de “Sello de la Profecía” implica también la condición de “Sello de los Mensajes Divinos”.

A este respecto hay diferentes y numerosos hadices y narraciones sólo que nos contentaremos con mencionar uno sólo de ellos que es el llamado “Hadiz de Manzilah”:

“¡Oh ‘Alí! ¿Acaso no te complace que tengas respecto a mí la posición (manzilah) que Aaron tenía respecto a Moisés, sólo que después de mí no habrá más profeta?”.

Aparte del Hadiz de Manzilah que es mutawatir, existen otros hadices relacionados a la jatimiiah que se refieren a la misma con un tawatur general9.

La perfección de la religión islámica

El secreto de la eternidad de la ley islámica se encuentra en dos asuntos:

A) La shari’ah o ley islámica aporta el mejor y más completo programa para garantizar las necesidades naturales y esenciales de guía divina que tiene la humanidad.

B) En el ámbito de las normas de aplicación, el Islam ha dejado en claro una serie de principios y reglas generales globales y estables que pueden responder a las sucesivas y renovadas necesidades de la humanidad.

Testimonio de ello es que los juristas del Islam (especialmente los de la escuela shiíta) a lo largo de los catorce siglos pasados, han sabido responder a las necesidades de las sociedades islámicas en lo referente a las normas de jurisprudencia, sin que hasta la fecha el fiqh o jurisprudencia del Islam haya sido incapaz de responder satisfactoriamente a los dilemas que a este respecto se presentan.

Los siguientes asuntos fueron benéficos y fructíferos para concretar este objetivo:

Considerar al intelecto (‘aql) como prueba

Considerar al intelecto y reconocerle la condición de prueba de valor y su consideración correspondiente en los ámbitos en los que está capacitado para emitir un juicio, conforma una de las vías para deducir las funciones de la humanidad en esta vida.

La observación de lo más importante ante la superposición de dos cuestiones importantes

Las normas islámicas –así como sabemos- se originan a partir de una serie de criterios reales, y basándose en los beneficios y perjuicios de carácter esencial (o adquirido) de las cosas. Puede ser que el intelecto infiera algunos de estos criterios, así como puede no comprender otros y deban ser aclarados por la sharî‘ah o ley divina.

Naturalmente, es sobre la base de esos criterios que el faqih puede solucionar el problema en casos de superposición de normas, anteponiendo lo más importante por sobre lo menos importante.

Mantener abierta la puerta del iytihad

Mantener abierta la puerta del iÿtihâd, lo cual conforma uno de los orgullos y particularidades de la tendencia shiíta, es otra de las causas que garantizan la vigencia y continuidad de la religión islámica en su condición de la última de las revelaciones divinas (jatimiiah), puesto que es sobre la base del iÿtihâd vivo y permanente que es posible inferir las normas pertinentes a los asuntos y sucesos nuevos, siempre aplicando las reglas generales del Islam.

Las normas secundarias

En la shari’h o ley islámica, además de las normas primarias, existe una serie de normas secundarias que pueden resolver muchos problemas.

Por ejemplo: cuando la aplicación de una de las normas islámicas sobre un tema en particular conlleva dificultad extrema o pesadumbre, o implica un perjuicio en desmedro de algunas personas (con las condiciones mencionadas para la verificación de tales casos en la jurisprudencia islámica), intervienen principios y reglas como la de “nafii al-haray” (rechazo de la pesadumbre), o la de “nafii ad-darar” (rechazo del perjuicio), las cuales ayudan a la ley islámica a abrir vías originalmente cerradas y sobrepasar los problemas.

Dice el Sagrado Corán:

وَمَا جَعَلَ عَلَيْكُمْ فِي الدِّينِ مِنْ حَرَجٍ

«Y no dispuso para vosotros dificultad en la religión» (Al-Hayy; 22:78).

También fue transmitido en los hadices:

لا ضَرَرَ ولا ضِرارَ

“No hay perjuicio ni menoscabo (en el Islam)”10.

Debemos decir -con toda certeza-, que los seguidores de una religión que posee estas dos reglas y otras similares, no se toparán en su vida con un callejón sin salida.

