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Capitulo 6: ¿Qué es la Historia?

La historia se puede definir de tres maneras. En realidad hay tres disciplinas estrechamente relacionadas referidas a la Historia.

1º- Conocimiento de los incidentes, sucesos, circunstancias y condiciones de las personas que vivieron en el pasado, en relación con las presentes condiciones y circunstancias.

Todas las situaciones, condiciones, sucesos y episodios que tienen lugar y corresponden al presente, es decir, el tiempo durante el cual su constitución, estimación, información y registro es motivo de la información periodística de todos los días. De todos modos, tan pronto como esos sucesos pasan, se combinan con el pasado y se transforman en parte de la Historia.

Por ende, la historia, en este sentido, es el conocimiento de los incidentes pasados, de los sucesos, condiciones y circunstancias de las personas en el pasado. Las biografías, el registro de las batallas y conquistas y todas las crónicas semejantes compiladas en el pasado o en el presente, por todos los pueblos, quedan bajo esta categoría.

La historia en este sentido es, en primer lugar, el conocimiento de lo particular, es decir, el conocimiento de una secuencia de episodios personales e individuales, no el conocimiento de una serie de leyes y relaciones generales.

En segundo lugar, es un estudio de las tradiciones y narraciones, no una disciplina racional. En tercer lugar, es un conocimiento de lo “existente”, no de la “transformación”. En cuarto lugar, se refiere al pasado, no al presente. A este tipo de historia la denominaremos “historia tradicional” (Tarikh naqli).

2º- La historia es el conocimiento de las leyes que parecen gobernar la vida del pasado, obtenidas a través de la investigación y análisis de los sucesos acaecidos.

La materia de la que se ocupa la historia tradicional, es decir los sucesos e incidentes del pasado, provee el material básico y rudimentario para su estudio.

Para el estudio de la historia en este sentido, tales sucesos e incidentes son similares al material reunido por un científico natural para el análisis e investigación en su laboratorio con el objeto de descubrir ciertas leyes generales por medio de la inducción, considerando la naturaleza y propiedades de su material y las relaciones causales que gobiernan sus cambios.

El historiador, en este esfuerzo analítico, desea descubrir la verdadera naturaleza de los sucesos históricos y sus relaciones causales, desea descubrir las leyes generales y universales aplicables a todos los sucesos similares del pasado y del presente, llamaremos a la historia en este sentido “historia científica”.

Aunque el objeto de investigación y la materia de la historia científica son los sucesos y episodios del pasado, las leyes que deduce no están confinadas específicamente al pasado. Tienen la capacidad de generalizarse con el objeto de ser aplicadas también al presente y al futuro. Este aspecto de la historia la hace muy provechosa, convirtiéndose en una fuente de conocimiento respecto al propio hombre, capacitándolo para ejercer un control sobre su futuro.

La diferencia entre la tarea de un investigador en el campo de la historia científica y el de un investigador de las ciencias sociales, es notable. El material de estudio para el científico natural es una cadena de sucesos reales y verificables que están presentes. Por ende, necesariamente, todas sus investigaciones, análisis y resultados son empíricos y verificables.

Pero el material con el que trabaja el historiador pertenece al pasado y no existe en el presente. Lo que resulta ahora accesible para el historiador es un paquete de crónicas sobre el pasado. Un historiador es como un Juez en la Corte de Justicia que decide sobre la base de evidencias e indicios circunstanciales registrados en sus legajos, no sobre la base de lo expuesto por un testigo del suceso del caso.

De esta manera el análisis del historiador es lógico, racional, intelectual, no se basa en hechos de evidencia externa verificables. Un historiador hace su análisis en el laboratorio de su mente y de su intelecto, con los instrumentos de la lógica y la inferencia, no en un laboratorio físico externo con los instrumentos de observación y medición. Por tanto, el trabajo de un historiador se asemeja más al de un filósofo que al de un científico.

La historia científica, como la historia tradicional, se ocupa del pasado, no del presente. Es el conocimiento de lo “existente”, no de la “transformación”. Pero a diferencia de la Historia tradicional, es general, no particular. Es racional, no basada en las tradiciones.

