read

Capítulo 4: El método de educación de la Gente de la Casa para sus seguidores

Introducción

Los Imames de la Gente de la Casa (P) sabían con anticipación que el gobierno nunca retornaría a ellos durante sus vidas, y que tanto ellos como sus seguidores pronto tendrían que permanecer bajo el poder de otros, quienes considerarían necesario combatir contra los Imames y sus seguidores con todos los instrumentos de presión y violencia. Ellos sabían que inevitablemente quedarían en situaciones difíciles y bajo gobierno injusto.

Entonces es natural por un lado que ellos tomen el ocultamiento de su fe (taquíiah) como un modo de vida y una conducta para ellos y sus seguidores a fin de que el disimulo proteja sus sangres en tanto no perjudique a otros ni a la religión.

De esta manera podrían permanecer con vida frente a los furiosos enemigos y en situaciones donde las tentaciones, la venganza contra la Gente de la Casa y el odio se mezclaban.

Por otro lado, era necesario, según la exigencia de su Imamato, que les enseñaran a sus seguidores los mandatos del Islam dirigiéndolos a su religión de manera correcta y completa, y que los encaminaran hacia un rumbo social beneficioso, de tal modo que sean ejemplos de musulmanes justos y correctos.

El método de enseñanza de la Gente de la Casa es demasiado amplio como para contenerlo para este libro. Los textos de hadices (dichos) que son de diferentes tamaños, contienen todas estas enseñanzas religiosas.

Aquí solo señalaremos algunas cuestiones como lo hemos hecho con los temas de las creencias, de las cuales se puede conocer su metodología para educar a sus seguidores con una conducta social beneficiosa, a fin de acercarlos a Dios y purificar sus corazones de las manchas de los pecados y las inmoralidades, haciéndolos justos y veraces.

Ya hemos visto el tema de la taquíiah, que es una de las conductas sociales beneficiosas de ellos. A continuación señalaremos y mencionaremos algunas de estas conductas las enseñanzas de la escuela de la Gente de la Casa para educar a sus seguidores.

Nuestra creencia sobre la súplica

El Profeta (PBd) ha dicho:

“La súplica es el arma del creyente, la base de la religión y la luz de los cielos y la tierra”1.

La súplica y la confidencia es de las particularidades de la escuela shiíta con la cual ha aventajado a otros grupos y se ha distinguido de entre ellos. Los sabios del Islam han escrito decenas de libros sobre su virtud y su manera de realizarlas, así como sobre las súplicas narradas y transmitidas de la Gente de la Casa. En ellos reza el propósito del Profeta (PBd) y su familia de incitar y dar ánimo sobre la súplica. Así, por ejemplo, se ha narrado de ellos:

“Lo mejor devoción es la súplica”2 .

En otra narración reza:

“La más apreciable de las obras ante Dios, Todopoderoso y Majestuoso, sobre la tierra es la súplica”3.

También fue narrado:

“La súplica rechaza la determinación y la prueba”4.

Y figura:

“Ciertamente ella es la curación de todas las dolencias”5.

Se ha narrado que Amir ul Mu`minin, el Imam Ali (P), era un hombre que suplicaba mucho, con gran persistencia. El debía ser así y era digno de esto, porque era el señor de los monoteístas y el guía de los que adoran a Dios.

Sus súplicas tanto como sus discursos son uno de los signos de la elocuencia de la lengua árabe, como la súplica conocida como de “Kumail”, la cual contiene enseñanzas divinas y realidades de la religión útiles para la conducta elevada y correcta del musulmán.

En realidad, las súplicas narradas por el Profeta (PBd) y su familia (P) constituyen la mejor conducta para el musulmán.

Al meditar en ellas, nace en la propia alma la fuerza de la fe y la creencia, así como el espíritu de abnegación y sacrificio por la causa de Dios; le hace conocer el secreto de la devoción y el goce de la confidencia con Dios Altísimo; lo hace enamorarse de Él, conocer la responsabilidad que tiene y seguir la religión; lo hace conocer lo que es obligatorio para el hombre y saber la religión, lo que lo acerca a Dios y a la prosperidad, y lo que lo aleja de las corrupciones, los deseos y las innovaciones falsas.

En resumen: estas súplicas contienen la síntesis de las típicas enseñanzas religiosas educativas para los hombres y de las creencias islámicas. Aún más: las súplicas constituyen las bases y fuentes para las opiniones filosóficas, teológicas y éticas.

Si el hombre hubiese podido tener éxito, aunque no sea una parte de ellos ya que el éxito no es para todos los hombres, beneficiándose del contenido elevado de estas súplicas no quedaría ningún rastro de la corrupción que pesa sobre la tierra.

Las almas que hoy están cautivas y humilladas en las cárceles de los pecados volarían libremente hacia el cielo de la verdad. Pero lamentablemente los deseos impiden y obstaculizan esto y el hombre no escucha ni responde al llamamiento de los restauradores y predicadores hacia la verdad, así como reza en el Sagrado Corán:

«… Por cierto que el alma instiga…»
Corán: “José”; 12:53

Y también figura:

«La mayoría de los hombres a pesar de tu esfuerzo no creen»
Corán: “José”; 12:103

En efecto: la fuente del mal y del desvío del hombre es su propio orgullo, su ignorancia respecto a su maldad y el autoconvencimiento de que todas sus obras y acciones son buenas.

En consecuencia, obra injustamente, viola los derechos de los demás, miente, defrauda y obedece a sus anhelos y sus pasiones. Con todo esto se autoengaña convenciéndose de que ni ha hecho más que lo que era conveniente y necesario realizar, cierra sus ojos voluntariamente a la fealdad de lo que hace y considera insignificantes sus errores delante de sí mismo.

Estas súplicas extraídas de la fuente misma de Revelación animan al hombre a intimar con Dios para que, en la soledad, reconozca sus pecados, admita que él es un pecador que debe relacionarse y amar a Dios para pedir el arrepentimiento y el perdón. Ellas tratan que el hombre pueda sentir y tocar los casos del orgullo y el delito en sí mismo, como se lee en la súplica de Kumail donde dice:

“¡Oh, mi Dios y mi protector! Tú me has impuesto un decreto en el cual yo he seguido el capricho de mi propia alma y no me he cuidado de los adornos de mi enemigo (el demonio). Él me sedujo a través de los caprichos de mi propia alma y en esto lo favoreció el destino (la predestinación). Así sobrepasé algunas de Tus limitaciones que me fueron impuestas y fui en contra de algunas de Tus órdenes”.

No cabe duda que reconocer los pecados en soledad es mucho más fácil que admitirlos públicamente, aunque esto, el reconocer los pecados también sea uno de los estados más difíciles para el alma, a pesar de estar en privado.

Si este reconocimiento se efectúa perfectamente, tiene una gran influencia en la disminución de la rebeldía del alma malvada, impulsando hacia el bien. Quien desee purificar su alma, debe realizar esta intimidad y soledad con Dios y reflexionar libremente en ella, para pedir cuentas a sí mismo.

Y el mejor camino para esta soledad y este pedido de cuentas es la perseverancia en la lectura de estas súplicas transmitidas por el Profeta (PBd) y su familia (P), cuyos sentidos y contenidos llegan a las profundidades de nuestras almas. Por ejemplo, en la súplica de Abu Hamzah Zumali se lee:

“¡Oh, Señor! Por Tu favor y Tu generosidad, cubre mis pecados con Tu velo y dispénsame del reproche que me corresponde”6.

Si contemplamos la palabra “cubre”, encontramos en ella que el hombre desea cubrir sus maldades. Esto es algo natural en el hombre. Esta frase expresa lo que el hombre quiere y desea, y en consecuencia le hace entender a la persona que ocultar los pecados es un asunto importante. Luego de esta etapa, reconoce esta importante realidad, al decir a continuación del párrafo anterior, la siguiente frase:

“Si hoy en día conociera mi pecado otro que Tú, no lo habría realizado, y si tuviera miedo y temor de la aceleración del castigo, lo habría evitado”.

Este reconocimiento y esta profunda atención al ocultamiento de los pecados lleva al hombre a pedir el perdón y la dispensa de Dios Altísimo, para no quedar humillado ante la gente, en el caso de que Dios quiera castigarlo en este mundo y en el más allá por sus obras.

Así el hombre disfruta de ciertos momentos a través de estas confidencias secretas que lo llevan hacia Dios, alabándolo por lo que Él le ha dispensado y le ha evitado la vergüenza, a pesar de que tenía poder para hacerlo. Entonces, después de los párrafos anteriores dice:

“La Alabanza sea para ti por tu benevolencia luego de tu conocimiento sobre mis pecados y por tu dispensa después de tu poder para castigarme”.

Esta súplica enseña e inspira al hombre la manera de pedir perdón por los pecados que, por aprovechar mal la dispensa y benevolencia de Dios, ha cometido. Así no se corta la relación entre el siervo y su Señor, y el siervo reconoce que sus pecados no se debieron a su indiferencia o negación de la orden de Él, cuando expresa:

“¡Oh, Dios! Tu benevolencia me impulsa y hace que me atreva a los pecados, y tu cubrimiento de mis pecados me convoca a tener poco pudor. Mi conocimiento de tu amplia misericordia y tu gran dispensa me incitan y fortalecen para cometer tus ilícitos”.

Estas súplicas con esta manera constructiva de actuar en las confidencias íntimas, movilizan al alma a la purificación, estimulando a obedecer y someterse ante las órdenes de Dios y a abandonar las desobediencias.

En este libro no podemos poner más ejemplos de este tipo de súplicas. Pero yo quisiera recordar algunas súplicas transmitidas con la manera correcta de argumentar con Dios para pedir la dispensa y el perdón, tal como reza en la súplica de Kumail:

“… ¿Cómo podría sostener yo, ¡oh, mi Señor, mi Dios, y mi Protector!, que sometes al fuego de infierno a los rostros que cayeron prosternados ante tu grandeza, a las lenguas que profirieron tu unicidad diciendo: No hay divinidad sino Dios sinceramente y te agradecieron elogiosamente, a los corazones que reconocieron tu divinidad con veracidad, a las mentes que abarcaron tanto ciencia de ti hasta que se tornaron humildes y a las extremidades que frecuentaron los lugares de tu adoración con obediencia, implorando con sumisión tu indulgencia? ¡No debe ser esta la opinión sobre Ti, ni nadie piensa así y cuanto nos ha sido informado sobre Tu favor…”.

