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Capítulo 3: El Imamato

Nuestra creencia sobre el Imamato

Nosotros creemos que el Imamato es una de las bases de la religión. La fe no se perfecciona sino por medio de creer en él, y no está permitido imitar en esto a los padres, allegados o educadores, aunque sean personas muy eminentes, sino que es obligatorio observar en esta cuestión lo mismo que para la Unidad Divina o Monoteísmo y la Profecía.

Aunque supongamos que no fuera de las bases de la religión, al menos la certeza del responsable “Mukallaf”, aquel a quien Dios le impuso una carga, de estar libre de las cargas impuestas sobre él depende del asunto del Imamato, ya sea positiva o negativamente.

Y en este caso tampoco está permitida la imitación. Porque el intelecto obliga a creer en él y tener certeza respecto a él, para que así el responsable pueda estar libre de la carga que Dios le impuso.

Por otro lado, no todas las cargas u obligaciones resultan claras en un determinado camino. Entonces, debemos seguir a alguien a través de cuyo seguimiento tengamos la certeza de quedar libres de las cargas que Dios nos impuso, ya sea a un Imam según la doctrina de los imamitas, o a otro conforme con otras doctrinas.

También creemos que el Imamato es un favor de Dios Altísimo al igual que la Profecía. En consecuencia, en todas las épocas debe haber un Imam y guía que tome el lugar del Profeta como su sucesor y observe sus tareas, encaminando y conduciendo a la humanidad hacia aquello que contiene sus beneficios y felicidades en este mundo y en el otro.

Él posee las mismas condiciones que el Profeta respecto al liderazgo general sobre la gente para administrar sus asuntos e intereses, observar la justicia entre ellos y apartar la injusticia y la enemistad de entre ellos.

En consecuencia, el Imamato es la permanencia de la Profecía. El mismo argumento que hace obligatorio el envío y surgimiento de los mensajeros y profetas es válido para el establecimiento de un Imam después del Mensajero.

Por eso nosotros decimos que el Imamato no se establece sino por la designación de Dios a través de la lengua del Profeta o del Imam anterior, y esto no depende de la voluntad o selección por parte de la gente.

Así, la gente no puede ni tiene razón o derecho alguno de establecer o designar a alguien como Imam y tampoco de rechazar su designación y en consecuencia, quedarse sin Imam. Por el contrario, según lo que dijo el gran Mensajero del Islam:

“Quien fallece sin conocer al Imam de su época muere ignorante”1.

Por lo tanto no es posible que en una de las épocas no haya un Imam cuya obediencia sea obligatoria y esté designado por Dios, ya sea que la gente lo acepte o no, lo obedezca o no. Y da lo mismo que se encuentre presente o ausente de la mirada de la gente.

Porque así como es admisible la ausencia del Profeta como ocurrió en su ocultamiento en la cueva2 y también en la quebrada de Abi Tálib, durante el exilio3, igualmente es posible que el Imam se oculte y esté ausente de la mirada de la gente. Y no hay diferencia, según la orden del intelecto, entre un ocultamiento largo o corto.

Dice Dios, el Altísimo:
«… Para cada pueblo hay un guía»
Corán: “El trueno”; 13:7

También dice:
«… No hubo pueblo alguno por el cual no haya pasado un amonestador»
Corán: “El trueno”; 35:24

Nuestra creencia sobre la infalibilidad del Imam

Nosotros creemos que, al igual que el Profeta, el Imam debe ser infalible y debe estar apartado de todas las inmoralidades y pecados, ya sean exteriores o interiores, públicos o secretos, intencionales o por olvido o por descuido, desde el nacimiento hasta la muerte.

Porque los Imames son guardianes y dirigentes de la religión. Su estado en esto es como el Profeta, y el mismo argumento que nos exige la creencia en la infalibilidad de los profetas, nos exige también la creencia de que ellos son infalibles, sin ninguna diferenciación4.

Se lee en una poesía:

Para Dios no resulta imposible reunir todas las ventajas del mundo en una única persona y lo hace seleccionando lo mejor de todos los atributos bellos.

Nuestra creencia sobre los atributos y la ciencia del Imam

Creemos que, al igual que el Profeta, el Imam debe tener los atributos de perfección tales como la valentía, la generosidad o la nobleza, la honestidad o la decencia, la veracidad, la justicia, la buena administración, el intelecto, la sabiduría y el mejor carácter de toda la gente.

El mismo argumento válido para el Profeta sobre este tema, se aplica al Imam.

En cuanto a su ciencia, él toma las enseñanzas, los mandatos divinos y todas las ciencias y sabiduría del Profeta y del Imam anterior a él.

Cuando surge para él algo nuevo, debe saberlo por medio de la inspiración a través de la fuerza santa que Dios le ha concedido. Entonces, cuando él observa algo y desea conocer su contenido y su verdadero aspecto, lo sabe sin cometer ningún error ni tener ninguna confusión al respecto, tampoco necesita para esto los argumentos del intelecto ni la guía de los maestros, aunque es posible que su ciencia aumente.

Es decir, su conocimiento no es total ni abarca absolutamente todo, sino que siempre puede aumentar, porque solo la ciencia de Dios es omnímoda. Por eso el Profeta del Islam (PBd) ha dicho en su súplica: “¡Señor! ¡Aumenta mi ciencia!”5.

Explicación

En los campos de investigaciones concerniente al alma, ha sido confirmado que para cada ser humano en su vida haya momentos en los cuales pueda obtener la ciencia respecto a algunas cuestiones por intuición, lo que es una rama de la inspiración. Dios ha otorgado esta capacidad, la cual es diferente en cada ser humano, pues los individuos son diferentes.

En algunos es muy intensa y abundante, en otros es débil y escasa. Entonces, en dichos momentos, el hombre alcanza la sabiduría respecto a ciertas cosas sin que nadie lo encamine, sin reflexionar ni preparar introducciones o argumentos para ellas. Cada hombre encuentra esto en sí mismo en diversas ocasiones de su vida.

Como este asunto está establecido, el hombre puede entonces, a través de esta fuerza inspirada, llegar a los más altos y perfectos grados. Este es un tema que los filósofos antiguos y actuales o modernos han confirmado.

Por eso, nosotros decimos —y esto en sí mismo es posible— que esta fuerza de inspiración, la cual se llama fuerza santa en el Imam, se encuentra en su grado más alto. Así, el Imam, por la claridad de su alma santa, puede alcanzar y tomar las ciencias en cualquier momento y en todos los estados.

Así, cuando le presta atención y se dirige hacia algo queriendo conocerlo, puede saberlo inmediatamente por medio de esta fuerza santa inspirada, sin necesidad de preparar introducciones, ni de tomar a un maestro. La sabiduría y las enseñanzas brillan y son claras en su alma tal como las cosas visibles se ven y se manifiestan en un espejo nítido sin fallas ni imprecisiones.