La historia científica realmente es una rama de la sociología, es decir, es un estudio sociológico de la sociedad del pasado. La materia sociológica incluye el estudio de las sociedades pasadas y presentes. Sin embargo, si restringimos la sociología al estudio de las sociedades contemporáneas, entonces la historia científica y la sociología se deberían considerar como dos disciplinas, separadas pero estrechamente relacionadas, complementarias y dependientes.

3º- La filosofía de la Historia se basa en el conocimiento de los o cambios graduales y de las transformaciones que conducen a las sociedades de un estadio a otro. Se relaciona con las leyes que gobiernan esas transformaciones y cambios. En otras palabras, es la ciencia de la “transformación” de las sociedades, no solamente de su “existencia”.

Posiblemente podría plantearse en la mente de nuestros respetados lectores si es posible para las sociedades tener simultáneamente “existencia” como así también “transformación”, debiendo ser la “existencia” la materia de una disciplina, a saber, la Historia científica, y la “transformación” de las sociedades materia de otra disciplina, es decir, la filosofía de la Historia.

¿No hay ninguna síntesis entre ambas, en tanto “existencia” implica permanencia y “transformación” implica movimiento? Solamente se debe elegir una de las dos. Nuestra descripción de las sociedades del pasado debería ser una exposición de lo “existente” o una exposición de la “transformación”.

Probablemente el respetado lector pueda plantear este problema en términos más generales y comprensivos: nuestra representación del universo como un conjunto —y la de la sociedad como una parte de él— es estática o es dinámica. Si el universo o la sociedad son estáticos entonces tiene “permanencia”, no “transformación”. Y si es cambiante y dinámico tiene “transformación” y no “permanencia”.

Desde este punto de vista se hace la más significativa división de las escuelas filosóficas. Se ha dicho que los grupos filosóficos se dividen en dos principales: las filosofías de lo “permanente” y las filosofías de la “transformación”.

El primer grupo sostiene que la existencia y la no existencia son incompatibles entre sí y consideran la contradicción como imposible. Se supone que si hay “existencia” no puede haber “no existencia” y viceversa. Por ende, uno debe elegir una de las dos alternativas. Como la existencia es necesaria y no hay nada excepto el ser en el mundo y en la sociedad, el mundo es gobernado por la quietud y la inmovilidad.

Pero las filosofías de la transformación, por otra parte, sostienen que la existencia y la no existencia coexisten en todo momento, y esto es lo que nosotros llamamos movimiento. El movimiento no significa más que una cosa “es” y al mismo tiempo “no es”.

Por tanto, la filosofía de lo permanente y la filosofía de la transformación son dos puntos de vista opuestos respecto a la existencia y uno debe elegir una de las dos. Si nos asociamos al primer punto de vista deberíamos sostener que las sociedades son “permanentes” y no “transformables” y si adherimos al segundo punto de vista, a la inversa.

Podemos sostener la historia científica, a la luz de la discusión anterior, sin poseer filosofía de la historia alguna, y viceversa.

La respuesta a estas cuestiones yace en el lecho que tales pensamientos acerca de la existencia y la nada, acerca del movimiento y la quietud y acerca de la incompatibilidad de los opuestos, es un rasgo característico del pensamiento occidental y se origina en la ignorancia del occidente de los problemas filosóficos del ser (problemas concernientes a la existencia) y especialmente de los profundos problemas de los principios de la existencia (asalat al-wujud) y a una serie de otros problemas relacionados a ello.

En primer lugar, toma el estado de “existencia” como sinónimo de reposo o, en otras palabras, la permanencia es existencia, y considera que e! movimiento es una síntesis entre la existencia y la no existencia, significando la unidad de los opuestos. Estas ociones son algunos de los gruesos errores cometidos por algunas escuelas de la filosofía occidental.

En segundo lugar, lo que se sostiene aquí no tiene nada que ver con los problemas filosóficos mencionados anteriormente. Las posiciones tomadas aquí se basan en la hipótesis que la sociedad, al igual que otras existencias vivientes, siguen dos diferentes conjuntos de leyes: un conjunto de leyes se confina a una especie particular y el otro conjunto de leyes tiene que ver con los cambios de especie y su transformación de una en otra.