El tema de la jatimiiah es tratado en forma extensa en los libros de Kalam o teología islámica.

La facilidad y la moderación son dos particularidades de la ley islámica

Entre las particularidades de la shari’ah está la moderación y la facilidad para entender los conceptos y las normas del Islam. Eso es un asunto que posiblemente conforme una de las causas más importantes de la influencia de esta religión y su expansión entre los diferentes pueblos del mundo.

En el ámbito del conocimiento de Dios, el Islam presenta un monoteísmo puro, claro y alejado de cualquier tipo de ambigüedad y enredo.

Así, la sura At-Tawhid (La Unicidad: 112), la cual conforma uno de los capítulos cortos del Sagrado Corán, es el mejor testimonio de ello.

Asimismo, este Libro Sagrado, en lo que se refiere a la posición del ser humano, también pone énfasis en el principio de la taqwa, que es el temor a Dios o piedad religiosa, la cual comprende la totalidad de las elevadas y nobles virtudes morales.

En lo que se refiere a las normas prácticas, vemos que asimismo el Islam niega cualquier pesadumbre y dificultad extrema, habiendo el mismo Profeta (S) descripto a la shari’ah como asequible e indulgente. Dijo:

جِئْتُ بالشّريعةِ السّهْلةِ السّمْحَةِ

“He venido con la ley divina asequible e indulgente”.

A pesar de que algunos orientalistas a causa de su ignorancia u hostilidad, opinan que fue la fuerza y la espada la causa de la rápida y extensa expansión del Islam, hay investigadores imparciales y justos sin malas intenciones, incluso entre los sabios no-musulmanes, que con toda claridad reconocen que el factor más importante para la rápida expansión del Islam fue la claridad y globalidad de las enseñanzas y normas islámicas.

Así como dijo el Doctor Gustavo Le Bon a este respecto:

“El secreto del desarrollo del Islam se esconde en su misma facilidad. El Islam se encuentra exento de cuestiones que la sana razón se niega a aceptar y cuyos ejemplos abundan en las demás religiones.

Por más que ustedes piensen, no podrán encontrar algo más simple que los principios del Islam, los cuales expresan que: Dios es Uno, los hombres son iguales ante Dios, la persona logra el Paraíso y la felicidad por realizar unas cuantas prescripciones religiosas, y por dejarlas de lado cae en el Infierno. Es esta misma claridad y simplicidad del Islam y sus normas, las que han ayudado enormemente al desarrollo de esta religión en el mundo.

Más importante que esto, es la sólida fe que el Islam ha vertido en los corazones, una fe que ningún cuestionamiento es capaz de desarraigar.

El Islam, así como es más adecuado y conveniente que cualquier otra religión para los descubrimientos científicos, asimismo, en lo referente a imponer a la gente la acción de perdonar y a ser condescendientes, es la religión más grande que puede asumir la responsabilidad de purificar las almas y disponer la moral”11.

El Corán se encuentra exento de la tergiversación

Los Libros celestiales que presentaron los profetas anteriores, por desgracia, después de la partida de los mismos, se vieron expuestos a la paulatina tergiversación a causa de propósitos enfermos y los intereses de los oportunistas.

Esto, además de haber sido afirmado en el Sagrado Corán, es confirmado por testimonios históricos categóricos. Asimismo, el estudio de dichos libros y la reflexión en sus contenidos indica eso mismo, puesto que en ellos fueron introducidos una serie de temas que la Revelación divina nunca podría confirmar.

Eso dejando de lado que los Evangelios actuales (a diferencia del Evangelio revelado) más presentan la forma de una biografía del Mesías -con él sea la paz- incluyendo su supuesta crucifixión.

En cambio, vemos que a pesar de haber acontecido una evidente adulteración en los Libros celestiales anteriores, el Sagrado Corán permaneció indemne de cualquier tipo de tergiversación y cambio.

El Mensajero de Dios (S) dejó para la humanidad, tras sí, ciento catorce suras o capítulos coránicos completos, habiendo sido escrita la Revelación y compilada desde el principio a través de los escribas de la Revelación, especialmente por el Imam ‘Alí (a).

