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Programa para el establecimiento de un gobierno islámico

Es nuestro deber trabajar por el establecimiento de un gobierno islámico. La primera actividad que debemos desarrollar al respecto es la propagación de nuestra causa. Así es como hemos de comenzar.

Siempre ha sido de esta manera, en todas partes del mundo: un grupo de personas se juntan, deliberan, toman decisiones y entonces comienzan a propagar sus objetivos. Gradualmente, el número de gente simpatizante aumenta hasta que, finalmente, devienen suficientemente fuertes como para influenciar a un gran Estado o, incluso, para enfrentarse a él y derrocarlo, como sucedió con la destitución de Muhammad ‘Ali Mirza y la sustitución de su monarquía absoluta por un gobierno constitucional1. Tales movimientos comienzan con tropas o poder armado a su disposición, tienen siempre, primero que recurrir a propagar los objetivos de su movimiento.

El robo y la tiranía practicados por el régimen serán condenados y la gente despertada y capacitada para comprender que el robo que se les ocasionaba era incorrecto. Gradualmente se irá expandiendo el panorama de su actividad hasta que llegue a abarcar a todos los grupos sociales y la gente, despierta y activa, obtenga sus objetivos.

Ahora no tenéis ni un país ni un ejército, pero podéis desarrollar una actividad propagandística porque el enemigo no habrá podido privaros de todos los medios requeridos.

Desdeluego,debéisenseñaralagentelasmateriasrelativasa la adoración, pero más importante son los aspectos políticos, económicos y legales del Islam. Estos son, o pueden ser, los focos de nuestro interés.

Nuestra obligación es comenzar esforzándonos nosotros mismos para establecer un verdadero gobierno islámico. Debemos difundir nuestra causa entre la gente, instruirles en ella y convencerles de su validez. Debemos generar una ola de despertar intelectual, surgir como movimiento islámico organizado, gracias al despertar y la confianza de las masas religiosas, quienes podrán levantarse y establecer un gobierno islámico.

Propaganda e instrucción, pues, son las dos fundamentales y más importantes actividades. Es obligación de los fuqaha difundir la creencia islámica e instruir a las gentes en los presupuestos, ordenanzas e instrucciones del Islam, de cara a preparar el terreno para la aplicación de la ley islámica y el establecimiento de las instituciones islámicas en la sociedad.

En uno de los hadices que hemos citado, habrán notado que se describe a los sucesores del Más Noble Mensajero (sobre él y su familia bendiciones y paz) “enseñando a la gente”, es decir, instruyéndolos en el Din.

Este deber es particularmente importante en las presentes circunstancias, pues los imperialistas, los gobernantes opresores y traidores, los judíos, los cristianos y los materiales, todos ellos están intentando distorsionar las verdades del Islam y desviar el liderazgo de los musulmanes.

Nuestras responsabilidades en la propagación e instrucción son mayores que nunca anteriormente. Vemos cómo actualmente los judíos (que Dios los maldiga) se han entrometido en el texto del Corán y han realizado ciertos cambios en los coranes que ellos han imprimido en los territorios ocupados2.

Es nuestro deber impedir esta traidora manipulación en el texto del Corán. Debemos protestar y hacer que el pueblo sea consciente de que los judíos y sus apoyos extranjeros son enemigos de los verdaderos fundamentos del Islam y de que desean establecer el dominio judío en todo el mundo.

Como son un grupo astuto e ingenioso, temo que —Dios lo impida— puedan un día alcanzar sus objetivos, y que la apatía manifestada por algunos de nosotros les permita en algún momento poner a un judío gobernándonos. ¡Dios no permita que lleguemos a ver jamás ese día!

Al mismo tiempo, un cierto número de orientalistas, sirviendo como agentes secretos de las instituciones imperialistas, se esfuerzan activamente en distorsionar y desnaturalizar las verdades del Islam. Los agentes del imperialismo están ocupados en cada rincón del mundo islámico, arrastrando a nuestra juventud lejos de nosotros con su corrupta propaganda. No los están convirtiendo al cristianismo o al judaísmo, les están corrompiendo, haciéndoles irreligiosos e indiferentes, que es suficiente para sus propósitos.

En nuestra propia ciudad de Teherán existen ahora mismo centros de propaganda maligna, dirigidos por la Iglesia, los sionistas y los baha’is, con objeto de desviar a nuestra gente y conseguir que abandonen las ordenanzas y enseñanzas del Islam. ¿Acaso no tenemos el deber de destruir estos centros que están dañando el Islam? ¿Es suficiente para nosotros con poseer Nayaf simplemente? (Actualmente, ni siquiera Nayaf poseemos3). ¿Debemos contentarnos con quedarnos sentados en Qom, lamentándonos, o debemos resucitar y actuar?

Vosotros, joven generación de las instituciones religiosas, debéis incorporaos a la vida y mantener viva la causa de Dios. Desarrollad y afinad vuestro pensamiento y colocad a un lado vuestras preocupaciones por la minuciosidad y sutileza de las ciencias religiosas, porque tal clase de concentración en los pequeños detalles os impedirá a muchos de vosotros llevar a cabo vuestras obligaciones más importantes.

¡Venid en auxilio del Islam! ¡Salvad el Islam! ¡Están destruyéndolo! Invocando las leyes del Islam y el nombre del Más Noble Mensajero (sobre él bendiciones y paz) ¡están destruyendo el Islam!

Los agentes —tanto los enviados desde el extranjero por el imperialismo, como los nativos empleados por ellos— se han diseminado por cada pueblo y región de Irán y están desviando a nuestros niños y jóvenes, los cuales podrían, de otra manera, estar algún día al servicio del Islam. ¡Ayudar a salvar a nuestra juventud de este peligro! Es vuestro deber difundir entre las gentes el conocimiento religioso que habéis adquirido e instruirlos en los temas que vosotros habéis aprendido.

El sabio, o el faqih, es siempre bendecido y glorificado en los hadices, porque es quien enseña a la gente las ordenanzas, doctrinas e instituciones propias del Islam y quien les instruye en la Sunna del Más Noble Mensajero (sobre él bendiciones y paz). Ahora debéis dedicar vuestras energías a las tareas de difusión e instrucción, con objeto de que la gente conozca mejor el Islam.

Es nuestro deber disipar las dudas que han creado sobre el Islam. Hasta que no hayamos eliminado esas dudas de la mente de la gente no seremos capaces de llevar nada adelante.

Debemos inculcar, en nosotros mismos en la generación siguiente —y en la siguiente tras ella— la necesidad de disipar las dudas sobre el Islam que han surgido en las mentes de muchas personas, incluso entre la gente culta de entre nosotros, a consecuencia de siglos de falsa propaganda. Debéis informar a la gente de la visión del mundo, las instituciones sociales y la forma de gobierno, que propone el Islam, para que lleguen a saber lo que es el Islam y lo que son sus leyes.

La obligación de las actuales instituciones de enseñanza de Qom, Mashad y otros sitios, es exponer esta fe y esta escuela de pensamiento. Además del Islam, debéis daros a conocer a las gentes de todo el mundo, así como los auténticos modelos de liderazgo y gobierno islámicos. Debéis dirigiros a la gente universitaria en particular, a la clase culta. Los estudiantes tienen los ojos abiertos.

Yo os aseguro que si presentáis el Islam y el gobierno islámico a los universitarios con exactitud, los estudiantes le darán la bienvenida y lo aceptarán. Los estudiantes son opuestos a la tiranía, están contra los regímenes títeres impuestos por el imperialismo, están contra el robo y el saqueo del tesoro público, están contra este consumo de lo que es prohibido y de esta engañosa propaganda.

Pero ningún estudiante puede estar contra el Islam, cuya forma de gobierno y enseñanzas son beneficiosas para el Islam, cuya forma de gobierno y enseñanzas son beneficiosas para la sociedad.

Los estudiantes están mirando hacia Nayaf, pidiendo ayuda, ¿podemos quedarnos sentados, inactivos, esperando que ellos sean quienes nos llamen a hacer el bien y nos exijan cumplir con nuestro deber?4.Nuestros jóvenes que están en Europa nos están llamando a hacer el bien, nos están diciendo: “Hemos organizado asociaciones islámicas, ¡ayudadnos! pues”5.

Es nuestra obligación llamar la atención de la gente sobre estos asuntos. Debemos explicarles cómo es la forma de gobernar en el Islam y cómo se dirigía el gobierno en los primeros tiempos de la historia del Islam. Contarles cómo el centro de mando y el sillón del poder judicial que de él dependía, se llevaban desde un rincón de la mezquita en tiempos en que el Estado islámico abarcaba las riquezas de Irán, Egipto, el Hiyaz y el Yemen. Desgraciadamente, cuando el gobierno pasó a manos de las siguientes generaciones, se convirtió en una monarquía o en algo peor aún.

