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Fátima Az-Zahrâ’ (a.s.)

En cuanto a la Señora de las Mujeres del Universo, ella “es parte del Mensajero de Dios (s.a.w.)”, por cuya satisfacción Dios está satisfecho y por cuyo enfado Dios se enfada, tal como fue narrado en forma mutawâtir 1 en los textos transmitidos de su padre.2 Ella es quien se asemejó a su padre en sus nobles características y sus elevadas virtudes morales, habiendo heredado de él su personalidad y mentalidad. La siguiente es una resumida imagen de su elevada moral y de las sublimes características con las que se distinguía.

Su dedicación absoluta a Dios

Entre las elevadas virtudes de la Señora de las Mujeres (a.s.) se encuentra su dedicación absoluta a Dios, Glorificado Sea, de manera que se aferraba y refugiaba en Él en todos sus asuntos, lo cual se manifestó en sus actos de adoración. El Imam Al-Hasan (a.s.) se refirió a su adoración y profunda fe en Dios, Glorificado Sea, diciendo:

“Vi a mi madre Fátima (a.s.) en su nicho de oración por la noche inclinada en oración hasta que despuntó la aurora, y la escuché que suplicaba por los creyentes y las creyentes, refiriéndose a ellos por sus nombres. Abundaba en la súplica por ellos sin suplicar nada por ella misma, por lo que le dije: “¡Oh madre!, ¿por qué no suplicas por ti misma?”.

Me respondió: “¡Oh hijito mío!, primero el vecino, luego la propia casa”.3

Dijo Al-Hasan Al-Basrî: “No hubo en esta comunidad nadie que adorara más a Dios que Fátima (a.s.). Ella solía permanecer erguida en oración hasta que se le hinchaban los pies”.4

Ella, que era “parte del Mensajero de Dios (s.a.w.)”, solía pasar las noches en vela adorando a Dios, Glorificado Sea, y consagrándose a Él. Hemos mencionado una detallada exposición de su adoración y sus súplicas en nuestro libro Haiât Saîidah an-Nisâ’ al-‘Âlamîn Fâtimah Az-Zahrâ’ (a.s.) - (La vida de la Señora de las Mujeres del Universo, Fátima Az-Zahrâ’, con ella sea la paz).

Su caridad para con los pobres

Una de las normativas de la Señora de las Mujeres (a.s.) fue la caridad para con los pobres y hacer el bien a los débiles, siendo por ella y por su esposo e hijos que fue revelada la Sûra Hal Atâ, en la que el Altísimo dice: «Y alimentan con su comida a pesar de quererla, al menesteroso, al huérfano y al prisionero liberto * Por cierto que solamente os alimentamos procurando la Faz de Dios; no queremos de vosotros recompensa ni agradecimiento».

Las siguientes son algunas reseñas de sus acciones de caridad:

1. Ella solía moler granos de trigo y cebada para los pobres de entre sus vecinos que no podían hacerlo. Por transmitirse que ella solía hacer eso, fue objeto de la crítica del califa Al-Mu‘tazz li Dînil·lâh, el Abasí, quien no comprendía nada en absoluto de lo que son los valores humanos, a lo cual Safîiuddîn Al-Hil·lî le respondió:

Le reprochas porque usaba el molino y molía provisiones,

En tanto tu provisión (de juicio) no deja de ser granos sin moler.

2. Solía acarrear agua con una tinaja y llevarla a los pobres de entre sus vecinos que no podían conseguir agua.

3. En la noche de su boda con el señor de los albaceas, el Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.), su padre, el Mensajero de Dios (s.a.w.), le obsequió un vestido para que se lo pusiera, pero al llegar la mañana no vio que lo llevara puesto, por lo que le preguntó al respecto. Ella dijo:

“¡Oh padre! Tocó a mi puerta una joven muchacha pobre pidiéndome algún vestido y primero tomé mi viejo vestido para dárselo, pero recordé las Palabras del Altísimo que dicen: «No alcanzaréis la bondad hasta que no deis aquello que os guste».5 Y a mí me gustaba el vestido nuevo, así que preferí a esa joven por sobre mí misma y se lo di”.6

¡Qué alma angelical era esa! ¡Qué alma grandiosa que representó al Islam en todos sus valores! Es la misma alma de Muhammad (s.a.w.) a quien Dios, Glorificado Sea, envió como misericordia para el universo.

