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El Imam Al-Hâdî (a.s.)

El Imam ‘Alî Al-Hâdî (a.s.) fue un reflejo del espíritu de su abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.) en lo concerniente a su sublime moral y la elevación del sí mismo; y como su abuelo Amîr Al-Mu’minîn (a.s.) en las tragedias y tristezas que le tocó vivir, puesto que el Faraón de su tiempo, el tirano abasí Al-Mutawakkil, le hizo probar todo tipo de aflicciones y reveses. Le impuso la permanencia forzada en Samarra y el boicot económico, y cada tanto le confinaba entre las rejas de la cárcel. Privó a los sabios y a los jurisconsultos de empaparse de sus cabales conocimientos y de aprovecharse de sus facultades y genialidad.

Seguidamente exponemos una reseña de breves sentencias transmitidas de él (a.s.) sobre las más elevadas virtudes, y luego expondremos algunos ejemplos de sus más elevadas virtudes:

Las más elevadas virtudes

1- La tolerancia

El Imam (a.s.) se refirió a la realidad de la tolerancia, a sus componentes esenciales y a su importancia mediante las siguientes valiosas palabras. Dijo (a.s.):

“La tolerancia es que tengas control sobre ti mismo y contengas tu enojo a pesar de tener el poder para desplegarlo”.1

La realidad de la tolerancia es que el ser humano se domine a sí mismo y a sus nervios y que no se deje someter por lo que provoca la ira.

2- Lo bueno

Dijo (a.s.): “Mejor que lo bueno es quien lo realiza; más bello que lo bello es quien lo expresa; y más preferible que el conocimiento es quien lo pone en práctica”.2

Éstas son elocuentes palabras, y en las mismas se menciona a tres personas:

1. A quien realiza lo bueno: le considera con un valor superior al del bien mismo.

2. Al que pronuncia lo bello: es más bello que lo bello a causa de que se dirige a la gente con el bien.

3. A quien pone en práctica su conocimiento: es preferible al conocimiento mismo, puesto que el conocimiento se procura para depurar el alma y si la persona actúa en base a su conocimiento ha resguardado ese conocimiento y ha cumplido con el sentido que contiene, siendo por eso mejor que el mismo conocimiento.

3- Un consejo del Imam (a.s.) a Al-Mutawakkil

El Imam Al-Hâdî (a.s.) aconsejó a Al-Mutawakkil con las siguientes valiosas palabras. Dijo (a.s.):

“No esperes estima de quien has molestado, ni lealtad de quien has traicionado, ni consejos de quien has apartado por pensar mal de él, puesto que el corazón del otro con relación a ti es como el tuyo con relación a él”.3

¡Qué sorprendente son estas doradas palabras que rebozan de distinguidos valores! En las mismas el Imam le previno al abasí Al-Mutawakkil de requerir el aprecio y el afecto de aquellos a quienes hubiera molestado, de pretender la fidelidad de aquellos a quienes hubiera traicionado, y asimismo de pedir consejo a aquellos de quienes él pensaba mal y desconfiaba, puesto que en su fuero interno y en el fondo de sus corazones todos éstos son sus adversarios y enemigos.

4- La vida mundanal es un mercado

Dijo (a.s.): “La vida mundanal es un mercado en el que un grupo gana y otros pierden”.4

La vida mundanal es un mercado para los timoratos y virtuosos a causa de las buenas acciones que les aproximan a Dios; asimismo es un mercado para los disolutos a causa de los actos pecaminosos que perpetran. De esa manera es un mercado para las dos partes.

Los vicios morales

1- El mal carácter

Dijo (a.s.): “La peor de las desgracias es el mal carácter”.5

Una de las peores desgracias con la que es afectado el ser humano es el mal carácter, puesto que le ocasiona muchos problemas y le arroja en un mal inmenso.

2- La adulación

Dijo (a.s.): “Mucha adulación atenta contra la perspicacia. Si con relación a tu hermano ocupas un lugar de confianza, deja de lado la lisonja optando por la buena intención”.6

El Imam (a.s.) aborrecía la adulación, puesto que la misma pone de manifiesto la debilidad de la personalidad al contener subordinación y humillación, en tanto que la persona noble debe tener dignidad en todos los órdenes de la vida.

3- La mezquindad y la codicia

Dijo (a.s.): “La mezquindad es la más denigrante de las conductas y la codicia es una peculiaridad nefasta”.7

El Imam (a.s.) previno de la mezquindad puesto que forma parte de los atributos malignos y reprobables. Asimismo previno sobre la codicia puesto que le trae al ser humano mucho agobio y dificultades.

4- La envidia y la petulancia

Dijo (a.s.): “La envidia borra las buenas acciones y la petulancia atrae el aborrecimiento”.8

El Imam (a.s.) advirtió respecto a la envidia por el pecado que contiene, puesto que, como se menciona en los hadices, consume las buenas acciones como el fuego lo hace con la leña seca. Asimismo el Imam (a.s.) advirtió acerca de la petulancia puesto que es una de las formas de la arrogancia y la soberbia, las cuales provocan el aborrecimiento hacia aquel que se inviste de las mismas.

5- La vanidad

Dijo (a.s.): “La vanidad impide requerir el conocimiento, e impele a marchar errante en medio de la ignorancia”.9

Que la persona sea engreída y se maraville de sí misma le aleja del hecho de procurar el conocimiento y depurar el alma, al tiempo que le arroja en los viles laberintos de la ignorancia.

6- Mezclarse con malvados

Dijo (a.s.): “Mezclarse con malvados indica el mal de quien lo hace”.10

Al juntarse con personas malvadas solo se obtiene maldad e ignorancia y eso es indicio de la maldad de aquel que se vincula a ellos, puesto que si fuera una persona noble se apartaría de los mismos.

Dijo (a.s.): “La burla es la diversión de los necios y la habilidad de los ignorantes”.11

Burlarse de las personas y mofarse de ellas conforma la mercancía de los ignorantes y la diversión de los necios que no tienen mercancía alguna.

