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Capítulo 2: La Profecía

Nuestra creencia sobre la Profecía

Creemos que la profecía es una función divina y es una mediación y misión celestial que Dios ha confiado a aquel a quien ha elegido de entre sus siervos justos y sus amigos perfectos en la humanidad.

Así los ha enviado hacia otras personas con el fin de encaminarlos hacia aquello que contiene sus beneficios e intereses en este mundo y, por otro lado, para purificarlos de las malas morales y las costumbres corrompidas, enseñarles la sabiduría y la ciencia, y explicarles los caminos de la felicidad y el bien, para que la humanidad alcance su perfección admisible y se eleve a sus grados altos en las dos moradas: la de este mundo y la del otro.

Creemos que la regla del favor, cuyo sentido y explicación enseguida veremos, hace que el Creador, que es amable para con sus siervos, envíe a su mensajero para guiar al género humano, para cumplir la misión restauradora y ser embajadores de Dios y sus representantes.

También creemos que Él —Exaltado sea— no ha establecido en este asunto para la gente el derecho de seleccionar, definir o elegir. La gente no puede ni tiene derecho alguno para expresar ninguna opinión sobre este tema, sino que el asunto está completamente en sus manos, está bajo su poder. Porque Él

«Sabe perfectamente donde establece su misión»
Corán: “Los rebaños”; 6:124

Ellos no pueden determinar ni decir algo sobre aquellos que les han sido mandados como guías, árbitros y amonestadores; y tampoco sobre los mandatos, tradiciones, conductas y leyes que ellos les han traído.1

La profecía es un favor

El ser humano es una criatura maravillosa. Posee estados muy raros. La constitución de su cuerpo, su alma y su pensamiento es muy compleja y retorcida, con numerosos misterios. Cada individuo dentro de la humanidad ha sido creado con una personalidad extraordinaria, reuniendo en él las tendencias hacia la corrupción, por un lado, y los impulsos del bien y la corrección, por el otro.

Además ha sido creado sobre los sentimientos e instintos como el amor propio, la pasión, el egoísmo y la obediencia a los anhelos. También sobre el ansia de dominar, la búsqueda del poder y de mandar sobre otros, así como la agresión recíproca por la obtención del mundo, sus oropeles y sus partes. Como Él —Exaltado sea— dice:

«En verdad el hombre está en la perdición»
Corán: “La tarde”; 103:2

Y dice:
«… Por cierto que el hombre se rebela porque se cree autosuficiente»
Corán: “La sangre coagulada”; 96:6-7

También dice:
«… Ciertamente, el alma ordena el mal…»
Corán: “José”; 12:53

Y muchas aleyas más que expresan abiertamente o aluden a los sentimientos y deseos sobre los cuales ha sido creada el alma del ser humano.

Por otra parte, Dios Altísimo ha creado en él el intelecto como guía que lo encamina hacia la corrección y los lugares del bien, y la conciencia coercitiva que rechaza la maldad y la injusticia, y le advierte sobre la consecuencia de hacer aquello que es criticable y reprobable.

Siempre ha existido en el alma humana la hostilidad externa, estando él establecido entre los sentimientos y deseos, por un lado, y el intelecto, por el otro.

Luego, quien haga vencer su intelecto sobre sus sentimientos obtendrá el grado elevado y estará entre aquellos que están humanamente encaminados y son espiritualmente perfectos. En cambio, quien permita que sus sentimientos subyuguen a su intelecto estará en la fila de los mayores perdedores, quienes se han apartado del estado de humanidad y ha caído al grado de los animales.

En esta lucha interna del ser humano, los deseos y sus ejércitos son más fuertes y firmes que el intelecto. Por esa razón puede verse a la mayoría de la gente sumergida en el extravío y alejada de la buena dirección, obedeciendo a los deseos y respondiendo positivamente a la llamada de los sentimientos.

Dios dice:
«La mayoría de los hombres, a pesar de tu celo, no creen»
Corán: “José”; 12:103

Además, el ser humano por su negligencia y su ignorancia respecto a las realidades y los secretos de las cosas que lo rodean, o que él mismo ha producido, no puede llegar a conocer lo que lo perjudica ni lo beneficia a sí mismo ni puede distinguir aquello que lo hace feliz de lo que lo hace desdichado así como tampoco reconocer los factores que le pertenecen exclusivamente a él mismo, los que son de la humanidad en su conjunto, los de su sociedad y los de su ámbito.

Siempre es ignorante de sus asuntos, y su ignorancia, así como la percepción de la misma, se incrementa cuanto más avanza su ciencia respecto a las cosas naturales y materiales como vemos que ocurre en el mundo desarrollado actual.

Por eso el hombre para poder obtener los grados de la felicidad necesita de gran manera a quienes le muestren el lúcido y claro camino de la buena dirección para así, a través de esto, fortalecer a los soldados del intelecto y poder vencer a su enemigo terco y peligroso, haciendo que el hombre se prepare a sí mismo entrar en el combate entre el intelecto y los deseos.

El momento en que el hombre más precisa de quienes lo tomen de la mano y lo lleven hacia el bien y la corrección es cuando las sentimientos lo engañan y embaucan. Y es muy frecuente que los sentimientos adornen y embellezcan las obras malas y los extravíos del alma, y en consecuencia el hombre vea como deseable lo que en realidad es repudiable.

Así, el intelecto confunde su camino hacia la corrección, la felicidad y las mercedes, especialmente en el momento en que no tiene conocimiento como para distinguir lo bueno y beneficioso de todo aquello que es feo y perjudicial. Y cada uno de nosotros resulta derribado automáticamente en esta batalla, excepto aquel a quien Dios preserva.

Por ese motivo, resulta sumamente difícil para el hombre civilizado y culto, y mucho más para un salvaje ignorante, el llegar por sus propios medios a todos los caminos del bien y la corrección; así como conocer todo lo que lo beneficia y todo lo que lo daña en este mundo y en el otro, tanto a nivel individual como a lo que pertenece a su sociedad y su ámbito, a pesar de que se ayuden mutuamente con otros de sus semejantes, investiguen en conjunto y realicen para tal fin conferencias, asambleas y congresos.

Por eso, es necesario que Dios Altísimo haga surgir entre la gente una misericordia y un favor para ellos.

Dice Dios en el Sagrado Corán:
«… Un Mensajero salido de ellos mismos que les recita sus aleyas, les purifique y les enseñe el Libro y la Sabiduría»
Corán: “El viernes”; 62:2

Además, que les advierta sobre aquello en lo que está sus corrupciones y les instruya respecto de aquello que contiene sus correcciones y felicidades.