4. Entre las obras de caridad de la Señora de las Mujeres del Universo, se encuentra lo narrado por Ÿâbir Ibn ‘Abdul·lâh Al-Ansârî, quien dijo: “El Mensajero de Dios (s.a.w.) rezó con nosotros la oración de la tarde y cuando finalizó la misma permaneció sentado en dirección a la qiblah y la gente congregada alrededor suyo. Entonces se presentó un anciano muy entrado en años y se quejó de hambre diciendo: “¡Oh Profeta de Dios! Me encuentro hambriento, ¡dame de comer! Estoy desprovisto de ropa, ¡vísteme!”.

El Mensajero de Dios (s.a.w.) le ordenó dirigirse hacia quien era “parte de él”, y le dijo que ella le auxiliaría. El beduino fue hacia la casa de Az-Zahrâ’ -la paz de Dios sea con ella-, la saludó y le dijo: “¡Oh hija de Muhammad! Me encuentro desprovisto de ropa y hambriento, así pues, ¡asísteme! Que Dios se compadezca de ti”.

Fátima Az-Zahrâ (a.s.) se encontraba en estrechez económica, de manera que no encontraba nada con que auxiliarle más que un cuero de cordero sobre el cual dormían sus hijos Al-Hasan y Al-Husain. Le dijo: “¡Toma esto, oh anciano!”, pero él no lo quiso y se lo devolvió. Entonces ella tomó el collar que tenía en su cuello, se lo quitó y se lo entregó. Se lo había obsequiado Fátima, la hija de su tío el mártir.

El beduino lo tomó y fue hacia el Profeta (s.a.w.) y le dijo: “¡Oh Mensajero de Dios! Ella me dio este collar diciéndome: “¡Véndelo! ¡Y espero que Dios te otorgue algo bueno por ello!”. El Profeta (s.a.w.) lloró y dijo: “¿Y cómo Dios no habría de darte algo bueno, desde que eso te lo dio la hija de Muhammad, la Señora de las hijas de Adán?”. Luego, ‘Ammâr Ibn Iâser, ese hombre excelente hijo de excelentes, se adelantó y le compró al beduino el collar por veinte dinares, doscientos dírhams, un manto yemení y una cabalgadura que le permitiera llegar donde su gente, y además le dio trigo y carne para comer. El aciano partió alegre y contento suplicando por la Señora de las Mujeres y diciendo: “¡Dios mío! No tenemos divinidad más que Tú. ¡Dios mío! Otorga a Fátima lo que no ha visto ningún ojo ni escuchado oído alguno”.

‘Ammâr tomó el collar y lo perfumó con almizcle; lo envolvió en una tela yemení y se lo dio a un esclavo suyo diciéndole: “Toma este collar y entrégaselo al Mensajero de Dios (s.a.w.), y tú mismo quédate a su servicio”. El esclavo fue y entregó el collar al Mensajero de Dios (s.a.w.), quien a su vez le ordenó dirigirse hacia la Señora de las Mujeres. Ella tomó el collar y liberó al esclavo. Cuando el Profeta (s.a.w.) se enteró, sonrió y dijo:

“¡Qué gran bendición la de ese collar!, satisfizo a un hambriento, vistió a un desnudo, enriqueció a un pobre, liberó a un esclavo y (finalmente) volvió a su dueño”.7

Su pudor y Hiÿâb

Entre las elevadas pautas de moral de la hija del Mensajero de Dios (s.a.w.) se encuentra el pudor y el hiÿâb o correcta vestimenta islámica, habiendo alcanzado el apogeo de tal expresión, brindando a la mujer musulmana lecciones para ser maestra de generaciones y formadora de hijos probos que fueran luz de los ojos de sus padres y madres, y de su nación. Las siguientes son algunas reseñas de su pudor:

1. Narró el Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.):

“Un ciego pidió permiso para ingresar adonde se encontraba Fátima (a.s.) y ella se cubrió. Su padre le preguntó: ‘¿Por qué te cubres siendo que él no te ve?’. Le contestó: ‘Si bien él no me ve, yo sí le puedo ver’.