Denominaremos al primer tipo de leyes “las leyes de lo existente” y al segundo tipo “las leyes de la transformación”.

Incidentalmente, este punto ha sido comprobado por algunos sociólogos. A. Comte es uno de ellos. Dice R. Aron acerca de él: “La estática y la dinámica son dos categorías básicas de la sociología de A. Comte... La estática consiste esencialmente en examinar, analizar, lo que Comte llama el consenso social (la unanimidad social). Una sociedad es comparable a un organismo viviente. Es imposible estudiar el funcionamiento de un órgano sin colocarlo en el contexto de la criatura viviente. Por el mismo rasgo característico es imposible estudiar la política de los estados sin colocarlas en el contexto de la sociedad en un momento dado... En cuanto a la dinámica, al principio consiste simplemente de la descripción de los sucesivos estadios a través de los que pasan las sociedades humanas”1.

Si tomamos en consideración cualquier especie de entre las especies de los seres vivientes, como los mamíferos, los reptiles, los pájaros, etc., veremos que tienen un grupo de leyes específicas particulares a su especie, las que les gobiernan mientras se relacionan a esa especie en particular. (Por ejemplo, las leyes referidas al estado embrionario de los animales, su salud y supervivencia, sus condiciones de enfermedad y dolencia, sus hábitos de alimentación y comidas, reproducción y crecimiento, o las leyes relacionadas a las formas de su hábitat o migración y sus hábitos de apareamiento.)

Pero de acuerdo a la teoría de la evolución y desarrollo de las especies, además de ciertas leyes que operan dentro de ellas, hay otro conjunto de leyes que conciernen al proceso de evolución y transformación de las especies más bajas en especies más elevadas. Estas leyes se formulan filosóficamente y algunas veces se denominan “filosofía de la evolución”, como distintas de la ciencia biológica.

Mientras la sociedad se considera que es un organismo viviente, también está gobernada por dos tipos de leyes: leyes biológicas y leyes de la evolución. Las leyes que se ocupan de las causas del surgimiento y decline de las movilizaciones, y las condiciones que determinan la existencia social, son leyes universalmente aplicables a las variantes formas y cambios que tienen lugar en distintas sociedades.

Y esas leyes que se ocupan de las causas de la evolución de las sociedades de una época a otra y de un sistema a otro, se deberían denominar “leyes de la transformación” de las sociedades. La diferencia entre ellas quedará clara cuando discutamos los dos tipos de problemas. Por tanto, la historia, de acuerdo a su tercer significado, es el estudio de las sociedades de un estadio a otro.

No es simplemente el conocimiento de la existencia de la sociedad en un estadio particular o en todos los estadios. En consideración de evitar cualquier posible confusión, estos problemas no serán mezclados con los de la historia científica. Llamaremos al estudio de éstos, problemas de la “Filosofía de la Historia”.

Muy a menudo los problemas relacionados con la historia científica, que tiene que ver con los movimientos no evolucionistas de la sociedad, no se diferencian claramente de los problemas de la filosofía de la historia, que tiene que ver con el movimiento evolucionista de la sociedad. Esto es lo que da lugar a los malentendidos y errores.

La filosofía de la historia, al igual que la historia científica, se ocupa de lo general, no de lo particular. Es racional (aqli), no tradicional (naqli). Es el conocimiento de la “transformación” de las sociedades, no de su “existencia”. Y también contrariamente al caso de la historia científica, el uso de la palabra “historia” en el término “filosofía de la historia”, no debería llevarnos a pensar que la filosofía se refiere al pasado.

Más bien significa que la filosofía de la historia es el estudio de un fluir continuo que se origina en el pasado y continúa fluyendo hacia el futuro. El tiempo, en función del estudio de este tipo de problemas, no se puede asumir que sea simplemente un recipiente (ocupado por la realidad histórica), sino que debe ser considerado como una de las dimensiones de la realidad.

El estudio de la historia es provechoso en sus tres sentidos. Incluso la historia tradicional descriptiva, que trata de la vida y carácter de los individuos, puede ser provechosa, educativa, impulsora, indicativa y constructiva. Pero ello depende de quiénes son los individuos cuyas historias se discuten y de la conclusión que inferimos de sus vidas.