El pueblo debe ser instruido en estas materias y ayudado a madurar intelectual y políticamente. Debemos decirles qué clase de gobierno deseamos, qué tipo de personas podrán asumir las responsabilidades de los asuntos en el gobierno que nosotros proponemos y qué política y programa seguirán.

El dirigente en una sociedad islámica es una persona que trata a su hermano ‘Aqil6de tal manera que nunca más pedirá cantidades de dinero extra del tesoro público (para que no se produzca discriminación económica entre los musulmanes) y que exige a su hija dar cuenta de los préstamos que ha obtenido fiados del tesoro público, diciéndole: “Si no devuelves esos préstamos, serás la primera mujer de los Banu Hashim7a quien se le corte la mano”.

Esta es la clase de dirigente y gobernante que queremos, un líder capaz de poner en práctica la ley por encima de sus deseos e inclinaciones personales, que trate a todos los miembros de la comunidad como iguales ante la ley, que rehúse favorecer de cualquier manera los privilegios o la discriminación que coloque a su familia en la misma posición que al resto de la gente, que corte la mano de su hijo si este comete un robo, que ejecute a su propio hermano o hermana si trafica con heroína (no que ejecute a la gente por estar en posesión de 10 g de heroína cuando sus propios familiares dirigen bandas que introducen la heroína en el país por toneladas)8.

Muchas de las ordenanzas del Islam que se refieren a la adoración también incumben a las funciones políticas y sociales. Las formas de adoración practicadas en el Islam están usualmente ligadas a las políticas y a la gestión de la sociedad. Por ejemplo, la oración colectiva, la reunión con ocasión del Hayy (peregrinación anual a Meca) o la oración del viernes, con toda su espiritualidad, ejercen una influencia tanto política como social y doctrinal.

El Islam ha previsto para tales reuniones, tanto el uso religioso que debe hacerse en ellos, como los sentimientos de hermandad y cooperación que se deben reforzar, la madurez intelectual que se debe fomentar o la búsqueda de solución para los problemas políticos y sociales, con el resultado natural del yihad y el esfuerzo colectivo.

En los países no islámicos, o en los países islámicos dirigidos por gobiernos no islámicos, cuando quieren reunir a la gente en asambleas como estas, se ven obligados a gastar millones de los fondos del tesoro nacional o del presupuesto, e incluso así el resultado es insatisfactorio, tales encuentros carecen de espontaneidad y de espíritu y no obtienen resultados reales.

En Islam cualquiera que desee realizar el Hayy, por el contrario, gasta de su propio dinero para llevarlo a cabo. También la gente acude deseosa de participar en la oración colectiva de los viernes. Debemos aprovechar estas asambleas para difundir y enseñar el Din y para desarrollar el movimiento político e ideológico del Islam.

Algunas gentes son completamente inconscientes de todo esto, solo están preocupados por la correcta pronunciación de wa la’d-Dal.lin9. Cuando van al Hayy, en lugar de intercambiar ideas con sus hermanos musulmanes, difundiendo las creencias y ordenanzas del Islam, y buscando soluciones para los problemas mundiales y las aflicciones de los musulmanes (por ejemplo: manifestándose por la liberación de Palestina, la cual es parte del territorio islámico), en lugar de hacer todo esto, exacerban las diferencias que existen entre los musulmanes.

En cambio, los primeros musulmanes solían realizar importantes negocios con ocasión del Hayy o de las reuniones de los viernes. El sermón de los viernes era algo más que la recitación de una sura del Corán y una oración seguida de unas breves palabras.

Ejércitos enteros solían movilizarse para el jutba de los viernes, y marchar directamente de la mezquita al campo de batalla —y un hombre que se pone en camino desde la mezquita para ir a la batalla temerá solamente a Dios, y no a ningún poder o dificultad, y su ejército resultará victorioso y triunfante.

Cuando uno observa los jutbas de los viernes dados en esa época, y los jutbas del Emir de los Creyentes (sobre él la paz), puede ver que su propósito era poner a la gente en movimiento, incitarles a la lucha y al sacrifico por el Islam para, así, solucionar el sufrimiento de la gente de este mundo.

Si los musulmanes anteriores a nosotros se hubieran reunido cada viernes y se hubieran informado mutuamente de sus problemas comunes y los hubieran solucionado o hubieran decidido cómo solucionarlos, no nos encontraríamos hoy en día en la situación en que nos encontramos.

Hoy mismo debemos comenzar a organizar estas asambleas seriamente, y a usarlas para la difusión e instrucción. El movimiento político e ideológico del Islam podrá así desarrollarse y avanzar hacia su culminación. Dar a conocer el Islam a la gente, permitiéndole así crear algo parecido a ‘Ashura10.

Tal y como hemos preservado firmemente la conciencia de ‘Ashura (la paz sea con su fundador) y no hemos dejado que se pierda, y así como todavía la gente se reúne durante Muharram y golpea sus pechos, así nosotros debemos ahora tomar medidas para crear una ola de protesta contra el gobierno; reunir a la gente y que los rauzajwans11fijen firmemente las tareas de gobierno en sus mentes.

Si presentáis el Islam de forma precisa e informáis a la gente de su visión del mundo, doctrinas, principios, ordenanzas y sistema social, lo recibirán ardientemente (Dios sabe que mucha gente lo desea). Yo mismo lo he presenciado. Una simple palabra fue una vez suficiente para provocar una ola de entusiasmo entre la gente, porque entonces, como ahora, todos estaban insatisfechos y descontentos con el estado de los asuntos.

Actualmente la gente está viviendo a la sombra de las bayonetas y la represión no les permite abrir la boca. Ellos desean que alguien se ponga en pie sin miedo y hable alto. ¡Así pues, valientes hijos del Islam, levantaos! Dirigíos a la gente con bravura. Decidle la verdad sobre nuestra situación en un lenguaje sencillo, despertadlos a la actividad entusiástica y trans- formad a las gentes de la calle y el bazar, nuestros sencillos de corazón obreros y campesinos y nuestros despiertos estudiantes, en esforzados muyahids12.

Todos los sectores de la sociedad están listos para luchar por la causa de la libertad, la independencia y la felicidad de la nación, y su lucha necesita del Din. Dad a la gente el Islam pues, porque el Islam es una escuela de yihad, es un Din de combate, permitidles corregir sus caracteres y creencias de acuerdo con el Islam y transformarse ellos mismos en una poderosa fuerza, para que puedan derrocar el tiránico régimen que los imperialistas nos han impuesto y establecer un gobierno islámico.

Solamente aquellos fuqaha que hacen que la gente se familiarice con las creencias e instituciones del Islam y que los protegen y defienden son verdaderas “fortalezas del Islam”13. Deben pronunciar calurosos, apasionados discursos y dirigir a la gente para que puedan llevar a cabo esta tarea. Solo entonces, si ellos viven para alcanzar, digamos, los ciento veinte años, podrá la gente sentir que el Islam ha sufrido una desgracia cuando mueran y que una brecha se ha abierto en la comunidad musulmana o, como dice el hadiz: “Una grieta aparecerá en la fortaleza del Islam”.

¿Acaso, si uno de nosotros muere, después de haber pasado toda su vida leyendo libros en su casa, sufrirá el Islam una terrible pérdida? ¿Qué clase de pérdida puede significar nuestra desaparición? Pero cuando el Islam perdió al Imam Husein (sobre él la paz) entonces sí que fue una pérdida irreparable.

Se produce una pérdida cuando quien muere es alguien que ha preservado las doctrinas, leyes e instituciones sociales del Islam, tal como Khwaja Nasir ad-Din Tusi14o ‘Allama Hilli15. ¿Pero qué habéis vosotros o yo hecho por el Islam que permita a la gente recordar ese hadiz cuando muramos? Si mil de nosotros muriésemos no pasaría nada. La única explicación es que o no somos verdaderos fuqaha o no somos verdaderos creyentes.

Ninguna persona razonable contará con nuestras actividades de difusión e instrucción para dirigirse rápidamente a formar un gobierno islámico. Para obtener la victoria en la tarea de establecer un gobierno islámico deberemos desarrollar una actividad continua en diferentes campos.

El nuestro es un objetivo que puede costar tiempo conseguir. La gente sensible de este mundo coloca una piedra en la tierra con la esperanza de que alguien pueda venir doscientos años más tarde a construir una edificio sobre ella, de tal manera que finalmente se pueda alcanzar la meta.