El Profeta (s.a.w.) celebró ello y elogió a su hija diciendo: ‘Testimonio que tú eres parte de mí’.”8

La hija del Mensajero de Dios (s.a.w.) alcanzó el más elevado nivel de recato, pudor y pureza. La mujer musulmana debe seguir el ejemplo de la Señora de las Mujeres para construir una sociedad islámica basada en el honor y la virtud.

2. El Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.) formuló la siguiente pregunta a la hija del Mensajero (s.a.w.): “¿En qué momento la mujer se encuentra más cerca de su Señor?”. Ella le respondió: “Cuando permanece en el entorno de su casa”. El Imam (a.s.) le comentó su respuesta al Mensajero de Dios (s.a.w.) y éste dijo: “Ha dicho la verdad. Por cierto que Fátima es parte de mí”.9

El hiÿâb constituye un ornamento y honor para la mujer, de manera que cuando se ornamenta con el mismo se encuentra en el sitio más elevado, en la posición más preciada, y obtiene la consideración de todos. En cambio, si es desvergonzada y está ligera de ropas, la sociedad no la valora y no encuentra lugar en las almas.

El hiÿâb de la Señora de las Mujeres (a.s.) conforma una luz y guía para toda joven virtuosa que anhele vivir siendo apreciada en la sociedad.

Su postura contundente en defensa del Imam (a.s.)

Entre sus elevadas características morales se encuentra su contundente y firme postura y su gran auxilio a su esposo el Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.), el adalid de la justicia social en el mundo del Islam. Los emigrados de Qureish, bajo el liderazgo de ‘Umar Ibn Al-Jattâb, se propusieron arrebatar el Califato del Imam y conferírselo a Abû Bakr. Fátima -la paz de Dios sea con ella-, tenía una fe inquebrantable en que su esposo era el que tenía más derecho a esa posición que le fue asignada por el Profeta (s.a.w.), y era el más digno para asumirla.

Es de resaltar que ello no surgía de un sentimiento afectivo o algún otro asunto improcedente similar, puesto que su posición está totalmente alejada del sometimiento a otra cosa que no sea la verdad. Su padre (s.a.w.) le había infundido las particularidades de su propio temple, alimentándola con la pura fe, para que fuese la guía de las mujeres de su comunidad, las orientase hacia las bases de una vida digna, y las guiase hacia lo que es más recto.

La hija del Mensajero de Dios (s.a.w) consideró profunda y ampliamente quién era el más digno para liderar la comunidad hacia la prosperidad luego del fallecimiento de su padre, y no encontró a nadie con más derecho que su esposo para este delicado cargo del cual dependía la comunidad para mantenerse indemne del desvío, garantizándose así su futuro y conducción de las comunidades y pueblos del mundo. Estaban dadas en él todas las condiciones y atributos de virtud que debía reunir el máximo líder de la comunidad, entre los cuales se cuentan los siguientes:

1. El Imam (a.s.) fue el primero que creyó en el Islam y asimiló su valía y objetivos, como así también fue el primero que rezó en la sagrada Casa de Dios junto al Profeta (s.a.w.).

2. El Imam (a.s.) fue la fuerza de combate que protegió al Islam en los días de crisis y desamparo, y fue su lacerante espada la que cazó una tras otra las cabezas de los idólatras de Qureish, a los lobos árabes y a los sediciosos de la Gente del Libro. Es así que fue el primer combatiente del Islam y el más destacado campeón de las fuerzas militares que portaron el Mensaje del Islam, elevando las palabras de Dios en la Tierra.