Si leemos y estudiamos la historia de los Imames (P), este asunto nos quedará claro, tal como es el caso del Profeta Muhammad (PBd). Porque ellos no fueron educados por nadie ni estudiaron bajo ningún maestro desde su nacimiento hasta su edad adulta, ni siquiera para leer o escribir.

En la historia no figura en absoluto ni nadie ha transmitido nunca que ellos hayan ido alguna vez a una clase o hayan aprendido bajo un profesor algo. No obstante, vemos que ellos tienen una jerarquía en la ciencia, la sabiduría y las perfecciones que nadie puede igualar6.

Vemos también que ellos no han sido interrogados sobre alguna cuestión sin que respondieran en el mismo momento. Nunca pasó por sus lenguas la frase “yo no sé”7, ni postergaron una respuesta por tener que consultar los libros o por tener que meditar en el asunto, etc.8

Mientras que, por otro lado, cuando se escriben las biografías de los sabios, eruditos y tradicionalistas del Islam, se registra dónde fue educado, ante quién aprendió, de quién tomó la narración que transmite, quiénes fueron sus maestros conocidos, sobre qué asuntos y cuestiones se detuvieron o tuvieron dudas, etc. Y esto es un estado natural en todos los tiempos y todos los lugares.

Nuestra creencia acerca de obedecer a los Imames

Nosotros creemos que los Imames son las autoridades a las que Dios ha ordenado obedecer9.

Ellos son testigos sobre la gente10.

Ellos son las puertas de Dios, el camino hacia Él, los guías hacia Él, los tesoros de la ciencia de Dios y los que explican Su Revelación. Ellos son las bases de su Monoteísmo o Unidad Divina y son los tesoreros de su conocimiento. Por eso, como dice el Profeta (PBd):

“Ellos son guardianes repeledores de los demonios para la gente de la tierra, tal como las estrellas fugaces lo son para la gente del cielo”.

También ha dicho:
“Ciertamente el ejemplo de ellos en esta comunidad es como el del Arca de Noé: quien los aborda, se salva, y quien se les opone, resulta ahogado y perdido”.

Sobre ellos fue revelada la siguiente aleya:
«Son siervos dignos. Dejan que Él sea el primero en hablar y luego obran siguiendo Sus órdenes»
Corán: “Los profetas”; 21:26-27

Ellos son aquellos a quienes Dios ha librado de toda mancha, y ha purificado por completo11.

Nosotros creemos que sus órdenes son el mandato de Dios y sus prohibiciones son lo que Dios ha vedado; obedecerlos a ellos es obedecer a Dios y desobedecerlos es desobedecer a Dios; ser amigos de ellos es ser amigo de Dios y sus enemigos son enemigos de Dios.

No está permitido rebelarse contra ellos ni rechazarlos, porque ser rebeldes a ellos es como ser rebelde al Mensajero, y rebelarse contra el Mensajero es como rebelarse contra Dios Altísimo.

Por lo tanto, es necesario y obligatorio someterse a ellos, acatar sus mandatos y adoptar sus palabras poniéndolas en práctica.

Por eso es que decimos que los mandatos de la religión no piden bebidas sino de la fuente de su agua pura y saludable —es decir de la fuente del conocimiento de ellos—, y no es correcto tomarlos sino de ellos.

Ningún responsable quedará libre de su carga consultando a otros en lugar de ellos ni podrá quedar tranquilo por lo que hay entre él y Dios sobre el cumplimiento de los mandatos obligatorios excepto siguiendo el camino de ellos.

Porque ellos son el Arca de Noé: quien los aborda, se salva, y quien los rechace apartándose de ellos, resultará anegado en este mar confuso lleno de olas de ambigüedades, desvíos, pretensiones y litigios.

Nuestra intención al hablar sobre el tema del Imamato en esta época no consiste en afirmar que ellos son los sucesores legales y los merecedores de tener el poder y gobernar de parte de Dios. Este tema no es importante ahora, pues su momento ya pasó, y con afirmar esto no regresamos a la época de ellos para restituirle el derecho de gobernar que fue quitado de su gente.

Lo único importante para nosotros es lo que hemos mencionado sobre la obligación de consultarlos respecto a adoptar los mandatos religiosos de Dios y alcanzar lo que ha traído el Noble Mensajero de la manera exacta en que lo trajo.

Tomar los mandatos de los narradores y eruditos (muytahidin) que no bebieron de sus fuentes ni se alumbraron con su luz sin duda que está alejado del camino correcto y de la verdad.

Y en este caso, el responsable no puede quedarse tranquilo de saldar su deuda respecto a las obligaciones impuestas sobre él por parte de Dios. Es decir, no tiene la certeza y la seguridad de haber cumplido con su deber hacia Dios.

Porque la divergencia existente en las opiniones de los distintos grupos y doctrinas respecto a lo que corresponde a los mandatos religiosos es tal que no hay ninguna esperanza de resolverla o de lograr un consenso completo.

Así, el responsable no tiene la opción de elegir y consultar a cualquier doctrina o escuela que desee o cualquier opinión que escoja, sino que debe investigar y buscar hasta obtener y concretar la prueba cierta entre él y Dios Altísimo.

Luego debe seleccionar una doctrina definida con la cual tenga la certeza de poder alcanzar los mandatos divinos y así se libere de su responsabilidad respecto a los mandatos obligatorios.

Porque así como él tiene certeza de que existen mandatos obligatorios sobre él, también debe tener certeza de haber saldado su deuda. Pues, como dicen los sabios de Metodología de la Jurisprudencia Islámica (Usulul fiqh), la certeza sobre nuestra responsabilidad respecto a los mandatos conlleva la necesidad de obtener certeza sobre su cumplimiento total.

El argumento cierto indica que es necesario consultar con la Gente de la Casa del Profeta. Ellos son los principales consultorios después del Profeta respecto a los mandatos revelados. Al menos consideramos su palabra —con él sea la mejor de las paces—:

“Dejo entre vosotros aquello que si os aferráis a él, nunca os extraviaréis después de mí. Son dos cosas de gran valor (dos joyas preciosas o dos cosas de mucho peso): una es más grande que la otra. Son el Libro de Dios, que es una cuerda extendida entre el cielo y la tierra, y mi familia, la Gente de mi Casa. Sabed que ellos dos nunca se separarán hasta encontrarme en la Fuente (Al Haus, en el Día del Juicio Final)”.

Sobre esta tradición están de acuerdo tanto los sunitas como los shiítas. Luego, observando atentamente este dicho, uno puede encontrar aquello que lo complazca, cuya base y sentido lo asombre. ¡Qué amplio y elevado es el objetivo de la frase “si os aferráis a él nunca os extraviaréis después de mí”!