Los hombres se forman, de acuerdo a la ley de la imitación, bajo la influencia de la conducta, el trato, las resoluciones, los hábitos morales y el compañerismo de sus semejantes.

Mientras la vida de los contemporáneos sirve como una lección y ejemplo para el hombre, aprendiendo maneras y costumbres de sus prójimos o, de acuerdo a Luqman aprende buenas maneras incluso de los malos modales, a través de no cometer esos errores; el mismo principio es aplicable a las biografías de los hombres pertenecientes al pasado.

La Historia, al igual que una película, transforma el pasado en presente. El propio Corán se refiere a los aspectos benéficos de la vida de gente tan excelente, a la que considera conveniente e imitable como modelo. Acerca del Profeta (P.B.) dice el Corán:

“En el Enviado de Dios tenéis, ciertamente, un bello modelo para quien cuenta con Dios y con el Ultimo Día y que recuerda mucho a Dios” (Corán 33:21).

Acerca de Abraham (P) dice el Corán:

“Tenéis un bello ejemplo en Abraham y en los que con él estaban...” (Corán60:4).

Cuando quiera que el Corán se refiere a las características de las personas como ejemplos para otros, no da importancia a sus posiciones mundanales, sino que siempre enfatiza los aspectos morales y humanos de sus personalidades.

Es desde este punto de vista que el Corán recuerda a Luqman, un negro esclavo, como un hombre sabio, aunque no fuera ni rey ni hombre de riqueza, ni filósofo famoso. Se presenta al mundo como un dechado de sabiduría. Los ejemplos citados en el Corán de los verdaderos creyentes —unos perteneciendo a la tribu de Faraón y otros mencionados en la Sura Yasin— también pertenecen a la misma categoría.

En este libro, donde intentaremos discutir la sociología y la historia desde el punto de vista islámico, confinaremos nuestra atención solamente a la historia científica y a la filosofía de la historia, debido a su relevancia para la visión mundial del Islam. En consecuencia, discutiremos estos dos tópicos un poco elaboradamente, partiendo de la naturaleza de la historia científica.

La Historia Científica

Para comenzar me gustaría recordar que la historia científica debe ser estudiada a la luz de lo discutido al principio, referente a que la sociedad tiene una realidad y una personalidad independiente del individuo. Si la sociedad no tiene una realidad independiente de sus miembros, no puede haber ninguna ley aparte de las que gobiernan a los individuos y, consecuentemente, la historia científica, que es la ciencia de las leyes y principios que gobiernan las sociedades, sería insubstancial.

Que la historia se gobierna por leyes es un corolario necesario de la propuesta que la historia tiene su propia naturaleza, que por otra parte sigue de la propuesta que la sociedad tiene su propia naturaleza y realidad. En el contexto de la historia científica, deberían ser estudiados los problemas que se mencionan.

1º- Como ha sido señalado anteriormente, la historia científica se basa en la historia tradicional. Esta provee el material para el laboratorio de la historia científica. Por ende, en primer lugar, debería ser investigado a fondo si los contenidos de la historia tradicional son auténticos y confiables.

Si el material no es confiable, todas las investigaciones e inferencias científicas respecto a las leyes que gobiernan las sociedades del pasado serían fútiles e insubstanciales.

2º- Si pasamos a suponer que la historia tradicional es confiable y que la sociedad tiene una esencia y una personalidad independiente de la de los individuos, entonces la deducción de leyes generales de los sucesos y episodios históricos dependerá de las hipótesis de la ley de causalidad o del determinismo causal, que gobiernan la esfera de las actividades humanas, es decir, la esfera de los problemas asociados a la libertad y voluntad humana, los que se expresan en los sucesos históricos.

La cuestión es si la ley de causalidad dirige el curso de la historia, y si es así, ¿qué somos para pensar en la libertad humana y la responsabilidad?

3º- ¿Es la historia materialista por naturaleza y gobernada por las fuerzas materialistas? ¿La fuerza principal dominante de la historia humana, es una fuerza material? ¿Las fuerzas espiritual e intelectual, son secundarias, subordinadas y dependientes de las fuerzas materiales que definen la historia?