7- Las inclinaciones corruptas

Dijo (a.s.): “No hay nada que produzca buen efecto en las inclinaciones corruptas”.12

A los afectados con inclinaciones corruptas y a los de comportamiento desviado no hay remedio que les beneficie, ni tratamiento que corrija sus inclinaciones.

8- La ignorancia y la avaricia

Dijo (a.s.): “La ignorancia y la avaricia son las conductas morales más reprobables”.13

Entre los peores vicios morales se encuentran la ignorancia y la avaricia, puesto que las mismas apartan al ser humano de los atributos sublimes y las virtudes de perfección.

Con estos breves extractos de los hadices del Imam (a.s.), los cuales son luz e inspiración, concluimos nuestras palabras sobre lo transmitido de él (a.s.) con relación a las más elevadas virtudes morales y los mejores atributos, y a las peores y más viles conductas. A continuación exponemos sus más elevadas virtudes morales, las cuales son una continuación esencial de las pautas de moral de sus grandes padres, la paz de Dios sea con ellos.

Sus más elevadas virtudes

En cuanto a las más elevadas virtudes morales del Imam Al-Hâdî (a.s.), éstas son una brillante continuación de las pautas de moral de sus padres, los puros Imames (a.s.), quienes erigieron el edificio de las virtudes en el mundo del Islam y se despojaron de cualquier tipo de egoísmo y de cualquier inclinación material.

El Imam Al-Hâdî (a.s.) era un mundo de virtudes y ninguno de sus contemporáneos se le aproximaba en sus sublimes pautas de moral y educación. Las siguientes son reseñas de sus desbordantes virtudes:

1- Honrar a los sabios

El Imam Al-Hâdî (a.s.) solía mostrar gran consideración por los sabios y los honraba, puesto que ellos son fuentes de luz y lucidez en el Islam. Cierta vez honró a uno de los sabios de la Shî‘ah porque le llegó la información de que éste había discutido con un Nâsibî14 y con sus argumentos le había tapado la boca, y eso le alegró. Después de ello ese sabio fue a ver al Imam (a.s.), quien le recibió jubilosamente y con gran consideración. La reunión se encontraba repleta de seîied15 ‘alawíes y abasíes, y le hizo sentar en un sitio de honor en tanto comenzó a hablarle y a preguntarle hospitalariamente por su estado. Eso incomodó a los seîied presentes quienes se dirigieron al Imam (a.s.) y le dijeron con vehemencia:

- “¿Cómo le antepones a los seîied hashemíes?”

El Imam (a.s.) les respondió con benevolencia diciendo:

- ¡Guardaos de ser de aquellos sobre quienes Dios, Glorificado Sea, dice: «¿Acaso no ves a aquellos a quienes dimos una parte de la Escritura que invocan hacia el Libro de Dios para que juzgue entre ellos, pero luego un grupo de ellos vuelve la espalda rechazando?».16 ¿Acaso aceptareis al Libro de Dios como árbitro?”

Raudamente todos dijeron al unísono:

- “¡Claro que sí, oh hijo del Mensajero de Dios!”

El Imam (a.s.) comenzó a exponerles la necesidad de honrar y anteponer al sabio de una manera cabal que no deja excusa, diciendo:

“¿Acaso Dios, Glorificado Sea, no dijo: «¡Oh creyentes! Cuando se os diga: “¡Haced sitio en las reuniones!”, hacedlo así de manera que Dios os haga (también) sitio a vosotros. Y cuando se os diga: “¡Levantaos!”, hacedlo. Dios eleva en categoría a aquellos de vosotros que creen y a quienes le fue dada la ciencia»?17. Así, Dios no se complace para el sabio creyente sino que sea elevado por sobre el creyente que no es sabio. Asimismo, Dios no se complace para el creyente sino que sea elevado por sobre el que no es creyente. Informadme acerca de las Palabras de Dios, Glorificado Sea, que dicen: «Dios eleva en categoría a aquellos de vosotros que creen y a quienes les fue dada la ciencia». ¿Acaso dijo “eleva en categoría a aquellos a quienes les fue dado el linaje”? ¿Acaso no dice también: «Di: “¿Acaso se equiparan aquellos que saben con aquellos que no saben?”»?18

¿Cómo es que rechazáis que eleve a quien Dios, Glorificado Sea, elevó? Por cierto que el que éste haya doblegado a fulano el Nâsibî mediante los argumentos de Dios, Glorificado Sea, que le hubo enseñado, conforma mayor nobleza que cualquier nobleza y linaje”.

Los presentes enmudecieron, puesto que el Imam (a.s.) les respondió de una manera que no deja excusa y con la fuerza de la demostración.19

2- Su advertencia respecto a las reuniones de muchos que alegan ser sufíes

El Imam (a.s.) previno respecto a relacionarse con muchos que alegan ser sufíes puesto que se encuentran desviados de la verdad y no hay fe entre ellos. Narró Muhammad Ibn Al-Husain Ibn Abîl Jattâb lo siguiente: Me encontraba junto a Abûl Hasan Al-Hâdî (a.,s,) en la Mezquita del Profeta (s.a.w.), y he ahí que llegó un grupo de sus compañeros entre los que se encontraba Abû Hâshim Al-Ÿa‘farî, quien era una persona virtuosa y contaba con la estima del Imam (a.s.). Seguíamos en la Mezquita cuando ingresó un grupo de personas que alegaban ser sufíes, quienes se sentaron en un rincón de la Mezquita y comenzaron a realizar recuerdos de Dios consistentes en repetir de manera intermitente las frases “No hay divinidad más que Dios” y “Dios es el Más Grande”. El Imam (a.s.) les dijo a sus compañeros:

“No prestéis atención a esos embusteros, puesto que son aliados de los demonios; destruyen las normas de la religión; se muestran desprendidos de lo mundano para mantener cómodos sus cuerpos; se muestran devotos para obtener beneficios; pasan hambre toda una vida para (finalmente) humillarse y abalanzarse hacia lo que les indigesta; no pronuncian los recuerdos de Dios consistentes en declarar la sola divinidad de Dios y engrandecerle sino para engatusar a la gente; solo reducen su alimentación para mantener sus vasijas llenas y acceder al corazón del mentecato; le dicen a la gente que están llenos de amor en tanto que terminan arrojando a un foso a quienes están fascinados con ellos; los momentos de recogimiento que se imponen a sí mismos son el baile y el palmoteo, y sus recuerdos de Dios son las melodías y el canturreo. No les siguen sino los necios, y no creen en ellos sino los tontos. Quien se dirija a visitar a alguno de ellos ya sea que se encuentre vivo o muerto, será como si hubiera ido a agasajar a Satanás y a visitar a los ídolos. Quien asista a alguno de ellos será como si hubiera asistido a Mu‘âwîiah, a Iazîd y a Abû Sufiân”.

