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Prólogo

En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso

Alabado sea Dios, Señor del universo y la bendición sea sobre Muhammad (PBd) y la gente de su descendencia purificada.

Después de haber profundizado en el estudio de la cultura perteneciente a la escuela de la Gente de la Casa (P), resulta obvio que esta escuela no ha dejado de lado siquiera una mínima premisa de todas las ramas y fundamentos sobre los cuales se asienta la vida de la humanidad. De hecho, esta cultura tiene como objetivo mejorar, purificar, organizar, orientar al ser humano en todos los aspectos y proporcionarle la seguridad y la tranquilidad física y espiritual.

La misión principal de esta doctrina es la de encauzar de nuevo por la senda del monoteísmo, elevando el espíritu hacia la perfección y orientando a los pueblos hacia una firme resistencia contra la injusticia, mediante una continua aportación de sabiduría, justicia, ciencia y cultura. El Islam se asemeja a una fuerza salvadora, que rescata al hombre de cualquier corrupción, crimen, división y desesperanza.

En efecto, las santas enseñanzas sobre las cuales se establecen los pilares de esta sublime escuela ofrecen al ser humano teorías fundamentadas en preceptos de un elevadísimo valor, con los cuales el género humano, logra conseguir la verdadera libertad y felicidad, en todas sus dimensiones. Por lo tanto, la teoría islámica posee, mediante las ilustres enseñanzas de la Gente de la Casa, todos los elementos necesarios para el hombre; en consecuencia, sus leyes morales y su ideología genérica se apoyan fundamentalmente en las revelaciones celestiales conformes con la misión santa del Islam.

Esta epístola de los derechos, que hoy presentamos al estimado lector, es uno de los ejemplos de esta escuela, en la que se encuentran, entre otras, leyes morales y legislativas, mediante las cuales se organiza la vida del hombre, en toda su amplitud. Dicha epístola pertenece al Imam Sayyad (P), quien logra a través de su relato mostrar la verdadera relación del hombre con su señor, así como consigo mismo, con su familia, su compañero, su vecino, etc. a la vez que presenta de manera pormenorizada todas las dimensiones que puede abarcar el hombre, de tal manera que si cumpliera con todas sus obligaciones, teniendo en cuenta sus derechos y respetando los del prójimo, llegaría a convertirse en ejemplo ideal del hombre perfecto.

Hemos traducido esta epístola para todos aquellos que desean aumentar sus conocimientos y elevar su espíritu, rogando a Dios que les conceda el beneficio que merecen, tanto a ellos como a quienes buscan y desean la complacencia de Dios, a fin de conseguir a través de ella la felicidad, en esta vida y en el más allá.

Para finalizar hacemos llegar nuestro eterno agradecimiento a todas las personas que de un modo u otro han colaborado con nuestra tarea.

Fundación Imam ‘Ali
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