¿O contrariamente, es cierto que la historia es esencialmente espiritual y la fuerza dominante de la historia una fuerza espiritual, siendo las fuerzas materiales secundarias, subsidiarias y subordinadas a ella? En otras palabras, ¿es la historia en sí “idealista”? ¿O nosotros tenemos una tercera alternativa, es decir, la historia posee esencialmente un carácter compuesto, gobernado por dos o más fuerzas?

¿Es cierto que un número de fuerzas espirituales y materiales —más o menos armoniosas y ocasionalmente en conflicto, dependiendo de un sistema— gobiernan la historia?

Autenticidad E Inautenticidad De La Historia Tradicional

Algunas personas critican severamente la historia tradicional, considerándola como una serie de inventos de los narradores, basada en los intereses personales y objetivos de los historiadores, en su afiliación social o en prejuicios religiosos, comunales o nacionales, todos los cuales conducen más o menos a los inventos o distorsiones.

Los historiadores han compilado la historia de acuerdo a sus propios deseos, e incluso aquellos que desde un punto de vista material se refrenan de publicar invenciones o distorsiones de los hechos, fueron selectivos en sus elecciones respecto a los incidentes. Es decir, invariablemente se han referido a esos incidentes que no van contra sus objetivos y creencias. Evitaron mencionar los eventos que sucedieron y que resultasen críticos para sus creencias y sentimientos.

De esta manera, aunque podrían no haber agregado nada de su propia invención o anotado ningún elemento fabricado, no obstante a través de su elección dan a la Historia la forma deseada. Un suceso significante o una personalidad importante pueden ser estudiados y analizados solamente cuando todos los materiales relevantes son accesibles al investigador.

Si solamente parte del material especial requerido para el estudio está disponible y el resto no, la verdadera cara de la realidad está escondida y reemplazada por un semblante radical diferente.

El pesimismo de los críticos de la historia tradicional es similar a la actitud de algunos escépticos entre los jurisconsultos islámicos (fuqaha o mujtahidun) acerca de la tradición islámica (jadiz) y las narraciones islámicas (riwayat), actitud que ha sido denominada “insidab bab alilm” (cierre de la puerta del conocimiento).

Algunas personas han hecho declaraciones tan irónicas acerca de la historia como la siguiente: “La historia significa una serie de sucesos que nunca han ocurrido, registrados por una persona que nunca estuvo presente en el momento de los hechos”. Se cita de un periodista que ha dicho que “las realidades son sagradas, pero uno tiene la libertad de creerlas o no”. Otras personas no son tan pesimistas pero también prefieren ser escépticos respecto a la historia.

En el libro “¿Qué es la Historia?” se ha citado de Sir George Clark el siguiente relato: “... el conocimiento del pasado a través de una o más mentes humanas, ha sido procesado por ellas, por tanto, no puede consistir de átomos elementales e impersonales que nada puede alterar... La exploración parece no tener fin y algunos eruditos impacientes se refugian en el escepticismo o al menos en la doctrina que dice que una es tan buena como otra y no hay ninguna verdad histórica ʺobjetivaʺ, dado que todos los juicios históricos y puntos de vista involucran a las personas”2.

La verdad es que aunque no podamos confiar completamente incluso de los registros de los historiadores más fiables, hay, en primer lugar, una serie de precisiones indiscutibles en la historia, similares a los postulados autoevidentes aceptados en otras disciplinas. Estos pueden formar el sujeto de estudio, análisis e investigación del historiador.

En segundo lugar, el investigador puede discernir respecto a la verdad o falsedad de algunas narraciones, sometiéndolas al examen crítico. Hoy día vemos que los investigadores han probado de manera concluyente la poca confianza de ciertas materias que fueron exageradas, desproporcionadas y reverenciadas durante siglos.

La historia de la quema de la biblioteca de Alejandría que comenzó a circular desde el siglo VII Hégira (siglo XIII D.C.) gradualmente encontró su expresión en distintos libros de historia. Pero los descubrimientos de los investigadores del siglo pasado han probado que ello es algo absolutamente sin fundamento, solamente una invención de algunos cristianos prejuiciosos.