Cierta vez, el califa dijo a un hombre que estaba plantando un nogal: “¡Oh anciano! ¿Por qué estás plantando ese nogal que no dará fruta hasta dentro de cincuenta años, si para entonces tú ya estarás muerto?”. El hombre replicó: “Otros plantaron lo que nosotros comemos. Nosotros plantamos para que otros puedan comer”.

Debemos perseverar en nuestros esfuerzos, incluso cuando no puedan ofrecer resultados hasta la próxima generación, porque nuestro servicio es a la causa del Islam y de la felicidad humana. Si fuera por una causa personal podríamos decir: “¿Por qué crearnos problemas nosotros mismos? Nuestros esfuerzos no nos beneficiarán, solamente a los que vengan tras de nosotros”.

Si el Señor de los Mártires (sobre él la paz) que arriesgó y finalmente sacrificó todos sus intereses materiales hubiera pensado de esta manera, actuando únicamente para sí y su personal beneficio, podría haber llegado a un compromiso con Yazid16desde el primer momento y arreglado todo el asunto —los gobernadores omeyas solamente deseaban con ansiedad conseguir que él los reconociera y aceptara como tales gobernantes. ¿Qué más habrían podido desear que tener al nieto del Profeta (sobre él bendiciones y paz), el Imam de la Época, llamándoles “Emir de los Creyentes” y reconociendo su gobierno?

Pero su preocupación era el futuro del Islam y de los musulmanes. Para que el Islam pudiera ser propagado entre los hombres en el futuro y su sistema político y social establecido en la sociedad, se opuso a los omeyas, luchó contra ellos y, finalmente, sacrificó su propia vida.

Examinad cuidadosamente uno de los hadices que he mencionado anteriormente. Veréis que el Imam Sadiq (sobre él la paz) estuvo sometido a presión bajo el tiránico gobernante y por tanto optó por hacer taquiya. No tenía poder ejecutivo y la mayor parte del tiempo estuvo sometido a vigilancia. A pesar de ello, mantuvo informados a los musulmanes de sus deberes y estableció reglas para ellos. ¿Por qué razón lo hizo y qué beneficio había en decretar y desechar juicios?

Los grandes hombres, con amplios horizontes de pensamiento, nunca desesperan o prestan atención a las circunstancias en que ellos mismos se encuentran —por ejemplo, presos o cautivos, en una situación que puede prolongarse indefinidamente—, en lugar de ello, continúan haciendo planes para el avance de su causa. Llevan adelante su plan ellos mismos o, si no han podido, otros darán continuidad a sus proyectos, incluso si es doscientos o trescientos años después. La fundación de muchos grandes movimientos en la historia se hizo así. Sukarno, el presidente de Indonesia, concibió y diseñó su plan en prisión y más tarde lo puso en práctica.

Imam Sadiq, no solo concibió planes, hizo también precisiones sobre ciertos puntos. Si sus precisiones hubieran estado destinadas a su época, naturalmente que nos parecerían anodinas, pero, en realidad, él estaba pensando en el futuro cuando las hizo. Él no era como nosotros, pensando únicamente en nosotros mismos, interesados solo en nuestros compromisos personales; él estaba interesado en la Umma, en la humanidad en su conjunto y deseaba reformar a la humanidad para aplicar las leyes de la justicia.

Así que, más de mil años antes, él estableció un modelo de gobierno e hizo sus precisiones, para que un día, cuando las naciones se levantaran y los musulmanes entraran en razón, no hubiera confusión y la forma de gobierno islámico y su liderazgo pudieran ser conocidos.

Generalmente hablando, el Islam, la escuela de pensamiento shi’a y, desde luego, todas las religiones y escuelas de pensamiento, han avanzado y progresado de esta forma: todos comenzaron con nada excepto un plan, plan que llegó a dar fruto posteriormente gracias el esfuerzo y dedicación de sus respectivos líderes y profetas.

Moisés era un simple pastor y durante años persiguió esta llamada. Cuando fue requerido para enfrentarse al Faraón no tenía quien le ayudara, pero, gracias a su habilidad innata y a su resolución, destruyó el gobierno del Faraón con un báculo. Imaginad ahora ese báculo en vuestras manos o en las mías, ¿habríamos sido capaces de obtener los mismos resultados? Es necesaria la determinación, seriedad y resolución de Moisés para hacer a un báculo capaz de derrocar a un Faraón, no cualquiera puede realizar tal hazaña.

Cuando el Más Noble Mensajero (sobre él bendiciones y paz) recibió su misión profética y comenzó a difundir el Islam, un niño de ocho años (el Emir de los Creyentes —sobre él la Paz—) y una mujer de cuarenta (su esposa Jadiya) fueron las únicas personas que creyeron en él. No tenía a nadie más. Todo el mundo sabe la de vejaciones que soportó el Profeta, la de obstáculos que pusieron en el camino, la de oposición que encaró. Pero, por ello, nunca desesperó o dijo: “Estoy solo”. Persistió, y con su poder espiritual y firme resolución, fue capaz de hacer avanzar su causa hasta el punto en que hoy se encuentra, en el que setecientos millones de personas se encuentran agrupadas bajo su estandarte.

También la escuela de pensamiento shi’a comenzó de cero. El día en que el Más Noble Mensajero (sobre él bendiciones y paz) estableció sus fundamentos, fue saludado con burlas. Él invitó a la gente a su casa y dijo: “El hombre que posea tales y tales cualidades será mi ministro”, refiriéndose el Emir de los Creyentes (sobre él la paz). En ese tiempo, el Emir de los Creyentes no era adulto todavía, aunque siempre poseyó un gran espíritu, el mayor del mundo. Pero ninguno apostó por él, incluso alguno se volvió hacia Abu Talib17diciéndole con sorna: “¡Ahora deberás marchar bajo la bandera de tu hijo!”.

También el día en que el Profeta anunció a la gente que el Emir de los Creyentes (sobre él la paz) le sucedería y gobernaría, algunos expresaron aparente admiración y satisfacción, pero ese mismo día comenzó la oposición contra él y la misma continuó hasta el fin. Si el Más Noble Mensajero (sobre él bendiciones y paz) le hubiera designado únicamente como una autoridad para ser consultada en problemas legales, no habría habido oposición a él, pero al designarlo con el rango de sucesor y decir que lo hacía para que gobernara a los musulmanes y se ocupara del destino de la nación islámica, nació la oposición y el descontento hacia él.

De la misma manera, si vosotros en la actualidad permanecéis sentados en vuestra casa y no intervenís en los asuntos del país, nadie os molestará. Ellos solamente os crearán problemas si intentáis intervenir en los destinos de la nación.

El Emir de los Creyentes y sus seguidores fueron molestados y perseguidos porque intervinieron en los asuntos del gobierno y del país. Pero ellos no abandonaron su actividad y su esfuerzo, a consecuencia de lo cual, hoy existen cerca de doscientos millones de shi’as en el mundo.

Para presentar correctamente el Islam a la gente es necesario reformar las instituciones de enseñanza religiosa. Deben mejorarse el lenguaje y los métodos de difusión e instrucción. La apatía, la pereza, la desesperación y la falta de autoconfianza deben ser reemplazadas por diligencia, esfuerzo, esperanza y autoconfianza. Deben ser borrados los efectos que han dejado la insinuante propaganda extrajera en las mentes de algunas personas.

Las actitudes de los pseudosantos, quienes, a pesar de su actitud contraria a las instituciones de enseñanza, hacen difícil a la gente obtener una verdadera apreciación del Islam y de la necesidad de las reformas sociales, esto también debe cambiar, y los ajunds afiliados a la corte, que han vendido su religión por el beneficio mundanal, deben ser despojados de sus ropas y expulsados de las instituciones de enseñanza religiosa.

Los agentes del imperialismo, junto con el aparato educacional, propagandístico y político del antinacional gobierno títere que ellos han instalado, han estado difundiendo veneno durante siglos y corrompiendo las mentes y la moral de las gentes. Aquellos que se han introducido en las instituciones religiosas, naturalmente, han traído consigo huellas de su corrupción, porque las instituciones religiosas forman parte de la sociedad y parte de la gente.

Debemos, por tanto, esforzarnos en reformar, intelectual y moralmente a los miembros de las instituciones religiosas, y limpiar los restos dejados en sus mentes y espíritus por la insinuante propaganda extranjera y por la política de los gobiernos corruptos y traidores.

Uno puede observar fácilmente los efectos de lo que estoy hablando. Por ejemplo, a veces veo gente que se sienta en los centros de las instituciones religiosas diciéndose unos a otros: “Estas materias están por encima nuestro, ¿cuáles son nuestros asuntos y cuáles los de ellos? Todo lo que se supone que podemos hacer es ofrecer nuestras oraciones y dar nuestra opinión en materias relativas a las leyes religiosas”.