Afortunadamente, a pesar de haber transcurrido cerca de quince siglos desde que se produjo la Revelación, no presenta ningún faltante en absoluto de sus suras y aleyas, así como nunca nada le fue agregado. A continuación señalaremos algunos indicios y motivos para afirmar que el Corán no fue tergiversado.

1.- ¿Cómo es posible que se produjera tergiversación alguna en el Sagrado Corán desde que Dios, Glorificado Sea, claramente prometió que Él mismo protegería al Sagrado Corán? Cuando Él dijo:

إِنَّا نَحْنُ نَزَّلْنَا الذِّكْرَ وَإِنَّا لَهُ لَحَافِظُونَ

«Por cierto que Nosotros hicimos descender el Recuerdo y por cierto que Nosotros somos sus custodios» (Al-Hiyr; 15:9).

2.- Dios, Glorificado Sea, niega que algún tipo de falsedad pueda alcanzar al Sagrado Corán, de donde fuera que procediese. Lo negó de una manera categórica al decir:

لاَ يَأْتِيهِ الْبَاطِلُ مِن بَيْنِ يَدَيْهِ وَلاَ مِنْ خَلْفِهِ تَنزِيلٌ مِنْ حَكِيمٍ حَمِيدٍ

«No le alcanza la falsedad ni por delante ni por detrás. Es una revelación del Sapientísimo y Loable» (Fussilat; 41:42).

Esa falsedad que Dios negó que pudiera tener lugar en el Sagrado Corán, es cualquier falsedad que provoque un debilitamiento del mismo Corán, y desde que el agregado o disminución de palabras o aleyas del Corán obviamente provocaría su menoscabo y rebajaría su posición, es por ello que con certeza no existe ningún tipo de incremento o disminución en el Sagrado Corán.

3.- La historia testimonia que los musulmanes se preocupaban tenazmente por el Sagrado Corán en cuanto a enseñarlo y aprenderlo, leerlo y memorizarlo, y los árabes de la época del Gran Profeta (S) gozaban de un fuerte y agudo poder de memorización, de manera que cuando escuchaban una disertación o una larga poesía una sola vez, la memorizaban y afianzaban en sus mentes.

Así, ¿cómo es posible decir que un Libro como éste, con la gran cantidad de sus lectores, la abundancia de sus memorizadores y de aquellos que se ocupaban de él, se viera expuesto a la tergiversación, recibiera agregados o se viera afectado con una mengua del mismo?

4. No cabe duda de que el Imam Amir Al-Mu’minin ‘Alí Ibn Abi Talib (a) solía no estar de acuerdo en algunas cuestiones con los primeros califas, y manifestó su desacuerdo con ellos en muchos casos de una manera lógica.

Un ejemplo de una de las veces que se manifestó de esa forma es en la llamada disertación de Ash-Shaqshaqiiah y así también en algunas de sus poesías. Pero aún así no se le escuchó ni una sola vez a lo largo de su vida que expresara –ni con una ligera mención- que hubiera tenido lugar una tergiversación en el Sagrado Corán.

Si hubiera ocurrido una tergiversación –Dios me perdone por proferir tal cosa-, el Imam (a) no hubiera guardado silencio, por el contrario, lo encontramos exhortando a meditar y reflexionar en el Sagrado Corán. Entre sus dichos está:

لَيْسَ لاََحدٍ بَعْد القُرآنِ مِن فاقَةٍ ولا بَعْدَ القرآنِ مِن غِنىً فكونوا من حَرَثَتِهِ وأتباعِهِ

“No hay nadie que luego del Corán tenga pobreza, ni que luego del Corán tenga una riqueza mayor. Así pues, sed de entre sus guardianes y seguidores”12.

Considerando estos indicios y otros similares, los sabios shiitas imamitas y los seguidores de Ahlul Bayt (a) han enfatizado desde las primeras épocas del Islam que el Sagrado Corán ha estado exento de la tergiversación. A continuación citamos a algunos de ellos:

1.- Al-Fadl Ibn Shâdhân (fallecido en 260 HL), quien vivió durante la época de los Imames inmaculados de Ahlul Bayt (a). Eso lo expresa en su libro Al-Îidâh, p.217.