Lea repetidamente estos párrafos y contemple la belleza y suavidad de este argumento, así como la elocuencia y magia de esta declaración que a la vez que enseña la manera de reconocer los pecados, la negligencia y el espíritu de la súplica, le muestra al hombre la lección de que debe tener esperanza en la misericordia y generosidad de Dios.

Luego de un modo no directo, muy sutil y profundo, le enseña sus obligaciones y la manera como debe ser un siervo obediente. Después, le hace entender que observando estas obligaciones se hace merecedor del favor y el perdón de Dios. Esto anima al hombre a regresar a sí mismo y actuar como debe, si es que antes no había cumplido con estas obligaciones.

Luego, en la misma súplica, se lee otro modo de argumentar:

“Entonces supón, ¡Oh, mi Dios, mi amo, mi protector y mi Señor!, que soy capaz de resistir el castigo, ¿pero cómo podría tolerar tu separación? Supón que soy capaz de soportar el ardor de tu fuego, ¿cómo podría tolerar no contemplar tu generosidad?”.

Este párrafo le enseña al hombre la necesidad de disfrutar y acercarse a Dios, a contemplar su generosidad y su poder de tal modo que se enamore de Él y anhele lo que está ante Él.

También le enseña que tal goce lo pueda llevar a un grado tal en que la influencia de la intimidad sea tal que su pérdida sea más importante para el hombre que el ardor del fuego infernal. Y esto puede ser de tal modo que el hombre pueda soportar el calor del fuego, pero no puede tolerar ser despojado de contemplar la generosidad de Dios.

Así como también, estos párrafos nos hacen entender que el amor y el goce que siente el siervo por acercarse a Dios son la mejor intercesión para el pecador ante Él, mediante los cuales perdona y dispensa sus pecados.

Es evidente la suavidad de este tipo de amor que habla así con el Generoso, el Benevolente, Aquel que acepta el arrepentimiento y perdona el pecado.

Resulta conveniente concluir este tema con una súplica resumida que abarca las nobles características morales, describiendo las tareas de cada individuo y cada clase de persona con sus atributos convenientes:

“¡Oh, Dios! Concédenos el éxito en la obediencia, el alejamiento de la desobediencia, la intención veraz y conocer lo que está ante ti como respetable.

Hónranos por medio de la buena guía y la resistencia. Fortalece y haz expresivas nuestras lenguas para decir la verdad y la sabiduría. Llena nuestros corazones con la ciencia y el conocimiento. Purifica nuestros estómagos de las cosas ilícitas y ambiguas. Haz que nuestras manos se abstengan de la injusticia y el robo. Haz que nuestras miradas se bajen de la inmoralidad y la indecencia. Haz que nuestros oídos se cierren para la vanidad y las murmuraciones.

Otorga a nuestros sabios el atributo del desapego y el dar un buen consejo; a los estudiantes, el atributo del esfuerzo y el buscar apasionadamente la ciencia; a los oyentes, el seguir a la verdad y aceptar el buen consejo; a los enfermos entre los musulmanes, la curación y el reposo; a sus muertos, la benevolencia y la misericordia.

A nuestros ancianos, la dignidad y la tranquilidad; a los jóvenes, el retorno y el arrepentimiento; a las mujeres, el pudor y la castidad; a los ricos, la humildad, la amplitud, el dar limosna y ser digno; a los pobres, la paciencia y el contentamiento.

A los combatientes, la ayuda y el triunfo; a los cautivos, la libertad y el reposo; a los gobernantes, la justicia y la amabilidad; al pueblo, la equidad y la buena conducta.

Y bendice a los peregrinos y a los que visitan la Casa de Dios y la tumba del Profeta en sus provisiones y gastos. Haz que cumplan y facilítales los deberes que has impuesto sobre ellos para la Peregrinación mayor y menor (Hayy y Umra) con tu favor y tu misericordia, ¡oh, el más misericordioso entre los misericordiosos!”.

Aconsejo a mis hermanos lectores que no pierdan el beneficio de leer estas súplicas, meditando en sus sentidos y objetivos. Que las lean con mucha atención, dirigiendo el corazón hacia Dios humildemente, y que la lectura sea como si hubiesen sido ellos mismos quienes las hubiesen redactado y fuesen ellos quienes están hablando con Dios y no como si estuviesen leyendo algo de otro, pero siguiendo la conducta que fue transmitida de la Gente de la Casa.

Porque leerlas sin prestarles atención con el corazón, solo es mover y agitar la lengua sin acrecentar el conocimiento del hombre, ni acercarlo a Dios, ni descubrir o apartar para él una calamidad, sin que su súplica sea escuchada. Como dice el Imam Sadiq (P):

“Por cierto que Dios, Todopoderoso y Majestuoso, no responde la súplica que surge de un corazón negligente. Entonces, cuando quieres suplicar, hazla con atención y con el corazón alerta, luego ten certeza que tu súplica será aceptada”.

Las súplicas de Sahifatus-Sayyadíiah

Luego del triste y doloroso acontecimiento de Karbala y del dominio de los omeyas en los asuntos islámicos gobernando despóticamente, derramando las sangres, tratando injustamente a los musulmanes, despreciando y deshonrando las enseñanzas islámicas; el Imam Zain Al Abidin, el señor de los que se prosternan (P), se quedó sentado en su casa triste y desconsolado.

Nadie se le acercaba y él no podía salir de su casa e ir entre la gente enseñándoles sus obligaciones y responsabilidades, así como lo que era más conveniente para ellos. Ante esta situación, él debía adoptar otra conducta para enseñar, y fue la súplica según lo que ya dijimos que ella es una de las maneras de enseñar y educar el alma de la gente para la purificación.

Entonces la tomó como un instrumento para transmitir, difundir y divulgar las enseñanzas del Corán, las conductas y los mandatos del Islam, y el método de la Gente de la Casa. La tomó para enseñar a la gente el espíritu de la religión, el desapego y todo aquello que es necesario para la purificación de las almas y de las características de la gente.

Este es un método creado por él mediante el cual transmitió las enseñanzas del Islam sin darles a sus enemigos un pretexto para acusarlo. Así enseñó muchas súplicas a la gente, algunas de las cuales fueron reunidas bajo el título de Sahifatus-Sayyadíiah, libro al cual se lo conoce como “Los Salmos de la familia de Muhammad”.

Estas súplicas, en su estilo y objetivo, contienen la más alta forma de gramática árabe, los más elevados objetivos de la religión pura, los más finos secretos del Monoteísmo y la Profecía así como el método más correcto para enseñar las características del Profeta Muhammad y las cualidades del Islam.

Entonces, en él se leen los diversos asuntos de la religión por lo que se trata de una lección sobre religión y moral, pero con el formato de una súplica. En definitiva, es una súplica con una forma especial de enseñanza religiosa y moral.

Después del Corán y del Nahyul Balágah, el texto que contiene los dichos, cartas y discursos del Imam Ali (P), es el libro con el más alto estilo de la lengua árabe y el lugar más elevado del que recibir diversas cuestiones filosóficas de teología y ética.

Por ejemplo, en una parte enseña cómo glorificar, alabar, santificar y agradecerle a Dios y la manera de arrepentirse hacia Él en la Súplica II.

En otra parte, muestra la forma de confidenciar, intimar y vincularse con Él con amor y sinceridad en la Súplica LI.

En otra parte, enseña detalladamente la forma y el sentido de la bendición a Muhammad el Profeta de Dios, a sus Mensajeros y a los elegidos de entre su creación en las súplicas II, III y IV.

En otra parte, muestra la manera adecuada de tratar y comportarse con los padres en la súplica XXIV.

En otra parte, explica el derecho de los padres sobre los hijos y viceversa, así como los derechos de los vecinos, los allegados y los musulmanes en general, o el derecho de los pobres sobre los ricos y viceversa en las súplicas XXIV, XXV y XXVI.

En otra parte, explica y advierte sobre las obligaciones y responsabilidades respecto a los acreedores, y todo lo inherente a las cuestiones económicas y financieras. También explica la forma de comportarse con los amigos, con la gente en general y con los trabajadores en la súplica XXX.

En otro lugar, reúne todas las características éticas y todos los factores y virtudes que deben estar completas para alcanzar la ciencia de la ética en la súplica XX.

En otra parte, enseña cómo tener paciencia sobre las desgracias y vicisitudes y cómo comportarse en los estados de la salud y la enfermedad en la súplica XV.

En otra parte, explica las tareas del ejército islámico y las responsabilidades de la gente respecto a ellos en la súplica XXVII… Y muchas otras cuestiones más sobre las características de Muhammad y lo que exige la religión. Y explica todas estas cuestiones únicamente con la súplica.

A continuación daremos algunos ejemplos de los maravillosos párrafos de las lúcidas súplicas del Imam (P):

Primero: Conocer a Dios

Conocer a Dios Altísimo, su grandeza y poder, así como explicar su unidad y santificarlo con palabras y expresiones sabias colmadas de ciencia y sabiduría, es algo que se reitera en todas las súplicas de diferentes maneras. Por ejemplo, lo que se lee en la súplica número I:

“La alabanza sea con Dios, el Primero sin ningún ‘primero’ que lo anteceda, el Último sin ningún ‘último’ que lo preceda. Él es aquel a quien la mirada de los observadores no alcanza, y ante quien la imaginación de los fisonomistas se muestra impotentes. Hizo la creación con su poder y la produjo según su voluntad”.

Estos párrafos explican y dan cuerpo a sentido exacto de Al Auual (el Primero) y Al Ajar (el Último) respecto a Dios. Obsérvese atentamente el significado de santificar a Dios respecto de tener poder para abarcarlo con la vista, la imaginación o la fantasía. Préstese atención al sentido preciso de crear.

Luego en la súplica número VI, se lee otra manera de explicar el poder y la administración de Dios:

“La alabanza pertenece a Dios, Quien creó la noche y el día con su fuerza, los diferenció con su poder y señaló para cada uno de ellos un límite determinado y un tiempo extendido.

Él hace que cada uno de ellos acorte su plazo y lo alargue, para beneficio de sus siervos con lo cual los alimenta y los hace crecer.

Pues, creó para ellos la noche, a fin de que pudieran reposar en ella de los movimientos laboriosos y de las actividades fatigantes. Él la hizo de una vestimenta con la cual ellos pudieran cobijarse en su descanso y su sueño, que pudiera ser para ellos la recuperación de la tranquilidad y la fuerza, para que pudiesen obtener en ella placer y pasión”.