Ideas como estas son el resultado de varios siglos de maliciosa propaganda de los imperialistas. Han penetrado profundamente en el verdadero corazón de Nayaf, Qom, Mashad y los otros centros religiosos, causando apatía, depresión y pereza por mostrarse, e impidiendo a la gente madurar, de tal manera que siempre ponen excusas para ellos mismos diciendo: “Estos asuntos están por encima de nosotros”.

Estas ideas están equivocadas. ¿Cuál es la calificación de aquellos que gobiernan actualmente en los países musulmanes? ¿Qué es lo que les da esa habilidad para gobernar de la que nosotros alegamos carecer?

¡Muchos de ellos no han estudiado jamás! ¿Dónde fueron los gobernantes del Hiyaz a estudiar? Lo mismo que Reza Jan que fue totalmente iletrado, un soldado iletrado, nada más.

Siempre ha sido igual, a lo largo de la historia, la mayoría de los gobernantes arbitrarios y tiránicos han carecido totalmente de la más mínima capacidad para gobernar la sociedad o administrar la nación, y no han poseído formación ni dotes.

¿Qué estudió Harun ar-Rashid18o cualquier otro hombre que haya gobernado estados tan vastos como los suyos? El estudio, es decir la adquisición de conocimientos y experiencia en distintas ciencias, es necesario para realizar la planificación de un país y para el ejercicio de las funciones ejecutivas y administrativas; también nosotros recurriremos a personas que están en posesión de tales cualificaciones.

Pero la supervisión y la suprema administración del país, la administración de justicia y el establecimiento de relaciones justas entre la gente, estas son precisamente las materias que el faqih ha estudiado.

Aquello que es necesario para preservar la independencia nacional es, de nuevo, precisamente lo que el faqih puede ofrecer. Por ello, es el faqih quien rehúsa someterse a otros o caer bajo la influencia extranjera, y quien defiende los derechos de la nación y la libertad, independencia e integridad territorial de la patria islámica incluso a costa de su vida. Es el faqih quien no se desvía a la derecha o a la izquierda.

Desembarácense de sus depresiones y apatía, perfeccionen sus métodos y programas de propaganda, intenten diligentemente presentar el Islam con exactitud y decídanse a establecer un gobierno islámico. Asuman la dirección y estrechen lazos con las personas militantes y amantes de la libertad.

Finalmente establecerán un gobierno islámico, tengan confianza en ustedes mismos. Ustedes tienen el poder, el coraje y el sentido de la estrategia necesarios para luchar por la libertad y el sentido de la estrategia necesarios para luchar por la libertad e independencia nacionales, ustedes lograrán despertar a la gente e inspirarles el esfuerzo que hará temblar de miedo al imperialismo y a la tiranía.

Día a día están ustedes acumulando más experiencia e incrementando su habilidad en el manejo de los asuntos sociales. Una vez que consigan derrocar al régimen tiránico, serán capaces, sin duda, de administrar el Estado y guiar a las masas.

Todo el sistema de gobierno y administración, junto con las leyes necesarias para ello, permanece listo para ustedes. Si la administración del país necesita impuestos, el Islam ha previsto los necesarios, y si lo que se necesitan son leyes, el Islam las tiene todas establecidas.

Tras establecer el gobierno, ustedes no necesitan sentarse a diseñar leyes o, tal como hacen esos gobernantes que adoran a los extranjeros y están infatuados de Occidente, correr tras otros para copiar sus leyes. Todo está listo y esperando. Todo lo que falta es planificar los programas de los ministerios y eso puede realizarse con la ayuda y colaboración de profesionales y consejeros expertos en los diferentes campos, reunidos en una asamblea consultiva.

Afortunadamente, los pueblos musulmanes están listos para seguiros y ser vuestros aliados. Lo único de lo que carecemos es de la resolución necesaria y del poder armado, y estos también los adquiriremos, Dios mediante. Necesitamos el báculo de Moisés y la resolución de Moisés; necesitamos gente capaz de empuñar el báculo de Moisés y la espada del Emir de los Creyentes (sobre él la paz).

Pero los cobardes que actualmente se sientan en los centros religiosos ciertamente no son capaces de establecer y mantener un gobierno, pues son tan miedosos que no pueden empuñar ni siquiera una pluma o emprender actividad alguna.

Los extranjeros y sus agentes han llenado nuestros oídos con su propaganda, tan a menudo, que hemos comenzado a creernos incapaces de nada: “¡Vayan a ocuparse de sus asuntos! ¡Atiendan sus escuelas o sus clases, sus estudios! ¿Acaso estos asuntos son de su incumbencia? ¡Son cosas que están por encima de su capacidad!”.

Yo no puedo disuadir a ciertas personas de estas nociones y hacerles entender que deben llegar a ser líderes de la humanidad; de que ellos son, al menos, iguales que los otros y capaces de administrar el país. ¿Qué cualificaciones poseen esos otros de las que ellos carecen? Todo lo que se puede decir es que algunos de ellos marcharon al extranjero a divertirse y que quizás estudiaron un poco mientras estaban allí. (No decimos que no puedan estudiar. Nosotros no somos opuestos al estudio o al aprendizaje. Dejadles llegar a la luna, crear industrias atómicas; no nos cruzaremos en su camino. No obstante, nosotros también tenemos tareas).

Dadles Islam, proclamad al mundo el programa del gobierno islámico; quizás los reyes y los presidentes de los musulmanes entienden la verdad de lo que decimos y lo acepten. No deseamos echar a ninguno de ellos; dejaremos en su sitio a cualquiera que honradamente siga al Islam.

Hoy tenemos setecientos millones de musulmanes en el mundo, de los cuales ciento setenta millones, o más, son shi’as. Todos ellos están listos para seguirnos, pero estamos tan escasos de resolución que somos incapaces de liderarlos. Debemos establecer un gobierno que logre la confianza que la gente ha depositado en ellos, para que, protegidos por ellos y por la ley, la gente pueda vivir su vida y realizar sus tareas con tranquilidad.

Estas son las cosas en las cuales debéis creer con devoción. No desesperéis imaginando que esta tarea es imposible. Dios sabe que vuestra capacidad y coraje no son menores que los suyos, al menos, desde luego, que el sentido de coraje sea oprimir y asesinar al pueblo; nosotros no tenemos de esa clase de coraje.

Una vez vino a mí un hombre19mientras me encontraba en prisión junto con Aga-ye Qumi20(a quien Dios proteja), quien está nuevamente bajo arresto. Me dijo: “La política es todo suciedad, mentira y corrupción, ¿Por qué no deja usted que nosotros nos ocupemos?”.

Lo que decía era cierto en un sentido; si la política solamente consistiera en eso, pertenecería exclusivamente a ellos. Pero la política del Islam de los musulmanes, la guía de los Imames que dirigen a los siervos de Dios por medio de la política, es muy diferente de la política de la que él hablaba.

Posteriormente, él dijo a los periódicos: “Hemos llegado a un acuerdo para que los líderes religiosos no intervengan en política”. Tan pronto como fue puesto en libertad negué estas declaraciones desde el mimbar. Dije: “¡Él miente! ¡Si Jomeini o cualquier otro hiciera algo así, sería expulsado de las instituciones religiosas!”21.

De salida, él siembra en vuestras mente la idea de que la política significa mentiras y otras cosas semejantes, para que perdáis el interés en los asuntos nacionales y ellos puedan hacer sus negocios sin ser molestados, realizando cuanto deseen y dándose a todos los vicios. Mientras, vosotros aquí sentados pedís por su bienestar en vuestras oraciones: “¡Dios quiera perpetuar su gobierno!”. Desde luego, ellos no poseen la inteligencia necesaria para elaborar tales planes por sí mismos (¡Gracias a Dios!), son sus maestros y los expertos quienes les aconsejan tales planes.

Los imperialistas británicos penetraron en los países del este hace más de trescientos años. Conociendo todos los aspectos de estos países, diseñaron elaborados planes para asumir el control de todos ellos.

Entonces llegaron los nuevos imperialistas, los americanos y otros. Ellos se aliaron con los británicos y participaron en la ejecución de sus planes.

Una vez, cuando estaba en Hamadan, un estudiante iniciado en las ciencias religiosas, un hombre que había dejado sus ropas religiosas pero que conservaba la ética islámica, vino a mí y me mostró un mapa en el que ciertos lugares habían sido marcados en rojo. Él me dijo que aquellas marcas rojas indicaban todos los recursos minerales del país localizados por los expertos extranjeros.

