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El Imam Al-‘Askarî (a.s.)

El Imam Abû Muhammad Al-Hasan Al-‘Askarî (a.s.) fue uno de los excepcionales portentos del intelecto humano a causa de sus facultades, genialidad, capacidades académicas, lucha en el camino de Dios, y sublevación contra los gobernantes abasíes desviados de la verdad y la justicia. Era el único representante de una oposición que clamaba por los derechos de los seres humanos. Se hizo cargo de los asuntos justos en los que no creían esos gobernantes que tomaron las riquezas de Dios para bienestar propio, y a Sus siervos como servidumbre, reprimiendo a los exhortadores de la justicia social.

En cualquier caso, este gran e inspirado Imam (a.s.) se asemejó en sus elevadas pautas de moral a sus padres los grandes Imames (a.s.) quienes dieron sus vidas en defensa de las leyes de Dios, Glorificado Sea, y en pro de establecer Sus normas sobre las bases de la vida colectiva.

A continuación exponemos algunos de sus consejos y enseñanzas en el plano de la elevada moral. Luego nos referiremos a sus más elevadas virtudes en cuanto a educación y moral.

Una carta general

El Imam Al-Hasan Al-‘Askarî (a.s.) se refirió a las más elevadas virtudes morales en una carta dirigida a sus seguidores, en la que menciona lo siguiente:

“Os encomiendo el temor a Dios; la actitud piadosa en vuestra religión; la veracidad al hablar; cumplir con aquellos que os han depositado algo en confianza, ya sea una persona proba o corrupta; tener largas prosternaciones; y ser buen vecino. Eso es lo que trajo Muhammad (s.a.w.). (En cuanto a nuestros hermanos sunnis) rezad en sus clanes; concurrid a (despedir) sus restos fúnebres; visitad a sus enfermos; y observad sus derechos.

Por cierto que cuando un hombre de entre vosotros es piadoso en su religión, es veraz al hablar, cumple lo depositado en confianza y mejora su carácter con la gente, y se dice: ‘Éste es un shî‘ah’, eso me alegra. Temed a Dios y sed un ornamento para nosotros y no una vergüenza para nosotros. Atraed el afecto hacia nosotros y apartad de nosotros lo desagradable, puesto que seremos acreedores a lo bueno que se diga de nosotros, pero si se dice algo malo de nosotros, en verdad que no somos así.

Tenemos un derecho en el Libro de Dios, Glorificado Sea, un cercano parentesco con el Mensajero de Dios (s.a.w.) y una pureza que no la invoca nadie fuera de nosotros, a menos que sea un mentiroso. Incrementad el recuerdo de Dios, Glorificado Sea, el recuerdo de la muerte, la recitación del Corán y las bendiciones para el Profeta (s.a.w.), puesto que bendecir al Mensajero de Dios (s.a.w.) equivale a diez buenas obras. Resguardad lo que os he aconsejado, y os encomiendo a Dios”.1

En estas recomendaciones el Imam (a.s.) menciona las maravillas de la educación islámica, la cual eleva al musulmán a los más altos niveles de virtud y perfección, y les encomienda a sus shias investirse de las mismas. Éstas son:

1. El temor a Dios, Glorificado Sea, lo cual conforma la mejor de las virtudes, puesto que quien teme a Dios, Glorificado Sea, no perpetra pecados ni delitos.

2. Ser piadoso en cuanto a las prohibiciones de Dios, las cuales arrojan al ser humano en un gran mal y le alejan del recuerdo de Dios, Glorificado Sea.

3. Ser veraz al hablar, lo cual es una de las virtudes preciosas mediante las que la persona se eleva.

4. Cumplir con lo depositado en confianza tanto para con el virtuoso como para con el corrupto.

5. Ser buen vecino, lo cual conforma una de las más fuertes formas de establecer los vínculos sociales a los que el Islam exhorta.

6. Tener una óptima conducta y un excelente trato con las demás escuelas islámicas, y entremezclarse con los musulmanes que las profesan, de manera que el Shî‘ah sea entre ellos un espléndido ejemplo de los fundamentos de Ahl-ul Bait (a.s.).