Hasta el fin de esta súplica, donde menciona otros beneficios de la creación de la noche y el día, y todo lo que es admisible para el hombre su gratitud.

En la súplica número VII, se lee otra forma de explicar que todos los asuntos están bajo el Poder de Dios Altísimo:

“¡Oh, Aquel a través de Quien se abren los nudos de las desgracias y las dificultades! ¡Oh, aquel a través de quien se quiebra la rigidez de los problemas! ¡oh, aquel a quien se le pide la salida de la estrechez hacia el alivio! las dificultades resultan allanadas por tu poder; los recursos son establecidos a través de tu favor; el decreto es puesto en marcha a través de tu autoridad; todo anda según tu voluntad y todo acepta tu orden y se ejecuta según tu deseo, sin que les digas nada, sin necesidad de expresar tu mandato con la palabra, y todos se ajustan acorde a tu intención, sin que expreses la prohibición”.

Segundo: La debilidad e incapacidad del siervo para adorar a Dios

Él (P) explica el favor de Dios sobre el siervo y la incapacidad de este de cumplir su derecho, aunque su obediencia, devoción a Dios y su vinculación con Él Altísimo sean extremas. Por ejemplo, en la súplica número XXXVII, se lee:

“¡Oh, Dios! Por cierto que nadie puede finalizar su marcha en las etapas del agradecimiento a ti sin que se le prepare de tu beneficencia lo que le impone otro agradecimiento. Y nadie llega a un grado de tu obediencia, aunque se esfuerce denodadamente, sin ser negligente respecto de lo que tú te mereces por tu virtud y favor. Entonces, el más agradecido de tus siervos es débil en el agradecimiento a ti y el más devoto de ellos es negligente respecto a tu obediencia”.

La abundancia de las mercedes de Dios Altísimo para con sus siervos nunca cesa ni concluye, por lo que el siervo es incapaz de agradecerle como corresponde. Entonces, ¿cómo es cuando lo desobedece con osadía? ¿Cómo puede compensar uno solo de sus pecados? ¿Y qué puede hacer después de haber pecado? Los siguientes párrafos de la súplica número XVI explican esto:

“¡Oh, Dios mío! Aun si llorara ante ti hasta que se cayeran las pestañas de mis ojos, si gritara en voz alta hasta cortar mi voz, si me parara ante ti hasta que se hincharan mis pies, si me inclinara ante ti hasta romper los huesos de mi espalda, si me prosternara hasta que las pupilas de mis ojos se salieran de su lugar, si a lo largo de mi existencia solo comiera tierra y bebiera agua mezclada con cenizas hasta el final de mi vida, y en ese estado te recordara con frecuencia y abundancia hasta que mi lengua quedara agotada y por vergüenza a ti no alzara mi vista hacia el cielo, con todo esto no sería digno de que se me borrara ni siquiera uno de mis pecados”.

Tercero: La Recompensa y el Castigo de Dios

Él (P) explica y da a conocer la Recompensa y el Castigo, el Paraíso y el Infierno, así como que la recompensa de Dios es un favor completo y exclusivamente suyo, mientras que los siervos son merecedores del castigo de parte de Dios cuando lo desobedecen con osadía, aunque sea en lo más mínimo e insignificante. Y Dios tiene evidencia contra él.

Todas las súplicas de Sahifatus-Sayyadíiah contienen esta metodología impactante para inspirar el temor sobre el castigo de Dios y la esperanza de su recompensa en el alma del ser humano. Todas ellas atestiguan este tema con diversas expresiones que tienden a originar en el corazón reflexivo del hombre el temor y el miedo de emprender el pecado, como lo que reza en los siguientes párrafos de la súplica número XLVI:

“Tu Argumento está establecido y nunca es refutado. Tu poder está fijo y nunca desaparece. El castigo continuo pertenece a aquel que se inclina lejos de ti, abandonado a la decepción está aquel que es decepcionado por ti. La más miserable de las tristezas es para aquel que por haberle otorgado un plazo continuó en su desobediencia.
¡Cuánto se moverá en tu castigo! ¡Cuánto frecuentará tu condena! ¡Cuán lejos estará del consuelo! ¡Cuánto desesperará por una salida fácil! Todo esto como justicia de tu decreto y como equidad de tu sentencia en la cual no existe injusticia, porque tú has expuesto los argumentos uno detrás de otro, explicaste las excusas”.

En la súplica número XXXI leemos:

“¡Oh, Dios! Ten Misericordia de mi soledad frente a ti, del latido de mi corazón por temor a ti y del temblor de mis miembros ante tu prestigio. Pues mis pecados, ¡oh, Señor!, me han puesto en tu presencia en un estado de vergüenza y escándalo. Luego, si me callo nadie hablará por mí, y si busco un intermediario o un garante, no soy merecedor de la intercesión”.

Y también en la súplica número XXXIX reza:

“Así pues, si Tú me retribuyeras con el castigo como debería ser, me destruirías, y si tú no me cubrieras con tu misericordia, me harías caer en la aniquilación…

Te suplico que me libres de los pecados cuya carga ha resultado muy pesada para mí, y te pido que me ayudes respecto a aquello cuyo peso me ha agotado y me ha hecho tropezar. Bendice, pues, a Muhammad y a su familia, y perdona mi alma, a pesar de haber obrado injustamente en su propia contra. Libérala y emplea tu misericordia para que pueda llevar pesada carga mía”.

Cuatro: Evitar el pecado en el rayo de la súplica

Estas súplicas dirigen y animan a quien las realiza a evitar las malas obras y las características inferiores, a fin de purificar su corazón de las impurezas e inmoralidades. Por ejemplo, los siguientes párrafos de la súplica número XX:

“¡Oh, Dios! Perfecciona mi intención a través de tu benevolencia, rectifica mi certeza a través de lo que está ante ti, corrige a través de tu poder lo que ha sido corrompido en mí…

¡Oh, Dios! Bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad. Otórgame el placer en una buena y justa guía, la cual no reemplace por otra, un camino auténtico del cual no me aparte y una intención de recta conducta en la cual no tenga duda alguna…

¡Oh, Dios! No dejes en mí cualidad alguna la cual sea considerada defecto, a menos que tú la corrijas, ni defecto alguno por el cual sea acusado, a menos que tú lo mejores, ni característica alguna que se halle en deficiencia, a menos que tú la perfecciones”.

Quinto: Hacer crecer el espíritu firme

Otro de los efectos de las súplicas es que dan fuerza a quien las realiza, enriqueciendo su alma de la gente para no humillarse ni avergonzarse ante ellos, a fin de no tener que manifestar su necesidad a nadie más que a Dios, mostrándole que el anhelo de lo que está ante la gente es de las más inferiores características del hombre. Por ejemplo, en el siguiente párrafo de la súplica número XX se lee:

“… no me pruebes con la búsqueda de ayuda en otro que no seas tú, cuando tenga necesidad; ni con la humillación de tener que pedir a otro que no seas tú cuando estoy en la pobreza; ni con la súplica a otro que no seas tú cuando tengo temor. Pues entonces yo sería merecedor de tu abandono, tu impedimento y tu alejamiento”.

En la súplica número XXVIII dice:

“¡Oh, Dios! Cortando mi relación con otros y vinculándome contigo, he sincerado mi corazón y me he dirigido completamente hacia ti. Aparté mi rostro de quien está necesitado de tu atención y dejé de pedir a quien no puede prescindir de tu favor. Vi que el ruego de un necesitado a otro necesitado es una muestra de ignorancia y un desvío del intelecto”.

Y en la súplica número XIII se lee:

“Luego, quien busca la compensación de sus necesidades en ti y desea el alejamiento de la pobreza de sí mismo a través tuyo, ha buscado cubrir sus necesidades donde debía buscar y se ha encaminado correctamente. En cambio, quien busca y se dirige por sus necesidades hacia uno de tu creación o lo coloca como un medio para cubrir sus necesidades en vez de ti, se ha expuesto a la privación, y él es digno de ser despojado de tu beneficencia”.

Sexto: La consideración de los derechos de los demás

En otros párrafos de las súplicas de Sahifatus-Sayyadíiah, el Imam (P) enseña a considerar los derecho de los demás, a ayudarlos, a ser benevolente y amable unos con otros, a abnegarse mutuamente para concretar el sentido de confraternidad islámica. Por ejemplo en la súplica número XXXVIII, figura:

“¡Oh, Dios! Me excuso ante Ti por un oprimido que fue tratado injustamente ante mi presencia sin que yo lo ayudara; de un beneficio que me fue otorgado sin que yo la agradeciera, por un malvado que se excusó conmigo y me pidió perdón sin que yo aceptara su excusa; por un pobre que me pidió algo sin que yo le diera preferencia sobre mí; por el derecho de un creyente que haya quedado sobre mí sin que yo lo restituyera; por el defecto de un creyente que se haya manifestado ante mí sin que yo lo ocultara”.

En realidad, esta forma de pedir perdón y disculpar es el más excelente programa para intentar llevar al alma y espíritu del hombre a las más altas características divinas admisible para él. En la súplica número XXXIX vemos algo más, pues enseña cómo tratar a quien se ha comportado mal con uno mismo y cómo evitar la venganza, elevando el alma de uno a los grados de los siervos santos:

“¡Oh, Dios! A cualquier siervo que haya cometido algo ilícito contra mí, o haya desgarrado lo que has prohibido calumniándome o perjudicándome, o haya llevado consigo una deuda a mi favor a su tumba muriendo sin pagarme, o sobre el cual tenga un derecho mientras que él vive, entonces perdónalo respecto de su tratamiento injusto hacia mí, dispénsalo por el derecho que se ha llevado de mí y por el perjuicio que me ha causado, no le informes lo que ha hecho en mi contra reprochándole ni tampoco lo avergüences por haberme dañado. Y haz que esta dispensa que he aplicado sobre ellos y el modo generoso con el cual los he tratado sea la más pura de las limosnas de los caritativos y la más sublime de las dádivas de los cercanos. Y compénsame por mi perdón a ellos con tu perdón, y mi súplica para ellos con tu misericordia, para que cada uno de nosotros tanto ellos como yo sea afortunado por tu favor”.

Por cierto que este último párrafo es maravilloso y muy interesante, teniendo mucha influencia buena sobre las almas admisibles y haciéndole entender al hombre que debe tener una intención buena, sana y pura respecto a toda la gente, pidiendo y buscando la felicidad para todos, inclusive para quien lo ha tratado injustamente y ha violado su derecho. Existen muchas súplicas como estas en Sahifatus-Sayyadíiah. En realidad, este libro está lleno de este tipo de enseñanzas celestiales, las cuales purificarían las almas de todo el género humano si ellos marchan en su rumbo y caminaran en su buena dirección.