2. El Sheij As-Sadûq (fallecido en 381 HL) en su libro Al-I‘tiqadât, p.93.

3. El Sheij Al-Mufîd (fallecido en 413 HL), en su libro Aÿwibah Al-Masâ’il As-Sarawiah, impreso en la compilación Ar-Rasâ’il, p.266.

4. El Seîied Al-Murtadâ (fallecido en 436 HL) en su libro Ÿawâb Al-Masâ’il At-Tarabulusîiah, narrando sus palabras el Sheij At-Tabarsî en su Tafsîr Maÿma‘Al-Baiân.

5. El Sheij At-Tûsî, conocido como Sheij At-Tâ’ifah (fallecido en 460 HL) en su libro At-Tibiân, T.1, p.3.

6. El Sheij At-Tabarsî (fallecido en 548 HL) en la introducción de su libro Maÿma‘ Al-Baiân, al enfatizar en el mismo que no tuvo lugar ningún tipo de tergiversación en el Sagrado Corán.

7. El Seiied Ibn Tawûs (fallecido en 664 HL) en su libro Sa‘d As-Su‘ûd, p.144, donde expresa: “La opinión de los imamitas es que no ocurrió tergiversación”.

8. El ‘Al·lâmah Al-Hil·lî (fallecido en 726 HL) en su libro Aÿwibah Al-Masâ’il Al-Muhannâîiah, p.121, donde expresa: “La verdad estriba en que no hubo cambio alguno, ni anteposición ni relegación en el mismo, ni nada le fue incrementado o mermado. Me amparo en Dios de que se crea en tal cosa, puesto que ello implicaría la viabilidad de la duda en el milagro (eterno) del Mensajero de Dios (S), el cual es trasmitido con tawatur”.

Nos contentamos con estos cuantos nombres de entre los sabios imamitas que negaron que haya ocurrido tergiversación, y ponemos énfasis en que esto fue y sigue siendo la creencia de los sabios imamitas, y eso se pone de manifiesto al referirse directamente a lo que dicen y escriben en la época presente los referenciales religiosos (marayi’) en sus libros.

Una discusión sobre narraciones que indicarían el acaecimiento de algún tipo de tergiversación y la refutación a las mismas

En los libros de tradiciones y en los de exégesis coránica hay narraciones que indicarían que se habría producido alguna tergiversación en el Sagrado Corán, pero debemos considerar los siguientes puntos:

Primero: La mayoría de esas narraciones fueron transmitidas por personas no catalogadas como confiables y fueron citadas de libros que no presentan ninguna consideración, tal como el libro Al-Qira’at de Ahmad Ibn Muhammad As-Saîiârî (fallecido en 286 HL) quien fue catalogado como débil por los sabios expertos en la ciencia de Riyal o disciplina que se ocupa de examinar los antecedentes de las personas que integran la cadena de transmisión de las narraciones13.

Por ende sus narraciones son catalogadas como débiles. También fue considerado como fasid al-madh’hab, esto es, descarriado en lo referente a la escuela islámica14.

Y tal como el libro de ‘Alí Ibn Ahmad Al-Kûfî (fallecido en 352HL) sobre quien los expertos en Riyal dijeron que se hizo de los gulat15 al final de su vida16.

Segundo: Algunas de estas narraciones que parecieran que transmiten algunas aleyas coránicas con agregados, en realidad dichos agregados cumplen un papel explicativo, esto es, explican el sentido de la aleya coránica, y es como la aplicación de un concepto general a sus casos de aplicación, o a uno sólo de los mismos, y algunos llegaron a pensar que esa explicación formaba parte del Sagrado Corán y que fue suprimida.

Por ejemplo, la expresión “el sendero recto” de la Sura Al-Hamd (la primera del Corán), fue explicada en las narraciones como “el sendero del Profeta (S) y de Ahlul Bayt (a)”. Es muy evidente que tal explicación es una de las formas de aplicar el sentido general al caso más exponente y completo”17.