La obligación del favor de Dios para con sus siervos se debe a que esto es parte de su absoluta perfección, y Él es amable para con sus siervos y generosísimo. Entonces, cuando la oportunidad resulte conveniente y admisible como para que abunde la generosidad y el favor, Él —Exaltado sea— debe hacer abundar su favor. Pues no existe codicia en el ámbito de su misericordia ni hay defecto alguno en su generosidad y su otorgamiento.

El sentido de la obligación acá, en el caso de Dios, no implica que uno le ordena esto y que Él deba obedecerlo ya que Él está por encima de esas cosas, sino que es similar al sentido de obligatoriedad cuando se dice que Él es un ser obligatorio, de tal modo que resulta imposible separar el ser de la obligación.

Nuestra creencia sobre los milagros de los profetas

Nosotros creemos que cuando Él —Exaltado sea— establece a los profetas (P) como guías y mensajeros, debe hacerlos reconocer y encaminar a la gente hacia ellos de manera contundente para que la gente los identifique claramente por sus personalidades y sus particularidades. Esto exige que determine para su mensajero un argumento y una prueba innegable. De esta manera se completa su favor y se perfecciona su misericordia.

Este argumento debe ser de una categoría tal que nadie pueda presentarlo ni exponerlo excepto el Creador del universo, Administrador de los seres, es decir, que esté por encima del poder humano.

Así Él lo pone en vigor a través de los profetas y mensajeros guiadores (P), para que este argumento sea algo que los identifique y señale, encaminando a la gente hacia ellos. Y esto se conoce como milagro, pues el ser humano es incapaz de ejecutarlo y producirlo por sí mismo.

Como el milagro debe ser para el profeta algo que le permita prevalecer y distinguirse sobre la gente, es necesario que se manifieste entre la gente, de tal modo que los sabios y especialistas de su época no puedan igualarlo y mucho menos la gente común.

Además, este milagro debe acompañarse con la pretensión de la profecía para que sea un argumento respecto a esta pretensión. Así, cuando otros no puedan imitarlo, quede en claro que se trata de algo que está por encima de la capacidad del género humano y que es extraordinario, y también quede en claro que su potador está por encima del nivel humano y tiene un vínculo espiritual con el administrador de los fenómenos y los seres.

Cuando una persona pueda traer un milagro sosteniendo que él es un profeta y mensajero de parte de Dios, se coloca en una posición tal que la gente debe confirmar su pretensión y creer en su misión, sometiéndose ante sus palabras y expresiones completándose así el argumento de parte de Dios. Luego, la gente es libre de creer en él o negarlo.

Vemos que el milagro de cada profeta corresponde con lo que resulta conocido para la gente de su época en cuanto a la ciencia y las artes, a fin de que ellos puedan reconocer claramente su naturaleza sobrehumana y lo identifiquen como milagro.

Por eso, el milagro de Moisés (P) consistió en que su bastón se devoró los trucos y artimañas que habían realizado los magos, porque en su época la magia era el arte prevaleciente. Cuando el bastón invalidó lo que ellos habían hecho, entonces supieron que se trataba de algo por encima de su poder, que estaba más allá de su arte y que el ser humano era incapaz de realizar por sí mismo. Así, ellos se humillaron ante este arte y esta ciencia2.

Del mismo modo fue el milagro de Jesús (P), que consistió en la curación del ciego de nacimiento y del leproso, y en la resucitación de los muertos. Éste milagro fue realizado en una época en la cual el arte de la medicina era el más prevaleciente entre la gente, y en esa época los sabios y los médicos ocupaban las más altas posiciones ente la población. Y sus conocimientos resultaron inútiles respecto al milagro de Jesús (P)3.

Y en cuanto al milagro permanente de nuestro Profeta (PBd), que es el Sagrado Corán, es un milagro por su elocuencia, en una época en la que el arte de la elocuencia era muy conocido y aquellos que lo manejaban bien tenían ante la gente una buena reputación y mucho prestigio, por la belleza de sus palabras y la elevación de su elocuencia.

Entonces, surgió el Corán como un rayo, humillándolos y dejándolos estupefactos, demostrándoles que no podían enfrentarse con él para imitarlo, superarlo o siquiera igualarlo. Entonces, cuando ellos vieron su debilidad para imitar al Corán, se sometieron con los cuellos extendidos ante él4.

Lo que les mostró su debilidad fue que él (el Corán) los desafío a traer diez suras semejantes a las suyas, y ellos no pudieron hacerlo a pesar de su vasta experiencia en uso de la lengua y la elocuencia5.

Luego los desafió a traer una sura como las de él6, y ellos se apartaron.

Al conocer la debilidad de ellos para imitarlo aunque ellos lo enfrentaron, en vez de usar la lengua y la palabra, emplearon la espada, así entendemos que el Corán es un milagro. Y Muhammad ibn Abdullah lo trajo presentándolo junto con su pretensión de la misión profética.

Así sabemos que él es el Mensajero de Dios, y lo que ha traído es la verdad y está en conformidad con la realidad, la bendición de Dios sea con él y su familia.

Nuestra creencia sobre la infalibilidad de los profetas

Nosotros creemos que todos los profetas (P) son infalibles o impecables, así como también lo son los Imames, con ellos sea la paz. Pero algunos de los musulmanes no creen esto. Ellos no consideran que los profetas deban ser infalibles, y menos aún los Imames.

La infalibilidad o ‘ismat consiste en alejarse de los pecados y las desobediencias. Ya sean pequeñas o grandes. También implican al error y al olvido, aunque la sentencia del intelecto no considere imposible que ellos surjan ni en los profetas ni en los Imames. Además, es obligatorio que ellos se aparten de todo lo opuesto a la honra y al prestigio, como el hacer cosas que la gente común no considera como buenas y las desprecia, tales como comer en la calle o reírse muy fuerte.

El argumento respecto a la infalibilidad de ellos es que, si se permite que el profeta desobedezca, cometa errores, se olvide o surjan de él estas cosas reprobables, entonces existen dos alternativas: o es obligatorio seguirlo e imitarlo en las obras que haya hecho como la desobediencia o el error, o no es necesario hacerlo.

Si es obligatorio seguirlo, entonces admitimos que está permitido realizar desobediencia y los demás pecados, con la autorización misma de Dios Altísimo y aún más: que esto es algo obligatorio7, lo cual resulta algo inválido y carente de base, según la opinión del intelecto y la religión.