El Imam (a.s.) fue quien realizó admirables hazañas, como sucedió en los días de las batallas de Badr, Uhud, Hunain, Al-Ahzâb y otras. El Islam se irguió con su espada y sentó sus bases con su sagrada lucha, de manera que no hay brecha que los idólatras hubieran abierto en el Islam que el Imam no procediera a cerrar. En todas sus batallas, el Profeta (s.a.w.) confirió el liderazgo mayor de su ejército al Imam (a.s.), de manera que no participó de una batalla sin que el triunfo se hubiera logrado a través de sus manos. Fue quien venció a los judíos y les sometió, conquistando sus fortalezas y doblegando su poderío.

3. El Imam (a.s.) fue el más sabio de entre los Compañeros del Profeta (s.a.w), quien más comprendía las normas de la religión y los asuntos de la Sharî‘ah (legislación islámica), especialmente en lo relacionado con la emisión de juicios, de manera que el Profeta (s.a.w.) dijo: “El más capacitado para juzgar entre vosotros es ‘Alî”. Y se volvió famosa la frase de ‘Umar: “Si no fuera por ‘Alî, ‘Umar habría perecido (esto es, no habría sabido qué hacer)”. Nadie entre los Compañeros compartió con él esa cualidad. Ya hemos brindado una imagen de sus juicios en nuestra Enciclopedia sobre su persona. (“Los juicios del Imam (a.s.) en los tesoros del pensamiento islámico”).

Así como fue el más sabio de los musulmanes en lo relacionado con la emisión de juicios y normas de la religión, asimismo fue el más sabio en los asuntos de política, administración y organización de gobierno. Su carta a su comisionado Mâlik Al-Ashtar conforma una de las más firmes pruebas de ello, desde que se ocupa extensivamente de los asuntos políticos de una manera como no han sido tratados en ningún otro estatuto político, ni en el Islam ni en ningún otro edicto en el mundo. Esta carta nos da una imagen de la profunda habilidad del Imam (a.s.) en los asuntos políticos mundiales y su superioridad por sobre todos los estadistas del mundo.

Sus cartas a sus funcionarios y comisionados se cuentan entre las fuentes más lúcidas y sensatas a la sombra de las cuales la gente se beneficia.

Así como el Imam (a.s.) fue el más sabio de los musulmanes en los asuntos políticos, asimismo fue el más sabio en las otras ciencias y conocimientos, como en la ciencia de la elocuencia y la retórica, la filosofía, la jurisprudencia, las matemáticas y la gramática.

Dice Al-‘Aqqâd: “Por cierto que el Imam franqueó muchas puertas de las ciencias que ascienden a treinta tipos de conocimiento, y con tal riqueza académica que poseía el Imam (a.s.) ¿cómo podría otro anteponérsele, en tanto Dios, Glorificado Sea, dice en Su Libro: «¿Acaso se equiparan los que saben con los que no saben?»”.10

Y aquellas palabras que consideran permitido que el menos virtuoso se anteponga al más virtuoso, como sostienen algunos, no inducen más que a la burla, puesto que esa lógica es incompatible con los valores islámicos, los cuales imponen anteponer a los sabios sobre el resto de la comunidad y sus componentes ideológicos y académicos.

4. Entre las elevadas cualidades que poseía el Imam (a.s.) se encuentra su negación del sí mismo y su sacrificio en beneficio de los intereses de la comunidad por sobre cualquier otra cosa, y su extrema precaución en lo referente a las riquezas de los musulmanes. Estas cualidades se manifestaron muy claramente en su política cuando asumió la jefatura de la comunidad luego de que fuera ultimado ‘Uzmân -el caudillo de los omeyas-. El Imam (a.s.) se abstuvo de todas las manifestaciones de la vida confortable, y los historiadores de los eventos del Islam testimoniaron unánimemente que él no acopió para sí mismo ni para su familia ninguna riqueza del Estado, sino que se abstuvo de la misma de la forma más rigurosa, dirigiendo a los musulmanes con una política basada en la pura justicia y la simple verdad. Dio un trato igualitario a todos los ciudadanos, tanto musulmanes como no musulmanes, y con relación a todos los derechos y obligaciones.