7. Realizar profusos recuerdos de Dios, Glorificado Sea, y recordar la muerte, puesto que ambos asuntos son la mejor garantía para un sano comportamiento del ser humano en las curvas del laberinto de la vida y los senderos del extravío.

8. Recitar el Sagrado Corán, mediante lo cual se purifica el alma y se suscitan fuerzas consistentes en la lucidez y la fe. Éstos son algunos de los contenidos de esa valiosa recomendación hacia los valores y la educación.

Valiosos consejos

El Imam Al-‘Askarî (a.s.) suministra a uno de sus compañeros valiosos consejos y excelentes sentencias. Dijo (a.s.):

“No pidas mientras encuentres que puedas soportar, puesto que cada día se producen nuevas noticias, e insistir en requerimientos suprime el esplendor, salvo cuando te abra una puerta por la cual sea conveniente ingresar. ¡Qué accesible es hacer el bien a un apesadumbrado! Tal vez sea el celo y la dignidad una de las prácticas de Dios, Glorificado Sea, y las suertes favorables se encuentren distribuidas; así pues, no te apures por un fruto que no está listo, puesto que será recolectado en su momento. Quien administra para ti sabe más cuál es el momento en el que mejorará tu situación. Confía en Su destreza en lo concerniente a tus asuntos y no te apresures pretendiendo la satisfacción de (todas) tus necesidades al inicio de un tiempo, puesto que tu corazón se sentirá apremiado y la desesperanza te hará flaquear. Debes saber que el pudor tiene una medida y cuando se sobrepasa la misma es debilidad; la generosidad tiene una medida y cuando se la sobrepasa es derroche; la moderación tiene una medida y cuando se la sobrepasa es avaricia, y la valentía tiene una medida y cuando se la sobrepasa es temeridad”.2

¡Qué admirables son estas valiosas sentencias que abarcan todos los valores de moral y educación que ennoblecen al ser humano!

En cuanto al contenido de esos sublimes consejos que rebosan de normas relativas a la moral, son:

1. Soportar estrechez en la vida y abstenerse de pedir a los demás, ya que -generalmente- ello trae aparejado humillación y degradación en la persona, especialmente cuando aquel al que se le pide no tiene nada que hacer con la moral.

2. Previene respecto a insistir en el pedido para solventar una necesidad, puesto que ello elimina el esplendor de la persona.

3. La prohibición de ser apresurados en asuntos que -generalmente- traen aparejados grandes perjuicios. Que Dios tenga compasión del poeta Al-Mutanabbî, quien a este respecto dijo:

Tal vez el parsimonioso alcance (solventar) algunas de sus necesidades / y tal vez el apresurado solo obtenga tropiezos.

4. Ser moderado en la vida en la medida de lo habitual, puesto que el exceso termina en pérdidas.

5. La generosidad tiene límites y si se los traspasa se convierte en derroche y despilfarro.

6. La moderación tiene límites y si se los traspasa se convierte en avaricia.

7. La valentía tiene límites y si se los traspasa se convierte en temeridad.

Prevenir acerca de la hipocresía

El Imam (a.s.) previno acerca de la hipocresía en tanto censuró a los hipócritas diciendo:

“¡Qué mal siervo es aquel que posee dos caras y dos lenguas! Elogia a su hermano cuando está presente y le denigra cuando está ausente; cuando él recibe algo le envidia y cuando es objeto de aflicción le abandona”.3

Una de las viles enfermedades sociales es la hipocresía, ya que la misma hace que la persona sea mentirosa, traicionera y que siempre se valga de subterfugios y excusas; asimismo, le aleja de toda noble cualidad. Una de sus señales es que el hipócrita se vale de cualquier vía ilícita para lograr sus ambiciones.

La ira

El Imam (a.s.) advirtió acerca de la ira a causa del mal, el tormento y otros excesos que produce. Dijo (a.s.):

“La ira es la llave de todo mal”.

Con esto concluimos la reseña sobre lo transmitido del Imam (a.s.) con relación a incentivar el hecho de investirse de las más elevadas virtudes y los nobles atributos.