Nuestra creencia sobre visitar las tumbas

Una de las ventajas y particularidades de la escuela shiíta es la especial atención y consideración que le presta a la visita de las tumbas (la tumba del Profeta y de los Imames), respetándolas, construyendo edificios hermosos, lujosos y grandes sobre ellas para lo cual se sacrifican gastando mucho o poco dinero, caro o barato, con mucha fe y agrado.

Esto se debe al legado de los Imames quienes animaron a sus seguidores a visitar las tumbas, diciéndoles que en esto hay una gran recompensa por parte Dios, que es la mejor obediencia y es de los factores que acerca a Dios después de las devociones obligatorias.

Además, que en las tumbas está el mejor lugar para que las súplicas sean respondidas, para vincular con Dios y concentrarse hacia Él. También que visitar las tumbas de ellos es completar la promesa del pacto a ellos por parte de sus seguidores. Porque:

“Para cada Imam hay un pacto colgado de los cuellos de sus amigos y seguidores, y una de las cosas que perfecciona la promesa de dicho pacto y lo cumple completamente es la visita de sus tumbas. Luego, quien las visita anhelando esto y confirmando atentamente lo que ellos deseaban, tenderá a sus Imames como intercesores el Día de Juicio Final”7.

Nuestros Imames le daban importancia y le prestaban una especial atención a esto, porque en ello existen grandes beneficios religiosos y sociales. Por ejemplo esto motiva y produce una relación amistosa y un vínculo de amor entre los Imames y sus seguidores y amigos, renovando continuamente en sus corazones el recuerdo de sus virtudes, sus características, sus combates en el camino de la verdad, etc.

Además, los momentos de la visita son una causa para que los musulmanes de distintos lugares y diferentes regiones se reúnan en una misma fila, en un mismo lugar, conociéndose e intimando entre ellos. Además, así se marca en sus corazones el espíritu de acatamiento a Dios Altísimo, concentrándose en Él y obedeciendo sus órdenes.

En el contenido de las palabras del saludo que se debe expresar ante las tumbas, que nos ha llegado de parte de la Gente de la Casa, rezan las enseñanzas de la realidad del Monoteísmo y el reconocimiento de que el Islam y la Misión de Muhammad son santos.

También se lee lo que es obligatorio para un musulmán, como tener una característica excelente, elevada y firme, ser humilde ante el amonestador de los seres y agradecer por sus mercedes y otorgamientos. En consecuencia, leer el saludo en las visitas tiene el mismo efecto que las súplicas transmitidas por los Imames.

Además algunos de estos saludos contienen las súplicas más elocuentes, elevadas y expresivas, como el “Ziárat Aminullah”, el saludo al fiel de Dios, que el Imam Zain Al Abidin (P) recitó ente la tumba de su abuelo, Amir ul Mu`minin Ali (P).

Por otro lado, a través de estas visitas que nos fueron encomendadas por parte de los Imames (P), podemos entender sus situaciones y estados, así como sus sacrificios en el camino de ayuda a la verdad y la elevación de la palabra de la religión, y sus sinceras obediencias para con Dios.

El legado de estas visitas ha sido transmitido con un idioma árabe muy claro, con elevada elocuencia y frases simples y sencillas, para que todos puedan entenderlo, tanto la gente común como los notables. Ellas contienen el más elevado y preciso sentido del monoteísmo (Tauhid) y la súplica y ruego a Dios Altísimo.

En realidad, estas visitas contienen las más elevadas enseñanzas religiosas después del Corán, el Nahyul Balágah y las súplicas transmitidas por ellos (P). Porque en estas visitas existe el resumen de las enseñanzas de los Imames (P) sobre los asuntos de la religión y los temas éticos para purificar el corazón.

La forma de realizar la visita

En las lecciones y conductas a seguir para leer los saludos en las visitas se evidencia la existencia de un tipo especial de enseñanza y guía donde se afirman la concreción de los objetivos elevados de la religión, como elevar el grado espiritual del musulmán, hacer crecer el espíritu de inclinación hacia los pobres, animar a tener una buena conducta y un excelente comportamiento, hacerle amar la convivencia con la gente, que sea un musulmán sociable.

Para eso, es necesario realizar algunas de las conductas de la visita antes de ingresar al santuario purificado, antes de leer el saludo, durante la visita y luego de su conclusión.

A continuación describiremos algunas de estas conductas para destacar los elevados objetivos mencionados de las visitas.

Primero

El visitante antes de la visita debe realizar la ablución o el baño completo y purificarse totalmente. El beneficio de que el hombre limpie su cuerpo de toda impureza y suciedad es muy claro, ya que preserva al cuerpo de las dolencias y enfermedades, no incomoda a los demás por el olor desagradable y purifica el alma de los vicios.

En las narraciones reza que el visitante después del baño, a fin de advertir y entender estos elevados propósitos, debe recitar lo siguiente:

“¡Oh, Dios! Haz que esto sea para mí como una luz, una purificación, un refugio suficiente contra todos los dolores y enfermedades y contra todas las desgracias y calamidades. A través de esto purifica, purifica mi corazón, mis miembros, mis huesos, mi carne, mi sangre, mi pelo, mi piel, mi mente, mis nervios y lo que la tierra transporta de mí y todo mi cuerpo. Hazlo como un testigo para el día de mi necesidad, mi pobreza y miseria (es decir el Día del Juicio Final)”8.

Segundo

Debe vestir la mejor y la más limpia de sus ropas. Porque vestir la ropa más linda en las festividades y reuniones en general produce la amistad entre la gente, acerca unos a otros y aumenta la gloria del alma. Así uno le da importancia a la reunión de la cual ha participado.

Es conveniente aclarar que el visitante no está obligado a vestir la mejor ropa entre toda la gente, porque no todos pueden hacer eso. Cada uno debe vestir la mejor ropa que tenga. De lo contrario, habría un obstáculo para los pobres, y esto va contra la amabilidad y la benevolencia. Por eso, en este punto es necesario considerar la situación de los pobres y los que están en la miseria.

Tercero

Debe usar perfumes dentro de su posibilidad. En este caso el beneficio o el efecto es igual que para el caso de la ropa.

Cuarto

Debe dar limosna a los pobres, según su capacidad y posibilidad. El efecto y beneficio de hacer esto en las reuniones es evidente, pues por medio de esto se ayuda a los indigentes y crece el espíritu de inclinación hacia ellos y de prestarles atención.

Quinto

Debe marchar hacia el santuario caminando con paciencia y tranquilidad, con la vista baja, liberando la mente de todo ilícito. El beneficio de esto es evidente por el respeto al santuario y a la visita. Además es una forma de respeto y ennoblecimiento hacia aquel a quien va a visitar. En esto también hay una atención y concentración centrada en Dios. Además, así se evita molestar a la gente y obstaculizarles el paso, así como la falta de respeto y consideración hacia ellos.

Sexto

Debe decir Allahu Akbar (Dios es más Grande) y repetirlo tanto como quiera. En algunas visitas está definido que hay que repetirlo 100 veces. El beneficio de esto es que el alma del hombre le presta atención a la grandeza de Dios y al hecho de que no hay nada más grande que Él, y que la visita no es sino para adorar a Dios, engrandecerlo y santificarlo a través de vivificar los lemas de Dios y confirmar su religión.

Séptimo

Al concluir la visita al Profeta o al Imam debe rezar por lo menos dos ciclos exclusivamente para Dios, como agradecimiento por haberle otorgado éxito en esta visita y ofrecer como regalo esa oración a quien se visita.

En la súplica que nos fue transmitida y que el visitante debe recitar después de esta oración, el visitante da cuenta que su oración y su obra son exclusivamente para Dios y que él no adora a otro que Dios, aclarando que la visita solo es una forma de acercarse a Él al decir:

“¡Oh, Dios! Solo a ti he rezado, a ti me he inclinado y a ti me he postrado. Tú eres único, sin ningún asociado. Pues la oración, la inclinación y la postración son exclusivamente para ti. Porque Tú eres Dios, ¡no hay divino sino Tú! ¡Oh, Dios! Bendice a Muhammad y a la familia de Muhammad. Acepta mi visita y otórgame mi necesidad. Por el derecho de Muhammad y su familia purificada”9.

Este tipo de conducta contiene lo que explica la verdad del objetivo de los Imames y sus seguidores respecto a visitar las tumbas. Y esta es una respuesta muy fuerte (literalmente: que rompe los dientes) para los que pretenden la ignorancia al conjeturar que la visita a las tumbas es un tipo de adoración hacia ellas y es como tomar un socio para Dios por parte de los shiítas.

Es muy probable que al decir estas cosas, ellos tengan la intención de desanimar a la gente a participar de esas reuniones tan beneficiosas y excelentes, pues eso es como espinas en los ojos de los enemigos de la Gente de la Casa de Muhammad. De otra forma, no puedo creer que ellos no conozcan el objetivo real de estas cuestiones.

Es imposible que aquellos que han sincerado en sus corazones sus intenciones para con Dios, que solo a Él adoran, que se sacrificaron y esforzaron tanto en el camino de ayudar a la religión de Él, luego convoquen a la gente a tomar un socio en la adoración a Dios.

Octavo

Otra de las conductas que debe tener el visitante es el buen trato y comportamiento con sus compañeros, el hablar poco excepto de las cosas buenas y el recordar mucho a Dios tanto de palabra como de hecho y en sus acciones.

Debe ser humilde, rezar mucho, bendecir a Muhammad y a su familia (PBd), bajar la vista. Ayudar y sacrificarse por sus hermanos necesitados, abstenerse de lo que ha sido vedado y de la enemistad, evitar jurar demasiado y evitar la disputa en aquello sobre lo que necesita jurar para probarlo.

Además de todo esto, no hay verdadera visita sin saludar al Profeta o al Imam considerándolos:

«… vivos, sustentados ante su Señor»
Corán: “La familia de Imran”; 3:169

Porque ellos escuchan las palabras y responden.

Ante la tumba es suficiente por ejemplo, decir: As salamu `alaikum ia Rasul ul Lah (¡La paz sea contigo, ¡oh, Mensajero de Dios!).