No hay dudas de que, ni el oriente ni el occidente han conocido un gobernante tan justo como el Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.) en su negación del sí mismo y la no utilización del poder para ningún interés o propósito político.

5. Entre los atributos más exponentes de la personalidad del Imam (a.s.), ese adalid de la gran justicia en la Tierra, se encuentra su piedad y temor a Dios, Glorificado Sea, y su contrición a Él, siendo el caudillo de los monoteístas y el señor de los timoratos. Él es quien dijo:

“Si me fueran dadas las siete tierras con todo lo que hay bajo las esferas celestes, para que desobedezca a Dios, Glorificado Sea, en lo relacionado con usurpar un grano de cebada de la boca de una langosta, no lo haría”.

Existe unanimidad sobre que él, después de su hermano y primo el Mensajero de Dios (s.a.w.), fue el mayor invocador hacia Dios, Glorificado Sea. Entre las manifestaciones de su piedad está que se abstuvo de aceptar lo propuesto por ‘Abdurrahmân Ibn ‘Auf, cuando después del asesinato de ‘Umar le insistió que le daría su determinante voto para el Califato a condición de que se condujera según la tradición de los dos Sheijes, Abû Bakr y ‘Umar, a lo cual se rehusó.

No queda lugar a dudas de que ello conformó una clara objeción a las políticas y conductas de esos dos Compañeros. Si el Imam hubiera sido de los cautivados por el reino y el poder11 hubiera aceptado eso para luego conducirse según su propia política de gobierno y en conformidad a sus propios lineamientos islámicos, y si luego ‘Abdurrahmân Ibn ‘Auf se lo hubiera reprochado, podría haberle arrestado o anulado de alguna forma.

En ningún periodo de la historia de la humanidad se ha visto a un gobernante como el Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.) en lo relacionado con su justicia, su piedad, su temor a Dios y su rechazo a las consideraciones mundanales. Él sometió su alma y le impuso cargas para así poder establecer en el oriente árabe un gobierno cuyas bases fueran la justicia pura y la simple verdad.

6. La hija del Mensajero de Dios (s.a.w.) vio que su padre había dispuesto a su esposo para el cargo de califa después de él, designándole como líder para la marcha de su comunidad, y que por ello había tomado para él de los musulmanes la bai‘ah o juramento de fidelidad en la rivera de Gadîr Jumm, cuando fue revelada la distinguida aleya del Corán que expresa: «¡Oh Mensajero! Anuncia lo que te fue revelado de parte de tu Señor, ya que si no lo hicieras no habrías anunciado Su Mensaje. Ciertamente que Dios te mantendrá indemne de la gente. Por cierto que Dios no guía a los incrédulos.»

Después de esa advertencia de parte de Dios, el Profeta (s.a.w.) se levantó y congregó a los peregrinos en la rivera de Gadîr Jumm, de entre aquellos que regresaban de la peregrinación a la Casa Sagrada de Dios, y les recitó la bendita aleya, informándoles lo que Dios, Glorificado Sea, le había ordenado anunciar, que era la designación del Imam (a.s.) como Califa después de él, por lo cual los musulmanes le dieron el juramento de fidelidad aceptando su jefatura y potestad (wilâiah). Las esposas del Profeta (s.a.w.) le dieron su juramento de fidelidad y fue felicitado por ‘Umar Ibn Al-Jattâb, quien le dijo: “Felicitaciones, ¡oh hijo de Abû Tâlib! Te has convertido en mi Mawlâ (señor, protector o maestro) y en el Mawlâ de todo creyente y toda creyente…”.