Entonces, lo que nos ha dejado el Profeta son dos joyas juntas o unidas, a las cuales hizo como una única cosa. Y no es suficiente aferrarse a una de ellas, sino que hay que aferrarse a ambas para no extraviarse nunca después de él.

¡Qué claro es el sentido de la frase “Ellos dos nunca se separarán hasta encontrarme en la Fuente”! Entonces, quien las separa y no se aferra a ambas a la vez no puede encontrar la Buena Dirección. Por eso ellos —la Gente de la Casa— han sido mencionados en los dichos del Profeta como “el Arca de la salvación de Noé” y “los guardianes de la gente de la tierra”.

Quien se aparta de ellos se ahoga en el abismo del extravío y no hay para él la seguridad de la aniquilación.

Interpretar y explicar estas palabras como referidas al amor a ellos y nada más, sin que sea necesario adoptar sus dichos ni seguir sus conductas, es escapar de la verdad. Y el principal factor de este escape no es sino el fanatismo y la negligencia en la correcta interpretación de una frase y unas palabras en árabe muy claras, directas y simples de entender.

Nuestra creencia sobre el amor a la Gente de la Casa

Dice Dios Altísimo:
«… Di: ‘No os pido remuneración alguna, excepto el amor a mis parientes’…»
Corán: “La consulta”; 42:23

Nosotros creemos que además de ser obligatorio aferrarse a la Gente de la Casa, también es obligatorio para todos los musulmanes hacer amistad con ellos, tomándolos como amigos. Porque Dios en la mencionada aleya ha puesto la amistad con la Gente de la Casa como la única retribución de los musulmanes hacia el Profeta.

Además, nos han llegado numerosas narraciones de parte del Profeta (PBd) diciendo que el amor a ellos es un signo de la fe y el odio hacia ellos es un signo de la hipocresía, así como que aquel que los ama, ama a Dios y a Su Mensajero, mientras que aquel que los odia, odia a Dios y a Su Mensajero.

Más aún: el amarlos es considerado como uno de los requisitos básicos de la religión islámica sobre el cual no se puede discutir ni tener dudas. Los musulmanes en general, de diversos grupos y opiniones, están de acuerdo sobre este tema, excepto un pequeño grupo que se han considerado como enemigos de la Gente de la Casa y se llamaban nauasib.

Ellos izaron la bandera de la enemistad con la familia de casa de Muhammad, y por eso se consideran como negadores de uno de los requisitos básicos del Islam confirmado como cierto.

Quien hace esto es como quien niega la oración o la caridad (zakat); y quien hace esto, es como quien niega la Profecía y la misión de Muhammad, aunque externamente declare y reconozca los dos testimonios de fe: testimoniar que Dios es Único y testimoniar que Muhammad es Su Mensajero.

Por eso, el odio hacia la Gente de la Casa es uno de los signos de la hipocresía, mientras que el amor a ellos es uno los signos de la fe. También es por eso que odiarlos a ellos es odiar a Dios y Su Mensajero.

No es posible que Dios Altísimo haya ordenado el amor a ellos porque son merecedores del amor y la amistad, debido a sus cercanías con Él —Glorificado sea— por la jerarquía de ellos ante Él y por su purificación, de la asociación, la desobediencia y de todas aquellas cosas alejadas de su generosidad y su complacencia.

Es imposible suponer que Dios obligue el amor hacia quien comete pecados o no lo obedece como corresponde. Porque para Él no hay parentesco ni privilegio alguno con nadie, y la gente delante de Él no son más que siervos creados de la misma manera y todos iguales. Solo el más noble ante Él es el más piadoso de ellos.

Por lo tanto, cuando Él hace obligatorio para la gente el amor hacia alguien, esta persona debe ser la más piadosa y la mejor de todas. De lo contrario, otro sería más digno que él de esa amistad, o bien Dios estaría prefiriendo a uno sobre otro en la obligación del amor en vano, sin que sea merecedor ni digno de esto, lo cual es absolutamente imposible para Dios.

Nuestra creencia sobre los Imames

Nosotros no creemos en nuestros Imames como los extremistas fanáticos: los gulát. Ellos creen que los Imames son dioses y no son creados. Hay varios grupos. Ni como los hululíiun, que dicen que el Espíritu de Dios ha encarnado en el cuerpo del Imam.

Dice Dios en su Sagrado Libro:
«… ¡Qué monstruosa palabra es la que sale de sus bocas!…»
Corán: “La caverna”; 18:5

Por el contrario, nosotros creemos que ellos son hombres como nosotros, y todo cuanto a nosotros incumbe, como las responsabilidades, los mandatos, los deberes y demás, a ellos también les caben.

Únicamente que ellos son siervos excelentes, purificados y honrados. Él los hizo de sus siervos selectos, exclusivos de su generosidad, y los acercó a su amistad, porque ellos poseían los más altos grados admisibles de la perfección de la humanidad, como la ciencia, la piedad, la valentía, la generosidad, la honestidad y todas las características buenas, las morales nobles y los atributos loables, a tal punto que ninguno de los seres humanos en este sentido se asemeja a ellos.

Por eso es que fueron merecedores de ser Imames, guías y consultorios luego del Profeta en todos aquellos que el hombre necesita de los mandatos, los juicios, las determinaciones y todo lo inherente a la religión como las explicaciones, las legislaciones y todo lo referente al Corán en cuanto a exégesis e interpretaciones.

Ha dicho el Imam Sadiq (P):

“Todo cuanto reciban de nosotros, cuando sea posible desde el punto de vista del intelecto y de las reglas de creación, no lo nieguen ni lo rechacen, aunque no lo comprendan ni capten ni lo sepan. Por el contrario, acéptenlo como una narración narrada de nosotros. Pero cuando el intelecto lo rechaza o se opone a las reglas naturales de la creación, entonces niéguenlo, rechácenlo, no lo acepten ni digan que es de parte nuestra”12.

Nuestra creencia sobre que Dios designa el Imam

Nosotros creemos que el grado del Imamato, como el de la Profecía, no se da sino a través de la designación de parte de Dios por medio de la lengua de Su Mensajero o la del Imam claramente designado cuando vaya a designar públicamente a su sucesor. En este tema no hay ninguna diferencia entre la Profecía y el Imamato.

En consecuencia, la gente no tiene ningún derecho a vetar a quien Dios ha designado como guía y conductor sobre todo el género humano, así como tampoco tienen derecho a designarlo ellos, ni a presentar un candidato, ni a elegir a nadie para este cargo.

Porque solo Dios conoce a la persona que posee la fuerza santa y que está preparada para cargar y soportar la dura responsabilidad del Imamato general y de guiar a toda la humanidad. Y solo Él debe designarlo.