El fallecido Imam Jomeini -que Dios esté complacido de él- clasificó las narraciones que pueden dar a entender el acaecimiento de tergiversación en el Sagrado Corán en tres partes:

A) Las narraciones débiles que no pueden ser consideradas en absoluto.

B) Las diferentes narraciones cuya condición de infiltradas y falsas es muy evidente a causa de sus indicios y señales.

C) Las narraciones catalogadas como confiables, en las que si reflexionamos con minuciosidad se pone de manifiesto que el propósito de las mismas no es la tergiversación en sus expresiones (esto es, el agregado o merma de alguna palabra), sino la adulteración de sus realidades y conceptos (en la práctica)18.

Tercero: Aquellos que desean informarse sobre la real creencia de alguna de las escuelas de pensamiento, deben referirse a los propios libros doctrinales y de estudios de dicha escuela, y no a los libros que simplemente transmiten narraciones, donde su autor generalmente solo se ocupó de recopilar los hadices y narraciones, dejando de lado la investigación al respecto y delegando ello a otros.

Así también, para conocer la creencia real y categórica de cualquier escuela, no es suficiente referirse a opiniones inusitadas planteadas o expuestas sólo por algunos pocos exiguos en número de entre los seguidores de dicha escuela.

Básicamente, no es posible fundamentarse en las palabras de un individuo o dos frente a la opinión de la mayoría categórica de los sabios de la escuela, y disponer eso como criterio correcto para juzgar a dicha escuela.

Como final sobre el tema de la tergiversación, es necesario recordar los siguientes puntos:

1.- La acusación que las escuelas y tendencias islámicas se realizan entre sí sobre que la otra parte cree en que el Corán fue tergiversado, especialmente aquellas que se suceden en la época actual, solo benefician a los enemigos del Islam.

2.- Si alguno de los sabios imamitas procedió a escribir un libro sobre la tergiversación del Corán, ello debe considerarse como una opinión personal y aislada y no como la opinión de la mayoría tajante de los sabios imamitas.

Es por eso que vemos que muchos sabios imamitas han procedido a escribir numerosas refutaciones a ese libro, académicamente fundamentadas.

Es exactamente igual al caso sucedido entre los musulmanes sunnitas, cuando uno de los sabios de Egipto procedió a escribir un libro sobre tergiversación en el Sagrado Corán bajo el nombre de Al-Furqan en el año 1345 HL, y uno de los sabios de la Universidad Al-Azhar lo refutó clasificándose ese libro como “dudoso” y siendo su tirada confiscada.

3.- Es muy asombroso que algunos mal intencionados, desesperanzados por no poseer otros métodos de impugnación, después de todas esas aclaraciones contundentes y lógicamente argumentadas de los sabios shiítas imamitas de que no ha habido tergiversación en el Sagrado Corán, consideren que ¡eso es dicho por taqiiah o disimulo!

Hay que decirles a ellos que la taqiiah está sujeta a estados individuales en circunstancias de temor y peligro, y que esos grandes sabios al momento de escribir sus obras no tenían nada de qué temer como para verse compelidos a practicar la “taqiiah”.

Luego, esos libros fueron escritos por sabios imamitas de entre los seguidores de la escuela shiíta, y el propósito de los mismos es impartir las enseñanzas de la doctrina shiíta a los seguidores de esta tendencia, y por eso es natural que lo que contengan esos libros sean sus reales creencias.

4.- El Libro Celestial de todos los musulmanes del mundo es el Glorioso Corán, que es el conjunto de 114 suras, la primera de las cuales es la Sura Al-Hamd y la última de ellas es la Sura An-Nas. Este Libro que contiene palabras del Altísimo es llamado “El Corán” y se describe a sí mismo con atributos como “Mayid” (Glorioso), “Karim” (Generoso), y “Hakim” (Prudente o Sapiente).

Los musulmanes a veces lo denominan “Mus’haf”. En idioma árabe Mus’haf se le dice a un conjunto de Suhuf o páginas escritas y dispuestas en un solo cuerpo. Se ha transmitido que después de la muerte del Profeta (S), cuando la suma de las suras del Corán fue dispuesta en un solo volumen por parte de los Compañeros, a esa compilación se la llamó Mus’haf19.