Sus más elevadas virtudes

En cuanto a las más elevadas virtudes del Imam Abû Muhammad Al-Hasan Al-‘Askarî (a.s.), éstas son un reflejo de la moral de su abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.), quien hizo que brotara la luz y la lucidez en el mundo de los árabes. Las siguientes son muestras de su sublime moral:

1- Su tolerancia

Uno de los atributos más exponentes en la moral del Imam Abû Muhammad (a.s.) era su amplia tolerancia, de manera que era una de las personas más tolerantes, quien más contenía sus enfado y el de mayor indulgencia para con aquel que le infringía algún daño. Los déspotas gobiernos abasíes le arrestaron y pusieron tras los barrotes de sus prisiones, tal como habían hecho anteriormente con su padre el Imam Al-Hâdî (a.s.), pero él fue perseverante y no se quejó ante nadie más que Dios, Glorificado Sea.

2- Su fuerza de voluntad

El Imam Abû Muhammad (a.s.) se distinguió por poseer una férrea voluntad y una inmensa determinación, asemejándose en ello a su abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.), quien resistió la incredulidad y la idolatría y permaneció firme frente a los inicuos de Qureish, y quien en una de sus eternas palabras doradas dijo (s.a.w.): “¡Por Dios! que si me pusieran el sol en la mano derecha y la luna en la izquierda para que dejara de lado esta responsabilidad, no lo haría, hasta morir, o Dios, Glorificado Sea, me brinde Su asistencia”. Asimismo fue la postura de su nieto ante esa prolongación de la Época de la Ignorancia manifestada en el gobierno abasí. El Imam permaneció firme rechazando sus oscuras políticas de las que surgía todo aquello que contradecía a Dios y a Su Mensajero (s.a.w.). Los abasíes se esmeraron por atraerle hacia su aparato estatal ofreciéndole para ello grandes sumas de dinero y elevados cargos de gobierno, solo que él (a.s.) insistió en su postura de rechazo a sus prácticas que conllevaban la difusión del mal y la corrupción, y que gastasen las riquezas de la comunidad en sus pasiones y noches de lujuria. La situación fue tal que los abasíes le consideraron el único representante de una oposición a su oscura política basada en la opresión y la tiranía.

3- Su generosidad

Otra manifestación de las pautas morales y particularidad del Imam Abû Muhammad (a.s.) era su generosidad y magnanimidad, de manera que era el más generoso de la gente y quien realizaba más caridad a los pobres y desdichados. Las siguientes son muestras de su magnificencia:

1. Dispuso comisionados en la mayoría de las regiones del mundo islámico en las que se aceptaba su Imamato, y les confió la responsabilidad de recibir los fondos provenientes de las obligaciones religiosas para que ellos mismos los gastasen en los pobres y desposeídos, en conciliar a las personas y en otros usos que beneficiasen a la gente.

2. Muestra de su desbordante generosidad es lo narrado por el ‘alawî Muhammad Ibn ‘Alî Ibn Ibrâhîm Ibn Mûsâ Ibn Ÿa‘far (a.s.) sobre que cierta vez fueron afligidos por una estrechez económica, por lo que su padre le dijo:

- “Vamos a ver a ese hombre (esto es, el Imam Abû Muhammad, con él sea la paz) puesto que me han hablado de su magnificencia”.

- “¿Acaso le conoces?”, preguntó su hijo.

- “No le conozco ni le he visto nunca”.

Ese desconocimiento y falta de comunicación de los ‘alawíes entre sí se debía al gran hostigamiento al que eran sometidos los descendientes del Profeta (s.a.w.) por parte de los abasíes, puesto que les asesinaban y arrojaban en oscuras prisiones, especialmente a aquellos que tenían comunicación con los Imames de Ahl-ul Bait (a.s.).

Como sea que fuere, el padre le dijo a su hijo:

- “¡Qué necesitados estamos de que él -es decir, el Imam Abû Muhammad, con él sea la paz– ordene que se nos dé quinientos dírhams; doscientos para vestimentas, doscientos para comprar harina y cien para gastos”.