Los expertos extranjeros han estudiado nuestro país y descubierto todas sus reservas minerales, oro, cobre, petróleo y demás. También han realizado una valoración de la muerte de nuestro pueblo y llegado a la conclusión de que la única barrera que bloquea su camino era el Islam y el liderazgo de los religiosos.

Tienen conocimiento del poder del Islam, porque una vez gobernó parte de Europa y ellos saben que el verdadero Islam es opuesto a sus actividades. También saben que no pueden someter a su influencia a los verdaderos sabios religiosos, ni afectar su pensamiento.

Desde el mismo principio, por tanto, han buscado apartar este obstáculo de su camino, desacreditando el Islam y calumniando a los líderes religiosos. Han utilizado su maliciosa propaganda de tal manera que, actualmente, pensamos que el Islam consiste simplemente en un manojo de tópicos legales. También han tratado de destruir la reputación de los fuqaha y de los ‘ulama, quienes se sitúan a la cabeza de la sociedad islámica, mediante acusaciones calumniosas y otros medios. Por ejemplo, ese desvergonzado agente del imperialismo escribe en su libro22:

“Seiscientos ‘ulama de Nayaf e Irán están cobrando sueldo de los británicos. El Sheij Murtaza23 tomó el dinero solo dos años, antes de que se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Las pruebas pueden encontrarse en documentos conservados en los archivos de la Oficina India”.

Los imperialistas les ordenan insultar a los ‘ulama para poder cosechar los beneficios. Los imperialistas desean fervientemente hacer aparecer a los ‘ulama como agentes a su servicio para que pierdan el respeto de la gente y estos les abandonen. Al mismo tiempo, con su propaganda y sus insinuaciones, han tratado de presentar el Islam como un asunto mínimo, limitado, y de restringir las funciones de los fuqaha y ‘ulama a cuestiones insignificantes. Han tratado de persuadirnos constantemente de que la única función de los fuqaha es dar su opinión sobre los problemas legales.

Algunasgentes,carentesdeuncorrectoentendimiento,leshan creído y se han extraviado. No han comprendido que todo ello es parte de un plan destinado a destruir nuestra independencia y a establecer el control sobre todos los aspectos de la vida en los países islámicos. Obtusamente, han ayudado a los órganos de propaganda de los imperialistas a llevar a cabo su política y a lograr sus objetivos.

Las instituciones propagandísticas del imperialismo han insistido para persuadirnos de que la religión debe estar separada de la política y que los dirigentes religiosos no deben interferir en los asuntos sociales y de que los fuqaha no tienen el deber de supervisar el destino de las naciones islámicas. Desgraciadamente, algunos les han creído y han caído bajo su influencia, con el resultado que vemos. Esto es lo que el imperialismo siempre ha deseado, d sea y deseará en el futuro.

Mirad los centros de enseñanza religiosa y podréis ver los efectos de la campaña de persuasión y propaganda de los imperialistas. Veréis gente negligente, perezosa, ociosa y apática, que no hacen otra cosa que discutir sobre aspectos puntuales de la ley y rezar, y que son incapaces de nada más.

También encontraréis ideas y hábitos que han nacido de la misma propaganda imperialista, por ejemplo, la idea de que hablar es incompatible con la dignidad de los ajunds; los ajunds y los muytahid no deben ser capaces de hablar y si lo son, no deben decir nada excepto: La ilaha il.la Allah, o quizás alguna palabra más, pero esto es un error y contrario a la Sunna del mensajero de Dios (sobre él bendiciones y paz). Dios ha elogiado el discurso y la expresión, así como la escritura y el uno de la pluma. Por ejemplo, dice en la Sura Ar-Rahman:

«Él le dio (al hombre) la capacidad de expresarse» (55:4)

Estimando la capacidad de hablar que Él dio al hombre como una gran bendición y una fuente de nobleza. El habla y la expresión son necesarias para difundir las órdenes de Dios y las enseñanzas y doctrinas del Islam; es por medio de ellas que podemos instruir a la gente en Su religión y cumplir el deber señalado en la frase: “Ellos instruyen a la gente”. El Más Noble Mensajero y el Emir de los Creyentes pronunciaron discursos y jutbas, fueron hombres de elocuencia.

Esas tontas ideas que existen en las mentes de algunas personas ayudan a los imperialistas y a los gobiernos opresores en sus intentos de mantener a los países musulmanes en su estado actual y de bloquear el progreso del movimiento islámico. Tales ideas son características de aquellos que son conocidos por su santidad pero que en realidad son pseudosantos no verdaderos. Debemos cambiar esa forma de pensar y dejar clara nuestra actitud hacia ellos, porque ellos están bloqueando nuestro movimiento y las reformas que tratamos de llevar a cabo y mantienen atadas nuestras manos.

El fallecido Buruyerdi24, el fallecido Huyyiar25, el fallecido Sadr26y el fallecido Hawansari27, (quiera Dios estar complacido con todos ellos) se reunieron en nuestra casa un día para debatir algunos temas políticos. Yo les dije: “Antes de nada, debéis decidir qué hacer con estos pseudosantos. Mientras estén ahí, nuestra situación es como la de una persona que está siendo atacada por un enemigo mientras otro le sujeta las manos por la espalda. Estas personas que son conocidas como santos (que tienen fama de santos pero que son pseudosantos) no son santos reales, son completamente inconscientes del estado de la sociedad, y si tratáis de hacer algo —quitar el gobierno, asumir el control del maylis, frenar el desarrollo de la corrupción—, ellos destruirán vuestra reputación social. Antes de nada debéis decidir qué hacer con ellos”.

El estado actual de la sociedad musulmana es tal que estos falsos santos impiden que el Islam ejerza su influencia propia; actuando en nombre del Islam, lo que están es dañándolo. Las raíces de estos individuos que existen en nuestra sociedad se encuentran en los centros de las instituciones religiosas.

En los centros de Nayaf, Qom, Mashad y otros, existen individuos en posesión de esta mentalidad pseudosanta y, desde su base en las instituciones religiosas, infectan al resto de la sociedad con sus malas ideas y actitudes. Son ellos quienes se oponen a cualquiera que le diga a la gente: “¡Venid, despertad! ¡No viváis bajo la bandera de otros! ¡No permitamos las imposiciones de Inglaterra y América! ¡No permitamos que Israel paralice a los musulmanes!”

Primero debemos avisar a estos pseudosantos y tratar de despertarlos. Debemos decirles: “¿No veis el peligro? ¿No veis que los israelíes están atacando, asesinando y destruyendo, y que los ingleses y los americanos les ayudan? Permanecéis sentados observando, pero debéis levantaros. Debéis tratar de encontrar un remedio a las enfermedades de la gente.

La mera discusión no es suficiente. La simple enunciación de opiniones sobre puntos legales no es útil por sí misma. No guardéis silencio en un tiempo en que el Islam está siendo destruido, el Islam está siendo exterminado; como los cristianos, que permanecieron sentados discutiendo sobre el Espíritu Santo y la Trinidad hasta que fueron destruidos28. ¡Levantaos, prestad alguna atención a la realidad y a los asuntos cotidianos!

No os permitáis ser tan negligentes. ¿Acaso estáis esperando a que los ángeles vengan a llevaron en sus alas? ¿Es función de los ángeles consentir la pereza? Los ángeles baten sus alas bajo los pies del Emir de los Creyentes (sobre él la paz), porque él fue benéfico para el Islam, él hizo grande el Islam, aseguró la expansión del Islam en el mundo y promovió sus intereses. Bajo su liderazgo, una libre, vital, virtuosa sociedad se desarrolló y ganó fama; todos tuvieron que inclinarse ante su poder, incluso el enemigo. ¿Pero por qué nadie se inclina ante vosotros cuya única actividad es emitir opiniones sobre puntos legales?

Si nuestros pseudosantos no despiertan y comienzan a asumir sus responsabilidades tras repetirles estas admoniciones y avisos, será evidente que la causa de su fallo no es la ignorancia, sino algo más. Entonces, desde luego, adoptaremos una actitud diferente con ellos.

Los centros de las instituciones religiosas son lugares para la enseñanza, instrucción, propaganda y liderazgo. Pertenecen a los fuqaha justos, sabios, maestros y alumnos. Pertenecen a aquellos que son los herederos y sucesores de los profetas. Ellos representan un legado, y un legado divino es obvio que no puede ser puesto en manos de cualquiera.