Nosotros creemos que el Profeta (PBd) ha designado públicamente a su sucesor e Imam para la gente después de él, señalando a su primo paterno Ali ibn Abi Tálib como Emir de los Creyentes, fiel para la revelación e Imam para la gente en numerosos y diferentes lugares.

Lo designó y tomó el juramento de fidelidad para él como Comandante de los Creyentes en la jornada de Gadir en la peregrinación de la despedida del Profeta, pocos meses antes de su muerte, diciendo:

“Sabed que para quien yo sea su señor, entonces Ali es su señor. ¡Oh, Dios! Ama a quien lo ame y haz enemistad con quien le haga enemistad; ayuda a quien lo ayude y humilla a quien lo humille. Y haz que la verdad siempre lo acompañe”.

El primer lugar donde el Profeta lo designó como Imam fue cuando convocó a sus parientes cercanos, diciendo:

“Él es mi hermano, mi sucesor, mi representante luego de mí. Entonces, debéis escucharlo y obedecerlo”.

Y él en esa época, era un chico que aún no había llegado a la pubertad.

Muchas veces él dijo y repitió:

“Tú eres respecto a mí como Arón respecto a Moisés, excepto que no habrá profeta después de mí”.

Existen otras narraciones y aleyas que señalan con firmeza el liderazgo general para él, como la aleya:

«Solo son vuestros protectores Dios, Su Mensajero y los creyentes que observan la oración y pagan el azaque mientras están inclinados ante Dios»
Corán: “La mesa servida”; 5:55

Esto fue revelado sobre él cuando dio como limosna su anillo mientras estaba inclinado rezando.

En este libro no se pueden poner todas las aleyas y narraciones sobre este tema pues se haría demasiado extenso.

Luego él (P) designó públicamente a Hasan y a Husain como Imames; Husain designó a su hijo Ali Zainul Abidin como Imam; y así un Imam fue designado al siguiente hasta el último, de quien luego hablaremos: el Imam Mahdi.

Nuestra creencia sobre el número de los Imames

Nosotros creemos que los Imames a quienes en realidad les corresponde el atributo del líder y a quienes consultamos respecto a los mandatos religiosos, que han sido designados pública y claramente, son doce en total. El Profeta señaló y mencionó sus nombres, y luego cada Imam designó y nombró a sus sucesores. Ellos son:

1.º Ali ibn Abi Tálib —Abul Hasan - Al Murtada
Nació 23 años antes de la Hégira y murió el año 40 de la Hégira lunar.

2.º Hasan ibn Ali - Abu Muhammad - Al Sakií
Nació en el año 2 y murió en el año 50 de la Hégira lunar.

3.º Husain ibn Ali - Abu Abdillah - Sayyedush Shuhada
Nació en el año 3 y murió en el año 61 de la Hégira lunar.

4.º Ali ibn Al Husain - Abu Muhammad – Zainul Abidin
Nació en el año 38 y murió en el año 95 de la Hégira lunar.

5.º Muhammad ibn Ali - Abu Ya`far - Al Báqir
Nació en el año 57 y murió en el año 114 de la Hégira lunar.

6.º Ya`far ibn Muhammad - Abu Abdillah - As Sádiq
Nació en el año 83 y murió en el año 148 de la Hégira lunar.

7.º Musa ibn Ya`far - Abu Ibrahim - Al Kázim
Nació en el año 128 y murió en el año 183 de la Hégira lunar.

8.º Ali ibn Musa - Abul Hasan - Ar Rida
Nació en el año 148 y murió en el año 203 de la Hégira lunar.

9.º Muhammad ibn - Ali Abu Ya’far - Al Yauad
Nació en el año 195 y murió en el año 220 de la Hégira lunar.

10.º Ali ibn Muhammad - Abul Hasan - Al Hadi
Nació en el año 212 y murió en el año 254 de la Hégira lunar.

11.º Al Hasan ibn Ali - Abu Muhammad - Al Askari
Nació en el año 232 y murió en el año 260 de la Hégira lunar.

12.º Muhammad ibn Al Hasan - Abul Qásim - Al Mahdi
Nació en el año 256 de la Hégira lunar

Él es la evidencia de Dios en nuestra época. Está oculto esperado que Dios apresure su alivio y facilite su salida, para llenar la tierra de justicia y equidad después de haber estado colmada de injusticia y opresión.

Nuestra creencia sobre el Mahdi

Por cierto que la albricia sobre la manifestación del Mahdi, desde los hijos de Fatímah la hija menor del Profeta del Islam en el fin de los tiempos —para llenar la tierra de justicia y equidad después de haber estado colmada de injusticia y opresión— está confirmada por parte del Profeta (PBd) de manera reiterada, y todos los musulmanes, con la gran divergencia que tienen sus escuelas, anotaron esto entre lo que narraron de él.

Creer en Mahdi no es algo nuevo ni exclusivo del shiísmo, ni se trata de un consuelo para sí mismo respecto de tener que soportar a los opresores y a la opresión con lo que ellos dicen que finalmente aparecerá el Mahdi y purificará toda la tierra de la impureza de la opresión, tal como sostienen algunos de los intelectuales no equitativos.

Si no se hubiera afirmado la idea del Mahdi por medio del Profeta, de tal modo que la conocieran todos los musulmanes y también se hubiera asegurado en sus propias personas y creencias, no hubieran tenido poder para pretender ser el Mahdi durante los primero siglos, como los kisaníiah, los abbasitas y algunos alauitas entre otros, con el objeto de engañar a la gente aprovechando esta creencia entre ellos para obtener el gobierno y dominarlos.

Ellos usaron su pretendida mentira de ser el Mahdi como una herramienta para influenciar a la gente y ampliar su fuerza de ejecución sobre ellos.

Nosotros creemos que la religión islámica es correcta y es la última de las religiones divinas por lo que no esperamos otra religión que restaure los asuntos del género humano; y por otro lado, vemos que la injusticia se ha extendido por todo el mundo de tal manera que no existe lugar para la justicia ni corrección en ninguno de los países desarrollados, y que los musulmanes mismos han renunciado a su religión, sus mandatos y sus leyes, abandonándolos en todos los países islámicos, sin que se apliquen en forma responsable ni siquiera el uno por mil de los mandatos del Islam.

Con todo esto debemos esperar un alivio a través del regreso de la religión islámica a su fuerza original, con la aparición del Mahdi. Entonces, existirá la posibilidad y el poder para restaurar este mundo sumergido en el abismo de la injusticia y la corrupción.

Por otro lado, no es posible que el Islam regrese a su fuerza y dominio sobre todo el género humano mientras que entre los musulmanes, tanto en esta época como en las anteriores, exista tanta discrepancia sobre sus mandatos, sus leyes y pensamientos del Islam, mientras existan entre ellos innovaciones, alteraciones en sus leyes y extravíos en sus pretensiones.

