Capítulo 8: La wilayah
Capítulo 8: La wilayah: La autoridad espiritual y temporal de los imames
Capítulo 8: La wilayah: La autoridad espiritual y temporal de los imames
Capítulo 9: El imamato, La herencia esotérica o el baṭin del profeta
Para no repetir lo ya dicho, nos limitaremos a recordar simplemente que la cuestión del califato se funda, para el shiismo, sobre un fondo de trascendencia y de ningún modo el derecho sucesorio de ‘Ali puede ser sometido al escrutinio del parecer humano. La autoridad de ‘Ali tiene para los shiitas un rango primacial que no es igual al que poseen los otros jefes islámicos, sino una categoría espiritual única y superior por la gracia que Dios confirió a la wilayah del profeta con la cual él perfeccionó al islam y completó su misión apostólica en la tierra.
al-Qur’ān al-karīm.
The Meaning of the Holy Qur’ān. Trans. ‘Alī, ‘Abdullāh Yūsuf. Beltsville,Md.: Amana Publications, 1996.
The Holy Qur’ān. Trans. ‘Alī, Aḥmad. Elmhurst: Tahrike Tarsile Qur’ān,1988.
The Glorious Koran. Trans. Muḥammad Marmaduke Pickthall. Albany: SUNY P, 1976.
Holy Qur‘ān. Trans. M.H. Shakir. New York: Tahrike Tarsile Qur’ān, 1982.
Nota a la 2ª edición en inglés1
El Imam Ruhullah al-Musavi al-Jomeini nació el 24 de septiembre de 1902, en el seno de una familia de fuerte tradición religiosa en Jomein, una pequeña ciudad, algunos kilómetros al suroeste de Teherán1.
El tema del gobierno del faqih (vilayat-i faqih)1nos da la oportunidad de discutir sobre determinadas materias y cuestiones que están en relación con él.
Un cuerpo de leyes exclusivamente no es suficiente para reformar una sociedad. Para que la ley asegure la reforma y la felicidad del hombre, debe existir un poder ejecutivo y un ejecutor. Por esa razón, Dios Altísimo, además de revelar un cuerpo de leyes (las regulaciones de la Shari’a) ha establecido una forma peculiar de gobierno, así como instituciones ejecutivas y administrativas.
El gobierno islámico no se corresponde con ninguna otra de las formas de gobierno existentes. Por ejemplo, no es una tiranía, en la cual la cabeza del Estado pueda jugar arbitrariamente con las propiedades y las vidas de las personas, usándolas según sus deseos, condenando a muerte a quien quiere y enriqueciendo a quien quiere, mediante la concesión de tierras y la distribución de propiedades y pertenencias del pueblo. El Más Noble Mensajero, el Emir de los Creyentes y los otros Califas, no tuvieron poderes semejantes.
Es nuestro deber trabajar por el establecimiento de un gobierno islámico. La primera actividad que debemos desarrollar al respecto es la propagación de nuestra causa. Así es como hemos de comenzar.