Si no es necesario seguirlo, en primer lugar, esto se opone a la Profecía, la cual debe presentarse junto con la obligación de obedecer en todo momento; por otro lado, si es posible que haya desobediencias y errores en lo que él hace o dice, y no es obligatorio seguirlo en nada, entonces desaparece el objetivo y el beneficio de la misión profética.

Más aún: el profeta sería como cualquier persona, y en consecuencia no habría ningún valor elevado en sus palabras y sus obras como para que la gente lo apoye y confíe siempre en él. Así tampoco sería necesaria la obediencia de sus órdenes ni habría una confianza plena y absoluta en sus dichos y sus acciones8.

Este argumento sobre la infalibilidad se aplica también al Imam, porque él también es designado por Dios Altísimo para encaminar al ser humano, como sucesor del Profeta. Luego veremos este tema en el capítulo tercero.

Nuestra creencia respecto a los atributos de los profetas

Nosotros creemos que el profeta, además de ser obligatoriamente infalible, necesariamente debe poseer otras perfecciones, así como las más completas y mejores características morales e intelectuales. Por ejemplo, la valentía, el conocimiento de la política, la correcta administración, la paciencia, la perspicacia, la inteligencia, etc., de tal modo que nadie puede llegar a su grado y jerarquía en estos atributos.

De lo contrario, no es correcta para él la jefatura general sobre toda la gente ni la capacidad para administrar el mundo entero.

Además, debe ser puro de nacimiento, no ser hijo de fornicación, fiel, veraz y apartado de todo lo feo e inmoral desde antes de su misión profética, para que los corazones estén seguros de él y tranquilos con él y lo apoyen. Además, esto es necesario para que él sea merecedor de esta gran jerarquía divina.

Nuestra creencia sobre los profetas y sus libros

Nosotros creemos que básicamente todos los profetas y mensajeros están con la verdad, así como creemos que son infalibles y purificados. En consecuencia, negar sus profecías, insultarlos o burlarse de ellos es incredulidad y herejía, pues esto implicaría la negación de nuestro propio Profeta (PBd), quien nos informó9.

En cuanto a aquellos cuyos nombres y religiones son conocidos, tenemos a Adán, Noé, Abraham, David, Salomón, Moisés, Jesús y otros cuyos nombres figuran en el Sagrado Corán.

Luego es necesario creer en ellos uno por uno10, pues negar a uno de ellos es como negarlos a todos, incluso a nuestro Profeta (PBd). Igualmente es obligatorio creer en sus libros y en aquello que fue revelado para ellos.

En cuanto a la Torah y el evangelio existentes ahora entre las gentes en la Biblia, está ya confirmado que ambos han sido alterados y no son lo mismo que Dios ha revelado en su momento. Pues ambos han sufrido modificaciones, cambios y agregados luego de las épocas de Moisés y Jesús (P) por parte de quienes poseían deseos y anhelos mundanales, y la mayor parte o todo lo que figura en ellos ha sido alterado por sus seguidores.

Nuestra creencia sobre el Islam

Creemos que la religión, para Dios, es el Islam11. Ella es la auténtica legislación divina y es la última de las religiones y la más perfecta entre ellas. Ella es la mejor para la felicidad del género humano y la más completa para sus intereses en este mundo y en el otro. Ella sirve y es vigente en todos los tiempos y será hasta el Día del Juicio Final. No cambia ni se modifica. Es completa y abarca todo lo que la humanidad necesita a nivel individual, social y político.

Como ella es la última religión y nosotros no esperamos otra religión que restaure al actual ser humano, sumido en la injusticia y la corrupción, entonces, es necesario que llegue un día en el cual la religión islámica se fortalezca abarcando y dominando al mundo entero, restaurándole bajo su justicia y sus leyes12.

Si la religión islámica fuese puesta en vigor con sus leyes en forma total y correcta, la paz abarcaría a todo el género humano y la felicidad se completaría para ellos; se llegaría a lo más alto y al final de bienestar, la gloria, la riqueza, el ensalzamiento, la buena reputación y la nobleza de carácter; se disiparía toda la injusticia y opresión del mundo; el amor y la fraternidad reinarían entre toda la gente, y desaparecería la pobreza y la miseria de la superficie de la tierra.

La situación vergonzosa y lamentable que hoy en día podemos ver entre quienes dicen ser musulmanes se debe a que las leyes de la religión islámica en realidad no han sido puestas en vigor desde el primer siglo entre ellos, ni teórica ni prácticamente.

Esta situación ha permanecido y continuado hasta nuestra época, en la cual nos autodenominamos musulmanes mientras que día tras día estamos peor que antes.

Por lo tanto, el seguir y aferrarse a la religión islámica no es el factor de este vergonzoso atraso, sino que por el contrario, las causas de esta decadencia son la rebeldía contra sus enseñanzas, el menosprecio de sus leyes y la difusión de la injusticia y la enemistad entre ellos (entre los musulmanes) por parte de sus reyes y lacayos, sus ricos y pobres, sus menores y mayores, sus notables y vulgares.

Estas cosas han paralizado el movimiento del desarrollo, han debilitado sus fuerzas, han destruido sus espíritus y les han traído desgracias y pérdidas. Entonces, Dios los aniquiló por sus pecados, haciendo como dice el Sagrado Corán:

«Esto es así porque Dios no cambia la merced con que ha agraciado a un pueblo, hasta que este haya cambiado lo que tiene en sí…»
Corán: “El botín”; 8:53

Esta es una tradición divina entre su creación. En otra aleya dice:

«… Por cierto que los pecadores jamás prosperarán»
Corán: “Jonás”; 10:17

En otro lugar dice:
«No iba tu Señor a destruir las ciudades injustamente, mientras sus habitantes se comportaban correctamente y eran pacificadores»
Corán: “Hud”; 11:117

Y dice:
«Así es el castigo de tu Señor cuando extermina a las ciudades que son injustas. En verdad su castigo es doloroso y severo»
Corán: “Hud”; 11:102

Entonces, ¿cómo puede pretenderse que la religión rescate a las gentes de las desgracias y calamidades, mientras que no queda de ella más que la tinta en los papeles y no se pone en práctica lo más mínimo de sus enseñanzas?

Por cierto que la fe, la realidad, la veracidad, la sinceridad, el buen comportamiento, la abnegación, el que un musulmán ame y desee para su hermano lo que quiere para sí mismo y otras cosas semejantes a estas, son parte de las bases de la religión islámica que los musulmanes han abandonado desde la época antigua hasta nuestros días.