En efecto, no es posible que la religión islámica regrese a su poder original excepto con la aparición de un gran restaurador que genere la unidad de los musulmanes, rechace de la religión la alteración de los charlatanes e invalide todas las innovaciones y desvíos que se le han agregado a ella por medio de la consideración y la voluntad señorial, y con el favor divino (es decir, a través de la ayuda de Dios).

Así, Él lo establecerá como conductor y guía, como poseedor de esta gran jerarquía, de la jefatura general y de un poder extraordinario, para llenar la tierra de justicia y equidad después de haber estado colmada de injusticia y opresión.

En resumen, nosotros decimos que la corrupción y la naturaleza de este estado opresivo, que han llegado a su fin entre la humanidad, —con la fe en la corrección de esta religión y en el hecho de que es la última de las religiones— exigen que esperemos a este restaurador (el Mahdi) para que salve este mundo del estado en que se encuentra.

Por eso, todos los grupos y doctrinas del Islam creen en él. Más aún: las comunidades no musulmanes también creen en él aunque lo llamen de distintas formas.

La distinción entre los imamitas y otros grupos es que los imamitas creen que este restaurador, el Mahdi, es una persona definida y conocida, la cual ha nacido en el año 256 de la Hégira lunar y aún vive. Él es hijo de al Hasan al Askarí (el onceavo Imam) y su nombre es Muhammad.

Esto es algo afirmado por parte del Profeta y la Gente de la Casa. Ellos prometieron su llegada. Existen numerosas narraciones sobre su nacimiento y su ocultamiento.

Además, no es posible que el Imamato se interrumpa. Este siempre debe estar sobre la tierra, aunque permanezca oculto hasta el día prometido por Dios en el cual se manifiesta la orden de Dios, cuya fecha es uno de los secretos divinos que nadie conoce excepto Él —Exaltado sea.

Obviamente su vida y su permanencia durante tanto tiempo es un milagro que Dios ha hecho para él. Pero no es un milagro mayor que el de su Imamato sobre la gente cuando tenía solo 5 años de edad, el día en que su padre falleció y fue al Paraíso. Tampoco es un milagro mayor que el de Jesús cuando le hablaba a la gente desde la cuna, siendo un bebé pequeño recién nacido, diciendo que había sido enviado y hecho surgir entre la gente como Profeta13.

Tener una vida más larga que natural —o lo que uno se imagina que es natural— no es algo imposible desde el punto de la ciencia médica. Pero la medicina aún no ha encontrado lo que prolongue la vida del ser humano. Pero Dios Altísimo es Todopoderoso y puede prolongar indefinidamente la vida de alguien.

Por ejemplo, la prolongación de la vida de Noé (P)14, y la existencia de Jesús (P)15, que ambos figuran en el Corán, y si alguien duda de lo que ha informado el Corán, entonces hay que despedirse del Islam y olvidarlo. Resulta extraño que a veces un musulmán que afirma ser creyente en el Corán, cuestione cómo puede ser posible esto.

Dentro de las cosas que es conveniente mencionar y que debemos recordar es que el sentido de la esperanza en este restaurador, rescatador y salvador (Mahdi) no implica que los musulmanes pongan sus manos sobre otras respecto a los asuntos pertenecientes a su religión y lo que es obligatorio para ellos, como la ayuda mutua, el combate en su camino, la puesta en práctica de sus mandatos, el exhortar el bien y vedar el mal, etc. dejando estas cosas en mano de otros.

Sino que el musulmán siempre es responsable de obrar y practicar de acuerdo con lo que fue revelado de los mandatos de la religión, esforzándose por conocerlos de manera correcta por medio de los caminos y recursos que lo hagan llegar a ellos como corresponde. Él debe realizar esto dentro de lo posible, según su capacidad, como ha dicho el Profeta:

“Todos vosotros sois pastores y todos vosotros sois responsables de vuestro rebaño”16.

Por lo tanto, no es lícito que el musulmán abandone sus tareas y obligaciones por esperar al restaurador Al Mahdi, albriciador y guía, pues esto no implica apartarse de las responsabilidades ni postergar la obra ni dejar a la gente como rebaño sin pastor.

Nuestra creencia en el ray`At (el retorno a la vida antes del Día del Juicio Final)

Los imamitas, siguiendo y tomando lo que ha llegado de la Gente de la Casa, creen que Dios Altísimo hará retornar a un grupo de los muertos a este mundo con el mismo aspecto que tenían antes de morir.

Luego, le dará gloria y poder a un sector de ellos y humillará al otro, tomando el derecho que tienen razón de los usurpadores que no la tienen, y recuperando para los oprimidos lo que le quitaron los opresores. Esto ocurrirá cuando el Mahdi de la familia de Muhammad se levante.

No retornarán sino aquellos que posean el más alto grado de la fe y el más alto grado de corrupción, y luego de un lapso de tiempo, volverán a morir para ir hacia la resurrección el Día del Juicio, donde cada uno recibirá lo que se merece de la recompensa o el castigo.

Dios en su libro, el Corán, describe el deseo de quienes retornaron al mundo y no sean corregidos con el retorno, obteniendo así el castigo divino. Ellos quieren volver por tercera vez y quizás así se corrijan.

«Dirán: ‘¡Señor! Nos has hecho morir dos veces y vivir otras dos veces. Reconocemos, pues nuestros pecados. Habrá algún medio para salir de aquí?’»
Corán: “El creyente”; 40:11

En efecto: el tema del Retorno al mundo figura en el Sagrado Corán. Además existen muchas narraciones e informes de la Gente de la Casa al respecto.

Todos los imamitas creen en esto, excepto algunos que interpretan de otra manera lo que reza sobre el Retorno, diciendo que su sentido es el retorno del poder, el gobierno, la orden y la prohibición hacia la Gente de la Casa a través de la aparición del Mahdi, sin que retornen los cuerpos de las personas ni revivan los muertos.

Los sunitas rechazan el tema del Retorno y consideran que es de las creencias abominables, que se oponen al Islam. Los autores de entre ellos que estudian las biografías de los tradicionalistas (los que transmiten “hadices” dichos) consideran que la creencia en el Retorno es un signo para rechazar y no confiar en el informador, considerando sus dichos y narraciones como inválidas por esta creencia.

Ellos consideran esto como una incredulidad, una asociación o algo aún peor. Esta creencia es una de las más grandes armas usadas contra los shiítas imamitas con la cual difaman contra ellos.