Uno de los shias se apresuró a decir:

- “¿Aunque reconociera vuestros derechos?”

El Imam (a.s.) le reprendió diciéndole:

“¡Deja eso! Quien reconoce nuestros derechos no nos es rebelde. ¿Acaso no sabes que éstos son la más vil de las sectas del sufismo, y que todos los sufíes son contrarios a nosotros, que su sendero es diferente del nuestro, y que ellos son los cristianos y zoroástricos de esta comunidad? Esos son «…aquellos que se esfuerzan por apagar la Luz de Dios con sus bocas, pero Dios perpetúa Su Luz aunque ello disguste a los incrédulos».2021

Este hadîz del Imam (a.s.) nos señala la falacia y desatino de esos pseudo místicos. El Imam (a.s.) previno de vincularse con ellos y para ello mencionó que tienen los siguientes aspectos negativos:

1. Son aliados de los demonios al embaucar y seducir a la gente.

2. Son enemigos del Islam por su comportamiento desviado que atribuyen a la religión, siendo que ésta se encuentra exenta de ello.

3. Su renuncia a lo mundano no es real sino que es para no cansar sus cuerpos.

4. Sus actos de devoción y manifestación de los rituales no son sinceros y exclusivos para Dios, Glorificado Sea, sino que son para captar personas y despojarles de sus bienes.

5. Los momentos de recogimiento religioso que se imponen a sí mismos los conforman el baile, así como sus recuerdos de Dios consisten en canturreo y esparcimiento alejado de toda sincera obediencia a Dios, Glorificado Sea.

6. Quien les sigue y cree en ellos no tiene dominio sobre su propio intelecto y voluntad; es por eso que sólo les siguen los necios y los seducidos por los demonios.22

3- Brindar orientación

Otra de las elevadas pautas de moral del Imam Al-Hâdî (a.s.) era brindar orientación al que se ha extraviado del camino de la Verdad, para guiarle al sendero correcto. De esa manera guió a Abûl Hasan Al-Basrî, el conocido como Al-Mal·lâh, quien pertenecía a la tendencia de los Wâqifîiah, quienes se detuvieron en el Imamato del Imam Mûsâ Ibn Ÿa‘far (a.s.). Cierta vez que el Imam (a.s.) se encontró con él le dijo:

“¿Hasta cuándo seguirás en ese letargo? ¿Acaso no es hora ya de que te despiertes?”. El hombre se percató de su estado de dejadez, puesto que esas palabras dejaron una profunda huella en su alma. De esa manera retornó hacia la Verdad y dejó de lado la postura de detenerse en el séptimo Imam.23

4- Su trabajo

Otra de las elevadas virtudes del Imam (a.s.) y muestra de su sencillez es que solía trabajar la tierra para sustentar a su familia. Cierta vez ‘Alî Ibn Hamzah le vio trabajando su tierra en tanto sus pies se encontraban empapados de sudor, y le dijo:

- “¡Que yo sea sacrificado por ti! ¿Dónde están los hombres?”

El Imam (a.s.) le dijo con calma y amabilidad:

- ¡Oh ‘Alî! Han trabajado en su tierra con la pala quienes eran mejor que yo y que mi padre”.

El hombre se asombró y dijo:

- “¡¿Quiénes eran?!”

- “El Mensajero de Dios (s.a.w.) y Amîr Al-Mu’minîn, así como todos mis ascendientes también trabajaron con sus manos, siendo ello una labor de los profetas, los mensajeros, los albaceas y los virtuosos”.24

El trabajo era la consigna de los profetas. Dios, Glorificado Sea, no envió a ningún profeta que no fuese trabajador. Para señalar la importancia y nobleza del trabajo nos hemos basado en este hadîz en nuestro libro Al-‘Amal wa Huqûq al-‘Âmil fîl Islâm (“El trabajo y los derechos del trabajador en el Islam”).

5- Su generosidad

Otra manifestación de las virtudes morales del Imam Al-Hâdî (a.s.) es la generosidad y la magnanimidad. Era de las personas más pródigas y el de mayor caridad y benevolencia para con los pobres y desdichados. Ello era así a pesar del boicot económico que le imponía el tirano y corrupto califa abasí Al-Mutawakkil. Las siguientes son reseñas de su generosidad:

1. Una comitiva de notorias personalidades de la Shî‘ah llegó a ver al Imam Al-Hâdî (a.s.). Entre esas personas se encontraban:

a. ‘Uzmân Ibn Sa‘îd.

b. Ahmad Ibn Is·hâq Al-Ash‘arî.

c. ‘Alî Ibn Ÿa‘far Al-Hamdânî.

d. Abû ‘Umar.

Ahmad Ibn Is·hâq se quejó de una deuda que tenía y el Imam (a.s.) le ordenó a su asistente que le entregara ¡treinta mil dinares!, y asimismo a cada uno de ellos. Luego de citar este suceso y la generosidad del Imam (a.s.), Ibn Shahr Ashûb añadió el siguiente comentario: “Este tipo de portentos solo pueden realizarlo los reyes. Nunca escuchamos que nadie haya realizado una dádiva similar”.25

Al suministrarles esa inmensa cantidad de dinero el Imam (a.s.) aprestó para estas personas un bienestar económico. Se dice que “la mejor dádiva es aquella cuyo beneficio permanece”.