Su hijo le dijo:

- “¡Ojala ordenara que se me dieran trescientos dírhams a mí! Con cien dírhams compraría un burro, otros cien serían para gastos, y los otros cien para vestimenta. Con eso me iría a la montaña”.

Cuando finalmente se encontraron con el Imam (a.s.), éste les recibió con mucha amabilidad y hospitalidad. En un momento dado dio una orden a su sirviente y éste le dio quinientos dírhams al padre y trescientos al hijo, que era lo que anhelaba, y además le dijo que no se fuera a la montaña sino que se dirigiera a la región de Saurâ’.4 De esta manera, por la generosidad del Imam (a.s.) mejoró la situación de estos dos ‘alawíes.

3. Otro caso en que se manifiesta su benevolencia y sentido de la caridad es lo narrado por el confiable Abû Hâshim Al-Ÿa‘farî, quien se encontraba encarcelado y le escribió una carta en la que se quejaba de la estrechez de la prisión y la dureza de la misma. El Imam (a.s.) le respondió:

- “Tú rezarás la oración del mediodía hoy en tu casa”.

No pasó mucho rato que fue liberado y rezó la oración del mediodía en su casa. Abû Hâshim también estaba en estrechez económica por lo que el Imam (a.s.) le envió cien dinares y un escrito en el que le decía: “Si tienes alguna necesidad no tengas vergüenza ni te retraigas. Pídela, que tendrás lo que deseas, si Dios quiere”.5

Éstas fueron algunas muestras de su mar de generosidad que salvó a muchos pobres y desprovistos.

4- Su elevada moral

El Imam Abû Muhammad (a.s.) poseía una gran y elevada moral, de manera que al toparse tanto con el amigo como con el enemigo lo hacía con una rebosante sonrisa. Había heredado esa particularidad de su abuelo el Mensajero de Dios (s.a.w.), de cuyas elevadas virtudes todos se beneficiaban, al punto de lograr que el rencor y hostilidad de sus enemigos se transformase en amistad y afecto. En esa misma senda marchó su nieto y albacea el Imam Abû Muhammad (a.s.). Cuentan los narradores que fue encerrado en la cárcel de uno de los miembros del gobierno abasí que le aborrecía intensamente. El soberano abasí le había indicado a este hombre que tratara con dureza al Imam (a.s.) y le infligiera tormentos; pero cuando estuvo en contacto con él (a.s.) y fue testigo de sus elevadas pautas de moral y su profunda fe, se transformó totalmente, al punto que al final no se animaba a mirarle sino con gran respeto y admiración. Cuando el Imam (a.s.) salió de la cárcel ese hombre se contaba entre las personas más lúcidas y quien mejor hablaba sobre el Imam (a.s.).6

5- Su contrición a Dios, Glorificado Sea

El Imam Abû Muhammad (a.s.) fue la persona más devota de su tiempo y aquel cuya obediencia y contrición a Dios, Glorificado Sea, era mayor. Pasaba las noches despierto rezando, recitando el Libro de Dios y prosternado ante Dios, Glorificado Sea. Dijo Muhammad Ash-Shâkirî: “El Imam (a.s.) solía ubicarse en su nicho de oración y prosternarse tanto que a veces caía dormido por la extenuación y al despertarse seguía prosternado”.7 El Imam (a.s.) era contrito a Dios, Glorificado Sea, y le brindaba una sincera y total dedicación en su adoración y obediencia, tal como lo hacían sus padres (a.s.) quienes consagraron sus vidas a Dios, Glorificado Sea, y fueron los portadores de Su Mensaje, y Sus verdaderos exhortadores en la Tierra.

Las siguientes son algunas reseñas en lo relacionado con su adoración a Dios.

Su rezo

Cuando el Imam Abû Muhammad (a.s.) se disponía a realizar sus oraciones sus miembros corporales se estremecían, su color se tornaba amarillento y con un corazón sano se dirigía a Dios, Glorificado Sea, el Creador del Universo y Otorgador de la vida. La gente no vio nada igual en lo referente a su sometimiento y humildad ante Dios, Glorificado Sea, durante el rezo, el cual representa el mayor de los actos de adoración.

