1. Período Del Gobierno De ‘Ali (P), El Amir De Los Creyentes
La injusticia del gobierno de ‘Uzmân y de los gobernantes ineptos y opresores anteriores a él, habían quemado de tal forma las raíces de la vida de los musulmanes, que existía en el pueblo un gran descontento y poco a poco, desde todos los rincones del territorio islámico, este descontento se dirigió hacia la capital, Medina, atizando más el fuego de la discordia.
Llegó hasta tal punto que la gente se rebelaba y pedía justicia a gritos. Medina fue espectadora de acontecimientos increíbles, que cambiaron el curso de la historia. La fiebre de la rebelión cada momento se hacía más fuerte y solamente con sangre podía cortarse…, sangre del anciano califa “Umawi” (de la familia de Bani Umaiiah): ‘Uzmân.
Y sucedió lo inevitable: las gentes, como un torrente estruendoso, se dirigió a la casa de ‘Uzman y la asaltaron como camellos enfurecidos por cuyas bocas sale espuma.
Habían llegado al límite, se habían preparado para el martirio y… espadas en alto, entraron en la casa y lo mataron… Aún goteaba sangre de sus manos y espadas; aunque la fiebre de la venganza había cedido, la excitación aún ardía.
Entonces se dirigieron a la casa de ‘Ali (P), se quejaron ante él, dejaron a un lado sus intereses particulares y rencores familiares, y con una mezcla de violenta insistencia y súplicas, forzaron al hijo de Abu Talib a acepar el califato y lo eligieron su líder.
El Gobierno de ‘Ali Ibn Abi Tâlib (P)
En el Islam la religión no es instrumento para consolidar los distintos gobiernos que se suceden en el tiempo por exigencias políticas, cambiando su forma y acoplándose a los diferentes programas, sino que el gobierno en el Islam es parte de su estructura básica y el encargado de vigilar el correcto establecimiento de sus enseñanzas y fundamentos.
Por ello ‘Ali (P) desde el principio basó su gobierno en la religión, y ya que los programas verdaderos de la religión son los mejores caminos para que una sociedad y un gobierno progrese, y llegue a la perfección, había la esperanza de que en el Islam –tras las injusticias de los gobiernos anteriores–, surgiese de nuevo la esperanza de que prosperara y se desarrollara. Sin embargo, debido a que el gobierno y programa del Imam ‘Ali (P) buscaba la justicia y la equidad, cosa que perjudicaba a los oportunistas, algunos de ellos –sobre todo ‘Aishah, Talha, Zubair y Mu’awiiah– tomando como pretexto la venganza de la sangre de ‘Uzman, propiciaron guerras contra el gobierno Islámico, como las de Ÿamal, Siffin y Nahrawan, consiguiendo que, lamentablemente, la mayor parte del tiempo que duró el gobierno de este amado y justo Imam pasase tratando de resolver estas disidencias y revueltas internas.
Cuando investigamos la historia del gobierno de ‘Ali (P) se evidencia que algunas personas importantes pero codiciosas estaban descontentas por el método riguroso del Imam enemistándose con él. Incluso algunos de sus amigos, no sabiendo adaptarse al justo programa de gobierno de esta honorable persona, llegaron en más de una ocasión a violar sus leyes. Pero el Imam fue, tal como dice en el Corán de aquellos que son como él:
﴿ يُجاهِدُونَ فِي سَبِيلِ اللَّهِ وَ لا يَخافُونَ لَوْمَةَ لائِمٍ ﴾
Seguramente, también hoy, si esta magnífica personalidad apareciera y se manifestara tal como era, muchos de los que dicen ser del grupo de sus amigos, se encontrarían en el grupo de sus enemigos.
Imam ‘Ali (P) por orden del Profeta (BP), fue al Yemen como Comandante en Jefe del ejército y a su regreso se dirigió a la ciudad de La Meca para ver al Profeta (BP). Cuando llegaron a los alrededores de la ciudad, dejó en su puesto a uno de sus lugartenientes y marchó a entrevistarse con el Mensajero de Dios. Su sustituto repartió entre los soldados, algunas ropas que habían traído, botín de una batalla, para que, con vestido nuevo, la entrada en La Meca resultase más triunfal.
Cuando ‘Ali (P) regresó, desaprobó este hecho por tratarse de bienes pertenecientes al tesoro público y ordenó que se quitaran tales ropas y las colocaran en su sitio hasta que el Enviado de Dios (BP) las repartiera.
Cuando los soldados llegaron ante el Profeta (BP) abrieron sus bocas sólo para quejarse y querellarse, repitiendo lo sucedido una y otra vez. El Profeta (BP) dijo:
“¡No se quejen de ‘Ali (P)! Juro por Dios que él se ciñe y ajusta tanto a la ley de Dios que nadie puede quejarse de su comportamiento”.1
Así pues, ‘Ali (P) actuaba siempre de tal forma que provocaba la alegría de Dios, por ello nadie podía quejarse de él y en la satisfacción de tal objetivo no ponía a nadie por delante en consideración. Por ello, un alma de esta calidad, solidez y valentía, arrastra a las almas pequeñas, codiciosas y ambiciosas como un tifón que arrolla las rocas y desgaja las ramas de los árboles.
Entre los seguidores del Profeta (BP) no hubo un amigo más devoto que ‘Ali (P) y nadie como él tuvo enemigos tan atrevidos y peligrosos, hasta tal punto que, incluso no respetaban su cadáver, por lo cual, él consciente del odio que algunos poderosos le profesaban, dejó escrito en su testamento que su tumba quedara escondida, como se hizo, hasta que el sexto Imam de Ahlul Bait, el Imam Sadiq (P) señaló el lugar en el que se encontraba.
- 1. Sirah Ibn Hisham, t.IV, p.603, publicado en Egipto, 1375 d.H.