2. Otra muestra de su generosidad es lo narrado por Is·hâq Ibn Al-Ÿal·lâb quien dijo: “Compré para Abûl Hasan Al-Hâdî (a.s.) una gran cantidad de ovejas el día de tarwiah (el día 8 del mes de Dhûl Hiÿÿah), y las repartió entre sus parientes”.26

3. Otro indicio de su caridad y benevolencia para con los pobres es el siguiente: Un beduino fue a verle en una quinta que él (a.s.) tenía. El Imam (a.s.) le preguntó acerca de su necesidad y el beduino le dijo: “¡Oh hijo del Mensajero de Dios! Yo soy un beduino de Kufa de entre los que se aferran a la Wilâiah de tu abuelo ‘Alî Ibn Abî Tâlib (a.s.). Se me ha cargado con una deuda que no puedo sobrellevar, por lo que no he visto a quien dirigirme más que a ti”.

El Imam (a.s.) se compadeció de su estado, además de que en su pedido el hombre se valió de la Wilâiah de su abuelo el Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.), así que a pesar de no tener dinero con qué asistirle, escribió lo siguiente: “Tengo una deuda con el beduino”, y estableció la cantidad. Luego le dijo al beduino:

“Ten esta hoja y cuando llegues a Samarra y se presente ante mí un grupo de personas, requiéreme la deuda que está escrita en la hoja. Sé duro conmigo por haber dejado de saldarla y no me contradigas en lo que yo diga”. El beduino tomó la hoja y cuando el Imam (a.s.) estuvo de vuelta en Samarra llegaron a verle algunas personas notables del gobierno para saludarle. He ahí que se presentó el beduino y mostró la hoja pidiéndole al Imam (a.s.) que cumpliera con lo que ahí estaba escrito. El Imam (a.s.) comenzó a disculparse con él y el beduino se ponía cada vez más duro con él. Entonces uno de los asistentes del gobierno se dirigió presurosamente hasta el califa Al-Mutawakkil y le informó del asunto, quien ordenó que le llevaran treinta mil dírhams al Imam (a.s.). Cuando le hicieron llegar eso el Imam (a.s.) le dijo al beduino:

“Toma este dinero, salda tu deuda y gasta el resto en tu familia”.

Al beduino le pareció una suma enorme y le dijo al Imam (a.s.): “Solo un tercio de este dinero hubiera sido suficiente. Dios bien sabe donde dispone Su Mensaje entre quienes le place”. De esa manera el beduino tomó el dinero con un estado de regocijo y haciendo súplicas por el Imam (a.s.), quien le salvó de la desdicha y la privación.27

Éstos fueron ejemplos de la generosidad y magnanimidad que el Imam (a.s.) desbordaba sobre los pobres procurando con ello sólo la Faz de Dios, Glorificado Sea. En ese sentido le bastaba el hecho de pertenecer a la familia que “por amor a Él alimentaba al menesteroso, al huérfano y al prisionero liberto” y que su abuelo haya sido el Imam As-Sâdiq (a.s.), quien solía alimentar y vestir a la gente al punto que no le quedaba nada de comida para su propia familia.28

6- Su desapego de lo mundano

El Imam Al-Hâdî (a.s.) era conocido por su desapego y por estar despojado del esplendor de la vida mundanal. Es así que vivió una vida de pobres, de manera que sus casas en Medina o en Samarra estaban vacías de muebles y enseres. Muchas veces los guardias de Al-Mutawakkil irrumpieron en su casa sin encontrar ningún lujo. Cierta vez la guardia irrumpió en su casa en Samarra y encontraron al Imam (a.s.) vistiendo una camisola de lana y sentado sobre la arena y los guijarros, sin que hubiera alfombra alguna entre él y el suelo.

Escribió As-Sibt Ibn Al-Ÿawzî: “‘Alî Al-Hâdî no tendía en absoluto a lo mundano. Era un constante asiduo a la mezquita. Cuando registraron su casa no encontraron más que manuscritos del Corán, súplicas y libros relativos al saber”.29

El Imam Al-Hâdî (a.s.) vivió a la luz de la vida que vivió su abuelo el Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.), siéndole suficiente como comida lo mínimo para mantener su vitalidad, y como vestimenta lo que cubriera su cuerpo, sin proporcionarse los deleites de la vida mundanal.

7- Su paciencia

Otra de las virtudes del Imam Al-Hâdî (a.s.) era la paciencia ante las desgracias y aflicciones de la vida. El tirano y faraón de su época, el abasí Al-Mutawakkil, vertió sobre él la copa de su ira y le hizo probar despiadadas formas de tortura y persecución. Le obligó a abandonar Medina y a residir forzadamente en Samarra. Le rodeó de las fuerzas de seguridad, las cuales controlaban hasta el número de sus respiraciones. Asimismo le impuso un boicot económico e impidió que le llegasen las riquezas provenientes de las obligaciones religiosas y cualquier otra forma de asistencia. También prohibió a los sabios y a los jurisconsultos que a través de él saciaran su sed de conocimientos. Muchas veces le arrestó y arrojó en sus cárceles. Solía amenazarle de muerte y decir: “¡Por Dios que quemaré su cuerpo después de que muera!”.30

Solía hacer que le llevaran arrestado a sus palacios para menoscabarle. Se valió de todos los medios para rebajar su posición y atormentarle, pero el Imam (a.s.) fue paciente ante esas durísimas pruebas.

8- Su contrición a Dios, Glorificado Sea

La más sobresaliente de las virtudes del Imam Al-Hâdî (a.s.) era su contrición y temor a Dios, Glorificado Sea. La mayor parte del tiempo se encontraba ayunando durante el día y por las noches permanecía de pie rezando, dirigiéndole letanías y súplicas a su Señor, y recitando el Libro de Dios. Ese fue el aspecto más preponderante en la moral de los Imames de Ahl-ul Bait (a.s.). Que Dios tenga misericordia de Abû Firâs Al-Hamdânî quien comparó a los puros Imames (a.s.) con sus adversarios y enemigos de entre los abasíes -los cuales se extralimitaron en su perpetración de los pecados- diciendo:

La recitación (del Corán) pasa la noche en sus casas, hasta el amanecer / en tanto que en vuestras casas lo que pernocta son las cuerdas musicales y el canturreo.