Su súplica durante el qunût del rezo

El Imam Abû Muhammad (a.s.) solía realizar la siguiente destacada súplica en el rezo durante el qunût:

“¡Oh Aquel cuya luz ha cubierto las tinieblas! ¡Oh Aquel cuya santidad ilumina las comarcas escabrosas! ¡Oh Aquel a quien se subyuga la gente de la Tierra y de los cielos! ¡Oh Aquel ante Quien todo arrogante y engreído languidece en obediencia! ¡Oh Conocedor de los recónditos fueros internos! Abarcas todas las cosas con Tu misericordia y conocimiento. ¡Perdona a aquellos que se arrepienten y que siguieron Tu sendero; protégeles del castigo del Infierno; apresúrales el auxilio de Tu parte que les prometiste. Tú no faltas a la promesa. ¡Dios mío! apresura la destrucción de la gente de la artimaña; sitúales en la peor morada del mayor castigo y el más repugnante escarmiento.

¡Dios mío! Tú tienes presente los secretos de Tu Creación, eres Conocedor de sus fueros internos y no tienes necesidad de poner al descubierto lo que ocultan -(y no lo harías) si no fuera por la lamentación del que se ampara (en Ti), quien recurre a que efectúes lo que le prometiste con relación a poner al descubierto la situación en la que (los opresores) se esconden-. Tú sabes, ¡oh mi Señor!, lo que yo oculto y lo que muestro, lo que divulgo y lo que escondo, lo que manifiesto y lo que encubro en cuanto a la administración de mis momentos, y la variedad de mis movimientos en lo que respecta a mis necesidades. Tú ves, ¡oh mi Señor!, las contrariedades que soporta la gente que sigue Tu Wilâiah, y cómo Tus enemigos hacen que esa situación continúe. No desconfiamos de (la continuación de) la generosidad, ni de las mercedes, pero el esfuerzo exhorta a requerir más. Así también, el que nos hayas ordenado suplicar -en tanto el pedido de amparo sea sincero y exclusivamente requerido a Ti-, conlleva ser objeto de Tu benevolencia, siendo menester el incremento de las mercedes. Estos copetes y cuellos están sometidos a Ti con la humildad de la servidumbre y por el reconocimiento de la autoridad del señorío divino; los mismos te exhortan con sus corazones y tienen sus miradas puestas en Ti procurando apresurar la munificencia. Lo que quieres es, y lo que quieres que sea, es indefectible.

Tú eres Aquel a Quien se le invoca y de Quien se espera, de Quien se tiene esperanza y a Quien se pide. El que alguien tome de Ti, nada te merma aunque fuera abundante. No importuna ningún solicitante, aunque fuera insistente en su imploración.

Tu reino es inagotable, Tu grandiosidad permanece por la eternidad, y Tu voluntad se manifiesta en todos los tiempos en su medida. Tú eres Dios, no hay divinidad más que Tú, el Benevolente, el Subyugador.

¡Dios mío! Corrobóranos y ratifícanos mediante Tu perdón; resguárdanos mediante Tu indemnidad; y haznos alcanzar lo que obtienen los que se aferran a Tu cordel y se resguardan bajo Tu protección”.8

Esta súplica nos señala los excelsos atributos y majestuosas cualidades que el Imam (a.s.) le atribuye al Grandioso Creador. Asimismo, pone de manifiesto su completo conocimiento acerca de la Grandeza de Dios, Glorificado Sea, puesto que, al igual que sus padres -que procuraban la complacencia de Dios, Glorificado Sea-, fue un exhortador hacia la Unicidad Divina. En su súplica, el Imam (a.s.) hizo hincapié en la persecución y tormentos que padecían los musulmanes de su época por parte de los gobernantes abasíes, quienes se empeñaron en oprimir a la gente y les forzaban a realizar lo que detestaban.