Quien desee asumir tan pesada responsabilidad, administrar los asuntos de los musulmanes y actuar como delegado del Emir de los Creyentes (sobre él la paz), y establecer asuntos relativos al honor, a la propiedad y a las vidas de las gentes, así como al botín tomado en la guerra y a los castigos penales de la ley, tal persona debe estar completamente desinteresada del mundo y libre de ambición mundanal. Cualquiera cuyos esfuerzos estén orientados hacia este mundo —incluso por cosas que sean legítimas en sí mismas— no puede ser delegado de Dios y no es digno de confianza.

Cualquier faqih que participe en el aparato del Estado de los opresores y devenga un cortesano no es un delegado de, y no puede ejercer el encargo de Dios. ¡Dios sabe cuántas desgracias ha sufrido el Islam, desde su inicio hasta el presente en manos de estos malos ‘ulama! Abu Huraira29fue uno de los fuqaha, pero Dios sabe los juicios que falsificó para Mu’awia y otros como él y el daño que ocasionó al Islam. Cuando un faqih entra al servicio de un gobierno opresor, es como si todos los ‘ulama lo hicieran; no es ya un asunto particular.

Por ello, los Imames (sobre ellos la paz) prohibieron estrictamente a sus seguidores prestar servicios gubernamentales, y les dijeron que la situación en la que ellos mismos se encontraban se debía a que algunos de ellos lo habían hecho.

Las obligaciones que incumben a los fuqaha no se aplican a los demás a causa de su posición y funciones, los fuqaha deben evitar y renunciar a cosas que de otra manera les serían lícitas. En casos en los que a otros se les permite hacer taquiya, los fuqaha no pueden.

El propósito de la taquiya es preservar el Islam y la escuela shi’a; si la gente no hubiera recurrido a ella, nuestra escuela de pensamiento podría haber sido destruida. La taquiya relativa a las ramas (furu’) del Din, (por ejemplo, realizar la ablución de diferentes maneras). Pero cuando los jefes principales del Islam y su bienestar están en peligro, no hay lugar para el silencio o la taquiya.

Si tratan de forzar a un faqih a subir al mimbar y hablar en forma contraria a las órdenes de Dios, ¿puede acaso obedecerlos, diciéndose: “La taquiya es mi religión y la religión de mis antepasados”30? La cuestión de la taquiya no es procedente en este caso.

Si un faqih prevé que prestando servicio a un gobierno opresivo, la opresión será mayor y la reputación del Islam ensuciada, no debe ponerse a su servicio, incluso si a consecuencia de ello es asesinado. No son aceptables las excusas que puedan ofrecer, a menos que su acción de entrar al servicio del Estado tenga una base racional, como fue el caso de ‘Ali ibn Yaqtin31, cuyos motivos para entrar al servicio del Estado son bien conocidos, y como Jawaya Nasir Tusi32(que Dios esté complacido con él) cuya acción tuvo consecuencias beneficiosas, igualmente bien sabidas.

Los verdaderos fuqaha del Islam son, desde luego, libres de toda culpa al respecto. Desde el principio del Islam hasta el presente, su ejemplo es claro y brilla como una luz ante nosotros; son inmaculados de culpa. Los ajunds que en épocas pasadas colaboraron con el gobierno no pertenecían a nuestra escuela. Nuestros fuqaha no solo han sido opuestos a los gobernantes, sino que han sufrido prisión y tortura a causa de su desobediencia a ellos33.

Es inimaginable que los ‘ulama del Islam hayan entrado alguna vez al servicio del Estado o que lo hagan ahora. En alguna ocasión, desde luego, lo han hecho de cara a obtener el control del mismo o a transformarlo; si tal cosa fuera posible hoy, igualmente sería nuestro deber hacerlo. Pero no es de eso de lo que estoy hablando.

Nuestro problema es la gente que lleva turbante sobre sus cabezas; han leído unos pocos libros en uno u otro sitio (o puede ser que ni siquiera los hayan leído) y han entrado al servicio del gobierno con la intención de llenar sus estómagos o de incrementar el campo de su autoridad. ¿Qué haremos con ellos?

Estas personas no son fuqaha islámicos; son gente a la que la SAVAK ha dado un turbante y puesto a rezar. Si la SAVAK no puede obligar a los Imames de la congregación a estar presentes en las fiestas de casamiento del gobierno y en ceremonias similares, echará mano de su propia gente, lista para decir: “¡Grande es su gloria!” (efectivamente se ha comenzado recientemente a decir “Grande es su gloria” cuando se menciona al Shah).

Estas personas no son fuqaha. La gente sabe lo que realmente son. Hay un hadiz que nos avisa que protejamos nuestra fe de esa gente o ellos la destruirán. Deben ser denunciados y deshonrados, para que lleguen a perder la posición que puedan tener ante la gente. Si su posición social no es destruida, ellos destruirán la posición del Imam de la Época y la posición del Islam mismo.

Nuestros jóvenes deben arrebatarles los turbantes. Los turbantes de esos ajunds que corrompen la sociedad musulmana mientras proclaman ser fuqaha y ‘ulama deben serles arrebatados.

No sé si nuestra juventud en Irán habrá muerto. ¿Dónde están? ¿Por qué no les arrebatan los turbantes a estos individuos? No digo que deban matarlos; no merecen que se les mate. ¡Pero arrebatadles los turbantes! Nuestra gente de Irán, especialmente nuestros celosos jóvenes, tienen el deber de impedir que estos ajunds, estos recitadores de: “Grande es su gloria”, aparezcan en sociedad y se muevan entre la gente, llevando turbante. No necesitan golpearlos mucho, solamente sacarles los turbantes y no permitirles aparecer en público llevándolos.

El turbante es una prenda noble; no cualquiera es digno de llevarla. Como dije, los verdaderos ‘ulama del Islam están libres de culpa al respecto: nunca han estado al servicio del gobierno. Estos que están con el gobierno son parásitos tratando de engordar a costa de la religión y de los ‘ulama, pero nada tienen que hacer entre los ‘ulama y la gente sabe qué clase de tipos son.

Nosotros también nos encontramos frente a difíciles tareas. Debemos mejorar nuestra propia espiritualidad y nuestra forma de vivir. Debemos llegar a ser más ascéticos que antes y completamente ajenos a los bienes de este mundo. Todos vosotros debéis equiparos para proteger el legado divino que os ha sido confiado. Llegad a ser delegados dignos y tened ese mundo en poca estima.

Naturalmente, no podréis ser como el Emir de los Creyentes (sobre él la paz), quien dijo que este mundo era para él no más que la humedad del morro de una cabra, pero apartaros de los deseos de un beneficio mundanal, purificad vuestras almas, volveos hacia Dios Todopoderoso, cultivad la piedad.

Si vuestro propósito al estudiar es —Dios no lo quiera— asegurar vuestro mantenimiento futuro, nunca llegaréis a ser fuqaha o administradores del Islam. Preparaos para ser útiles al Islam, actuad como el ejército del Imam de la Época, para que lleguéis a ser capaces de auxiliarle en su misión de establecer el gobierno de la justicia.

La mera existencia de individuos rectos tiene un efecto benéfico para la sociedad —como yo mismo he observado, uno se purifica caminando con ellos y cultivando su compañía. Actuad de manera que vuestros actos, conducta, carácter y aversión a las ambiciones mundanales, pueda ejercer un efecto revivificador en la gente. Ellos imitarán vuestro ejemplo y vosotros podréis llegar a ser modelos para ellos y soldados de Dios. Solamente así podréis hacer que la gente conozca el Islam y el gobierno islámico.

No estoy diciéndoos que abandonéis vuestros estudios. Por supuesto que debéis estudiar, llegar a ser fuqaha, dedicaos al fiqh y no permitáis que el fiqh decline en los centros de las instituciones religiosas. A menos que seáis fuqaha, no estaréis capacitados para servir al Islam. Pero mientras estudiáis, preocupaos también por representar al Islam correctamente ante la gente.

El Islam es actualmente un extraño. Nadie lo conoce con propiedad. Debéis transmitir el Islam y sus ordenanzas de manera que la gente llegue a entender lo que es el Islam, lo que es el gobierno islámico, lo que significan la Profecía y el Imamato, y en términos generales, por qué fue revelado el Islam y cuáles son sus objetivos. Así, el Islam irá gradualmente conociéndose y, Dios mediante, algún día se establecerá un gobierno islámico.