El Imam Al-Hâdî (a.s.) era una de las ramas del árbol de la piedad en lo que concierne a su adoración a Dios, Glorificado Sea, su temor y subyugación a Él, y su intensa abnegación por la religión. Lo siguiente es una muestra de su contrición a Dios:

Sus súplicas y letanías a Dios, Glorificado Sea

Del Imam Al-Hâdî (a.s.) fueron transmitidas numerosas letanías llenas de espiritualidad que dirigía a Dios, Glorificado Sea, las cuales ponen de manifiesto los alcances de su obediencia al Majestuoso Creador. Entre las mismas se encuentran las siguientes:

1. “¡Dios mío! Ha quedado estupefacta la imaginación de los que conjeturan; ha quedado corta la vista de los que ven; se han desmoronado los calificativos de quienes califican y se desvanecen los embustes de los falsarios al tratar de comprender lo prodigioso de Tu rango, o al intentar alcanzar Tu prominencia, puesto que te encuentras en el lugar que es infinito; ningún ojo te ha vislumbrado, ni por fijación de la mirada, ni por reflexión. ¡Lejos está eso! ¡Y otra vez lejos! ¡Oh Primero! ¡Oh Único! Te has encumbrado en lo alto con la grandeza de los soberbios, y en tanto estás exento de todo descenso y todo final, te has elevado mediante la omnipotencia de la gloria”.31

Esta elevada letanía nos señala la inmensidad del Majestuoso Creador, Cuya real Esencia no puede ser comprendida por los intelectos. Dice el poeta:

En lo que a Ti respecta, ¡oh Fascinación del Cosmos!, el pensamiento ha quedado paralizado. / Cada vez que mi pensamiento se acerca un palmo, he ahí que se aleja una milla. / Tú has desconcertado a los dotados de entendimiento y has perturbado los intelectos.

2. En otra de sus letanías el Imam (a.s.) dice:

“¡Dios mío! Las fuentes de Tu magnanimidad se encuentran rebosantes de Tus abundantes dádivas; las puertas para dirigirte confidencias se encuentran abiertas, y Tu mirada de afecto no se interrumpe para quien Te implora. Se ha puesto bridas a la cautela; se ha intensificado el apremio; los que esperan se han vuelto incapaces de tener paciencia; pero Tú, ¡oh Dios mío!, estás al acecho del maquinador, y no por conceder prórroga te has despreocupado. Quien se resguarda en Ti se encuentra a salvo; quien te anhela es ganancioso, y quien se propone Tu puerta encuentra el bienestar. ¡Dios mío! No des más tiempo a aquel que sigue el camino de la tiranía y en su ignorancia continúa dirigiéndose al final que le espera por descreer de Ti, puesto que Tu tolerancia le ha hecho codiciar alcanzar lo que desea, y por ello se precipita hacia Tus amigos con sus maltratos, les conduce a atroces emboscadas y les hostiga con su asedio, por lo que presume de ellos.

¡Dios mío! Aparta de los creyentes el castigo, y envíalo de forma notoria contra los opresores. ¡Dios mío! Aleja el castigo de aquellos que piden amparo y viértelo sobre los arrogantes. ¡Dios mío! Precipita el auxilio sobre el grupo de la Verdad y precipita el escarmiento sobre los que asisten a la opresión. ¡Dios mío! Ayúdanos a ser agradecidos, concédenos la victoria y ampáranos del mal comienzo, del mal final y de la traición”.

En esta súplica se puede ver la medida en que el Imam (a.s.) y sus seguidores creyentes padecieron la presión y la iniquidad de parte del tirano de su época, el abasí Al-Mutawakkil, quien no conocía de nobleza ni de humanidad, siendo sus más importantes rasgos de carácter el asesinato y el derramamiento de sangre.

3. Entre sus letanías se encuentra la siguiente, en la cual ruega por sus seguidores. Veamos algunos párrafos de la misma:

“Te pido, ¡oh Dios mío! por Tu Nombre ante el cual se someten los cielos y la Tierra, con el cual vivificaste las cosas muertas e hiciste morir a todos los seres vivos, con el cual reuniste todo lo disperso, con el cual dispersaste todo lo reunido, con el cual completaste las palabras, con el cual mostraste los más grandes signos, con el cual Te volviste hacia los arrepentidos, con el cual frustraste las acciones de los corruptos de manera que las dispusiste como polvo esparcido, y les aniquilaste de sobremanera… Que bendigas a Muhammad y a la familia de Muhammad, y que dispongas a mis seguidores entre aquellos a quienes les fue impuesta una carga y fueron leales, y al haber sido inquiridos se expresaron confiados y seguros.

¡Dios mío! Te pido para ellos el éxito de la gente de la recta guía, las acciones de la gente de la certeza, las exhortaciones de la gente del arrepentimiento, la resolución de la gente de la perseverancia, la piedad de la gente del temor divino, y el sigilo de los veraces, de manera que Te teman, ¡Dios mío!, de una manera que les resguardes de desobedecerte; de manera que actúen obedeciéndote para así lograr Tu magnanimidad; de manera que exhorten para Ti, en Ti y por temor a Ti; de manera que por Ti brinden sinceros consejos para un arrepentimiento en amor a Ti, lo cual les conlleve Tu amor que decretaste para los arrepentidos; de manera que se encomienden a Ti en todos sus asuntos al suponer bien de Ti; y de manera que Te deleguen sus asuntos confiando en Ti. ¡Dios mío! No se logra obedecerte sino mediante el éxito que Tú brindas; no se obtiene ninguno de los grados de lo bueno sino a través tuyo. ¡Dios mío! ¡Oh Dueño del Día de la Religión, Quien conoce lo que ocultan los pechos de las criaturas! ¡Purifica la Tierra de la impureza de la gente de la idolatría! ¡Y enmudece a los que mienten al decir falacias sobre Tu Mensajero. ¡Dios mío! Derrumba a los arrogantes; devasta a los falsarios, aniquila a los embusteros a los que cuando se les recita las aleyas del Misericordioso dicen «son fábulas de los antiguos»;32 y ejecuta para mí Tu promesa. Ciertamente que Tú no faltas a la promesa…”.33