Pero es mejor leer en el santuario los saludos transmitidos de la Gente de la Casa, porque, como ya hemos mencionado, en ellos hay elevados objetivos y beneficios religiosos, además de su gran elocuencia y expresividad. Además, en los saludos existen súplicas elevadas a través de las cuales el hombre se dirige hacia Dios Altísimo y Único.

Nuestra creencia sobre el sentido del “shiísmo” desde el punto de vista de la Gente de la Casa

A los Imames de la Gente de la Casa (P), después de alejarse de tomar el asunto del gobierno islámico y manejar a la comunidad musulmana, no les quedó ningún otro objetivo más que formar a los musulmanes, educándolos de una manera justa, tal como Dios ha querido para ellos.

Por lo tanto trabajaron denodadamente por enseñar los mandatos de la religión y la conducta del Profeta Muhammad (PBd), así como todo aquello que resultaba beneficioso o perjudicial, a quienes eran sus seguidores y les tenían confianza contándoles sus secretos.

Ellos no consideraban a un hombre como su seguidor y “shiíta” hasta que era obediente respecto a la orden de Dios, evitando sus deseos y tomando sus instrucciones y guía.

Ellos nunca consideraron el amor hacia ellos como suficiente para la salvación, como quien está sumergido en las pasiones y deseos y pretende tomar el amor y la amistad a los Imames como excusa para ser rebelde contra las órdenes de Dios Glorificado sea, y argumentando que solo por eso no va a tener problemas el Día del Juicio a pesar de sus muchos pecados.

Tampoco consideraron a la amistad con ellos como el único criterio para la salvación, excepto que ella se acompaña con las obras justas, y sus seguidores se adornen con la veracidad, la fidelidad, la piedad y el temor a Dios. Dijo el Imam Báquir (P):

“¡Oh, Jaizamah! Hazle llegar a nuestros amigos que ante Dios nosotros no podemos hacer nada para su salvación, solo las obras buenas sirven para obtenerla, que ellos no pueden alcanzar nuestra amistad sino con la piedad y que el Día del Juicio Final se lamentará más que nadie quien describió la justicia para otros, convocándolos a ponerla en práctica, pero él mismo se opuso a ella”10.

Ellos han querido que sus seguidores además de ser practicantes, sean convocadores, guiadores hacia el bien y la felicidad, encaminando a la gente hacia las cosas buenas. Porque desde punto de vista de ellos, la invitación por medio de las obras es mucho mejor y da más resultado que la convocatoria con la lengua. Por eso, el Imam Sadiq (P) ha dicho:

“Convocad a la gente hacia la verdad, pero no con vuestras lenguas sino con vuestras obras, para que ellos vean el esfuerzo, la veracidad y la piedad en vosotros”11.

A continuación, mencionaremos algunas conversaciones que ellos han tenido con algunos de sus seguidores para conocer el grado de su esfuerzo y ansiedad por purificar las características de la gente:

Conversación entre el Imam Báqir (P) y Yábir Al Yu’fi

“¡Oh, Yábir! ¿Acaso es suficiente decir ‘Yo amo a la Gente de la Casa’ para pretender ser shiíta? ¡Por Dios que no es así! No es de nuestros seguidores sino quien teme a Dios y lo obedece”.

No serán reconocidos sino por la humildad, la fidelidad, la abundancia de recuerdo de Dios, la oración, el ayuno, el buen comportamiento con los padres, la amabilidad con los vecinos, ya sean pobres, indigentes, deudores y huérfanos, la veracidad en lo que dicen, recitar el Corán, hablar bien sobre la gente absteniéndose de hablar mal sobre ellos y fieles con sus parientes en todas las cosas.

Entonces, ¡temed a Dios y obrad para alcanzar la recompensa que está ante Dios! Para Dios no hay parentesco con nadie ni privilegio alguno para nadie. El más apreciable ante Dios —Todopoderoso Majestuoso— entre los siervos es el más piadoso de ellos, aquellos que más practican obedeciéndolo.

¡Oh, Yábir! ¡Por Dios!, que no nos acercamos a Dios —Bendito y Exaltado sea— sino con la obediencia. No existe ante ninguno de nosotros la liberación del fuego, ni nadie tiene ante Dios ningún pretexto como para no obrar bien. Entonces, quien obedece a Dios es nuestro amigo y quien lo desobedece a Él es nuestro enemigo. No se obtiene nuestra amistad sino mediante la obra y la piedad”12.

Conversación entre el Imam Báqir (P) y Sa’id ibn Hasan

Abu Ya`far, el Imam Báqir (P) dijo: “¿Acaso alguno de vosotros va hacia su hermano y mete su mano en su bolsillo y toma lo que necesita sin negárselo?”.

Sa`id dijo: “No conozco esto entre nosotros”.

Abu Ya`far (P) le dijo: “Entonces no hay nada de confraternidad entre vosotros”.

Sa`id inquirió: “¿En este caso nosotros seremos aniquilados?”.

Abu Ya`far (P) le dijo: “El intelecto de esta gente todavía no se ha perfeccionado”. En consecuencia, ellos tienen menos responsabilidad, según su grado13.

Conversación entre el Imam Sadiq (P) y Abi Sabáh Al Kanáni

Al Kanáni dijo a Abi Abdillah: “Por estar con vosotros recibimos cosas inconvenientes de la gente”.

Abu Abdillah inquirió: “¿Qué cosas recibes de la gente?”.

Al Kanáni dijo: “Siempre que surge entre nosotros y alguien una conversación, nos dice: Ya`farita perverso insultándonos con este apelativo”.

Abu Abdillah le preguntó: “¿La gente os insulta por seguirme a mí?”.

Al Kanáni contestó: “Sí”.

Abu Abdillah dijo: “¡Por Dios! ¡Cuán pocos de vosotros siguen a Ya`far! Mis compañeros solo son aquellos que son firmes en su piedad, que obran para su Creador y esperan su recompensa. Esos son mis compañeros”14.

Algunas palabras mencionadas por el Imam Sadiq (P) en diferentes ocasiones sobre este tema sobre el cual solo escogemos las siguientes:

“No es de nosotros —ni posee ninguna nobleza— quién vive en una ciudad de cien mil habitantes o más y en esta ciudad hay alguien más piadoso que él”15.

“Nosotros no consideramos a un hombre como creyente hasta que obedezca y ame todas nuestras órdenes. Sabed que la piedad, es de las cuestiones de seguir y amar a nuestra orden. Entonces, adornaos con ella, que la misericordia de Dios sea con vosotros”16.

“No es de nuestros seguidores quien no es mencionado ni recordado como casto y pudoroso entre las mujeres que poseen pudor y castidad. Tampoco es de nuestros amigos quien vive en una región que tiene diez mil habitantes entre los cuales hay una criatura de Dios más piadoso que él”17.

“Solo es seguidor de Ya`far aquel que abstiene a su estómago y su sexo de lo ilícito, que es firme su combate y su abnegación en el camino de la verdad, que obra para su Creador, que espera su recompensa y teme a su castigo. Cuando veáis a esos, esos son seguidores de Ya`far”18.

Nuestra creencia sobre la opresión y la injusticia

Uno de los grandes pecados que los Imames (P) han vedado y han rechazado fuertemente es la violación de los derechos de los demás y el trato injusto para con la gente. En esto siguen al Corán, que prohíbe terminantemente al hombre tratar injustamente a la gente y conmina sobre esto. Por ejemplo, dice:

«No creas que Dios desatiende lo que hacen los opresores. Él solamente los aplaza para un Día en el que mirarán con los ojos desorbitados»
Corán: “Abraham”; 14:42

Ali (P) habla claramente y con elocuencia sobre lo inconveniente y desagradable que esto resulta cuando dice con sinceridad:

“¡Por Dios! Si me otorgaran las siete regiones junto con todo lo que está bajo sus cielos para que yo desobedeciera a Dios respecto a quitarle a una hormiga una cáscara de semilla de cebada, no lo haría”.

Esto es lo último y lo máximo que el hombre pueda imaginar o conjeturar respecto a evitar la opresión y el trato injusto.

Vemos que él (P) no trataría injustamente a una hormiga quitándole una cáscara de semilla de cebada aunque le diesen el mundo entero. Entonces, ¿cómo son aquellos que han exagerado en su fanatismo, derramando la sangre de los musulmanes, saqueando sus haciendas y deshonrando sus reputaciones y noblezas? ¿Cómo pueden compararse con la obra de Ali (P) o siquiera llegar a considerarse alumnos de su escuela?

Esta es la elevada educación divina que la religión exige del hombre.

En efecto: la injusticia es lo más grande de lo que Dios ha vedado y ha hecho completamente ilícito. Por eso, en las narraciones y súplicas de la Gente de la Casa se ha reprochado a la opresión más que a ninguna otra cosa de lo ilícito y ha sido mencionada como la cosa más repudiable.

Esta era su política, su manera y su conducta, inclusive con aquellos que violaron sus derechos y los deshonraron.

Por ejemplo, es bien conocido el relato del Imam Hasan (P) respecto a su benevolencia con el hombre de Damasco que lo insultó y deshonró, a quien, sin embargo, el Imam trató con bondad y amabilidad hasta que él se dio cuenta de su mala acción y su error.

Ya antes hemos visto en las públicas de Sayyidus-Sayidín, el cuarto Imam (P), la elevada manera de dispensar a quienes lo agredieron y lo trataron injustamente, pidiendo el perdón para ellos.

Esto es lo que el alma alcanza en su máxima elevación y perfeccionamiento humano, aunque agredir a un opresor en la medida que él agredió es algo que la religión permite, así como también suplicar contra él es permitido.

No obstante la autorización que la religión otorga es una cosa y la dispensa, que es de la nobleza de carácter, es otra. Inclusive, la exageración de súplica contra un opresor desde el punto de vista de los Imames, a veces puede considerarse también una opresión. Ha dicho el Imam Sadiq (P):

“A veces el siervo que ha sido oprimido suplica tanto contra el opresor, que él mismo se convierte en opresor”19.

¡Qué sorprendente resulta esto! Si la súplica contra un opresor puede llegar a ser considerado como opresión, ¿cómo es el estado de quien inicia la opresión y el trato injusto, violando los derechos de la gente, jugando y mancillando la reputación de la gente, robando y arrebatando sus riquezas, hablando mal de ellos ante los tiranos para que los castiguen, engañándolos para hacerlos caer en dificultades y en la aniquilación, o espiándolos para provocarles problemas? ¿Cuál es el estado de esta clase de personas ante la escuela de la Gente de la Casa (P)?