Otra súplica que realizaba en su qunût

Fue transmitido del Imam Abû Muhammad (a.s.) otra súplica que realizaba en el qunût de sus oraciones. Solía realizarla para imprecar contra los gobernantes de su época por haber hecho lícito lo prohibido por Dios. En ella mencionaba sus actos de opresión contra los súbditos, así como las trasgresiones de las que le hacían objeto, por lo que se cuenta entre las súplicas políticas. Los siguientes son algunos puntos de la misma:

“¡Dios mío! Nos ha abarcado la aberración de las insidias; se ha apoderado de nosotros la tiniebla de la consternación; nos ha azotado la humillación y el menosprecio, y nos gobiernan quienes no son de confianza para Tu religión. Somos saqueados por quienes representan las fuentes de la aversión de entre aquellos que derogaron Tus normas y se esfuerzan por extraviar a Tus siervos y corromper Tu tierra.

¡Dios mío! La hacienda que nos correspondía se adjudica conforme a privilegios después de haberse repartido equitativamente; el gobierno que tenemos es por avasallamiento después de haber estado basado en el buen consejo. Somos objeto de una monarquía hereditaria luego de que la comunidad tenía el poder de elección. Fueron comprados elementos de placer e instrumentos musicales con la parte que correspondía a los huérfanos y las viudas. Fue criado con los bienes de Dios aquel que no observa ningún respeto por Él. Gobiernan sobre los creyentes un grupo que luego de capitular fueron amparados por el Islam. Se ocupa de los asuntos de los huérfanos el corrupto de cada clan. Es así que no hay defensor que les proteja de la devastación, ni cuidador que les vea con una mirada de misericordia, ni nadie que se compadezca y sacie el hambre de los estómagos dignos, que fueron menoscabados y dispuestos en moradas arruinadas, prisioneros en la indigencia y que se suceden en la tribulación y la humillación.

¡Dios mío! La cosecha de la falsedad requiere ser cortada pues ha llegado a su término. Sus tallos se han afianzado, sus granos se han acumulado, sus brotes han florecido, sus ramas se han elevado y aplastan a sus colindantes.

¡Dios mío! Asigna de parte de la Verdad una mano cosechadora que tumbe su soporte, quiebre su tronco, corte su copa y derribe su cerco, de manera que la falsedad se oculte de la más repugnante manera, y se manifieste la Verdad en su mejor atavío.

¡Dios mío! No dejes para la tiranía ningún soporte sin aplastar, ni refugio sin arrasar, ni alianza sin dividir, ni grueso escuadrón sin desmantelar, ni alto bastión sin destruir, ni erigido estandarte sin derribar, ni verdor que no tornes infecundo.

¡Dios mío! Oscurece su sol, remueve su luz, desvanece su mención, derrama la Verdad sobre su cabeza, disuelve sus ejércitos y amedrenta los corazones de su grupo.

¡Dios mío! No dejes tras la misma remanente sin aniquilar, ni edificación sin demoler, ni entorno sin desbaratar, ni arma sin desarticular, ni afilada espada sin quebrar, ni punta de lanza sin extraer, ni portaestandarte sin derribar”.9

¿Veis lo que ocurrió con el mundo islámico? ¿Veis toda esa falta de respeto a los asuntos sagrados de Dios, Glorificado Sea, toda esa opresión, tiranía y corrupción perpetrada por los gobernantes abasíes, y cómo jugaron con el destino de la comunidad?

¿Observasteis con detenimiento esta aguda súplica del Imam Al-‘Askarî (a.s.) contra los líderes de la injusticia y la corrupción en la Tierra?

  • 1. - Bihâr al-Anwâr, t.78, p.372.
  • 2. - Nuzhat an-Nâdzir wa Tanbîh al-Jawâtir, pp.143-144.
  • 3. - Bihâr al-Anwâr, t.78, p.373.
  • 4. - Kashf al-Gummah, t.3, p.200.
  • 5. - Ibíd., t.3, p.202.
  • 6. - Ibíd., t.3, p.204.
  • 7. - Dalâ’il al-Imâmah, t.1, p.227.
  • 8. - Muhaÿ ad-Da‘awât, pp.62-63.
  • 9. - As-Sahîfah ar-Radawîiah al-Ÿâmi‘ah, sección: Las súplicas del Imam Al-Hasan Ibn ‘Alî Al-‘Askarî (a.s.), pp.231-232.