Debemos derrocar los gobiernos tiránicos por medio de:

1. Cortar toda relación con las instituciones gubernamentales.

2. Rehusarnosacooperarconellos.

3. Abstenernos de cualquier acto que pueda traducirse en una ayuda para ellos.

4. Crear nuevas instituciones judiciales, financieras, económicas, culturales y políticas.

Es deber de todos nosotros derrocar a los taghut, por ejemplo: los ilegítimos poderes políticos que gobiernan actualmente en todo el mundo islámico. El aparato gubernamental de los regímenes tiránicos antipopulares debe ser reemplazado por instituciones al servicio del bien público, y administradas conforme a las leyes islámicas. De esta manera irá apareciendo, gradualmente, un gobierno islámico. En el Corán, Dios Todopoderoso ha prohibido a los hombres obedecer a los taghut, regímenes ilegítimos, y los anima a levantarse contra los reyes, tal como Él ordenó a Moisés rebelarse.

Existen numerosos hadices animando a la gente a luchar contra los opresores y contra los que desean pervertir la religión. Los Imames (sobre ellos la paz) junto con sus seguidores, los shi’as, siempre lucharon contra los gobiernos tiránicos y los regímenes ilegítimos, como uno puede fácilmente ver si examina sus biografías y la forma de vida. La mayor parte del tiempo vivieron bajo la opresión de los gobernantes tiránicos y se vieron obligados a observar taquiya, embargados de temor, no temor por ellos mismos, desde luego, pero sí temor por la religión como se evidencia si se examinan los hadices más relevantes.

Los gobernantes tiránicos, por su parte, permanecieron aterrorizados de los Imames. Estaban seguros de que si daban a los Imames la más leve oportunidad, estos se rebelarían y los privarían de sus vidas, sinónimo de búsqueda de placeres y licenciosidad. Es por esta razón que vemos a Harun arrestando al Imam Musa ibn Ya’far34(sobre él la paz) y encarcelándole por muchos años, y tras él, a Ma’mun35llevando a Imam Reza a Marv36y confinándolo allí muchos años, antes de, finalmente, envenenarle.

Harun y Ma’mun no actuaron así porque los Imames fuesen sayyeds (es decir: descendientes del Profeta) y los gobernantes fuesen opuestos al Profeta; desde luego, tanto Harun como Ma’mun eran “shi’as37. Ellos actuaron así motivados enteramente por razones de Estado: sabían que los descendientes de ‘Ali reclamarían el califato y que su mayor deseo era establecer un gobierno islámico, considerando el hacerlo algo enteramente obligatorio para ellos.

Un día se le sugirió al Imam Musa que delinease los límites de Fadak38para que se lo pudieran devolver. De acuerdo con cierto hadiz, dibujó un mapa de todo el territorio islámico y dijo:

Todo lo que hay dentro de estos límites es nuestro derecho legítimo. Nosotros somos quienes debemos gobernar sobre él y vosotros sois solo unos usurpadores”.

Los tiranos vieron pues que si el Imam Musa ibn Ya’far fuese libre, les haría la vida imposible, podría establecer las bases de una rebelión y del derrocamiento de su gobierno. Así que no le dieron la más leve oportunidad. No existe la menor duda de que si el Imam la hubiera tenido, se habría rebelado y habría destronado a los tiranos usurpadores.

Igualmente, Ma’mun mantuvo a Imam Reza bajo vigilancia, dirigiéndose a él, astuta e hipócritamente, llamándose “primo y descendiente del Mensajero de Dios”, temeroso de que, algún día, pudiera levantarse y destruir las bases de su reinado. Al ser, ciertamente descendiente y delegado del Profeta (sobre él la paz y las bendiciones) no se le podía permitir moverse con libertad por Medina.

Los tiranos deseaban el poder y estaban dispuestos a sacrificar cualquier cosa por ese deseo; no es que tuvieran una enemistad personal con ninguno de los Imames. Si —Dios no lo permita— el Imam (sobre él la paz) hubiese frecuentado su corte, habrían mostrado hacia él la mayor veneración y respeto, incluso habrían besado su mano.

De acuerdo con el hadiz, cuando el Imam Reza fue a ver a Harun, este ordenó que el Imam fuese traído montado a caballo hasta su mismo trono, y que se le mostrase la mayor veneración posible. Pero cuando llegó el turno de repartir las cantidades del tesoro que debían ser distribuidas y llegó el turno de Bani Hashim para recibir su parte, Harun les entregó solamente una pequeña cantidad.

Su hijo Ma’mun que estaba presente quedó sorprendido del contraste ente la veneración de la que acababa de ser testigo y la asignación que ahora veía que se les daba. Harun le dijo:

“No entiendes. Los Bani Hashim deben permanecer en esta situación. Deben ser siempre pobres, prisioneros, desterrados, afligidos, incluso envenenados o muertos. De otra manera se levantarían contra nosotros en rebeldía y arruinarían nuestras vidas”.

Los Imames (sobre ellos la paz) no solo lucharon contra los gobernantes tiránicos, los gobiernos opresivos y las cortes corruptas, ellos mismos llamaron también a los musulmanes a hacer el yihad contra estos enemigos.

Existen más de cincuenta hadices en el Wasa’il ash-Shi’a39, el Mustadrak40y otros libros, llamando a los musulmanes a evitar a los gobernantes y dirigentes tiránicos, y a llenar de tierra la boca de aquellos que les alaban y amenazar a aquellos que prestasen sus plumas para hacerles de panegiristas.

En resumen, los Imames han ordenado cortar toda relación con tales gobernantes y que nadie colabore con ellos de ninguna manera. En contraste con estos hadices, existen otros que alaban a los maestros eruditos y al faqih justo, y enfatizan su superioridad sobre el resto de los hombres.

Tomadas en su conjunto, ambas clases de hadices forman un programa para el establecimiento de un gobierno islámico. Primero se induce al pueblo a dar la espalda de los gobiernos tiránicos de los opresores y a destruir su régimen opresor; después, las casas de los fuqaha deben abrir sus puertas a las gentes: los fuqaha que son justos y ascéticos y que luchan en el camino de Dios para aplicar las leyes del Islam y establecer su sistema social.

Los musulmanes serán capaces de vivir en seguridad y tranquilidad y preservar su fe y su moral, solamente cuando disfruten de la protección de un gobierno basado en la justicia de la ley. Un gobierno cuya forma, sistema administrativo y leyes, han sido establecidos por el Islam.

Espero que mediante la presentación del sistema de gobierno y de los principios sociales y políticos del Islam a amplios sectores de la humanidad, creemos una fuerte y nueva corriente de pensamiento y un poderoso movimiento popular que provocará el establecimiento de un gobierno islámico.

¡Oh Dios! Debilita las armas de los opresores que han ocupado las tierras de los musulmanes y desarraiga a todos los traidores del Islam y de los países islámicos.

Despierta las cabezas de los estados musulmanes de sus profundos sueños para que puedan esforzarse ellos mismo en favor de los intereses populares y renunciar a la división y a la búsqueda del beneficio particular.

Concédenos que la joven generación de estudiantes de los colegios religiosos y las universidades pueda luchar por la conquista de los sagrados objetivos del Islam y esforzarse juntos, en filas unidas, primero, para liberar los países islámicos de las garras del imperialismo y sus viles agentes, y después, para defenderlos.

Concédenos que los fuqaha y los maestros puedan esforzarse para guiar e iluminar las mentes de las gentes, para llevar los sagrados objetivos del Islam a todos los musulmanes, particularmente a la joven generación, y a esforzarse por el establecimiento de un gobierno islámico.

Tuyo es el éxito y no hay recurso ni poder excepto en Dios, el Exaltado,elSublime.