De la misma manera, algunas verdades son obscurecidas y ocultadas pero después de algún tiempo, de algún modo, son descubiertas. Por tanto, no se justifica ser totalmente escépticos de los documentos históricos.

La Causalidad En La Historia

¿La causalidad absoluta, gobierna la historia? Si la ley de causalidad domina la historia, sería esencial aceptar que el suceso de muchos incidentes serían ciertos e inevitables y que algún tipo de determinismo predomina en la historia. Si el determinismo gobierna la historia, entonces, ¿dónde queda la libertad y la elección del individuo?

Si en realidad el suceso de los eventos está determinado, entonces nadie tiene responsabilidad alguna y nadie puede merecer ninguna alabanza o reproche por sus obras. Si la ley de causalidad no gobierna la historia, no puede haber nada universal, y si no hay posibilidad para la generación o universalización, la historia no puede tener ley alguna porque la ley depende de la universalidad y esta es corolario del principio de causalidad.

Esta es la principal dificultad con respecto a la historia científica y la filosofía de la historia. Hay algunos que, sobre la base de los principios de causalidad y el principio de universalidad, niegan la libertad y (la posibilidad)3 de opción. Mantienen que todo lo que se acepta en nombre de la libertad no es realmente libertad.

Contrariamente, hay otros que aprueban el principio de libertad y niegan el punto de vista de que la historia sigue ciertas leyes. Muchos sociólogos aceptan la incompatibilidad de la causalidad y la libertad y, por tanto, aceptan la causalidad y niegan la libertad.

Hegel y Marx siguiendo a las personas mencionadas, aceptan el determinismo histórico. De acuerdo a Hegel y Marx, la libertad no es sino la conciencia de la necesidad histórica. En el libro «Marx y el Marxismo» se cita el siguiente pasaje de Engels de su trabajo “Anti-Duhring”:

“... Hegel fue el primero en dar una representación exacta de la relación entre libertad y necesidad. Para Hegel, la libertad consiste en comprender la necesidad. "La necesidad es ciega mientras no es comprendida". La libertad no consiste en el ensueño de una acción independiente de las leyes de la naturaleza, sino en el conocimiento de dichas leyes, que permite hacerlas actuar sistemáticamente en vista de ciertos fines determinados. Y tan cierto es esto de las leyes del mundo exterior como de las que rigen la existencia física y psíquica del hombre”4.

(Tomado de “Anti-Duhring”, Editorial Ciencia Nueva, Madrid, pág. 127)5.

Y también en el mismo libro, después de una breve discusión del punto de vista de que el hombre puede y debería actuar de acuerdo a sus condiciones históricas particulares y en la dirección determinada por estas condiciones, dice Engels:

“Identificar y compren der estas condiciones dadas, hace las acciones humanas más efectivas. Cada acto en la dirección opuesta equivale a resistir y obstruir el curso histórico. Actuar en la dirección determinada por el curso histórico significa moverse dentro del curso de la historia y participar en el proceso. Pero la cuestión en cuanto a que se entiende por libertad, todavía permanece sin respuesta. La escuela marxista responde que la libertad del individuo yace en su apreciación de la necesidad histórica y el movimiento social hacia el que se dirige el curso completo de la historia”6.

Es evidente que estas observaciones no resuelven la dificultad. El real problema respecto a la relación del hombre con las condiciones históricas es como sigue: ¿controla el hombre las condiciones históricas? ¿Puede imprimir a la historia la dirección que él prefiera? ¿Es capaz de cambiar el curso de la historia?

Si el hombre es incapaz de dirigir el curso de la historia, o cambiarlo, está forzado a seguirlo. Esta es la única manera a través de la que no solamente puede sobrevivir sino continuar progresando. Si va en una dirección opuesta al curso de la historia, perecerá definitivamente. La cuestión que se plantea ahora es si el hombre es libre o está condicionado para participar en el curso de la historia.