Pero sin duda que este tipo de exageración que algunos grupos de musulmanes toman como instrumento, carece de base y es un desvío que sirve para la difamación y la calumnia recíproca. No obstante, en realidad no es posible captar lo que se pretende con esta maniobra, porque creer en el retorno no afecta ni perjudica a la creencia en la Unidad Divina ni a la de la Profecía como para tratar de incrédulo y asociador a quien cree en él.

Por el contrario, la creencia en el Retorno confirma y sostiene la corrección de ambas creencias. Porque el Retorno es una muestra que señala el poder absoluto de Dios Altísimo para cosas como la Resurrección. Y esto es uno de los asuntos extraordinarios que sirve como un milagro a favor de nuestro Profeta Muhammad (PBd) y su familia (P).

Se trata del mismo milagro que realizó Jesús (P), pero aún más completo, pues tendrá lugar cuando los muertos ya se hayan convertido en polvo, mientras que Jesús revivió a personas recién fallecidas.

«Dice: ‘¿Quién dará vida a los huesos cuando estén podridos totalmente cariados y pulverizados?’ Di: ‘Les dará vida Aquel que los creó por primera vez cuando ni siquiera eran el polvo de los huesos. Él conoce perfectamente a toda la creación»
Corán: “Ya Sin”; 36:78-79

En cuanto a quienes difaman sobre el Retorno por considerarlo como reencarnación incorrectamente, ellos no han hecho distinción entre los sentidos de reencarnación, resurrección y retorno considerándolos como lo mismo.

Pero “reencarnación” es la transmisión del alma de un cuerpo a otro separado del primero, mientras que “resurrección” no es así, sino que implica el retorno del alma al mismo cuerpo con las mismas características que tenía. Y así es el “retorno” al mundo.

Si el Retorno es como la reencarnación, entonces la revivificación de los muertos que hizo Jesús (P) es reencarnación, y la vuelta a la vida y a los cuerpos en el Día del Juicio es reencarnación.

En consecuencia, no se puede disputar sobre el Retorno sino bajo dos aspectos:

A. Que es algo imposible que suceda.

B. Que las narraciones sobre este tema son falsas. Supongamos que estos dos aspectos son válidos. Aún así, la creencia en este tema no llega a ser algo tan aberrante como para tomarlo como un instrumento contra los shiítas y hacer de él una base para la enemistad con ellos.

Porque cuántas creencias hay en los otros grupos de musulmanes que son cuestiones imposibles y sobre las cuales no hay ninguna declaración correcta ni siquiera una palabra del Profeta entre los dichos.

Sin embargo, ellas no conllevan la incredulidad ni son factores que aparten del Islam a quienes las sostienen. Por ejemplo, la creencia de que el Profeta puede olvidarse o ser negligente en alguna cuestión o desobedecer; la creencia en que el Corán es un libro increado que no tuvo un origen sino que ha existido por siempre o la creencia de que el Profeta no ha designado a ningún sucesor después de él.

Pero por otro lado, estos dos aspectos son incuestionables. En cuanto a que el retorno es imposible, ya hemos dicho que es un tipo de resurrección al mismo cuerpo, con la diferencia que es en este mundo y por un tiempo limitado.

Luego, la misma prueba que determina la posibilidad de la resurrección se aplica al retorno al mundo. No se trata de algo insólito o sumamente extraño. Solo que no es conocido para nosotros.

A lo largo de nuestra existencia en el mundo nunca contactamos ni intimamos con algo así, y no conocemos los factores ni los obstáculos que nos acercan o nos alejan de la creencia en este tema. Para la imaginación del ser humano, no es fácil aceptar la creencia en algo con lo cual no intima. Esto es como quien se extraña de la resurrección diciendo: “¿Quién dará vida a los huesos cuando estén podridos?”.

A él se le debe responder:

«Di: ‘Les dará vida Aquel que los creó por primera vez cuando ni siquiera eran el polvo de los huesos. Él conoce perfectamente a toda la creación»
Corán: “Ya Sin”; 36:78-79

En efecto: en cuestiones como la del Retorno, el intelecto carece de argumentos como para afirmarlo y rechazarlo. Y si concluimos que no tenemos ninguna prueba sobre él, entonces debemos someternos a las declaraciones de la religión que son la fuente de la Revelación Divina. En el Corán reza este tema y existen aleyas que confirman el retorno a este mundo de algunos muertos, como el milagro de Jesús (P) de dar vida a los muertos:

«… Curaré al ciego de nacimiento y al leproso, y daré vida a los muertos con el permiso de Dios…»
Corán: “La familia de Imran”; 3:49

Y su dicho, Exaltado sea:

«… ‘¿Cómo hará Dios para resucitarlos después de la muerte?’ y en mismo momento Dios lo hizo morir, dejándolo así durante cien años. Luego lo resucitó…»
Corán: “La vaca”; 2:259

Y la aleya antes mencionada:

«Dirán: ‘¡Señor! Nos has hecho morir dos veces…»
Corán: “El creyente”; 40:11

Por cierto que el sentido correcto de esta aleya es el retorno al mundo después de la muerte. Lo que algunos exégetas han armado para interpretarla de otra manera es algo que no calma la sed del sediento ni coincide con el sentido de la aleya.

En cuanto a la segunda objeción sobre que los dichos y narraciones sobre este tema son falsos, es una pretensión sin prueba. Porque el Retorno es uno de los temas axiomáticos de parte de los Imames de la Gente de la Casa a través de muchas narraciones que lo confirman.

Después de lo que hemos aclarado sobre este tema, ¿no resulta extraño que un famoso escritor entre los sunitas que pretende tener conocimiento como Ahmad Amín, en su libro Fayrul Islam diga:

“El judaísmo se ha manifestado en la doctrina shiíta con la creencia en el retorno”?

Yo digo, acorde a sus pretensiones, ¿acaso el judaísmo se ha manifestado en el Corán a través del Retorno, como es mencionado en las aleyas antes expuestas?
Y agregó lo siguiente:

“Lo cierto es que inevitablemente muchas de las creencias del judaísmo y del cristianismo han aparecido en las creencias y mandatos del Islam. Porque el noble Profeta vino a confirmar las religiones celestiales anteriores, aunque ha abrogado algunos de sus mandatos”.

Entonces si suponemos que el Retorno es del judaísmo, como pretende dicho escritor podemos alegar que la manifestación de cuestiones del judaísmo o del cristianismo dentro de las creencias islámicas no implica un defecto en el Islam.

De cualquier modo, el Retorno no es de las bases de la religión cuya creencia y observancia es obligatoria. Nuestra creencia solo surge del seguimiento de lo que nos ha llegado de los Imames de la Gente de la Casa (P) y es auténtico en lo cual confiamos, transmitido por aquellos que, según nuestra creencia, están libres de toda mentira y son infalibles al respecto.