La bai‘ah o juramento de fidelidad otorgado al Imam Amîr Al-Mu’minîn (a.s.) en Gadîr Jumm, forma parte del Mensaje del Islam, de manera que quien lo niega no ha alcanzado la madurez religiosa. Además de la bai‘ah dada por los musulmanes al Imam en Gadîr Jumm, existen además textos transmitidos del Profeta (s.a.w.) en forma mutawâtir con relación al derecho del Imam (s.a.), que indican su posición y elevado lugar, como el que dice: “Tú tienes con relación a mí la posición de Aarón con relación a Moisés, solo que no habrá profeta después de mí”. También está el dicho: “‘Alî está con la verdad y la verdad está con él”. O también, “‘Alî está con el Corán y el Corán está con él”, o sus palabras que expresan: “Yo soy la ciudad del saber y ‘Alî es su puerta”. Y muchos otros hadices que fueron compilados en los Sihâh y los Sunan, siendo el propósito de los mismos proponer al Imam para el cargo de Califa, y su establecimiento como Imam y guía de la comunidad después de él.

En cualquier caso, aquella que fuera “parte del Mensajero de Dios”, la hija del Profeta, tenía la convicción de que el Imam era el Califa (o sucesor) legal de su padre, por lo que vio que era su obligación movilizarse contra el gobierno de Abû Bakr y devolver el califato a la línea del Mensaje. A este respecto Abû Bakr y su compañero ‘Umar asumieron una postura muy severa y hostil y caracterizada por la desconsideración, de manera que, para obligar al Imam a salir y dar su juramento de fidelidad a Abû Bakr, ‘Umar atacó su casa junto a un grupo de sus custodios que llevaban leña. ‘Umar elevó su voz diciendo:

“¡Por Aquel en cuyas manos se encuentra la vida de ‘Umar! ¡O salís, o quemaré la casa con quien se encuentre dentro!”.

Se le dijo: “¡Allí se encuentra Fátima!”.

Y respondió: “¿Y qué?”.12

La Señora de las Mujeres (a.s.) le enfrentó en la puerta y le dijo:

“¿Acaso te sientes capaz de quemar mi puerta?”.

Respondió: “Así es. El asunto es más fuerte que lo que trajo tu padre”.13

Su histórico discurso

El mundo se tornó estrecho para la hija del Mensajero (s.a.w.), por lo que se dirigió hacia la Mezquita del Profeta (s.a.w.) para no dejarle excusas a Abû Bakr, y he ahí que profirió su histórico discurso en el cual dispone los puntos sobre las ies y se manifiesta como la más grande mujer que Dios, Glorificado Sea, haya creado sobre la Tierra, a causa de sus cualidades, genialidad y la asombrosa sapiencia y elocuencia que le fueron conferidas. En consideración a la importancia de su discurso, durante los primeros siglos los descendientes de ‘Alî (a.s.) hacían que sus hijos lo memorizasen.

En ese momento la Señora de las Mujeres del Universo tenía diecinueve años, y dio su histórica y eterna disertación a la que ningún elocuente e inspirado disertante en el mundo puede igualar. Pero eso no resulta extraño en relación con la Señora de las Mujeres, quien fue nutrida por su padre, el mejor de la Creación, mediante sus conocimientos y ciencias, infundiéndole las características de su temple hasta llegar a convertirse en una evidente imagen de su persona.

En cualquier caso, la disertación de la Señora de las Mujeres del Universo -la paz de Dios sea con ella- conformó una vehemente revolución contra el gobierno de Abû Bakr, que intentó terminar con los soportes de su Estado y derribar las bases de su gobierno; sólo que él, mediante sus habilidades diplomáticas, consiguió sofocar la revolución y apagar sus llamas.

Hemos mencionado el texto de su disertación junto a un comentario sobre la misma en nuestro libro Haiât Saîidah an-Nisâ’ al-‘Âlamîn Fâtimah Az-Zahrâ’ (a.s.).