Así vemos que originalmente se denomina mushaf a un conjunto de páginas escritas y dispuestas en un solo volumen, ya sea que estas páginas contengan el texto del Sagrado Corán o no.

El mismo Corán utiliza el término suhuf para denominar al libro de las acciones de las personas, dice:

وَإِذَا الصُّحُفُ نُشِرَتْ

«Y cuando las páginas (suhuf) sean divulgadas» (At-Takwir; 81:10).

Así también llama suhuf a los Libros celestiales anteriores. Dice:

صُحُفِ إِبْرَاهِيمَ وَمُوسَى

«Las páginas (suhuf) de Abraham y de Moisés» (Al-‘Ala; 87:19).

Estas aleyas nos muestran que el vocablo sahifah o suhuf tenía un significado muy amplio en la época del Mensajero de Dios (S), si bien luego de su fallecimiento los musulmanes lo comenzaron a usar para referirse al Sagrado Corán en especial.

Es por eso que no debe causar asombro que la hija del Gran Profeta (S), quien falleció tan sólo unos meses después que su padre, (y antes de que el Sagrado Corán fuera recopilado en un solo volumen y llamado mus’haf) haya legado un escrito bajo el nombre de “mus’haf de Fátima20.

  • 1. “Mustadrak Al-Hakim”, t.2, p.50.
  • 2. “Al-Kafi”, t.1, p.59.
  • 3. “As-Sirah An-Nabawiiah” de Ibn Hisham, t.1, p.359-360.
  • 4. Al-Isra’; 17:101.
  • 5. Aal ‘Imran; 3:49.
  • 6. Ál-‘Imran; 3:49.
  • 7. Ar-Rum; 30:2.
  • 8. Al-Fath; 48:27.
  • 9. A este respecto referirse al libro “Mafahim Al-Qur’an”, t.3, pp.141-16.
  • 10. “Wasa’il Ash-Shi‘a”, t.17, cap. 12: min ihia’ al-amwat. Hadiz 3.
  • 11. “La civilización de los árabes”, por Gustavo Le Bon.
  • 12. “Nahy Al-Balaghah”, disertación Nº 176.
  • 13. En los ámbitos sunnitas esta disciplina es llamada ‘ilm al-yarh wat-ta‘dil.
  • 14. “Riyal An-Nayyashi”, t.1, p.211, Biografía Nº 190.
  • 15. Se denomina gulat a los grupos que sostienen la categoría divina de algunos de los Imames de Ahlul Bayt (a). Los mismos Imames Inmaculados (a) se desentendieron de esos grupos.
  • 16. “Riyal An-Nayyashi”, t.1, p.96, Biografía Nº 689.
  • 17. At-Tabarsi, “Mayma’ Al-Baian”, t.1, p.28.
  • 18. “Tahdhib Al-Usul”, t.2, p.96.
  • 19. Al-Itqan, t.11, p.85.
  • 20. Algunas narraciones de los Imames de Ahlul Bayt (a), al describir el mus’haf de Fátima (a), dicen: “El mus’haf de Fátima no contiene nada del Corán que tenéis”.
    Algunos opositores inexpertos criticaron a los shiítas con el siguiente argumento: “1- mus’haf quiere decir Corán; 2- Ellos tienen un mus’haf que no es igual al Corán. Resultado: Ellos creen en otro Corán”. Siendo que la primera de las premisas es errónea (esto es: aquí la palabra mus’haf no necesariamente significa “Corán”). El mus’haf de Fátima es una compilación realizada por el Imam ‘Ali (a), el cual contiene parábolas, sapiencia, amonestaciones, moralejas e informaciones inéditas sobre sucesos del futuro. El Imam (a) compiló eso para Fátima para brindarle consuelo por la pérdida de su padre y el libro fue llamado así desde el principio. Con una mínima reseña de la evolución del término mus’haf el lector imparcial puede inferir la realidad del “mus’haf de Fátima”.