Y este es de los asuntos ocultos que ellos nos notificaron. Además, su aparición y ocurrimiento no es algo imposible. Entonces no tenemos ninguna objeción en este tema.

Nuestra creencia sobre el disimulo (taquíiah)

Se ha transmitido del Imam Sadiq (P) en una narración confiable que ha dicho:

“Ocultar la fe y la creencia en la verdad es mi conducta y la conducta de mis ancestros”17.

También ha dicho:

“Quien no oculta su fe no tiene religión o modo de vida: Din”18.

Este es un lema de la Gente de la Casa (P) con el cual han rechazado el perjuicio de sí mismos y de sus seguidores preservando sus sangres, buscando el beneficio y la corrección de la situación de los musulmanes, unificando sus palabras y arreglando sus caóticas posiciones.

El ocultamiento de la fe es un signo distintivo y una costumbre con la cual los imamitas siempre se han dado a conocer entre los demás grupos de musulmanes lo cual es algo lógico.

Porque cuando el hombre percibe un peligro contra sí mismo o sus bienes materiales por difundir y divulgar sus creencias, inevitablemente debe ocultarlas y apartarse de los lugares peligrosos. Este es un asunto que es exigido por la naturaleza del intelecto es decir, es algo natural.

Es evidente que los imamitas y sus Imames a lo largo de la historia y durante las distintas épocas, tuvieron que atravesar por diversas calamidades y adversidades que atentaron contra sus libertades tanto y de tal modo que ningún otro grupo o comunidad ha sufrido así.

Debido a esto, ellos tenían que aplicar la taquíiah en varias circunstancias y en diferentes lugares necesarios, ocultando sus creencias de sus oponentes, dejando de manifestar su fe y escondiendo los pensamientos y acciones exclusivas de ellos, las cuales de ser expuestas, dejarían a la persona en evidencia sobre la escuela a la que pertenecían. Esto lo hacían para preservarse y cuidarse de los daños y perjuicios espirituales y materiales (lo que pertenece a la religión y a la vida de aquí). Por eso, tomaron ventaja por medio de taquíiah y fueron conocidos de otros grupos islámicos.

Existen mandatos para la taquíiah en lo referente a su obligación y su prohibición, de acuerdo a las circunstancias y al perjuicio temido, los cuales se hallan anotados y explicados en los libros de los eruditos.

Esta no es obligatoria en todos los estados, sino que a veces es permitido pudiendo ser meritoria, optativa o detestable, mientras que otras veces es obligatorio no ocultar la fe, por ejemplo, para ayudar a la religión, dar servicio al Islam y combatir en su camino y corresponde manifestar y declarar abiertamente la verdad.

Porque en tales situaciones y circunstancias no puede darse prioridad a los bienes materiales ni a las almas, ya que en estos casos los bienes materiales deben gastarse en el camino de Dios y las almas deben sacrificarse por su causa.

En otras ocasiones, la taquíiah es ilícita. Por ejemplo, cuando las obras producen el asesinato de gente respetable, es decir del creyente, o la circulación de la falsedad o la corrupción de la religión, o el extravío de los musulmanes, lo cual es un perjuicio y una pérdida completa, o la extensión de la injusticia y la corrupción entre ellos.

En todos los casos, la taquíiah no es para hacer de los imamitas un grupo secreto con el fin de destruir y arruinar al Islam, como piensan y conjeturan con respecto de la taquíiah algunos de sus enemigos que no pueden comprender bien los asuntos como corresponde, ni se esfuerzan por entender las opiniones correctas que ante nosotros existen sobre este tema.

Tampoco es el sentido de la taquíiah hacer de la religión y sus mandatos un secreto tal que no transmitamos sino a quienes creen en ella, pues los libros de los shiítas y sus autores de jurisprudencia, mandatos, teología y otros asuntos de las creencias, han llegado a todos los lugares y se encuentran a la vista de todos lo cual es algo esperado de comunidad responsable de su religión.

En efecto, nuestra creencia sobre el disimulo ha motivado a nuestros enemigos a emplearlo como una herramienta para difamar y calumniar a los imamitas de tal modo que pareciera que el rayo del fuego de sus odios y enemistad contra ellos no se apagaría hasta que fuesen completamente exterminados por las espadas en aquellas épocas, las épocas de los omeyas y los abbásidas.

Era suficiente acusar a una persona de ser shiíta para que su sangre fuese derramada a través de los enemigos de la Gente de la Casa, es decir los omeyas, abbásidas y uzmanitas. La intención de ellos era que los shiítas abandonen el disimulo para poder exterminarlos totalmente, por eso los difamaban con este asunto.

Si la crítica de quien pretende difamar a los shiítas se basa y depende de la suposición de que la taquíiah no es lícita por parte de la religión, entonces nosotros le decimos:

En primer lugar, somos seguidores de nuestros Imames (P) y marchamos en el rumbo de la buena dirección de ellos. Ellos nos ordenaron esto y lo hicieron obligatorio para nosotros cuando era necesario. Y esto, ente ellos, es parte de la religión, tal como se ha escuchado el dicho de Imam Sadiq (P):

“Quien no oculta su fe no tiene religión o modo de vida: Din”.

En segundo lugar, su licitad y legalidad reza en el mismo Corán:
«… Salvo quien sufra coacción mientras su corazón permanece tranquilo en la fe…»
Corán: “Las abejas”; 16:106

Esta aleya fue revelada sobre Ammar ibn Iaser, quien por temor a los enemigos del Islam declaró su incredulidad.

También tenemos su dicho, Exaltado sea:
«… Excepto que tengáis algo que temer de ellos…»
Corán: “La familia de Imran”; 3:28

Y su dicho:
«Un hombre creyente de la familia de Faraón que ocultaba su fe…»
Corán: “El creyente”; 40:28

  • 1. Al Kafi, tomo I, pág. 337.
  • 2. Dice Dios en su Sagrado Libro:
    «Si no le ayudáis al Mensajero, Dios ya le secundó cuando los incrédulos le expulsaron de la Meca y era uno de los dos, y cuando ambos estaban en la cueva, dijo a su compañero: ‘¡No estés triste! ¡Porque Dios está con nosotros! Dios hizo descender sobre él y le reforzó con un ejército que no pudisteis ver, anuló la palabra el objetivo de los infieles y exaltó su palabra y Su religión; porque Dios es Todopoderoso, Prudente»
    Corán: “El arrepentimiento”; 9:40
  • 3. La quebrada de Abi Tálib es un lugar donde entraron los hijos de Hashim y ‘Abdul Muttalib —excepto Abi Lahab—, fueron bloqueados por los quraishitas y se quedaron en ella hasta el año 10 de la Misión Profética.