  • 1. El 23 de junio de 1908, Muhammad ‘Ali Mirza llevó a cabo, con apoyo militar de Rusia, un golpe de estado contra el primer maylis iraní. Fue derrocado y el 16 de julio de 1909, se estableció un gobierno provisional gracias a la resistencia popular dirigida mayormente por los sabios religiosos más importantes del momento en Nayaf. Ver Browne, La revolución persa de 1905-1909, capítulos 7-10.
  • 2. Tras la Guerra de los Seis Días, pronto se dio a conocer la noticia de que estaban circulando copias del Corán en los territorios ocupados por los sionistas, así como en países de África, en las cuales habían sido eliminados todos los versículos que criticando a los judíos.
  • 3. Nayaf —en la actualidad, junto con Qom (Irán)— es el mayor centro de enseñanza del mundo shi’a. El lamento que hace: “Incluso Nayaf no lo tenemos” se refiere a las restricciones y presiones sufridas por los maestros shi’as de Nayaf a manos del régimen baasista de Bagdad. La persecución baasista en Nayaf alcanzó su mayor punto en mayo de 1969 —diez meses antes de que se diesen estas lecciones— cuando bastantes ‘ulama fueron arrestados y torturados, y documentos religiosos confiscados. Tras la toma del poder en Iraq por parte de Saddam Husain y el triunfo de la Revolución Islámica en Irán, esta persecución alcanzó lo mayores grados conocidos. Ver anónimo: Hayat-e- Hakeem, en inglés (Karachi 1973), págs. 73-84.
  • 4. “Llamar a hacer el bien” es una obligación específica de los sabios religiosos, sería una vergüenza para ellos que los estudiantes tuvieran que recordárselo.
  • 5. Durante su exilio en Nayaf, Imam Jomeini dio especial atención a las asociaciones islámicas de estudiantes iraníes en Europa y en los Estados Unidos, enviándoles orientaciones y animándoles.
  • 6. ‘Aqil ibn Abi Talib, hermano de Imam ‘Ali. Cuando Imam ‘Ali asumió el califato, se cuenta que ‘Aqil le pidió que retirase 40.000 dirhams del tesoro público para que él pudiera saldar una deuda. Cuando su propuesta fue rechazada, ‘Aqil se pasó al campo de Mu’awia en Damasco.
  • 7. Bani Hashim: el clan de la Meca al cual pertenecía el Profeta y sus descendientes.
  • 8. Alusión a las actividades de Ashraf, la hermana gemela del Shah, de quien se notificó en 1960 que había sido detenida por la policía suiza al encontrarse grandes cantidades de heroína en su poder. Ver Bahman Niruman, Persien, Modell eines Entwicklungslandes (Hamburg, 1967), págs. 133-134.
  • 9. Wa la’d-Dal.lin: “Ni aquellos que están desviados”, una frase que pertenece al séptimo versículo del sura que inicia el Corán y que es recitado en cada oración. La letra “D” del “Dal.lin” representa un sonido de la lengua árabe que no existe en persa y que es pronunciado normalmente como una zeta por los recitadores persas. No obstante, hay quienes en Irán y en otros sitios, dedican excesiva energía a la tarea de dar a las letras sus valores árabes al recitar.
  • 10. ‘Ashura: el décimo día de Muharram. El día en el cual el Imam Husein fue martirizado en Karbala. Ver nota n.º 25.
  • 11. Rauzajwans: aquellos que están especializados en la recitación de narraciones versificadas sobre el martirio de los Imames. la primera parte de su nombre rauza se tomó del título de una de tales narraciones; Rauzat ash-Shuhada de Husein Va’iz Kashifi, (muerto en 910).
  • 12. Muyahids: aquellos que se dedican al yihad, que se esfuerzan por alcanzar los proyectos de Dios sobre la tierra.
  • 13. “Fortalezas del Islam”. Ver el hadiz citado en referencia a la nota n.º 104.
  • 14. Khawaja Nasir ad-Din Tusi: uno de los más prominentes sabios shi’a (597-672/1201-1274). Escribió abundantes obras, no solo sobre las ciencias del Din, sino también sobre filosofía, matemáticas y astronomía. Disfrutó de la protección del conquistador Mongol Hulagu, cuando pasó por Irán camino de Bagdad, circunstancia que ha permitido a muchos acusarle de complicidad con la conquista. Para su relación con los conquistadores, ver A.H. Hairi, Nasir ad-Din at-Tusi: Su supuesto papel en la caída de Bagdad, Actas del V Congreso Internacional de Arabistas e Islamistas (Bruselas, 1971), págs. 255-266.
  • 15. ‘Allama Hilli: ‘Allama Ibn al-Mutahhar al-Hilli, otro importante sabio shi’a que vivió en el periodo de la dominación Mongol de Irán (648-716/1250-1325). Concerniente a sus actividades escolares y políticas. Ver Michel Mazzaoui, El surgimiento de los Safavidas (Wiesbaden, 1972), págs. 27-34.
  • 16. Yazid: segundo califa omeya y adversario de Imarn Husein. Gobernó del año 60 al 64, (680-683).
  • 17. Abu Talib: padre del Imam ‘Ali. De acuerdo con la creencia shi’a abrazó el Islam. No así en la creencia sunnita.
  • 18. Harun ar-Rashid: califa abasida que reinó desde el 180 al 193 (886-908) y fue contemporáneo del séptimo y octavo Imames, Musa al Kazim y Reza.
  • 19. Este hombre era Hasan Pahravan, cabeza de la SAVAK —policía secreta del Shah— entre 1961 y 1965, y que fue ejecutado tras el triunfo de la Revolución Islámica. Esta visita se produjo el 2 de julio de 1963, cuando el Imam Jomeini estaba detenido en el presidio de ‘Ishratabad en Teherán.
  • 20. Aga-ya Qumi: Ayatullah Rasan Tabataba’i Qummi, un líder religioso de Mashad que cooperó activamente con Imam Jomeini en el movimiento del 15 de Jordad.
  • 21. Para el texto de este discurso dado en la Mezquita Mayor de Qom el 6 de mayo de 1964, ver anónimo Biyigrafi-yi Pishva, np, nd. II, págs. 109-138.
  • 22. Debe referirse a un pasaje de Mahmud Mahmud, Tarij-i Ravabiti Siyasi-yi Iran va inglis (Teherán, 1332 /1953), VI, 1743. El sultán Ghazi ad-Din Haydar de Oudh estableció un pago de cien lajs de rupias para soportar las necesidades de Nayaf y Kerbala. Después su principado fue absorbido por la India británica y la administración de los pagos pasó a manos británicas. Concerniente al legado de Oudh y a sus receptores ver Algar, Religión y Estado, págs. 237-238.
  • 23. Sheij Murtaza. Sheij Murtaza Ansari, el primer muytahid que llegó a ser la única fuente de guía (marya-i taqlid) del mundo shi’a (1216-1281/1801-1865). Fue el autor de Al-Makasib, un importante tratado de jurisprudencia shi’a. Ver Algar, Religión y Estado, págs. 162-164.
  • 24. Buruyerdi: Ayatullah Husain Buruyerdi.
  • 25. Ayatullah Muhammad Huyyat. Profesor por muchos años y asociado con Ayatullah Ha’eri (1310-1372/1862-1953). Fue responsable de la construcción de la Madrasa Huyyatiya. Ver Muhammad Sharif Razi, Ganyina-yi Danishmandan (Teherán, 1973) I, 305-335.
  • 26. Sadr: Ayatullah Sadr ad-Din (1299-1373/1882-1953). Otro de los principales asociados con Ayatullah Ha’eri en Qom. Ver Razi, Ganyina-yi Danishmandan, I, págs. 326-335.
  • 27. Hawansari: Ayatullah Muhammad Taqi. Jawansari, un sabio religioso que combinó la militancia con el estudio (1305-1371/1888-1952). Luchó contra los ocupantes británicos de Iraq bajo el liderazgo de Mirza Muhammad Taqi Shirazi (ver nota anterior n.º 172) antes de incorporarse al círculo de Ha’eri en Qom. Ver Razi, obra citada, I, págs. 322-326.
  • 28. Posiblemente se refiere a las disputas cristológicas de Bizancio.
  • 29. Abu Huraira. Un compañero del Profeta, muerto en el (59/679), redactor de 5.374 hadices del Profeta, más que ningún otro compañero. Fue nombrado gobernador de Bahrain por ‘Umar, juez de Medina por ‘Uzman y gobernador de Medina por Mu’awia. Los sabios shi’as lo han encontrado indigno de confianza e incluso deshonesto. En defensa de su honradez, ver Abdel Mu’min al-‘Ali, Difa’an Abi Hurayra (Bagdad 1393).
  • 30. Un famoso dicho del Imam Ya’far as-Sadiq.
  • 31. ‘Ali ibn Yaqtin: uno de los primeros recopiladores de hadices (124-182/742-798). Se asoció a Mansur, el primer califa abasida, y se dice que le ayudó a planificar Bagdad.
  • 32. Ver nota anterior n.º 173.
  • 33. Aunque existen ejemplos de alianzas entre fuqaha sunnitas y gobernantes, que pueden ser demostrados a lo largo de la historia, es bien sabido que han existido importantes excepciones, p. ej.: Abu Hanifa, creador de la escuela sunnita más extendida, quien fue encarcelado por el califa abasida Mansur.
  • 34. Ver nota n.º 103.
  • 35. Ma’mun: califa abasida desde 198 a 218 (813-833) y perseguidor del Imam Reza. Ver nota n.º 63.
  • 36. Marv: una ciudad de Transoxiana.
  • 37. Ma’mun y Harun eran “shi’as” en el sentido de que implícitamente reconocían la autoridad del Imam Reza, en sus relaciones con él.
  • 38. Fadak: ver nota n.º 146.
  • 39. Ver nota n.º 117.
  • 40. Ver nota n.º 151.