Cuanto más pasa el tiempo y más progresan ellos, se los ve más dispersos, divididos, con sectores enamorados del mundo y sumergidos en fantasías que a través de las opiniones confusas y poco claras y de los asuntos sin importancia se atacan entre sí acusándose mutuamente de impiedad.

Así han descuidado la esencia y verdad de la religión, sus intereses y beneficios para su comunidad por cuestiones como las siguientes: ¿El Corán es algo creado o no? ¿Cómo es el retorno a la vida nuevamente en este mundo (ray`at)”? ¿El Paraíso y el Infierno ya están creados o lo serán luego?, etc.

Estas cosas han generado el odio entre ellos. Han hecho que se agredan entre sí y se acusen mutuamente de incredulidad.

Estas cosas indican y demuestran claramente que ellos se desviaron del camino recto del acatamiento hacia la aniquilación y extinción.

Y con el avance del tiempo, su desvío aumentó de tal modo que la ignorancia y el extravío los abarcaron, se preocuparon por asuntos sin sentido ni base, cayeron en supersticiones y fantasías, en guerras, ostentaciones, discusiones y finalmente en un pozo sin fin, donde el Occidente despierto —el enemigo más peligroso y terco del Islam— obtuvo el poder para dominar a los países islámicos, mientras los musulmanes se encuentran desatentos y dormidos.

Así, él los arrojó en este abismo profundo cuya duración y fin solo Dios conoce. Como dice el Sagrado Corán:

«No iba tu Señor a destruir las ciudades injustamente, mientras sus habitantes se comportaban correctamente y eran pacificadores»
Corán: “Hud”; 11:117

No existe ninguna alternativa o camino para los musulmanes en el presente o en el futuro, salvo retornar a sí mismo arrepintiéndose por sus errores, exigiendo cuentas precisas a sus propias almas por sus descuidos y negligencias, levantándose para purificarse a sí mismo y a las generaciones posteriores a través de las enseñanzas de su religión firme, para que así puedan desaparecer la injusticia y la opresión entre ellos mismos y puedan así alcanzar el poder de rescatarse a sí mismo de este gran abismo.

Luego de esto, la tierra inevitablemente será colmada de justicia y equidad después de haber estado llena de injusticia y opresión, tal como Dios Altísimo y Su Mensajero han prometido13.

Y esta es la esperanza de esta religión, que es la última de las religiones. No existe posibilidad alguna de restaurar y corregir al mundo excepto por medio de ella.

Inevitablemente para esta revolución debe haber un Imam que rechace y aparte del Islam las fantasías y las supersticiones que le han colgado a ella, que quite las innovaciones y extravíos que se han adherido a ella, que salve y rescate al género humano de las corrupciones que la abarcan, de la opresión, las injusticias, las continuas enemistades y la indiferencia y el menosprecio por los valores morales y espirituales de la humanidad. ¡Qué Dios apresure su alivio y facilite su surgimiento!

Nuestra creencia sobre el Profeta del Islam

Nosotros creemos que el portador de la religión islámica y su dueño es Muhammad ibn Abdullah. Él es el último de los profetas, el señor de los mensajeros y el mejor de ellos en absoluto, así como él es el maestro de todo el género humano.

No tiene par en virtudes, nobleza, progenie e intelecto, a cuya base ningún intelecto se aproxima. No tiene semejante en sus características tanto morales como espirituales. Él posee un carácter eminente14.

Estas ventajas le pertenecen desde el inicio de la creación del ser humano hasta el Día del Juicio Final, es decir, él es el mejor de todos los seres humanos, desde el primero al último de ellos de todos los tiempos15.

Nuestra creencia sobre el Noble Corán

Nosotros creemos que el Corán es una Revelación Divina hecha descender por parte de Dios Altísimo sobre la lengua de su noble Profeta. Él posee la aclaración o explicación de todas las cosas y es su milagro continuo al cual el ser humano no puede confrontar e igualar y traer algo semejante a él en elocuencia y en lo que contiene de las realidades, conocimientos y enseñanzas elevadas. No ha sufrido modificaciones ni cambios ni alteraciones de ningún tipo, así como no se le ha quitado ni agregado nada en absoluto16.

Lo que está ante nosotros, lo cual recitamos, es decir el texto en árabe, es lo mismo que le ha sido revelado al Profeta Muhammad (PBd). Quien pretenda otra cosa es un forjador de mentiras, sofisticaciones y dudas, y todos ellos están desviados. Porque él es la palabra de Dios, la cual:

«Es completamente inaccesible a lo falso…»
Corán: “Las detalladas”; 41:42

Una de las pruebas de su milagro es que cuanto más pasa y avanza el tiempo y las ciencias y artes más se desarrollan, él perdura y permanece poseyendo su frescura, dulzura, elevados objetivos y pensamientos.

No se han manifestado en él ningún error por parte de ninguna opinión científica firme y estable, ni ha habido ninguna oposición respecto a los temas elevados y las verdades axiomáticas.

No obstante, en los libros de los grandes sabios y filósofos que alcanzaron sus grados de ciencia y pensamiento, han aparecido algunos errores, superficialidades y distorsiones al exponer temas científicos, y las ciencias luego se desarrollaron con opiniones y observaciones nuevas y diferentes a las de ellos.

Inclusive puede verse esto en los libros de grandes filósofos de Grecia como Sócrates, Platón y Aristóteles, a quienes todos los que los sucedieron han reconocido como los padres de la ciencia y lo máximo en reflexión o pensamiento.

También creemos que es necesario respetar al Sagrado Corán y considerarlo grande con la palabra y con la acción. No es lícito ensuciar sus palabras, aunque se trate de una palabra que se ha extraído de él con la intención de que se trate de una parte del Corán. Tampoco es lícito para quien no está purificado (no tiene la ablución ritual) tocar sus palabras o sus letras.

«No lo tocan excepto los purificados»
Corán: “El acontecimiento”; 56:79

Y da lo mismo que la impureza sea por eyaculación, menstruación, parto, orina, excremento, sueño u otras cosas, al menos que se bañe o realice la ablución ritual, acorde al caso según lo que figura descrito detalladamente en los libros de jurisprudencia o fiqh.

Tampoco es lícito quemarlo o deshonrarlo de cualquier forma que la gente considere una humillación, como arrojarlo, ensuciarlo, pisotearlo, ponerlo en un lugar inferior, etc. Luego, si una persona lo deshonra y lo considera insignificante de manera intencional a través de estas cosas o sus semejantes, es de los que niegan el Islam y su santidad. Ellos están fuera de la religión y son impíos respecto al Señor del universo.