4. La súplica del Imam (a.s.) contra Al-Mutawakkil:

El Imam (a.s.) se encontraba a merced de Al-Mutawakkil, quien no dejó forma de atropello sin verter sobre él. El Imam (a.s.) se amparó en Dios, Glorificado Sea, para que le salvaguardara. Es así que realizó el siguiente ruego el cual se encuentra entre los tesoros de las súplicas de Ahl-ul Bait (a.s.):

“¡Dios mío! Tanto yo como fulano -refiriéndose a Al-Mutawakkil- somos dos de Tus siervos cuyos copetes están en Tus manos. Conoces dónde nos asentamos y dónde seremos depositados; conoces nuestro final y nuestra (actual) morada; nuestros secretos y lo que manifestamos. Estás informado sobre nuestras intenciones; dominas nuestro fuero interno; Tu conocimiento de lo que exteriorizamos es igual a Tu conocimiento de los que ocultamos; sabes lo que escondemos en igual medida que sabes lo que mostramos; ninguno de nuestros asuntos te es oculto, ni ninguno de nuestros estados se pone a cubierto de Ti, ni tenemos fortaleza que sea inexpugnable para Ti, ni refugio que nos mantenga a recaudo, ni recurso que te haga omitir nuestras faltas. El opresor no puede contenerte con su poder, ni pueden luchar contra Ti sus ejércitos, ni puede vencerte ningún campeón a pesar de su pujanza, ni puede rivalizar contigo en grandeza ninguno que haya adquirido poderío, por mucho que sea. Tú le alcanzas donde fuere que marche y puedes sobre él donde fuere que se refugie. El que es oprimido de entre nosotros se refugia en Tu puerta; el que es subyugado de entre nosotros se encomienda a Ti, y su retorno es hacia Ti; te requiere auxilio cuando le abandona cualquier otro auxiliador; clama hacia Ti cuando no hay quien le asista; se resguarda en Ti cuando le rechazan los lugares de acogida; toca Tu puerta cuando se le cierran las puertas en las que tenía esperanza; se vincula contigo cuando los reyes despreocupados le someten a privación. Conoces lo que le acontece antes que eleve su queja hacia Ti; sabes lo que le conviene antes que te lo suplique. Tuya es la alabanza. Eres Omnioyente, Omnividente, Benevolente y Todopoderoso”.34

En estos párrafos de la súplica el Imam (a.s.) se refiere al conocimiento de Dios, Glorificado Sea, y que nada se le oculta ni en los cielos ni en la Tierra; que Él es Conocedor de los asuntos internos y recónditos, y de los secretos y detalles de las cosas. Asimismo habla sobre Su Poder, Glorificado Sea, y que todo se le somete, sin que ningún opresor con todo su poder y ejércitos pueda contenerle, sino que finalmente le sujetará como lo hace el enérgico y poderoso. Finalmente menciona que el oprimido no tiene más amparo que Él, en Quien se resguarda y a Quien pide ayuda. El Imam (a.s.) continúa con su súplica de la siguiente manera:

“¡Dios mío! Por cierto que en Tu conocimiento primigenio, en Tu destino preestablecido, en el transcurrir de Tu designio, en Tu juicio dictaminado y en tu voluntad efectiva para toda Tu Creación, ya se encuentran el dichoso y el desventurado, así como el probo y el corrupto. Dispusiste que fulano hijo de mengano -refiriéndose a Al-Mutawakkil- tuviera poder sobre mí para oprimirme, hostigarme, ensoberbecerse ante mí a causa de la fuerza que le has adjudicado, y ser altanero conmigo por la situación de prominencia que le has dispensado. El hecho que consientas darle prórroga le ha envanecido y Tu tolerancia para con él le ha vuelto insolente. Me procura para hacerme un daño que soy incapaz de resistir; se propone hacerme un mal que soy débil para soportar. No puedo vencerle por mi debilidad, ni puedo procurar justicia por mi estado de menoscabo, y es por eso que te lo delego a Ti y me encomiendo a Ti a su respecto. Le he advertido de Tu castigo, le he prevenido de Tu vertiginoso embate, le he amedrentado con Tu execración, pero ha supuesto que Tu tolerancia para con él es por languidez, y ha considerado que Tu larga tolerancia es por incapacidad. Perpetrar un acto no le impide hacer otro y no se inhibe de realizar el segundo por haber cometido el primero, sino que persiste en su extravío, continúa en su opresión, insiste en su hostilidad y empeora en su rebeldía siendo así insolente contigo ¡oh mi Señor! De esa manera, se expone a Tu ira, la cual no apartas de los opresores, y es indiferente a Tu tormento, el cual no detienes para los rebeldes.

He ahí, ¡oh mi Señor! que estoy oprimido entre sus manos, soy objeto de atropello bajo su poder, soy humillado por sus tormentos, soy avasallado, soy objeto de insolencia, aborrecido, amedrentado, temeroso, aprensivo, subyugado; mi paciencia ha menguado, mis recursos se han reducido, me han cerrado las vías excepto la que me lleva a Ti; se me han obstruido las orientaciones excepto la que me dirige a Ti; se me dificultan los asuntos al querer repeler de mí su mal, y se me intrincan las opiniones en lo que respecta a eliminar su opresión. Aquel de entre Tus siervos cuya ayuda he requerido me ha abandonado; y aquel de entre Tus criaturas a quien me he apegado me ha entregado. He examinado mi (propio) buen consejo y me ha señalado anhelarte a Ti; he requerido mi (propia) guía y sólo me orienta hacia Ti. Así, me vuelvo hacia Ti, ¡oh mi Señor!, menoscabado, avasallado, incapacitado, que sabe que no tendré alivio sino en Ti, ni salvación sino por Ti. Haz efectiva Tu promesa de auxiliarme y responde a mi súplica, que por cierto que dijiste, siendo Tu dicho verdad que no es rebatida ni alterada: «Si alguien se desagravia en la medida del agravio recibido y (nuevamente) es tratado injustamente, ciertamente que será auxiliado por Dios»35; también dijiste, Majestuoso seas en Tu Imponencia y sagrados sean Tus Nombres: «Invocadme y os responderé»36.