Este tipo de personas están más alejadas de Dios que otros, cargan un mayor pecado y tienen más castigo que otros, y poseen las obras y características más repudiables, en comparación con otras.

Nuestra creencia sobre colaborar con los opresores

Uno de los signos de que la injusticia y opresión el cual es un pecado muy grande y peligroso, y que constituyen un extravío repudiable es que Dios ha prohibido colaborar con los opresores y acercarse a ellos.

Dice Dios en su sagrado libro el Corán:

«¡No os arriméis a los opresores! Porque esto sea motivo que el fuego infernal os alcance. No tenéis, fuera de Dios, ningún protector. Luego no seréis auxiliados»
Corán: “Hud”; 11:113

Esta es la forma de educación coránica y la manera de enseñar de la Gente de la Casa (P). Se han transmitido varias narraciones de ellos sobre evitar y alejarse de los opresores, no acercarse a ellos, no relacionarse con ellos ni asociarse a ellos en ninguna obra, ni colaborar con ellos ni siquiera en la medida de una parte de un dátil.

No cabe duda de que la mayor desgracia y calamidad para el Islam y los musulmanes ha sido la tolerancia con los opresores, el pasar por alto sus malas obras y el colaborar con ellos, el tratarlos bien y ayudarlos en su opresión.

Las causas y factores de esta calamidad para la comunidad musulmana están en el desvío del camino recto y verdadero el cual ha llevado con el paso del tiempo a que la religión se debilite y su fuerza se desvanezca hasta alcanzar lo que hoy en día podemos ver; que la religión es desconocida y los musulmanes, o quienes dicen ser musulmanes, toman a otros como amigos en lugar de Dios.

No hay para ellos, fuera de Dios, ningún protector. Luego no se les auxiliará, a tal punto que ellos ni siquiera son capaces de enfrentar al más débil e inferior de sus enemigos y de quienes los agreguen, como los judíos. Luego, ¿cómo podrán ser firmes frente a sus enemigos más poderosos?

Los Imames (P) se esforzaron denodadamente para que sus seguidores, amigos y quienes se relacionaban con ellos no colaborasen con los opresores y evitasen colocarse en el rumbo que los llevase a ayudar a los tiranos. Son innumerables las narraciones transmitidas sobre este tema. Por ejemplo, la carta que el Imam Sayyad (P) escribió para Muhammad ibn Muslim al Zuhri donde, para hacerle evitar la colaboración y ayuda con los opresores, le puso:

“¿Acaso su invitación a ti no era para hacer de ti el eje de su molino de opresión, una puerta por donde pasar sus objetivos, una escalera hacia sus desvíos y una convocación hacia su opresión que marcha en sus caminos de injusticia? Así, a través tuyo, ellos hacen entrar la duda en los corazones de la gente sobre los sabios y atraen hacia ellos mismos los corazones de los ignorantes. Ellos no han obtenido provecho de más intimidad y particularidades con sus ministros ni de la fuerza de sus ayudantes tanto como lo obtuvieron de lo que tú hiciste por adornar y justificar sus corrupciones y atraer tanto a la elite como a la gente común hacia ellos. ¡Cuán poco es lo que te han otorgado en comparación con lo que han obtenido de ti! ¡Cuán poco es lo que te han favorecido en comparación con lo que han destruido para ti! ¡Medita, pues, sobre tu propia alma! Pues ningún otro meditará ni se preocupará por ti. Y pídete cuentas a ti mismo como un hombre responsable…”20.

¡Qué grande es esta frase: “Y pídete cuentas a ti mismo como un hombre responsable”! Porque cuando al ser humano lo dominan sus deseos, se ve a sí mismo y se considera interiormente como insignificante, carente de todo valor.

En otros términos, no se percibe a sí mismo como un responsable respecto a sus obras, considerando insignificantes sus acciones y conjeturando que para ellas existe el pedido de cuentas. El adoptar tal costumbre es uno de los secretos del alma que ordena el mal, el ego.

La intención del Imam con esta frase es advertir a Zuhri sobre este secreto del alma que siempre existe en el ser del hombre, para que no lo domine la imaginación y resulte desviado respecto a su responsabilidad sobre sí mismo.

Más expresivo que esto sobre la representación de la prohibición de ayudar a los opresores es el relato de Safuán Al Yamál con el Imam Musa Al Kázim (P). Él era de sus seguidores y de los narradores confiables de sus narraciones. Narró Safuán —según lo que dice Nayáshi en su libro en lugar donde reza la biografía de Safuán—:

“Me presenté ante él (ante el Imam Kázim (P)) y me dijo:

‘¡Oh, Safuán! Todas tus obras son bellas, excepto una’.

Yo le dije: ‘¡Por favor!: ¿Cuál es ella?’.

Él me dijo: ‘El alquiler de tus camellos a este hombre —es decir, a Harun Al Rashid (el califa)—’.

Entonces le dije: ‘¡Por Dios!, que no hice eso para que él realice una obra ilícita, ni un pecado, ni algo vano, ni para corromper, ni para cazar, sino que se los alquilé para que vaya por este camino —a la Meca, en una Peregrinación—. Además, yo mismo no viajo con ellos, sino que envío a mis sirvientes’.

Él me preguntó: ‘¡Oh, Safuán! ¿Acaso hiciste un pacto respecto del alquiler?’.

Le contesté: ‘Sí’.

Él continuó: ‘¿Acaso deseas que su vida se prolongue hasta que te pague el alquiler?’.

Le respondí: ‘Sí, así es’.

Entonces me dijo: ‘Aquel que desea su permanencia, es de ellos, y quien es de ellos, ingresará al fuego infernal’.

Safuán narró: ‘Entonces fui y vendí todos mis camellos’21.

Luego, si este es el estado de quien desea que se prolongue la vida de los opresores, ¿cómo será, pues, el estado de quien los ayuda en su opresión o los confirma en la opresión? ¿Y cómo será, pues, el estado de quien entra en sus filas o se asocia a ellos en sus obras, sus negocios o sus órdenes?

Nuestra creencia sobre aceptar un trabajo en un gobierno injusto

Si ayudar a los opresores aunque sea en una parte de un dátil o algo menos que eso ha sido terminantemente rechazado por los Imames (P), insistiendo mucho en esto, tanto más lo ha sido la participación con ellos con el gobierno adoptando sus tareas y sus cargos. Y más aún el ser uno de los fundadores de sus gobiernos o una de las bases de su poder o de los factores de su fortaleza.

Ha dicho el Imam Sadiq (P):

“Porque, en verdad, el gobierno del opresor produce la total destrucción de las leyes de la verdad, la completa vivificación de la falsedad y la manifestación de la injusticia, la opresión y la corrupción”22.

No obstante, se ha transmitido de ellos (P) que en algunos casos excepcionales han permitido la ocupación de un cargo dentro de un gobierno injusto, siempre que en esto haya la observación de la justicia, la puesta en vigor de las sanciones coránicas, el beneficio y bienestar de los creyentes, la exhortación al bien y la prohibición del mal. Pues, como dijo el Imam Kázim (P):

“En las puertas de los opresores existen para Dios algunos por medio de los cuales Dios ha dilucido y completado el argumento para la gente, dándoles poder en los países y las ciudades, para que a través de ellos defiendan a sus amigos y se restaure y corrijan los asuntos de los musulmanes… Ellos son auténticos creyentes y son signos brillantes de Dios en su tierra. Ellos son la luz de Dios entre su creación”23.

Sobre este tema existen muchas narraciones que explican la tarea y el camino a adoptar por parte de quienes ocupan puestos en estos gobiernos como funcionarios, gobernadores, etc. Un ejemplo de ellas es la carta del Imam Sadiq (P) a Abdullah Nayáshi Emir Ahuas (Al Uasail, Tomo XVII, pág. 196).

Nuestra creencia sobre la invitación a la unidad islámica

La Gente de la Casa (P) son conocidos por su ansiedad respecto a la permanencia de los diversos aspectos del Islam, convocando hacia su gloria y poder, a la unidad entre su gente (los musulmanes) preservando la hermandad entro ellos y quitando las enemistades y odios de los corazones.

Nunca se olvidará la conducta de Ali (P) con los califas anteriores a él, a pesar de que él consideraba que el califato le correspondía y era su derecho, y creía que ellos se lo habían usurpado. Con todo, armonizó y vivió en paz con ellos a fin de preservar la unidad de la comunidad.

Incluso no manifestó su postura sobre que él había sido designado como sucesor del Profeta en las reuniones. Solo cuando recibió el gobierno y el asunto estuvo bajo su dominio, en una jornada conocida como Rahbah, le pidió a los compañeros del Profeta (PBd) que habían presenciado la jornada de Gadir Jum, que públicamente dieran testimonio sobre su designación y su derecho al gobierno. Y mencionó recordándoles todo lo que de un modo u otro contenía algún beneficio e interés para el Islam y los musulmanes, sin omitir nada necesario. Así, sobre la época anterior a su gobierno, dijo:

“Entonces, tuve miedo de la ruptura y destrucción del Islam si no ayudaba en este momento al Islam y a su gente: los musulmanes”24.

Tampoco se vio de parte suya que, después de lo ocurrido con el tema del califato, dañara de palabra o de hecho el prestigio, poder y esfuerzo de los califas. Aunque él veía muchas cosas inadecuadas en ellos, se contuvo y permaneció en su hogar sin provocar ningún levantamiento en contra de ellos.

Y todo por resguardar los intereses generales del Islam y para que no se manifestara ninguna ruptura o desunión en el mismo. Este cuidado suyo era bien conocido y sabido por todos. Reiteradamente el califa Omar ibn Al Jattab decía:

“Todas mis dificultades serán resueltas por Abul Hasan -Alí-“25.

Y también decía:

“Si no hubiese estado Ali, Omar hubiera sido aniquilado”26.

Tampoco puede olvidarse la conducta de Hasan ibn Ali (P) respecto a su paz con Muawia al ver que de insistir y continuar con la guerra se destruiría la joya más grande de Dios (el Corán) y no solo el auténtico gobierno sino que todo el Islam para siempre, además de ser asesinados todos los que quedaban de la Gente de la Casa.

Así, él prefirió preservar la estructura del Islam y el nombre de la religión aunque Muawia se salvase y permaneciese —siendo un terco enemigo de la religión y de su gente, así como un hostil oponente de él y sus seguidores—, a pesar de todas las injusticias y opresiones que le esperaban contra él y sus seguidores, mientras que las espadas de Bani Hashim y sus asociados estaban desenvainadas y no querían volver a sus fundas sin defenderse y sin recuperar sus derecho. Pero ante él, la defensa de los elevados intereses del Islam estaba por encima de todo eso.