La manera de confirmar al Islam y a las religiones anteriores

Si disputamos con alguien respecto a la corrección y verdad o autenticidad de la religión islámica, podemos hacerlo mostrándole su milagro permanente que es el Corán, tal como hemos mencionado antes. Este camino y esta conducta debe ser la manera de contestarle a nuestras propias almas. Porque para cada ser humano que piensa libremente, antes de creer en una doctrina y afirmarla automáticamente, le surgen dudas y preguntas.

En cuanto a las religiones anteriores como el judaísmo y el cristianismo, si dejamos de lado el Corán y nuestras propias creencias islámicas, no tenemos argumentos como para contestarnos a nosotros mismos respecto a sus correcciones y autenticidades, como tampoco los tenemos como para conformar a alguien que pregunta sobre este tema y tiene dudas.

Porque ellos no tienen un milagro como el Corán, y no se puede confiar en lo que sus seguidores narran respecto a las cosas extraordinarias y milagrosas de los profetas anteriores.

Porque ellos son seguidores de estas religiones y por eso sus pretensiones respecto a las mismas no son aceptables, siendo ellos sospechosos en lo que narran o describen.

Y en cuanto a los libros existentes ante nosotros que se dice que son de los profetas, como la Torah y el Evangelio, es decir, la Biblia actual, no tienen las condiciones para ser un milagro continuo y aún vigente como para presentarlos como argumentos válidos y pruebas suficientes en sí mismas, aparte de la confirmación del Islam.

Para nosotros los musulmanes solo es correcto reconocer y aceptar la profecía de los profetas anteriores porque al confirmar la religión islámica tenemos la obligación de confirmar también lo que trajeron los profetas anteriores, tal como lo hemos mencionado antes.

Por lo tanto, el musulmán no necesita buscar e investigar la corrección de las religiones anteriores como el cristianismo y otras, después de aceptar el Islam y creer en él. Porque su confirmación implica la confirmación de ellas, y su creencia es creer también en los mensajeros y profetas anteriores.

Entonces el musulmán no necesita buscarlas ni investigar la autenticidad de los milagros de sus profetas, porque él es musulmán y cree en ellas por medio de creer en el Islam, y eso es suficiente.

Claro está que, si el hombre busca e investiga la corrección de la religión islámica y no la confirma, en este caso según el mandato del intelecto y la exigencia de la necesidad de conocimiento y observación, debe buscar la corrección del cristianismo, pues él es la última de las religiones anteriores al Islam.

Y si al investigar, no obtiene la certeza sobre él, entonces debe buscar en la última religión anterior al cristianismo, que es el judaísmo. Y así debe buscar hasta obtener la certeza respecto a una de las religiones o rechazarlas a todas.

En cuanto a quienes hayan crecido dentro de la religión judía o cristiana, la creencia en su religión no los exime de investigar la corrección de otras religiones posteriores. Por ejemplo, el judío no está libre de la obligación de investigar la corrección del cristianismo y del Islam, sino todo lo contrario: él debe observar y conocer esto según la exigencia del intelecto.

Lo mismo sucede con el cristiano: no es suficiente para él creer en Mesías Jesús (P), sino que debe buscar e investigar sobre el Islam y su corrección. Y no está excusado por conformarse con su religión sin buscar ni investigar más.

Porque ni el judaísmo ni el cristianismo en sus mandatos han rechazado la posibilidad de una religión posterior a ellas que las abrogue, ni Moisés ni Jesús (P) han declarado que no habría más profetas después de ellos. Entonces, ¿cómo es posible que el cristiano y el judío confíen y se queden tranquilos con sus respectivas creencias y apoyen sus religiones sin buscar ni investigar la corrección de la religión posterior a la suya, como el cristianismo para el caso del judío o el Islam para el caso de ambos?

Por el contrario, según la naturaleza innata de los intelectos, es necesario investigar sobre la convocatoria posterior, si se confirma su corrección, se debe creer en ella mientras que si no se confirma según el mandato del intelecto, lo correcto es permanecer en sus antiguas religiones y apoyarlas.

En cuanto al musulmán, como ya hemos dicho, cuando él cree en el Islam, luego de investigar y confirmar su corrección, no es necesario para él investigar las religiones anteriores ni las pretensiones que surjan luego.

En cuanto a las anteriores, el Islam las confirma y entonces no hace falta buscar más pruebas sobre ellas. El musulmán cree que estas religiones están abrogadas por el Islam. Así, no es obligatorio para él practicar según sus mandatos ni obrar conforme a sus libros. Y con respecto a lo que surja después, el Profeta del Islam, Muhammad (PBd) ha dicho:

“No habrá más profeta después de mí”. Y él es veraz y digno de toda confianza. Dice el Corán:

«Vuestro Profeta no habla por propio impulso. Ello no es sino una Revelación que le fue revelada»
Corán: “La estrella”; 52:3-4

Entonces, ¿por qué buscar alguna prueba de una profecía posterior si alguien la pretendiese?

Por supuesto que resulta necesario para el musulmán, después de haber pasado tanto tiempo desde el Dueño de la Misión (el Profeta del Islam), de haberse dispersado las escuelas y opiniones dentro del Islam, y con el surgimiento de grupos, doctrinas y sectas nuevas, marchar por el camino en el cual confíe que le permitiera conocer los mandatos y leyes reveladas a Muhammad, el Dueño de la Misión.

Pues él es musulmán y debe practicar todas las leyes reveladas en la religión tal cual han sido descendidas y transmitidas sin ningún cambio.

Pero ¿cómo puede saber si los mandatos y leyes transmitidos son como los que fueron revelados, mientras los musulmanes están divididos en varios grupos? ¡Así, ni la oración es única ni lo son las devociones. No están de acuerdo en las prácticas ni forman una única fila en cuanto a los diversos comportamientos!

Entonces, ¿qué debe hacer? ¿De qué forma debe rezar? ¿De qué manera debe obrar en sus devociones y en otros asuntos como el matrimonio, el divorcio, la herencia, las ventas, las compras, la aplicación de sanciones coránicas, las indemnizaciones, etc.?

No es admisible ni permitido en estas cuestiones imitar y seguir a los padres, ni estar tranquilo con las costumbres de los allegados, familiares, amigos y compañeros. Por el contrario, debe buscar y encontrar la certeza ante sí mismo y en relación con Dios respecto a los mandatos.