Si aceptamos el principio de prioridad de la sociedad sobre el individuo y que la conciencia y conocimiento del individuo así como sus sentimientos son moldeados por las condiciones históricas y sociales —especialmente las condiciones económicas—, ¿queda espacio para la libertad individual? Por otra parte, ¿qué se entiende por la manifestación de que “la libertad es la conciencia de la necesidad”?

¿Significa que un individuo cuya vida está amenazada por una tormenta y que tiene la completa conciencia de la realidad que después de algún tiempo las aguas lo arrastrarán a las profundidades del mar, o que un individuo que se cae desde un acantilado y es consciente que de acuerdo a la ley de la gravedad sus huesos se romperán en pedazos en breve tiempo, es ʺlibreʺ de ahogarse en el mar o de caerse al fondo del barranco?

De acuerdo a la teoría materialista del determinismo histórico las condiciones sociales actúan como un factor limitante para el hombre, lo que determina su dirección y moldea su personalidad, su conciencia, su determinación y su opción. El hombre no es más que un jarrón vacío, simplemente una materia prima en manos de las condiciones sociales. El hombre es el producto de las condiciones no creadas por él.

Las condiciones precedentes determinan el futuro curso del hombre. No es el hombre quien determina el futuro curso de las condiciones históricas. Sobre la base de estas nociones la libertad no tiene ningún sentido ni significado.

En realidad, la libertad humana no se puede concebir separadamente de la teoría de la naturaleza (específicamente humana). De acuerdo a esta teoría, en el curso general del movimiento esencial del universo, el hombre entra al mundo con una cierta dimensión superior al universo físico, y esta condición es la esencia y el numen de la existencia humana. Luego, bajo la influencia de los factores ambientales, la personalidad del hombre se desarrolla y madura.

Es esta dimensión existencial la que da al hombre una personalidad humana única y así puede gobernar la marcha de la historia y determinar su curso. Ya hemos discutido este problema bajo el título “Determinismo o Libertad” y también discutiremos esta cuestión más estrechamente bajo el título “El Rol de la Personalidad en la Historia”, cuando discutamos el rol histórico de las figuras heroicas.

La libertad humana, en el sentido señalado, no es incoherente con la ley de causalidad ni es incompatible con la universalidad de la ley de la historia. Que el hombre, a pesar de su libertad de elección, su voluntad y su pensamiento, debería adoptar en la vida un curso inviolable, específico y predeterminado —una libertad cargada de necesidad—, no implica otra cosa sino el gobierno de la ciega necesidad sobre el hombre y su voluntad.

El problema respecto a la historia, estando sujeto a leyes y su universalidad, plantea otras dificultades. Se revela a través del estadio de los sucesos e incidentes históricos y a veces una secuencia de accidentes triviales cambia el curso de la historia. Por supuesto, los accidentes —contrariamente a la creencia de algunas personas— no suceden sin causa que los produzcan. Tales sucesos son llamados ʺaccidentesʺ porque no pueden ser explicados por un sistema general y universal de leyes causales.

Si los accidentes no siguen ninguna ley universal y han jugado un papel efectivo en el movimiento histórico, entonces la Historia debería ser considerada como desprovista de todo tipo de leyes específicas. Entre los accidentes que han sido efectivos en la determinación del curso de la Historia, la nariz de Cleopatra, la conocida reina egipcia, se ha vuelto proverbial. Muchas veces ha sucedido en la Historia que, como dice el dicho, “un soplo ha encrespado las páginas de la Historia”.

En su libro “¿Qué es la Historia?”, dice Edward Hallett Carr: “El otro origen de la agresión es el famoso enigma de la nariz de Cleopatra. Corresponde a la teoría de que la historia es, en gran medida, un capítulo de accidentes, una serie de sucesos determinados por coincidencias casuales y solamente atribuibles la mayoría a causas fortuitas.

El resultado de la batalla de Accio no fue debido al tipo de causas comúnmente postuladas por los historiadores, sino debido al enamoramiento de Antonio con Cleopatra. Cuando Bjazet se vio impedido por un ataque de gota de marchar al centro de Europa, Gibbón observó que "un honor mordaz que cae en una sola fibra de un hombre puede evitar o interrumpir la miseria de los pueblos".