En cuanto a la conducta del mártir Husain (P), si él se levantó fue porque percibió que si los omeyas continuaban con su estado y nadie los enfrentaba divulgando sus maldades, pronto desaparecería el nombre del Islam y se exterminaría la grandeza de la religión.

Por eso decidió confirmar la opresión e injusticia de ellos para la historia y promover el escándalo en su contra por sus proyectos contra el Islam. Y resultó tal como él quería. Si no hubiese sido por su bendito levantamiento, el Islam habría desaparecido y la historia lo hubiera recordado como una religión falsa.

La inquietud de los shiítas por recordarlo de diversas maneras solo es para completar la misión de su levantamiento para combatir y exterminar la opresión y la injusticia, y para vivificar su asunto, en acatamiento de las órdenes de los Imames posteriores a él.

Para nosotros, resulta clara y manifiesta la ansiedad de la Gente de la Casa (P) por la permanencia y continuidad del poder y gloria del Islam, a pesar de que quienes ostentaban el poder en su momento eran los más tercos de sus enemigos, fundamentalmente en la conducta del Imam Zain Al Abidin (P).

Él se hallaba frente a los omeyas, quienes habían derramado la sangre de sus amados y lo habían humillado en forma exagerada a él y a su familia. Él estaba muy triste por lo que le habían hecho contra su padre y contra su familia en el acontecimiento de Karbala.

Pero a pesar de todo esto, en su soledad él suplicaba por los ejércitos de los musulmanes pidiendo el triunfo para ellos, la gloria para el Islam y la salud y seguridad para los musulmanes. Ya hemos mencionado que la única herramienta que él utilizaba para enseñar y divulgar la ciencia era la súplica.

En consecuencia, él les enseñó a sus seguidores la forma de suplicar por los ejércitos del Islam y de los musulmanes, como en su conocida súplica para los guardianes de la frontera en la cual dice:

“¡Oh, Dios! Bendice a Muhammad y a su familia, e incrementa el número de soldados, afila sus armas, preserva sus emplazamientos y refuerza los puntos importantes y el corazón de su guarnición. Concílialos a todos ellos entre sí, dispón sus asuntos preparándolos de la mejor manera y cubre sus necesidades en forma continua, Tú solo soluciona sus problemas, apóyalos con la victoria, auxílialos dándoles la paciencia y enséñales las soluciones precisas”.

Y continúa, luego de suplicar contra los impíos, diciendo:

“¡Oh, Dios! Consolida a través de esto los asuntos de los musulmanes. Haz prosperar sus casas y países y aumenta sus riquezas. Líbralos del enfrentamiento contra tus enemigos para tu devoción y dales reposo del combate donde hacer retiros espirituales para que no sea adorado nadie en todas las zonas de la tierra más que Tú, ni nadie se arroje sobre la tierra delante de otro en vez de a Ti”27.

Así, continúa en su expresiva súplica que es una de las más largas, sobre la preparación y orientación del ejército de los musulmanes hacia las nobles características que son convenientes para ellos, mientras toman las armas y demás cosas necesarias para enfrentar a los enemigos. Él (P) explica las enseñanzas sobre la guerra y el combate en el Islam, su objetivo y sus beneficios, la conducta y las tácticas para enfrentar al enemigo, etc.

Además, advierte a los musulmanes sobre los modos de evitar a los enemigos, vigilándolos, lo que se debe considerar en sus contactos y sus combates y lo que es obligatorio para ellos como concentrarse en Dios Altísimo, amarlo, evitar sus ilícitos y tener una sincera intención hacia Él en sus combates.

La conducta de los demás Imames (P) frente a los gobernantes de sus épocas era así, a pesar de haber recibido de ellos toda clase de presiones, calamidades y hostilidades muy intensas y severas.

Cuando ellos advirtieron que el gobierno de la verdad no retornaría a sus manos, se dedicaron a enseñarle a la gente los mandatos de su religión y orientaron a sus seguidores hacia la religión de un modo excelente.

Todas las revoluciones que tuvieron lugar en sus épocas, como la de los alauitas y otros, no surgieron por indicación de ellos ni siguiendo sus deseos. Por el contrario, todas eran directamente opuestas a sus órdenes y su exigencia, porque ellos estaban más ansiosos que cualquier otro, incluso los mismos califas abbasidas, por la existencia de un gobierno islámico. Es suficiente con leer el legado del Imam Kázim (P) a sus seguidores:

“No os humilléis abandonando la obediencia de vuestro sultán gobernante. Si él es justo, pedid a Dios su permanencia. Si es injusto, pedidle a Dios su corrección. Vuestro bienestar y interés está en el suyo, y el gobernante justo es como un padre amable. Entonces, desead para él lo que queréis para vosotros mismos y detestad para él aquello que os disgusta”28.

Esto es lo máximo que se puede decir sobre la relación entre la gente y el gobernante. “Entonces, desead para él lo que queréis para vosotros mismos y detestad para él aquello que os disgusta”.

Así ha sido la conducta de la Gente de la Casa (P). ¡Qué gran delito cometen algunos escritores actuales al decir que los shiítas son un grupo secreto y golpista o una secta de revolucionarios vengadores!

Es correcto que la conducta y carácter de cada musulmán seguidor de la Gente de la Casa, es el odiar y repudiar la opresión y a los opresores, que no tenga ninguna relación ni contacto con los tiranos y corruptos y que mire a sus seguidores y ayudantes con rudeza, disgusto y desprecio.

Este carácter penetrante se encuentra siempre en sus interiores transmitiéndose como herencia de una generación a otra. No obstante, ellos nunca engañan ni defraudan, y su costumbre no es hacer la revolución y obtener el poder religioso con el nombre del Islam para luego no aplicar sus características, ni en público ni en la intimidad.

Ellos no se permiten a sí mismos engañar o traicionar a un musulmán, sea cual fuese su doctrina y escuela: sunita o shiíta. Y todo esto es por seguir las enseñanzas de la Gente de la Casa (P).

Más aún: para ellos, un musulmán que dé testimonio de que no hay divino excepto Dios y que Muhammad es Su Mensajero, a este su hacienda, su sangre y su reputación deben ser respetadas y no es admisible ni lícito violar sus derechos.

“La hacienda de un musulmán no es lícita sino con su complacencia”29.

Además, el musulmán es hermano del musulmán. Y cada uno de ellos tiene derechos sobre el otro. Sobre la consideración y cuidado de estos derechos hablaremos a continuación.

Nuestra creencia sobre el derecho de un musulmán sobre otro

La fraternidad entre los musulmanes más allá de sus diferencias de clases, grados y jerarquías, es de las cosas más importantes a las cuales ha llamado el Islam. A la vez, la más despreciable y vil de las obras de los musulmanes tanto en el presente como en el pasado es su indiferencia respecto a lo que esta fraternidad islámica exige.

Pues la menor de estas exigencias, como pronto veremos en las palabras del Imam Sadiq (P) “es amar para el hermano musulmán lo que ama para sí mismo y detestar para él lo que detesta para sí mismo”.

Sobre esta orden corta y simple que forma parte de los mandatos de la Gente de la Casa (P) se debe meditar y prestar atención. Entonces se verá que obrar en conformidad con esta orden es muy difícil y que los musulmanes en realidad están muy lejos de ella, especialmente con las características y conductas separadas del espíritu del Islam que actualmente tienen y dominan entre ellos.

Por cierto que si ellos fuesen equitativos, conociesen su religión como se debe y obrasen de acuerdo con esta orden “que uno de ellos ame para su hermano lo que ama para sí mismo”, jamás se hubieran tratado injustamente entre sí ni hubiera habido violencia, ni robos ni engaños, ni murmuraciones, ni habladurías, ni calumnias, ni deshonras, ni insulto, ni egoísmo, etc.

En efecto, si los musulmanes comprendieran lo más pequeño de las características de la hermandad entre ellos y lo pusieran en práctica, sin duda que desaparecería la injusticia y la enemistad en la tierra y se podría ver a todo el género humano como hermanos sentados sobre almohadones, cara a cara, con mucha alegría entre sí y el más alto grado de la felicidad y bienestar social, llevando una vida con fraternidad.

Se realizaría en todo el mundo el estado que los filósofos antiguos llamaban “la ciudad noble o ideal” y el amor y la amistad reinaría entre ellos, sin que necesiten de gobiernos, ni tribunales, ni policías, ni cárceles, ni leyes penales, ni mandatos de sanciones coránicas, ni talión ni nada de eso.

Tampoco se humillarían ante colonialistas ni ante los opresores imperialistas, ni vivirían bajo el despotismo de los tiranos. En definitiva: toda la tierra se modificaría pasando a ser un paraíso y una morada de felicidad.

Reitero: si la regla de la hermandad reinase sobre el género humano tal como lo quiere la religión a través de la enseñanzas de la fraternidad, se borraría y quitaría del diccionario la palabra “justicia”, porque no necesitaríamos de la justicia ni de las leyes como para tener que emplear dicho término, ya que esta regla comprendería el bienestar, la paz, la seguridad y la felicidad.

Pues el hombre recurre a la ley y la justicia cuando la amistad y la confraternidad no existen en la comunidad. Pero donde la gente es entre sí como padre e hijo o como hermanos, la amistad predomina y hace que el hombre no busque sus propios deseos sino que los abandona en defensa de la amistad con agrado y complacencia. En consecuencia, todos los problemas pueden resolverse bajo la sombra de la amistad sin necesidad de recurrir a la justicia.

El secreto de esto es que todo ser humano solo se ama a sí mismo y jamás desea para otro aquello que considera agradable y bueno para él, excepto que vea en esto un aspecto que le interese y desee.

También es imposible que se sacrifique voluntariamente por alguien a quien no ama ni quiere, abandonando sus propios anhelos, excepto que crea que esto es algo bueno. En este caso, el anhelo de mayor peso supera a los anhelos más inferiores y débiles.

Cuando esta convicción fuerte y firme surge en el hombre que posee un alma elevada, por encima de abandonar asuntos superiores por las cuestiones materiales, entonces él comprende lo sublime que resulta aplicar la justicia y la bondad hacia los demás.