Su testamento eterno

La flor de excelente perfume del Profeta (s.a.w.) y quien fuera “parte de él”, esto es, su hija Fátima (a.s.), sufrió debilitantes dolencias causadas por los hechos que aparejaron la usurpación de sus derechos y el hostil trato del que fue objeto, así como otras severas aflicciones que padeció. Su noble cuerpo fue atacado por las enfermedades, por lo que quedó postrada en su lecho, comenzando a marchitarse como lo hacen las flores ante el frío, y la muerte marchó hacia ella rápidamente, mientras se encontraba en su tierna juventud. Cuando comenzó a notar las señales de su traslado hacia Dios, Glorificado Sea, testó ciertos requerimientos de suma importancia, en los que se observa un rechazo al gobierno de Abû Bakr e indicios de su carencia de legitimidad. Sus puntos principales son los siguientes:

1. Que ninguno de aquellos que la maltrataron y trasgredieron sus derechos asista a su cortejo fúnebre, puesto que ellos son sus enemigos y enemigos de su padre.

2. Que su cuerpo sea enterrado en la oscuridad de la negra noche.

3. Que el lugar de su sepulcro permanezca secreto, de manera que su enfado contra esas personas fuese un símbolo indiscutible e imposible de alterar, a lo largo de los siglos y de las generaciones. Es a esto que se refiere Sharîf Makkah, al decir:

Dinos, ¡oh tú que nos discutes! / sobre esos dos usurpadores cuando la despojaron,

¿Acaso es así como dijiste, que no se propusieron / oprimirla? ¡No es así! ¿No la maltrataron?

¿Entonces por qué cuando estuvo preparada para encontrar a Dios, / en su muerte, ambos no se presentaron?

Participaron de su cortejo fúnebre los ángeles del Misericordioso / por deferencia hacia ella;… pero ellos dos no lo hicieron.

¿Fue por ser desprendidos y renunciar a la recompensa de ello; o por hostilidad / a su padre, el Profeta, que ambos no participaron?

¿O bien fue acaso porque esa recatada Dama testó que ninguno de los dos / su entierro presenciaran, y es así que no lo hicieron?

¿O será que su padre se lo indicó en confidencia / y la hija del Profeta la voluntad de su padre hubo acatado?

Di como quieras, que te será suficiente, puesto que ésta / es una impostura cuya máxima extensión ha alcanzado.

El Imam (a.s.) ejecutó todos sus requerimientos, los cuales dispusieron la piedra basal para los fundamentos de Ahl-ul Bait (a.s.).

Con esto concluimos el tema de la elevada moral de la hija del Mensajero (s.a.w.). Su moral fue una extensión de la de su padre, quien sentó las bases de pensamiento en el mundo del Islam.

  • 1. - Mutawâtir: narración con numerosas y diferentes cadenas de transmisión no conectadas entre sí al punto que no queda probabilidad de confabulación en la mentira o mutua influencia en el equívoco. (N. del T.)
  • 2. - Haiât Saîidah an-Nisâ’ al-‘Âlamîn Fâtimah Az-Zahrâ’ (a.s.), por el mismo autor del presente escrito, p.78.
  • 3. - Ibíd., p.71.
  • 4. - Ibíd., p.71.
  • 5. - Sûra Âl ‘Imrân; 3: 92.
  • 6. - Haiât Saîidah an-Nisâ’ al-‘Âlamîn Fâtimah Az-Zahrâ’ (a.s.), por el mismo autor de este escrito, pp. 65 y 66.
  • 7. - Ibíd., pp.66 y 67.
  • 8. - Ibíd., pp.69 y 70.
  • 9. - Al-Ÿa‘farîiât, p.95.
  • 10. - Sûra az-Zumar; 39: 9.
  • 11. - Sûra al-Mâ’idah, 5: 67.
  • 12. - Al-Imâmah wa as-Siâsah, t.1, p.19.
  • 13. - Ansâb al-Ashrâf, t.1, p.586.