    Este duro bloqueo duró tres o dos años. Y en ellos las dificultades que los musulmanes debieron soportar llegaron a su punto álgido. El llanto desgarrador de los niños llegaba a los oídos de los quraishitas pero sin tener influencia sobre ellos en lo más mínimo. Habían días en que ellos se alimentaban solo con un dátil o incluso con la mitad del mismo.

    En este tiempo los musulmanes aprovechaban de los bienes materiales de Jadiyah y Abi Tálib hasta ser gastados. Solo podían dejar la quebrada durante los tiempos de ‘Umrah (la peregrinación menor en el mes de Rayab) y Hayy (la peregrinación mayor). En resumen, en los meses prohibidos para la guerra que eran cuatro en el año.

    Los espías de los quraishitas vigilaban todos los caminos para que nadie proveyera de alimentos a ellos. A pesar de su rígido control Ali (P) a veces salía en secreto y les llevaba alimentos.

  • 4. El argumento sobre la infalibilidad de los profetas se aplica también al Imam, porque él también es designado por Dios Altísimo para encaminar al ser humano, como sucesor del Profeta.

    El argumento respecto a la infalibilidad de ellos es que si se permite que el Imam desobedezca, cometa errores, se olvide o surjan de él estas cosas reprobables, entonces existen dos alternativas: o es obligatorio seguirlo e imitarlo en las obras que haya hecho como la desobediencia o el error, o no es necesario hacerlo. Si es obligatorio seguirlo, entonces admitimos que está permitido realizar desobediencia y demás pecados con la autorización misma de Dios Altísimo y aún más: que esto es algo obligatorio, lo cual resulta algo inválido y carente de base, según la opinión del intelecto y la religión. Si no es necesario seguirlo, en primer lugar, esto se opone al liderazgo, el cual debe presentarse junto con la obligación de obedecer en todo momento; por otro lado, si es posible que hayan desobediencias y errores en lo que él hace o dice, y no es obligatorio seguirlo en nada, entonces desaparece el objetivo y el beneficio del liderazgo. Más aún: el Imam sería como cualquier persona, y en consecuencia no habría ningún valor elevado en sus palabras y sus obras como para que la gente lo apoye y confíe siempre en él. Así tampoco sería necesario la obediencia de sus órdenes ni habría una confianza plena y absoluta en sus dichos y sus acciones.

  • 5. Dice Dios en Su Noble Libro:
    «… Di: ¡Señor! ¡Aumenta mi ciencia!»
    Corán: “Ta Ha”; 20:114
  • 6. Del Imam Amirul Mu’minin ‘Ali (P), quien dijo (Al Kafi, tomo I, pág. 239):
    “El Mensajero de Dios (PBd) me ha enseñado mil puertas del conocimiento, cada una de las cuales abre otras mil puertas, entonces, me enseñó miles y miles puertas, hasta que aprendí todas las cosas anteriores y posteriores hasta el Día del Juicio Final y aprendí la ciencia de los destinos, las pruebas y la entrada en materia”.

    Y dijo (P) (Nahyul Balágah, discurso 175):
    “… ¡Por Dios!, si quisiera podría decir a cada uno de vosotros cómo comenzó su vida y cómo va a terminarla, de dónde viene y a dónde irá y cómo pasa sus días. Pero yo no hago esto para que no vayan ellos a considerarme superior al Mensajero de Dios (PBd), pero yo se los diré a aquellos de mis fieles seguidores acerca de los cuales no tengo temor de que vayan a convertirse en apóstatas.

    Juro por Aquel que lo ha enviado con la verdad y lo ha escogido por encima de toda la criatura, que estoy diciendo la verdad. Él (el Mensajero) me ha legado todo esto. Por eso, yo sé el lugar de quién se condenará y de quién logrará la salvación. Yo conozco el destino de este Califato. Él (PBd) me ha comunicado y ha vaciado en mis oídos todo lo que tengo en mi mente y pasa por mi cabeza…”.

  • 7. Del Imam Sádiq (P), quien dijo (Al Kafi, tomo I, pág. 177):
    “Dios no permite a su evidencia decir: ‘yo no sé’ cundo se le pregunta acerca de un asunto”.
  • 8. Del Imam Amirul Mu’minin ‘Ali (P), quien dijo (Nahyul Balágah, discurso 184):
    “¡Oh, gente!, preguntadme lo que queráis antes de que me perdáis (antes que yo muera) porque ciertamente yo conozco más acerca del cielo que de la tierra…”.
  • 9. Dice Dios Altísimo en Su Sagrado Libro:
    «¡Oh, creyentes! ¡Obedeced a Dios, a Su Enviado y a aquellos de vosotros que detentan la autoridad…»
    Corán: “Las mujeres”; 4:59
  • 10. Dice Dios —Exaltado sea—:
    «De este modo, os hemos hecho una comunidad moderada tal como vuestra orientación es moderada, a fin de que seáis testigos de los hombres…»
    Corán: “La vaca”; 2:143

    El Imam Sádiq (P) ha dicho (Al Kafi, tomo I, pág. 146):
    “Nosotros, la Gente de la Casa, somos la comunidad moderada y nosotros somos testigos de Dios ante Su creación”.

  • 11. Dice Dios Altísimo:
    «… Dios solo desea alejar de vosotros toda impureza, ¡oh, Gente de la Casa!, y purificaros totalmente»
    Corán: “La coalición”; 33:33
  • 12. Basáirud-Darayát, pág. 92.
  • 13. Dice Dios Altísimo en Su Noble Libro:
    «‘¡Oh, hermano de Aarón! Tu padre no era un hombre malo ni tu madre una ramera’. Entonces ella se lo indicó. Ellos dijeron: ‘¿Cómo vamos a hablar con alguien que aún está en la cuna, que es un niño?’. Él les dijo: ‘Soy el siervo de Dios. Él me ha dado el Libro y me ha designado Profeta».
    Corán: “María”; 19:28-30
  • 14. Dice Dios Altísimo:
    «Enviamos a Noé hacia su gente y permaneció junto con ella mil años a los que se le resta cincuenta. Luego, el diluvio los sorprendió en su iniquidad».
    Corán: “La araña”; 29:14
  • 15. Dice Dios Altísimo:
    «Por haber dicho: ‘Ciertamente matamos a Mesías, Jesús hijo de María, el Mensajero de Dios’, mientras que no lo mataron ni lo crucificaron, sino que les pareció que fue así. Quienes discrepan sobre él y no siguen más que conjetura. Pero en realidad no lo mataron sino que Dios lo elevó hacia Sí. Dios es Poderoso, Prudente».
    Corán: “Las mujeres”; 4:157-158
  • 16. Yámi’ul Ajbár, pág. 327.
  • 17. Al Kafi, tomo II, pág. 174.
  • 18. Al Kafi, tomo II, pág. 172.