El ser humano necesita de este programa espiritual porque es débil para establecer los sentimientos de hermandad y amistad entre sí y otros hermanos. De lo contrario, como hemos dicho, la amistad ocuparía el lugar de la justicia sin que el hombre necesitara ejercerla sobre los demás.

En consecuencia, es obligatorio para cada musulmán a quien se le atribuyan las características de fraternidad islámica, que en primer grado él posea los sentimientos de hermandad hacia los demás. Y cuando sus anhelos lo dominen impidiéndole esto, que siga la guía y orientación del Islam para fortalecer en sí mismo la convicción necesaria para querer la justicia y bondad, y bajo su rayo, alcanzar los objetivos islámicos.

Si también es débil para esto, entonces él solo es musulmán de nombre y está fuera de la amistad de Dios. Y, como veremos en el dicho del Imam Sadiq que enseguida se mencionará, Dios no lo favorece ni le presta atención.

Sin embargo, en general, los anhelos y las pasiones rebeldes dominan al hombre subyugándolo, y le hace difícil la preparación de los recursos necesarios para obtener la convicción en la justicia en su alma.

¿Y cómo tendrá una creencia perfecta y equipada en su ser, mientras que estas fuerzas dominen sus deseos y los subyuguen?

Por eso, cuando el hombre no tiene un auténtico y sincero sentimiento de hermandad, de respeto y de resguardar los derechos de fraternidad, es de las enseñanzas religiosas más difíciles.

Por eso, cuando uno de sus compañeros Mu’alla ibn Junais le preguntó al Imam Sadiq (P) sobre los derechos de hermandad, él consideró su estado y tuvo miedo que Mu`alla supiera estos derechos y no pudiera practicarlos. Por eso, no quería explicarle más allá de su fuerza y su capacidad para soportarlos.

Mu`alla dice:

“Le pregunté al Imam Sadiq: ‘¿Cuáles son los derechos de un musulmán sobre otro?’ Él contestó: ‘Existen siete derechos, cada uno de los cuales es obligatorio sobre él. Luego, si abandona algo de ellos, se sale de la amistad, la protección y la obediencia de Dios y no tiene ante Él ninguna provisión o parte’. Yo le dije: ‘¡Por favor!: ¿Cuáles son ellos?’. Él contestó:

‘¡Oh, Mu`alla! Soy amable contigo, y temo que pierdas estos derechos y no puedas preservarlos. Tengo miedo que al saberlos, no puedas ponerlos en práctica’. Yo le dije: ‘No hay poder excepto en Dios y de Él espero el éxito en esto’. Entonces el Imam mencionó los siete derechos diciendo: ‘El más simple de ellos consiste en amar para él lo que amas para ti mismo y detestar para él lo que detestas para ti mismo”.

¡Qué extraño resulta este derecho pequeño y simple!

Luego, ¿cómo es nuestro estado como musulmanes? ¡Se debería ennegrecer el rostro de quienes pretenden ser musulmanes y no obran de acuerdo con la más simple y fácil de sus leyes!

Más extraño aún resulta lo que se dice sobre el que los musulmanes padecen el atraso por culpa del Islam, mientras que vemos que es la obra misma de los musulmanes la culpable de esto, en tanto que el Islam en sí mismo carece de defectos.

Somos nosotros los que tenemos defectos como musulmanes. En efecto: todos los pecados provienen de quienes dicen ser musulmanes y no actúan conforme con un mandato simple y sencillo de su religión.

Solamente para que quede registrado y para conocernos a nosotros mismos y a nuestra negligencia, mencionaremos los siete derechos explicados por el Imam (P):

1.º “Amar para tu hermano musulmán lo que deseas para ti mismo y detestar para él lo que detestas para ti mismo”.

2.º “Evitar enojarlo, buscar su complacencia y obedecer su orden”.

3.º “Ayudarlo con tu propia alma (personalmente), tus bienes materiales, tu lengua, tu mano y tu pie”.

4.º “Que seas su ojo, su guía y su espejo”.

5.º “Que no estés satisfecho mientras él tiene hambre, que no sacies tu sed mientras él está sediento y que no te vistas mientras él está desnudo o sin vestimenta”.

6.º “Si tienes un sirviente y él no, debes mandar a tu sirviente a que lave sus ropas, le cocine la comida y le prepare su cama”.

7.º “Debes liberarlo del juramento, responder a su invitación, visitarlo cuando está enfermo, acompañar su cadáver, y cuando sepas que él necesita algo, tomar la iniciativa para satisfacerlo sin esperar que él lo pida, sino que debes apurarte a satisfacer rápidamente su necesidad”.

Luego el Imam concluyó su explicación con las siguientes palabras:

“Cuando haces todo esto, entonces has vinculado tu amistad con la suya y su amistad con la tuya”30 .

Existen numerosas narraciones transmitidas por nuestros Imames sobre este tema. Una gran parte de las mismas se encuentran en las distintas secciones de Al Uasail.

Posiblemente algunos conjeturan que el sentido de hermandad en los dichos transmitidos por la Gente de la Casa (P) se refiere exclusivamente a sus seguidores, pero no es así.

Si consultamos las diversas narraciones, quedará claro que esta conjetura carece de base y que ellos mismos la han rechazado, a pesar de que ellos por otro lado se opongan fuertemente a las doctrinas y escuelas de sus oponentes y no consideren correctas sus creencias. Sin embargo, esto no tiene nada que ver con el tema de la hermandad entre los musulmanes en general. Para esto, es suficiente leer la narración de Mu’awiah ibn Uahab, quien dijo:

“Le pregunté al Imam Sadiq (P): ‘¿Qué debemos hacer con los musulmanes que no tienen relaciones con nosotros pero no son shiítas?’
Me contestó: ‘Debéis mirad a vuestros Imames y comportaos con ellos como lo hacen vuestros Imames. Observad cómo ellos se comportan con sus oponentes. ¡Por Dios!, que ellos (los Imames) visitan a sus enfermos, acompañan a sus muertos, atestiguan por ellos ya sea a su favor o en su contra (de acuerdo a la verdad), y respetan y devuelven sus depósitos”31.

En cuanto a la hermandad que los Imames (P) desean para sus seguidores, ella está por encima de la hermandad islámica. Ya hemos visto algunas narraciones sobre los shiítas en el capítulo correspondiente32.

Es suficiente ahora con leer la conversación que mantuvieron el Imam Sadiq (P) y Aban ibn Taglib. Dijo Aban:

“Estaba realizando el recorrido alrededor de Ka’ba, en la Meca junto con el Imam Sadiq (P). Entonces uno de nuestros compañeros se acercó y me pidió que fuera con él para hacer algo. Entonces el Imam nos vio y me preguntó: ‘¡Oh, Aban! ¿Esta persona te está buscando?’. Yo le contesté: ‘Así es’. Él dijo: ‘¿Él es shiíta como tú?’. Yo le contesté: ‘Sí’. Él dijo: ‘Entonces deja tu recorrido y ve con él’. Yo inquirí: ‘¿Aunque se trate de un recorrido obligatorio?’. Él dijo: ‘na’am (sí)’”.

Aban continúa narrando:

“Entonces marché y después de concluir la tarea para la cual había llamado, regresé junto al Imam y le pregunté sobre los derechos del creyente. Él me dijo: ‘¡Oh, Aban! Deja esta pregunta y no la repitas’. Pero yo insistí y repetí la pregunta, hasta que él me dijo: ‘¡Oh, Aban! Reparte con él tu riqueza en partes iguales’. Entonces me miró y vio lo que surgió en mí por estas palabras, y me dijo: ‘¡Oh, Aban! Sabes que Dios menciona a los que se sacrifican y prefieren a otros por encima suyo’. Yo le dije: ‘Así es’. Entonces él dijo: ‘Cuanto tú divides con él tu riqueza en partes iguales, no eres de los que dan preferencia a los otros sobre sí. Solo le prefieres cuando le entregas también de la otra mitad que quedaba para ti”33.

Yo digo que en realidad nuestra vida es una vergüenza, y no es conveniente en absoluto que nos llamemos a nosotros mismos como “creyentes”. Pues nosotros estamos por un lado, marchando por un camino, mientras que las enseñanzas de los Imames (P) van por otro rumbo. El mismo estado que surgió para Aban tiene lugar para cualquiera que lee este dicho, aunque después de leerlo aparente la ignorancia y el olvido de su contenido, como si el Imam no le hablara a él. En este caso no está pidiendo cuenta a sí mismo como hombre responsable.

  • 1. Al Kafi, tomo II, pág. 339.
  • 2. Al Kafi, tomo II, pág. 338.
  • 3. Al Kafi, tomo II, pág. 339.
  • 4. Al Kafi, tomo II, pág. 341.
  • 5. Al Kafi, tomo II, pág. 341.
  • 6. Misbáh Al Mutahayyid, pág. 582.
  • 7. Kámiluz-Ziiárát, pág. 122.
  • 8. Kámiluz-Ziiárát, pág. 186.
  • 9. Misbáh Al Kaf’ami, pág. 158.
  • 10. Al Kafi, tomo II, pág. 140.
  • 11. Al Kafi, tomo II, pág. 64.
  • 12. Al Kafi, tomo II, pág. 60.
  • 13. Al Kafi, tomo II, pág. 139.
  • 14. Al Kafi, tomo II, pág. 62.
  • 15. Al Kafi, tomo II, pág. 63.
  • 16. Al Kafi, tomo II, pág. 63.
  • 17. Al Kafi, tomo II, pág. 64.
  • 18. Al Kafi, tomo II, pág. 183.
  • 19. Al Kafi, tomo II, pág. 250.
  • 20. Tuhaful Uqul, pág. 275.
  • 21. Riyalul Kash-shi, pág. 440.
  • 22. Tuhaful ‘Uqul, pág. 332.
  • 23. Al Bihar, tomo LXXV, pág. 381.
  • 24. Nahyul Balágah, carta LXII.
  • 25. Tabaqát ibn Sa’d, tomo II, pág. 339.
  • 26. Manábi’ Járasmi, pág. 80.
  • 27. Sahifatus-Sayyadíiah, súplica XXVII.
  • 28. Amáli Saduq, pág. 277.
  • 29. Tuhaful ‘Uqul, pág. 34.
  • 30. Al Kafi, tomo II, pág. 135.
  • 31. Al Kafi, tomo II, pág. 464.
  • 32. Nuestra creencia sobre el sentido del “shiísmo” desde punto de vista de la Gente de la Casa.
  • 33. Al Uasail, tomo XII, pág. 209.