Cuando el rey Alejandro de Grecia murió en el otoño de 1920 debido a la mordedura de un mono cariñoso, este accidente produjo una serie de eventos que llevó a Winston Churchill a observar que "un cuarto de millón de personas murieron a causa de esa mordedura del mono".

O tomemos, asimismo, el comentario de Trotsky sobre la fiebre contraída mientras cazaba patos, lo que le dejó fuera de acción en un momento crítico de su disputa con Zinoviev, Kamanev y Stalin en el otoño de 1923: "Uno puede prever una revolución o una guerra, pero es imposible prever las consecuencias de un viaje en otoño para cazar patos salvajesʺ”7.

En el mundo islámico el ejemplo de la derrota de Marwan ibn Muhammad, el último de los califas, el último califa Umeya, es una evidencia del rol de los accidentes decidiendo el destino de la historia. Durante su última batalla con los Abasides, Marwan, sintiendo la necesidad de responder al llamado de la naturaleza, se quedó a un lado para descargarse. Accidentalmente sucedió que una persona de la tropa enemiga pasó por ahí, lo vio y lo mató inmediatamente.

La noticia de su muerte se dispersó entre los soldados de su ejército. Como tal accidente nunca estuvo anticipado, el pánico se extendió entre sus guerreros, huyendo del campo de batalla. Así fue derribada la dinastía Umeya. Fue en esta ocasión que se dijo: “una dinastía fue barrida por la orina”.

Edward Carr, después de explicar que todos los accidentes, lejos de no tener causas, son gobernados por una cadena de causas y efectos, la que limita con otra cadena causal, dice: “... ¿Cómo puede describirse en la historia una secuencia coherente de causa y efecto, cómo podemos encontrar algún significado en la historia, cuando nuestra secuencia está expuesta a ser rota o desviada en cualquier momento por alguna otra — desde nuestro punto de vista— secuencia irrelevante?”8.

La solución a esta dificultad depende de si la sociedad y la historia tienen una dirección particular. Si la historia tiene una dirección particular, el papel de los accidentes debería ser insignificante, lo que implica que aunque ciertos accidentes pueden cambiar la posición de algunos peones en el tablero de ajedrez de la historia, no ejercen ninguna influencia significativa en el curso de la historia como un todo.

A lo más, pueden acelerarlo o retrasarlo por un momento. Pero si la historia está desprovista de naturaleza y personalidad y no sigue un camino determinado por su propia naturaleza, estaría sin una dirección particular y también sería imposible formular cualquier ley universal para pronosticar el futuro.

Desde mi punto de vista, la historia tiene una naturaleza y personalidad específica que es un producto compuesto de la existencia individual humana que lo fabrica, teniendo un impulso natural para la perfección. Yo creo que el rol de los sucesos accidentales no afecta la necesidad histórica y la universalidad de la historia.

Montesquieu ha explicado maravillosamente el rol de los accidentes en la Historia, parte de lo cual he explicado anteriormente. Dice: “... si el resultado de una sola batalla, es decir, una causa particular, fue la ruina del estado, hubo una causa general que decretó que ese estado estaba destinado a perecer a través de una sola batalla”9.

Además, dice: “No fue la cuestión de Poltava lo que arruinó a Carlos. Si él no hubiese sido destruido en ese lugar, hubiese sido destruido en otro. Las causalidades de lo fortuito son fácilmente reparables, ¿pero quién puede estar a buen resguardo de los sucesos que incesantemente surgen de la naturaleza de las cosas?”10.

  • 1. Raymond Aron. “Main Currents in Sociological Thought”, Vol. I, págs. 85-86.
  • 2. E. H. Carr, “What is history?” pág. 8.
  • 3. Nota del Traductor al Español (N.T.R).
  • 4. Andre Peter, “Marx and Marxism”, traducción persa de Shuja al-Din Diyaiyan, pág.248, apéndice V.
  • 5. Nota del Traductor al Español (N.T.R).
  • 6. Ídem Nota 17.
  • 7. E.H.Carr, “What is history?”, pág. 144-145.
  • 8. Ídem Nota 19, pág. 146
  • 9. Ídem Nota 8, pág. 27.
  • 10. Ídem Nota 21.