Y en esto no hay lugar para la cortesía, excusa, adulación, hipocresía, aislamiento ni el fanatismo. En efecto, es inevitable que tenga certeza sobre haber tomado el camino ideal, del cual cree que lo librará de su carga impuesta por Dios como un mandato obligatorio y saldará la deuda que tiene con el Creador.

También debe estar convencido de que no habrá para él castigo ni reproche alguno por parte de Dios por seguirlo al camino que ha tomado, ni por adoptar los mandatos de este camino, y debe creer que no está permitido temer en el camino de Dios el reproche de un reprochador.

Dice Dios en su Noble Libro:
«¿Imagina acaso el hombre que será dejado libre, en vano y sin objetivo?»
Corán: “La Resurrección”; 75:36

En otra aleya dice:
«¡Más bien! El hombre tiene conocimiento sobre sí mismo»
Corán: “La Resurrección”; 75:14

Y también dice:
«¡Ciertamente esta es una admonición y quien quiera podrá adoptar hacia su Señor camino!»
Corán: “El enmantado”; 73:19

La primera pregunta que debe surgir para él es: ¿Acaso debo tomar el camino de la Gente de la Casa (la familia del Profeta) u otros caminos? Si toma el camino de la Gente de la Casa, surge para él otra cuestión: ¿El camino correcto es el de los imamitas seguidores de los doce Imames o el de otros grupos (de los shiítas)? En cambio, si toma el camino de los sunitas, debe decir a cuál de las cuatro escuelas va a seguir, o si adoptará alguna de las doctrinas ya desaparecidas.

De esta manera van surgiendo preguntas para quien es libre en su reflexión y voluntad, hasta que se refugia en una base confiable. Por esa razón, debemos hablar y analizar el tema del Imamato y todo lo que constituye las ramas de la doctrina de los imamitas izna asharitas, los seguidores de los doce Imames.

  • 1. Sobre este tema vemos lo que dice Imam Ali (P) (Nahyul Balágah, discurso N.º)
    “Él (Dios), Glorificado Sea, ha escogido de entre los hijos de Adán a los profetas, con quienes ha pactado para que actuaran y preservaran fielmente, su revelación y para que propagaran su mensaje. Esto surgió cuando la gran mayoría de la gente había roto los pactos que tenían con Dios, dejando de lado, olvidando, los deberes y responsabilidades que involucraban a Dios, ignorando todo tipo de su derecho. Estos tomaban a otros como dioses, estableciendo para Dios, socios y los demonios les habían hecho alejar de Dios separándolos de su devoción. Entonces hizo surgir entre ellos a sus profetas sucesiva y espaciadamente, para que hagan renacer el pacto que Dios tenía con su tendencia innata, es decir las promesas, hechas por sus almas a Dios, con las cuales estipularon que todo aquello otorgado por Dios fuerza, instintos, poder, etc., será dispuesto en su camino, recordarles lo que habían olvidado, en cuanto a sus mercedes, argumentar en su contra, mediante la difusión del mensaje; descubrir ante ellos los tesoros escondidos en sus intelectos demostrándoles los signos de su potencialidad, capacidad, idoneidad; del mismo modo demostrarían el verdadero sentido del tejado que se eleva en deslice por encima de ellos (el cielo), así como el del lecho extendido bajo sus pies (la tierra) y del sustento que los vivifica, las muertes que terminan con ellos haciéndolos desaparecer, las desgracias y calamidades que producen su envejecimiento, las tragedias y acontecimientos que con frecuencia deben soportar.

    Dios jamás ha permitido que su creación permanezca sin un mensajero, sin una escritura revelada, sin una guía (evidencia) necesaria, ni tampoco sin un camino claro y recto.

    Los profetas, a pesar de que representaron desde sus comienzos una marcada minoría frente a la prominente mayoría en la cual se establecían quienes se encontraban en oposición a ellos, o bien los desmentía en forma absoluta, siempre demostraron mantener una sobresaliente entereza ante cualquier acontecimiento en sus tareas, destacando que ante ningún asunto, permanecerían enjutos, preocupados, contrariados, cuya causa terminaban extraviados.

    Un tercer grupo impartieron los nombres, atributos y características de Dios a otros. Entonces Dios, a través del Profeta (PBd), los alejó del extravío y los rescató de su ignorancia”.

  • 2. Dice Dios , el Altísimo:
    «E inspiramos a Moisés: ‘¡Arroja tu bastón!’ Y he aquí que este se engulló sus mentiras. Entonces se cumplió la verdad y resultó inútil lo que habían hecho. Así fueron vencidos y se retiraron humillados. Y los magos cayeron prosternados (aceptando la convocatoria a Moisés)»
    Corán: Los lugares elevados”; 7:117-120
  • 3. Dice Dios, el Altísimo:
    «Y enviamos a Jesús como un Mensajero para los hijos de Israel diciéndoles: ‘Os he traído un signo que viene de vuestro Señor. Voy a moldear con arcilla pájaros para vosotros. Luego soplaré sobre ellos y, con el permiso de Dios, se convertirán en pájaros auténticos. Con el permiso de Dios curaré al ciego de nacimiento y al leproso, y resucitaré a los muertos. Os he de informar de aquello que habéis comido y de aquello que habéis almacenado en vuestras casas. Por cierto que en ello tenéis un signo, si sois creyentes»
    Corán: “La familia de Imran”; 3:49
  • 4. Dice Dios, el Altísimo:
    «Di: Si los hombres y los genios se unieran para producir un Corán como este, no podrían conseguirlo, aunque se ayudaran mutuamente»
    Corán: “El viaje nocturno”; 17:88
  • 5. Dice Dios, el Altísimo:
    «O dicen: “Él lo ha inventado”. Di: “Si es verdad lo que decís, ¡traed diez suras como él, inventadas, y llamad a quien podáis, en lugar de llamar a Dios!”»
    Corán: “Hud”; 11:13
  • 6. Dice Dios, el Altísimo:
    «Si tenéis duda sobre la corrección de lo que hemos revelado a nuestro siervo Muhammad, ¡traed al menos una sura semejante a esta! Convocad para ello a vuestros testigos aparte de Dios para que os ayuden, si es verdad lo que decís que esto es una palabra creada por un hombre y no una Revelación proveniente de Dios»
    Corán: “La vaca”; 2:23

    Y también dice —Exaltado sea—:
    «O dicen: “Él lo ha inventado”. Di: “Si es verdad lo que decís, ¡traed una sura semejante y llamad a quien podáis, en lugar de llamar a Dios!”»
    Corán: “Jonás”; 10:38