Heme aquí haciendo lo que me ordenaste sin reprochártelo, ya que ¿cómo lo haría siendo Tú quien me ha indicado (hacerlo)? Así pues, bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad, y respóndeme tal como me has prometido, ¡oh Aquel que no falta a la promesa!

Ciertamente que sé, ¡oh mi Señor!, que tienes prescripto un día en el que tomarás venganza del opresor para el oprimido. Tengo certeza de que tienes prescripto un tiempo en el que le sacarás al usurpador para (darle) al usurpado, puesto que ningún pertinaz se te adelanta, ni escapa de Tu garra ningún trasgresor, ni temes dejar pasar algo (por alto). Pero mi inquietud y desazón no me permiten tener paciencia por (la llegada de) Tu momento establecido y esperar Tu designio. Tu fuerza sobre mí, ¡oh mi Señor!, se encuentra por encima de toda fuerza, y Tu poderío supera a todo poderío. El retorno de todo es hacia Ti, aunque lo retardes; todo opresor vuelve a Ti aunque lo aplaces. Me ocasiona perjuicio Tu tolerancia con fulano hijo de mengano, Tu longanimidad para con él, el hecho que le concedas prórroga, al punto que por poco llego a sumirme en la desesperanza si no fuera por mi confianza en Ti y por tener certeza en Tu promesa. Si es que en Tu destino preestablecido y en el transcurrir de Tu designio está (determinado) que él vuelva en sí y se arrepienta, o que renuncie a atormentarme, deje de ocasionarme daño, y modifique esas enormes afrentas que comete contra mi persona…

¡Bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad! Si es así, haz que ello se asiente en su corazón en este mismo momento, antes de que le depongas por la gracia que me concediste, y que le fastidies por el favor que me dispensas. Pero si Tu conocimiento de él es diferente a esto y persiste en querer oprimirme, entonces te pido, ¡oh Auxiliador del oprimido que ha sido objeto de atropello!, que respondas mi súplica.

¡Bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad! Cógelo del lugar en que se encuentra a resguardo como lo hace un poderoso monarca; tómale por sorpresa de la manera en que lo hace un victorioso soberano; incáutale sus beneficios y poder; haz que su gente y asistentes se dispersen de él; resquebraja su reino en cuantiosas partes; divide a los que le auxilian en muchas facciones; sustráele Tu gracia la cual no correspondió agradeciendo; despójale de la cobertura de Tu grandiosidad la cual no retribuyó practicando la benevolencia. Castígale, ¡oh Castigador de los arrogantes! Aniquílale, ¡oh Exterminador de generaciones pasadas! Frústrale, ¡oh quien frustra a los opresores! Desampárale, ¡oh Quien desampara a las facciones inicuas! Haz infructuosa su vida, despójale de su reino, haz desaparecer todo vestigio de él, haz que se trunque toda noticia sobre él, apaga su fuego, oscurece sus jornadas, oscurece su sol, desvanece su persona, arruina sus actividades de comercio, arruina su opulencia, humíllale, apresura su muerte, no le dejes ninguna protección sin desgarrar, ni soporte sin derrumbar, ni alianza sin fracturar, ni elevada plataforma sin derribar, ni columna sin doblegar, ni cordel sin cortar. Haznos ver a sus ayudantes, ejércitos, amistades y allegados tomar caminos alejados, después de haber estado agrupados; separados, después de haber estado unidos, y marchar embozados, luego de haberlo hecho exhibiéndose ante la comunidad.

Por medio de acabar con él, alivia el dolor de los corazones perturbados, los ánimos apesadumbrados, la comunidad consternada y las personas menoscabadas. Mediante su ruina vivifica las sentencias suspendidas de la religión, las normas desatendidas, las tradiciones relegadas, los fundamentos modificados, las recitaciones alteradas, las aleyas deformadas, las escuelas abandonadas, los nichos de oración menospreciados y las mezquitas derruidas. Mediante ello sacia al famélico y hambriento, apaga la sed de las gargantas desfallecidas y vientres sedientos, y alivia los pies cansados. Hazle perderse en una noche como no hay otra igual, en un tiempo en el que no hay refugio, en una calamidad de la que no se restablezca y en una caída de la que no se pueda recobrar. Suprime su respetabilidad, y haz que se desmorone su holgura. Muéstrale Tu gran embate, Tu castigo ejemplar, Tu fuerza que está por encima de todas las demás, y Tu poderío el cual es muchísimo más grandioso que el que él tiene. Subyúgale por mí mediante Tu intenso poder y Tu enérgica potestad. Védale con Tu privación mediante la cual toda criatura es sojuzgada; aflígele con una pobreza a través de la cual no pueda asistirse y con una vergüenza que no cubras; y delégale en sus asuntos a sí mismo. Ciertamente que Tú realizas lo que te place.

Exclúyele de Tu Poder y Fuerza y delégale a su propio poder y fuerza. Deshaz su artimaña mediante la Tuya. Desecha su voluntad mediante la Tuya. Haz que su cuerpo enferme, que sus hijos queden huérfanos, y acorta lo que le resta de vida. Decepciónale, pon fin a su prosperidad, exponle a la privación, preocúpale con lo que afecte a su cuerpo y mantenle en una continua tribulación. Haz que sus artimañas se topen con el desacierto, que su mando culmine, que los beneficios de los cuales goza se disipen, que su suerte sea la más vil, que su hegemonía se desvanezca y que termine en el peor de los finales. Si es que le haces morir, que lo haga en su cólera, y si le permites vivir, que lo haga atribulado. Protégeme de su mal, de sus acciones malévolas y siniestras, de sus ataques y hostilidad. Échale una mirada que le aniquile. Ciertamente que Tú eres el de intenso vigor, y el más enérgico en el castigo. ¡Alabado sea Dios, Señor del Universo!”.37

Esta noble súplica forma parte de los tesoros de la Familia de Muhammad (s.a.w.) y es una de sus súplicas especialmente acopiadas. Los ‘alawíes la realizaban cuando eran objeto de la injusticia e iniquidad de los gobernantes tiranos. Para ellos es una súplica de comprobada eficacia, puesto que Dios responde a sus súplicas y envía Su castigo a los que les oprimen.