  • 7.
  • 8. Todo esto se opone con lo que reza en el Corán donde incita a obedecer al Mensajero diciendo:

    «… A quien obedezca a Dios y a Su Mensajero, Él le introducirá en jardines por cuyos bajos fluyen arroyos…»
    Corán: “Las mujeres”; 4:13

    «Quienes obedecen a Dios y al Mensajero están con los que Dios ha agraciado…»
    Corán: “Las mujeres”; 4: 69

    «Quien obedece al Mensajero, obedece a Dios…»
    Corán: “Las mujeres”; 4:80

    «Ciertamente, en el Mensajero de Dios tenéis un bello modelo para quien espera a Dios y el Día del Juicio Final y menciona mucho a Dios»
    Corán: “ Los confederados”; 33:21

    «… Quien obedezca a Dios y a Su Mensajero tendrá un triunfo eminente»
    Corán: “Los confederados”; 33:71

  • 9. Dice Dios, el Altísimo:
    «Decid: Creemos en Dios y en lo que ha sido hecho descender sobre nosotros, en lo que le fue revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y los profetas de las tribus de los hijos de Israel; en lo que le ha sido dado a Moisés, a Jesús y a otros profetas de parte de su Señor. No consideramos ninguna separación entre ellos y nos sometemos a la orden de Dios»
    Corán: “La vaca”; 2:136

    Y también dice —Exaltado sea—:
    «Pero a los que profundizan en el saber, de ellos, a los creyentes, que creen en lo que se te ha revelado a ti y a otros antes de ti, que son observantes de la oración, pagadores del azaque, creyentes en Dios y en el último Día, a esos les daremos una magnífica recompensa»
    Corán: “Las mujeres”; 4:162

  • 10. En las narraciones y en los dichos islámicos se lee que los profetas que hayan venido de parte Dios para encaminar a la gente eran 124.000, cuyos nombres no figuran en el Sagrado Corán, solo algunos de ellos como vemos en la siguiente aleya:
    «Antes que a ti, habíamos enviado mensajeros. De algunos de ellos ya te hemos relatado, de otros no…»
    Corán: “El creyente”; 40:78

    En cuanto a aquellos nombres figuran en el Corán son 26:

    1) Adán
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Dios ha escogido a Adán, a Noé, a la familia de Abraham y a la de Imran sobre los mundos»
    Corán: “La familia de Imran”; 3:33
    Su nombre reza en él (Corán) 18 veces.

    2) Noé
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Enviamos a Noé a su pueblo y permaneció entre ellos, mil años menos cincuenta…»
    Corán: “La araña”; 29:14
    Así, su nombre reza 43 veces.

    3) Idris
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y recuerda en el libro a Idris (Enoch). En verdad fue un veraz, profeta»
    Corán: “María”; 19:56
    Su nombre figura 2 veces.

    4) Hud
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y (enviamos) a los aditas su hermano Hud, quien les dijo: ‘¡Oh, pueblo! ¡Adorad a Dios! Pues no tenéis a ningún otro dios que a Él…»
    Corán: “Hud”; 11:50
    Su nombre reza 10 veces.

    5) Salih
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Ya hemos enviado a los tamudeos su hermano Salih, quien les dijo: “¡Adorad a Dios!” Y he aquí que se dividieron en dos grupos que disputaban entre ellos»
    Corán: Las hormigas”; 27:45
    Su nombre figura en 9 sitios.

    6) Abraham
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Ya hemos mandado a Noé y a Abraham y hemos confiado a su descendencia la profecía y el libro…»
    Corán: “El hierro”; 57:26
    Reza su nombre en 69 casos.

    7) Lot
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y, ciertamente, Lot fue uno de los mensajeros»
    Corán: “Los puestos en fila”; 37:133
    Figura su nombre en 27 lugares.

    8) Ismael (hijo de Abraham)
    Dice Dios, el Altísimo:
    «… Hemos revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob…»
    Corán: “Las mujeres”; 4:163
    Ha sido mencionado su nombre en 11 partes.

    9) Eliseo
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y a Ismael, a Eliseo, a Jonás y a Lot. A cada uno de los cuales preferimos sobre todos los mundos»
    Corán: “Los rebaños”; 6:86
    Su nombre figura en 2 casos.

    10) Dul Kifl
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y recuerda a Ismael, Eliseo y Dul Kifl (Ezequiel), todos ellos eran de los mejores»
    Corán: “Sad”; 38:48
    Su nombre reza 2 veces.

    11) Elías
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y ciertamente, Elías fue uno de los mensajeros»
    Corán: “Los puestos en fila”; 37:123
    Y su nombre se menciona en 2 sitios.

    12) Jonás
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y también Jonás fue uno de los mensajeros»
    Corán: “Los puestos en fila”; 37:139
    Se encuentra su nombre en 4 partes.

    13) Isaac
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y le albriciamos con Isaac, que sería un profeta entre los justos»
    Corán: “Los puestos en fila”; 37:112
    Su nombre reza 17 veces.

    14) Jacob
    Dice Dios, el Altísimo:
    «… Hemos revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob, las tribus (de los hijos de Israel), Jesús…»
    Corán: “Las mujeres”; 4:16
    Su nombre figura en 16 sitios.

    15) José
    Dice Dios, el Altísimo:
    «… Y, de su descendencia, a David y Salomón; a Job y José; a Moisés y Arón. Así recompensamos a quienes hacen el bien»
    Corán: “Los rebaños”; 6:84
    Su nombre se encuentra en 27 partes.

    16) Suayb
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y a los madianitas su hermano Suayb…»
    Corán: “Hud”; 11:84
    Su nombre se encuentra en 11 lugares.

    17) Moisés
    «Ya hemos enviado a Moisés con Nuestros signos, (diciéndole): ‘¡Saca a tu pueblo de las tinieblas a la luz, y recuérdales los Días de Dios!’…»
    Corán: “Abraham”; 14:5
    Su nombre reza 136 veces.

    18) Arón
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y le agraciamos de nuestra misericordia como Profeta a su hermano Arón»
    Corán: “María”; 19:53
    Su nombre figura en 20 sitios.

    19) David
    Dice Dios, el Altísimo:
    «… A Job, Jonás, Arón y Salomón. Y hemos dado a David Salmos»
    Corán: “Las mujeres”; 4:163
    Su nombre figura en 16 lugares.

    20) Salomón
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Ya hemos concedido la ciencia a David y a Salmón…»
    Corán: “Las hormigas”; 27:15
    Su nombre se encuentra en 17 lugares.

    21) Job
    Dice Dios, el Altísimo:
    «… Hemos revelado a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob, las tribus (de los hijos de Israel), Jesús, Job…»
    Corán: “Las hormigas”; 27:15
    Su nombre reza 4 veces.

    22) Zacarías
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y a Zacarías, a Juan, a Jesús y a Elías, que todos ellos se contaban entre los justos»
    Corán: “Los rebaños”; 6:85
    Su nombre figura en 7 lugares.

    23) Juan
    Dice Dios, el Altísimo:
    «¡Oh, Juan! ‘¡Toma y observa el libro (la Torah) con la fuerza!’ Y le hemos concedido la Profecía (y bastante inteligencia) cuando aún era niño».
    Corán: “María”; 19:12
    Su nombre figura en 5 lugares.

    24) Imael Sádiqul Ua’d (el cumplidor de su promesa)
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Y recuerda en el libro a Ismael. Fue el cumplidor de su promesa y fue un mensajero y un profeta».
    Corán: “María”; 19:54

    25) Jesús
    Dice Dios, el Altísimo:
    «… Ciertamente el Mesías, Jesús, hijo de María, solo es el mensajero de Dios y Su Palabra (Su criatura), con que ha agraciado a María…»
    Corán: “Las mujeres”; 4:171
    Su nombre se menciona 26 veces.

    26) Muhammad
    Dice Dios, el Altísimo:
    «Muhammad no es sino un Mensajero, a quien precedieron otros mensajeros…»
    Corán: “La familia de Imran”; 3:144
    Su nombre se lee en 4 lugares con el término Muhammad y en un lugar con la palabra Ahmad.

    Existen profetas cuyos nombres no se mencionan, sino que sus señas, como dice Dios, el Altísimo:
    «¿No has reparado ¡oh, Mensajero! en el grupo de dignatarios de entre los hijos de Israel posteriores a Moisés que le dijeron a su profeta Samuel, “Ishumil”: ‘¡Designamos un gobernante o comandante para que, bajo su orden y dirección, combatamos en el camino de Dios!’…»
    Corán: “La vaca”; 2:246

    Dios ha enviado a estos mensajeros a cada comunidad a lo largo del tiempo, como se lee en el Sagrado Corán cuando dice:
    «Hemos mandado a cada comunidad un mensajero…»
    Corán: “Las abejas”; 16:36

    Dios ha preferido a algunos de los mensajeros y profetas sobre otros, como leemos en Su dicho —Exaltado sea—:
    «Hemos preferido a algunos de los mensajeros sobre otros. Entre ellos hay algunos a los cuales Dios les ha hablado directamente y a otros los ha elevado en categorías…»
    Corán: “La vaca”; 2:253

    Y también dice:
    «… Ya hemos preferido a algunos profetas sobre otros. Y hemos dado a David Salmos»
    Corán: “El viaje nocturno”; 17:55

    Entre todos ellos, existen cinco mensajeros resueltos, que poseen la jerarquía más alta y son preferidos más que otros, como nos indica el Sagrado Corán cuando dice:
    «Y acuérdate de cuando concertamos un pacto con los profetas, contigo, con Noé, con Abraham, con Moisés y con Jesús, hijo de María, que celebramos con ellos un pacto solemne»
    Corán: “La coalición”; 33:7

    Y también dice:
    «Ten, pues, paciencia, como la tuvieron los mensajeros resueltos…»
    Corán: “Al Agqaf”; 46:35

    Es obvio que la decisión de cada profeta es diferente que otro, como dice Dios en Su libro:
    «Habíamos concertado antes un pacto con Adán que no comiera del árbol, pero él olvidó y no hemos visto en él resolución»
    Corán: “Ta Ha”; 20:115

    Y el poseedor del grado más alto y superior entre todos los profetas y mensajeros inclusivo entre los mensajero resueltos, es el sello y el último de ellos, el gran profeta del Islam, Muhammad, el fiel, que la bendición y la paz de Dios sea sobre él y su familia purificada.

  • 11. Dice Dios, el Altísimo:
    «Ciertamente, la religión, para Dios, es el Islam…»
    Corán: “La familia de Imran”; 3:19

    Y también dice:
    «Quien desea (y elige) una religión que no sea la del Islam, jamás le será aceptado, y en el otro mundo será de los perdedores»
    Corán: “La familia de Imran”; 3:85

  • 12. Dice Dios, el Altísimo:
    «Ya hemos escrito en los Salmos, después del recuerdo recordar la Tora, que la tierra la heredarán Mis siervos justos»
    Corán: “Los profetas”; 21:105
  • 13. Dice Dios, el Todopoderoso y el Majestuoso en Su sagrado libro Corán:
    «Ya hemos escrito en los Salmos, después del recuerdo recordar la Torah, que la tierra la heredarán Mis siervos justos. Ciertamente, en esto hay un mensaje claro para los adoradores»
    Corán: “Los profetas”; 21:105-106

    Nos han llegado numerosas narraciones de parte del Profeta (PBd) y los Imames de la buena guía (P) y de manera reiterada sobre la manifestación del Mahdi desde los hijos de Fatímah en el fin de los tiempos para llenar la tierra de justicia y equidad después de haber estado colmada de injusticia y opresión. Luego veremos este tema en el siguiente capítulo.

  • 14. Dice Dios en su Noble Libro:
    «Ciertamente, tú eres de eminente carácter»
    Corán: “El cálamo”; 68:4
  • 15. Del Imam ‘Ali (P), en descripción del Profeta (PBd) (Nahyul Balágah: discurso número 107)
    “Del árbol de los profetas le ha seleccionado para ser su más grande profeta, de un nicho de luz, de altas virtudes, del centro de la Meca, de las lámparas que hacen desaparecer las tinieblas y del manantial de sabiduría, para ser la fuente del aprendizaje, para ser la luz divina que ilumine la oscuridad de la ignorancia con sus enseñanzas”.

    También dice:
    “Es un médico ambulante viajando con su medicina. Así, prepara correctamente su remedio, entibia el ungüento y lo aplica cuando es preciso, curando a los corazones ciegos, los oídos sordos y las lenguas mudas con su medicina, de la negligencia y la perplejidad. Va entre aquellos que no han recibido la luz de sabiduría ni han sacado algo de las ciencias penetrantes. Ellos son como los animales ganados y piedras duras”.

  • 16. Se lee en el Sagrado Corán (“Al Higr” 15:9):
    «Ciertamente, Nosotros hemos hecho descender la Amonestación (el Corán) y somos Nosotros sus custodios».