En cualquier caso, esta súplica nos pone de manifiesto la injusticia y la persecución que padeció el Imam (a.s.) de parte del tirano y corrupto Al-Mutawakkil quien no escatimó esfuerzos para oprimir al Imam (a.s.) y atormentarle a él, a los ‘alawíes y a los shias en general, llegando a perpetrar todo tipo de crímenes en contra de ellos. Su oscura época fue similar a la de los gobernantes omeyas, quienes pusieron todo su empeño por combatir a Ahl-ul Bait (a.s.) y desarraigar a sus seguidores.

Respuesta a la súplica del Imam (a.s.)

Dios, Glorificado Sea, respondió la súplica de su Walî, el Imam oprimido por parte del faraón de su época, el tirano Al-Mutawakkil, cuya alma estaba repleta de hostilidad y rencor contra la familia de Muhammad (s.a.w.). Dios le cogió como solo lo hace un poderoso soberano. Hizo que le dominara su astuto hijo Al-Muntasir, quien incitó a los oficiales turcos del ejército a que le asesinaran. Éstos le atacaron cuando se encontraba sumamente ebrio y su estómago desbordado de embriagantes. Lo seccionaron en muchos pedazos a golpes de espada, quedando su carne en las copas de vino. De esa manera se volteó otra de las oscuras páginas que sumieron a los musulmanes en la corrupción y lo execrable. El poeta Al-Bahtarî fue el que le compuso el tradicional poema de luto, haciéndolo con los siguientes versos:

Que así sean las muertes de los nobles / entre flautas, tamboriles y embriagantes,

Entre dos copas que dejan en herencia a todos: / la copa del placer y la copa de la predestinada muerte.

En vigilia estaba alegre hasta que le llegó / el destino de Dios, que fue morir adormecido.

Hay niveles para perecer siendo algunos a otros preferibles, / y morir bajo afiladas espadas es la muerte de los nobles.

No le visitó el mensajero de la muerte / anunciándose con diferentes dolencias y enfermedades,

Sino que se amedrentó ante él, por lo que se le acercó lentamente / tras cortinas de oscuridad y el filo de los sables.38

En estos versos el poeta representó la depravación y rebeldía de Al-Mutawakkil contra las normas islámicas y cómo le encontró la muerte mientras se encontraba entre copas de vino e instrumentos musicales; que las dolencias y las enfermedades no le humillaron sino que fueron las espadas las que aprehendieron su alma, sin llegar a sufrir más que un dolor momentáneo. Los poetas que compusieron versos de duelo por los reyes anteriores lo hicieron exagerando la tristeza por sus fallecimientos y considerando eso como una gran pérdida para la comunidad.

En cualquier caso, es de hacer notar que la muerte de Al-Mutawakkil tuvo lugar solo tres días después de la súplica del Imam (a.s.).39 De esa manera terminó esa oscura pesadilla para el Imam (a.s.) y sus seguidores. El Imam (a.s.) sintió un gran alivio y alegría por su aniquilación.

Con esto concluimos esta reseña sobre sus súplicas, las cuales se asemejan a las de su abuelo el Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.) por lo elevado de su elocuencia y su gran oratoria. Asimismo, ponen de manifiesto sus elevadas virtudes, su sublime educación y los alcances de su aferramiento a Dios, Glorificado Sea, el Creador del Universo y el Otorgador de la vida.

Aquí terminamos nuestras palabras sobre las elevadas virtudes del Imam Al-Hâdî (a.s.) las cuales son una muestra de la moral de su abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.), quien resucitó el espíritu y el conocimiento para las generaciones y completó las más elevadas virtudes.

  • 1. - Haiât Al-Imâm ‘Alî Al-Hâdî (a.s.), p.157.
  • 2. - Ibíd., p.156.
  • 3. - Ibíd., p.163.
  • 4. - Ibíd., p.165.
  • 5. - Ibíd., p.158.
  • 6. - Ibíd., p.160.
  • 7. - Ibíd., p.160.
  • 8. - Ibíd.
  • 9. - Ibíd.
  • 10. - Ibíd., p.161.
  • 11. - Ibíd., p.162.
  • 12. - Ibíd.
  • 13. - Ibíd., p.164.
  • 14. - Nâsibi: Es quien presenta manifiesta hostilidad hacia Ahl-ul Bait (N. del T.).
  • 15. - Seîied: Descendiente de hashemíes (N. del T.).
  • 16. - Sura Âl ‘Imrân; 3: 23.
  • 17. - Sura al-Muÿâdalah; 58: 11.
  • 18. - Sura az-Zumar; 39: 9.
  • 19. - Ibíd., pp.49-50.
  • 20. - Sura as-Saff; 61: 8.
  • 21. - Raudât al-Ÿannât, t.3, p.134.
  • 22. - Haiât Al-Imâm ‘Alî Al-Hâdî (a.s.), p.48.
  • 23. - Ibíd., p.47.
  • 24. - Ibíd., p.46.
  • 25. - Ibíd., p.43.
  • 26. - Ibíd.
  • 27. - Al-Ithâf bi Hubb al-Ashrâf, pp.67-68; Sharh ash-Shâfiah, de Abû Faras (manuscrito) hoja 167 del tomo II; Ÿauharat al-Kalâm, p.151.
  • 28. - Sifat as-Safwat, t.2, p.98.
  • 29. - Ibíd., t.2, p.45.
  • 30. - Haiât Al-Imâm ‘Alî Al-Hâdî (a.s.), p.264.
  • 31. - As-Sahîfah ar-Radawîiah, p.162.
  • 32. - Sura al-Furqân; 25: 5.
  • 33. - Ibíd., pp.65-66.
  • 34. - Ibíd., p.189.
  • 35. - Sura al-Haÿÿ; 22: 60.
  • 36. - Sura Gâfir; 40: 60.
  • 37. - Muhaÿ ad-Da‘awât, p.320; Al-Misbâh, de Al-Kaf‘amî, p.281; Al-Balad al-Amîn, p.470.
  • 38. - Haiât Al-Imâm ‘Alî Al-Hâdî (a.s.), p.274.
  • 39. - Ibíd., p.271.